Operación C0507-T1231
By Rossy Castaneda
Capítulo 11
48 horas después del secuestro...
El sonido del teléfono lo sacó de sus pensamientos, hizo una mueca al ver de quien se trataba. Se vio tentado a rechazar la llamada como lo había hecho días atrás, pero terminó aceptándola o de lo contrario seguiría insistiendo.
—Hola Terrence, te llamaba para saber como te encuentras.
—Mas mal que bien.
—Si gustas puedo ir a visitarte para que charlemos un rato.
—No, gracias. Quiero estar solo
—Estaré aquí para lo que necesites, recuérdalo.
—Gracias. Ahora si me disculpas voy dejarte, tengo mucho trabajo acumulado.
—De acuerdo, lo que necesites no dudes en pedírmelo.
—Gracias Susana. Adiós —colgó la llamada y dejó que las lágrimas que retuvo durante el transcurso del día bañaran sus mejillas. —Candy, ¿en donde estas?, por favor a Pecosa busca la manera de comunicarte conmigo —musitó observando una fotografía de ella —tomó una vez más el celular y llamó a su amigo a cargo de la investigación. La Respuesta negativa que recibió hizo que el temor se apoderara de él una vez más. Se quedó allí y se centró en la pila de documentos frente a él para ahuyentar los demonios que lo atormentan no solo durante las noches, sino en todo tiempo. Se puso de pie tras mirar su reloj y comprobar que pasaban de las seis de la tarde. Caminó por el largo corredor que lo llevaba al ala residencial, abrió la puerta principal y los recuerdos los invadieron, se dejó caer de rodillas y comenzó a llorar amargamente. Extrañaba el recibimiento que su esposa e hijo le daban cuando llegaba a casa luego de un arduo día de trabajo.
—Terry, daría lo que fuera por no verte así —se acercó a él
—Gracias Patty —esbozó una leve sonrisa —¿Cómo está Willie?
—Terry, recuerda que diste autorización para que tus padres se lo llevaran.
—Cierto —cubrió su rostro con ambas manos —con tantas cosas en mi cabeza, lo olvidé por completo.
—Es comprensible —se mordió los labios —tu ropa está preparada tal y como me pediste esta mañana.
—Gracias por todo tu apoyo Patty, la verdad no sé que haría en estos momentos sin ti.
—No agradezcas Terry, antes de ser mi jefe, Candy y tú son mis amigos y en este momento tú necesitas el apoyo y comprensión de quienes te queremos —palmeó su hombro —ten fé Terry, ya verás que todo se resolverá.
¿Fe?, una palabra compuesta por dos letras pero con un significado enorme, y en ese momento, era lo que menos Terry tenía.
Treinta minutos mas tarde, Terry subió a la limosina Presidencial rumbo a cumplir con otra de su obligaciones. Además de su traje, se vistió con una careta de que todo estaba bien y fingía normalidad para poder cumplir con ese compromiso, cuando lo que deseaba en ese momento, era quedarse en su habitación y dar rienda suelta a su dolor.
Una vez en la recepción, uno de sus amigos mas cercanos se acercó a él.
—Ánimo Terry —Stair palmeó su hombro —ya verás que la encontraremos.
—Eso espero, la verdad la angustia de no saber nada sobre su paradero me está matando. ¿Como está Archie?
—Mas calmado —respondió Stair ocultándole que su hermano no quitaba el dedo del renglón con respecto al Director de la Agencia Central de Inteligencia.
—Que bueno... Si me disculpas.
—Adelante.
Terry se alejó de su amigo, al ver que un grupo de periodistas luchaban con su personal de seguridad para llegar hasta él. Mientras caminaba por el salón, Alexandra le salió al paso.
—Señor Presidente lamento mucho lo que está sucediendo —bajó el rostro —me siento responsable del secuestro de la Primera dama, su seguridad estaba en mis manos.
—No fue su culpa señorita Briand, usted hizo todo cuanto estuvo en sus manos para evitar que se llevaran a mi esposa.
—Si, pero... nada de esto estaría pasando si yo hubiera estado más alerta.
—No se culpe —la miró —escuché que se resistió, incluso recibió un disparo cuando intentó impedir que se llevaran a mi esposa
—No señor, debí hacer mucho más, por eso le pido acepte mi renuncia.
—No me gustaría hacerlo, pero si eso es lo que desea, no voy a retenerla por la fuerza —respondió Terry recordando las sospechas de Candy con respecto a Alexandra Briand. —¿Si necesita una carta de recomendación, pase mañana por ella, le pediré a Patty que le redacte una.
—Gracias señor. Ahora si me disculpa me retiro
Mientras la ex guardaespaldas de Candy se alejaba, Terry le hizo una señal a Jimmy para que la siguiera discretamente.
