"Hey Arnold!" no me pertenece. Todos los derechos son de su creador Craig Bartlett y Nickelodeon. Éste material está elaborado sin fines de lucro.

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Capítulo 1

Último primer día


Los rayos del sol se asomaron por su ventana, resplandeciendo en su rostro. Frunció el ceño, sin abrir los ojos. Se quitó el cabello de la cara y bostezó para quitarse la pesadez.

"Primer día de clases, ¿eh?... Fantástico…", pensó sarcástica. Talló sus ojos y se sentó en la orilla de la cama. Se desnudó aún medio dormida, tomó una toalla y entró al baño.

No esperó a que el agua se calentara. Entró a la ducha y dejó que el agua helada la empapara, erizando su piel, mientras se acostumbraba al frío.

Helga reconoció ese vacío en el estómago. Sí, así se sentía cada nuevo inicio. Le provocaba escalofríos y sentía cómo la sangre se concentraba en las yemas de sus dedos, haciéndolos punzar. También mucho tenía que ver que el agua fría le estaba entumeciendo cada parte. De vez en vez, ésa era su anestesia.

A pesar de toda su maraña de emociones, no pensaba mucho mientras se enjabonaba.

Sólo pensaba en él. Pensaba mucho en él. En que era un nuevo momento y una nueva oportunidad. Pero esta vez era diferente. Era la última oportunidad.

¿Eso era malo? Tal vez no.

En algún momento, realmente creyó que había llegado a acostumbrarse a estar enamorada del cabeza de balón. Sólo por estarlo. Porque era algo que había hecho durante prácticamente toda su vida.

Pero esa idea no trascendió mucho. Al paso del tiempo la encontró absurda, por una sencilla razón; ella no era la misma chiquilla sin control de sus emociones de hace 8 años. Ni siquiera era la misma de hace un año. Cada vez más, sus emociones maduraban, sus creencias se consolidaban, sus convicciones se cimentaban y su amor por Arnold, irremediablemente, se volvía inmarcesible

Escuchó el sonido del celular que anunció un mensaje entrante. Sin importarle mojar los botones del aparato, sacó la mano de la ducha y tomó el móvil para abrir el mensaje y poder leerlo.

P: ¡Hola, Helga! Pasaré por ti en 20 minutos, te preparé un emparedado.

H: Gracias Pheebs. Te veo en un rato.

Contestó deprisa para continuar con su ducha. Salió de la regadera con una toalla envuelta en su cabello y otra en su cuerpo.

Se vistió con premura. Como todo, como siempre. Generalmente esa chica todo el tiempo estaba moviéndose muy rápido, ya se lo habían dicho y ella también lo sabía.

Vestía unos jeans rotos color negro con tiro alto, una blusa holgada del mismo color con mangas largas y cuello redondo y completó su atuendo con un par de tenis desgastados color blanco y agujetas oscuras. Su rubio y lacio cabello le llegaba casi a media espalda, lo secó con la toalla sin gentileza; ni siquiera se molestó en cepillarlo. Sólo se lo acomodó detrás de sus orejas y bajó corriendo las escaleras.

Se colgó en la espalda su mochila en color rosa, la misma que había usado toda la preparatoria. Ésta tenía varios pines metálicos con el logo de algunas bandas de rock en la parte frontal, también se veían algunas figuras deslavadas como estrellas y corazones que alguien había dibujado con algún tipo de plumón, y en marcador morado, igual de ilegible, se leía la frase "Cool girl" con una caligrafía de molde.

Tomó su abrigo y salió por fin de su casa. Phoebe ya estaba afuera con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¡Helga! - la saludó su amiga de forma entusiasta, - me da tanta alegría verte, en verdad -. Se acercó para atrapar a la rubia en un gran abrazo, que Helga no pudo rechazar, ella también estaba muy feliz de verla. - ¿Cómo te fue en Nueva York? ¿Cuándo volviste? – preguntó animada la oriental.

- Yo también te extrañé Pheebs. Me fue bien y... - hizo un esfuerzo para recordar la última pregunta sentenciada por su amiga, - hace dos días. Bob y Miriam siguen allá, pero yo volví porque ya era demasiado. Casi dos meses en casa de Olga es criminal, creo que necesitaré terapia – bromeó, sacándole a su amiga una carcajada, mientras comenzaban a caminar.

Helga había pasado prácticamente todas las vacaciones lejos de Hillwood y de sus amigos. Volver a verlos después de tanto era algo que le daba mucha alegría, pero no iba a admitirlo en público.

Las chicas subieron al autobús, encontrándose caras conocidas. Tomaron asiento justo delante de Lila y Rhonda; la primera hablaba de sus vacaciones con emoción diciendo algo de haber conocido a su nuevo príncipe azul, mientras que la segunda maquillaba sus labios con cuidado.

- Lila, querida, ya llevas tres príncipes azules en los últimos cuatro meses... - puntualizó la pelinegra, sin querer sonar incriminatoria.

- Vamos, Rhonda - interrumpió Helga mientras se acomodaba en el asiento delantero para mirarlas, - ¿no crees que eres la menos indicada para enumerarle las conquistas a Lila?

