Operación C0507-T1231
By Rossy Castaneda
Capítulo 10
—Ahora mismo ajustaré los cables que están sueltos —dijo Candy con una enorme sonrisa de satisfacción —luego habrá que calibrarlo para que agarre una o varias frecuencias y ver cual de todas logra conectarse con el mundo exterior.
—Pero me temo que será en otro momento señora —musitó Charlie tras atisbar por una pequeña ranura de la puerta —escóndalo o estaremos metidos en un gran problema.
Con una impresionante velocidad, Candy corrió de un lugar a otro para luego terminar debajo de las cobijas de la improvisada cama.
—¿Todo bien?
—Vamos, vamos, levántate perra, es tiempo de divertirnos un poco —dijo el recién llegado alzando las sábanas ignorado la interrogante de Charlie.
—¿A que te refieres con tiempo de divertirnos un poco? —Charlie se puso en medio. Después de todo, la seguridad de la primera dama en cautiverio era su responsabilidad.
—Quítate de en medio Charlie, este asunto no te compete.
—No permitiré que le hagan daño, mi vida y la de mi madre dependen que ella este bien.
—No seas estúpido muchacho —Joe lo sujetó del cuello —¿crees que arriesgaría mi trasero si el jefe no estuviera de acuerdo con esto?, mas te vale no ponerte alzadito —lo empujó con violencia.
—No hay necesidad que lo golpeen .
—Jajajaja, pero miren nada mas —se burlaron —no me digas que después de todo, si eres una puta de esquina.
Candy se giró al escuchar aquel comentario tan despectivo, ocultó la sorpresa que le causó reconocer aquella voz.
Mientras un hombre la sujetaba con fuerza, él otro le arrancaba la ropa dejándola únicamente con su ropa interior. le ataron las manos, le vendaron los ojos con una pañoleta y cubrieron su rostro con una capucha negra.
—Vamos, camina
—Estas demente si crees que voy hacerlo.
—Lo harás por las buenas o por las malas, maldita perra —abofetearon su rostro.
—De acuerdo —por debajo de la capucha, Candy lamió con su lengua el hilo de sangre que corría por la comisura de su labio inferior.
—¿A donde la llevan? —preguntó Charlie cuando tiraron de ella.
—Ese no es asunto tuyo.
En cuanto una de las puertas se abrió y la introdujeron a un cuarto, Candy agudizó el sentido del oído.
—Aquí la tienes, es toda tuya puedes domarla a punta de azotes si así lo deseas.
Antes de que pudiera hacer algo, Candy sintió un fuerte azote en su espalda. No emitió sonido de dolor, irguió su cuerpo, apretó la mandíbula y su labio superior se tornó rígido. No iba a mostrar debilidad.
Por las palabras que escuchó por parte de uno de los que la habían llevado a aquel lugar, Candy supo que quien fuera que la había azotado pedía quedarse a solas con ella. El sonido de la puerta cerrándose, le indicó que se habían marchado. En cuanto le retiraron la capucha de su rostro, le ataron una correa al cuello y tiraron de ella. Sus labios fueron envestidos con violencia, abofetearon su rostro tras morder el labio de su agresor. El sujeto frente a ella comenzó a pasar su asquerosa lengua por su cuello, la giró y comenzó a mañosear su trasero en tanto apretaba la cuerda que yacía en su cuello provocando que el aire le fuera insuficiente, pero no lo demostró. La levantó de la cintura y la sentó sobre una superficie plana, firme fría.
Apretando la mandíbula y mientras su atacante lamía sus piernas, Candy se liberaba poco a poco del amarre de sus manos.
—Por fin serás mía Candice —susurró suavemente.
Al escuchar aquella voz y reconocerla, Candice se llenó de ira, se apresuró a liberarse y cuando lo consiguió, golpeó el rostro de aquella maldita rata traidora, propinó una patada entre medio de sus piernas con tanta fuerza que este, terminó revolcándose en el suelo
—Joe, Dan —gritó por ayuda para evitar que su prisionera se escapara.
—Maldito perro infeliz, pagarás caro tu traición —comenzó a gritar la rubia furiosa mientras la sujetaban de ambos brazos.
—No saldrás viva de aquí Candice —respondió el muy cobarde.
—Ten la seguridad que lo haré maldito bastardo, y cuando eso suceda tu y todos tus cómplices terminaran en el lugar a donde pertenecen.
