Giorno se mordió el labio suavemente, un gesto inocente, pero que aún así pareció increíblemente provocador para Abbacchio y Mista. Esta era una de las pocas veces en donde no tenía idea de qué decir. Bueno, mejor dicho, sabía qué decir, pero no cómo hacerlo, o por dónde comenzar. Recordó esa frase tan cliché: "comenzar desde el principio", aunque no sabía hasta que punto era adecuado retroceder. Por supuesto, sabía en qué momento se había ido todo a la mierda, pero era un recuerdo tan doloroso, y de una horrible manera, tan suyo, que preferiría omitirlo de ser posible.

- Simplemente me di cuenta de que las cosas son más sencillas siendo hombre, así que decidí ser uno. - Respondió, por fin.

- ¿De qué diablos estás hablando? ¿Insinuas que alguno de nosotros la ha tenido fácil solo por ser hombres? - Preguntó Fugo, en parte confundido por la absurda explicación, en parte molesto.

- Vaya, Fugo. Eres la prueba viviente de que puedes tener un IQ de 152 y seguir siendo un completo imbécil. - El hecho de que Trish fuera quien dijera esas palabras sorprendió a todos. Generalmente, a pesar de su personalidad algo... Especial, la pelirrosa no solía faltarle al respeto de forma tan directa a sus compañeros. Pero lo que implicaban las palabras de Fugo la sacó de sus casillas. - Dime una cosa, genio. ¿En todo el tiempo que llevamos con Giorno, alguna vez una persona se había acercado a agredirla de forma gratuita, como hace diez minutos? No por asuntos de la mafia, no por peleas con stands, dinero o esas cosas, sino simplemente, por estar en el lugar.

Fugo no contestó. Nadie lo hizo.

- Sí, eso me imaginé. Ahora, antes de que digas una cosa como "a los hombres también nos pasa"... - Fugo se mordió la lengua, porque efectivamente, había estado a punto de decirlo. - No voy a negar que también sucede. Nadie se salva de esa mierda. Pero llevamos más de medio año con Giorno como hombre, y nunca presenciamos una situación similar. En cambio, menos de veinte minutos en la calle como mujer, y un imbécil ya había intentado agredirla. ¿Puedes notar la diferencia, niño prodigio? -

- Entiendo perfectamente a qué se refieren. Me llegaron a confundir algunas veces con una chica cuando era más joven, y realmente era... Asqueroso. - Al recordar dichos encuentros, Narancia tuvo un pequeño escalofrío.

- Okay, entiendo que esas situaciones puedan ser bastante incómodas, pero, ¿no crees que engañar a todo el mundo respeto a tu identidad fue un poco... no sé, ir demasiado lejos? - Preguntó Mista.

- No. Hice lo necesario para garantizar mi seguridad.

- Pero eres la persona más poderosa a la que conozco. Si hubieras estado sola hace unos momentos, tu stand hubiera hecho papilla a esos tipos fácilmente. - Replicó el pistolero.

- No siempre fue así, Mista. Yo... - Nuevamente, Giorno dudó por un segundo, pero decidió que si quería tener una oportunidad de que los chicos realmente entendieran cómo y por qué había llegado a ese punto (excepto Trish, ella no necesitaba explicaciones para entender su situación) tendría que contarles todo. Le revolvía el estómago la sola idea de revivir esa parte de su pasado, pero su parte racional le decía que no tenía nada que perder hablando. A demás, según lo poco que sabía de psicología, incluso podría ser algo catártico. Valía la pena arriesgarse.

Llevaba más de un minuto en silencio, y todos la miraban, expectantes. Tomó una enorme bocanada de aire y comenzó a hablar.

- Acababa de cumplir trece años la primera vez que me intentaron violar. Fue mi padrastro. Me salvó Golden Experience, aunque no sabía como utilizarlo. De hecho, esa fue la primera vez que lo ví. Ya había sido acosada algunas veces, creo que desde los doce años; ya saben, comentarios obscenos, insinuaciones sexuales de desconocidos, manoseos... Pero podía lidiar con eso.

Mientras relataba lo anterior, Fugo se sintió físicamente mal al recordar su propia experiencia en la universidad a los trece años. Recordó la rabia, el asco (hacia otros, hacia sí mismo) el miedo, y todas esas emociones que no supo identificar. Y allí estaba Giorno, diciendo que eso era algo normal para ella, algo con lo que podía lidiar, como si fuera una cosa insignificante. No supo como sentirse al respecto.

- Pero lo que mi padrastro hizo... Lo que intentó hacer... Yo... Yo nunca había... - Mientras trataba de decir que nunca había sentidi tanto miedo, tanta desesperación, tanta impotencia, que ni siquiera el enfrentamiento con Diavolo la había hecho sentir así, la voz de Giorno se quebró. Revivir eso estaba siendo más difícil de lo que pensaba. Repentinamente, se apoderó de ella el recuerdo de las toscas manos tironeando de su ropa, el aliento alcohólico chocando sobre su cuello, sobre sus labios, el peso asfixiante sobre su pequeño cuerpo, el sabor de su sangre, el sonido de sus propios gritos... Y todo se sentía demasiado real. Fue el cálido contacto de la mano de Abbacchio sobre su hombro lo que la trajo de vuelta al presente.