Rhonda rió sin sigilo. - No es que quiera enumerarlas... - guardó su espejito en su bolso y miró fijamente a sus amigas, - sólo creo que no es la mejor forma de llamarle a alguien que acabas de conocer -. Clavó sus ojos en Lila de nuevo, mientras ésta rodaba los ojos soltando un puchero.

- Lo sé... - murmuró la pelirroja, - es que al final siempre pasa algo que me decepciona - Lila bajó la mirada, se quedó pensativa y con un aire un poco triste, - y honestamente... ya no sé si soy yo el problema.

- Claro que no eres tú - siguió Phoebe dedicándole una sonrisa a su amiga, - no está mal que cambies de opinión, o que descubras que no era lo que esperabas.

- Además, a quién le importa una conquista de verano, Sawyer. - dijo Rhonda llamando la atención de la joven nuevamente, - este año estará lleno de chicos de intercambio y tomaremos clase con ellos. Quién sabe… - sonrió, - quizás esta vez conozcas a un príncipe de verdad.

La joven Lloyd le guiñó el ojo a su amiga pelirroja, a lo que la aludida sólo pudo sonrojarse levemente y dejar que le adornara el rostro una suave sonrisa.

El autobús llegó a su parada. Habían llegado. Una vez más en ese lugar. El último primer día. La última oportunidad.

Una vez que bajaron, Rhonda se giró bruscamente hacia la rubia y se le echó en brazos.

- Por cierto – murmuró - bienvenida, maldita perra, - le dijo en tono bajo sólo para que ella pudiera oírla, - te extrañé mucho.

Helga afianzó el abrazo - yo también te extrañé, Barbie barata.

Lila se aproximó para imitar a su amiga pelinegra, pero su abrazo fue más dulce y sin tantos improperios.

- Dos meses fue mucho tiempo, Helga - le dijo mientras la rodeaba de la cintura, - pero me alegra que ya estés de vuelta.

Lila se separó de la rubia, lo cual agradeció porque ya estaban empezando a incomodarle tantas muestras de afecto.

- Bueno, ya… - una voz masculina hizo voltear a las chicas, - dejen algo de Helga para después.

- Tú cállate, Johanssen - le ordenó Rhonda toscamente, - tu fea cara tampoco recuerdo haberla visto por aquí en todo el verano.

- ¿Insinúas que mi cara es fea? - cuestionó Helga inquisidora y amenazante.

- No - se defendió la chica Wellington, - insinúo que tú al menos tuviste la cortesía de avisar que te irías… - fulminó al moreno con la mirada - en cambio este desgarbado…

- Phoebe sí sabía que Gerald se iría - acusó Lila, a lo que la oriental se sonrojó.

- El cabeza de cepillo habla todo el tiempo con Phoebe, era obvio que ella sabría…

- ¿Y por qué no nos dijiste? - preguntó Rhonda indignada.

- Pues a Lila sí le dijo… - picó Helga.

- Oye, cállate… - Lila quiso sonar agresiva, pero no podía verse más tierna.

- Ustedes son unas traidoras - sentenció Rhonda finalmente.

- Además, Gerald no se fue todo el verano, sólo fueron tres semanas… - Phoebe se acomodó los lentes y comenzó a adentrarse en los pasillos de la preparatoria. Todos la siguieron.

- Como sea - objetó la pelinegra haciendo una seña obscena con su dedo medio, mostrándoselas a sus amigos, - ya tengo una gran idea para que todos los ausentes paguen su tiempo perdido fuera de mi radar.

- Esos somos tú y yo - señaló Helga al moreno.

- ¿Ah sí? - dijo Gerald incrédulo, - ¿y de qué se trata?

Rhonda se interpuso entre los dos para abrazarlos por encima de sus hombros, aunque el 1.90 del moreno le complicara la tarea.

- Me van a ayudar a organizar el baile de Bienvenida - dijo sonriendo tierna pero diabólicamente.

- Oh no Rhonda, eso sí que no - se negó el otro en seco.

- Estás loca, princesa. Además yo no pienso ir a ese ridículo baile.

Rhonda se colgó ahora del cuello de la rubia.

– Naturalmente, no te estoy preguntando, Geraldine - la besó en la mejilla y la ojiazul la aventó bruscamente para zafarse del gesto afectuoso, - vas a ir porque me lo debes, ¿crees que abandonarme todo el verano no tiene consecuencias? No, no, no, Helga - movió su dedito índice frente a la rubia y ella lo tomó con agilidad lastimándola por un momento. Rhonda gritó de dolor pero todos pudieron notar que exageraba, - eres una bestia - culpó finalmente.

-Sí, y me amas.

-Muy a mi pesar.

Las chicas caminaron directamente a sus antiguos casilleros. Helga abrió el suyo para guardar su ropa deportiva que usaba para sus prácticas de fútbol americano. No sabía si empezarían ese día, pero no quería olvidarla después.

- Oye, ¿dónde está Arnold? - preguntó Phoebe al notar que el rubio no se había aparecido.

- Sí, Johanssen, ¿dónde está tu sanguijuela? - molestó la ojiazul, aunque muy interesada en la respuesta.

- No lo sé. No he hablado con él.

El celular de Helga vibró anunciando un nuevo mensaje.

A: Hola, Helga. Tengo clase contigo, ¿me guardas un lugar? Se me hizo un poco tarde…

La chica tecleó rápidamente para responder.

