Operación C0507-T1231

By Rossy Castaneda

Capítulo 14

—Señor Marlowe que gusto saludarle después de tanto tiempo de no hacerlo —Terry forzó una sonrisa —lamento la partida de su esposa

—La muerte es parte de la vida muchacho —respondió el hombre bebiendo el contenido de su copa para ocultar su amargura —sin embargo me alegra que tu esposa haya salido ilesa.

—Si realmente es un verdadero milagro tenerla entre nosotros.

—Te arriesgaste mucho al sacarla del hospital cuando su condición era delicada.

Terry apretó la mandíbula al recordar la razón por la cual había tomado aquella decisión sabiendo lo delicada de la condición médica de Candy.

—Papá es mejor que cambies de tema, no creo que sea prudente hablar sobre el asunto en estos momentos —Susana sujetaba la copa aplicando un poco mas de presión de lo necesario. A su memoria llegaron recuerdos de la noche en que estuvo a punto de quitarle la vida a Candy, cuando, portando un uniforme de enfermera se adentró al cuarto de cuidados intensivos donde se encontraba su eterna rival y tras introducir un veneno mortal dentro del suero, bajó el nivel de oxígeno del respirador de Candy. El riesgo de ser descubierta aquella noche, bien valía la pena sin con ello, aquella maldita moría de una condenada vez y le dejaba el camino libre con Terry; pero para la suerte de Candy y su desgracia, Terry se apareció en el hospital en el momento justo cuando el veneno comenzaba a hacer su efecto y alertó inmediatamente el estado de su esposa a las enfermeras a cargo quienes se movilizaron inmediatamente. Cuanto había odiado su mala suerte entonces. Cuanto había odiado fingir preocupación por el estado de salud de Candy y mostrarse solidaria frente a Terry cuando lo que mas deseaba en el mundo era que aquella maldita muriera de una vez. Pero no, la muy desgraciada tenía mas vidas que que un gato, había sobrevivido al disparo que ella le dio... Argggg, por que tuvo que temblarle el pulso aquella maldita noche?, debió dispararle en la cabeza y volarle los sesos en aquella casa, de haberlo hecho, en ese momento ella estuviera consolando a Terry y no fingiendo cordialidad.

—Tienes razón mi preciosa Susie —su padre la abrazó —es hermosa mi hija , ¿no le parece señor Presidente? —bebió de su copa —y pensar que bien pudo haber sido su primera dama.

—¡Papá! —Susana le quitó la copa —disculpa a mi padre Terrence, creo que ha bebido de mas esta noche

—Nada de eso mi Susie, está es mi primera copa, yo solo digo la verdad.

Terry enarcó una ceja. Hasta hacía unos días antes de rescatar a Candy, Susana se le ofrecía en bandeja de plata en cualquier oportunidad que tuviera, y el que ahora se estuviera haciendo la diga le parecía extraño. La Susana que él recordaba era capaz de hacer lo que fuera por conseguir su propósito, pero esta frente a él se comportaba como una puritana... Sin duda alguna, algo andaba mal. Observó al padre de su ex compañera de Universidad. Nicolas Marlowe era un hombre un tanto extraño, desde que su padre lo venció en su carrera por la Presidencia, muy pocas veces asistía a este tipo de reuniones y dejó de hacerlo completamente cuando su esposa murió, así que el hecho que estuviese ahí era algo que sin duda alguna llamó su atención en ese preciso momento.

—Es cierto, su hija es una hermosa joven señor Marlowe—respondió Terry tras salir de sus cavilaciones observando que Susana estaba hecha un manojo de nervios —por esa razón me parece extraño el hecho que aún se mantenga soltera.

—Debe ser porque aún alberga la posibilidad de conquistar su corazón señor Presidente.

¿Que demonios le pasaba? —Susana no podía creer que su padre estuviera de lengua suelta en esos momentos. ¿Es que acaso no se daba cuenta de que estaba poniendo en riesgo todo lo que habían planeado hacer esa noche?

Charlie sonrió detrás de una columna. Ponerle un poco de droga al contenido de la copa de aquel maldito hombre había sido una magnifica idea. Por su culpa vivió bajo constantes amenazas durante años. Descubrió la identidad de él y su hija la misma noche que rescataron a la Primera Dama, y se lo reveló a ella, cuando le confió que había recordado todo pero que necesitaba fingir que aun no lo había hecho, ya que quería montarles cazaría ella misma y necesitaría de su incondicional ayuda y discreción.

