Habían pasado unos treinta minutos desde que Giorno había dicho que iba a cambiarse, y la rubia aún no daba señales de vida. El Dr. Kujo tampoco estaba a la vista, aunque a la mayoría no parecía importales, porque Kakyoin, quien sabía muchísimo sobre delfines gracias a su esposo, se encargó de distribuir algunos visores y chalecos salvavidas (aunque solo Trish y Fugo los aceptaron) y llevar a todos cerca de una manada de esos amigables mamíferos acuáticos.

Pero habían dos personas en el grupo a la que ni todos los delfines del mundo podrían hacerles olvidarse de la rubia, y esas personas eran, por supuesto, Mista y Abbacchio.

- Oye, Bucciarati. - Mista se había acercado a nado al punto donde se encontraban Leone y Bruno, escuchando a Jolyne hablar sobre la vez en la que un pez globo mordió a su tío Josuke (aunque en realidad, solo el pelinegro prestaba atención de verdad). - Giorn... Giorgia lleva mucho tiempo cambiándose. ¿Crees que le haya pasado algo?

- Mmmhh... - Bucciarati lo pensó por unos segundos. Por una parte, eran muy poco conocidos en esa parte del país, a demás de que Giorno era prácticamente irreconocible en estos momentos... Siempre existía la posibilidad de que alguien los reconociera y la atacaran por el simple hecho de saberla involucrada con los altos mandos de Passione... Aunque con sus habilidades de pelea y su stand extremadamente OP, era más que capaz de defenderse sola. Pero bueno, era mejor pecar por precavido, ¿cierto? - No, pero de todas formas, ve a buscarla.

Sin perder el tiempo, Mista nadó de regreso al bote, con Abbacchio detrás de él. Ambos estaban lo suficientemente preocupados para no discutir por idioteces mientras el moreno recogía discretamente su pistola, y ambos se acercaban sigilosamente al camarote tras una rápida inspección a la cubierta.

Guido llamó a la puerta, y tras unos segundos sin obtener respuesta alguna, Leone giró de la perilla, notando que la puerta estaba asegurada por dentro. Ambos se disponían a utilizar recursos más violentos (taclear la puerta o volar la cerradura a balazos) cuando alguien abrió desde el interior.

Ignorando la imponente figura del Dr. Kujo, que bloqueaba parcialmente la vista de la habitación, ambos buscaron a Giorno, quien se encontraba sentada en la cama, aún con su vestido de verano, observando el piso como si fuera la cosa más interesante del mundo.

- ¿Giogio? - Preguntó Mista, con un tono bastante suave que no logró ocultar del todo la tensión en su voz. No tuvo respuesta.

- ¿Qué le hiciste, infeliz? - Siseó un furibundo Abbacchio, mientras tomaba al biólogo del cuello de la camisa, importándole poco (o nada) que el pelinegro fuera varios centímetros más alto que él.

- Yare yare daze... No le hice nada a su jefa, solo hablamos. - Replicó Jotaro, con su habitual monotonía.

- ¿Cómo sabes que es nuentra jefa? ¿Quién te envió? ¿Quién demonios...

- Abbacchio, déjalo. - Ordenó Giorno. De mala gana, el ex-policía lo soltó. El japonés ni siquiera miró en su dirección: se limitó a acomodar su gorra y alejarse hacia la orilla del barco, para quitarse el traje (revelando una camisa acuática de mangas largas y unos shorts azul marino) y adentrarse al agua.

Una vez que el misterioso hombre estuvo fuera de su vista, ambos simps dirigieron toda su atención hacia la rubia.

- ¿Estás bien, Giovanna? - Preguntó el peliblanco, un poco más tranquilo al notar que no había daño físico aparente. Sin embargo, la chica no dejaba de mirar al suelo.

- Mi padre... Mi padre está muerto. - Respondió simplemente, la voz quebrándose un poco en la última sílaba.

Mista ni siquiera pensó: Su cuerpo se acercó solo al de la chica, para envolverla firmemente en un cálido abrazo. Notó como ella temblaba ligeramente, y por un segundo, pensó que estaba llorando, aunque no era el caso: Giorno jamás lloraba. En su mente bullían cientos de preguntas respecto al misterioso padre de su Don, pero era lo suficientemente prudente para no dejarlas salir.

