A querido hacer esto desde...Bueno, realmente no sabe desde cuándo, Chifuyu solo sabe que lo quiere y el momento sin duda es el adecuado.

Está rodeado de sus amigos, ha comido comida realmente deliciosa mientras rememoran el ayer, esa época en la que eran unos críos corriendo en sus motos sin miedo y buscando peleas por doquier. Cuando se sentían los reyes del mundo y quizás el valor líquido que le ha dado la champaña de calidad que se ha estado sirviendo sin parar, le hace pensar que sí, que definitivamente quiere hacer esto.

También el ambiente lo amerita; una boda siempre está llena de magia y calidez, de amor incondicional y esperanza. El salón es enorme, adornado con rosas rojas en forma de cortinas en algunas paredes, más rosas y margaritas tan blancas como la nieve en hermosos centros de mesa con velas resplandecientes. La vajilla plateada brilla con la luz de los candelabros de cristal estratégicamente colocados en el techo junto a tiras de tul dorado haciendo hermosos arcos y que le da a todo el lugar un toque bohemio, ameno y verdaderamente se siente algo mágico, como si cualquier cosa espectacular pudiera pasar.

Ver a los novios sonreír en todo momento y compartir pequeños gestos entre ellos donde es obvio el amor y devoción que se tienen, hace sentir que el amor verdadero existe. De que dos almas se han unido para empezar a cumplir las promesas de amor que alguna vez se hicieron y formar un hogar.

Empezar a vivir los días del resto de sus vidas juntos.

La boda de Pah Chin ha llegado en un excelente momento, en uno donde casi todos pueden decir que están prosperando: Draken e Inupi tienen su tienda de motocicletas y les va muy bien, Mitsuya aunque recién empieza con su propia boutique y línea de ropa, ha logrado hacerse de buenos clientes, en especial uno —Del que no ha querido hablar mucho— que le está pagando muy bien por confeccionarle su guardarropa. Takemicchi y Hinata están a dos meses de su propia boda. Hakkai está triunfando en las mejores pasarelas en Europa, los gemelos lideran el mundo del ramen —Al menos en su barrio— y Peh está haciendo que la empresa que maneja junto a Pah siga creciendo.

Él, Chifuyu tiene su propia tienda de mascotas y en la que también le va muy bien junto a Kazutora, quien le ayuda y que de verdad le ha salvado la vida entera, pues es ordenado y meticuloso con las cosas, aparte de que tiene buen gusto al elegir adornos para la tienda, haciéndola sentir acogedora no sólo para las mascotas que tienen en adopción, también para los clientes. Y por favor, sabe que muchos y muchas van para ver al lindo chico del lunar que atiende y que siempre les da una hermosa sonrisa e increíble atención al cliente.

En un principio tenía sus reservas, lo admite. Hanemiya había pasado prácticamente toda su vida hasta ese entonces en prisión, perdiéndose todas sus etapas, todo lo que se vive y experimenta en la vida; los cambios en el entorno con cada año que pasaba y el aislamiento. No tenía la mejor actitud y métodos para socializar en un principio pero se las arregló aún con la ansiedad y las inseguridades.

Le había platicado que se dedicó a devorar todos los libros de la pequeña biblioteca en prisión, estos rara vez eran actualizados y aún más raro que llegarán nuevos y de temas variados, por lo general eran libros de autoayuda, sobre leyes y cuántos populares. No obstante, llegó a leer una que otra revista de contrabando prestadas de algunos reos con los que llegó a "congeniar" con los años ahí dentro. Lujos que algunos podían darse pagando a los guardias y dónde llego a ver un poco de lo que pasaba en el exterior.

Nada en comparación a todo con lo que se enfrentó una vez fuera.

La tecnología fue algo curioso de aprender pero no imposible, así que rápidamente se adaptó a usar un smartphone, una computadora y los programas en ellas, las tabletas no eran sus favoritas pero no sé privó de tener una, aunque solo terminará como pisapapeles en la mesita baja de la sala.

