Operación C0507-T1231
By Rossy Castaneda
Capítulo 8
Tiempo Actual...
¡Dios mío! , ayúdame a salir ilesa de este lugar, mi esposo y mi pequeño hijo me necesitan, no permitas que mis días terminen aquí —musitó cerrando los ojos, uniendo sus manos y dejando escapar dos gruesas lagrimas, las cuales limpió inmediatamente; no podía permitirse derrumbarse en ese momento, necesitaba ser fuerte, necesitaba estar alerta, necesitaba un aliado para poder salir de ese infierno.
La mañana llegó y con ella la oportunidad de Candy de convencer a aquel joven que le ayudara a salir de aquel lugar.
—¿Cual es tu nombre?
—Charlie
—Charlie, ayúdame a conseguir la manera de comunicarme con mi esposo.
—Los teléfonos en este lugar están intervenidos señora.
—Lo sé —dejó escapar el aire pesadamente —pero debe de existir una manera para comunicarme con el mundo exterior sin que ellos lo detecten.
Charlie se alejó de ella y caminó a un lugar apartado de la azotea.
—Aquí está —dijo al encontrar lo que buscaba.
—¿Que es?
—Es un viejo radio de transmisión que encontré hace unos días mientras limpiaba este lugar. Pero no estoy seguro si funciona o no.
—Perfecto —dijo Candy yendo hasta él —lo revisaré y en caso que no funcione, lo haré funcionar, de eso no te quepa la menor duda —sonrió —Gracias Charlie —lo miró —te juro que si logramos salir con bien de este lugar, tendrás un empleo digno para que le des a tu madre la vida que tanto sueñas.
—¿Por que hace esto por mi señora?
—Charlie, tu no eres un delincuente como ellos, tu eres solo una víctima de las circunstancias.
—Pero yo no sé hacer otra cosa mas que delinquir.
—Con la destreza que estoy segura tienes y un entrenamiento adecuado, serás un excelente guardaespaldas.
—¿Usted lo cree?
—Por supuesto.
Ambos se giraron al escuchar pasos acercándose. Candy corrió de puntillas para no hacer ruido, se metió bajo la sábanas de la cama y se fingió dormida
—¿Todo bien por aquí Charlie?, me pareció escuchar voces.
—Al parecer la primera dama tiene por costumbre hablar dormida —dijo Charlie sonriendo.
Al escucharlo, Candy quien se fingía dormida comenzó a hablar incoherencias.
—Es una pena que no podamos vender esta nota a los medios —dijo el recién llegado riendo de manera burlona.
—Realmente lo es —Charlie le siguió el juego.
—Ve a descansar un rato.
—No puedo dejarla sola, él jefe me dejó a cargo de ella.
—El jefe no está, salió en cuanto el sol dio su resplandor. Así que aprovecha, ve y descansa un rato, voy a cubrirte por unas horas, me quedaré afuera vigilándola.
—¿Y si el jefe viene y no me encuentra haciendo lo que me encomendó?
—Yo me hago cargo, en su ausencia yo estoy a cargo
—De acuerdo, regresaré en unas horas —dijo Charlie algo extrañado por la actitud amable de aquel hombre. Jamás había visto su rostro, pero desde que lo conocía, aquel hombre era un descortés y odioso ogro con una mirada tan penetrante que producía temor a quien lo veía a los ojos . Tanta amabilidad empalagaba. ¿que se trae entre manos este desgraciado? —se preguntó a si mismo.
En cuanto Charlie salió del lugar, el encapuchado hombre se acercó a Candy.
—Maldita perra, ahora es cuando sentirás en carne propia lo que es estar encerrado en un pequeño cuarto. Por tu miserable culpa, muchos de mis amigos pasaron años de sus vida recluidos en una cárcel de máxima seguridad y mientras eso pasaba, sus mujeres se revolcaban con otros hombres y yo tuve que ver todo en silencio, no pude ayudarlos si quiera —apretó los puños —pero ahora te tocará vivir lo mismo que ellos y no tienes idea lo mucho que disfrutaré tu sufrimiento —alzó su mano derecha a la altura de su rostro —y esta cicatriz te la cobraré en cuanto obtengamos lo que queremos —culminó mientras caminaba hacia la puerta de salida.
Por debajo de las sábanas, Candy empuñó sus manos. Se sentó en cuanto escuchó que la puerta se cerraba. Aunque no pudo ver su rostro, se dio perfecta cuenta que aquel hombre estaba fingiendo su voz, pero con todo y eso, se le hacia familiar.
