Operación C0507-T1231

By Rossy Castaneda

Epílogo

1 Semana después...

Luego del sin numero de declaración que tuvieron que dar, finalmente, Presidente y Primera Dama tuvieron un poco de privacidad. En cuanto se quedaron solos, y ya en su habitación, sin previo aviso, Terry alzó a Candy entre sus brazos.

—¿Que hace?

—Voy a castigarte por haberme ocultado que habías recordado todo.

—¿De que manera lo harás?

—Adivina —una sonrisa retorcida se dibujó en sus labios.

—Castígueme sin piedad con el látigo del desprecio señor presidente, he sido una mala chica —dijo de forma teatral la rubia.

—¡Oh no! Te daré con otro látigo.

—Estoy a vuestra merced —Candy estalló en carcajadas.

Terry la besó con una pasión. El sabor de su esposa era tan delicioso. La tomó de la barbilla, aprovechando que ella entre abrió los labios, introdujo su lengua y ella la acarició con la suya con el mismo que él sentía. Se separó de sus labios y comenzó a desnudarla. Admiró su cuerpo con ojos de lujuria. La deseaba como nunca antes; la recostó sobre la cama con delicadeza, inclinó la cabeza y besó sus labios en tanto acariciaba la acaricio, sus pechos, y su redondos glúteos. Terry sintió que si seguía por ese camino terminaría antes de comenzar siquiera, atrajo una de sus manos hacía el frente y acarició la feminidad de ella... ¡Error! , si acariciarla lo tenia prendido, ver sus gestos de placer ante sus caricias provocaría que se derramara vergonzosamente ante ella. Sin perder más el tiempo y tras sentir que su mujer se encontraba completamente preparada para recibirlo, con suavidad comenzó a penetrarla para posteriormente mover sus caderas hacia al frente y atrás repetidas veces hasta sentir como las paredes vaginales de Candy se contrajeron cuando alcanzó el climax presionando su endurecido miembro y provocando que él acelerara el ritmo para alcanzarla en el viaje de placer en el que ella se encontraba.

—Te Amo Terry —susurró ella cuando él salió de su interior.

—Yo te amo aún más —respondió él con una amplia sonrisa acercándose a ella para depositar un beso en sus labios. —¿Por que me ocultaste que ya habías recordado todo? —preguntó de pronto tornándose serio. Era consciente de lo mucho que arriesgo.

—No quise agobiarte —respondió acariciando su rostro con ternura —aún cuando no me diste los detalles que te llevaron a tomar la decisión de separar a tu mejor amigo de su cargo, intuí que habías descubierto un lado oscuro suyo y no quise agobiarte más.

—Habría muerto de dolor si te hubiese pasado algo esta noche —la abrazó fuertemente —te amo tanto que no concibo la vida sin ti.

—Terry —musitó ella enternecida ante sus palabras —te preocupas demasiado por mi amor, tal parece que olvidas quien fui antes de ser tu esposa.

—No lo olvido, sé que eres capaz de defenderte, pero esto fue distinto, se trataba de un grupo terrorista que pretendía obtener las claves secretas para lanzar misiles a otras naciones, no un grupo de bandidos cualquiera.

—¿Como supiste sus verdaderas intenciones?

—Luego que saliste de la fiesta, Niel confesó lo que pretendían... la verdad no sé en que momento mi amigo se volvió tan ambicioso y envidioso.

—Es probable que siempre lo fue, solo que tu lo veías con ojos de hermano y no fuiste capaz de advertir ni su ambición ni su envidia.

—Es probable —suspiró

—¿Que fue de ellos, a donde los llevaron?

—George se hizo cargo de ellos, pero ten por seguro que nunca mas verán la luz del sol. —¿Por que me ves así? —preguntó fingiéndose sorprendido al ver como sus bellas esmeraldas irradiaban deseo. Se acercó a ella, comenzó besarla nuevamente al tiempo que acariciaba su precioso cuerpo.

La llama de la pasión se encendió nuevamente entre aquella cuatro paredes.

