Advertencias: Universo Alterno, headcanons, Genderbender, posible OOC, mención de violencia e intento de abuso sexual, posibles errores de redacción, narración anacrónica, humor pendejo y chistes malos. Léase bajo su propio riesgo. Dicho esto, comencemos.

Ah, y los personajes no me pertenecen, son del todo poderoso y despiadado Araki ~


4 de septiembre del 2001, 01:14 A.M. Isola dei Conigli, Italia.

- ¡AAAHHHHHHH!

- ¡AAAHHHHHHH!

- ¡AAAHHHHHHH!

- ¡AAAHHHHHHH!

Los gritos pertenecían a Narancia, Giorno, Bucciarati y nuevamente a Narancia, en ese mismo orden.

Para entender correctamente el drama que se está desarrollando, es necesario exhar un vistazo al pasado.

La infancia de la pequeña Giorno había sido, dicho de forma simple, una mierda. Lo único que tenía de su padre era una fotografía algo maltratada, su madre la veía como un estorbo, y el pasatiempo favorito de su padrastro era utilizarse como saco de boxeo (aunque Giorno estaba convencida de que los boxeadores no utilizaban cinturones, cables, ganchos de ropa y otros objetivos hogareños para golpear al saco).

Su fortuna cambió para bien después de un pequeño incidente en el que salvó la vida de un mafioso. Y por un tiempo, parecía que la vida al fin le sonreía, hasta que, poco antes de que cumpliera trece años, la pubertad comenzó a hacer de las suyas con su cuerpo. Sus rasgos se afinaron, el pecho comenzó a crecer, las caderas a ensancharse, las piernas a estilizarse, y el cabello comenzaba a crecerle de un encantador rubio (okay, eso último no era por culpa de la pubertad, pero, ¿a quién carajos le importa?). A los trece años aún era una niña, pero ya podía adivinarse la hermosa mujer que sería en el futuro.

Hay que hacer énfasis en el punto anterior: En ese momento, Giorno seguía siendo una niña. Pero al cerdo de su padrastro no pareció importarle. O tal vez era lo contrario, y el hecho de que su desarrollo aún estuviera a medias era, ante sus ojos enfermos, un aditivo. Primero comenzó con miradas que incomodaban a la prepuber. Está bien, ella podía ignorarlos. También podía hacerse de oídos sordos ante los asquerosos "halagos", cada vez más subidos de tono. Y por lo menos intentó ignorar los desagradables "roces accidentales". Pero una noche en la que su padrastro llegó mucho más ebrio de lo usual, pasó lo inevitable: Intentó abusar de ella.

Dicho con más precisión, casi logra abusar de ella. El hombre era mucho más fuerte que ella, a demás de que estaba demasiado intoxicado para pensar en las consecuencias de agredir a la protegida del mafioso, su madre estaba fuera de casa, y debido al ruido de una fiesta vecina, nadie parecía escuchar sus gritos. Esa fue la primera vez que Gold Experience se materializó frente a sus ojos. El puñetazo propinado por el stand y la milagrosa transmutación de la camiseta de su padrastro a un montón de arañas fueron suficiente distracción para permitele a Giorno escapar. Salió de la habitación, después de la casa, y luego corrió, corrió incluso hasta después de quedarse sin aliento. Solo se detuvo al darse cuenta de que había llegado a un callejón, de una zona de la ciudad desconocida.

Estaba sola, pero en vez de asustarla, ese hecho la hizo sentir aliviada, lo suficiente para permitirse descansar y hacer control de daños; iba descalza, despeinada, con la blusa de su pijama desgarrada, moretones en ambos brazos y un labio roto. Pero esos eran pequeños daños colaterales, comparados con lo que pudo haber pasado. A demás, era verano, el clima de Nápoles de esa noche especialmente agradable, así que la idea de dormir en ese callejón no le pareció tan mala.

Esa noche, justo antes de sumirse en la reconfortante oscuridad del mundo onírico detrás de unos botes de basura, Giorno Giovanna tomó la decisión de no volver a esa casa.

