Operación C0507-T1231
By Rossy Castaneda
Capítulo 7
Tres semanas después...
—Esto de fingir ser la novia de ese granuja me tiene al límite
—De que te quejas, si bien que lo disfrutas —Annie se echó a reír.
—Finjo hacerlo cuando esa cara de tortilla mal hecha nos está observando.
—O sea, todo el tiempo —repuso Annie carcajeándose —Por Dios del cielo, esa pobre chica no les quita la mirada de encima, le presta mas atención a lo que ustedes hacen que a lo que explican los maestros. No se dio ni siquiera cuenta del mega cartel que Archie le pegó en la espalda, lo hizo hasta que recibió su primera patada en el trasero.
—Debo admitir que se le fue la mano a ese novio tuyo —dijo Candy tras recomponerse.
—No es mi novio... aún —completó Annie con picardía.
—No te hagas la difícil con él Annie, bien que te gusta.
—El león juzga por su condición —Annie arqueó una ceja.
—¿Ya vas a comenzar con la misma cantaleta? —Candy rodó los ojos. Annie se la pasaba diciéndole que admitiera de una vez que Terry le gustaba.. y mucho; y en el fondo, ella tenía razón, pero no podía admitirlo públicamente ya que eso pondría en riesgo su puesto de trabajo.
—Oh vamos Candy, sabes perfectamente que puedes contarme tus cosas y que de mi boca jamás saldrá una sola palabra, somos amigas, casi como hermanas y siempre lo hemos compartido todo.
—Tienes razón Annie, a ti no puedo negarte lo que realmente siento —suspiró mientras se dejaba caer de espaldas en la amplia cama — Terrence Grantchester me gusta mas de lo que quiero admitir, pero debo seguir fingiendo que es solo un juego.
—¿Por qué?
El silencio rondó en el habiente, Candy se debatía entre decirle o no a su mejor amiga a que se dedicaba realmente.
—Candy —la llamó Annie achicando los ojos —¿hay algo que no me has dicho?... ¿que pasa?, es que no me tienes confianza?
—No se trata de eso Annie, es solo que ... —se quedó en silencio una vez mas —yo no soy quien se tu crees que soy... bueno si soy pero en verdad no soy... —cubrió su rostro en tanto negaba con la cabeza.
—A ver, a ver, explícate, porque no estoy entendiéndote nada.
—Te lo diré pero tienes que jurarme por tu vida que no le dirás a nadie.
—¿Tan grave es?
—Delicado, diría yo —respondió la rubia.
—En ese caso, te prometo que no diré una sola palabra —Annie unió su dedo meñique al de Candy.
—Annie, no es cierto que me gané una beca para estudiar una maestría en esta Universidad —mordió sus labios —la verdad es que gracias a la recomendación de varios de mis maestros, fui contratada por el servicio secreto de los Estados Unidos para cuidar el trasero del rebelde hijo del Presidente Richard Grantchester.
—¡Oh Por Dios! —Exclamó Annie con sorpresa —¿Me estas diciendo que has alcanzado tu propósito por el cual tomaste esa carrera tan extraña?
—Así es Annie —respondió —este es solo el primer paso.
—¿Cómo lo tomó tu hermano?
—Ya te imaginarás, pegó el grito en el cielo cuando se enteró.
—Me lo imagino —Annie sonrió al recordar lo protector que era Albert Ardley con Candy.
—Hasta ahora, mis superiores creen que la relación con Terry es parte de mi plan inicial para estar cerca de él y protegerlo de quien quiera hacerle daño, pero la realidad es otra —cerró los ojos —en estas tres semanas fingiendo ser su novia, he descubierto a otro Terry... es tan diferente al que todos conocen... es tierno, cariñoso, detallista, caballeroso, centrado, y sabe perfectamente bien lo que quiere.
—Lo sabía —dijo Annie poniéndose sobre sus rodillas en el cómodo colchón de su cama —en vista que no puedes gritarlo a los cuatro vientos, disfruta los momentos que estes junto a él.
—No —respondió Candy.
—¿Por que no?
—No puedo poner en riesgo la misión para la que he sido contrata. Eso será peor para mi —cubrió su rostro con ambas manos como si con ese acto pudiera borrar todo —ahora entiendo la preocupación de Albert cuando se enteró que yo sería la guardaespaldas de Terry. Él lo conocía mas a fondo y sabía que detrás de aquella fachada de chico rebelde había un chico de buenos sentimientos.