Su palpitante entrepierna aguardaba por ella, lista para envestirla, y ella no la hizo esperar, se puso en cuclillas y se sentó sobre él. El contacto fue exquisito. Se levantó hasta que el miembro estuvo por completo fuera de su feminidad y, luego se sentó nuevamente sobre este permitiendo que la invadiera hasta el fondo. Un jadeo ronco y estremecedor salió de la garganta masculina. Ver lo que era capaz de provocar en aquel majestuoso hombre la prendía aún mas, comenzó a subir y a bajar despacio, disfrutando de las sensaciones que recibía y del placer que él le devolvía con sus ávidas manos. Arqueó su espalda y apoyó las manos en los tobillos de Terry para sentirlo más adentro. Terry por su parte comenzó a rozar su punto G provocando que ella sintiera que se partiría en mil pedazos de un momento a otro. Hasta ese día, Candy agradecía que la vida le hubiese puesto aquel hombre en su camino, y que lo que había comenzado como una tonta apuesta, se convirtiera con el pasar de los años en una relación sólida hasta ese día. Si alguien le hubiese dicho que en el arrogante hijo del Presidente encontraría a un hombre leal, fiel y apasionado, capaz de proveerle un placer que le trastornaba sus sentidos, una droga adictiva, se hubiese reído de tal tontería.

Sin decir una sola palabra aceleró sus movimientos de cadera ansiosa por volver a sentir ese placer que la hacía estallar en miles de trozos de deseo e inmediatamente Terry se unió a su ritmo, logrando así que Candy se partiera en mil pedazos que la sumergió en un delicioso delirio.

Sin apartar la mirada de su rostro, Terry la sujetó de la cintura para ayudarla a subir y bajar con mayor velocidad; hundió el rostro en su pecho y jadeó, cuando tras reponerse, Candy comenzó a cabalgarlo con el rostro completamente excitado. —Terry bajó sus manos hasta llegar a sus nalgas, sus dedos acariciaban la zona suavemente, y el placer fue descomunal.

Candy jadeaba, gemía y suspiraba abrazada a él, enredando sus manos en su cuello, en su cabello... y, así, de nuevo la explosión llegó acompañando la liberación de él. Tomó su rostro entre las manos y lo miró mientras la inundaba con su cálida simiente. —No podía dejar de observar cómo su profunda mirada azul se tornaba oscura perdida en el deseo, nublada por la lujuria que despertaban el uno en el otro y que no parecía tener fin. Rendidos, se dejaron caer en la cama de nuevo, él la envolvió con sus brazos y la rodeó con una de sus piernas.

Hicieron el amor repetidas veces hasta que finalmente ella se quedó dormida. Terry atrajo a él y la estrechó entre sus brazos, no quería cerrar los ojos por temor que al abrirlos ella no estuviera as u lado, pero el cansancio terminó pasándole factura.

Cuando unos cuantos rayos del sol se filtraron por la cortina y algo duro presionó su trasero, Candy abrió los ojos y sonrió.

—Buenos días primera dama.

—Buenos días señor presidente —respondió —veo que hay cosas que nunca cambian —su sonrisa se amplió al escuchar el gruñido que salió de los labios de él cuando sus manos acariciaron su endurecida entrepierna.

—Sabes que me matas cuando me acaricias así.

—¿Así como? —preguntó ella formando círculos con la yema de sus dedos en la punta provocando que un hilo de humedad brotara de esta. Candy estaba por meterse bajo las sábanas cuando unos suaves golpecitos en la puerta la hicieron que se detuviera en seco. Se miraron mutuamente, ambos sabían quien estaba detrás de la puerta. Terry se puso de pie y corrió al baño y permanecería ahí hasta que su creciente erección disminuyera.

—Adelante —dijo Candy divertida poniéndose de pie y colocándose una bata luego de ver como Terry corría completamente desnudo hacía el baño.

—Mami, mami —El pequeño Willie corrió hasta ella.

—Buenos días mi bello campeón, ¿Que haces despierto tan temprano?

—Prometiste que hoy saldríamos de paseo.

—Si, no lo he olvidado —revolvió sus cabellos —pero no te parece que es demasiado temprano aún.

—Solo vine a asegurarme que no lo habías olvidado —echó un rápido vistazo por toda la habitación —¿Donde se encuentra papá? . Terry se vio obligado a abrir el grifo de la ducha —¡Oh! Se está duchando.

—A si es —respondió la rubia —y yo debo hacer lo mismo al igual que tú —le guiñó un ojo cómplice. Levantó el teléfono y llamó a Dorothy para que lo prepara. En cuanto se quedó sola en la habitación, retiró la bata con la que cubría su desnudez y se dirigió al cuarto de baño en donde estaba segura Terry aguardaba por ella mas duro que una roca.

—Que te parece si continuemos lo que estábamos haciendo antes de ser interrumpidos.

