Operación C0507-T1231

By Rossy Castaneda

Capítulo 12

—Karen estás demente —Tom deseaba saltar de la vieja grúa pero lo pensó dos veces. Era mas que obvio que a la velocidad en que Karen conducía aquel infernal auto, no quedaría ileso en la caída y con seguridad el equipo de grabación lo arrollaría rematándolo.

—Deja de quejarte y piensa la medalla que nos ganaremos. Te imaginas las notas periodísticas —decía la castaña actriz sin dejar de ver al frente —La primera Dama de los Estados Unidos fue rescatada gracias a la valentía de la actriz Karen Kleiss y su compañero Thomas Stevenson. ¡Oh Dios!, eso nos catapultará hasta el infinito.

—Si es que salimos vivos —Tom le señaló la línea de hombres armados frente a ellos.

—¿Que sucede? —preguntó Candy al otro lado de la radio.

—Sucede que por causa de esta loca moriremos convertidos en unas coladeras humanas en los próximos segundos —respondió Tom

—No le preste atención a este gallina, primera Dama —respondió Karen sujetando con mas fuerza el volante —lo que sucede es que vamos a ingresar a la Casa Blanca en este mismo instante.

Candy abrió los ojos —Deténte —ordenó. Karen apretó el freno hasta el fondo

—Puedo hacerlo —insistió.

—No, no voy a permitir que expongan sus vidas.

—Puedo salir con las manos en alto hablar con ellos, presentarme y pedir hablar con la persona al mando

—No, eso no funcionará y menos en estos momentos, te dispararán en cuanto pongas un pie fuera del auto.

—Déjeme al menos intentarlo —sin esperar respuesta alguna, Karen salió de la grúa —hola, soy Karen Kleiss, necesito hablar con la persona a cargo, díganle que aquí hay alguien que desea hablar con él —sonrió, sin embargo ni su sonrisa bastó para que los hombres armados frente a ella empuñaran sus armas. Con el corazón a punto de salir de su pecho, la castaña ingresó a la grúa.

—Cúbranse porque comenzaran a dispararles —instruyó Candy al otro lado de la radio —pisa el acelerador tanto como puedas y atraviesa la cerca. No te detengas, si te toca ingresar a la Casa Blanca con todo y camioneta hazlo ¿de acuerdo? —ordenó Candy

—Prepárate para la acción Tom —Karen pisó el acelerador hasta el fondo y pasó a toda velocidad por la linea de seguridad —ambos se agacharon mientras una lluvia de balas atravesaba los cristales del viejo vehículo.

—¡Infiernos! —gritó Tom

Los vasos sanguíneos de Karen se contrajeron, sus vías respiratorias se dilataron y la frecuencia cardiaca se le aumentó, aquella era una clara respuesta fisiológica que sufría su cuerpo cada vez se sentía amenazada y inminente peligro, preparándose internamente para huir del riesgo o para luchar contra lo que la amenazaba, algo tan distinto a cuando sufría un ataque de pánico, las glándulas suprarrenales de su cuerpo, recibían un mensaje que indicaba la presencia de una situación de emergencia, su corazón bombeaba una cantidad de sangre más alta de lo normal, y los músculos mayores la recibían, muy similar a los síntomas de otros problemas, tales como un ataque al corazón, provocando que todo su cuerpo se tensara empeorando las cosas, algo que ya le había pasado antes mientras un delincuente le apuntaba con su arma en la cabeza. En aquella ocasión, su cerebro le envió una señal de emergencia, provocando que los músculos de sus piernas y brazos recibieran un aumento excesivo de adrenalina, sin darle lugar siquiera a relajarse y rechazar los pensamientos negativos que la rodeaban. Luego de aquel espantoso episodio de su vida, Karen se obligó a recibir clases de Karate para defenderse de cualquier ataque sorpresa, consiguiendo mas tarde el título de cinta negra en tan solo diez meses.

Con la adrenalina a flor de piel, Karen sonrió tras salir bien librada de la ráfaga de disparos.

—Esto a penas comienza, sujétate —dijo en cuanto vio la cerca frente a ella.

—Maldita loca si salimos vivos de esto, juro que te mataré con mis propias manos —gritaba Tom cuando atravesaron la cerca a toda velocidad. De pronto autos negros comenzaron a aparecer a los costados.