—Esa voz, ¿en dónde he escuchado esa voz? —se preguntó achicando los ojos como tratando de recopilar información; abrió los ojos ampliamente al recordar un par de delincuentes que fueron apresados durante una operación de rescate. Apretó los puños en tanto imágenes de lo sucedido se aparecieron en su mente:
Habían pasado 1 mes desde el secuestro de Terry en aquella condenada fiesta en la que ella decidió sería la última vez que saldría con él, porque había terminado enamorándose como una completa idiota del rebelde hijo del Presidente de los Estados Unidos, cuando su misión era cuidarlo y no jugar a los noviecitos; Candy se sentía culpable de que se lo hubiesen llevado frente a sus narices, pero no hubo nada que pudiera hacer para impedirlo, porque lo último que recordaba era una lluvia de balas seguido por el fuerte golpe que recibió en su cabeza. De no haber sido por su hermano que salió a buscarlos hubiera muerto ahogada en el lago detrás de la Casa Presedencial.
—¿Candy, te has vuelto loca?, —dijo su hermano a su descabellado plan de rescate —no voy a arriesgarte de esa manera.
—No hay otra opción Albert —lo vio
—Claro que la hay —respondió el rubio mayor —el presidente está negociando.
—¡Por Dios Albert!, no te das cuenta que aunque el Presidente ceda a las peticiones de sos malditos terroristas, mataran a Terry sin contemplación alguna —frotó su rostro con desesperación caminó de un extremo a otro dentro de la habitación en donde estaban—Esos bastardos no se tentaran el corazón para hacerlo y lo sabes —sollozó dejándose caer en la cama —Por favor hermano, no me pidas que me quede cruzada de brazos en espera que envíen el cuerpo sin vida de Terry.
—¿Lo amas? —preguntó el rubio mayor sentándose a su lado.
—Como nunca imaginé podría hacerlo —respondió con sinceridad la rubia Agente alzando el rostro compungido —Por favor, ayúdame, mueve tus influencias —suplicó.
—Esta bien lo haré, porque sé que con mi ayuda o sin ella, ejecutaras tu plan de rescate, así que me es preferible ayudarte a que estes sola en esto —la abrazó. Aquella era la primera vez que veía a Candy tan desesperada.
—Gracias Albert, no tienes idea lo mucho que significa tu apoyo para mi en estos momentos
—No me agradezcas aún, porque tengo una condición para ayudarte.
—Haré lo que me pidas.
—Llevarás una cámara escondida.
—¿Te has vuelto loco?, me mataran si la encuentran
—No si la cámara está oculta en un lugar estratégico
Ambos rubios se giraron para ver al joven que acababa de decir aquellas palabras.
—Anthony, ¿que haces aquí?
—Hola Candy —saludó el recién llegado —vine a apoyarte, recuerda que somos un equipo —frotó su rostro —el que Terry esté secuestrado también es mi responsabilidad, no debí alejarme tanto.
—No sirve de nada que se culpen —intervino Albert —mejor dime, ¿que fue eso que dijiste cuando llegaste?
—Conozco a alguien... bueno mejor dicho Candy y yo conocemos a alguien que puede ayudarnos a instalar una cámara oculta para estar en contacto con ella mientras se lleva a cabo la operación de rescate.
—¿De quien se trata? —quiso saber el rubio mayor con evidente interés.
—Allistair Cornwall
—Hazlo venir
Treinta minutos mas tarde, Allistair Cornwall hacía su arribo a un area reservada de la Casa Blanca en donde Candy, Anthony, Albert y George Johnson Director de la Agencia Central de Inteligencia aguardaban por él
Una hora mas tarde, Candy, enfundada en un diminuto vestido, llegaba a una esquina en donde muchos hombre solían ir en busca de placer. Si sus investigaciones resultaban acertadas, en algún momento los captores de Terry llegarían en busca de compañía y es ahí donde ella entraría en acción. Sabia que no sería una misión fácil, pero tampoco una imposible de llevar a cabo.
Antes de bajarse de la mini van, Anthony se acercó a ella y le colocó alfileres en la peluca que portaba para cubrir su dorada caballera
—sabes lo que son ¿verdad?
—Si, si, lo sé —respondió ella abriendo la puerta del auto.
—Estaremos cerca por si nos necesitas —Albert la sujetó de su mano —prométeme que te cuidaras.
—Te doy mi palabra que regresaré en una pieza.
Miró su reloj, caminó de un extremo para apaciguar la desesperación que comenzaba a aflorar en ella; necesitaba armarse de paciencia, no podía darse el gusto de perder la única oportunidad que tenía para rescatar a Terry —aunque no fumaba, en ese momento necesitaba hacerlo para tranquilizarse, sacó un cigarrillo de su cartera, tras encenderlo, le dio una fuerte calada que la hizo toser ligeramente, aspiró profundamente, aquel era el momento de poner en práctica todo lo aprendido durante su entrenamiento como agente de servicio secreto.
Luego de una hora y media caminando de un lado a otro, un lujoso auto se acercó a ella. Tras intercambiar unas palabras y luego de ser revisada de manera minuciosa, Candy ingresó al vehículo.
—Son ellos —dijo Stair en el interior del auto desde donde monitoreaban la cámara escondida de Candy.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Tengo mis motivos para creerlo—respondió el joven de lentes encargado en ese momento de la parte técnica mostrando su teléfono celular —las placas del auto no se pueden ver en esta fotografía, es mas que evidente que usan un marco inteligente de matrícula que tiene la capacidad de cubrir los números y letras en una placa con una luz blanca que evita ser capturada por el flash de una cámara.