Aunque el pasado de Giorno definía en gran parte quién era hoy en día, el punto de inflexión que años después llevaría a Giovanna y sus amigos a la escandalosa situación presentada al inicio llegó dos semanas después de que convirtiera las calles en su nuevo hogar. La joven se disponía a pasar la noche en un encantador refugio para indigentes, como lo había hecho las dos noches anteriores. La idea no le molestaba; en serio, una vez que te acostumbrabas al olor (una mezcla de orina, sudor, óxido, madera, mugre y humo, aderezado con una pizca de cannabis) el lugar era incluso acogedor. Por desgracia, justo cuando terminaba de ponerse cómoda en la compañía de las chinches de su colchón, un grupo de vagabundos se acercaron.

- ¿Qué hace una criatura tan bonita en un lugar como este?

- Estás muy solita, ¿no quieres que te hagamos compañía? Podemos pasar un buen rato.

- Mírala. Aunque está sucia, su piel se ve tan suave... Me preguntó si será así en todo su cuerpo.

- Debe ser aún mejor...

- ¿Por qué te alejas? No mordemos.

- Habla por ti, Armani.

Si se hubieran limitado a permanecer dentro del límite del hostigamiento verbal, la chica simplemente los habría ignorando: Una de las pocas cosas que la madre de Giorno le había enseñado, fue a ignorar los comentarios desagradables de los hombres que las abordaban en la calle, y la jovencita lo hacía con una gracia casi artística, como si hubiera nacido para eso. El problema fue que no tardaron en intentar llevar las cosas a un nivel físico.

Esa fue la primera vez que usó a Golden Experience de una forma lo suficientemente violenta como para romperle los huesos a alguien. A pesar de que los tipos huyeron como perros apaleados, Giorno no logró dormir. Pero en algún punto de la madrugada, el insomnio le trajo una epifanía: La vida era un sendero de mierda, pero si sufrías la suerte de nacer como mujer, la mierda te llegaba hasta el cuello.

Lo primero que hizo a la mañana siguiente fue ir a una barbería, para que raparan su cráneo al raz. Lo segundo, conseguir prendas de varón lo suficientemente holgadas para ocultar su figura.

Primero lo hizo por seguridad: Aprendió a forzar su voz, cuyo timbre era naturalmente grave sin alejarse del espectro femenino. Era algo irritante, lo que, en conjunto con su naturaleza introvertida, la convirtió en una persona callada. Luego aprendió a vendarse los pechos. Más adelante descubrió unas cosas llamadas binders, que le permitían ocultar su busto de forma más cómoda y eficiente. Al mismo tiempo, su carrera criminal iba progresando; pronto, se volvió lo suficientemente diestra en en los artes de robar y embaucar como para poder pagar un pequeño cuartucho. Al mismo tiempo, tomo consciencia de que su disfraz no solo le ganaba más seguridad, sino también más respeto.

A los 14, se había hecho de un taxi robado, lo que la ayudó a estabilizar sus ingresos, y decidió volver a la escuela. A base de unos cuantos sobornos, pudo comenzar el ciclo sin tutores y sin que el tiempo que estuvo en la calle retrasara sus estudios. Utilizó a su favor la ambigüedad de su nombre, Giorno, para darle mayor solidez a su nueva identidad.

Poco antes de volver a clases, aprendió a utilizar el maquillaje para endurecer sus delicadas facciones, a combinar las prendas de forma que engañaran al espectador sin restarle elegancia. El hecho de ser alta para ser una chica también ayudaba.

Gracias a los libros descubrió las historias de otras mujeres como él, guerreras en su mayoría, que por inumerables razones habían renunciado a su femeneidad al igual que ella. También descubrió que existían personas que adoptaban el género opuesto al que se les designaba a nacer simplemente porque su naturaleza se los indicaba. A veces sentía que su vida sería más sencilla si simplemente se tratara del segundo caso, si Giorno, el chico, fuera du verdadera naturaleza, no solo un disfraz. Porque a veces quería arreglarse para verse (y sentirse) hermosa como sus compañeras, tener amigas que la vieran como una más de ellas en lugar de tratarla como un objeto de deseo hasta el punto de hacerla sentir incómoda (pero nunca como su padrastro y aquellos hombres, ni siquiera la décima parte de eso), y por qué no, salir con chicos guapos. Pero muy por encima de todo eso, estaba ese sueño de ser lo suficientemente poderosa, respetada, temida y amada para cambiar, por lo menos un poco, ese horrible mundo. Y si era un sueño absurdo para un chico, para una chica era un imposible.