Leone, por otra parte, estaba bastante incómodo, pues no sabía muy bien como lidiar con esas situaciones: en cierto sentido, estaba agradecido de que Mista estuviera allí para consolarla. Sin tener una idea de cómo reaccionar, pero queriendo reconfortarla un poco, le dio unas pequeñas palmaditas en la cabeza, como si de un perro se tratara. En medio de todo el dolor y la confusión, Giorno agradeció internamente los gestos de ambos.

Permanecieron un rato en silencio, dándole tiempo a la joven para ordenar sus emociones e ideas. Mista pudo comprobar que aunque estaba pálida, no habían restos de lágrimas en su rostro, aunque el hecho de que aún temblara un poco lo preocupaba. Después de unos minutos, comenzó a hablar, más para desahogarse un poco que otra cosa.

- Nunca lo conocí: lo único que tenía de él era una foto. Aún así, siempre tuve la pequeña fantasía de que algún día me buscara o algo parecido. Y resulta que lleva más de doce años muerto. - Guardó silencio por un minuto, tratando de organizar un poco el torbellino que era su mente. Cada chico se sentó a un lado suyo, importándoles poco si mojaban la cama (ni siquiera se habían secado al salir del mar). Abbacchio le ofreció otra serie de palmaditas en la cabeza, mientras Mista tomaba su mano. - Y como si no fuera suficiente, me entero de que el asesino de mi padre está frente a mis ojos, pero no puedo odiarlo, porque mi padre era un monstruo que merecía morir. Y me refiero a que, literalmente, era un monstruo. ¡Era un maldito vampiro!

El hecho de que Giorno estuviera maldiciendo era prueba suficiente de lo alterada que estaba: esto sorprendió a sus acompañantes más que el hecho de que la rubia fuera hija de un vampiro: estaban acostumbrados a lidiar con situaciones más bizarras (en el sentido anglosajón de la palabra).

- Y no he terminado... Resulta que técnicamente tengo dos padres biológicos, porque el hombre que me concibió, Dio, lo hizo con el cuerpo robado de otro, así que ahora tengo más familia, como el Dr. Kujo, pero seguramente me odian por culpa de ese tal Dio.

Leone consideraba que su jefa estaba sobrellevando toda esa extraña situación bastante bien: Si a él le hubieran soltado toda esa mierda de golpe, probablemente ya iría en su tercera botella de vino (o cualquier cosa que mareara). Honestamente, era admirable.

- No es posible odiarte por mucho tiempo, Giorno. Créme, lo digo por experiencia. - El tono casi dulce que Abbacchio utilizaba le provocó a la rubia una extraña sensación de calidez en el pecho.

- A demás, pase lo que pase, ya tienes una familia. Nos tienes a nosotros. - Agregó Mista, mientras le daba unas palmaditas en el hombro.

Una pequeña sonrisa se formó en el rostro de la chica y, tomándolos por sorpresa a ambos, los abrazó. Después de unos segundos, correspondieron el gesto.

Cuando se separaron, Abbacchio se dio cuenta de un pequeño detalle: Bucciarati estaba parado en el umbral del camarote, con una cámara en la mano y una sonrisa ENORME.

- ¿Bucciarati? ¿Cuánto tiempo llevas ahí? - Preguntó Mista.

- Unos dos minutos. - Respondió, aún sonriendo. Al darse cuenta de que Mista y Abbacchio estaban tardando demasiado, decidió ir a asegurarse de que todo estuviera bien. Y cuando se encontró tan conmovedora escena, no se atrevió a interrumpir (pero sí a tomar aproximadamente cincuenta fotos, para su album de recuerdos). - ¿Está todo bien? - Agregó, frunciendo el ceño al notar algo raro en la expresión de Giorno.

- Sí, todo está bien, Bucciarati. - Estaba siendo sincera: ahora se sentía mejor. - Los alcanzaré en dos minutos, aún tengo que cambiarme.