—Quiero ver como los haces —se burló de ella —Ah ya sé, lo harás por telepatía —todos comenzaron a reír.
—No me subestimes, maldito perro traidor.
—Candice, Candice —la tomó por la barbilla —mientras tu estas aquí luchando por salir viva, ¿sabes que ha hecho tu querido Terry?
—Estoy segura que a esta hora tiene todas las vías cerradas para dar con mi paradero.
—Jajaja ilusa Candice —se burló de ella
Ya habían pasado mas de 24 horas y no había una sola pista sobre el paradero de su esposa. Nada, no tenían absolutamente nada que los llevara a dar con su paradero, era como si de pronto, la tierra se la hubiera tragado. La desesperación por no tener una sola pista estaba acabando con él, pero a pesar de no tener cabeza para otra cosa que no fuera rescatar a su esposa, su asesor político le había aconsejado que como el Presidente de los Estados Unidos debía cumplir con los compromisos agendados.
—Lo siento Terry no hay nada aún.
—Maldita sea, eso no puede ser, a Candy no se la pudo haber tragado la tierra —escupió mientras golpeaba el escritorio —Tienen que encontrarla antes que sea demasiado tarde.
—Tranquilízate Terry, la encontraremos —intervino Albert ante la frustración de su cuñado.
—¿Cómo puedes pedirme eso Albert? ¡Por Dios del Cielo! Mi esposa está en manos de unos malditos secuestradores que ni siquiera se han tomado la molestia de llamar para pedir rescate por ella —Cubrió su rostro con ambas manos, sacudió la cabeza y se dejó caer sobre la silla detrás de su escritorio ante la descabellada hipótesis que rondó en su cabeza.
¿Y crees que a mi no me preocupa lo que le está pasando a mi hermana? —quiso gritarle Albert pero se contuvo al ver el rostro desolado de Terry acompañado de unas espantosas ojeras que enmarcaban sus atribulados ojos azules. El rubio era consciente que Terry la estaba pasando muy mal con el secuestro de Candy, así que atinó a decir:
—Terry no descansaremos hasta dar don ella, te lo juro.
—Creo que es bueno poner en perspectiva todas los posibles escenarios —dijo sin mas George Johnson...
Terry negó con la cabeza a todo lo que George decía. —No, ella no, me rehuso a creerlo y aceptar esa posibilidad —dijo con voz cargada de dolor tras escuchar que probablemente ella se había resistido al cautiverio. No quería pensar que la posibilidad de encontrarla con vida era escasa, eso unido a que hasta el momento, nadie había pedido un rescate por ella, hacia más difíciles las cosas. Era consciente que George podía tener razón, sin embargo, se negaba a aceptarlo. —deben encontrarla, no descansen hasta conseguirlo, no importa cuan costoso resulte, haré lo que sea porque regrese a mi sana y salva.
Estas últimas palabras llamaron la atención del recién llegado.
—¿Hará lo que sea señor ?
—Lo que sea —respondió Terry
—En ese caso señor presidente, debe retomar sus responsabilidades y deje que los de la Agencia Central de Inteligencia hagamos nuestro trabajo.
—Bonita manera de hacerlo.
—Archie, por favor no comiences —lo reprendió Albert.
—Es la verdad —arremetió el castaño de ojos color avellana —a ver, que alguien me diga qué ha hecho este idiota para dar con el paradero de la primer dama. No ha hecho absolutamente nada, mas que desaparecer —lo acusó .
—Tengo a mis hombres buscando pistas —se defendió
—¡No me digas! —el tono de la voz de Archie era de mofa —y seguramente lo estas haciendo en las casas de citas en donde seguramente alguna prostituta te hizo eso —lo apuntó.
—Mi vida privada es algo que no te concierne Archibald —se defendió.
—Privada mis pelotas —arremetió Archie con el ceño fruncido
—Cálmate hermano, no conseguiremos nada peleando entre nosotros. Debemos mantener la calma y trabajar unidos para dar con el paradero de Candice.
—No pienso trabajar junto a este pendejo —lo señaló —por su ineptitud, Candice está desaparecida —su pecho subía y bajaba a causa de la furia que corría por sus venas —nada esto estaría pasando si este idiota hubiera blindado su casa con un equipo de seguridad de primera.