H: Rápido, malandrín. Sabes que odio guardar lugares. Yo nunca respeto los lugares que alguien aparta.

A: ¡Gracias! Eres la mejor, ¿Lo sabes?

Helga sonrió, pero se mordió el labio insistentemente, regañándose internamente.

H: Sí. Lo sé.

Contestó con simpleza.

- Encontré a la sabandija. Dice que tiene clase con nosotros y que llegará un poco tarde.

- ¿Te dijo por qué? - preguntó Gerald extrañado. La impuntualidad no era un hábito de su amigo.

Helga negó con la cabeza al mismo tiempo que se metía a la boca una de sus gomas de mascar.

Un nuevo mensaje entró al celular de la rubia.

A: Por cierto, ¡Bienvenida!

H: Cuando llegues me recibes como se debe. Por ahora deja de molestarme y mueve tu trasero.

A: Yaaa, ya voy.

Como era de esperarse, Phoebe tomó un pupitre casi frente al escritorio del profesor. Helga arrojó su mochila dos asientos después de donde Phoebe, indicando que ésa sería la butaca de Arnold. Ella tomó lugar justo detrás de Pheebs. Se sentó cómodamente sobre una de sus piernas mientras inflaba bombas de goma púrpura sin ninguna discreción. A su izquierda se sentó Rhonda, y Gerald atrás de ésta.

Un hombre de unos treinta y tantos años entró al salón, con una laptop bajo el brazo y un termo de café. Dejó todo en el escritorio y se sacó el abrigo, mientras hacía un gesto como si estuviese contando a los alumnos y divisando las sillas vacías.

- Bien, parece que están casi todos - diciendo esto se aproximó hasta la puerta del salón para cerrarla por fin cuando se topó con un chico que venía aprisa, casi patinando para evitar quedarse fuera de clase.

- Buenos días Señor Lawrence, perdón por la tardanza - se disculpó el joven cuando por poco le aplastan la nariz con la puerta.

- Señor Shortman, me sorprende que sea usted quien se tome más de 5 minutos para llegar a mi clase - se aventuraba el profesor mirando su reloj y lanzándole una mirada acusadora al rubio.

- Lo sé profesor, perdón… no se repetirá.- Se excusó Arnold por segunda ocasión, rogando que su profesor no decidiera finalmente dejarlo fuera.

- Eso espero, Señor Shortman.- dicho esto, jaló la puerta hacia consigo para permitirle el paso al rubio, quien sin titubeos entró, tomando lugar en el escritorio tras Helga que distinguió como suyo de inmediato.

-Gracias…- le susurró el rubio a la ojiazul muy, muy cerca de su oído.

Helga lo maldijo en silencio. Qué bueno que había decidido usar su cabello suelto ese día, porque de lo contrario, Arnold se hubiera percatado de la manera en la que la piel de su cuello se erizó al sentir su aliento tibio y con un ligero olor a menta.

- Buenos días jóvenes - inició el impecable hombre – si no me equivoco, a más de uno le di clase el año pasado. Pero para los que no me conocen, mi nombre es Hans Lawrence y estaremos juntos en la clase de ciencias.

Mientras hablaba, el profesor escribía en la pizarra su nombre completo y los horarios en los que se vería con el grupo durante la semana.

- Como ya saben - continuó – para mi clase es esencial presentar en parejas un proyecto al finalizar el ciclo.

Un quejido de disgusto se escuchó a una voz.

- Supongo que sus lamentos significan que prefieren que yo asigne a sus compañeros de proyecto - dijo burlón el hombre, sacando lo que parecía una lista provisional.

- Ugh, ¿esto no puede ser peor? - susurró Helga pensando que si el profesor hacía la elección de parejas sería muy poco probable que a Phoebe y a ella les tocara juntas.

No podía darse el lujo de realizar un mal proyecto para ese año, y menos porque en la feria de ciencias pasada había hecho el ridículo junto con Eugene, al hacer estallar el laboratorio con una lámpara de lava, lo que casi le cuesta el verano.

- Señorita Heyerdahl, trabajará con Arnold Shortman…

Al oír esto, Helga echó para atrás su cabeza recostándola en el respaldo de su asiento, cubriéndose el rostro con el antebrazo

- Es el final. Adiós verano. - dijo dramática.

- Helga, no te preocupes - volteó Phoebe para darle ánimos a su amiga, – sé que harás un gran proyecto de ciencias.

- Sí Phoebe, lo único que necesito es que el mismo Einstein salga de su tumba, venga hasta acá y me ayude a hacerlo.

Arnold no pudo evitar soltar una risa ante el comentario de la rubia, quien se quitó la mano de la cara y abrió los ojos para encontrarse con la mirada esmeralda, que la veía con diversión.

- ¿Qué es tan gracioso? - dijo sin dejar de mirarlo, permaneciendo en esa posición tan peculiar.

- Es un aula libre, Helga, puedo reír si quiero - le sonrió amistosamente.

- ¿Me estás retando?

- No - dijo fingiendo demencia, - te estoy citando mis derechos.

- A la siguiente, no me molestes con tonterías de apartarte asiento, por favor.

- Ya, Helga - intervino el moreno, – mejor agradece que Eugene no está en nuestra clase.