Kazutora resultó ser más de lo que se imaginó, teniendo todo el potencial para salir adelante pero la mala suerte de que la vida le pusiera pruebas demasiado duras. A Chifuyu como le hubiera encantado haberlo conocido antes, como le hubiera encantado hacer algo para cambiar todo lo que vivió por mejores momentos.

Lo que hubiera dado por evitarle todo ese sufrimiento, pero bueno, el hubiera no existe y los arrepentimientos y la pesada carga de los errores del pasado siempre estarían ahí, ahora solo tienen que seguir hacia adelante como lo habían hecho hasta ahora y no acumular más.

Permitirse ser felices.

Así que este es el momento idóneo piensa Chifuyu con mayor seguridad. Se levanta de la silla disculpándose con Takemicchi y Hina —quienes le platicaban de los detalles de la boda, confirmando el momento para que de su discurso como el mejor hombre— pero necesita hacer algo importante y la balada que ha empezado a tocar el cuarteto instrumental se siente como la indicada.

Se abrocha el botón de su saco y lo alisa con ambas manos, ya siente los nervios emerger de su estómago y que recorren su torrente sanguíneo hasta llegar a la punta de sus dedos de manos y pies, y su corazón con cada paso que da se acelera otro poco más. No puede evitarlo, pues ahí está sentado al otro lado de la mesa, justo frente a donde él estaba.

Kazutora está sentado de lado, con su brazo recargado en el respaldo de la silla sosteniendo su cara por la mejilla, la otra jugando distraídamente con la tela del moño dorado que la adorna, viendo atentamente y con una suave sonrisa en su boca a las parejas que ya empiezan a juntarse para bailar en la pista.

Puede ver su lindo perfil y como ese traje gris perla rallado le queda a la perfección, Mitsuya se ha lucido con sus atuendos y aunque lo vio cuando pasó por él a su departamento, tuvo que juntar toda su entereza para no sucumbir y soltar la verborrea sin sentido con respecto a sus sentimientos, así como no puede dejar de sentir algo en su estómago revolotear cada que sus miradas se cruzan.

Su lunar, ese condenado y sexy lunar bajo su ojo lo ha querido besar quizás desde que lo vio, con Kazutora desconcertado por completo en las puertas de la prisión de Tokyo. Sin embargo, es algo que en ese momento decidió no pensar, sonando ridículo en su cabeza y que ahora ya no importa cómo lo vea él o los demás, solo importa que resalta aún más con la base de maquillaje que se ha puesto y que es algo muy leve, junto al rimel que hace que sus pestañas se vean aún más largas y lucir más hermosos sus ojos dorados.

El moño alto que ha elegido para acompañar todo el atuendo también le queda de maravilla; los mechones rubios que cuelgan a cada lado de su cara le dan un aire etéreo y jovial, como si apenas apenas estuviera entrando en sus veintes, y quizás Chifuyu está teniendo una especie de despertar sexual tardío porque maldición si no termina metiendo su mano en sus pantalones patéticamente después de ver a este Kazutora. Y no es que antes no lo haya encontrado atractivo y ardiente con su ropa informal, y que en su mayoría eran pantalones de mezclilla negros y rotos de algún lado, camisas dos tallas más grandes y chamarras de cuero negras o color vino, hodies de estampado animal print al igual que sus botas o convers negras, pero era más el sentimiento de cariño y ternura el que predominaba.

Aquí y ahora, descubre que tiene una torcedura con Kazutora de traje formal, pero tampoco es el momento de que tenga una erección.

—¿Bailar tora te conmigo gustaria?— mierda.

—¿Qué?. —Kazutora voltea a verlo desconcertado.

"¡Exactamente! ¡¿Qué?!"

Quizás en ese momento tener una erección sería lo menos vergonzoso que Chifuyu pudiera hacer.

¿Qué tan difícil era decir esas cinco palabras en el correcto orden para darse a entender y no quedar como un completo idiota?.

Chifuyu siente que todo su cuerpo arde de vergüenza y está seguro que su cara debe estar tan roja como como todas las rosas rojas del lugar cuando ve que Kazutora lo mira fijamente esperando a que contesté su pregunta.

