Hola :D!

Este OS fue escrito para participar en la #MorohaWeek creada por el usuario en Twitter moroha_week acorde al tema de hoy: Con Inukag.

Según yo iba a participar con un relato todos los días pero las responsabilidades de la vida de adulto me lo impidieron :( así que escogí este día ya que involucra Inuyasha y Kagome, espero que disfruten leyendo. Esto lo hago porque me encanta y es como un hobbie para mí, no soy escritora así que se aceptan sugerencias, criticas constructivas, consejos etc. :D Empecemos . . .

Los rayos del sol comenzaban a ocultarse dando paso ese cielo de color azul intenso que solo se podía apreciar cuando comenzaba a caer la noche, las estrellas comenzaban a hacer su entrada multiplicándose a cada segundo que pasaba. Las cabañas de la aldea ya habían recibido a sus dueños después de un día largo de trabajo y de labores del hogar. Los niños regresaban dormidos en las espaldas de sus padres o en brazos de sus madres agotados después de un día de juegos y travesuras. El ruido, las voces, la luz y el calor que emanaba de las fogatas comenzaban a apagarse en señal de que todos se disponían a descansar, solo dejando el ruido de las luciérnagas y chicharras que se oían desde el bosque.

Excepto una cabaña. Una que estaba un poco más alejada de todas, desde hace días, el fuego no se apagaba al mismo tiempo que el de los demás hogares, ni las voces, ni el ruido ni mucho menos el llanto de la pequeña razón por la cuál, el día para el matrimonio que vivía en esa cabaña, aún no terminaba.

Dentro de ese hogar, se encontraba el tan legendario medio demonio, conocido por su fuerza descomunal, por sus habilidades para luchar y vencer a cualquier oponente, por su legendaria espada la cuál usaba para protegerse a sí mismo y a lo más preciado que tenía en su vida, el Hanyo que podía derrotar a 100 demonios con un solo movimiento de Tessaiga, ahí estaba, sin poder vencer la batalla de dormir a su pequeña hija de tan solo meses de nacida que daba más lucha que los mismos demonios.

Su esposa se estaba quedando profundamente dormida delante de él, en el futón que estaba en el centro de su hogar, agotada por el día tan pesado que había tenido, se sorprendió de que él llanto y ruidos que comenzaba a hacer la pequeña no la hubieran hecho que se levantara, realmente debía estar muerta de cansancio. Se puso de pie con la pequeña en brazos y mientras caminaba intentó recordar todo lo que Kagome hacía para calmarla.

¿Mecerla? Comenzó a hacerlo tratando de imitar la forma en que su esposa lo hacía pero solo logró hacerlo con mucha más fuerza que ella, haciendo llorar aún más a su hija.

Ya ya, no te ha gustado, lo siento Moroha. - le dijo mirando su pequeño rostro enrojecido de tanto llorar. Recordó un desagradable detalle que aún no había comprobado, acercó su nariz a la pequeña olfateando pero para fortuna de él y su desarrollado olfato, no era el caos en esa ocasión- Ya no sé qué más hacer, has comido como nunca, no debes tener hambre.

¿Cantarle? - Ni en sueños - dijo sacudiendo la cabeza tratando de que se desvaneciera el escenario creado por su mente en el que le cantaba a Moroha, al mismo tiempo que movía sus orejas con preocupación, frustrado volteaba a ver a todas partes de la cabaña como si buscara una respuesta o un remedio a la situación, puso su vista en la ventana y vio que el cielo estaba completamente oscuro.

Tomó a Tessaiga y se dirigió a la puerta de la cabaña dispuesto a salir para que los llantos de Moroha no despertaran a Kagome, una vez afuera, pudo sentir que la noche estaba bastante agradable, se alejó un poco más hasta quedar en una colina a varios metros de alli. InuYasha se sentó con Moroha en brazos viendo que poco a poco se iba calmando, haciendo que todo su cuerpo se destensara ya que por fin estaba logrando que la pequeña se calmara.

Ja! Esto era lo que necesitabas, aire fresco - le dijo orgulloso a su hija, pero enseguida notó que el aire fresco no era lo que la había calmado sino que la pequeña no despegaba su vista del cielo estrellado, viéndolo maravillada, InuYasha quedó fascinado con la expresión de su hija al verlo que no pudo evitar recordar las tantas veces que Kagome hacía lo mismo, dejando todo lo que estaba haciendo por darse unos minutos para apreciar el cielo, con esa mirada tan especial que su hija había heredado.- Así que, ¿a ti también te gusta observar las estrellas Moroha?- Inuyasha sonrió-

En ese momento, todo lo malo, las preocupaciones y el miedo que venían sintiendo desde hace unos meses por la situación que se avecinaba se desvaneció, dejó de ser importante por solo ese instante en el que estaba apreciando el pequeño rostro de su hija maravillada por el espectáculo que le brindaba el cielo, la sujetó con más fuerza y se prometió a sí mismo que solo estando el muerto, alguien le podría hacer daño a su familia. De pronto comenzó a percibir una esencia bastante familiar viniendo hacia ellos, en ese momento todo el cuerpo se tensó de nuevo esperando voltear y encontrarse con esa mirada enfurecida-

Ka . .go . .me -dijo asustado y esperando a que el sermón comenzara en cualquier momento por sacar a Moroha en medio de la noche, ya sea por el aire que solo a ella se le hacía frío siempre o por el peligro que podían correr pero al voltearla a ver se encontró con una mirada completamente diferente a la que esperaba-