Terry sonrió. —Era insaciable, como él. —Se parecían mucho, no se equivocó al escogerla. Ella era su contra parte, esa que lo complementaba, que lo llenaba y lo satisfacía hasta hacerle perder el sentido y desear más.

Una vez ingresaron a la ducha, ambos permitieron que el calor del agua y el del cuerpo del uno y del otro traspasasen los poros de sus pieles

Terry tomó su rostro y la besó con desesperación. Sus bocas se enredaron mientras sus cuerpos desnudos se alimentaban el uno al otro con roces y caricias.

Él la levantó y la penetró, ella lo recibió complacida, acariciándolo y disfrutando cada envestida.

El agua caliente caía entre ambos, y el sonido de esta cayendo, amortiguaba los jadeos que Candy y Terry no eran capaces de acallar.

—Me temo que eso no será posible señor presidente —dijo Candy mientras escogia la ropa que usaria.

—¿Por que no?, hoy es sábado y podemos permitirnos quedarnos aquí todo el día.

—Jajajaja —Candy comenzó a reír —veo que ha olvidado usted la cita que tenemos con nuestra pequeña distracción —dijo ella refiriéndose a su pequeño hijo.

—Prometo que será algo rápido

Entes que ella dijera una sola palabra, Terry comenzó a acariciar su centro de placer y aprovechando la humedad, introdujo uno de sus dedos y comenzó a moverlo al igual que lo haría su miembro, dentro y fuera. Sus ojos se perdían en la belleza de su mujer, disfrutaba complaciéndola, disfrutaba verla retorcerse de placer bajo su mano.

Se arrodilló para adorarla. —Prescindió de su dedo y dejó que su lengua fuese la que arrancase cada grito y cada jadeo que llevó a Candy a perderse en el éxtasis de un placer más extraordinario que jamás hubiese experimentado.

—Ahora sí —musitó él poniéndose de pie.

—No señor Presidente —dijo ella con una mirada y sonrisa que Terry conocía muy bien. Había despertado al pequeño monstruo depredador sexual de su interior.

¡Ay por Dios! —Terry sintió que moriría de placer en tanto la boca de ella se cernía en su endurecido miembro. Con suavidad, Candy comenzó a acariciar las dos pelotas que se habían transformado en dos endurecidas rocas mientras subía y bajaba por toda la longitud de la entrepierna de Terry quien se retorcía de placer.

Terry la sujetó por los cabellos para que se detuviera, no iba a derramarse en el interior de su preciosa boca. El climax fue arrollador. Desde donde estaba Candy disfrutó cada uno de sus gestos de placer, le parecía maravilloso ver que aún descompuesto por el éxtasis, su rostro se veía hermoso.

Una hora mas tarde, ambos bajaron para reunirse con su pequeño terremoto y juntos se dispusieron a disfrutar de un día maravilloso en familia.

—Terry

—Si —él giró ligeramente su rostro para mirarla.

—Hay algo que quiero decirte.

—¿Sucede algo? —Preguntó con premura al ver como ella se mordía los labios.

—No —respondió —bueno si —balbuceó. Terry ladeó el rostro tratando de descifrar sus palabras. Candy sonrió ante su desconcierto. —Si mis cuentas no me fallan creo que la cigüeña nos visitará dentro de ocho meses.

—¿Queeee? —los azules ojos amenazaron en salir de sus cuencas. Terry no sabía si abrazarla o ahorcarla. ¡Por Todos los cielos! ¿Era en serio?, ¿su mujer había llevado a cabo aquel arriesgado plan teniendo la sospecha que podía estar embarazada?

—¿No vas a decir nada?

Ante la mirada confundida de ella, Terry optó por abrazarla y girar con ella.

—Gracias amor, no cabe duda que hoy me has hecho el hombre mas feliz sobre la faz de la tierra...en todos los sentidos —concluyó moviendo las cejas de arriba a abajo y mostrando una sonrisa ladina. El pequeño Willie se acercó a ellos, Terry lo tomó en brazos, los tres alzaron el rostro cuando los llamaron por sus nombres, era Karen, quien junto a Albert inmortalizó el momento con una preciosa fotografía de la familia presidencial, la cual adornó la pared detrás del escritorio de Terry hasta que fue reemplazado por otro en donde aparecia Paulet, una pequeña castaña de ojos verdes quien tras su llegada inundó de alegria la Casa Blanca hasta último día del mandato Presidencial de su padre

Fin...

Muchas gracias por acompañarme en esta loca aventura ;)