- ¿Estás bien? - Preguntó el albino, con una suavidad inusitada. Ciertamente, no lo estaba. Tenía muchas ganas de llorar, pero ella no lloraba, no desde que tenía memoria. En lugar de eso, un leve temblor se había apoderado de su cuerpo.

- Sí, estoy bien. - Mintió. - Solo es un poco raro hablar de esto. Pero supongo que lo importante es que no pasó a mayores gracias a Golden Experience... En fin, después de eso decidí vivir en la calle, y a las dos semanas intentaron violarme de nuevo. Entonces comencé a vestirme como hombre, y no se volvió a repetir. - A este punto, la chica ya había logrado suprimir el temblor y darle a su voz un tono más firme. Era una maestra del autocontrol. - No tenía planeado que fuera algo permanente, pero me di cuenta de que las personas comenzaron a tratarme con menos condescendencia, y eso hizo mi vida un poco más fácil: Es una estupidez, pero los hombres tienden a confiar más en otros hombres para cualquier tarea. Algunas veces me llegué a preguntar si Bruno me hubiera dejado unime con tanta facilidad a la pandilla de haber sabido que era una chica, o si ustedes hubieran confiado en mí de la misma forma. Me gusta creer que sí, pero no estoy del todo segura. - Ninguno de los chicos replicó, porque francamente, tampoco ellos lo estaban. - Pero de lo que sí estoy segura es que muchos capos se negaría a tomar mis órdenes de saber que soy mujer: están demasiado labrados a la vieja usansa.

- Pero no entiendo por qué no nos dijiste nada a nosotros. - La voz de Narancia sonaba ligeramente dolida. - Digo, somos tus amigos.

- Siendo honesto... Perdón, honesta... - Giorno estaba demasiado acostumbrada a referirse a sí misma en masculino. - Simplemente no lo creí necesario.

- Bueno, eso hubiera hecho las cosas mucho más fáciles para ti. - Bucciarati sonaba más tranquilo, casi como de costumbre. - Me imagino que mantener tu actuación todo el tiempo debió ser sumamente desgastante.

- Honestamente... Demasiado.

- A demás de que Mista no llevaría meses pensando que es gay. - Agregó Narancia.

Giorno estaba a punto de preguntar a qué diablos se refería, pero para la buena fortuna de Guido, las pizzas llegaron en ese momento, dejando el tema en el olvido.

Comenzaron a comer en silencio, disfrutando de la exquisitez de la pizza. Bruno, como siempre, había hecho una excelente elección.

- Oye, Gio. - Dijo Narancia con la boca llena.

- Narancia, no hables con la boca llena, es asqueroso. - Regañó Fugo, mientras le daba un zape.

- ¡Auch! ¿Por qué hiciste eso?

- Porque eres un cerdo. - Respondió el rubio, como si fuera la cosa más evidente del mundo.

Narancia acababa de empuñar un tenedor de forma peligrosa, cuando Giorno atrajo de vuelta su atención.

- ¿Ibas a decir algo, Nara?

- ¡Oh, cierto! - El pelinegro soltó el tenedor. - Quería decirte que a mi no me importa si eres hombre o mujer. Para mi eres Giorno, y eso es todo.

Las palabras del pelinegro la hicieron sonreír.

No se dijo nada extra respecto ql género de Giorno durante la cena, por muchas razones distintas. Fugo, por ejemplo, estaba demasiado avergonzado por el comentario estúpido que había hecho al inicio, Narancia estaba disfrutando demasiado de la comida, a Trish le daba igual, Bruno prefería ser respetuoso ahora que tenía la explicación necesaria, Mista seguía en shock por el hecho de que Narancia casi lo hubiera exhibido, y Leone no tenía idea de qué decir en general.

- Oye Gio, mañana un biólogo marino japonés nos va a llevar a nadar con delfines. ¿Quieres venir? - Preguntó Narancia.

- No veo por qué no.

- Tenemos que ir de compras primero. Toda la ropa se quemó junto a la casa. - Comentó Trish.

- Está bien, tenemos tiempo. La cita con el japonés es hasta la tarde. - Dijo Bucciarati. Pronto, Narancia comenzó a parlotear sobre los delfines, mientras Fugo lo corregía al decir algo científicamente incorrecto y Mista comenzó a hacer preguntas extrañas. El resto se integró a la conversación, y de la nada, era una noche como cualquier otra. Giorno se sintió feliz.

Fue hasta el momento de pagar la cena cuando notaron que no tenían a donde regresar: la casa se había quemado. Afortunadamente, Bucciarati llevaba consigo su cartera, así que el dinero no era problema. Pero era temporada alta, así que no encontraron habitaciones disponibles en los primeros cuatro hoteles que consultaron. En el quinto tuvieron akgo de suerte: Tenían una sola habitación disponible, con dos camas matrimoniales y un sillón.


Quería escribir más comedia, pero el capítulo me quedo medio Angsty jajahhs. El próximo capítulo va a estar más light: Básicamente, van a ser un par de simps tratando de compartir cama con Giorno (solo para dormir, nada puerco) y la Buccigang siendo morros pendejitos.