Powerpuff Girls no me pertenece.

Capítulo I

La proyección terminó y la amplia habitación se encontró en una terrible oscuridad durante pocos segundos, cuales a Bubbles le lucieron como horas; escuchó más allá de los jubilosos aplausos que recibía el cómo Buttercup tanteaba desesperadamente la pared, solamente para encontrar el interruptor.

Finalmente se alumbró su entorno, frente a ella una multitud de ojos expectantes la estrechaban entre intrigados y expectativos. La rubia sonrió por cortesía. Su presentación de arte fue un éxito en su totalidad, tras haber expuesto el fin de sus obras invitó a todos los presentes el acercarse a admirar sus pinturas, algunos se levantaron con narices en lo alto mientras que otros se mantuvieron en sus asientos. Después de navegar la atención hacia los alrededores Bubbles caminó tras las escaleras del escenario, bajando al suelo.

Unos brazos la estrecharon con fuerza, escuchó unos balbuceos orgullosos provenientes de Blossom y un ''no estuvo mal'' de Buttercup, sintió su corazón caía como una piedra en la mar, si tan solo el Profesor se encontrara allí. Negó con la cabeza ligeramente, deteniendo sus terribles pensamientos, no era momento de sabotear la felicidad de sus hermanas con recuerdos ácidos. Correspondió los halagos con unos besos tronados hacía sus mayores mientras daba brinquitos de felicidad.

Tras haberse graduado de la preparatoria, se abrió paso entre el mundo artístico con su habilidad innata, dejando atrás su vida como superheroína.

Sin contar que Townsville abandonó la peligrosa fama que mantenía, ahora manteniéndose en una taza de crímenes neutral, a su vez el primer puesto de la ciudad con más asaltos y homicidios era ahora perteneciente a otra entidad. Después de la última derrota de Mojo Jojo decidió jubilarse de aquello de ser ''malvado'', desde entonces todo iba viento en popa, como si la moral de todo ex maleante se haya visto afectada. No desaparecieron, simplemente ahora tendrían otras cosas más interesantes que hacer.

Para agradecimiento de Bubbles la noche transcurrió en relativa calma, simplemente sin contar el hecho que no se navegó por ahí su cabeza enmarañada favorita. Escondió una mueca tras un bonito vaso de vidrio mientras miraba a los ciudadanos admirar sus pinturas. Esperar una visita de su parte era bastante esperanzador. Y Bubbles se consideraba una idealista empedernida. Además, de las tres Powerpuff Girl, la que más secretos guardaba.

-o-

—Hace tres días fue mi presentación —murmuró mientras llevaba un humeante café a sus labios, evitando mirar al rostro a su interlocutor quien tenía los ojos puestos en ella, tras el fallecimiento de su padre empezó a incomodarle que le miraran directamente y con tanta intensidad.

—Hmn… Lo sé.

—Me hubiera agradado que fueras. —mencionó lo más bajo que su voz le permitía y con un deje amargo en labios a causa de la bebida. Con inesperada cohibición tragó audiblemente mientras movía su pie con insistencia en intento de esconder su ansiedad. Los dos sabían a donde iba aquella conversación, misma que siempre causaba discusiones entre la pareja. Se acomodó en su incómoda silla preparada para lo que venía.

Boomer soltó un suspiro a la vez que se rascaba la nuca, cansado. —También lo sé, Bubbles. —con la mano libre tomó un pedazo de pan considerable y se lo metió de uno en la boca, llenándola para no tener que responder a lo que continuaba.

—Si estuvieras en Townsville sería más fácil que los ciudadanos se adaptaran a ti, y a tus hermanos, si quisieran.

—Hmn…hmn.

—Incluso podrías trabajar cómodamente en alguna empresa de la ciudad, o acomodarte en algún programa del gobierno, tus habilidades especiales podrían ser de ayuda.

