-A ver... Tal vez es un efecto secundario de algún golpe en la cabeza, pero estoy bastante segura de que la última vez que lo vimos, Giorno era un hombre. -Señaló

-Maquillaje, posiblemente un binder.- Respondió Dessiré, encogiéndose de hombros. En realidad, ella ya lo sabía. Doctora le había revelado el secreto de Giorno, basándose en su olor. A pesar de que el 80% del tiempo era un desastre con patas, tenía suficiente sentido común para seguir viva en el mundo de la mafia, por lo que optó por guardar el secreto de todas (excepto Ciavarella), tanto por respeto a la voluntad del Don como por instinto de autopreservación. Suponía sus motivos, pues ella misma y su hermana se habían llegado a vestir como chicos por seguridad, pero bien podía simplemente tratarse de un hombre trans. -Por cierto, ¿quieres que nos refiramos a ti como hombre, o mujer?

-Háblale de usted, idiota. Es el Don.- Regañó Dafne.

Gio, por otro lado, apreciaba la intención, pero en ese momento el ruido la estaba desconcentrado.

-Lo discutimos luego.- Respondió, sin despegar su vista de la peliplata a la que sostenía entre sus brazos. -Cassandra, ¿me escuchas? - La aludida soltó un gruñido y trató de alejarse de Giorno, con la vista desenfocada. -Debe estar confundida por la droga. ¿Alguna de ustedes puede acercarse? Ver un rostro conocido puede ayudarla a calmarse.

Paola, quien era la más cercana, se arrastró hasta la esquina. Al entrar en el rango de Gold Experience, Giorno tuvo la decencia de desbaratar las sogas de sus muñecas en lianas.

-Voy a dejarte las ataduras de los pies solo para disimular, pero se pueden romper de un tirón. En unos minutos hago lo mismo con las demás. - Paola asintió, comprendiendo el por qué de inmediato.

-Cassie, soy yo, Pao. Tranquila, estamos aquí y te vamos a sacar.- Era una fortuna que ella fuera quien estaba más cerca, pues posiblemente era la única del grupo capaz de disimular calma para tranquilizar a otros en una situación de ese tipo. Cassandra, poco a poco, iba tomando más consciencia de su entorno, hasta ser medianamente capaz de recordar cómo había llegado, y durante todo ese tiempo la castaña le susurró palabras tranquilizadoras.

-Cassandra, no me conoces, pero necesito que me escuches si quieres salir de aquí. Primero, quiero que llames a tu stand y hagas que elimine el resto de la droga de tu organismo. ¿Puedes hacerlo?

La chica parpadeó un par de veces. Las palabras le llegaban a través de una bruma, amortiguada, pero la voz de Giorno era lo suficientemente firme para atravesar dicha bruma, y la presión de la mano de Paola sobre la suya la ayudaba a centrarse un poco. De alguna forma, logró balbucear el nombre de su stand.

-O-Zone...

El stand era una figura humanoide de piel transparente, cuyo interior parecía ser compuesto por un líquido traslúcido aguamarina, y millones de partículas luminosas de un azul eléctrico orbitaban en su interior. Los dedos del stand entraron en contacto con los de su usuaria, y durante un segundo, emitió un brillo enceguecedor. Cuando todo volvió a estar oscuro, Cassandra se veía bastante confundida y asustada, pero alerta.

-¿Paola? ¿Dónde estamos? ¿Qué sucedió?

-Angelo nos capturó a todas. Estamos en alguno de sus escondites, supongo.- Respondió Dafne, mucho más tranquila al notar que Giorno tenía un plan. - Pero no te preocupes, ella... ¿o él? Como sea, la persona de ahí es Giorno Giovanna, y parece que tiene un plan para sacarnos de aquí, ¿cierto?- Gio asintió. Estaba aprovechando el tiempo para desatar al resto.

-Utiliza a O-Zone para despertar a las demás. Están drogadas. - No tardó en hacerse lo que Gio indicaba. Anyelin y María pronto estuvieron despiertas, y aunque la primera parecía estar a punto de llorar, lograron mantener la calma. - Bien, escuchen con atención: No sabemos cuantas personas hay custodiando ese lugar, pero a juzgar por el ataque, deben ser por lo menos treinta. Tampoco conocemos la estructura del lugar.

-Puedo encargarme de eso.- Interrumpió Dessiré. Ante la mirada acusadora de sus compañeras, cayó en cuenta de que acababa de interrumpir. -Lo siento.

-No te disculpes, nos sería muy útil. ¿Qué piensas hacer?

-Hay ratas en este lugar.- Dafne hizo una mueca de asco. - Puedo tratar de sobornarlas por información.

-Hazlo, nos servirá. Lo que haremos será esperar a que venga Angelo: estoy segura de que querrá venir a pavonearse: suena a esa clase de tipo. Trataremos de tomar toda la información que suelte y usarla a nuestro favor. Luego, lo matamos, y tratamos de salir de aquí. Con un poco de suerte, llegarán refuerzos. En ese caso, haremos limpieza completa. Mientras tanto, no debemos llamar la atención. Si alguien entra, Cassandra, María y Anyelin fingirán estar dormidas, y el resto, que aún están atadas. ¿Alguna duda?

-Sí, ¿a qué te refieres con refuerzos? - Preguntó María.

