Operación C0507-T1231
By Rossy Castaneda
Capítulo 9
Con sumo cuidado y con el arma de aquel asqueroso hombre en su mano, Candy comenzó a desplazarse por el lugar, retrocedió un poco y se pegó a la pared mas continua al escuchar voces aproximándose. Para su fortuna, el lugar estaba oscuro y los hombres pasaron sin mirarla siquiera.
—¿A donde crees que vas?
"Evita sujetar al atacante por detrás del cuello. El instinto natural es agarrar al atacante por detrás del cuello y bajar la cabeza para dar el cabezazo, pero el problema es que el cuello y los hombros se tensan naturalmente cuando te agarran por detrás del cuello, lo que hace mucho más difícil tirar de la persona" —le había dicho su instructor.
Con aquello en mente, Candy se giró y con una impresionante rapidez, sujetó con ambas manos al sujeto por la camisa entre el centro del pecho, justo bajo el cuello y se preparó física y mentalmente para darle un cabezaso con un movimiento de latigazo. Empujó al hombre un poco y luego tiró de su camisa para atraerlo a ella e impactó su cabeza con la suya inmovilizándolo al instante; lo arrastró a un lugar apartado, lo despojó de su ropa y se vistió con ella.
—Sam, ¿que demonios haces aquí? Maldito pervertido, ¿no puedes esperar tu turno?... regresa a tu posición y cuida de nuestro huésped y asegúrate que este bien atendido o el jefe te cortará las pelotas.
El hombre asintió.
—Por allí no idiota, es hacía el otro lado... —Alto allí
Candy se preparó para atacar una vez más, se giró y se colocó sobre la línea central del cuerpo del hombre frente a ella. Alzó la mano izquierda para llamar su atención en tanto posicionaba su mano dominante, tan pronto como consiguió su objetivo, subió el brazo derecho sobre esa linea, con su mano que se encontraba abierta y sus dedos ligeramente doblados impactó el mentón del hombre con la palma de su mano noqueándolo al instante. Revisó al sujeto y encontró entre los bolsillos de su pantalón un teléfono celular y activó la ubicación de este.
—¡La tenemos! —escuchó que le decían a través de los aretes.
Candy tomó el arma del hombre que yacía inconsciente en el piso y caminó en la dirección que le había dicho segundos atrás. Su corazón se aceleró en cuanto estuvo frente a la puerta, sin embargo, se obligó a mantener la calma, no podia permitirse desconcentrarse en ese momento.
¡Mierda! —siseó al darse cuenta que la puerta estaba cerrada con llave. Con rapidez, comenzó a buscar en los bolsillos de la ropa que portaba tras recordar que el dueño de ésta, estaba a cargo de quien quiera que estuviera dentro de esa habitación.
Suspiró ligeramente al sentir el frío metal en uno de los bolsillos traseros, la introdujo y la puerta se abrió en cuanto ella giro la llave. Contuvo la respiración al ver a su rebelde irreconocible de tantos golpes. Corrió hacía él.
—Terry, mi amor aguanta, voy a sacarte de aquí aunque sea lo último que haga en esta vida.
—Candy —musitó
—¡Shhhh! No hables —colocó el dedo índice en sus labios —tenemos que salir de aquí ahora —dijo al escuchar un tropel subiendo las escaleras —¿puedes caminar?
—Lo intentaré.
—¿A donde creen que van?
Candy alzó su rostro para encontrarse con un robusto hombre que le doblaba la altura y le triplicaba la complexión. Colocó a Terry detrás suyo, sacó una de las armas que tenía y le apuntó directo a la cabeza.
—Pero vean nada mas a quien tenemos aquí, si es la hermana del Secretario de Estado quien a su vez es la guardaespaldas del hijo del presidente.
—Queeeeeee —musitó Terry desde atrás de ella.
—¡Ah! De modo que no lo sabias —el hombre rió de manera burlona —ay muchachito te han visto la cara de idiota todo este tiempo.
—Cállate o te vuelo los sesos ahora mismo —amenazó Candy apuntándole.