A los quince años, Giorno era, (con la ayuda de varios trucos) uno de los chicos más apuestos de la ciudad. Pero como mujer, era la perfección encarnada, aunque por supuesto, nadie lo sabía. El único vestigio de femeneidad que se permitía era esa trenza dorada hasta los hombros, que al final y al cabo, podía manejarse de forma bastante andrógina.

Luego, se unió a la pandilla de Bucciarati, y por primera vez, hizo amigos. Quiso decirles su secreto, de verdad lo quiso. Confiaba en ellos, incluso en el sexy-cabrón de Abbacchio, pero en menos de dos semanas se había apoderado de Passione, y decidió que era un riesgo que era mejor no correr: era bastante difícil conseguir que se le respetara por el hecho de ser un adolescente de 16 años. ¿Como mujer? Ja, se valía soñar.

De todas maneras, eran sus amigos, ¿no? Un detalle (o ausencia de) entre sus piernas no podía hacer una diferencia tan grande en su relación con los chicos, ¿cierto? Así que decidió seguir guardando su secreto, a pesar del esfuerzo que significaba ocultar algo como eso de la gente con la que vivía.

Ahora, hay que decir que Giorno es una mujer extraordinaria. Inteligente, calculadora, perseverante, valiente, madura, y un montón de atributos más. Pero aún así, fue bastante estúpida al pensar que podría llevarse su secretito a la tumba.

Lo que nos trae de vuelta a la situación actual.

- ¡GIORNO! ¿Qué diablos te pasó? ¿Te hizo esto algún stand enemigo? ¿Dónde se metió? - Las palabras salían a tal velocidad de la boca de Narancia que apenas eran comprensibles.

- ¿QUÉ ESTÁN HACIENDO EN MI CUARTO? ¿NO SABEN TOCAR LA PUERTA? - La rubia respondió con otra pregunta, tratando de evadir el tema, al menos por el momento.

- La casa se está incendiado, no hay tiempo. ¡Tenemos que salir ahora!

Un minuto antes, Giorno se encontraba sola en su habitación, utilizando una secadora para (valga la redundancia) secar su pelo. Solo traía puestos unos boxers (amaba las braguitas de encaje, pero sus amigos podían ser muy poco respetuosos con la intimidad, y no quería tener que explicar eso), pues quería descansar por un rato del binder antes de tener que ponérselo de nuevo para cenar con sus amigos. Así se encontraba, totalmente despojada de su disfraz, cuando de la nada, Bucciarati irrumpió en su santuario utilizando el poder de Sticky Fingers, seguido de Narancia.

- ¡Giorno, tenemos que salir de aquí ahora mis...!

Ahí fue cuando comenzaron a gritar.

- Bruno, las escaleras ya se están incendiado, creo que tendremos que saltar por el... - Abbacchio no pudo continuar, pues de pronto, había olvidado como hablar. Frente a él, estaba el ser más glorioso, perfecto, sensual y delicado que había visto en su vida. Por un momento, sus compañeros, la casa, el fuego, el universo entero, se desvaneció, y solo quedó aquella divina mujer frente a sus ojos. Fueron las palabras de Fugo las que lo sacaron del encanto.

- ¿Giorno? ¿Eres tú?

- ¡Oigan, la maldita casa está en llamas! ¿Por qué no se mueven de una maldita vez? - Gritaba Mista, mientras irrumpía en la habitación, aunque su vista aún seguía bloqueada por los demás miembros de la gang.

- ¡Abran paso! Spice Girl va a ablandar el balcón para que salgamos de una bue... ¡JESÚS, GIORNO! ¡SON MÁS GRANDES QUE LAS MÍAS!

- ¿De qué demonios están hablando? Solo muévanse de una puta vez. ¡Quítate, Fugo!

La reacción de Mista fue inicialmente parecida a la de Abbacchio, pero cuando escuchó a la chica exigir una explicación con esa inflexión en la voz que reconocería en cualquier lado, se desmayó.

Para cuando alguien notara que su nariz estaba sangrando, lo atribuirían a la caída.


Les juro que mi intención era escribir solo una historia cómica (o un intento de) pero soy una perra sin corazón, y me gusta hacer sufrir a los personajes. La siguiente parte va a estar más light, lo prometo. Posiblemente la suba mañana.

Ahora, sé que esta mierda podría sintetizarse en un (1) capítulo, pero eso no va con mi fabuloso estilo ~ Así que esperen la continuación.