Os vuelvo a saludar y haciando mi debut con este nuevo fandom: Tokio Revengers, y con esta ship tan hermosa: Kazutora x Chifuyu (que se han convertido en mi OT3 amada junto a Baji y en un futuro espero escribir una AU con ellos tres juntitos lleno de fluff).

Entre muy tarde a este fandom, honestamente tenía mis dudas con la historia pero una vez lo hice no hubo vuelta atrás, quedé súper encandilada, asi que gual y está idea está súper choteada o ya han leído de esto, pero yo tenía que hacer mi versión de los hechos XD. De antemano muchas gracias por el apoyo a esto que hice y en verdad espero os guste, lo he hecho con mucho amor.

Nuevamente aclaro:

Situado en la línea del tiempo de Bonten (el mejor futuro hasta ahora).

Leve pasado BajiFuyu.


La carta de Mickey en la cápsula del tiempo estaba llena de verdades, puras y llanas verdades con respecto a todos ellos y sus buenos deseos para con su futuro.

Verdades de sus esencias, que demostraban lo unidos que estaban, pues no era muy difícil adivinar qué rumbos tomarían cada uno. Sin embargo, también se podía leer entre líneas sobre las verdades escabrosas escondidas entre las ahora muy evidentes grietas que se habían formado en su amistad después de su partida, pues en ese entonces eran temas difíciles de aceptar y que fácilmente se podían hacer a un lado e ignorarlos. Dejar algunos como curiosidades propias de la edad.

En ese entonces había cosas más importantes de las que preocuparse, no obstante, aún en el presente con sus veinte y pico siguen siendo temas delicados pero que pueden sobrellevar mejor. Ya no son mocosos jugando a ser pandilleros, ahora son adultos socialmente funcionales y cada uno ha hecho su vida como la ha querido, o como a las posibilidades también se los han permitido.

Porque aún ronda entre sus pensamientos: el sí y el hubiera.

Y si Emma siguiera viviendo, Draken ya sería jefe de familia con quizás dos hijos con ella.

Y si Hakkai hubiera dicho sus sentimientos a Mitsuya, quizás ahora estuvieran juntos y no a nada de presenciar su boda con su hermano Taiju.

Y si Pah no hubiera apuñalado al líder de Moebius, no hubiera perdido esos años valiosos con ellos.

Y si todos hubieran visto el sufrimiento de Mickey desde el principio, ahora estaría ahí, riendo con todos.

Y si Baji viviera...

En ese momento para Chifuyu fue un tanto catártico que se dijera en voz alta lo que era un hecho: Chifuyu aún piensa en Baji. Porque aunque lo negara gritando a los cuatro vientos, nadie lo creería, su cara lo delata: ojos verdes brillantes, motitas de rubor en sus mejillas y una casi sonrisa que tira de las comisuras de sus labios pero que reprime, quizás para no verse más patético ante todos en cuanto oyó aquello, en cuanto oyó el nombre de Baji.

El recuerdo de Baji se detuvo cuando tenía catorce años, demasiado joven para haber experimentado algo más que la adrenalina de las peleas pensaron muchos. Sin embargo, Baji mucho más joven ya había experimentado más cosas que lo que otras a los veinte o en toda una vida vería o haría: ver morir al hermano mayor de su amigo de infancia a manos de su mejor amigo. El haber pisado un reformatorio, aunque haya sido por poco tiempo, logró trastocar las fibras más hondas de su alma y su psique. Y Chifuyu pudo ver de primera mano lo que esto le hizo, el peso inmenso en su corazón y alma, y que encubría con más violencia.

Sus gritos no siempre eran de rabia, a veces eran pedidos de auxilio, que nadie escuchó a tiempo.

Eran solo niños que sentían que el mundo estaba en su contra, y como no pensarlo, si cada uno cargaba desde casa su propia cruz y encontraron en los otros; en los hermanos de otras madres, ese apoyo que tanto buscaban, ese reconocimiento que tanto anhelaban.

Decir que ponían sus vidas en manos de la ToMan y en manos de Manjiro, eran palabras mayores pero dichas con el corazón, juramentos auténticos, pues dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.

Lo cierto es que Chifuyu primero puso su vida en manos Baji, fe ciega y lealtad eterna solo para él.

Prueba suficiente fue cuando sin más, Baji lo arrastró hasta la guarida de valhalla y dejó que lo moliera a golpes, dejó que descargara en él su dolor, su angustia, su remordimiento, la culpa de los pecados pasados y que golpe tras golpe fue como si Baji se convenciera de que todo era por un bien mayor.