—Vamos, que esperas, dispara —la retó —te aseguro que en cuanto lo hagas, un arsenal de hombres vendrán y ni él ni tú saldrán con vida de este lugar.
Candy miró a su alrededor, el alma le regresó al cuerpo al ver una ventana. Estaban en un segundo piso, no le importaba quebrarse un brazo, una pierna o quizás varias costillas, pero de que salía de aquel lugar con Terry, salía o dejaba de llamarse Candice White Ardley. Con una sonrisa en sus labios, jaló el gatillo para luego correr junto a Terry en dirección a la ventana y saltar por ella. La caída fue dolorosa, pero aún así, se puso de pie y arrastró a Terry a un lugar seguro en tanto un arsenal de disparos se dejaron sentir.
—Déjame aquí Candy y sálvate.
—No —replicó ella —vine por ti y no me iré sin ti.
—¿Estas haciendo esto por ganarte una medalla de honor a tu valentía?
—No seas idiota, ¿en verdad crees que arriesgaría mi vida por una mierda de esas?, que poco me conoces Grantchester.
—¿Entonces por qué lo haces? .
Candy estaba por responder cuando un comboy de rescate llegó al lugar. Mientras disparos iban y venían, respondió la llamada en el celular que le había quitado al delincuente.
—Esto no se va a quedar así, te juro que en algún momento me cobraré esto agente Candice Ardley.
—Maldito bastardo —dijo la rubia tras salir de sus recuerdos —no tengo idea como sobreviviste a ese disparo, ni tampoco como tus amigos lograron salir de prisión, pero de mi cuenta corre que regresen al lugar donde pertenecen y tu te irás con ellos. La rabia se redujo en cuanto su estómago gruñó a causa del hambre. Dirigió su mirada verde esmeralda a la bandeja sobre la mesa. Se puso de pie al recordar que Charlie se la había llevado minutos atrás. Su ojos se abrieron ampliamente en cuanto levantó la tapa de la charola. Frente a ella estaba su desayuno favorito. Le cayó encima y lo devoró completo.
No cené después de todo; es comprensible que esté tan hambrienta —se justificó a si misma mientras acariciaba su estómago y se ponía de pie en dirección al radio transmisor que Charlie había encontrado. Cerró los ojos y sonrió al recordar una de sus tantas charlas con Stair.
—¿Que haces?
—Reparo este receptor superheterodinos y este transmisor que acabo de comprar en una tienda de antigüedades.
—¿Por que mejor no comparaste un par de Walkie-talkies? —Candy rodó los ojos.
—Bromeas —Stair la imitó —como se nota que no sabes nada de los beneficios estas reliquias.
—Instrúyeme genio —se burló Candy —¿Cuales son esos beneficios?
—Los receptores superheterodinos tienen unas características superiores, tanto en selectividad como en estabilidad de frecuencia. Es mucho más fácil estabilizar un oscilador que un filtro, especialmente con la moderna tecnología de sintetizadores de frecuencia, y los filtros de FI pueden tener una banda de paso mucho más estrecha para un mismo factor Q que un filtro equivalente para RF (radiofrecuencia). Una FI fija, permite el uso de filtros de cristal en diseños muy críticos tales como los receptores de radioteléfonos, los cuales deben tener una selectividad extremadamente alta. Y los transmisores ...
—Está bien, Está bien, —Candy alzó la mano interrumpiéndolo —No entendí ni una sola palabra de lo que acabas de decir, pero debo confesar que lograste despertar mi curiosidad —se carcajeó —¿puedo quedarme mientras lo reparas?, así sirve y aprendo algo nuevo —su voz era de total súplica.
—Si claro.
Stair comenzó a explicarle paso a paso lo que estaba haciendo. Sonrió en el momento en que colocó la última pieza.
—Listo —sonrió —¿quieres probarlo?
—¿Estas seguro que no va a explotar en mis narices? —preguntó Candy dudosa de ser su conejita india.
—Lo estoy, confía en mi.