—¡Eh!, ¿como lo sabes?
—Verán, este es uno de mis inventos —Stair sonrió un tanto avergonzado —lo diseñé tras ser multado en diversas ocasiones por pasarme casetas de peaje. Cuando el marco detecta el Flash de una cámara —comenzó a explicar Stair —inmediatamente se activa el sensor que dispara dos fuertes destellos con las luces de xenón que están instaladas en el lado izquierdo y derecho del marco. Cuando las luces están activas, es imposible ver las letras o números en la placa de matrícula, y por lo tanto, el conductor del auto no recibirá una multa en el correo, ya que estas son basada en la fotografía tomada por la cámara de tráfico —se quedó pensativo —diseñé mas modelos para solventar la demanda dentro de la Universidad, pero jamás imaginé que mi invento sería utilizado para este tipo de situaciones.
Con el rostro cubierto con una capucha color negro, Candy escuchó través de sus aretes todo cuanto Stair decía al otro lado. Eso significaba que alguien muy cercano a su entorno estaba de cierta manera involucrado en el secuestro de Terry...pero ¿Quién? Ahora era cuando debía estar más alerta que nunca. Relajó sus músculos y se concentró en las voces dentro del auto, necesitaba grabarlas en su memoria para luego buscar en ella algo que las identificara, pero el parloteo y las risas de una mujer que al juzgar por la manera tan familiar como se dirigía a ellos, le daba la impresión que era llevada a aquel lugar con frecuencia, le dificultó el trabajo
Antes de llegar al lugar, se le fue retirada toda su ropa dejándola únicamente con sus prendas íntimas, sus aretes y su bolsa.
—No, no, eso no puede ser —replicó un nervioso Albert.
—Tranquilo amigo —George Johnson palmeó su hombro —tu hermana está bien entrenada y sabrá que hacer y ten por seguro que conseguirá la manera de comunicarse con nosotros.
—No podremos verla, pero si escucharemos lo que sucede —le recordó Anthony para tranquilizar al Secretario de Defensa —¿Candy, me escuchas? . El sonido de una tos repentina le indicó que si lo hacía.
—Hemos llegado —rieron —¿quien se quedará con la nueva zorrita?
—Esa es mía —todos escucharon una risa lasciva —Ven acá dulzura, te haré tocar las estrellas —le dio una nalgada.
—¿No piensa quitarme la capucha?
—Para lo que vamos a hacer no necesitas verme zorrita, te tendrás que conformar con sentirme tan dentro tuyo que gemirás de placer como una perra en celo.
Candy sintió como su trasero reposaba en una superficie dura y fría. En tanto aquel asqueroso hombre lamía su piel. Cuidadosamente y fingiendo jadeos, la joven metió una de sus manos entre la capucha y extrajo una de las alfileres colocadas por su compañero en la peluca rojiza que utilizaba y la clavó en el cuello del hombre sobre ella.
—Maldita perra te enseñaré modales.
Antes que el hombre cumpliera su amenaza, guiándose por el sentido del oido, Candy alzó la rodilla y golpeó tan fuerte entre sus piernas que el sujeto terminó en el piso revocándose de dolor. Se quitó la capucha con rapidez, se acercó a él para golpear su nuca e inmovilizarlo, pero el sujetó sacó un cuchillo, rozó su pierna izquierda y se puso de pie.
—Maldita, no eres una puta, eres una policía encubierta, pero me aseguraré que no salgas viva de aquí.
Con la adrenalina alta ante el eminente peligro que corría tras ser de cierta manera descubierta, Candy flexionó su cuello y aflojó el cuerpo para liberarse de la tensión, apretó luego los puños y los alzó a la altura de su rostro, y aguardó a que el sujeto se lanzara sobre ella. El hombre era grande, así que debía luchar ferozmente hasta que la droga en el alfiler hiciera efecto en su sistema y no demoró mucho.
—Que demonios me pusiste —preguntó mientras la sujetaba del cuello.
—No me dejas otra opción dulzura —dijo imitándolo mientras echaba su cabeza hacia atrás y golpeaba con su codo la parte baja del estómago del hombre. Una vez estuvo libre de sus asquerosas manos, cerró su mano derecha y le estampó un golpe en la nariz fracturándosela en el momento. Abrió su boca e introdujo la capucha que había cubierto su rostro para silenciarlo y evitar que sus gritos alertaran a los demás, al no conseguirlo, propinó un golpe con el codo a la altura de la manzana de Adán desde un ángulo de 45 grados, logrando de este modo que el sujeto se desplomara al instante. Se puso de pie y se acomodó cuidadosamente la peluca para evitar pincharse con los alfileres.
—Candy, ¿estas bien?
—Si, tranquilos, todo está bajo control.
Continuará...
