Operación C0507-T1231

By Rossy Castaneda

Capítulo 6

Albert ocultó su sorpresa en cuanto la vio ingresar al comedor del brazo de Terry, su pequeña hermana había resultado bastante hábil. Ahogó un suspiro —no le importaba pagar su apuesta, pero, sería más cauteloso en el futuro; con aquella acción, Candy le había demostrado que era capaz de conseguir lo que se propusiera sin el mas mínimo esfuerzo.

—Te lo dije —le dijo Candy entre sus labios al tiempo que alzaba una ceja de manera triunfal cuando la mirada de ambos se cruzaron.

El alto rubio negó ligeramente con la cabeza y apartó la mirada de ella, miró su reloj simulando revisar la hora cuando vio que ambos venían en su dirección.

—Hola Albert —lo saludó Terry.

—Hola Terry —Albert respondió a su saludo —veo que estas muy bien acompañado —dirigió su mirada hacia su hermana menor fingiendo no conocerla.

—Disculpa mi falta de educación —Terry suspiró —ella es Candice White —los presentó —por cierto, es de Chicago al igual que tú.

—No me digas —dirigió su mirada a Candy —es un placer conocerla señorita White, Albert Ardley —se presentó omitiendo su puesto.

—El placer es todo mío señor Ardley —respondió Candy con un ligero tono de burla, sabía lo mucho que Albert odiaba que lo llamaran señor. Tomó un sorbo de vino para ocultar su sonrisa ante la mirada que su hermano le lanzó.

Ah, con que quieres jugar —pensó Albert achicando los ojos —ahora verás

—De que parte de Chicago es usted, señorita... ¿White?

—Soy de Lakewood, un pequeño pueblo en las montañas de Chicago, a orillas de Lago Michigan —respondió Candy con soltura

—Que interesante —respondió Albert —mi familia tiene una casa de campo en ese mismo pueblo —bebió de su copa.

—Por cierto —intervino Terry —prometiste que me invitarías a conocerla —observó a Candy y sonrió —me temo que un día de estos te tomaré la palabra, ¿tu que piensas Candy?

Candy se atragantó, conocía aquel tono.

—Veo que la relación entre ustedes es un poco mas... —Albert hizo una pausa —íntima.

—Mucho —respondió Terry rodeando a Candy de su cintura.

—No te pases Grantchester —masculló Candy entre dientes.

Albert comenzó a reír internamente al ver el rostro de su pequeña hermana. La tenía justo donde quería.

—Cuando quieras, mi casa es tu casa —dijo alzando la copa.

La mandíbula de Candy estuvo a punto de caer al piso. ¿Era en serio, su hermano la estaba lanzando a los brazos de aquel engreído?

—¿Que demonios crees que haces? —le preguntó Candy a su hermano mayor en cuanto quedaron a solas luego que de Terry se apartó un momento.

—Te estoy ayudando —le respondió Albert encogiéndose de hombros en tanto sonreía burlonamente.

—¿Ayudándome? —repitió Candy incrédula —me estas lanzando al matadero con ese don Juan.

—No tengo idea como le hiciste para conseguir que él te trajera esta noche —musitó Albert ignorando su reclamo.

—Seré una especie de esclava a su servicio por los siguientes treinta días.

—Quien lo diría —Albert rió entre dientes —una agente del servicio secreto siendo esclava de un engreído joven —su tono era de burla.

—Te dije que haría lo que fuera por conseguir lo que me proponía.

—Ya veo —respondió Albert sorbiendo de su copa —¿se puede saber como le hiciste?

—Me inventé una apuesta la cual por supuesto iba a perder por ganarte otra a ti —sonrió —ya sabes las dos cosas que quiero ¿verdad?

Albert suspiró —mañana cumpliré la primera parte y en el transcurso de la velada verás la otra.

—Fue un placer hacer trato contigo querido Bert —musitó Candy muy bajito ya que Terry se aproximaba.

