Capítulo siete: lo que mató a Harry Potter. O casi.
Un fuerte ruido, seguido de una silla arrastrándose, despiertan abruptamente de su sueño a Harry. Con horror, confirma dos cosas: que se quedó dormido mientras Draco le estaba contando su situación; y que este se estaba yendo del lugar. Rápidamente se puso en pie y lo siguió casi corriendo.
Entendía que Draco tenía razón en irse después de la falta de sensibilidad e idiotez del auror -y es que quedarse dormido, Merlín, era un verdadero imbécil-, pero siendo que vivían y trabajarían juntos, sentía que tenía que ser más sensato, y dejar que el slytherin se marchara enojado por su culpa, no ayudaría a mantener la paz. Aunque la paz no fuese ninguna opción después de lo que había soñado. Pero Harry no va a darle vueltas a aquello. No, señor. De ninguna manera.
-¡Espera, Malfoy, por favor! Vamos, no lo hice apropósito -intenta decir, todavía corriendo para seguirle el paso al rubio, que cada vez caminaba más rápido, con el rostro visiblemente distorsionado por el enojo-. No me di cuenta, por favor, déjame...
Draco parece reaccionar ante esas palabras porque deja de caminar y da la vuelta para enfrentar a Harry, quien traga saliva al tenerlo a nada más que dos pasos, demasiado cerca. Por supuesto que no estaba pensando en eso y en el sueño que tuvo. No, señor. De ninguna manera.
-¿No te diste cuenta? ¿Es esa tu patética justificación? ¿Mi miserable vida te parece aburrida? -le espetó, enfurecido como nunca antes.
-Jamás dije que... -trató de decir el moreno, sintiendo que se le oprimía un poco el pecho, pero Draco no lo dejó.
-Dime, ¿cuál fue la parte que te hizo dormir? ¿La de mis padres muertos? ¿La mía donde te explico como me quedó en la calle? ¿O fue la que me quedaba solo y con un hijo al que no puedo darle nada? -Malfoy ni siquiera estaba gritando, pero Harry lo sentía así.
Era como presenciar tu propio asesinato: cuantas más preguntas le hacía Draco, más se enterraba en su pecho cada palabra, como una final astilla en el dedo que no puedes sacar. ¡Y Harry ni siquiera sabía de dónde venía todo esto! Ok, de acuerdo, sí sabía, pero su intención no había sido lastimar al rubio. Si tan solo lo dejara hablar. Quizá podría callarlo... con un beso.
La piel de Potter empalidece ante ese pensamiento ¿Qué no tenía ni un poco de autocontrol sobre sí mismo?
-¿Harry? ¿Malfoy?
Como si de una posición revitalizante se tratara, la voz de Ron resuena frente a ellos (tal como en cierto sueño. Sueño en el que Potter no peinsa. No, señor, de ninguna manera), quienes, Harry recién se da cuenta, están bloqueando la puerta de la cafetería. Por desgracia, la sensación de alivio se esfuma tan pronto como observa el panorama en el que está: su mejor amigo, lejos de estar feliz de verlo, los mira incrédulo y, si no lo conociese mejor, diría que traicionado. Draco por su parte luce más desgraciado que nunca, de ser posible. Y la tensión es tan visible y tan espesa, que los pelos se le ponen en punta.
¿Dónde había alguien intentando matarlo justo cuando los necesitaba?
Muy lejos del ministerio, en Godric´s Hollow, Ginny Weasley pasaba por los mimos nervios que su marido. Pese a estar escribiendo quién-sabe-qué-cosa sobre Quidditch en la entrada mensual de la revista para la que trabajaba, su mente no podía parar de pensar en el desastre en que se estaba convirtiendo su vida. No solo por su matrimonio cayendo en picada, sino también por los dos nuevos inquilinos que le encajaron sin elección. ¿Sería ahora el momento adecuado para solicitarle a Harry el divorcio? Con la situación actual, cualquiera le gritaría que sí. Ella no perdía nada y aseguraba que su marido tampoco. Sus hijos, pese a ser chiquitos, no serían los primeros en tener que soportar la separación de sus padres, estaba segura que estarían bien. En cuanto a sus padres, hermanos y cuñadas, propablemente harían un mini-escándalo y después, resignados, aceptarían que Ginny y Harry ya no serían más... bueno, Ginny y Harry.