Decide ignorar a conciencia a los demás en la mesa y que es seguro que lo han escuchado también porque para variar quizás habla un poco —Muy fuerte— y puede sentir sus miradas como dagas atravesando su cabeza y por los dioses, las burlas serán inmensas más tarde.

—Que si...que si tú…¡mierda! Baila conmigo Torá. —Chifuyu espeta mientras estira su mano hacia el frente dejándola abierta, y maldita sea no puede mirar a Kazutora a los ojos o siente que terminara por cavar un agujero y meter su cabeza ahí.

Se crispa al sentir algo cálido en la punta de sus dedos, lo que hace que levante la vista. Kazutora ha puesto sus falanges sobre las suyas un poco dubitativo, también desviando su mirada. Puede ver sus mejillas empezar a sonrojarse cada vez más conforme van avanzando sus dedos hasta que están palma con palma.

—Si-si quiero Chifuyu— Kazutora dice y su voz es baja y tímida, todo un contraste a la risa alta y estruendosa que le ha oído soltar y que no hace más de diez minutos tenía cuando Peh estaba contando cosas vergonzosas del novio en su discurso.

—Ya vayan a bailar y no se caigan por favor. — Ambos voltean sorprendido al escuchar la voz burlona de Mitsuya, quien los ve divertido y con su copa de champagne en su mano, no disimula su sonrisa de comemierda ni cuando bebé de ella.

—¡Callate! — ambos, Chifuyu y Kazutora gritan con sus venas de la cien hinchándose y sus mejillas más sonrojadas.

Kazutora se levanta de golpe de su silla y sin más jala a Chifuyu de la mano, adentrándolos en la pista, llegan lo suficientemente en el medio y voltean a verse. El sonrojo no se ha ido de ambos rostros y Chifuyu siente sus manos torpes junto a su pies lentos, no sabe cómo deberían acomodarse, quien va a guiar y quién va a seguir, ¿Debería ser él el que lo siga por ser el menor en edad y estatura?, aunque no eran muchos los centímetros, si era evidente la diferencia.

Supone que Kazutora adivina su dilema porque así como sin más lo jalo a la pista, también lleva su mano libre a la suya y la toma para posicionarla en su cintura, enseguida lleva esa mano a su hombro y levanta la otra mano entrelazada con la suya en lo alto.

Chifuyu lo mira y Kazutora le regresa la mirada con una sonrisa en su boca, una dientuda y que hace que sus mejillas se vean más redondas junto a su hoyuelo en la mejilla derecha que se marca juguetón. Kazutora es hermoso y siente que va a morir con la arritmia que está atacando su corazón.

Empiezan a balancearse y rápidamente encuentran el compás de la música; dinámica pero suave. Ninguno de los dos puede apartar la mirada del otro, ni se atreven a perder los detalles de sus rostros y expresiones, buscando algo ahí, algo que confirme lo que está pasando entre ambos. Sienten que todo lo demás no importa en ese momento, que nada ni nadie existe fuera de esa esfera que han construido quizás en tiempo récord.

Y qué más da si sean los únicos dos chicos bailando en pareja, quizás y esto anime por fin al terco de Draken y también jale a bailar a Inupi.

En esos momentos lo único que importa es lo bien que encajan sus manos en dónde están; en cómo la pequeña curva en la cintura de Kazutora se ajusta bien en la palma de su mano y sus dedos, como el pulgar de Kazutora hace contacto con su cuello y empieza a acariciarlo de forma circular. Él como sus torsos y piernas también hacen juego, y ni qué decir de sus manos juntas; como cada dedo encaja como un puzzle y sus frentes las han conectado sintiendo la calidez en ellas.

Cómo los ojos verdes de Chifuyu se ven tan detalladamente que alcanza a vislumbrar hilitos dorados alrededor de su iris, y su aliento cálido con un leve toque a champagne llega como pequeños y casi imperceptibles besos en su labios y mejillas.

