Sabía que algún día rendiría cuentas con Dios.
Que un día me postraré ante él y seré juzgado por mis pecados y mis errores.
Aunque hubo un tiempo en el que me consideraba el más santo, el más leal de sus siervos al venir a rezar cada navidad sin falta desde que tenía uso de razón, traído por mi madre y que algunas veces papá hizo la excepción honrandonos con su presencia. Después con Yuzuha cargada en brazos y yo de su mano.
La última navidad que compartimos juntos Hakkai era un recién nacido y Yuzuha se aferraba a mi mano y yo a la de papá.
Cuando mamá murió nadie más volvió a venir conmigo.
Me hacía cargo de mis hermanos, los cuidaba y protegía, incluso de sí mismos. Quería que Hakkai fuera fuerte, porque la vida era demasiado difícil sin mamá presente y con nuestro padre ausente.
Que dejara de esconderse tras las faldas de Yuzuha, y que así como a mí me tocó volverme el hombre de la casa a los diez años, él también debía serlo a sus apenas siete.
Que diera la cara antes que su hermana, porque está se estaba endureciendo y no sería atractiva para algún hombre en el futuro. Aunque siempre pensaré que ningún pobre diablo la merece, ella es en toda regla una mujer fuerte y aunque jamás se lo dije, siempre estuve orgullosa de ella.
No obstante, también siempre le tuve miedo, más cuando no bajaba la mirada por más golpes que le daba, simplemente se quedaba ahí aguantando las lágrimas y apretando sus pequeños puños sobre su regazo, decidida a dar la vida si eso hacía falta por su pequeño Hakkai.
Pensé que estaba en lo correcto, preparándolos para la hostil e injusta vida. Pero conforme pasaban los años esa visión se fue distorsionando aún más, confundiendo el miedo, el terror y odio que me tenían, con el respeto.
Creyendo ilusamente que estaba haciendo un buen trabajo.
Hasta que ninguno de los tres ya se reconocía y fue mucho más fácil para mi culparlos de todo a ellos por no entender mi ideal y a mamá por habernos dejado. De haber estado papá, también lo hubiera culpado.
-Amen. - deje la veladora encima del atrio ya prendida y junto a esta, dos rosas blancas. Nunca supe que flores le gustaban a Hakkai, o siquiera le gustaban. Y hubiera querido que una fuera roja, como las ya acostumbradas que le solía mandar en frondosos ramos a Mitsuya y que sabía le encantaban por más que dijera que no era necesario.
Aún si cierro los ojos puedo ver claramente a Takashi tomar una y llevarla a su nariz para olfatear su suave aroma para al instante esbozar una suave sonrisa, levantar sus hermosos ojos color lila y guiñarme un ojo coqueto, ponerse en puntas eh inclinarme para dejar que me diera un beso; sentir sus suaves labios apenas un instante y verlo apartarse para volver a sentarse tras la máquina de coser y seguir con algún trabajo de último momento, que lo debe de tener estresado y exhausto pero aún así preguntar cómo me ha ido y ponerme total atención.
Solo Dios sabe cuánto voy a extrañar eso, cuánto voy a extrañar a Takashi.
Siempre fue un chico rudo con alma blanda, con carácter tranquilo pero capaz de romperte la cara si hacía falta. Y vaya que me hizo entender por las buenas y por las malas el error en el que estaba. Para después ayudarme a cambiar, a ser una mejor persona con todo su amor, dedicación y paciencia. Tomó mi mano y no la soltó, aún si sabía el monstruo que en realidad era.
Que aún en medio de todo lo malo que hice y con mis estupideces, si les ayude a ser fuertes a Yuzuha y Hakkai; a luchar por lo que querían y a no volver a dejarse someter por tiranos imbéciles como yo.
Aún recuerdo esa crepa que fuimos a comer juntos después de aquel incidente en navidad; aún sumergido en mi cabeza, reflexionando lo que había pasado, Takashi sin más se acercó a hablarme con total naturalidad. Como si no hubiéramos estado a nada de matarnos a golpes en esta iglesia. Invitándome a dar la vuelta sin más explicación que: -Creo que podemos ser buenos amigos y superar el pasado.- Dándome una suave sonrisa de medio lado y mirada afable.
Sin darme cuenta terminamos hablando de nuestras vidas, de quiénes éramos realmente.
Él escuchó atento mi versión de la historia sin emitir juicios o hacer malas caras, así como yo escuché atento su historia; el como ambos éramos dos caras diferentes de la misma moneda, pues Takashi también era un hermano mayor con miedo de la enorme responsabilidad que habían puesto en sus manos sin quererla, el cómo se sintió abrumado y temeroso de no poder, de no dar la talla ante las expectativas de su madre, y como para él fue más fácil dejar todo atrás, saliendo por la puerta de su casa sin importar nada y dispuesto a vivir en las calles para no cargar con sus hermanas. Sin pensar en lo que les pudo pasar cuando se quedaron tantas horas solas. Sin embargo, entró en razón gracias a un amigo, dándose cuenta que era bendecido, porque a pesar de todo, tenía una familia y un techo al que volver. Así que lo único que podía hacer era aceptar con una sonrisa la situación que le tocó y esforzarse al máximo todo lo que pudiera, porque nadie tenía la culpa.