El resto de la velada fue tranquila y amena, Candy conoció al Presidente y a la Primera Dama, esta última estaba más que encantada con ella, era la primera vez que veía a Terry permanecer dentro del lugar durante toda la velada.

—Pienso que será agradable repetir este tipo de eventos durante los próximos tres viernes —sugirió Albert.

—Estoy de acuerdo contigo querido Albert —respondió Eleonor —y tu por supuesto debes estar presente con esta encantadora joven —se dirigió a Terry.

—Madre, no creo que sea buena idea —frunció el entrecejo

—¿Por qué no? —Eleonor lo miró de manera suspicaz —es la primera vez que te veo disfrutar una velada —sonrió de manera burlona —y como no hacerlo —observó a Candy —estas muy bien acompañado. ¿Son novios? —les preguntó sin más.

Terry estuvo a punto de ahogarse con su propia saliva.

—No —respondió con el ceño fruncido.

—Bueno, no te enojes —Eleonor rió —ambos hacen una hermosa pareja.

—La señorita White es una compañera de la Universidad, que muy amablemente aceptó mi invitación a este nido de cuervos y dudo mucho que le agrade la idea de volver una vez más ¿verdad? —se dirigió a Candy.

—Eh... bueno... yo... —balbuceó.

—Ves, hasta tartamuda se ha puesto la pobre, con tus insinuaciones. Candice es muy tímida

Albert estuvo a punto de escupir el trago que acababa de sorber. Candy era todo menos tímida.

—No me pareció tímida —replicó Eleonor —sino todo lo contrario —sonrió —a diferencia tuya se la ha pasado maravillosamente ¿no es así Candice? —se dirigió a la joven rubia.

—Así es —respondió la rubia mas repuesta —amo todo lo que tiene que ver con recaudar fondos para casas hogares, de cierta manera me identifico con ellas —respondió arrepintiéndose por haber dicho lo último.

—¿Por qué? —quiso saber Eleonor. La profundidad de las palabras de Candy despertaron su curiosidad

Albert se tensó al ver como Candy apretaba ligeramente la mandíbula. De haber sabido que las cosas iban a tomar aquel rumbo no hubiese hecho semejante sugerencia.

—Me crié bajo la tutela de una tía, luego que mis padres murieran cuando yo era una adolescente —respondió Candy bajando la mirada

—Te das cuenta, ya la has puesto triste —reprochó Terry.

—Lo lamento Candice, no era mi intención hacerte recordar cosas tristes —se disculpó Eleonor tomando sus manos, e ignorando la mirada ceñuda de su hijo continuó —y para redimirme, quiero que asistas a todas las cenas benéficas que realizaré los próximos tres viernes

—Madre, ni sueñes con que vendré.

—No te estoy invitando a ti —replicó Eleonor enarcando una ceja —sé perfectamente que detestas estas veladas.

—Pero estas invitando a mi compañera de Universidad.

—Exactamente, la estoy invitando a ella, no a ti.

Terry la fulminó con la mirada. Aquella era una sucia jugarreta de su madre. Odiaba que lo conociera tan bien.

—Está bien, tu ganas —suspiró —si Candice acepta tu invitación, vendré con ella, no pienso dejarla sola en medio de tanta hipocresía.

Tres días después...

El sonido de la alarma hizo que Candy extendiera su brazo y sin abrir sus ojos siquiera logró apagarla.

—¡Maldición! —masculló poniéndose de pie en un brinco en cuanto abrió los ojos y miró la hora. —¡Annie!– musitó saliendo a trompicones de su habitación. —Annie, abre la puerta, nos quedamos dormidas —gritó

—Mmm –gruñó la pelinegra desde adentro.

—En vista que has dado señal de vida —comenzó a decir la joven rubia —regresaré a mi habitación para tomar un rápido baño. Candy estaba feliz, gracias a la apuesta que le había ganado a su hermano, consiguió que su mejor amiga se mudara con ella a Cambridge, Massachusetts y fuera aceptada en la Universidad de Harvard para continuar con sus estudios. Ambas se habían mudado a un departamento de dos recamaras ubicado a una zona exclusiva y apartada del Campus.