Nuevamente, se quedó sola en la habitación. Se apresuró a ponerse el traje de baño, no queriendo darse tiempo para que toda la conversación que tuvo con su... ¿Sobrino bis-nieto?.. Bueno, lo que sea, volviera a su cabeza. Le sorprendió bastante encontrarse con que Abbacchio seguía afuera del camarote al salir: estaba esperándola.

- Vamos al agua. Tus clases de natación comienzan ahora.

Al inicio, Giorno sintió un poco de desconfianza, considerando que tal vez ese fuera un plan del peliblanco para ahogarla en el océano... Aún le guardaba un poco de desconfianza (especialmente por lo del restaurante japonés). Pero pronto, se dio cuenta de que realmente estaba intentando enseñarle, y sorprendente, era muy buen maestro, y mucho más paciente que Fugo, sobra decir.

Si las miradas de envidia mataran, Abbacchio le hubiera dado una buena competencia a Diavolo durante el tiempo que duró la lección: Mista se moría de celos, pero viendo lo rápido que progresaba Giorno, decidió no interrumpir. Leone, por otro lado, estaba encantado por la cantidad de contacto físico: Tomar a Giorno de la cintura mientras aprendía a flotar, sujetar sus manos, el contacto con sus rodillas para corregir su postura... Aunque duró menos de lo que quería, porque la rubia aprendía extraordinariamente rápido, y en menos de una hora, ya podía arreglárselas por su cuenta en el agua.

- Tal vez debería asignarte a tí como tutor de Narancia. - Sugirió Bruno, en tono juguetón. Trish, quien veía todo como si se tratara de una novela, soltó una risita.

- Cállate. - Respondió el peliblanco, con un ligero sonrojo.

Narancia y Fugo se perdieron del drama completo, demasiado fascinados por los delfines: el chico de la bandana naranja, de alguna forma había sido aceptado por la manada, dejando atónitos a todos (y Jotaro se moría de envidia, pero lo disimuló bien). Aunque, según la lógica de Fugo, simplemente era imposible, independientemente de la especie, no amar a Narancia, declaración que nadie contradijo. Obviamente, dicho pelinegro fue el más triste (dejando el segundo lugar a Jolyne) cuando Kakyoin anunció que debían volver al barco antes de que oscureciera por completo.

Una vez en el puerto, Bruno insistió en invitarlos a cenar en agradecimiento por la amable invitación. Jotaro quiso declinar la oferta, pero su esposo aceptó alegremente encantado antes de que pudiera abrir la boca, así que quedaron en un lujoso restaurante del centro dentro de hora y media.

Giorno decidió que era una buena oportunidad para usar uno de los vestidos de noche que había comprado esa mañana: Eligió uno de terciopelo color borgoña hasta las rodillas, unas zapatillas del mismo color y material (sí, había comprado los zapatos solo para ese vestido, porque cuando uno tiene varo, puede darse ciertos lujos), se dejó el cabello suelto para no perder mucho tiempo, y fue a la habitación de Trish para pedir ayuda con el maquillaje (lo Giorno sabía hacer era más enfocado en disimular sys razgos que en embellecerlos). Cuando se reunió con los demás, Abbacchio y Mista casi se desmayan.

- Cierren la boca, les va a entrar una mosca. - Comentó Trish, tratando de no reír por la cara de idiotas que tenían.

Encontraron a la familia del biólogo afuera del restaurante acordado. Normalmente se necesitaban semanas de anticipación para conseguir una mesa en el dichoso restaurante, pero Bucciarati era Bucciarati, así que eso no aplicaba para ellos.

- Buenas noches a todos. Señorita Una, señorita Giovagnoli, se ven especialmente encantadoras esta noche. - Saludó Kakyoin.

- En realidad, es Giovanna. Giorno Giovanna. Puedes llamarme por mi primer nombre, después de todo, somos familia.

Por supuesto, Kakyoin ya sabía todo eso, por lo que no se sorprendió. Jotaro no le guardaba ningún secreto.

- En ese caso, puedes llamarme Noriaki.

La mitad del grupo no tenía la más remota idea de que estaba pasando, pero tuvieron la decencia de guardar las preguntas para después... Excepto Narancia, por supuesto, quien ya había abierto la boca cuando hugo le soltó un zape y le dirigió una mirada que prometía una muerte dolorosa si hablaba.