El rubio frente a ella se tomó el tiempo para engullir una deliciosa magdalena con chispas de chocolate, nervioso por el comienzo del sermón que su antigua enemiga y actual algo puso una su mano sobre la de la joven, en confianza. —Tu no usas tus ''habilidades especiales'' para trabajar, además, usar poderes es claramente de fenómenos, no quiero ser contratado solo porque puedo levantar un edificio o algo así. Por último, que terror estar en la misma ciudad que tus hermanas, sin contar que no tengo la menor idea de dónde están aquellos estúpidos.

Bubbles puso los ojos en blanco por la evasiva a querer vivir en la misma ciudad, no comprendía por qué se negaba a ver a Blossom y Buttercup, ellas se dedicaban a sus respectivos trabajos y se encontraban lo suficientemente ocupadas con sus vidas para llegar a notar el hecho de que un ex criminal es su novio.

Uh, bueno, no sonaba tan bien como creía. Y, además, todavía no era su novio. Aún.

—Si quisieras, ya los hubieras encontrado.

—Eso es lo de menos, lo que sucede es que no quiero. —se escondió entre sus hombros al notar el fruncido entrecejo por encima de unos preciosos ojos azules, probablemente soltó las palabras de manera imprudente, pero no entraba en discusión el hecho de nunca volver a pisar pie alguno en aquellas tierras, simplemente porque le recordaban a su ridículo pasado.

Si algún ciudadano conocedor de la historia entre los dos presentes vislumbrara aquella imagen le sabría de lo más surrealista y ridícula, la muy conocida heroína de la querida ciudad de Saltadilla se encontraba sentada con intensidad enumerando las cualidades de sus hermanas y las grandes oportunidades existentes en Townsville, mientras que su contraparte, Boomer, un hombre que en su juventud cometió demasiadas fechorías solo parecía hacer oídos sordos.

—Pero ¡¿qué es lo que te da miedo?! ¡por dios Boomer! ¡ya estás peludo!

El caballero se atragantó con su café tras la confianzuda y desvergonzada frase de la atractiva señorita, pero es que la rubia era una atrevida de lo peor, desde que aquella extraña relación comenzó a florecer de manera silvestre no dejaba de sorprenderle la personalidad y actitud de la más adorables de las Powerpuff Girls. Y la más bonita, también.

—¡No me da miedo!

—¿Entonces? ¿qué es?

Se quedaron en silencio, cada uno reflexionando la cuestión, en la cabeza de la muchacha no cabía la idea de que Boomer se negaba volver a Townsville, dándole a conocer con anterioridad que recibiría todo su apoyo y que en ningún momento pensaba dejarlo de lado, deseando con toda su alma que los ciudadanos le miraran con el mismo cariño que ella le tenía, sin mencionar que anhelaba que todos pudieran ver el hombre en el que se había convertido actualmente.

Por el contrario, el ex Rowdyruff Boy no podía dejar de pensar lo absurda que le parecía toda la discusión, Bubbles tenía esa ideología a causa de su noble naturaleza, pero dudaba bastante que los ciudadanos y sus hermanas la compartan. Fue una mierda en su momento, y nunca podrá ser borrado. Lo peor es que desde que comenzaron sus peculiares reuniones a escondidas, con el paso de los meses parecía insistir aún más, excusándose con que podría ser proactivo para los dos.

Y es que Bubbles intentaba atraparlo con todas sus ganas, mientras que por su parte, Boomer huía todo lo que se le permitía, el par de rubios de distintas tonalidades parecían jugar al gato y al ratón.

Frunció los labios a la vez que jugueteaba con su galleta entre manos, afuera de la cafetería donde se encontraban había una delicada llovizna que amenazaba con volverse cada vez más intensa, el sonido del piano de fondo la distrajo, se trataba de un adolescente rubio que parecía rondar entre sus dieciséis, probablemente sacando dinero para la semana, no pudo evitar reflejar a Boomer en él.

—Lo siento por no ir, sé que era importante para ti.

