Cuarenta minutos antes, mientras Giorno entraba a la regadera a darse un buen merecido baño, Leone Abbaccio ingresaba a los terrenos de la propiedad después de una caminata nocturna en la playa. Le sorprendió bastante darse cuenta de sus compañeros seguían dentro de la alberca, a pesar de que ya era más de media noche. Aunque bueno, no debía ser tan extraño, considerando el caluroso clima de verano.
Allí estaban todos: Trish, Narancia y Mista, jugando con una pelota de playa, Fugo, leyendo algún libro con apoyo de la iluminación artificial, sus pies dentro del agua, y Bruno, observando a los más jóvenes en silencio, con una ligera sonrisa en el rostro. Bueno, casi todos: Faltaba Giorno Giovanna, el exasperante mocoso rubio, el nuevo líder de Passione, el hombre de sus pesadillas. Por alguna razón, el chico se había mostrado especialmente renuente a tomar esas vacaciones en la Isola de Conigli, y una vez estando allí, había buscado las excusas más estúpidas para saltarse las actividades que los demás chicos organizaban; Llevaban tres días en ls isla, durante los cuales solo lo veían para el desayuno y la cena. Todos estaban bastante desconcertados por la actitud del joven; incluso el ex-policía gótico se estaba permitiendo dusfrutar de esas pequeñas vacaciones.
- Bueno muchachos, es hora de arreglarse para la cena. - Anunció Bucciarati, como siempre, poniendo orden en el grupo. - Iremos a una pizzería cercana, nada muy elegante.
Nadie se quejó, pues, francamente, estaban muriendo de hambre. Así que todos entraron a la elegante casa de playa que habían rentado. Era una construcción hermosa, hecha mayormente de madera para mantener una temperatura agradable. Casi todos subieron directamente a sus respectivas habitaciones (todas estaban en el segundo piso), pero el stand de Mista había hecho acto de presencia, exigiendo a su usuario alimento en ese mismo instante.
De mala gana, Mista sacó unos palitos de pan del refrigerador y los colocó en una sartén para calentarlos. Ahora, hay que decir que incluso el más despistado del grupo (ejem, Narancia) sabía que no es buena idea dejar la estufa encendida sin supervisión, pero Mista supuso que tenía tiempo de darse una ducha antes de que la comida se quemara. El moreno era capaz de bañarse en exactamente cinco minutos cronometrados (incluso en cuatro, pero todos sabemos que eso no iba a pasar), en contraste con los casi cuarenta de Giorno: por supuesto, hay una abismal diferencia si comparamos a una persona que se toma el tiempo necesario para desmaquillarse, exfoliar su piel, acondicionar su cabello, etcétera, con otra que utiliza la misma barra de jabón hasta para el pelo.
Efectivamente, a los cinco minutos, Mista salía de la regadera envuelto en una toalla. Se puso lo primero que encontró: Unos pantalones holgados, una camisa blanca igual de holgada y un gorro que en conjunto, lo hacían lucir como cholo de Ecatepec. Entonces, vio su cama, y sintió que esta lo estaba llamando. Solo cerraría los ojos cinco segundos, no es como si estuviera dispuesto a saltarse la cena (o que Bucciarati lo fuera a permitir).
Lo siguiente de lo que fue consiente, fue de Trish sacudiéndolo violentamente, gritando que la casa se estaba quemando. Y, al ser el lugar en gran parte de madera, las llamas se estaban expandiendo rápidamente.
Durante los siguientes minutos hubo pánico, el cual se incrementó al notar que las llamas hacían imposible salir por el primer piso, y luego, el drama adicional de la pequeña escena exhibicionista de Giorno, con la que ya están familiarizados.
- Bruno, ¿puedes decirme qué está pasando aquí, y qué hacen todos en mi cuarto? - Preguntó Giorno, tratando de cubrirse los pechos cruzando los brazos sobre ellos, luciendo una calma que definitivamente no sentía. Entre todo el escándalo, y el shock de ser sorprendida desnuda (con la implicación de que su mayor secreto acababa de ser revelado a todo el grupo) apenas y había entendido tres palabras de todo el embrollo.
- La casa se está quemando. - Respondió Bucciarati, ignorando olímpicamente el desmayo de Mista: No necesitaba más drama, gracias.