—¿Que piensas hacer ahora? —preguntó la pelinegra con preocupación al comprender la encrucijada en la que se encontraba su amiga.
—Continuar con mi misión y tan pronto se termine, cambiaré el ship de mi memoria, me obligaré a mi misma a decir que nada de esto sucedió.
—¿Renunciaras a lo que sientes?
—Es mejor hacerlo ahora antes que él lo descubra todo, ¿no crees?
—Bueno, en eso tienes razón —suspiró y la miró a los ojos —¿Abandonarás también tu puesto dentro del servicio secreto?
—No necesariamente —dejó salir el aire de sus pulmones —pero aunque me duela aceptarlo, ni hermano tiene razón, no puedo cambiar el sistema yo sola Annie, se necesita de mucha gente para conseguirlo —se quedó en silencio por un tiempo considerado recordando lo furiosa que se sintió cuando uno de sus superiores le dijo que si quería mantener su lugar de empleo, no debía meter sus narices en donde no la llamaban.
—Hoy es la última cena de beneficencia que la Primera Dama realizará, y es también el último día de la apuesta que hice con Terry, después de hoy, volveré a guardar mi distancia con él, cuidaré sus espaldas desde una distancia prudente —dijo la rubia tras salir de sus cavilaciones.
—Ay Candy no sabes cuanto lo lamento —Annie la abrazó —yo mejor que nadie sé lo mucho que te esforzaste por cumplir tus metas —esbozó una leve sonrisa al recordar que por ello, ambas habían discutido fuertemente luego que la rubia le ocultara que se graduaría un año antes de lo esperado —imaginó lo doloroso que te resulta darte cuenta que nada es como lo imaginabas.
—Lo es Annie —respondió la rubia con tristeza —y por mas que yo quiera y lo desee, no puedo enfrentar esta lucha yo sola, desafortunadamente el sistema esta corrompido y quienes tienen el poder para hacer algo al respecto no lo hacen —suspiró con pesadez —en fin, no hablemos mas del asunto y mejor démonos prisa o llegaremos tarde a la Universidad —sonrió —tal parece que se nos ha hecho costumbre estos últimos días.
Ambas tomaron sus cosas y salieron del departamento que compartían. Durante el camino, Candy reía de cuanta anécdota Annie le recordaba. En el pasado, habían hecho de las suyas. No eran unas malas chicas, pero tampoco eran unas santas; como jóvenes que eran solían divertirse de manera sana.. bueno ni tan sana; se escapaban de los dormitorios del campus y se iban de pinta a las discotecas. Dejaron de hacerlo después que ambas terminaron privadas de su libertad tras romperle no una sino dos botellas en la cabeza a un hombre que intentó propasarse con ellas. Albert, su hermano, se encargó de solucionar todo. Luego de una buena compensación el agredido retiró los cargos en contra de ellas, se encargó también de limpiar el record de ambas y evitó con sus influencias que aquel vergonzoso episodio saliera a la luz publica luego que un periodista lo reconociera mientras salía de la estación policial.
Con una radiante sonrisa y tras estacionarse apropiadamente, ambas bajaron del auto, y juntas emprendieron la marcha al interior del campus.
Dos horas mas tarde...
El que el ambiente estuviera en calma, fue un mal presagio para Candy, y no se equivocó. Mientras caminaba junto a Terry, la repentina aparición de Niel, hizo que su día se tornara gris de un momento a otro.
—¿Que es? —preguntó Terry
—No lo sé solo me pidieron que te lo entregara y te dijera que era urgente.
—¿Quien te lo dio?
—No lo conozco, jamás lo había visto en el campus, pero me aseguró que era urgente.
Desde que se regó el chisme que ella era novia de Terry, Candy había notado que su mejor amigo la miraba de una manera tan extraña, que la hacia sentir incómoda. No estaba del todo segura y quizás era una exagerada, pero su instinto le decía que no debía fiarse de él. Tratando de encontrar algo en su lenguaje corporal, Candy lo observó detenidamente mientras Terry leía la nota que le acababa de entregar.
—Esto es absurdo —dijo Terry arrugando la nota que acababa de leer.