—Ten mucho cuidado con lo que dices, no voy a permitir que me acuses sin pruebas —se defendió —y por su puesto que asigné personal capacitado para cuidar que nada esto pasara.
—Ten la seguridad pendejo, que si tuviera la certeza que tuviste algo que ver en este asunto, yo mismo te despellejaría vivo. Y en cuanto a tu personal capacitado, se nota que lo están —respondió Archie —todos son una bola de incompetentes igual que tú.
—Cuida tus palabras Archibald, te recuerdo que ellos son mucho mas capacitados que cualquiera de nosotros.
—Tan capacitados que se vieron como unos completos principiantes.
—Suficiente —Rugió Terry moviendo las manos, dando por terminada la discusión entre ambos.
—Escúchame bien Grantchester, lo que sea que le pase a tu esposa, será responsabilidad solo de este pendejo —diciendo esto último Archie salió de la oficina Presidencial azotando fuertemente la puerta seguido por su hermano dejando a Albert y a George con la mandíbula desencajada, era la primera vez que lo veían tan furioso.
—Maldición, le rogué que no asistiera a esa maldita velada, pero se negó a atender mis ruegos —gruñó furioso Terry cuando la ira dominó nuevamente su cuerpo.
—Tranquilízate Terry, tu esposa está entrenada y sabrá lidiar con esto —decía el Director de la Agencia Central de Inteligencia intentando calmarlo.
—Por un demonio Niel —Golpeó el escritorio con los puños —¿ Como infiernos va a cuidarse de un grupo de matones y secuestradores?
—Está entrenada...
—No me vengas con esa mierda ahora Niel —su voz fue un potente trueno.
—Ya verás que estará bien y pronto la tendrás contigo y esto será solo un amargo recuerdo —decía Niel con voz tranquilizadora.
—¿Cómo demonios lo sabes ? —gritó Terry una octava mas alta —¡Maldita sea! —levantó las manos en señal de derrota —Te juro por Dios, que si se atreven a tocarle un solo cabello de su cabeza, les destrozaré el alma, les cobraré cada una de las veces que mi hijo se ha despertado llorando a mitad de la noche preguntando por su madre.
8 horas mas tarde...
—Es bueno ver que no te has dejado caer, eso habla muy bien de tu endereza y fuerza de espíritu muchacho —palmeó su hombro —Está de mas decirte que cuentas con mi apoyo.
—Solo cumplo con mi deber señor Brower —Terry aspiró profundamente —agradezco su apoyo —acicaló su castaña caballera —pero le confieso que estoy devastado frustrado por todo lo que estoy pasando, mi esposa está a merced de una red criminal de la cual no sé siquiera que pretenden.
—No te preocupes tanto —palmeó nuevamente su hombro —no olvides que ella está lo suficientemente entrenada para liberarse de sus captores, si así lo desea.
—A estas alturas no estoy tan seguro —respondió Terry cubriendo su rostro al recordar las palabras de George
—Cualquier cosa que necesites, estoy para servirte.
—Gracias, lo tendré en cuenta.
—¿Michael que pasó en tu labio? —Anthony se acercó a él.
—Nada de importancia.
—Jajajajaja ¡Por Dios! —se burló Anthony —para ser algo sin importancia te lo destrozaron.
—Me fui de juerga con unos amigos, me puse hasta las trancas y terminé en una pelea y este es el resultado —¿Cómo va la investigación? —preguntó mientras acariciaba su labio inferior.
—¿No te ha dicho nada Terrence?, creí que como su asesor personal, estabas al tanto de todo.
—La verdad no he querido preguntarle nada, imagino lo difícil que le resulta hablar al respecto
—Lo es es.
—¿Se sabe algo de la primera dama ?
—No, aún no —respondió el rubio dejando escapar el aire de sus pulmones.
—Espero encuentren una pista pronto.
—Yo también lo espero —Anthony suspiró —cada maldito segundo que pasa es crucial, fue muy desgarrador ver a Terrence desplomarse, jamás en la vida creí verlo de esa manera —Anthony cerró los ojos y recordó el momento exacto cuando Terry dio rienda suelta a su dolor y lágrimas de desesperación brotaron de sus ojos. Aquel arrogante chico que cuidó secretamente en sus tiempos de estudiante, se había desplomado en el suelo y había apoyado la cabeza sobre sus rodillas flexionadas, rodeándolas con sus brazos y llorando como un pequeño niño lo hace.
Continuará...