El comentario hizo que Arnold volviera a reír discretamente. Helga se incorporó y pasó un brazo por detrás suyo a la altura de las rodillas de Arnold, golpeándolo a puño cerrado, sacándole un quejido inaudible, por lo que ahora ella rió.

Giró su cabeza por encima de su hombro para asegurarse de que Arnold la escuchara. – Ya cállate Arnoldo, o afronta las consecuencias.

- Como digas, Helga.- respondió él, apretando la piel del cuello de la rubia con sus dedos índice y pulgar, casi como un pellizco. No la lastimó, ni a ella le molestó. Aquel acto parecía más un capricho por querer tener un contacto físico con ella a como diera lugar.

- Bien… Gerald Martin Johanssen trabajará con Zack Miller… - el profesor seguía asignando parejas y las escribía en una hoja para no olvidarlas.

- ¿Zack Miller no fue el tercer lugar en la feria de ciencias del año pasado? - preguntaba Phoebe tratando de recordar.

- Wow, estamos de suerte, Arnie - Gerald tocó el hombro del aludido con su puño, saboreándose los dos una anticipada buena nota, –primer y tercer lugar, no suena nada mal.

- Señorita Pataki…. - la atención de la rubia fue captada de inmediato, no quería preguntar por distracción quién era su compañero. Alistó su bolígrafo para anotar el nombre de la persona que le asignarían para el proyecto.

- Trabajará con Adam Bélanger…

"Adam", el nombre retumbó punzante en la cabeza de Arnold.

Helga ni siquiera supo cómo escribir ese apellido. Era extraño, jamás lo había escuchado.

- ¿Bélanger? - preguntó el moreno arqueando una ceja, – ¿eso no es… francés?

"Es francés…", acertó el rubio en sus pensamientos.

- Helga, debe ser de los chicos de intercambio... - susurró Phoebe, buscando una cara que no fuese familiar; que de hecho, eran pocas.

"Sí, es de intercambio, es francés… y es el estúpido que me robó la ducha en la mañana…".

- Creo que no tenemos el gusto de conocerlo, Señor Bélanger - dijo el profesor al tampoco parecerle conocido aquel nombre.

Un chico sentado a la derecha de Arnold se puso de pie. El rubio lo miró y la sangre se le heló de momento.

"Debe ser una broma…".


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FLASHBACK

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"¡Oye, Arnold!"

"¡Oye, Arnold!"

"¡Oye, Arnold!"

"¡Oye, Arnold!"

La tediosa alarma comenzó a sonar estrepitosamente. Arnold la desconectó en el acto. Se desperezó, estirándose y tallándose la cara.

"Ocho treinta, genial…", se animó a sí mismo. Tomó una toalla y se apresuró al baño para poder ducharse y tenía poco tiempo para estar listo.

Era el primer día. El último primer día de la preparatoria.

Generalmente, los nuevos comienzos lo hacían sentir feliz. Se sentía como si recibiera el año nuevo otra vez. Le daba un nuevo sentido a todo; a sus expectativas, a sus sueños, a sus ideales. Arnold sentía que era una nueva oportunidad para hacer o no hacer, para enmendar o comenzar, para lograr o renunciar.

Pensaba en ella… pensaba mucho en ella. En que era un nuevo momento y una nueva oportunidad para hacer algo con los sentimientos de los que era esclavo desde hace unos años.

Primero comenzó como una inquietud; ella era intrigante, misteriosa, un enigma. Un acertijo tan difícil de descifrar pero tan sencillo a la vez, porque en la mirada azulada encontraba todas sus respuestas, incluso ésas de preguntas que no sabía que tenía. Y entre más la conocía y la entendía, más le gustaba. Helga no dejaba de sorprenderlo. Nunca.

Después, con más claridad, se convirtió en un deseo. Un anhelo ferviente. Helga se había convertido en todo lo que necesitaba en su mundo. Desde una amiga incondicional, con la que podía compartir cualquier momento, cualquier secreto, cualquier pesar, cualquier dicha. Helga era un soporte para no sucumbir ante las dudas, porque no sabía cómo, pero Helga siempre tenía opciones, soluciones, acciones.

Era la mujer más valiente que había conocido, pero él podía reconocer cuando algo le daba miedo.

Era la mujer más entera que había conocido, y también podía saber cuando su alma estaba rota.

Era la mujer más transparente que había conocido, pero se daba cuenta cuando pretendía esconderse detrás de su temple frío.

Era la mujer con el corazón más sensible, pero a su vez más duro e impenetrable.

Y amaba su dualidad.

Finalmente, su inquietud y deseo, se convirtieron en un miedo irracional a perderla, a fracturar su relación; ese vínculo tan estrecho que después de tantos años había logrado tener con ella.

Sí, tenía miedo. Mucho, mucho miedo. No quería imaginarse ajeno a ella, o ella ajena a él.

Pero para eso eran los nuevos comienzos, para decidir.

Contento, emocionado, ansioso, y pensando en sus angustias de adolescente, caminó hasta el WC, y todo indicio de buen humor se desvaneció al encontrarse con la puerta del baño cerrada. Esto lo desconcertó, y fue más su asombro cuando escuchó la regadera del otro lado.