El dilema, lo que la detenía de estar 100% convencida de dejar su relación con él, era justamente la última gota que volcó el vaso: Draco Malfoy. ¿Por qué sentía que si ella pedía el divorcio, él ganaba? En principio, no había nada que ganar. Ambos tenían dos vidas diferentes que no se conectaban en ningún punto. Además su separación era algo que ya pensaba desde hace meses y que en realidad le resultaba inevitable que no pasara, ¿por qué ella logrando la ruptura con Harry y saliendo del caos en la que la había metido la hacía sentir como si se diera por vencida? ¿A qué diablos sentía que estaba renunciando?
El ruido de la chimenea de la sala cortó sus pensamientos. Miró la hoja en blanco que tenía en frente, todavía con la pluma en la mano llena de tinta, y se volteó para chequear el reloj.
-¡Mierda, los niños! -exclamó antes de correr fuera de su estudio, directo hacia la sala, donde la cara de Luna, riendo por el estrépito de su amiga, se proyectaba en las llamas.
De vuelta al ministerio, donde una vez más a Harry se le complicaban las cosas.
-¿Qué están haciendo ustedes dos juntos? -preguntó Ron, confundido y desconfiado, alternando su mirada entre ambos rostros.
Bueno, al menos no está gritando, pensó el moreno, quien no se engañaba con una victoria tan estúpida.
-¿Qué diablos te importa, Weasley? -rezongó Malfoy, girando los ojos, pero Harry notó que sus emociones se habían ido. No había rastros del enojo o la miseria que le demostró durante ese día.
Merlín, Harry desearía tener ese habilidad. Todavía podía sentir la opresión en su corazón y el retumbe de la voz de Draco diciéndole que, en otras palabras, él disfrutaba de su desdicha. Si tan solo supiera lo que había estado soñando... Aunque mejor no, seguro lo asesinaría si se enterara. Aparte parecía que Ron iba a asesinar primero al rubio, o a explotar debido a lo rojo que se había puesto.
-¿Y a ti quién te pregunto, idiota? -espetó el pelirojo, dando un paso al frente y sacando pecho.
-Bueno, me incluiste en una pregunta sin receptor, así que supuse que cualquier respuesta podría ser adecuada al meterte donde no te llaman -se burló Draco, sarcástico.
El ambiente se tornó más peligroso cuando Ron enrojeció un poco más y Harry pudo ver como metía la mano en el bolsillo de su túnica de auror para tomar su varita. Al mismo tiempo que Draco había hecho lo mismo. Estaba a punto de detenerlos cuando unos pasos de tacones que corrían y resonaban por el lugar se hizo presente. Enseguida la voz de su mejor amiga, Hermione Granger, resonó también por el lugar.
-¡Harry, James está en St Mungo!
Y ahí sí sintió que se le paraba el corazón mientras experimentaba el segundo peor momento de su vida. Al final, ¿quién hubiese pensando que solo bastaba esto para acabar con Harry Potter?
-¡¿Una lechuza?! -exclamó Harry al escuchar al sanador que había atendido a su hijo-. ¿Cómo diab-pudo atacarlo una lechuza? -preguntó, todavía contrariado, girando a mirar a su hijo mayor, con el ceño fruncido.
El niño se encogió en su almohada, avergonzado no solo por la mirada de su padre, sino por el lío de gente que rodeaba su cama. ¡Sólo había recibido un pequeño arañazo en el brazo, no era más que una línea! Sin embargo, ahí estaba, vendado y tomando dos pociones asquerosas, rodeado de su madre, tan preocupada como su padre; sus tíos Ron y Hermione, siendo mirado con aburrimiento por el primero, y con reproche por la segunda; el papá de Scorpius, con la cara aun más aburrida que su tío; su tía Luna, sonriendo y mirando fijamente a los demás pacientes; y sus dos hermanos con Scorpius, quienes lo miraban con la cara más aburrida que el papá del rubio menor y que su tío juntos.
-Al parecer estaban tratando de robar una lechuza del colegio para mandar una carta y como ella no quiso, decidieron obligarla, lo cual resulto que atacara al pequeño James -explicó Luna, cada vez más cerca de un enfermo con una extraña mordedura en su afeitada cabeza y un sarpullido al rededor de esta-. Knitos -susurró encantada, pero si alguien la escuchó, no preguntó de qué estaba hablando.
-¿Estaban? -inquirió Harry, con el ceño más fruncido, mirando a sus demás hijos y al hijo de Draco.
El rubio mayor cambió la expresión a la misma que la de Harry, volteando a ver a los otros tres pequeños. Pero solo Albus y Scorp empezaron a mostrarse nerviosos de repente. Lily estaba ocupada observando a su tía Luna mientras esta estudiaba la herida del otro herido.