—¡Puf! —Candy bufó —la ultima vez que lo hice terminé con mi rostro cubierto de humo.
—Bueno, eso te pasó por no seguir las indicaciones —se defendió el joven de lentes.
Tras regresar de sus recuerdos, Candy abrió sus ojos y revisó cuidadosamente el viejo radio transmisor frente a ella; sonrió al descubrir en donde estaba la falla.
—Después de todo el haber permanecido junto a Stair aquella tarde tuvo sus beneficios —Se puso seria de pronto.
—Mierda —maldijo —no tengo las herramientas que necesito para hacer funcionar esto —frotó su rostro con frustración —este viejo radio transmisor es por el momento el único medio de comunicación que tengo al alcance de mis manos —Cerró los ojos y contuvo las ganas de vociferar unos cuantos improperios. —Ni hablar, no me quedaba más que aguardar a que Charlie regrese, quizás él puede conseguir las herramientas que necesito para echar a funcionar este viejo radio transmisor.
Mientras regresaba a la cama, Candy se detuvo, apretó los puños al recordar las palabras de aquel asqueroso hombre.
No —se repitió a si misma —Terry no iba a hacerle eso, no después de todo lo que habían pasado juntos a lo largo de todos esos años. Él había cambiado realmente. Había dejado de ser el joven rebelde que jugaba con cuanta chica se cruzara en su camino en cuanto le declaró su amor; por un tiempo, ella rechazó sus galanterías, pues a pesar de estar enamorada de él, no se podía permitir el tener una relación amorosa con el joven a quien debía cuidar. No fue sino hasta el día que Terry la confrontó y la besó de aquella manera tan posesiva, que supo que no podía resistirse mas a aquel sentimiento que era mas fuerte que su ética profesional.
—Candy —le dijo en un susurro mientras sostenía sus manos —no sé si pensarás que estoy loco, pero desde que te conocí solo vivo por y para ti, te necesito a mi lado... Te quiero cerca de mi porque me duele el alma sentirte lejos.
Ella lo miró a los ojos y apretó con fuerza la manos de él, aquello era mas de lo que esperaba escuchar.
—Desde que comenzamos con aquel tonto juego, mi vida se puso de cabeza... No puedo vivir sin ti —concluyó Terry con la voz entrecortada por la emoción que lo embargó.
—Yo también —confesó ella tras aspirar profundamente —No pensé que las cosas se salieran de control. —hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa —perdóname por mentirte.
Sus palabras llenaron a Terry de tanta satisfacción que creyó que estaba soñando. Aspiró profundamente y, sonriendo, pegó su frente a la de ella. Se quedó así, quieto, disfrutando del delicioso aroma a mujer que emanaba de ella aguantando las ganas de devorar sus labios al escuchar su respiración jadeante y su cálido aliento cerca de su rostro. Aguardó expectante hasta que sucedió. Candy se abalanzó sobre él y lo besó con desesperación acabando de aquel modo con la angustia que él sentía de saberse burlado y utilizado por ella.
—Me gustas Agente Candice White Ardley —confesó tras interrumpir aquel delicioso beso —No dejaré que nada ni nadie te aleje de mi ¿ entiendes ?.
Candy asintió y al hacerlo un fuerte temor se apoderó de ella al ser consciente que ahora ella tenía un punto débil y ese era Terrence Grantchester.
Su hermano quien desde el principio se opuso rotundamente a su misión, al final terminó ayudándole para que su verdadera identidad no quedara al descubierto frente a todos. Afortunadamente y para alivio de ella, Albert había cambiado los datos del sistema, sustituyó sus datos reales por unos codificados con la complicidad de su viejo amigo George Johnson, quien fungía como el Director del servicio secreto. Nadie, absolutamente nadie fuera de ellos y su compañero de misión conocían el nombre real de la persona encargada de la seguridad del hijo del Presidente, para todos dentro del departamento de seguridad, la misión era conocida solamente por Operación C0507 — T1231, a petición de Candy; los últimos números le recordaban la fecha en la que había asistido por primera vez a un baile de beneficencia en la lujosa Casa Blanca.
