Operación C0507-T1231
By Rossy Castaneda
Capítulo 15
—Un momento —Candy se dio cuenta que uno de los miembros de aquella red terrorista no estaba entre los prisioneros.
—¿Que pasa? —se apresuró a decir Anthony acercándose a ella.
—¿En donde está Nicolas Marlowe?
—Está entre ellos —Con rapidez, Anthony alzó uno a uno el rostro de los criminales que yacían en el suelo tirando de sus cabellos. Palideció al darse cuenta que el susodicho había escapado. —Activen las alarmas... no debe estar lejos... todos al interior de la casa y nadie sale de ahí —ordenó —que esperan —su grito fue autoritario.
—Mi padre los destrozará —Susana quien había recobrado la conciencia comenzó a reír.
—Cállate maldita perra o juro que te sacaré los dientes que te restan. —los ojos de Candy eran dos llamaradas. Estaba por cumplir su amenaza cuando el sonido de un disparo resonó muy cerca de donde se encontraban.
—Te lo dije —rió —acabará con todo ustedes.
Con la ira creciente en sus venas e importándole poco el dolor de aquella serpiente rastrera, Candy, alzó a Susana por los cabellos ante la mirada atónita de todos los presentes. Terry quiso intervenir, pero Albert lo detuvo. Conocía a Candy y sabía perfectamente que lo mejor era no intervenir o de lo contrario su hermana descargaría su ira contra quien se le pusiera en frente. Su mirada era aterradora, su mandíbula estaba tensada, su mano libre se encontraba empuñada tan fuertemente que sus uñas se clavaron en la palma de su mano
—¿A donde me llevas? —¿que harás conmigo? —si estar herida y sin dientes era doloroso, la manera como Candy la sujetaba de los cabellos lo era aún más.
—¿Tu que crees? —la voz de Candy sonó fría.
—¿Vas a matarme? —el terror se reflejó en las pupilas de Susana.
—Hasta hace unos minutos suplicabas que lo hiciera. ¿Que pasa, tienes miedo? —las cejas de Candy se fruncieron. Enrolló la rubia cabellera en su antebrazo y de un tirón la atrajo a ella. Los gemidos de dolor de Susana no mermaron en absoluto la ira de Candy, sino todo lo contrario; en ese momento recordó que por causa suya, Niel estuvo a punto de abusar de ella mientras estuvo en cautiverio. Susana cerró los ojos en espera del golpe que se avecinaba.
—No te atrevas a ponerle una sola mano a mi hija o ella muere.
Los ojos de Candy se abrieron como platos... Aquello no podía estar pasando.
—La vida de su amada Tía está en sus manos, primera dama —el recién llegado rió con aire de triunfo —dudo mucho que quiera ver sus sesos esparcidos por el piso... digo, después de todo, ella es la persona que se encargó de su crianza tras la muerte de sus padres ¿o me equivoco? —Nicolas Marlowe disfrutó ver el dolor reflejado en el rostro de Candy con la mención de sus padres —"de modo que aquel era su punto vulnerable" —pensó y prosiguió —fui yo quien dio la orden de derribar aquel avión —le dijo mirándola a los ojos, aunque la verdad era otra; él no tuvo nada que ver con aquel asunto, pero le complacía ver el dolor en el rostro de Candy, mismo dolor que él sintió cuando perdió a su esposa —escuché como su madre suplicaba para que no lo hicieran...
—Maldito desgraciado —Candy comenzó a temblar, presa y cegada por la ira, tomó a Susana del cuello en tanto clavaba sus verdes esmeraldas en los azules ojos de Nicolas Marlowe quien la observaba perplejo. Apretó tan fuertemente que el pálido rostro de Susana se tornó púrpura en poco tiempo. Aflojó un poco —Suelte a mi tia o le juro que mi próximo movimiento será girar su cuello frente a sus ojos.
—Pa... pa... padre, no lo hagas —las palabras de Susana eran apenas audibles —ella es tu única garantía, llévela contigo, escapa, venga mi muerte, acaba con todos ellos.
—Susi —Nicolas Marlowe sintió un dolor agonizante. Había perdido a su esposa y estaba a punto de perder a su única hija frente a sus propias narices... No, las cosas no iban a acabar así, no podían acabar así. Los recuerdos de la última conversación con su esposa, antes que esta enfermara resonaron en su mente:
—Nick, escúchame con atención —lo miró —detente, no puedes continuar así.
