Ni Harry Potter, ni ninguno de sus personajes, me pertenece. Todo lo que notan que es de ese mundo, pertenece a JK Rowling.


Capítulo cinco: Planes.


Scorpius observó con sus enormes ojos grises el gran edificio que se desplegaba ante él. Jamás había asistido al colegio, pero había leído sobre él en sus libros de cuentos, y, aun así, la realidad superaba la realidad con creces.

El colegio era un castillo, de ladrillos de color marfil y que ocupaba toda la cuadra; poseía puertas grandes hechas de hierro color negro, y en la punta de la torre más alta se encontraba un enorme reloj marcando la hora. En la entrada había cientos de niños de todas las edades corriendo de aquí para allá, arrastrando de la mano a sus padres y despidiéndose con un rápido beso en la mejilla para luego perderse por las puertas del edificio.

—Vamos, niños, entremos —apremió la señora Potter, tomando la mano de Lily y cruzando las grandes puertas de la entrada.

Scorpius tragó saliva pesadamente y se dispuso a seguir a Ginny sin rechistar, casi pisando sus talones, ocupando el espacio entre un Albus demasiado sonriente y un James que arrastraba sus pies con reticencia.

Dentro del colegio, las cosas eran todavía más sorprendentes que el exterior: las paredes eran blancas, y estaban cubiertas por distintas figuritas de criaturas que cambiaban a medida que se movían de lugar, y había dibujos coloridos enmarcados en cuadros que lo observaban con curiosidad; había muchas puertas, separadas prudentemente una de la otra, de distinto color, como verde, azul y rojo; y al final del extenso pasillo se podía divisar un amplio patio.

—¿No te parece genial, Scorp? ¡Seremos amigos en casa y aquí! —exclamó Albus, dando pequeños saltitos a su alrededor.

—Eso si quedan en el mismo salón… o si lo aceptan en el colegio —canturreó James, con una sonrisa maliciosa.

—¡Cállate, Jimmy! Mamá fue a hablar con la tía Luna, es obvio que Scorp se quedará en el colegio —replicó Al, sacándole la lengua a James cuando este se encogió de hombros en clara afirmación de que no le importaba lo que su hermano menor dijera.

Mientras los hermanos Potter se enfrascaban en su pequeña disputa, la mente del pequeño Malfoy no les prestaba atención; solo pensaba en una palabra: amigos. Él jamás había tenido amigos; siempre estaba rodeado de adultos como su padre, sus abuelos, ocasionalmente su madre y la familia de ella, pero nunca estaba con niños de su edad con los cuales compartir los mismos gustos, con quienes compartir sus juguetes o pasarse horas dibujando. No le molestaba la soledad, jugar solo, o estar con su familia, pero ahora que sabía el significado de la palabra amigos, le agradaba sentirse aceptado por niños como él.

Aparte, los pequeños Potter eran buenos con su padre; no había razones para rechazarlos.

Compuso una mueca al recordar que no todos querían a su padre. Observó a la pelirroja mamá de sus amigos con ojos tristes; ella no era la excepción. Claro que ninguno de los tres menores sabía el motivo de aquella reticencia, pero tampoco importaba mucho: ellos tres se encargarían de solucionarlo.

─Tú debes ser Scorpius…

El aludido se sobresaltó enseguida al escuchar su nombre, sorprendiéndose cuando vio que frente a él se encontraba una mujer agachada hasta quedar a su altura. Tenía el pelo rubio pálido, ojos azules y mirada risueña, y estaba analizándolo apreciativamente, como si fuera una joya nueva, o algo parecido. Sin embargo, eso no le incomodaba o intimidaba, sino que le inspiraba cierta gracia.

─¿Cómo estás, pequeño puffskien? Soy Luna, la directora del colegio, y estoy encantada de recibirte. Así que, ¿qué dices si entras al aula junto con Albus para que puedas empezar tu primer día? ─preguntó ella, con una sonrisa y tendiéndole una pequeña mochila de color verde─. En esta mochila encontrarás los materiales necesarios. El color verde es porque va acorde al aula que te he asignado: Moke ─explicó.

Scorpius le devolvió la sonrisa con reservas, pero expresando con sus ojos lo muy emocionado que estaba. No sólo estaba yendo a la escuela y había sido aceptado, sino que también podría compartir las clases con Al.

─Gracias, señora directora Luna ─contestó sonrojado, recibiendo la pequeña mochila entre sus manitos y presionándola contra su pecho.

─¡Sí, gracias tía Luna! ─exclamó el moreno de los Potter.

─Es un placer para mí, ¿cierto, Ginny?

La pelirroja, que había estado observando el intercambio entre ellos silenciosamente, puso los ojos en blanco ante la pregunta de su amiga.

─Claro. Bien, si eso es todo… James, ve a tu clase y deja de escribir en los casilleros que no son tuyos ─ordenó Ginny. El aludido la miró con disculpa y se fue corriendo hasta su aula luego de despedirse rápidamente de todos─. Lily, vamos ─apremió a la niña, tomándola de la mano─. Adiós, cariño ─Se dirigió a Albus, dándole un beso en la coronilla. Vaciló por un momento mientras miraba al niño rubio─. Que tengas un buen primer día, Scorpius ─dijo finalmente, forzando una sonrisa.