Ahí fue cuando entendí que mis miedos, mis errores y decisiones nos habían llevado a Hakkai, a Yuzuha y a mi, a ya no ver claramente el límite de las cosas y estar completamente dispuestos a matarnos; porque siempre los culpe de todo. Siempre estuve enojado porque mamá hablaba más con Yuzuha y Hakkai que conmigo cuando empeoró su enfermedad.
Cuando antes de que llegarán ellos, yo era todo para ella.
Que no quería cargar con toda la responsabilidad que puso papá en mis hombros cuando la última vez que lo ví fue en el funeral de mamá y solo me dijo eso: que dejaba a Yuzuha y Hakkai a mi cargo y que no lo decepcionará, o mamá se pondría triste desde donde fuera que estuviera.
Yo no quería que mamá estuviera triste.
Yo solito nos lleve a ese punto de casi no retorno en el que se tuvieran que manchar las manos para poder ser libres, y duele, no por la "traición" en que pensé cometieron contra mí sino, lo acorralados y desesperados que tuvieron que estar por mi culpa para tomar esa decisión tan difícil.
Cómo me cegue ante la ira inconmensurable y estúpidamente pensé que ellos eran los que debían morir por mal agradecidos. Para empezar, ¿De que tenían que estar agradecidos?, si siempre fueron golpes y miedo los que infunde y grabe a fuego en sus cabezas, cuerpos y almas disfrazado de amor y unión familiar. Para no decepcionar a papá y mamá.
Ja, vaya hijo de puta en el que me convertí... Sin embargo, ahora también puedo decir que dios nos nos había abandonado del todo, porque nos mandó a ese chico llorón Hanagaki y a Mitsuya a detenernos, a frenar algo que era un hecho terminaría en una tragedia. En algo que hubiera sido irremediable de reparar si alguno de los tres hubiera muerto.
-¡Mierda! ¡¿Por qué?! - susurré con rabia. Ya estando sentado en una de las últimas bancas de madera -y por lo que no me preocupa el alterar el orden en este lugar sagrado, pues estaba completamente vacío-, cerrando mis ojos con fuerza hasta que los sentí arder, apretando mis puños para sentir mis uñas enterrarse en mis palmas, deseando que la carne se desgarre y desviar el dolor lacerante en mi alma y en mi pecho a otra parte.
Para no gritarle a Dios por que me ha quitado a dos de las personas más importantes en mi vida, cuando es obvio el porque, por mis malditos pecados, mis malditos errores.
Este es el castigo que debo pagar...y es una maldita mierda.
Aunque siempre pensé que rendiría cuentas cuando muriera, cuando mi tiempo en esta vida se extinguiera y aún así tener la mano de Takashi sosteniendo la mía. Porque si, yo debía irme primero, siendo siempre hasta el final el hijo de perra egoísta y miedoso que siempre he sido.
Porque así como ahora que la tristeza me está consumiendo al no tener a Takashi, no hubiera soportado verlo partir cuando fuéramos ancianos.
También teniendo a Yuzuha y Hakkai a mi lado con todo lo malo perdonado, porque también de eso se trataba la vida ¿No?, de perdonar y seguir adelante hacia un mejor futuro.
Así hubiera sido si la cena que había planeado durante meses junto a Takashi para volver a acercarme a mis hermanos se hubiera llevado a cabo, que vieran que yo había cambiado; que pedirles perdón no bastaba y que me dejarán demostrarles el verdadero yo. Ser realmente ese hermano que necesitaban y merecían.
Ahora solo tengo a Yuzuha sumida en depresión, culpandose por la muerte de su pequeño Hakkai y está urna con el amor de mi vida hecha cenizas a un lado. Con nadie que sepa decirme quién ha hecho esto para hacerlo pagar con mis propias manos y así poder dejar todos estos asuntos cerrados para ir a verte una vez más Mitsuya.
Aunque sea solo una vez más antes de caer al infierno por una eternidad y con suerte, volver a coincidir en alguna otra vida para volver a estar juntos.
Para ahora sí entregarte el anillo que lleva guardado en mi bolsillo los últimos dos meses y llevarte al altar. Decirle a todo el mundo que hace mucho dejó de importarme el qué dirán de que yo amo a otro hombre...que yo te amo Takashi Mitsuya.
Perdónenme Yuzuha, perdóname Hakkai...hasta el final no pude ser un buen hermano mayor...papá y mamá seguro estarán muy decepcionados.
Muchas gracias por leer.
Los iloveo un montón .