—No puedo detenerme, estoy tan cerca de lograr mi objetivo.
—Matar gente inocente es tu objetivo —el horror se reflejó en sus ojos azules —¿en que clase de monstruo te has convertido?
—No, no, no me temas, tu no —intentó tomar sus manos pero ella no se lo permitió. —todo esto lo hago por Susana y por ti.
—¿Por nosotras? —gritó incrédula —¿Cómo te atreves a decir tal cosa? —estás mal... tu sed de poder te ha cegado por completo... —necesitas ayuda con urgencia... —por favor Nicolas —rogó —ve con el doctor Robinson, él es el mejor Psiquiatra de los Estados Unidos, cuéntale como te sientes, desahógate con él, saca tu rabia, déjala ir, libérate de esas ataduras de una vez —sus ojos se humedecieron —vuelve a ser el hombre bueno y honesto del cual me enamoré y con quien me casé... ¿no te das cuenta que estas arrastrando a nuestra hija contigo? —lo miró a los ojos —solo mírala, está siguiendo tu ejemplo.
Nicolas Marlowe sintió enfado. Jamás imaginó que su esposa le diría aquellas palabras. Maldecía la hora en que su amada esposa Suset había escuchado accidentalmente la charla que tuvo con Joe luego que este se presentara en su casa para anunciarle que sus hombres estaban en libertad y dispuestos a vengarse de la maldita perra por quién estuvieron privados de su libertad.
—Está bien, lo haré.
—Gracias —lo abrazó —Ya verás que pronto volveremos a ser la familia feliz que solíamos ser —sacó su celular, se lo entregó para que hiciera una cita.
Nicolás Marlowe renunció y se olvidó de la venganza que durante muchos meses planeó, pero la repentina muerte de su esposa lo amargó al punto que odió a todo ser viviente que gozaba de una felicidad que al él se le fue arrebatada de un momento a otro.
—Acaba con ellos, cariño y cumple lo que me prometiste aquella tarde.
¡Que demonios! —los ojos de Annie estuvieron a punto de salir de sus cuencas. —¿Había oido bien? —¿aquel hombre y la ex guardaespaldas de Candy eran amantes?
—¿¡Cariño!? —Raymond Leagan dirigió su mirada en dirección a la persona que acaba de decir aquellas palabras. Negó con la cabeza; llevó sus manos a la altura del pecho. ¿En que clase de monstruos se habían convertido sus hijos? —Acababa de enterarse que ambos eran parte de una red terrorista, y ahora se enteraba que su hija menor era amante de aquel desgraciado que había entrado y salido en su casa en las últimas semanas. —maldito bastardo, no te bastó involucrarlos en tus oscuros planes, sino que encima convertiste a mi hija en tu amante —¿como pudiste?
Nicolas Marlowe giró su rostro en dirección a Raymond Leagan quien sacó un arma y le apuntaba con esta. —No fui yo quien los buscó, ellos vinieron a mi por su cuenta. —Y no mentía, así sucedieron las cosas. Niel llegó a su casa una tarde lluviosa. Tras conversar con él por unos minutos, no le fue difícil descifrar que aquel joven haría lo que fuera por vengarse del nuevo presidente de los Estados Unidos. Se vio a si mismo años atrás. A las pocas semanas Niel le presentó a su hermana. Al principio la trató con indiferencia pero los constantes coqueteos de aquella jovencita terminaron despertando en él, una parte de su cuerpo que creyó muerta el mismo día que su esposa lo hizo.
—Le agradas a la niña esa —Joe bebió un trago de cerveza.
—No digas tonterías... —podría ser mi hija.
—Pero no lo es —se burló su hombre de confianza —¿a caso no has visto la manera como te observa?, es mas que evidente que te desnuda con esos preciosos ojos ambarinos.
—No me había dado cuenta —Espetó Nicolas Marlowe con indiferencia.
—Oh vamos Nicolas, no crees que es momento que te des una nueva oportunidad de ser feliz.
—¿Y quien te ha dicho que no lo soy? —a diferencia tuya, no necesito de una mujer para ser feliz, salvo mi hija.
—No estoy diciendo que te cases, ni nada por el estilo, solo estoy tratando de decirte que disfrutes del regalo que el diablo te ha enviado —Joe rió entre dientes —la muchacha es hermosa —relamió sus labios.
—No me había dado cuenta.