—¡Yeah, baby! —gritaba Karen eufórica. Se sentía como si estuviera filmando la mejor película de su vida, y sin saberlo lo estaba haciendo, ya que los medios de comunicación que se habían situado a los alrededores de la Casa Blanca, comenzaron a transmitir todo en vivo y en directo.

Las alarmas en el interior de la Casa Presidencial se activaron en alerta máxima.

—¿Que pasa?

—Señor, una vieja grúa a violado todos los anillos de seguridad y se dirige a toda velocidad hacía esta dirección —Respondió Jimmy —todos deben salir ahora mismo de aquí. Tu —se dirigió a Sandra —escolta al Presidente al bunker de seguridad y tú —se dirigió a John —lleva ahora mismo a los tuneles de salida.

El estruendoso sonido de la pared trasera hizo que todos se giraran y entraran en pánico al ver la parte frontal de la vieja grúa y como de ella salía una castaña desaliñada.

—Atrás de mi señor —ordenó Jimmy empuñando su arma y apuntando a la cabeza de la sospechosa.

—No dispares, no dispares, estoy desarmada —comenzó a gritar Karen con sus manos en alto.

—Y quien me garantiza que no eres una psicópata suicida que está dispuesta a morir por una estúpida causa.

—¡Demonios!, si fuera una psicópata suicida con explosivos, hace rato hubiera volado en mil pedazos ¿no te parece? —señaló la vieja grúa que lucía como una coladera —escucha, tengo un mensaje para el Presidente y no me iré de aquí sin dárselo —dio un paso al frente.

—Deténte o te juro que te vuelo lo sesos ahora mismo —Jimmy quitó el seguro.

—Si vas disparar hazlo de una maldita vez, pero en tu conciencia quedará la suerte que la primera dama sufra.

—¡Candy! —musitó Terry detrás de Jimmy.

—Quédese detrás señor —Jimmy extendió su brazo izquierdo evitando de este modo que se expusiera —¿Que tiene que ver la primera dama con lo que acabas de hacer? , ¿es que acaso eres una de los secuestradores?

—Escucha, no arriesgué mi puto trasero por nada, así que deja que dé mi mensaje ahora mismo.

—Deténte Jimmy, déjala hablar —Albert se colocó en medio al ver que aún cuando el joven guardaespaldas le apuntaba a la cabeza, la joven castaña no se amedrentó ante la amenaza recibida.

—Vaya, finalmente hay alguien inteligente en este lugar —Karen miró de pies a cabeza al alto rubio frente a ella.

—¿Que tipo de mensaje tienes para el Presidente?, y ¿por qué que dices que sobre la conciencia de Jimmy quedará la suerte de mi hermana?

—¿Su hermana? —Karen abrió ampliamente los ojos

—Albert Ardlay —se presentó el rubio

—Karen Kleiss —aceptó la mano ofrecida.

Aún cuando su guardaespaldas trató de impedírselo, Terry se acercó a la joven castaña

—¿Que sabes de mi esposa?

—¡Ah si! —Karen salió de su letargo —está en la línea —sacudió la cabeza —es decir al otro lado de la radio.

En dos zancadas, Terry llegó a lo que quedaba de la vieja grúa, tomó de manos de un asustado y desaliñado Tom el micrófono del radio tranmisor.

—Candy, amor, dime que estás bien.

—Estoy bien Terry.

—Te extraño tanto

—Yo también

—Dime en donde estas, para enviar ahora misma a ejército de ser necesario.

—No sé exactamente en donde estoy Terry. Escucha, no confíes en ... —un fuerte sonido de interferencia impidió que El Presidente escuchara con claridad lo que su esposa le transmitía en ese momento.

—Candy, Candy —Terry comenzó a mover los botones del viejo radio el cual se apagó por completo —Candy —gritó mientras golpeaba el tablero de la grúa.

Ante la mala suerte de ese momento, Candy tomó una almohada, se la colocó sobre el rostro y dejó salir la frustración con gritos. Una vez se recompuso, se puso de pie y encaminó sus pasos hasta la pared que daba a la parte frontal de la casa que era su cautiverio. Sacó la pequeña navaja que Charlie le prestó para ajustar los tornillos del radio y comenzó a agujerear la superficie. Estaba segura que aquella rata traidora no había actuado sola, que detrás de él tenían que haber mas involucrados y ella lo descubriría mas temprano que tarde. Durante todo la noche, prosiguió su tarea hasta que finalmente consiguió hacer un pequeño agujero que le permitía ver el exterior. Estaba a punto de ponerse de pie, cuando escuchó el motor de un auto acercándose, sus verdes ojos estuvieron a punto de salir de sus cuencas al reconocer, no a una, sino a las dos personas que acababan de llegar.