Salió de cuarto de baño completamente desnuda, ya que con las carreras olvidó la toalla, caminó hasta la habitación, tomó una toalla y se envolvió en ella.

—Por Dios del cielo, debí haber acomodado la ropa ayer —se recriminó al encontrar la maleta debajo de la cama y darse cuenta que su ropa interior no estaba en la la maleta que trajo consigo cuando dejó la habitación que ocupaba en la Universidad,

—¿¡Un boxer!? —dijo con sorpresa —¿De quien es y como llegó aquí? —los sacó y comenzó a leer una pequeña nota

"Para que no te olvides de tu amo Pequeña Pecosa"

T.G.

—Maldito Grantchester, juro que vas a pagármela. —Suspiró; y sin quedarle mas remedio, lo tomó y se lo puso. Afortunadamente era un boxer deportivo que se ajustó a su cuerpo.

—¡Candy! No encuentro mi ropa interior, ¿podrías prestarme algo?

—No tengo la menor idea que ha sucedido con mi ropa interior —respondió Candy mostrando la maleta.

—Estas mintiéndome ¿verdad?

—¿Cuando lo he hecho?

—Hace un año —le recordó Annie.

—Ah bueno, fue una mentira piadosa, de esas que se le dicen a cualquiera.

—Yo no soy cualquiera, soy tu mejor amiga y me mentiste al decir que no me acompañarías durante las vacaciones porque deseabas pasar tiempo con tu tia cuando en realidad lo que hiciste fue adelantar tus clases para graduarte un año antes —colocó sus manos en jarra —me abandonaste.

—No lo hice, estas aquí conmigo, he cumplido lo que te prometí —Candy sonrió de manera dulce; era su manera de contentar a su amiga cada vez que se enfadaba.

—Tienes razón —Annie le devolvió la sonrisa —Entonces ¿es en serio que no encuentras tu ropa interior?

—Aja —respondió Candy

—¿En verdad, no llevas puesto nada? —preguntó la pelinegra con sorpresa —Deja ver.

—Eres una pervertida —Candy comenzó a reír cuando Annie se acercó a ella dispuesta a írsele encima. Bajó ligeramente la toalla y le mostró el elástico del boxer.

—¿Es un boxer?

—Aja

—No me digas que... —Annie comenzó a reír.

—Que te puedo decir —respondió la rubia encogiéndose de hombros.

—No pensarás dejártelo —dijo con incredulidad.

—¿Tengo a caso otra opción? —le preguntó Candy, dándole un ligero empujón para que saliera de la habitación; necesitaba terminar de vestirse.

—Nos vamos —dijo después de diez minutos .

—¿Irás vestida así?—preguntó la pelinegra al verla con unos jeans y una camiseta azul la cual cubría su trasero.

—Si, si, ya sé —respondió la rubia mientras tomaba sus cosas.

—Por Dios del cielo Candy, pareciera que en vez de ir a la Universidad vas a trabajar como un jornalero. No me mal intérpretes —se apresuró a aclarar Annie al ver la mirada ceñuda de Candy.

—Y tu, ¿vas a la universidad o a una fiesta? —le preguntó al ver el despliegue de glamour de su amiga.

—Es mi primer día, así que con ropa interior o sin ella, debo dar una muy buena impresión.

Ambas comenzaron a reír y salieron departamento. Se subieron al auto deportivo de Candy y emprendieron la marcha.

Su llegada al Campus, fue tal y como Annie imaginó. Las miradas de los chicos estaban sobre ellas. Candy, a pesar de su jeans y su camiseta holgada no podía esconder sus curvas. El celular de Annie comenzó a sonar

—Si me disculpas, debo atender esta llamada... es mi madre —susurró.

—Ve, aquí te espero.