Cada golpe dolía como la mierda pero a la vez se sentía como un: perdóname Chifuyu.

Lo conocía de pies a cabeza y sabía que Baji tenía un plan. De haber sabido en lo que resultaría ese plan, hubiera dado su vida a cambió.

Si Baji siguiera con vida, ¿Le hubiera dicho la verdad?.

Le hubiera confesado que no solo era lealtad, que no solo era fraternidad lo que sentía hacia él y que Hakkai no era el único con un amor unilateral por su capitán. Que aquel beso dado inocentemente cuando estaban en casa del azabache trastoco no sólo su cuerpo, también su espíritu y fue cuando se dió cuenta que estaba irrevocablemente jodido.

Que él no llevaría a casa a una chica para presentarla como su novia.

Que el era homosexual.

Aún así, era demasiado joven para aceptarlo y lo dejó solo cómo curiosidad, como algo que todos experimentan en su entrada en la pubertad.

Ese beso único nacido de la curiosidad de ambos por haberlo visto en aquel manga shoujo que leían juntos es el tesoro más preciado en sus recuerdos y si para Baji también lo fue, nunca lo sabrá.

Ahora está el presente y en este, no está Baji... pero si Kazutora.

No va a mentir pero tampoco va a admitir en voz alta que la primera vez que oyó hablar del chico de la boca de Baji le supo mal, quizás experimentando por primera vez los malsanos celos que carcomen hasta los recovecos más profundos de la mente y hacen que la imaginación vaya más allá de la lógica, en especial cuando podía sentir en cada palabra lo imprescindible que era el tal Kazutora para Baji, su mejor "amigo" que había sido encarcelado en el tutelar por un asesinato, y no el de cualquiera, sino el de el hermanos mayor de Manjiro. Condenado y liberado después de dos años y cuando por fin lo conoció los celos no se habían disipado, por el contrario, se intensificaron cuando sin más Baji corrió hacia él y sus más grandes miedos se hicieron realidad.

¿Debería odiarlo?, ¿Debería haberlo golpeado con todas sus fuerzas cuando lo vio diez años después al salir de la cárcel ahora por la muerte de Baji?... Lo cierto es que cuando lo vio, su corazón pudo descansar y estar mucho más tranquilo. Incluso durmiendo bien por primera vez en tantos años.

Tuvo todo ese tiempo para pensar que Kazutora era lo único que quedaba de Baji. Para pasar de la negación a la ira incontables veces y entre todo eso, entrar en la patética negociación: de que si los dioses le regresaban a su amor, él sería una mejor persona y así, suplicar hasta entrar nuevamente a la negación y la ira; que cuando despertara, encontraría a Keisuke viéndolo como siempre, con esa sonrisa ancha y mordaz, y Peke J en sus manos esperando en la sala a que se dignara sacar su culo de la cama y desayunar juntos, pues su mamá ahora siempre dejaba comida para dos porque ya sabía que Baji iría. Al despertar y darse cuenta que eso no volvería a pasar, la depresión atacaba sin piedad.

Que aquellas palabras dichas en su agonía también lo trastocaron como ese inocente beso, y si para Keisuke, Kazutora era parte de su tesoro, tenía que protegerlo. Tenía que darle una segunda oportunidad, así que eventualmente llegó la aceptación y con ello, que debía ir por Kazutora el día de su liberación.

Fue mucho más fácil perdonar a Kazutora cuando se deshizo en llanto frente a la tumba de Baji gritando perdón, viendo en sus ojos dorados genuino arrepentimiento y sus hombros desplomarse por tener el peso del mundo entero sobre ellos. Cosa que también le sentó fatal a él verlo así, solo en ese momento quizás odio un poco el corazón tan blando que muchas veces le dijeron que tenía.

Kazutora no llegó a suplir a Baji, a llenar el hueco que dejó, el solito se hizo un lugar en su corazón.

Aunque en un principio huía como un gato callejero de él —y ciertamente lo era— uno que había sido maltratado de tantas formas, así que era obvio que tenía miedo y saldría corriendo al primer intento de acercamiento.

Tres meses de insistencia y paciencia rindieron sus frutos, logrando que al menos viviera con él y no en la pocilga que eran los muelles. Alejarlo de los barrios bajos y las viejas malas amistades fue otra lucha extenuante porque nadie quería darle trabajo a un ex reo y Kazutora era terco en decir que no sería un parásito sin hacer nada o retribuir algo de lo que estaba haciendo por él, pero ¿Qué podía hacer cuando lo primero que veían era su enorme tatuaje, que aún con camisas de cuello alto sobresalía y sus ojos transmitían lo pirado que pudiera estar, dándole el definitivo "no" o "el lárgate de aquí" cuando encontraban la ficha de su estadía en prisión por asesinato?. Así que era más fácil buscar lo fácil y seguro, con el riesgo de volver a prisión.