—Si como no —rodó los ojos —no me salgas con eso. Comprendo que hayas decidido mantenerte célibe, pero... me rehuso a aceptar que estas ciego —resopló.
—No, no estoy ciego, pero no tengo necesidad de fijar mi mirada en mocosas caprichosas como lo haces tú.
—Admites que es hermosa... —Joe rió con malicia —Sé que si lo notaste.
—Jamás he dicho lo contrario... —bebió un poco de cerveza y negó con la cabeza —dejemos las cosas hasta este punto y mejor centrémonos en lo que realmente es importante.
Joe comenzó a reír a carcajada limpia; tras recobrar la compostura, ambos comenzaron a trazar el plan que llevarían a cabo con la ayuda de Niel y su hermana menor. Con la complicidad de un buen amigo suyo, Nicolas Marlowe hizo lo que tenía que hacer par que Elisa Leagan, apareciera únicamente como Alexandra Briand y se convirtiera de este modo en la guardaespaldas de la Primera Dama de la nación sin levantar sospecha alguna
—Invítala a comer —Joe se puso de pie y antes que Nicolas Marlowe le respondiera, se alejó dejándolo con la palabra en la boca.
A partir de esa noche las cosas se salieron de control, y antes de darse cuenta, tuvo que fingir interés por aquella caprichosa mocosa; aquella fue la única manera de controlarla. Todo iba bien, hasta que la muchachita se encaprichó tanto, que estuvo a punto de echarlo todo a perder el día que secuestraron a la primera dama. Tuvo que manipularla con promesas falsas para tranquilizarla. Durante la conversación que sostuvieron esa tarde, le prometió que cuando todo acabará cumpliría cada uno de sus caprichos, algo que realmente no haría por nada del mundo.
—Voy a matarte maldito cerdo depravado —Raymond Leagan empuñó el arma que le quitó con anterioridad a uno de los agentes de seguridad.
—Si me disparas, no solo yo moriré —rió de manera demoníaca —todos lo harán —soltó a Elroy. Con su mano derecha le apuntaba a la cabeza en tanto metía la mano izquierda a la bolsa de su traje y sacaba su celular —basta solamente que presione un solo número, y todos volaremos en mil pedazos. —sus carcajadas resonaron —si iba a morir, no lo haría solo, se encargaría que todos le hicieran compañía. Todos enmudecieron. A espaldas suya, George avanzó sigilosamente. Iba a cobrarle a aquel bastardo el mal rato que le hizo pasar cuando secuestró a Terrence. De no haber sido por Albert, no abría podido con la culpa de lo sucedido aquella noche luego de ver el cuerpo de Candy flotando en el lago ubicado detrás de La Casa Blanca. —"No fue tu culpa George" —le había dicho entonces, pero él se sentía responsable de todo. —Un ligero movimiento en el rostro Albert alertó a Nicolas Marlowe, para cuando se giró, sintió el frio cañón de la pistola de George.
—No juegues al héroe Jhonson, ambos sabemos que no le dispararías a un hombre desarmado.
—Tu no lo estas.
—Lo estoy ahora —Nicolas Marlowe lanzó su arma.
—El odio y el resentimiento que llevas en tus entrañas es un arma de destrucción masiva. —se escuchó el click de la pistola semi automática de George. —suelta a la señora Ardley, esto es entre tu y yo —George estaba ganando tiempo para que el equipo anti bombas encontraran lo que buscaban. En su posición como jefe interino del departamento de inteligencia, los movilizó luego de ver el video en donde Niel y Susana quedaban al descubierto frente a todos —Se acabó Nicolas —dijo George cuando le notificaron por el auricular que habían encontrado lo que buscaban.
Esto se acaba hasta que yo lo decida —Nicolas presionó un numero de su celular —maldito seas Jhonson —espetó al ver que nada sucedía. Lanzó a Elroy a un costado suyo. George no le dio tiempo siquiera a que sacara el arma que mantenía oculta y con un disparo en la frente acabó con la vida de aquel monstruo que por sed de poder y venganza, estuvo a punto de poner a una Nación completa en peligro.
—Saquen toda esta mierda de aquí y asegúrense que no quede ni una sola mancha en el suelo. —miró en dirección a Terry —juré que defendería a mi nación de basuras como estás, aún a costa de mi propia vida, señor Presidente... —he cumplido con mi deber como ciudadano Norteamericano —irguió su cuerpo, llevó su mano derecha a su cabeza e hizo el saludo militar correspondiente.
Continuará...