Fuera de ese detalle, la cena transcurrió de forma casi normal. Bucciarati, en colaboración con Kakyoin, logró hacerle plática a Jotaro.

- ¿Sabes, Narancia? Los gatos podrían considerarse un líquido.

Ese comentario, que por supuesto, provenía de Mista, llamó la atención de todos los presentes.

- Puede que sea algo idiota, pero Mista, incluso yo puedo darme cuenta de que lo que acabas de decir es una...

- Lenguaje. - Regañó Bruno, antes de que pudiera continuar.

- No, es en serio. - Y de hecho, la voz del pistolero demostraba que sí hablaba en serio. - Fugo, ¿puedes decirme cuáles son las características físicas que definen a un líquido.

- La cohesión de sus partículas, menor a la de un sólido pero mayor a la del gas, que le permite conservar un volumen constante, pero adaptarse a la forma del recipiente que los contiene. - Contestó el rubio, sin saber a dónde iba con eso.

- Y un gato conserva dicho volumen constante, pero si lo metes a una caja, un jarrón o una esfera, se amolda al recipiente, ¿cierto?

- Pero un animal no puede ser un lí... - Comenzó Narancia.

- No, no, tiene un buen punto. - Interrumpió Kakyoin, genuinamente intrigado.

Después de cenar intercambiaron números para mantenerse en contacto. Bucciarati les dijo que si alguna vez iban a Nápoles, eran bienvenidos a su hogar, y tras decir que le tomaría la palabra en un futuro no muy lejano, Kakyoin devolvió la oferta en caso de que decidieran visitar Japón o Estados Unidos. Después, pidió hablar unos minutos en privado con Giorno.

- Supongo que Jotaro te habló acerca de la fundación Speedwagon.

- Sí, mencionó algo al respecto.

- Perfecto. En todo caso, dudo que mi esposo ye haya dicho lo siguiente, pero quiero que sepas que en caso de que tengas algún problema relacionado con algún stand, puedes pedirnos ayuda con total confianza.

- Muchas gracias. Lo tomaré en cuenta.

- Y también quería darte personalmente la bienvenida a la familia. - Añadió con una radiante sonrisa, antes de darle un abrazo.

Giorno tardó unos segundos en reponerse de la sorpresa, pero finalmente, devolvió el abrazo.

- Oigan, hay un club bastante famoso a unas calles. ¿Qué tal si vamos un rato? - Sugirió Trish.

- ¡Sí a todo! - Respondió Narancia, de inmediato.

El resto del grupo los observó con distintos grados de incredulidad en sus rostros, sin entender cómo diablos tenían energía después de lo poco que durmieron la noche anterior y todas las actividades del día.

- O puede ser mañana. - Añadió la pelirrosa de inmediato.

Cada uno se retiró a descansar a su respectiva habitación. Unas horas antes, Giorno creyó que no podría dormir esa noche, teniendo tantas cosas que procesar, pero los recuerdos más agradables de ese día (las risas de sus amigos, las palabras de Mista y Abbacchio, el abrazo de Kakyoin) se sobrepusieron a los pensamientos desagradables. No habían pasado ni cinco minutos desde que su cabeza tocó la almohada cuando ya estaba profundamente dormida.


Notas de la autora:Raza, tengo unas ganas bien malditas escribir un trío (sí, sexual) bien puerco de estos tres (AbbacchioGiornoMista) (con Giorno mayor de edad, por supuesto). Pásenme el agua bendita, por favor.También quiero unx amix que esté dispuesta a escuchar y o leer todas mis ideas piteras para fanfics. Está mi ex (un salido, Yisus) pero considera mis lemmons medio cursed, y así no se puede.Volviendo al fic... Siento que Giorno sería de las personas que aprenden a nadar en chinga (porque no tiene miedo, factor muy importante, y porque es una chingonería). Y lo de los gatos como líquido es uno de mis temas de conversación favoritos: Los gatos son un líquido and you can't change my mind.Ah, y lo de la mordida del pez globlo está basado en hechos reales: le pasó a un primo por culpa mía.