No saben en qué momento la música ha cambiado a una ritmo mucho más lento e íntimo y culparan al ambiente romántico que hay, pero ahora Kazutora pasa sus brazos sobre los hombros de Chifuyu y este lo abraza por su cintura, pegando sus cuerpo aún más. Sus frente nunca dejan de tocarse y sus ojos de verse, de no perder detalle de las sonrisas que no quieren abandonar sus bocas, así como sus cuerpos se rehúsan a soltarse.

Chifuyu ahora entiende lo que una vez Mitsuya le dijo: que el cuerpo es mucho más honesto cuando nuestro cerebro y boca no. Que este se a enfermar cuando no podamos expresar lo que llevamos cargando dentro, así como reaccionara automáticamente cuando estemos cerca de a quien amamos, solo es cuestión de sintonizarnos y dejarnos llevar, confiar en nosotros mismos.

Gracias a los dioses su cuerpo, su cabeza y su boca están sintonizados y saben lo que quieren.

—¿Tora?.

—¿Fuyu?.

Los dos dicen al mismo tiempo y callan igual.

—Tú-tú primero —insta Kazutora, sus mejillas volviendo a encenderse en carmín, y a lo que Chifuyu lo mira un segundo, solo necesita un segundo para agarrar resolución y estar seguro de lo que quiere decir y que las palabras no vuelvan a salir en un revoltijo.

—Yo...yo quiero decirte...que tú...— Chifuyu traga el nudo en la garganta que se le hizo en un instante. Ambos han dejado de balancearse por la música y Kazutora lo ve expectante y esperanzado, quizás y por fin sus ruegos han sido escuchados. —Kasitora, tú me gus…

El fuerte empujón en la espalda lo detiene abruptamente, así como el fuerte estruendo de una canción demasiado movida para reconocer en ese instante, de repente más personas lo empujan también y se da cuenta que Draken, Mitsuya, Hakkai, los gemelos, Takemicchi, Peh y Pah han invadido el espacio de ambos mientras ríen y gritan, los jalan a bailar.

No puede enojarse con ellos, no cuando están riendo a carcajadas y se amontonan en un abrazo grupal y puede ver a Kazutora con los ojos cerrados por la enorme sonrisa que tiene mientras abraza a los gemelos.

Les falta uno para estar completos pero por ahora tienen esto y lo van a disfrutar, quizás en la boda de Takemitcchi también haya magia y estén todos juntos otra vez, pero se lo debe a sí mismo y aprovechará la que hay ahora en ese momento.

Chifuyu se las arregla para jalar a Kazutora de las solapas de su saco y qué importa que lo bese enfrente de todos, que una sus labios a los suaves y carnosos del más alto, y quien en cuanto siente los suyos también se la arregla para tomar sus mejillas para acercarlo más.

Ignoran las caras sorprendidas de Peh,Smiley y Takemicchi. Las divertidas y burlonas de Ken, Takashi, Hakkai y Angry, y la solemne de Inupi.

—¡Por los dioses no lo hagan enfrente de mi cara! ¡¿Quieren que los mate?!. — Nahoya grita pero no sé oye molesto, todo lo contrario.

Se separan y se ríen a carcajada limpia junto a los demás. La cotilla no se deja esperar, así como las felicitaciones por la nueva pareja, que aún tienen que hablar, sin embargo, eso puede esperar a más tarde cuando regresen a casa de alguno de los dos juntos.

Siguen bailando todos juntos y festejando al novio tomando incontables fotos, así como de la partida de pastel y el que terminó embarrado en cara de Pah, cortesía de Kazutora y Mitsuya. Los pequeños discursos que también han preparado todos, y que por supuesto, también tenían anécdotas ridículas de los viejos buenos tiempos de ToMan.

Felicitan a Hina por atrapar el ramo y a Draken por la liga, vuelven a bailar todos juntos y es cuando Chifuyu aprovecha en jalar a Kazutora y devolverlo a sus brazos.

No es música calma lo que bailan, es rock estruendoso y liberador que termina en besos y caricias. En la letra de la canción cantada fuerte y claro cuando hablaba sobre amor, sobre esperanza de un mejor futuro entre dos.


Espero que os haya gustado tanto como a mí el escribirlo.

Muchas gracias, ya saben que los iloveo un montonal