Definitivamente alguien se le había adelantado, ¿pero quién? Para esa hora la mayoría de los inquilinos ya no estaban en casa y sus padres y abuelos se despertaban mucho más temprano. Era raro que la ducha estuviera ocupada. Muy raro.

Bajó a la cocina y se encontró con su madre en el comedor, quien esperaba a que su humeante taza se enfriara un poco, en lo que ojeaba un libro. Su padre, por otro lado, tarareaba una canción que parecía algo como "Here come the sun" de los Beatles, bastante desafinada debe decirse, mientras cocinaba algo que olía a tocino, queso y salsa de tomate.

- ¡Arnold! - dijo Stella con una sonrisa que se borró en cuanto miró a su hijo, -¿Por qué no te has vestido? - preguntó con simpleza.

– Porque… no me he duchado - respondió el menor de los Shortman aún con más simpleza, pero queriendo sonar mordaz. - ¿Quién está en el baño? - completó intranquilo.

- Está bien hijo, puedes desayunar en lo que Adam sale del baño - le invitó su padre mientras acercaba a la mesa dos platos que lucían exquisitos: huevos con salsa y albahaca, panceta frita y unas rebanadas de pan con un poco de mantequilla y queso.

- ¿Quién? - dijo casi en un chillido sin comprender.

Stella miró a Miles de forma incriminatoria, lo que hizo que el aludido se tensara un poco y se llevara una mano a su nuca.

- Miles… - reprochó ella.

- Lo siento, linda - dijo su esposo encogiéndose de hombros - pensé que tú le dirías…

- ¿Decirme qué?

- Desde la semana pasada acordamos que tú le dirías… - insistió Stella.

- ¿Qué cosa…?

- Pero ayer dijimos que yo pasaría por Adam al aeropuerto y tú aprovecharías para hablar con Arnold…

- ¿Sobre qué? ¿Quién es Adam? - la impaciencia en Arnold crecía, y más porque todo aquello parecía un juego que constaba en ignorar al rubio de la manera más magistral.

- No pero yo te dije que…

- ¡¿Qué cosa?! - No fue un grito. Fue más como un llamado, una súplica. Creía que más que ignorarlo, las reglas del juego consistían en confundirlo.

- Buenos días…

Una voz que evidentemente Arnold no reconoció provocó que los tres voltearan al marco de la puerta de la cocina.

Si alguien había ganado en ese juego de confundir a Arnold, había sido ese chico con acento extraño.

Arnold lo miró. Alto, tez blanca, cabello castaño aún húmedo por el recién baño que había tomado. Ojos grandes y expresivos del mismo color que su cabello. Complexión ejercitada, pero no como esos chicos tontos que son puro músculo y nada de cerebro. No. Él parecía como si lo hubieran esculpido a mano.

Vestía unos jeans muy convencionales color tinto y un suéter negro, del cual había subido las mangas hasta los codos.

- ¡Buenos días, Adam! Ya está listo el desayuno - canturreó Miles entusiasmado. Stella carraspeó la garganta y lo fulminó con la mirada, - ¡Ah sí! Adam, él es Arnold, nuestro hijo.

Adam le dirigió una amplia sonrisa al rubio como saludo, pero ni eso pudo sacar al joven de sus cavilaciones.

¿Qué carajo acababa de pasar ahí?

- Hola, Arnold - dijo el extranjero, evidenciando esta vez más su acento, - me da mucho gusto conocerte, mon pote.

"Francés…", pensó Arnold.

- Adam llegó anoche, Arnold. Nos contactó hace unos días para rentar una habitación - Arnold se giró para mirar a su madre, - va a estudiar su último año en tu escuela, ¿no es genial? – sonrió inocente.

Arnold permaneció estático mientras seguía procesando todo aquello, – Hola, Adam… igualmente – fue todo lo que pudo decir.

El extranjero le sonrió de nueva cuenta para después dirigirse a los señores Shortman.

- Siento mucho no poder desayunar con ustedes hoy, pero no quiero que se me haga tarde. Me gustaría caminar a la preparatoria para conocer un poco el vecindario y… - miró su reloj mientras seguía explicando, - si salgo ahora, apenas estaré a tiempo.

Los señores Shortman asintieron sonriendo y Miles le entregó al chico lo que parecía una bolsa con algún tipo de bocadillo para que el joven lo comiera a medio día. Conmovido y agradeciendo el gesto, Adam salió no sin antes mirar a Arnold de nuevo.

- Te veré más tarde, Arnold. - sonrió sin esperar respuesta dejando a un rubio perplejo y aún adormilado… y por si fuera poco, en pijama.

- Arnold… - llamó Stella a su hijo para regresarlo a la tierra otra vez, - no quiero presionarte pero si no te das prisa llegarás muy tarde a la escuela.

El ojiverde miró el reloj de la cocina y después de darse cuenta que faltaban menos de 15 minutos para las 9 y él aún no estaba duchado, maldijo de forma interna y corrió nuevamente hacia arriba para alistarse.

Tomó su celular y texteó rápidamente a Helga avisándole que llegaría tarde.

Vaya nuevo comienzo. Todo apuntaba para ser un gran último año.

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FIN DEL FLASHBACK

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- Buenos días Señor Lawrence - dijo dirigiéndose al profesor para posteriormente atinar a hablarle a los demás alumnos – me da mucho gusto estar en esta clase.