Su esposa estaba llegando hacia ellos con una mirada enternecida por el escenario tan perfecto que estaba viendo desde lejos, los dos amores de su vida juntos observando el cielo estrellado que a ella tanto le gustaba de esa época. Se había quedado dormida porque el cuerpo se lo estaba pidiendo a gritos, aunque escuchaba los ruiditos y llantos de Moroha, se dijo a sí misma que InuYasha podría controlar la situación y dejó que sus ojos se cerraran, después, por alguna extraña razón cuando los dejó de escuchar se despertó asustada, con el corazón latiendo descomunalmente al abrir los ojos y no verlos, se puso de pie de inmediato imaginando lo peor y es que la situación que en la que se encontraban no era la más óptima y últimamente no dormía nada, ya fuera por cuidar de Moroha o por el miedo y el estado de alerta en el que estaban sometidos todo el día desde que supieron que su familia estaba amenazada por un fuerte demonio.

Se acercó la de las esquina de la cabaña donde estaba su arco, lo tomó y se dirigió a la puerta pero antes de salir algo la hizo parar en seco. ¿Qué era esto que estaba sintiendo?. Era muy parecido a cuando detectaba una presencia, tratando de descifrar qué era esa sensación concluyó que sentía una energía especialmente poderosa, no era como cuando se acercaba algo maligno, no era una energía demoníaca, era una energía pura, muy pura y familiar. Su corazón se calmó, su cuerpo se relajó y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Creyó saber de donde provenía esa energía y salió de la cabaña dejando su arco dentro de ella. Cuando se dirigió a donde provenía la energía, los vió, vió la escena más hermosa que había visto desde el día en que su hija nació y confirmó lo que sospechaba, la energía espiritual, esa presencia que había detectado provenía de la pequeña que estaba en brazos de su padre sonriendo-

Kagome no te enojes, salimos un rato a tomar aire fresco, no quería que Moroha te despertará - explicó Inuyasha nervioso aunque ya había visto que la mirada de Kagome no tenía ni un rastro de molestia, después comprendió que probablemente al no verlos debió de haberse llevado un susto muy grande y no era para menos- Lo siento si te asusté al traerla aquí ¿estás enojada?.

No estoy enojada Inuyasha - se sentó a lado de él mirándolo con una sonrisa amplia en su rostro- Moroha me hizo saber que estaba bien - tomó una de las manitas de su pequeña quien le devolvió la mirada al mismo tiempo que sonría al ver a su mamá-

¿He? ¿De qué hablas? - preguntó Inuyasha más que confundido-

Parece que nuestra hija tendrá un poder espiritual muy grande, sentí su poder espiritual desde la cabaña - dijo orgullosa y viendo a su pequeña, maravillada por lo que acababa de pasar. Inuyasha al escuchar esto sonrió levemente y miró a Moroha con orgullo. Kagome soltó un suspiro de alivio - Eso me hace sentir más tranquila ya que, al igual que tu con tu olfato, yo puedo saber de esta manera cuando esté cerca -dijo Kagome con una sonrisa serena. Inuyasha no le quitaba la mirada a su hija-

Así que . . . es igual a ti en todos los sentidos.

¿De qué hablas? Tal vez solo en eso, sí tiene toda tu cara -dijo Kagome cerrando los ojos resignada con una sonrisa divertida-

Kha! No me refiero a eso, Moroha ha dejado de llorar cuando vió las estrellas, le gusta verlas al igual que a ti.

Kagome sintió como si el corazón se le derritiera ante las palabras de su esposo, el hecho de que recordara que a ella le gustaba verlas en esta época y que considerara lindo que su hija tuviera el mismo gusto hacía que su pecho quisiera saltar de alegría, se conmovió tanto por el momento tan íntimo que estaban viviendo que dejó escapar una lágrima que por supuesto Inuyasha no pasó por alto-

Kagome - dijo exaltado- ¿dije algo malo? ¿Qué pasa? . . . ¡No llores!

No Inuyasha, son lágrimas de felicidad - se talló los ojos limpiando también las lágrimas que acababa de derramar- Estoy muy feliz de estar a tu lado con nuestra hija. -sonrió ampliamente-

Inuyasha se sintió aliviado cuando vió la sonrisa de Kagome, se sintió la persona más afortunada del mundo por tener una familia cuando hace unos años no tenía absolutamente nada y todo gracias a ella, a su esposa.

Yo también estoy feliz de que estén a mi lado . . . te prometo que las protegeré aunque me cueste la vida - Kagome sabía que Inuyasha había prometido protegerla siempre, aún y cuando no se lo dijera, lo hacia por instinto, pero esta vez, esta declaración incluía al pequeño resultado de su amor, teniendo un significado mucho mas profundo y significativo si se consideraba la situación que estaban por enfrentar, Kagome descansó su cabeza en el hombro de Inuyasha aliviada, contemplando cómo Moroha se quedaba dormida por fin. Los dos ahí, juntos, bajo el cielo lleno de estrellas brillantes, se tomaron de la mano. No sabían lo que les depararía el destino solo sabían que por esa noche estaban juntos, felices y que harían lo que fuese necesario para que así fuera por mucho tiempo más, el que se pudiese.

Bueno me hizo llorar mi propio relato, quedé como payasa jajaja. Me gustó mucho escribirlo y sobre todo dejar mi granito de arena en la #MorohaWeek.

Nos leemos muy pronto.

Andrea.