Hubiera sido fácil para Kazutora aceptar desde el principio el trabajo que le ofrecio en la tienda de mascotas que abrió con el esfuerzo de tantos años y en la que no le iba tan mal, al grado de que en un futuro próximo tendría un veterinario dando servicio. Dicho veterinario sería él mismo Chifuyu, quien por fin obtenía su cédula profesional para ejercer y le dijo que necesitaba alguien que le ayudará a supervisar a sus otros dos empleados en el área de ventas, pero Kazutora tajante le dijo que ya había abusado demasiado de su amabilidad y tenía que valerse por sí mismo.

No depender de nadie más, ya suficiente daño habían hecho sus malditos defectos.

Sin embargo, Chifuyu nunca se rindió, aunque le gritara en más de una ocasión que lo odiara, que lo moliera a golpes porque era lo que se merecía. Y Chifuyu lo único que podía hacer, para que el tampoco perdiera la fe, era darle un abrazo apretado hasta que se calmara, conteniendolos a ambos para no resquebrajarse más.

Kazutora, como los animales callejeros solo necesitaba cariño y paciencia, está seguro que si se enterará de la comparación recibiría un puñetazo directo a la cara, pero no puede evitar compararlo cuando lo ha visto jugar como uno con los nuevos que llegan a la tienda. Cómo se ilumina su rostro como niño pequeño ante el logro de alguno que se recuperó de alguna herida o enfermedad, o de los cachorros recién nacidos que empiezan a dar sus primeros pasos. Como se queda por la noche a vigilar a los que están muy graves y como se derrumba cuando no se puede hacer más por ellos, optando por salir al callejón lateral a fumar y llorar.

Su estruendosa risa cuando está cotilleando con Fumiko, una de las chicas con las que trabajan y con la que mejor se lleva, pues ambos comparten tatuajes visibles y experiencias de vida parecidas.

Cómo se deja llevar por la música cuando está haciendo alguna labor en casa o en el trabajo y sin querer termina bailando y que ya, en muchas ocasiones, Chifuyu no pudo evitar verlo con detenimiento; como sus ojos dorados trastornados se fueron suavizando con el tiempo y ahora parece más sereno, más tranquilo consigo mismo, mucho más feliz de lo que jamás ha sido.

Cómo sus mejillas se redondean más cuando le dedica una sonrisa sin motivo aparente más que el ser amistoso, o como hace resaltar su labIo inferior regordete cuando juega con la pluma mientras se quedan a hacer inventario, o como sus atractivas facciones se acentúan aún más cuando se recoge el cabello en un chongo alto y deja colgar sus dos mechones rubios a los lados. Si, Chifuyu no puede evitar mirarlo y dejar que ese sentimiento, aunque no desconocido, sea completamente nuevo inundar su corazón; algo mucho más potente y visceral, pero a la vez suave y terso.

Les ha costado un mundo de gran dolor, desesperación, ira, resignación y lágrimas llegar a dónde están, y Chifuyu está seguro de que Baji estaría orgulloso de todos, de que su muerte no ha sido en vano.

—Oh ya has llegado, ¿Cuánto tiempo llevas ahí parado? —Kazutora pregunta viendo a Chifuyu parado en la entrada de la puerta de cristal de la tienda, sosteniendo la manija sin intenciones de entrar, su rostro está serio pero sus ojos verdes tiene un brillo extraño, y empieza a pensar que quizás la visita al templo con los chicos fue mucho más emotiva de lo esperado.

No recibe respuesta y eso hace que sus nervios y ansiedad emerjan, casi haciendo que lleve su mano a su arete de cascabel en su oreja izquierda y empezarlo a tironear para calmarse, pero sabe que eso hará que Chifuyu se moleste más —si es que está molesto— porque corre el riesgo de volver a desgarrar su oreja, aparte de dejar caer lo que tiene en las manos.

—¿Chifuyu?— vuelve a intentar, ahora con voz baja y suplicante, y de haber estado completamente atento, Chifuyu hubiera encontrado esto un tanto revelador, pues Kazutora está dejando de lado sus aires obstinados por verse lo más sumiso que puede. Lo que parece que funciona, pues Chifuyu regresa al presente y no puede evitar desviar un poco la mirada ante esta imagen nada frecuente en el de cabello bicolor.

—Lo siento Tora, estaba pensando en unas cosas y no me dí cuenta que ya había llegado.