A pesar de que tenía un buen manejo del inglés, su acento no pasó desapercibido. Había que admitir que el chico tenía su encanto. Era increíblemente bien parecido, además de que inspiraba mucha simpatía. Todas las chicas de la clase lo miraron bobamente y no se hicieron esperar los cuchicheos entre ellas.

"Por Dios, qué apuesto…"

"Maldita Helga…"

"Su acento es tan sexy…"

El joven Adam se ruborizó levemente, - evidentemente no conozco a mi compañera de proyecto, señor… - atinó a decir.

- Tiene razón, Bélanger - el profesor cargó su mirada hacia la rubia, haciendo que Adam lo hiciera hacia la misma dirección, - Helga Pataki…

Escuchar su nombre de nueva cuenta hizo que la rubia se incomodara un poco, ya que seguramente el profesor haría que se pusiera de pie y se presentara con el nuevo chico.

- Dele la bienvenida a su compañero, Adam - Lawrence hizo una seña para que se levantara del asiento, – y por favor, hágalo sentir como en casa.

Adam miró a Helga con coquetería, lo que hizo que más de una chica de la clase sintiera celos de la joven.

- Bienvenido, Bélanger - saludó la chica de la manera más natural que le fue posible. El joven francés, que no estaba tan lejos de ella, le extendió la mano cortésmente a la rubia, quien lentamente y dudosa aceptó el saludo.

- Es un gusto para mí trabajar con usted, mademoiselle - al decir esto, Adam se inclinó un poco, a su vez que levantaba gentilmente la mano de Helga para posar un beso en ella. El roce de sus labios en la piel de la ojiazul fue casi imperceptible. Arnold, que tenía justo frente a sus ojos las manos entrelazadas de los chicos, presenció aparentemente indiferente el suceso. Pero no iba a engañarse, no fue nada de su agrado.

Incómoda, pero sin ser obvia, se soltó del agarre del francés para tomar su lugar nuevamente.

- Bien, sigamos… Stinky Peterson trabajará con…

Rhonda se giró de su asiento para poder ver a Helga cara a cara.

- Eres una… - dijo susurrando, pero no terminó porque Helga la calló antes.

- Shhh, cállate princesa.

Rhonda rió discreta, - te envidio, maldita sea…

- ¿Tú? ¿A mí? No seas ridícula.

- Helga… está exquisito ese francés - dijo apretando los dientes para verse más coqueta aún, - si tú no lo quieres, yo sí - dijo sonriente y descarada, como si de un trofeo se tratase.

La rubia rió por lo bajo, – tranquila, Rhonda. El francesito es todo tuyo.

- ¿Qué? ¿Me vas a decir que no te gustó? - apuntó inquisidora.

–Sí, me gustó…

Las palabras de la rubia hicieron que Arnold, quien permanecía atento a la conversación, se tensara.

No. Más que eso. El joven Shortman no pudo describir la sensación, pero definitivamente no era nada grata. Era algo que le revolvía el estómago y que venía acompañado de un hormigueo que iba desde las yemas de sus dedos hasta su pecho.

- Pero no tengo cabeza para pensar en chicos por ahora - continuó Helga, haciendo que Arnold regresara en sí, –sólo espero que este Bélanger sea un erudito en ciencias.

- Querida, ¿no te gustaría averiguar qué tan instruido está en otras "áreas"? - Rhonda mordió la punta de su pluma.

- Eres una resbalosa - acusó la ojiazul.

-Sí, y me amas.

-Muy a mi pesar.

Todo el día transcurrió de manera normal. Una clase tras otra. La cafetería llena de basquetbolistas bobos, entre ellos Johanssen. Porristas meneándose por todos lados, entre ellas Rhonda. Los pasillos repletos de nuevos estudiantes observando carteles con convocatorias para participar en distintas actividades que la escuela organizaba. Otros anuncios pegados en las paredes invitaban a eventos sociales como obras de teatro, cine cultural y obras de caridad.

Y claro, cómo olvidar el cartel del gran baile de bienvenida.

- Princesa, ¿es en serio? - Helga vio el anuncio y rodó los ojos.

- Muy en serio - secundó Lila, entregándole un flyer con todos los datos del evento en cuestión.

-No gracias, campesina, no necesito esa basura, de cualquier forma Rhonda se encargará de recordármelo – dijo con pesar.

Phoebe aceptó el volante que Lila tenía en la mano para leerlo, mientras la pelirroja le contaba que había conocido a un guapo chico eslovaco en su clase de matemáticas.

- Ojalá sea él quien me invite al baile… - cantó soñadora, la pelinegra sólo atinó a reír.

- ¡Oh! Gracias Lila, eso es importante – dijo Rhonda como recordando algo, apretando una mejilla de la pelirroja con dulzura, sacándole una expresión confundida – todos, sin excepción… - miró a Helga de forma desafiante, enfatizando la palabra excepción – deben de tener una pareja para el baile. Y vayan pensando a quién quieren nominar para ser el rey y la reina. – dijo Rhonda finalmente, arrugando uno de los flyers y metiéndolo sin cuidado a la mochila de Helga.

- Claro, habíamos olvidado esa insignificante ridiculez – refutó la rubia.

- ¿Y sabes qué es lo más ridículo? – secundó Gerald que acababa de llegar junto con Arnold, integrándose a la plática.