- Y tenemos que salir ahora mismo, a menos que tengan ganas de morir calcinados. - Añadió Fugo, mientras, de forma casi metódica, procedía a soltar una sonora bofetada en la cara de Mista para despertarlo (funcionó bastante bien).
- ¡Fugo! ¡Le rompiste la nariz! - Exclamó Trish, escandalizada.
- No, ya estaba sangrado cuando lo golpeé.
- Giorno, ¿por qué eres una mujer? - Preguntó Narancia.
- Esa es una excelente pregunta. Espero que Giorno tenga una excelente explicación para esto cuando estemos fuera de peligro. - En su mente, Bruno ya había comenzado a juntar algunas piezas sueltas, como las protestas de la joven ante la idea de ir a la playa, su renuencia a cambiarse frente a otros, el hecho de que una vez al mes estuviera de un humor de los mil demonios, y cientos de otros pequeños detalles que había tomado como simples extravagancias. - Trish, ¿podrías hacer lo tuyo, por favor?
Cuando escuchó a Bucciarati decir su nombre, la pelirrosa pareció espabilar un poco, así que dejó de observar descaradamente los pechos de Giorno para correr al balcón, abrir la puerta y ablandar la superficie hasta convertirlo en una especie de tobogán, por el que todos se apresuraron a escapar. Aterrizaron en la arena, pues el balcón de Giorno tenía vista a la playa.
A pesar de que hacía calor, Giorno se estremeció levemente al sentir la briza marina sobre su piel desnuda. Se estaba lamentando el no haber tomado por lo menos una camisa antes de salir de la casa: ahora probablemente toda su ropa estaba en llamas. Y a pesar de que por fuera pareciera igual de estoica que siempre, por dentro estaba muriendo de vergüenza por el hecho de que su equipo entero la hubiera visto desnuda. En eso, sintió algo siendo colocado sobre su hombro. Lo tomó, y con ayuda de la luz de las llamas, pudo identificar el objeto: era la camisa de Abbacchio.
Sorprendida, buscó con la mirada al peliblanco, quien simplemente se había dado la vuelta (para que nadie notara lo sonrojado que estaba) .
- Gracias. - Murmuró, mientras se colocaba la prenda. Ajustó los lazos y el cinturón lo mejor que pudo; aunque el escote le llegaba hasta el ombligo, era mejor que estar desnuda. La camisa le quedó lo suficientemente larga como para pasar por un vestido, uno corto y revelador, pero que de hecho le quedaba bastante bien.
Mientras tanto, el resto de los chicos observaban a Abbacchio como si este hubiera comenzado a cantar en ruso repentinamente. ¿Acaso acababa de hacer algo amable por Giorno? Definitivamente, las cosas no se podían poner más raras esa noche. El susodicho ni siquiera lo notó: estaba demasiado absorto ante la maravillosa visión de su jefa usando su camisa. Mista se abofeteó mentalmente, maldiciendo que a él no se le hubiera ocurrido hacer algo así primero.
- Oigan, ¿podemos ir a cenar? Me estoy muriendo de hambre. - Se quejó Narancia, sacando a todos de su abstracción. Esas palabras fueron como una invocación para las Sex Pistols, quienes repentinamente se materializaron, exigiendo a comida a gritos y chillidos.
- ¿En serio están pensando en comida en un momento como este? Rugió Fugo, quien estaba a medio paso de perder completamente los cabales. Toda la situación era demasiado caótica, incluso para los estándares de el grupo.
- Supongo que podemos ir por pizza. Aún tenemos la reservación. No es como si las cosas vayan a solucionarse por que nos quedemos con el estómago vacío. A demás, Giorno nos debe una muy larga explicación, será mejor que sea en un lugar cómodo.
Los chicos asintieron. A pesar de que técnicamente Giorno era la lider de la organización, en ese momento Bucciarati imponía más respeto, probablemente por el aura asesina que irradiaba.
Por un momento, Giorno pensó en rechazar la idea, pues no quería pasearse en público bajo su apariencia femenina. ¿Qué tal si alguien la reconocía? Pero después de pensarlo unos segundos, decidió que era poco probable. Prácticamente eran desconocidos en esa zona del país, y en cualquier caso, si alguien la viera en ese momento, difícilmente podría cotejar ls imagen de la dulce chica con la del peligroso jefe de Passione. A lo mucho, pensarían que eran primos.