-¡No hicimos nada! -chilló Albus cuando su madre giró a verlo.
-¡Nos obligaron! -acusó al mismo tiempo Scorpius.
-¡Scorpius! -se quejó James ante la acusación.
-¡Harry! -gritó Ginny, señalando a Luna.
-¡Oh, no! -se espantaron Hermione y Draco, mirando a Luna.
Ron y Lily rieron al ver a Luna cubierta de ronchas por haber tocado al hombre. Harry solo quería que el día terminara.
-Déjenme ver si entendí -dijo Draco, quien se había quedado vigilando a los cuatro niños junto a Ron y Hermione, ya que Ginny y Harry tuvieron que acompañar a Luna al cuarto piso-. Ustedes tres-señaló a James, Albus y su hijo- planeaban enviarnos a los Potter y a mi una invitación para cenar en Grimmauld Place, con el fin de que nos amigáramos -corroboró, queriendo vomitar cuando vio a las tres cabecitas asentir.
-Eso es tan tierno, niños -los halagó Hermione, mirándolos con ternura. Ron también parecía querer vomitar.
-Y mandaron a James a que robara una lechuza para tal cometido, pero todo salió mal, ¿verdad? -ironizó el rubio, rodando los ojos al ver a su hijo bajar la cabeza y hacer un puchero. Albus era tan parecido a Potter que solamente se encogió de hombres. James los miraba aburrido esta vez, mientras asentía repetidamente con la cabeza, burlándose.
Draco permaneció callado por un momento. Lo cierto es que estaba sorprendido y un poco conmovido; no creía que los niños de tan corta edad pudieran percibir los problemas de los adultos, en especial porque habían sido nada más que dos días que llevaban juntos. Salazar, se sentía tan cansado, que parecía haber pasado una eternidad desde que se encontró con Harry. Y hablando del susodicho, ¿debería comentarle aquello? ¿Intentar dialogar con la coma-señora Potter? De reojo observó a los mejores amigos de Potter, quienes habían escuchado toda la historia. Era obvio que si él no lo hacía, se enteraría por ellos.
Con un gran suspiro, y efectivamente muchas decisiones que tomar, giró la cabeza hacia James, decidido y con el pecho lleno de un orgullo que no sentía hace tiempo.
-¿Sabías que yo también casi pierdo el brazo por culpa de un pollo?
El quejido lastimero de Weasley fue como música para sus oídos.
Harry miraba hacia la cortina blanca con el ceño aun más fruncido que cuando llegó a St Mungo. Odiaba estar en el hospital, pues le traía recuerdos espantosos y evocaba olores que nunca podría olvidar: sanadores corriendo de aquí para allá, gritando y atendiendo a los heridos, medio muertos, o incluso muertos, estudiantes y personas que habían participado en la Batalla de Hogwarts; él, apareciendo y desapareciendo, buscando heridos, ayudando a todos los que podía, todavía con la sensación de estarse ahogando, con la adrenalina de haber matado a Voldemort; el hospital lleno de sangre y suciedad, ensordecido con gritos de agonía y desesperación.
-Harry -llamó Ginny, con voz suave, tomando su mano apretada en un puño. Él se sobresalto por un instante, antes de enfocarse en ella-, estabas allí otra vez, ¿verdad? -preguntó, sin reproche, mirándolo con nostalgia.
El auror asintió una vez, separándose de ella, y no dijo ni la miro más. Dolida, con el ardor en la mano y en le pecho, Ginny cambió su expresión a una agría, volteando a ver a Luna, quien estaba descansando luego de tomarse una poción que le calmara el sarpullido y la dejara dormir mientras bajaba la dolorosa hinchazón.
-Harry -volvió a pronunciar, más firme de lo que había estado nunca en los últimos años, haciendo que este la mirara de nuevo, extrañado ante ese tono-, quiero el divorcio.
Buenas noches. Ah.
Y después decían que el 2020 ya no traía más sorpresas. ahre.
Tantos años y todavía siento que este fic siempre me está llamando para que sea terminado, así que bueno, acá estoy, una vez más, con un nuevo capítulo que espero, si alguien sigue leyendo, les guste. Espero sus comentarios para saberlo porque si no... bueno, ¿cómo me entero si vale la pena o no? sndns.
Sin más nada que decir, les dejo besotes llenos de mucho amor y cuidense mucho, muchísimo, a ustedes y a sus familias.