─Gracias, señora Potter; gracias por todo ─correspondió el pequeño, con los ojos agrandados por la sorpresa ante el saludo de la mujer─. También a usted, señora Luna.

Luna asintió distraídamente y dio media vuelta para seguir a Ginny, quien ya estaba caminando por el extenso pasillo en dirección al patio, con Lily de la mano. Scorpius se quedó observando hasta perderlas de vista.

─¡Vamos, Scorp, no querrás entrar tarde en tu primer día! Andando, nos divertiremos, ya verás ─alentó Albus, tirando de su brazo, arrastrándolo.

De repente, él estaba temblando.

Sus piernas se habían vuelto gelatina de lo nervioso que estaba. ¿Qué pasaría si le caía mal a los otros niños? ¿Y si al ser excluido por los demás, Albus decidía hacerlo a un lado también? ¿Y si no lograba adaptarse porque las materias eran muy difíciles?

Desechó todos los pensamientos negativos que lo agobiaban. Debía ser positivo. Su mamá siempre decía que si uno era amable con el prójimo, entonces no había razones para que los demás no lo fueran. Claro que su madre no era un muy buen ejemplo; con su padre no se mostraba para nada amable. En realidad, no debería citar a sus padres. Por algo vivían separados, ¿verdad? Sí, no eran un buen ejemplo.

Ni bien entró al aula, varias cabezas voltearon a verlo con curiosidad. Trató de mantener la compostura y mostrarse impasible, como su padre, pero falló irremediablemente cuando sintió sus mejillas calentarse. Bajó automáticamente la mirada al suelo por un segundo, antes de sentir como Albus le soltaba la mano.

Alarmado, levantó la cabeza para mirarlo con traición: ¿recién entraban y ya lo iba a dejar solo? Comprobó que no era por eso que lo soltaba cuando notó que una mujer de cabello castaño y rasgos dulces se encontraba frente a ellos. Supuso enseguida que debía tratarse de la maestra. Sus mejillas se sonrojaron un poco más al haber sido tan tonto por entrar en pánico.

─Bienvenido, Scorpius. Soy Ailin y seré tu maestra el resto del año ─Se presentó la joven, con una sonrisa amable, acuclillándose a su altura. El niño correspondió el saludo, asintiendo avergonzado─. ¿Por qué no te presentas frente a los demás, cariño? ─sugirió la castaña.

Scorpius asintió una vez más; él podía hacer eso. Es decir, ¿qué tan difícil era decir su nombre? Sin embargo, al levantar la cabeza y enfrentarse ante todas las miradas curiosas del salón, las palabras quedaron atoradas en su garganta.

Si su padre lo viera ahora, tan asustado frente a gente que no estaba a su nivel…

El rubio alejó rápido esos pensamientos negativos. No debería pensar así si quería hacer amigos, ni siquiera debería pensar en lo que su padre opinaría al respecto; después de todo, él no estaba aquí, ¿cierto?

Pero había alguien que sí lo estaba: Albus. Observó de reojo al castaño, quien se encontraba aún al lado de la maestra. Estaba sonriente y lo miraba con sus maravillosos y brillantes ojos verdes.

El pequeño Potter atrapó la mirada gris de su amigo y levantó los dos pulgares en un claro acto de aprobación, inspirándole confianza. Fue un simple gesto, pero sólo eso bastó para que Scorpius se volviera valiente y lograra presentarse frente a toda la clase.

Al final, no había sido tan terrible, comprobó, al ver que solo recibía sonrisas inocentes ante su saludo. Su pecho se entibió enseguida de un satisfaciente alivio.

El pequeño Malfoy fue ubicado junto a Albus por ser su primer día, y desde ahí, el resto de las horas fueron maravillosas. No había aprendido nada nuevo a pesar de estar casi a la mitad del año escolar, cierto; pues la educación que había recibido en Malfoy Manor había sido muy avanzada; pero no por eso menospreció el momento que estaba compartiendo, ni la enseñanza de la maestra.

La hora del recreo llegó tan rápido que Scorpius se sintió desorbitado cuando escuchó el sonido de la campana. Todos los niños guardaron rápidamente sus útiles y salieron disparados hacia patio de juegos. Claramente, Albus lo arrastró junto con la multitud de alumnos que se aglomeraban en el pasillo.

Y, por extraño que pareciera, Scorpius se sintió completamente a gusto con la adrenalina y la risa tonta que lo acompañaba mientras salía corriendo de la mano de su amigo.

─¡Al, por aquí! ─Se escuchó la voz de James entre los gritos de los demás niños.

Ambos se acercaron hacia donde estaba el mayor de los Potter, acompañado de dos niños idénticos que Scorpius no había notado hasta que estuvieron lo suficientemente cerca.

─¿Así que tú eres el nuevo? No pareces la gran cosa ─comentó con una mueca uno de los gemelos.