Miró al joven y sonrió sin mostrar los dientes, no brindó respuesta alguna, sin embargo, los dos sabían de antemano que lo perdonaba, era complicado y contradictorio el regresar a una ciudad donde tienes tantos recuerdos negativos. Después del fallecimiento de su papá, Boomer le brindó un importante soporte durante todo el proceso de resignación, podía recordar su relación con lujo de detalle como si hubiera sido ayer, fue toda una sorpresa haberlo encontrado nuevamente tras años de haberle perdido la pista.

Si tan solo el Profesor pudiera presenciar la serenidad con la que vivía actualmente, sabría que estaría muy feliz de los innegables sentimientos que tenía por el hombre frente a ella, a la vez, también le agradaría demasiado que la ciudad ya no sea el cataclismo que le tocó ver sus últimos segundos de vida, es una lástima que tampoco pudo presenciar lo agradecidos que estuvieron todos los ciudadanos.

Qué ironía, uno de sus recuerdos más amargos, tuvo por consecuencia la alegría de miles. Quizás suene grosero, pero algunas veces se arrepiente de haber permitido el sacrificio del Profesor Utonium.

No logró actuar adecuadamente en el momento, incluso, en lo más profundo de su corazón, aquel recóndito lugar que espera que nadie conozca y además nunca salga a la luz, hubiera dado prioridad a la vida de su padre por encima de los habitantes de Townsville. Sabía de antemano que sus hermanas coincidían con ese retorcido pensamiento.

Ninguna de las tres esperaba que el Profesor Utonium haya matado a Él a costa de su propia vida.

Nuevamente, Él se salió con la suya, y ellas, jóvenes e inexpertas de lo dura que podía ser la vida, chocaron contra una fría pared al no verse ganadoras, porque darte cuenta que no siempre salían las cosas como esperabas fue una desquiciada jugarreta del destino, incluso muerto el Profesor no dejaba de darles lecciones, porque su muerte fue eso, una lección por su inmadurez e incompetencia.

Una amplia mano enlazándose con la suya la distrajo de la línea de sus pensamientos, tomó un trago de café para pasar el nudo que se le hizo en la garganta y dirigió su mirada a la de su contraparte, las facciones de adulto lo volvían aún más atractivo, era toda una joya exótica en esa ciudad, el que se pasara por las calles un hombre de veinticuatro años con cabello desordenado y una sonrisa resplandeciente era toda una escena. Incluso cuando el cielo se encontraba encapotado, se sintió sin preocupación alguna.

¿A esto se le llama amor, Profesor?

—Está lloviendo muy fuerte, ¿crees poder volver a Townsville así?

Boomer tenía razón, probablemente ningún vuelo saldría con aquel clima que cada vez que asomaba la mirada por la ventana, lucía como si no se apuraba de salir de aquella cafetería se las vería negras a causa de los arroyos que se formaban en las calles de esa ciudad en específico con una topografía en su mayoría de montañas.

—Supongo que no.

—Quédate a dormir en mi casa, mañana tomas el primer vuelo por la mañana.

Pareciéndole lógico, aceptó, pagaron la cuenta no sin antes dejar cinco dólares en una pequeña canasta de paja con un lazo morado, misma que el adolescente que tocaba el piano dejó cerca de la caja registradora, tenía una nota que en letras pequeñas plasmaba ''para mi universidad'', Bubbles decidió dejar otros cinco dólares más, en empatía.

Con valor se aventuraron a la tormenta que azotaba fuera con su único escudo, un pequeño paraguas que les prestó la vieja dueña del hostal, señora de confianza de los jóvenes por ser clientes frecuentes de su negocio.

Boomer evitó poner como opción el irse volando desde la tienda hasta su departamento, deseando no sacar el tema a discusión. Después de todo, desde la muerte de su padre, Bubbles dejó de volar. Por prudencia, no cuestionó el por qué cuando incómoda lo mencionó en un día parecido a ese: el cielo amenazando con inundar la ciudad. Sin embargo, sospecha que no es porque no pueda, sino, porque no quiere. ¿No piensa usar sus poderes nunca más?