Chifuyu entra al fin y cierra la puerta, echa un rápido vistazo y ve que no hay nadie más que ellos dos, no obstante, escucha la voz de Fumiko y Arata a la distancia, ya intuyendo que están tomando su almuerzo en el fondo de la trastienda, lo cual es bueno ya que no sabría cómo hacer lo que pretende con audiencia.

Camina más hacia donde sigue parado Kazutora frente a las perreras que exhiben a los lomitos que tienen en adopción y quien tampoco se ha movido, en sus manos aún mantiene a copito, un gato de no más de dos meses de nacido y que encontraron en una bolsa en la basura. Y quien los motivó a inaugurar un lugar especial más en la tienda aparte del consultorio veterinario.

Es un área justo al lado de la entrada de la tienda, pegada a la pared instalaron una caja de plástico reciclado —Hecho por Inupi— bastante amplia, revestida por dentro con tela térmica y una manta más como camita, en la tapa que se puede cerrar a presión tiene hoyos lo bastante grandes para permitir que entre oxígeno sin problemas pero no lo suficiente para que los cachorros que sean depositados, se salgan y terminan vagando o muriendo en la calle. Sobre esta caja hay un letrero dónde se lee claramente que pueden dejar ahí a los animales en vez del basurero, y que ellos se encargaran de cuidarlos y darlos en adopción. Kazutora se autoimpuso ser el primero en llegar todas las mañanas a primera hora para revisar la caja y atender cuanto antes a los animales que llegarán, diciendo que no era en lo absoluto pesado, pues sus acostumbradas escasas horas de sueño lo tenían despierto demasiado temprano dando vueltas en la cama.

Y ciertamente, eso tranquiliza más a Chifuyu, el que Kazutora haga de esto su propósito en la vida: ayudar a los animales desprotegidos.

Y lo que hace que termine de caer más duro por él.

Chifuyu nunca ha sido de los que rehuyen a algo, quizás ahora es más prudente y se la piensa unas cuatro veces antes de hacer algo potencialmente peligroso y no es que esto fuera a poner en riesgo la vida de alguien...bueno, eso esperaba. Sin embargo, esa llama aventurera y desafiante de su adolescencia no se ha extinguido del todo y la carta de Mickey le ha terminado de dar la resolución que necesitaba, también el empujón que aún en la ausencia de una de las personas más importantes de su vida, le hubiera dado en la espalda.

Tiene todo listo: la motocicleta y las ganas de por fin dar un paso más a la felicidad del resto de su vida, y de la de Kazutora.

—¿Oye Tora?— Kazutora da un pequeño respingo aún nervioso ante el llamado de Chifuyu, no ha podido apartar la mirada del más bajo y no sabe porque de repente quiere meter su cara entre sus manos. Piensa que Chifuyu está actuando raro, ya que se está acercado tanto a él que teme que escuché lo fuerte que le está latiendo el corazón; de la forma en que no ha podido dejar de hacerlo desde que fue consciente de su enamoramiento unilateral por él.

—Di-dime— no puede evitar tartamudear.

—¿Te gustaría salir conmigo?.

Kazutora deja salir un suspiro agotado y siente que el estrés de hace unos momentos se va y ya puede respirar bien, deja que copito baje de sus manos para ir a donde sea que quiera, ya que se ha inquietado por la atmósfera que había, espantado por completo su sueño.

Así que solo era eso, acompañar a Chifuyu a algún lado, lo más seguro es que a ver a algunos de los proveedores con los que empezaran a trabajar ahora que abra el área de veterinaria o uno de los refugios con los que tienen arreglos.

—Claro, solo deja que la chicos terminen su almuerzo y vamos, ¿Quieres que vayamos a ver si ya tiene la mesa de observación y los estantes? o ¿El refugio en Shinjuku?.

Kasutora ya se dirige hacia la puerta de la oficina en dónde suele dejar siempre sus cosas para quitarse el delantal y ponerse su chaqueta de cuero, que aunque no hace frío a esa hora del día e irán en coche, su lado friolento sabe que terminará con escalofríos por el aire acondicionado que hay en los refugios o tiendas a las que irán.

Se detiene al escuchar la risa baja de Chifuyu y voltea a verlo sintiendo un piquete de irritación inexplicable. Solo que no está preparado para ver sus mejillas sonrojadas y sus ojos verdes cariñosos dirigidos a él y que por lo regular van hacia los animales que tienen ahí.

—No Kazutora, me refería más a una cita conmigo...en plan romántico.