Decidieron caminar hacia el restaurante, pues quedaba solo a unos veinte minutos de la casa en llamas a pie. Estaban en una isla, así que no era tan raro que Abbacchio fuera por ahí sin camisa. Aún así, cuando entraron a la zona turística, este captó varias miradas gracias a su escultural físico. Pero la verdadera estrella del grupo era Giorno: Sus amigos podían notar que se sentía bastante incómoda por la excesiva atención que estaba recibiendo, especialmente de los hombres. Afortunadamente, la simple presencia de los chicos parecía ser suficiente para disuadir a cualquiera de acercarse.
Estaban a dos calles del restaurante, cuando un par de hombres de unos veintitantos, con marcado acento americano, se acercaron, importándoles poco las miradas asesinas que recibieron por la acción.
- Hola, preciosa, ¿cómo te llamas?
Giorno puso los ojos en blanco. Por esa clase de cosas odiaba ser mujer.
- ¿Eso a tí que te importa? - Lo cortó Mista, más que dispuesto a irse a los puños.
- Le estoy hablando a ella, no a ti. - Respondió, mirando al pistolero con asco. - ¿Qué tal si tú y tu amiga dejan a estos raritos y mejor vienen con nosotros? Les prometo que las haremos pasar un muuuy buen rato.
- No, gracias. - Respondió la rubia a secas, antes de reanudar su camino. La sorpresa de la negativa lo congeló por un momento, pero cuando reaccionó, lo hizo con ira.
- ¿A qué te refieres con "no"? A mi nadie me rechaza, niña.
Mientras hablaba, sujetó violentamente el brazo de la chica. Giorno observó con una expresión indescifrable el punto en el que la mano del hombre la sujetaba. Probablemente le quedaría un moretón después de eso. Giorno estaba a punto de proporcionarle siete páginas de Mudasos, Trish de castrarlo, Bucciarati de quitarle el brazo, Fugo de clavarle un tenedor y Mista y Narancia de acribillarlo con sus respectivos stands, pero el más rápido en actuar fue Abbacchio. Un parpadeo, y el tipo estaba en el suelo, sujetándose la garganta. El ex-policía aprovechó la oportunidad para comenzar a patearlo. Narancia y Mista intercambiaron una rápida mirada de estupefacción antes de encojerse de hombros y unirsele.
- ¿Qué mierda les sucede? - Chilló el acompañante del americano, molesto y asustado en partes iguales.
- Mejor no te metas. - Le sugirió Trish, mientras analizaba el esmalte de sus uñas. El tipo obedeció.
Cuando los chicos se hartaron de patear al pobre diablo, el grupo reanudó su camino a la pizzería.
- ¿Estás bien? - Preguntó Abbacchio en un tono tan bajo que Giorno no lo habría escuchado de no haber estado justo a lado de él. Sus bellos ojos turquesa lo observaron con estupefacción por unos segundos antes de asentir suavemente. - Bien.
¿Por qué Abbacchio estaba actuando tan raro? Ni siquiera él lo entendía. Tampoco entendía cómo todas las cosas que hacían de un chico el ser más odioso del planeta eran las mismas que hacían a una mujer perfecta. Definitivamente, esa era la noche más extraña de su vida.
Por fin llegaron a la pizzería. Bucciarati había reservado una zona privada en el elegante lugar, lo que era perfecto para la conversación que estaban por tener. Tomaron asiento, leyeron las cartas y ordenaron lo que querían. Cuando se quedaron solos, permanecieron en un incómodo silencio durante unos segundos, hasta que por fin, Bucciarati habló.
- Bien, Giorno, ¿podrías explicarnos por qué demonios nos ocultaste que eres una chica?
Aquí tienen la dosis de basura del día. Un capítulo corto, como mi... Oh, esperen, no tengo eso.Investigué un poco sobre la isla, y al parecer es un área natural protegida, así que no hay hoteles y esas mierdas... Pero haré la vista gorda.El próximo capítulo me gusta bastante (aunque no lo he escrito). Tal vez sea el último, tal vez alargue esto un poco más, no sé.