Candy aspiró profundamente en cuanto escuchó la manera como la llamaban. Agradeció al cielo que su amiga no estaba presente

—Que ha pasado contigo Pequeña Pecosa, no me digas que ahora vestirás como un marimacho —Terry le alzó la camiseta y rió al ver el elástico de su boxer.

—Marimacho tu... —Candy se detuvo al recordar la dulce Primera Dama.

—Vamos, dilo —Terry se echó a reír

—Vete al infierno mocoso engreído.

—Eh, eh, no se le habla así a su señor, Señorita Pecas —dijo en tono burlón chasqueando la lengua.

—Tiene usted toda la razón joven Grantchester —respondió Candy forzando una sonrisa. —Agradezco su gentileza al dejar por lo menos uno de sus boxer, aunque me sorprendió ver el color... "rosado" —dijo echándose a reír —no creí que gustara de los colores femeninos, o es que acaso su fama de don Juan es solo una fachada para ocultar su verdadera preferencia sexual.

—Como te atreves a insinuar que soy... —Terry apretó la mandíbula, no fue capaz si quiera de terminar la frase.

—Del mismo modo que usted se atrevió a señalarme como un marimacho por portar uno de sus calzones —Candy rió burlona al ver su rostro serio. —Que poco sentido del humor tiene, mi señor.

Sin previo aviso, Terry la sujetó del brazo y la obligó a que lo siguiera

—¿Por que me has traído aquí? —preguntó al ver que estaban en los baños de los chicos

—Te mostraré cual es mi preferencia sexual —fue la respuesta de Terry. Con posesión, la atrajo a él, inclinó su cabeza y se apoderó de aquellos rosados labios.

Candy luchó por liberarse, pero poco a poco, sus labios fueron cediendo a sus demandas y terminó rendida a aquellos labios que devoraban los suyos. Un gemido se escapó de su garganta cuando la lengua de Terry comenzó a explorar el interior de su boca, su lengua adquiríos vida propia y comenzó a responder de una manera candente.

Embriagado por la sensación que aquella Pequeña Pecosa había despertado en él, Terry la alzó de la cintura.

Con su espalda apoyada en la pared, Candy, rodeó la cintura de Terry con sus piernas y se dejó llevar. Los labios de él, comenzaron a explorar aquella suave piel en cuanto la camiseta salió volando por los aires. Ante el contacto, Candy sintió un fuerte shock electrónico recorriendo todo su cuerpo y centrándose en la parte baja de su vientre. Su cuerpo ardía, tal y como lo hiciera un volcán a punto de hacer erupción.

—¡Terrence!

Ambos giraron su rostro al escuchar la voz detrás de ellos.

—¡Oh Dios! —musitó Candy. No tuvo más opción que ocultar su sonrojado rostro en el pecho de Terry quien se giró para resguardarla.

—¿Que haces ahí parada como una estatua de sal, a caso hay pegamento en el piso que te impide moverte o estas esperando ver a mi novia? —preguntó Terry al ver por el rabillo del ojo que seguía de pie.

—¿Tu novia? —susurró. —creí que yo era...

—¡Shhhhh! —la interrumpió Terry.

—¿Como pudiste cambiarme por alguien tan insignificante?

—Insignificante serás tu —arremetió Candy saliendo de donde estuvo refugiada, importándole un reverendo pimiento estar únicamente con un sport bra en la parte superior. No iba a permitir que aquella desabrida cara de tortilla mal hecha se dirigiera a ella en aquellos términos.

—Oh vaya, al parecer te estas tomando muy serio tu papel de novia en turno —rió con burla —disfruta de tu tiempo mientras puedas niña porque te aseguro que el gusto ten durará muy poco y al final, Terrence regresará a mi como siempre lo hace.

—Te sientes muy segura ¡eh! —arremetió Candy en tono burlón —me encargaré que esa seguridad desaparezca —sin decir más, se acercó a Terry, se puso en puntillas y comenzó a besarlo frente a quien prodigaba ser su novia.

Continuará...