- ¿En serio existe algo? – replicó Helga escéptica.

- Que siempre se nominan a los de doceavo grado para ser rey y reina del baile… - dijo en un tono de voz algo tétrica.

- ¡ASÍ ES! – Lila gritó emocionada, aturdiendo a sus amigos y a otros chicos que apenas pasaban por ahí – yo nominaré a Phoebe y a Gerald.

Los mencionados se ruborizaron instintivamente.

Helga rió burlona, - tenías razón, zopenco, sí había algo más ridículo – dijo, guiñándole un ojo a Phoebe.

Todos caminaron para esperar el autobús. Helga se concentró en su teléfono, colocándose sus audífonos y aventurándose en el reproductor de música de su celular, cuando un francés hizo una sigilosa aparición.

- Helga, ¿cierto? - dijo fingiendo haber olvidado el nombre de la menor de los Pataki.

- Ajá, y… francés, ¿no es así? - mencionó sarcástica, lo que provocó que Adam riera, captando la atención de Arnold.

- Creo que sería buena idea que intercambiáramos teléfonos, ya sabes, por el proyecto…

- Claro, el proyecto… - repetía Helga sin evitar ser irónica.

Adam sacó su teléfono y se lo dio a Helga para que ella pudiera teclear su número. Así lo hizo y se lo devolvió sin más, cuando el autobús llegó a la parada.

- Supongo que tú y tus amigos tomarán el autobús - dijo Adam, cediendo el paso a la joven para que pasara primero que él en señal de cortesía, pero Arnold se adelantó.

- Así es, hermano, parece que la ciencia de lo obvio se te da muy bien - intervino el rubio. Adam rió simpático, pero notando cierta hostilidad de parte del chico.

- Hola, Arnold. Qué gusto verte de nuevo. - dijo el extranjero entendiendo un poco de qué iba aquello, sin borrar su sonrisa.

Ese gesto del francés ya empezaba a exasperar al joven Shortman.

- ¿Ya se conocían? - preguntó Helga algo extrañada.

- Sí… - apuntó Arnold sin dejar de ver a Adam. Ambos fruncían un poco el ceño debido al escaso pero obstinado sol que se asomaba, por lo que parecía que los dos jóvenes habían adoptado un semblante poco amable, - pero no le había dado la bienvenida a Adam como se merece.

El rubio le extendió la mano al francés, quien se la dio sin dudar, recibiendo de parte del joven Shortman un apretón de manos nada amistoso.

– Bienvenido a Hillwood - dijo mirándolo fijamente y soltándolo con prontitud.

Helga presenció la escena un tanto estupefacta. "¿Pero qué fue todo eso?", pensó para sí. Subió sin decir nada. El rubio la siguió, adelantándose al francés. Pero la rubia finalmente se sentó junto a Phoebe, Gerald junto a Adam, frente a las chicas, y Arnold compartió asiento con Rhonda, detrás de las mismas.

- Y dime, viejo - el moreno comenzó a sacarle charla a Adam en señal de hospitalidad, – ¿cuánto tiempo llevas en Hillwood?

Adam se encogió de hombros y rió tímidamente, - realmente mi tiempo en Hillwood ha sido poco. Llegué ayer muy tarde y sólo dormí unas horas. Me levanté muy temprano para estar a tiempo en clase. No me he dado la oportunidad de conocer el vecindario.

- No te preocupes - seguía Phoebe, – tenemos mucho que enseñarte, te va a gustar el lugar. ¿Dónde te estás quedando?

- Pude encontrar una casa de huéspedes en una zona céntrica. Creo que es perfecta para mi estancia aquí en Hillwood.

Arnold rodó los ojos. Phoebe y Gerald se miraron cómplices entendiendo de qué iba. ¿Cuántas casas de huéspedes podía haber en Hillwood?

- A decir verdad, la familia de Arnold ha sido muy amable conmigo.

- Sí… son…- Phoebe vio cómo Arnold le hacía una seña que indicaba que no continuara, por piedad, – adorables. - concluyó.

Helga rió disimulada. Miró por arriba de su hombro encontrándose con la mirada de Arnold, quien le regresó la mirada suplicante que le dedicó a Phoebe.

La rubia se giró en su asiento, dándole la espalda de nuevo a Shortman. Sacó su celular y lo texteó de inmediato.

H: ¿Ya me vas a decir por qué llegaste tarde?

Arnold sabía que lo había mensajeado, incluso antes de que su celular vibrara anunciando el mensaje entrante. Contestó a prisa.

A: Me ganó el baño en la mañana…

Helga rió al leer el mensaje.

H: Pobre cabeza de balón…, bromeó.

A: No te burles, ¿quieres?, suplicó él.

Arnold soltó un quejido. Casi nadie pudo oírlo, excepto Rhonda que iba a un lado de él.

- Arnold, ya relájate, ¿sí? Me estás poniendo nerviosa - murmuró la joven Wellington mientras retocaba su maquillaje, aparentando indiferencia ante lo que pasaba, cuando en realidad era todo lo contrario, - Adam no es rival para ti, y lo sabes…

- No sé de qué hablas, Rhonda - dijo el aludido sin mirarla.