—Papá, ¿que crees que haces?, Por Dios! Apenas puedo creer lo indiscreto de tu comportamiento —lo miró incrédula —si continúas por ese camino, terminarás echando a perder todo.

—Tienes razón Susie, no sé que demonios me está pasando, me siento algo mareado.

—No tomes ni una copa mas de alcohol, ¿de acuerdo?

—No lo haré, necesito estar lúcido.

—Aguarda aquí iré a buscar un cafe bien cargado para que te lo tomes inmediatamente.

Terry se desplazó a otro extremo del salón, hasta donde se encontraba Niel y su hermana quien lo miró de manera nerviosa.

—¿Que tal todo Elisa? — preguntó clavando sus ojos azules en los ojos marrones de ella.

—Bien —respondió la pelirroja nerviosa —lamento haber ocultado quién soy realmente.

—Yo lo lamento más.

—Terry amigo, ya te he explicado cuales fueron los motivos que me orillaron a hacer las cosas de manera clandestina.

—Lo sé —tomó una copa de vino de la bandeja de uno de los camareros que pasaba por ahí.

—¿Y qué harás ahora que no trabajas mas en el servició secreto?

—Me he incorporado a la empresa de mi padre.

—Espero te desenvuelvas bien en ese campo —dijo Terry bebiendo de su copa.

—Eso espero, aunque la verdad, siendo mujer es difícil estar a la altura de mi padre y mi hermano, pero lo intentaré —contestó ella aparentando una tranquilidad que estaba lejos de sentir. Terry se dio cuenta de ello. Con cada minuto que pasaba, Elisa Alexandra Leagan Braind se ponía mas y más nerviosa.

Después de diez minutos, Terry subió al estrado que se había montado para la ocasión y tras un pequeño discurso dio comienzo a la entrega de medallas de honor a todos los implicados en el rescate de su esposa. Uno a uno, los miembros del equipo de rescate subieron a recibir la medalla otorgada por el Presidente de los Estados Unidos, cuando se llegó el turno de reconocer a los civiles, Karen se encontraba hecha un manojo de nervios, algo sin duda alguna inusual en ella que disfrutaba ser el centro de atención. Pero... ¿como no estarlo? antes de ser llamada, el Presidente y la Primera Dama le habían dirigido unas palabras. Tras una lluvia de aplausos, Karen se puso de pie y subió al estrado, quiso decir unas palabras, pero la emoción del momento se lo impidieron y atinó únicamente a sonreír para las cámaras que iluminaron su rostro con sus flashes.

Candy hizo una señal con su cabeza para que la orquesta comenzara a amenizar la fiesta. Mientras los invitados posaban sobre la pista de baile, Candy se escabulló en medio de ellos y se dirigió a un salon privado continúo. Apresuró sus pasos en cuanto le informaron por el auricular que alguien la seguía, sabía perfectamente de quien se trataba, pues durante la entrega de las medallas de reconocimiento, esa persona no le quitó la mirada de encima.

—¿Están todos en sus posiciones? —preguntó en cuanto ingresó.

—Lo estamos —respondieron todos.

Candy aspiró profundamente al escuchar que la puerta de la estancia se abría a espaldas suya.

—Hola Candice, que bueno verte recuperada.

—Hola Susana —se giró y forzó una sonrisa. —gracias por aceptar la invitación.

—Te confieso que estuve a punto de declinar —bajó la mirada —Candice, no soy digna de tu amistad.

Por supuesto que no lo eres, maldita serpientes rastrera —quiso responder Candy pero se contuvo.

—¿Por que lo dices? —preguntó sabiendo cual sería la respuesta.

—Durante el tiempo que estuviste en cautiverio, Terry y yo... —bajó el rostro fingiendo vergüenza.

—Tu y mi esposo ¿qué? —preguntó la rubia.

—¡Oh Por Dios del Cielo! —Susana cubrió su rostro y negó con la cabeza.

—¿Como pudiste? —aparentemente Candy estaba fingiendo desconcierto, pero en realidad estaba conteniendo sus deseos de retorcerle el cuello a la idiota frente a ella.

—Fui débil Candy

—No, no, no —Candy se dejó caer en la silla continua, llevó sus manos a la cabeza y gimió de dolor.