—¿Que es? —preguntó la rubia ante su reacción.
—Una total idiotez.
—¿Puedo leerlo?
Con evidente enfado, Terry le extendió la nota. Conforme leía, Candy sintió que sus manos comenzaban a sudar y sus piernas temblaron, pero se obligó a recuperar su auto control. Aspiró profundamente y comenzó a reír.
—¿Que clase de idiotez es esta?, yo una arribista ... jajajajaja , ¡Ay por Dios!
—Lo mismo digo —Terry se unió a su risa. Mientras Candy leía la nota, él observó su rostro en busca de su reacción. Agradeció internamente al cielo haber encontrado solo frialdad en él. No soportaría que lo escrito en aquella nota anónima resultara siendo cierto y que Candy resultara ser una joven arribista que se había acercado a él por dinero; su sangre se calentó ante la pura idea de pensar que ella no lo quisiera ni un poco si quiera, y que si había aceptado aquella estúpida mentira que él mismo se inventó, había sido solo para cumplir su propósito y escalar en sociedad, él se hubiera sentido el peor de los imbeciles al creer que sus besos realmente eran reales, pero afortunadamente todo era un chisme para separarlos.
—¿Y en verdad no lo eres Candy? —Niel la observó —Es raro que te apareciste de la nada.
—¿Tu que crees? —la rubia lo miró a los ojos.
—Basta Niel, no permitiré que sigas con esta mierda —espetó Terry dando por terminada la charla, tomó el brazo de Candy y se alejó.
Niel apretó los puños, en lo que llevaban siendo amigos, aquella era la primera vez que Terry le hablaba de aquel modo por un chica...¡Demonios! Y no cualquier chica, sino la mas bonita del todo el campus, una que él deseaba para si.
—Maldita la hora que se me ocurrió retar a Terry aquella tarde —espetó furioso —prácticamente lo lancé a ella... pero como demonios iba yo a saber que aquella Nerd cuatro ojos resultaría siendo una preciosura... —no cabe duda que lo que gente suele decir sobre no juzgar a los demás por su aspecto físico es una realidad... ¡Bah! —bufó —no todo está perdido... mientras no haya nada serio entre ellos, puedo conseguir que Candice se aleje de Terry y se fije en mí —sonrió —y sé perfectamente quien va a ayudarme con ese asunto. No tuvo que buscar mucho, encontró a quien buscaba en el pasillo por donde caminaba.
—Hola Susi, ¿todo bien contigo?
—Como puedes preguntar tal cosa cuando Terry se la pasa con esa insípida.
—¿Te refieres a Candice White?
—Ni me menciones su maldito nombre —espetó una furiosa Susana —si pudiera le arrancaba los cabellos uno a uno, le sacaba sus ojos con mis propios manos y le borraba esa estúpida sonrisa de autosuficiencia.
—¿Que te hizo para que la quieras tanto? —Niel rió burlón
—Se atrevió a humillarme ¿puedes creerlo?
—No pues ahora comprendo tu enojo —la miró —te propongo una alianza para separar a ese par.
—¿Y tu por qué lo harías?, ¿no se o supone que eres el mejor amigo de Terry?
—Lo soy —Respondió el joven Leagan —pero has escuchado el dicho que dice que entre la guerra y el amor todo es válido.
—¡No!... —Susana comenzó a reír —es una broma ¿verdad?... tu no puedes estar enamorado de esa arribista salida de la nada.
—Tanto como enamorado no —respondió —Un momento —Niel la miró achicando los ojos, ¿Susana había llamado a Candy arribista? —Fuiste tu ¿verdad? Y no te atrevas a negarlo.
—¿De que hablas?
—Tu le pagaste a ese chico para que me entregaran un anónimo dirigido a Terry
—No sé de que me hablas
—No te hagas la idiota conmigo —la miró a los ojos.
—Está bien, está bien, fui yo y ¿que?
Niel resopló —no cabe duda que eres una tonta.
—Oye no me insultes.
—No lo hago —se encogió de hombros —tómalo como un alago —se burló —creo que es mejor que unamos fuerzas, entre los dos podemos conseguir que esos dos terminen separados —extendió su mano —que dices, ¿aceptas?
—Acepto —Susana aceptó la mano extendida, sellando de aquel modo un trato con Niel para separar a Candy y a Terry.
Continuará...