—Hola Terry, creí que no vendrías
El castaño hizo una mueca de desagrado al reconocer aquella voz.
—Hola, la verdad si de mi dependiera no hubiese venido, no tengo ánimos para estar aquí repartiendo sonrisas y saludos que no siento.
—Mi propuesta de hacerte compañía sigue en pie —sonrió de manera coqueta —Que te parece si nos escapamos de la velada y nos vamos por allí a cenar los dos sin nadie que nos interrumpa —pasó sutilmente la mano por toda su espalda provocando que Terry se tensará. No era la primera vez desde su regreso después de tantos años, que le hacía ese tipo de propuestas, las cuales él había rechazado categóricamente, pero a pesar de su rechazo ella no se daria por vencida hasta conseguir lo que se proponía —podemos divertirnos como solíamos hacerlo en nuestros tiempos, ¿recuerdas lo bien que lo pasábamos? —Mmm que tiempos aquellos —su voz era un susurro
—Disculpa Susana —Terry dio un paso atrás para poner distancia entre ambos —pero no sé si has olvidado lo que estoy atravesando en estos momentos —continuó diciendo el castaño haciendo uso de todo su autocontrol intentando por todos los medios sonar cortes, cuando lo que quería en ese momento era gritarle que no se le apetecía un revolcón, por muy guapa, coqueta y dispuesta que pareciera, porque eso era lo que realmente quería —ahora si me disculpas. —Terry comenzó a alejarse pero Susana no estaba dispuesta a aceptar su rechazo, y fue tras él.
—Conozco un lugar muy discreto no muy lejos de aquí.
—Al que imagino vas con regularidad con tus amantes —Respondió el castaño harto de su acoso —escúchame bien Susana, si lo que quieres es divertirte, te recomiendo que busques o contrates los servicios de un payaso y me dejes en paz de una maldita vez.
—No hay necesidad de ser tan hostil, yo solo quiero ser cortes contigo.
—Bonita manera de serlo —con pesadez, Terry talló su rostro con la mano derecha —No quería decirte esto, pero no me dejaste otra opción —la miró de pies a cabeza —¿No te das cuenta lo patética que te ves mendigando compañía masculina?, lo que pasó entre nosotros cuando éramos jóvenes, pertenece al pasado y allá se quedará —se giró sobre sus talones y la dejó ardiendo de rabia.
—Eso lo veremos Terrence Grantchester. Nadie rechaza a Susana Marlowe de esta manera, de mi cuenta corre que caigas en mis redes nuevamente.
Un ronco gemido se escapó de su garganta mientras la sujetaba de sus caderas y se hundía en ella profundamente.
—Te das cuenta lo bien que la pasamos —le dijo con una sexy voz mientras sentía su cálida simiente llenándola
Al escuchar aquella voz y reconocerla, Terry abrió los ojos y vio con horror que quien yacía sobre él era Susana y no Candy.
—¿Que demonios? —dijo conmocionado apartándola.
—Sabía que deseabas esto tanto o mas que yo —continuó diciendo Susana con una amplia sonrisa.
—¡No! —gritó Terry fuera de sí. Se sentó, llevó ambas manos a su cabeza y negó. Su cuerpo y su mente deseaban y añoraban a Candy. Con la respiración agitada y sudando a mares, miró a su alrededor, estaba completamente solo. Se relajó al darse cuenta que había sido una maldita pesadilla
—¡Mierda! —Vociferó al ver que había eyaculado. —malditos sueños húmedos, no me pasaban desde que era un precoz adolescente —se burló de si mismo. Se puso de pie, removió la colcha, se dirigió luego al cuarto de baño. Tomó una ducha y tras vestirse se recostó en la cama nuevamente, cerró los ojos y antes de darse cuenta se quedó dormido nuevamente.
—¿Que hicieron que cosa, bola de idiotas?
—Señor, su hija vino con él y ella nos ordenó...
—Maldita sea —gritó —¿de cuando acá, ella les da órdenes?
—Señor usted sabe lo voluntariosa que es su hija, si no hacíamos los que nos pedía, seguro lo llevaría a cabo por encima de nosotros y...
—Debieron llamarme inmediatamente —golpeó con sus manos empuñadas el escritorio —son unos incompetentes, no puedo irme y dejarlos a cargo un maldito día, porque no son capaces de controlar los arranques histéricos de mi hija.
—Señor, usted nos ordenó que hiciéramos todo cuanto ella nos pidiera hacer.