—¡Oh Dios Santo! Voy a buscar ayuda —en cuanto Susana abrió la puerta, Niel apareció oportunamente.

—Hay que llevarla al hospital —decía Susana.

—No me toquen —Candy se puso de pie.

—Candice —Niel intentó acercarse.

—No te me acerques.

—¿Que pasa?, solo queremos ayudarte

—No iré con ustedes a ningún lugar.

—¿Por qué?

—Maldito perro traidor —lo miró con furia —mejor te hubiera resultado que esta ramera me hubiera matado la noche que me rescataron. Me encargaré que todos se enteren la clase de basura que son tu hermana y tú.

Niel tuvo dificultad para tragar su propia saliva. Ella había recordado todo, debían adelantar las cosas.

—Ni lo intentes —Candy le apuntó primero con el arma que sacó de uno de los cajones del escritorio. —Un paso mas y te juro que te vuelo lo sesos aquí mismo maldita frentona de mierda. Susana palideció.

Niel recobró el aplomo. Se dirigió a Candy con altivez y le apuntó con su arma

—Dispare Primera Dama —curvó sus labios —le aseguro que en cuanto lo haga, mis hombres ingresaran a este lugar y se la llevarán nuevamente, pero esta vez lo harán desde su propia casa y nadie va a acusarme, por el contrario, seré tratado como un héroe nacional, porque todos creeran que me hirieron mientras intentaba impedir que la secuestraran por segunda vez.

—Idiota —Candy frunció el ceño.

Niel rió burlón —Candice, Candice, mientras pierdes tu tiempo aquí, a esta hora mis hombres están en la habitación de tu hijo, así que es mejor que colabores y acabemos de una vez con esto.

—Crees que no lo sé —Candy comenzó a reír —pobre Niel te quedarás con las ganas —se burló en tanto le informaban que su hijo estaba a salvo y que tenían sometidos a cuatro miembros del servicio secreto a cargo de la rata frente a ella —¿Lo que no entiendo es, como pudiste hacerle esto a tu mejor amigo?

—Él me hizo menos —respondió Niel apretando la mandíbula —fui yo quien lo impulsé a esto y que hizo, me relegó a un cargo por debajo de mi nivel cuando yo y solo yo merecía ser el Vice Presidente.

—¡Ah! Es por poder... —la risa burlona de Candy provocó que Niel se encolerizara

—No voy a permitir que te burles de mi maldita perra —empuñó el arma y en cuanto lo hizo, alzó el rostro al ver una pequeña luz roja que apuntaba en la parte izquierda de su pecho.

—¿Que te creías, que estaría sola?, pobre idiota —dijo Candy con tranquilidad.

Antes que Niel se diera cuenta, Anthony lo desarmó en el momento justo en que la puerta se abrió y un enfurecido Terry ingresó seguido por un grupo de curiosos que fueron testigos oculares de lo que sucedida en el interior de aquel espacio privado gracias a las imágenes que fueran transmitidas en vivo a través de una pantalla que descendió en el centro del estrado en donde antes habían entregado medallas de honor. En ese momento todos sacaron sus celulares para grabar lo que sucedía pero estos estaban completamente bloqueados.

—Maldito bastardo —el puño de Terry se impactó contra el rostro de Niel —voy a matarte con mis propias manos —como una enfurecida fiera, Terry se le fue encima sin importarle en lo absoluto nada a su alrededor.

—¿A donde crees que vas? —Candy le disparó a Susana en la pierna derecha cuando esta intentó huir del lugar aprovechando que el alboroto que se formó para separar a Terry de Niel. Los gritos de la mujer no se hicieron esperar. Mientras gritaba todo tipo de improperios, Candy la sujetó de los cabellos mientras enterraba la punta de la pistola en la zona afectada y presionaba con fuerza.

—Mátame de una maldita vez —gritaba Susana entre llanto.

—Con gusto lo haría —respondió Candy —pero no, la muerte no sería un castigo para ti, sino una salida y no seré yo quien te la proporciones —la sujetó de los cabellos e impactó su rostro en el piso —esto es algo que quise hacer la noche que me secuestraron.

Susana gritaba no solo por el dolor que le producía la herida de su pierna, sino tambine por el dolor de haber perdido alguno de sus dientes. Cansada de escuchar sus gritos, Candy le propinó un golpe en el cuello que la desmayó, lo que menos quería en ese momento era escuchar sus berreos e insultos. Acto seguido salió del lugar tras ser informada que Elisa había huido por la parte trasera de la casa.