─¡Hey, no te metas con él, Lysander! ─saltó Albus en defensa, mirándolo con mala cara.

Todos, menos Scorpius, observaron sorprendidos al mini-Potter: él nunca reaccionaba con ninguno de los gemelos ya que conocía las bromas que ellos hacían.

─Tranquilo, Al; Lysan sólo estaba bromeando ─Se apresuró a hacerle saber su hermano.

Las mejillas del aludido tomaron un profundo color rojo escarlata, mientras mascullaba un "lo siento" de manera avergonzada. Albus sabía que había sido una broma, pero su irracional manera de reaccionar solo se centró en la necesidad de proteger a Scorpius, lo cual era algo un poco lógico puesto el pequeño platinado no los conocía, y el castaño no quería que se sintiera excluido.

De reojo, observó a su amigo; este lo estaba mirando con una pequeña sonrisa agradecida, y él sonrió ampliamente en respuesta, relajado consigo mismo.

James se aclaró la garganta de forma divertida e impaciente, trayendo a los nuevos mejores amigos a la realidad.

─Lorcan tiene un plan para hacer que nuestros padres dejen de llevarse mal ─informó con una sonrisa triunfante, como si en realidad fuera él quien tuvo la idea.

El gemelo llamado Lorcan asintió, conforme y con la misma sonrisa que James. Pero los menores no pudieron evitar mirarlos desconcertados.

─¿Por qué harían eso? Es decir, quiero que ellos se lleven bien, pero… ─comenzó cuestionando Albos, doblando su boca en una mueca.

James resopló un 'bebé' entre dientes, poniendo los ojos en blanco.

─¿Qué a ti no te molesta que mamá y el papá de Scorpius le hagan pasar un mal momento a papá? Porque a mí sí. Y creo que es algo que debemos arreglar nosotros; al fin y al cabo, vamos a convivir juntos, ¿verdad? ─explicó James, cruzando sus brazos por detrás de su nuca, con una expresión llena de sabiduría.

─¿Por qué tendríamos que arreglar su desastre nosotros? Mi papá nunca me deja que otro arregle mis cosas cuando las dejo tiradas, siempre me ordena a mi hacerlo ─replicó Scorpius, verdaderamente consternado con hacerse cargo de un problema que no le correspondía.

─¿Qué no me estabas escuchando? Es obvio que ellos no darán un paso por si solos. Ahora, no quiero más interrupciones. No, cierra la boca, Albus. Tú también, sombra rubia de Albus. Lorcan, haznos el honor de compartirnos tu plan ─apremió James, ansioso.

Lorcan se aclaró la garganta, divertido al observar las graciosas caras de bebés regañados que portaban mini-Potter y el heredero Malfoy.

─Verán, es muy sencillo; mi idea es… redoblantes, por favor ─le pidió Lorcan a James, quien enseguida obedeció─, ¡armar una cena! ─expuso el aludido, absolutamente satisfecho.

─¿Una cena? ¿Pero eso no es para los novios? ─preguntó Scorpius, curioso y con el ceño fruncido.

Los tres mayores pusieron los ojos en blanco. Tratar con niños tan pequeños era irritante. Sí, vale, se llevaban nada más que dos años, ¡pero aun así!

─No. Los adultos, por lo general, cuando tienen problemas, arreglan todas las cosas cenando. Es lo más común. Ya sabes, como una cena de negocios ─Trató de explicar Lorcan.

─Es pan comido, peques. Sólo tenemos que hacer la cena, esperar a que nuestros padres lleguen, y ¡ta-da! Podremos convivir todos juntos en paz ─resolvió James, estirando sus brazos en señal de victoria.

Ninguno de los dos más chicos de la pequeña pandilla quedó convencido. Ambos suspiraron al mismo tiempo: algo no saldría bien.


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N.A.: Hola, everyone. ¿Cómo están? Tantos meses, o años, o siglos. Jajajaj. Parece que pasó tanto, D:. Bueno, pera empezar, diré que no está corregido del todo este cap y puede tener errores que, espero, me hagan notar en caso de encontrar alguno. Sigo a la espera de una beta, en serio, y de sus recomendaciones, pleeeaseeee, D:.

Btw, el cap solo se centra en nuestros hermosos peques, como verán, y porque es la parte que ya tenía escrita y más corregida, así que dije: bueno, mejor hacerlo de esta manera. Espero no les moleste y les haya gustado de todas formas porque, a partir del próximo cap (TADADA) TENDREMOS DRARRY. Ofiacialmente. No lemon, pero sí va a haber cuestiones, e.e. Y también se revelarán cosas con lo que le pasó a Malfoy y sobre la relación de Ginny y Harry, ;);)););).

En fin, muchas gracias a todos los follows, los favs, la gente que comentó y me apoyó. Yo espero que no se hayan esfumado, jajajajaj.

Ya saben, lo mismo de siempre, sus comentarios son la parte más importante de hacer esto y sepan que siempre les voy a agradecer por privado, o en el sig cap en caso de ser ánonimo. Muchas gracias a todos.

Nos leemos. Muchos besotes con amor.