—Pero no en este asunto, imbéciles —los miró con el ceño fruncido —¿se dan cuenta lo que han provocado?, ahora por culpa de ustedes tendré que acelerar las cosas cuando lo que quería era incrementar la preocupación del Presidente de los Estados Unidos para que no se negara a darme lo que quiero —apretó la mandíbula tan fuerte que sus hombres escucharon el rechinar de sus dientes y tuvieron miedo por su suerte. Estaba furioso y en cualquier momento podía sacar el arma que reposaba en uno de los cajones de su escritorio y le dispararía a uno de ellos o quizás a ambos —lárguense de mi vista ahora mismo antes que... —en cuanto los dos hombres vieron que comenzaba a abrir un cajón, salieron del lugar en un abrir y cerrar de ojos, y segundos mas tardes escucharon el sonido de cristales cayendo en el suelo.
Candy se alertó, los gritos llegaron hasta donde se encontraba.
—Creo que las cosas se pondrán peor señora —Charlie se asomó por la puerta.
—Lo sé, no creo que a "tu jefe" —hizo señal de comillas con sus dedos —le haya hecho gracia que descubriera a ese maldito traidor.
—Ya lo creo —Charlie se asomó una vez mas a la puerta para asegurarse que no venia nadie en su dirección —¿Aún no encuentra frecuencia?.
—No —respondió la rubia —pero sé que en algún momento lo conseguiré.
—Espero sea pronto, porque ya lo escuchó, el jefe va adelantar las cosas —su voz sonaba preocupada.
—Tranquilo Charlie —Candy palmeó su hombro —no va a hacerme nada por el momento, es evidente que me necesita en una pieza para llevar a cabo cualquiera que sea su plan.
60 horas después del secuestro...
Era un día maravillosamente soleado en la ciudad de Washington D.C, las avenidas principales de la gran metrópolis se encontraban blindadas por agentes policiales, algo que sin duda alguna aprovecharía el cinematógrafo Robert Hathaway, quien contaba con los permisos requeridos por la ciudad para realizar algunas tomas para su nueva película.
Karen Kleiss en compañía de uno de sus compañeros, se encontraba a bordo de una vieja grúa en espera que el director les indicara que comenzarían a grabar, agradeciendo la quietud de la cual gozaban.
—¿No crees que Robert debió posponer estas tomas para otro momento?
—¿Bromeas? —Karen movió la cabeza de lado a lado —el escenario es perfecto, con tantos agentes de la policía deambulando por las calles, no hubo necesidad de contratar agentes de seguridad para evitar que curiosos se aglomeraran en los alrededores de las grabaciones —extendió su mano hasta el viejo radio receptor.
—¿Podrías dejar de curiosear y concentrarte en lo nuestro?
—Oh vamos Tom, no seas tan amargado, que puede pasar si le hecho un vistazo a esta reliquia en lo que Robert termina de darle instrucciones al encargado de efectos especiales —encendió la radio, tomó el micrófono y comenzó girar uno de los botones —Hola, hola, ¿Hay alguien del otro lado?
—¿Que crees que haces Karen? —Tom la miró con una ceja arqueada. Sin duda alguna su compañera de escena estaba mas loca que una condenada cabra si creía que alguien le respondería del otro lado, sin embargo se vio obligado a tragarse sus palabras.
—Hola, ¿me escuchas?
—Si y con mucha claridad —respondió una sonriente Karen.
—Mi nombre es Candice Grantchester, primera dama de la Nación.
—Jajajajaja si como no, yo soy el Presidente —se burló Tom —comprendo la razón por la cual deseas ser la primera dama de la Nación —dijo quitándole el micrófono a su compañera.
—Escucha, no tengo tiempo para tus ironías, y no bromeo cuando digo ser quien soy —respondieron del otro lado con tal firmeza que Karen comprendió que no se trataba de una broma.
—Cállate Tom —Karen le quitó el micrófono y habló —Señora Grantchester
—Por lo visto tú eres mas sensata que el idiota de tu amigo.
Karen contuvo la risa al ver rostro verde de Tom
—¿Hay algo que podamos hacer por usted?
—Pueden —respondió Candy del otro lado —pero antes dime, ¿que tan lejos se encuentran de Washington?
—A tres cuadras de La Casa Blanca —respondió la castaña actriz.
—¡Perfecto!.. Escucha Karen, mi vida está en tus manos. Marca este número y pon el teléfono en alta voz para poder hablar con mi esposo.
—Nadie responde señora.
—Marca este otro número
—Lo siento, tampoco responden.
—Karen, necesito que vayas a la Casa Blanca y busques a mi esposo.
—No hay manera que eso ocurra, la ciudad está blindada y en cuanto...
—Cállate Tom, no seas tan negativo —Karen se centró nuevamente en la persona al otro lado de la radio —si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma —Karen encendió la vieja camioneta e ignorando las protestas de Tom pisó el acelerador hasta el fondo y el equipo de grabación fue tras ella pensando que era el momento de grabar la toma.
Continuará...
