¡No lo iba a vencer!

Ese era el pensamiento de Inuyasha mientras luchaba. Su ceño estaba fruncido, jadeaba mientras sus movimientos eran continuos como las maldiciones que lanzaba por no conseguirlo.

Intento, una, dos, tres y muchas mas veces. No obstante, las garras se lo dificultaban, y termino en frustración que provocó una furia en él.

No importaba si cambiaba su postura, se inclinara para ver mejor, no podia quitar ese maldito gancho.

-¿Lo hago yo? -se ofreció Kagome. Sin embargo, Inuyasha no se quería rendir.

-No, yo puedo hacerlo -repuso tetaduramente.

Mientras volvía a observar esa delgada y maldita prenda roja que cubría sus pechos.

Él podía.

Inuyasha no iba ser vencido por un simple corpiño. ¡Claro que no!

Pasados minutos, sudoroso, con la respiración pesada, cansado, pero no por la razon que Inuyasha quería. Finalmente, luego de muchos intentos y cuando la desesperación llegó a su tope mas alto. Pudo...

¡Darse por vencido!

-¡Maldita sea! -gruñó, sus manos que temblaban por la impaciencia le afectaba con la tarea de desabrocharle el corpiño-Tú y tus ropas extrañas -espetó hastiado de no poder quitarselo-¡Ya me canse! ¡Lo voy a romper, Kagome! -bramó dispuesto a acabar con su tormento.

-¡No! -gritó la mujer-¡No te atrevas!

-¡Si me atrevo! -gritó.

Kagome no podía creer con lo que dijo. No era un maldito reto.

-Me lo voy a sac...

Pero Inuyasha no la escuchó. El impulso de arrancarlo y liberar sus redondos y grandes pechos de esa maldita tela, era superior. Ya sea con sus dientes o sus garras, ¡iba a quitarselo!

Y optando por sacarlo con sus manos, tiró con tanta fuerza que terminó por desgarrarlo.

Kagome se sobresaltó, al momento que sus pechos fueron liberados y ya nada los cubría. En reflejo, sus brazos taparon sus pechos, mientras se giraba y le enviaba una mirada furibunda a la bestia de su esposo.

-¡Era mi favorito! -se quejó mientras su enfado se profundizaba al vislumbrar la sonrisa victoriosa de su marido como el roto corpiño que colgaba de su dedo y que posteriormente fue lanzado a un rincón.

No obstante, cuando Inuyasha se dispuso a que sus manos tocaran y acariciaran sus pechos, apretando la suave carne, como también su boca lo saboreara.

Kagome se lo impedió con la barrera que creó sus brazos.

- ¡Dijiste que esta vez lo quitarias sin romperlo! -ella le recriminó.

-Fah, no lo romperia sino te lo pusieras para empezar -se justificó acercandose a ella para tratar de apartar esos brazos-Simple, deja de usar esa cosa. ¿Para que la necesitas?

La boca de Kagome se abrió para responderle, pero la respuesta no salió de su boca, al esta ser presionada con la él. Sus lenguas batallaron juntas, a la vez que sus inquietas manos recorrían la piel de la mujer.

-Kagome.

Entre mas caricias que el hibrido le propociaba ella dejaba escapar gemidos cada vez mas fuertes. Y sus brazos que se apretaban a su pecho se liberaron para ir hacia la cabeza del hibrido y toquetear sus sensibles orejas.

-Inuyasha -pronunció cuando las manos de él se aprovecharon, y se colocaron en sus pechos al desnudo.

Mientras más y más jadeos eran producidos, extasiada en placer. Kagome con tal de seguir sintiendo esto y proteger los restantes corpiños de la bestia de su esposo, estaba llegando a la conclusión de dejar de usarlo, o al menos, desabrocharlo para él.