—Terry, mi pequeño Willie —Candy no pudo evitar las lágrimas que brotaron de sus verdes esmeradas al recordar a sus dos amores. —Volveré, les juro por mi vida que encontraré la manera de comunicarme con ustedes, así sea lo último que haga en mi vida... —No Candy, recuerda quién eres y lo que eres capaz de hacer por los tuyos —se dijo a si misma mientras limpiaba su rostro y aspiraba profundamente. No podía quebrarse en ese momento. Necesita mantenerse fría y calculadora para enfrentar lo que sea que se le viniera.
—No voy a mostrar debilidad, no en este momento. Eso es lo que ellos quieren, no les daré el gusto de verme derrotada. Si tengo que fingir sumisión lo haré para ganar tiempo y para que se confíen que me tienen a su merced, pero cuando menos se lo esperen, como el león ataca a su presa, así mismo yo lo haré.
Se sentó sobre la cama al ver que la perilla de la puerta se giraba. Se preparó física y mentalmente para lo que sería el mejor papel de su vida. Pondría en practica su vieja profesión.
—Charlie, ¿que haces aquí?
—Cuidar de usted señora.
—Llámame Candice.
—No puedo tomarme tales libertades señora, lo que menos quiero es que ellos sospechen que estoy ayudándola
—Lo entiendo —Candy esbozó una leve sonrisa ante el razonamiento del muchacho —No te esperaba tan pronto.
—Ese hombre no me inspira confianza.
—¿Sabes su nombre? —preguntó Candy en busca de algo que la llevara a identificar a aquel sujeto
—Joe —respondió.
—Y su apellido, ¿lo sabes? —indagó
Charlie negó con la cabeza
—Lo único que sabemos es que es la mano derecha del jefe.
—La mano derecha del jefe, ¡eh! —Candy entrecerró los ojos —¿Has visto alguna vez el rostro del jefe?
—Nadie lo ha hecho, excepto Joe y otra persona que no se encuentra aquí.
—Ya veo. —Anoche escuché la voz de una mujer ¿sabes quien es? —preguntó Candy después de unos segundos en silencio.
—Escuché decir que es la hija del jefe. Nadie ha visto su rostro, salvo sus ojos y dicen que son los mas hermosos y dulces que jamás se han visto, aunque viendo los suyos dudo mucho que sea cierto —se atrevió a decir el joven arrepintiéndose al instante —disculpe mi insolencia señora.
—No te disculpes Charlie, es muy amable de tu parte que creas eso —Candy esbozó una triste sonrisa e hizo una confidencia, algo inusual en ella, pero sentía el deseo de expulsar aquellas palabras —Sabes, mi esposo suele decir que fueron mis ojos lo que lo conquistaron —sonrió al recordar su primer encuentro el cual fue un total desastre —sacudió la cabeza. Aquel no era ni el lugar, ni el momento para recordar el pasado, era el tiempo de poner en marcha su plan y para eso, necesitaba echar a andar el viejo radio transmisor. —Charlie, he revisado el radio
—Y bien, ¿ funciona?
—Desafortunadamente no —Candy suspiró
—Lo lamento —Es una pena que no pueda salir de este lugar, pero aunque lo hiciera... —guardó silencio. Era demasiado vergonzoso expresar la revisión a la que eran sometidos.
—¿Aunque lo hicieras que Charlie? —cuestionó Candy observándolo detenidamente ya que el muchacho se perdió en sus pensamientos.
—No, nada, olvídelo —respondió forzando una sonrisa —Pero imagino que puede arreglarlo o ¿me equivoco? —dijo refiriéndose al viejo radio transmisor para desviar la conversación a terreno seguro.
—Si, claro, puedo hacerlo, pero necesitó una sola herramienta.
—¿Que tipo de herramientas?
—Un desarmador, pero debe ser muy pequeño.
—¿Algo como esto? —preguntó Charlie sacando de entre uno de los bolsillos de su pantalón una navaja roja de bolsillo con 14 diferentes herramientas.
Continuará...