—Lo sabía —tensó su mandíbula. Tras perder el único medio de comunicación con el que contaba, era consciente que estaba completamente sola en medio de una manada de hienas. Ahora mas que nunca debía meditar muy bien lo que haría de allí en adelante.

Mientras Candy trazaba en su mente un plan de escape, Stair trabajaba arduamente por reparar el viejo radio transmisor.

—Me tomará horas o quizás días arreglarlo, y no garantizo que funcione

—Vamos Stair no seas tan pesimista, aún cuando no estudiaste electrónica eres excelente en esto —Archie los ánimo

—Por favor Stair, tu eres mi última esperanza —Las palabras de Terry eran un total ruego.

—Necesito concentrarme.

—Te dejaremos solo para que te concentres.

Mientras salían, el celular de Terry comenzó a repicar.

"Si le interesa saber de su adorada esposa, debe aceptar la video llamada que le haré en una hora y media señor Presidente"

—Terry, ¿que pasa? —Albert se acercó a él y tomó el celular que su cuñado le extendía

—Stair, olvida esa radio y prepara todo el equipo de rastreo —ordenó Albert.

Con su rostro cubierto con una capucha negra, Candy caminaba por uno de los pasillos de su prisión.

—¿Que tal su estancia es nuestro hotel 5 estrellas primera dama?

—No me quejo —respondió la joven con mofa.

—Me alegro —rió —no nos gustaría que el Presidente se lleve una mala impresión nuestra —se burló al igual que ella lo hizo. La sujetó de los hombros y la sentó sobre una silla, le retiró la capucha.

Al ver un equipo de grabación en el cuarto y a sus captores sin capucha que cubriera sus rostros, Candy intuyó lo que estaba por venir. Era mas que evidente que tras conseguir su propósito, la matarían, pero no les sería fácil conseguirlo, iba a darles pelea.

—Estoy dispuesta a que mi esposo me vea que aún sigo con vida, pero lo haré con una condición.

—No estás en posición de condicionar nada maldita perra.

—Claro que lo estoy —dijo esto mientras simulaba limpiar las uñas de sus manos —no pueden hacerme nada hasta que obtengan de mi esposo lo que les interesa ¿o me equivoco? —enarcó una ceja.

—Señor permítame rebanarle el cuello —Dan deseaba hacerlo.

—No —respondió el jefe de los maleantes que por cierto era el único al Candy no podía ver su rostro ya que se encontraba de espalda —por desgracia nuestra primera dama tiene razón, necesito que su esposo la vea viva —¿Cual es su condición?, la escucho —preguntó sin girarse.

—Quiero un cambio de ropa cómoda, un pantalón estará bien —dijo sin titubear —una camisa de cuadros, un par de tenis.

—Creí que me pediría un par de botas vaqueras —se burló el hombre.

—No estarían nada mal siempre y cuando le agregara unas espuelas y me entregara un fuete —respondió la rubia a su burla.

—Me agrada que a pesar de su posición mantenga su buen sentido del humor.

—Es un honor mostrarlo frente a tan distinguida personalidad del terrorismo.

El hombre rió ante su insolencia... —¿algo más primera dama?

—Si —respondió ella —quiero una mesa con un mantel blanco, un adorno de rosas blancas en medio, quiero también una charola de plata que resguardará una deliciosa cena que constara de un bistec de res de la mejor calidad ni tan cocido, ni tan crudo, a termino medio, una ensalada de nutrientes verduras, espárragos en crema de hongos, y una copa de vino rojo al lado —su traicionero estómago estuvo a punto de rugir ante lo delicioso que comería.

—Puedo conceder todo, excepto la copa de vino, en su lugar le ofrezco una botella con agua.

—Me parece perfecto —Candy ocultó una sonrisa.

—Ve y trae todo lo que pide —ordenó el hombre que se mantenía de espaldas a ella —¿algo mas Primera Dama? —preguntó con mofa.

—No, con eso es mas que suficiente.

—En ese caso me retiro —tiró del picaporte y se detuvo en medio del umbral de la puerta —disfrute la que será su última cena —diciendo esto último salió carcajeándose sin embargo alcanzó a escuchar las palabras de su cautiva rubia

—Tenga la seguridad que lo haré.