Al ver que todo se había ido al diablo, Nicolas Marlowe movilizó a su gente pero pronto se dio cuenta que estaba solo, lo meseros que creyó eran los asesinos que Niel había contratado para llevar a cabo su plan, habían sido arrestados antes de llegar siquiera a la Casa Blanca y en su lugar fueron suplantados por miembros del ejército de los Estados Unidos, especialistas en desmantelar redes de terroristas quienes inmediatamente lo apresaron.

—¿A donde tan a prisa? —Charlie se paró frente a Elisa.

—Apártate de mi camino infeliz traidor ¿como has podido morder la mano de quien te dio de comer?

—¿Traidor...es en serio? —Charlie rió de buena gana. Aquella mujer era peor que una serpiente venenosa.

—Te sientes muy macho con esa pistola en tu mano ¿verdad? —Elisa achicó los ojos.

—No la necesito —Charlie la puso en el suelo ... ¡error! Elisa era ademas de astuta rápida. Charlie no pudo esquivar la patada que recibió directo en el rostro.

—Jamás he golpeado a una mujer —se escuchó otra voz detrás de Elisa —no me obligues a hacerlo.

—Tranquilo guapo, yo me hago cargo de ella.

—¡Eh! —Albert abrió los ojos con sorpresa al ver como Karen se quitaba la chaqueta y la lanzaba al suelo quedando únicamente con una diminuta blusa de centro. La castaña por su parte, agradecía el haber asistido a aquella cena vestida con un elegante traje de dos piezas compuesto por un pantalón y una chaqueta color negro, el cual complementó con una blusa de centro color turquesa. Karen retiró sus zapatos de tacón, flexinó el cuello y posicionó sus pies estilo Sonchin Dachi . Flexionó ambas rodillas de la misma manera, dejando una detrás de la otra provocando que todo su peso recayera en la pierna delantera

Elisa la observó y se burló de ella.

—Seguramente crees que esta es una de las estúpidas escenas que acostumbras a grabar ... jajajajaja.

—Para nada —respondió Karen tranquila.

—Te daré una lección que jamás olvidaras actriz de quita

—Come on, bring it on —Karen hizo un además con sus manos instándola a que se acercara —menos bla, bla y mas acción —Alzó ligeramente el pie derecho quedando en posición Nekoashi Dachi dejando el mayor porcentaje de su peso sobre el pie de apoyo, flexionó su rodilla hasta quedar posicionada en un ángulo diagonal; para cuando Elisa se acercó impactó su rostro con una certera patada en el rostro y la animó con sus dedos para que se acercara nuevamente. Esta no dudó en hacerlo y respondió con un golpe bajo provocando que Karen perdiera el balance. Inmediatamente, de un brinco, la castaña se puso de pie y colocó sus manos en posición Shuto Uke para bloquear el golpe del puño de Elisa que venía en su dirección. Los dedos de sus manos estaban juntos y contraídos protegiendo de aquella manera una lesión de hueso, ligamento o músculo.

Permanecieron en una lucha campal por varios minutos en donde golpes iban y venían por ambos lados, hasta que Elisa, al darse cuenta que aquella actriz sabía realmente pelear, como la serpiente traicionera que era, tomó el arma que yacía aún en el suelo dispuesta a acabar con aquella maldita entrometida y escapar del aquel lugar ilesa, pero antes que disparara, recibió un fuerte golpe en su rostro de manos de Candy quien se había quedado quieta al ver que Karen sabía defenderse, y de que manera. Elisa limpió el hilo de sangre que corría por la comisura izquierda de su labio y atacó como fiera herida, pero Candy fue mas rápida que ella y la noqueó de un certero golpe en su nariz. Todo aquello fue transmitido en vivo por los amigos periodistas de Annie quienes no tenían manera como pagar tremenda exclusiva que habían recibido.

Como una manda de reptiles, todos los miembros de aquella red terroristas yacían en el suelo atados de pies y manos y exhibidos públicamente ante el mundo entero, dejando claro que el gobierno de los Estados Unidos lucharía de frente contra cualquier grupo terrorista que amenazara con destruir la paz y la tranquilidad en las familias Norteamericanas.

Continuará...