- Ay, vamos - la chica golpeó el hombro del rubio con sutileza, – te estás muriendo de celos porque el exquisito francés no deja de ver a Helga.

El joven intento permanecer sereno, y lo estaba logrando. No le dirigía miradas a su interlocutora, sólo miraba hacia el frente un tanto perdido.

- ¿Se me nota mucho? - atinó a decir por fin.

- Pues… - dudó, - no… tanto. – rió finalmente.

Arnold rodó los ojos en señal de fastidio. Pero a quién quería engañar. Los coqueteos de Adam con Helga le hacían sentir ese hormigueo incómodo y nauseabundo.

- ¿Cuándo te le vas a declarar? – soltó la chica, directa.

- ¡Shh! - Arnold miró a Rhonda con sorpresa, después cargó su mirada a Helga y agradecía que tuviera puestos sus audífonos.

- Aaah, ¿entonces sí planeas hacerlo? - Rhonda estaba conteniendo un grito.

- Sí… ¡No! No, no… - tartamudeó nervioso, - es que… es complicado.

- Querido, tú eres el complicado.

- Lo sé… - Arnold recargó su cabeza hacia atrás y empezó a mirar a la nada, - tengo miedo, ¿sabes?

Rhonda lo miró extrañada - ¿miedo?, ¿de qué?

El rubio suspiró inaudiblemente, - de arruinarlo todo…

Su amiga le tomó la mano y se la apretó amistosamente, – pues… nunca sabrás qué pasará si no lo intentas… - le dedicó una sonrisa al ojiverde.

Shortman la escuchó atento. Sabía que Rhonda tenía razón. No le gustaba victimizarse ante sus pensamientos y sentimientos, no iba con él. Quería ser simple y actuar. Para eso eran los nuevos comienzos, para arriesgar.

Arnold sacó su teléfono celular y mensajeó de nuevo a Helga.

A: ¿Harás algo más tarde?

Helga mantuvo sus ojos cerrados casi todo el camino, recargando su cabeza en el respaldo. Sintió la vibración de su celular y la hizo regresar al mundo real de nuevo. Vio otro mensaje recibido de él…

Siempre sentía que el corazón se le iba a salir. No importaba si sólo le preguntaba alguna estupidez de la escuela, o si quería saber dónde estaba Gerald. El vuelco del corazón era inminente, bastaba con ver su nombre en la pantalla.

Contestó el mensaje después de estirar sus brazos un poco.

H: No sé… creo que no.

A: ¿Quieres ir al cine?

Una boba sonrisa se dibujó en el rostro de ella. Cuando se atrapó en el acto se reprochó, pero enseguida lo volvió a hacer, sonreía porque simplemente no lo podía evitar.

H: Sólo si me dejas pedir palomitas con extra mantequilla y extra queso.

A: Es un trato.

Arnold se descubrió sonriendo, después giró su cabeza para saber si alguien había visto su cara de idiota.

- Helga… - Adam la llamó, sacándola de su ensoñación, - ¿tienes algo qué hacer esta tarde? Me encantaría que me mostraras tus lugares favoritos del vecindario.

Arnold no miró, sólo se mantuvo atento para poder escuchar.

- Lo siento Adam, hoy tengo planes.

El rubio sonrió de nuevo, pero ahora sin importarle quién pudiera verlo.

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NOTA DE AUTORA:

Hola mi gente!

Como pueden ver, y si recuerdan un poco, la esencia es muy similar a la historia que ya habían leído. Sin embargo sí tiene bastantes variaciones. Trabajé un poco más en la narrativa, el manejo de los personajes y la trama. Como les dije, perdí todo el avance que tenía de este proyecto y prácticamente tuve que empezar de nuevo. Y debo admitir que, aunque me molesté al principio, ya le estoy agarrando el gusto a reeditar caps xD (broma).

Si llegaste hasta aquí, gracias (inserte emoji de corazón). Déjame saber si te agradó este capítulo! Eso siempre ayuda y sube el autoestima uwu

No sé si recuerdan, pero en las notas pasadas les había dicho que la historia la iba a adaptar a la serie tal cual la conocíamos. Así que todo lo del beso en Industrias Futuro y San Lorenzo nunca pasó. Los sucesos ocurridos en las películas "Salvando al vecindario" y "The Jungle Movie" serán omitidos. Sigo en pie con esa afirmación, peeeeeero... honestamente me gustan mucho los personajes de Miles y Stella y siento que a veces me sirven mucho más para el contexto que Phil y Pookie, así que... sí aparecerán xD

La verdad me sigo peleando mucho con esta idea, y tal vez cambie de opinión después y decida que siempre sí. No sé. Ya lo descubriremos xD.

Gracias de nuevo gente, los amo.

PD: Gracias a mi betareader Kiruru Power, por aguantar todos mis dramas y mis días de reflexión existencial xD Sabes que eres especial (emoji de corazón). Por cierto síganla en sus redes! Está brutal! IG: kirurupower

PD 2: Gracias Mrs. Fitzberry por inspirarme. De verdad me ayudaste mucho para volver a animarme a retomar mi escritura. Gente! Si están en el fandom de MLB no pueden perderse su fic "A veces cometemos errores". Vayan a llorar y denle favs (corazón, corazón).

Ahora sí me largo. Gracias por diez mil.

Su amiga, Ale Mora.