Una hora treinta minutos mas tarde, Candy se sentaba a la mesa vestida con lo que había pedido, una sonrisa de lado se dibujó en sus labios tras levantar la charola y ver que lo que había pedido se encontraba justo en el plato.

—Todo esta listo jefe —dijo uno de los hombres por la bocina del interlocutor que posaba debajo de su camisa blanca —comenzaremos el enlace cuando usted lo indique.

—Antes que la comiences —respondieron en el parlante ubicado en una de las esquinas superiores de la habitación —le advierto primera dama que a la primera muestra de su parte por delatar a mis contactos dentro del gobierno, daré la orden para que le corten el cuello frente a los suyos.

—Dudo mucho que lo haga, me necesita viva para conseguir su propósito.

—No se equivoque, no olvide que está su pequeño hijo.

Candy apretó los puños al igual que su mandíbula ante aquella amenaza. Cerró los ojos y aspiró profundamente al recordar el rostro de aquella maldita rata traidora y la de sus cómplices a quienes descubrió esa misma madrugada. No podía darse el lujo de morir degollada en ese lugar y que aquel trio de traidores siguieran dentro del gobierno, ni mucho menos expondrían a su pequeño hijo a vivir lo que estaba viviendo ella.

Mientras aguardaba a que la conexión se realizara, Candy planeaba en su mente la manera de prolongar aquel enlace, por su experiencia sabia que necesitaba un poco mas de tres minutos para que el equipo de La Casa Blanca rastreara la llamada.

En cuanto la transmisión comenzó, Candy alzó el rostro y sonrió al ver a su esposo y hermano al otro lado de la pantalla, agradeció internamente que aquella maldita rata no estuviera presente, sin saber que este último se encontraba observando todo en otra habitación junto al jefe de aquella red terrorista, la hija de este y otra persona más.

—Candy

—No te preocupes Terry, estoy muy bien —sonrió —como ves —señaló la mesa —estoy siendo bien atendida por los anfitriones de mi cautiverio —haciendo uso de sus dedos tomó un trozo de zanahoria, se detuvo antes de llevárselo a la boca —ey, tu grandulón —se dirigió a uno de sus opresores —come este trozo de zanahoria por mi, no sea que esté envenenado.

—Hazlo —le ordenaron

Con ojos de diversión ante la mirada de odio que Dan le dirigió, Candy comenzó a comer de manera lenta y respondía con tranquilidad a lo que su esposo preguntaba sin develar mucho. Lamió el hueso que sostenía en sus manos, se puso de pie al calcular que ya había transcurrido el tiempo suficiente para que del otro lado rastrearan su ubicación, flexionó su cuello y todo su cuerpo, y se preparó para lo que se avecinaba.

Del otro lado, y aprovechando la ausencia del Director de la Agencia Central de Inteligencia, Stair y Archie movilizaban un pequeño ejercito de fuerzas especiales para el rescate de la primera dama comandado por Anthony.

—Que demonios ha..

Las palabras de una de los cómplices de aquella red terrorista se vieron apagadas por el caos que se desató dentro de aquella habitación. Con hueso en mano y ante la mirada atónita de Albert quien se quedó observando todo al otro lado de la pantalla ya Terry se unió al escudaron de rescate, Candy se le echó encima a uno de sus captores y le incrustó el hueso en el cuello repetidas veces en milésimas de segundos para posteriormente lanzarse a otro de sus captores el cual usó como escudo humano cuando el sonido de un disparo se escuchó.

—Debemos irnos ahora —el traidor de la Casa Blanca habló —esos idiotas no pararon la transmisión y a esta hora los perros fieles de Terry no tardan llegar.

—Dan, mátala —le ordenó su jefe.

Antes de que Dan disparara, Candy, usando el mantel antes blanco y ahora tintado de rojo producto de la sangre de sus captores, golpeó su mano provocando que el arma cayera al suelo. Haciendo uso de todo su entrenamiento militar, la ex agente secreto se enfrascó en un batalla cuerpo a cuerpo con aquel delincuente. La diferencia de fuerza entre ambos era latente, sin embargo la rubia no se amedrentó y se defendió como una fiera.

El sonido de los motores de autos acercándose distrajeron a la joven al punto que no se dio cuenta que alguien mas tomaba el arma que yacía en el suelo y antes siquiera que reaccionara, el sonido ensordecedor de un disparo se escuchó.

—Candy Noooooooooooo.

Continuará...

—Jajajaja mi bella Eli, lamento el susto jajajajaj