El nerviosismo que se había ido regresó potenciado y si no fuera por qué estaban solos, sin nada de ruido más que unos coches lejanos, Kazutora habría jurado que escuchó mal, que su traicionera cabeza le estaba haciendo creer que Chifuyu dijo cita romántica para su salida.

No, eso no podía ser.

—No, no escuchaste mal, te estoy invitando a una cita romántica conmigo porque me gustas Tora. —Chifuyu rectificó sus palabras ya sabiendo lo que el mayor pudiera estar pensando, pues esa inseguridad y sentido de inferioridad siempre estarían arraigadas en su alma, teniendo que repetirle lo valioso e importante que era en varias ocasiones cuando la angustia y la ansiedad no lo dejaban respirar. Cuando recordaba todo aquel infierno por el que tuvo que pasar en su infancia, adolescencia y parte de su adultez.

Chifuyu quería ir borrando todo aquello con besos, abrazos y amor.

El de ojos verdes ya se había acercado a él nuevamente, manteniendo sus manos al margen en sus costados porque sentía que si lo tocaba en ese momento kazutora pegaría a correr como un gato callejero con miedo.

—Chi-chifuyu, Chifu-yu...Chif-uyu. —Kazutora empezó a sollozar mientras los ojos se le empezaban a aguar.

Chifuyu ahora no sabia que hacer, se suponía que está sería un momento romántico y en su imaginación Kazutora le sonreía y saltaba a sus brazos feliz diciéndole que sí, que irían a una cita montados en la motocicleta, recuerdo de su mejor amigo, y el primer destino del principio de su viaje juntos sería una de las playas de Tokio, más no se imagino eso: Kazutora llorando, repitiendo su nombre como un mantra del que no sabe si es bueno o malo y sus manos buscando frenéticamente algo que agarrar en sí mismo. Antes de que irremediablemente llegará a su arete de cascabel y jalarlo, detuvo sus manos y las llevó a su boca para empezar a plantar pequeños besos en los nudillos.

—Tora, cálmate por favor, yo no…

—Si, si y si, por los cielos sí quiero Chifuyu. — Kazutora proclamó, sintiendo su corazón desfallecer ante la muestra de cariño, y aún así terminar por zafarse del agarre del azabache y abrazarlo, dejando a Chifuyo aún más contrariado, afianzando con fuerza sus manos en su espalda y juntar sus frentes. Obligándose a respirar profundo para recuperar la compostura —Si quiero que salgamos a una cita, discúlpame no entendí al principio y me está costando creerlo ahora, pero quiero...también quiero esto Fuyu.

Kazutora abre los ojos y Chifuyu puede apreciar esto; lo suave que son sus ojos, como oro líquido, y lo sabe, sabe que Kazutora no puede creer que cosas buenas le estén pasando. Que haya alguien que lo ame por quién es y solo por eso.

—Creelo Kazutora Hanemiya, me gustas y quiero que salgas conmigo hoy, mañana, al día siguiente de ese...te quiero.

Chifuyu abraza la cintura de Kazutora que es de dónde puede y aprovecha que están frente con frente para estirar su cuello y alcanzar sus labios y besarlo. Sentir sus suaves labios en un tierno beso que rápidamente es correspondido.

Se apartan y ambos se sonríen. Kazutora no quiere soltarlo, no quiere dejarlo ir por el miedo pululando en su cabeza de que si lo hace se irá como arena que escapa entre los dedos y despertara en su celda, dándose cuenta que todo fue un sueño. Aunque puede decir que ha sido el más hermoso de todos.

Una suave caricia en su nariz lo trae de regreso y no sabe cuándo fue que se ausentó, ve que Chifuyu no ha dejado de verlo con cariño y se vuelve a acercar para darle otra caricia con su nariz en la suya. Así que eso fue.

—Deja de pensar en todos los escenarios fatalistas y démonos prisa, los chicos ya terminaron su almuerzo.

.Kazutora se despabila y efectivamente ve que Fumiko y Arata ya están detrás del mostrador, una con los pulgares en alto mientras sonríe orgullosa y otro con sonrisa burlona.

—Si, vamos.

Baji siempre estaría en el recuerdo de ambos y abría días o noches en los que inevitablemente surgirá la pregunta en sus mentes: ¿y si Baji no hubiera muerto?. Sin embargo, este era el presente, el aquí y ahora dónde ambos convergen y donde ambos tienen la felicidad a su alcance, en la palma de sus manos entrelazadas y la garantía de que las cosas por muy malas que se vislumbren, pasaran, trayendo la calma después de la tempestad.


Muchas gracias por leer, espero les haya gustado.

Les iloveo un montón