-Dejé una pista para mi equipo. Seguramente ya están en camino.- En realidad, no estaba del todo convencida. Por lo que había visto, algunos estaban bastante heridos. Estaba especialmente preocupada por Narancia, quien parecía en muy mal estado. Y por Abbacchio. Aún así, logró aparentar calma.

Después de unos minutos de diálogo, Dessiré logró convencer a una rata de cambiar información por varios kilos de semillas, para ella y su colonia. Dafne tuvo que traducir las explicaciones de la rata, pues la usuaria de Glass Animals era pésima describiendo espacios.

Resulta que estaban en una especie de fábrica abandonada, específicamente, en un almacén, separadas del edificio principal por un patio de unos veinte metros cuadrados. Cuatro sujetos custodiaban la entrada, mientras el resto de los hombres se encontraban distribuidos en ese edificio, descansando o tratando sus heridas.

Técnicamente, podían escapar tras matar a los guardias, y nadie se daría cuenta, pero Giorno quería acabar con esa peste de una buena vez. Y no era la única. Así que, en lugar de escapar, esperaron.

Mientras tanto, en una zona cercana, el grupo de Bucciarati salvaba la distancia restante a pie, pues dejaron la camioneta en cuanto divisaron una construcción a lo lejos, para evitar llamar la atención. O por lo menos, la mayoría de ellos iba a pie: Trish llevaba cargando a la Doctora, pues se había compadecido al verla intentar seguirles el paso cojeando, mientras Abbacchio llevaba a Narancia en su espalda. El pobre chico se veía muy mal: sus labios estaban pálidos y su piel más fría de lo normal, incluso aunque Fugo y Mista le había dado sus camisas como fuente adicional de calor. Por donde pasaban, iba quedando un pequeño rastro de sangre. Pero no se quejaba, y mantenía el radar de Aerosmith sobre su ojo derecho.

-Hay un par de personas veinte metros al frente. Se mueven en línea recta. Parece que están trazando un perímetro.

Con un asentimiento, Bucciarati y Ciavarella se pusieron de acuerdo, antes de deslizarse como sombras hacia el punto señalado por Narancia.

-Neutralizados.- Informó con voz apagada, cuando notó que los puntos desaparecían. Fugo apretó su mano. Quiso golpear algo al notar lo fría que estaba, pero mantuvo la calma para no importunar a su novio.

-¿Cuánto falta?- Preguntó. Concentrarse en el plan le ayudaba a evitar los pensamientos intrusivos. Y también quería mantenerlo consciente.

-Hay dos agrupaciones de personas a cincuenta metros. De un lado hay veintidós... No, veintitrés personas. En el otro hay once. Siete están muy juntas. Parece que los otros cuatro están afuera de la habitación.

-Deben ser las chicas. Los otros cuatro seguramente son guardias. -Murmuró Abbacchio. Narancia se veía cansado, como si estuviera a punto de quedarse dormido. Fugo no pensaba permitirlo: Tenía miedo de que no despertara.

-¿Qué distancia los separa? A los dos grupos. - Preguntó el rubio.

-¿Cinco o seis metros? Creo. - Bucciarati y Ciavarella estaban de vuelta. Trish les transmitió la información a susurros, e inmediatamente después, Bruno dio la orden de reanudar la marcha.

Fugo se distrajo unos segundos, observando el pequeño charco de sangre que se había formado bajo Narancia. Su cerebro estaba calculando la cantidad de sangre que debía haber perdido a ese punto, y cuánta más podía perder alguien tan pequeño como él antes de entrar en shock.

Suponía que no mucha.

-Va a estar bien.- Susurró Trish, tratando de tranquilizarlo. Aunque ella misma no estaba convencida.

-Alguien viene.- Susurró María, la más cercana a la puerta, al escuchar pisadas aproximándose. Inmediatamente, todas adoptaron su papel de damiselas indefensas, como les correspondía. A los poco segundos, la puerta se abrió.

Giorno jamás lo había visto en persona, pero estaba seguro de que ese tipo era Angelo. No era por el outfit de proxeneta (traje de tres piezas de un morado brillante, cabello verde peinado hacia atrás en un pésimo intento de cubrir su incipiente calvicie, lentes oscuros a pesar de ser más de noche) sino por la sonrisa déspota y la forma en que sintió que las desvestía con la mirada, incluso aunque no podía ver sus ojos. No entró solo, pero el otro tipo no importaba: era un mero peón.

-Miren lo que tenemos aquí. - Canturreó. - Las zorritas de Ciavarella.- Giorno notó de reojo como María se tensaba. - Viéndolas así, tan dóciles, es difícil creer todos los problemas que me han causado. Han sido un puto dolor de huevos.

-Jódete. - Siseó Dafne.

-Ladra todo lo que quieras, perra. Conozco tu stand, y si lo usas, te jodes a todas tus compañeras, o conviertes esto en una orgía. Estoy bien con cualquier de los resultados.

-¿Vas a vendernos?- Preguntó Gio. En parte para distraer la atención de las chicas y evitar que alguna actuara antes de tiempo, en parte para sacar información.

-¿Esta quién es? No la recuerdo.- Le preguntó a su acompañante.

-Estaba en la casa de Ciavarella. No sabemos si es de su grupo, o del de Bucciarati, pero decidimos traerla. - Contestó el otro sujeto.

-¿Por qué no está sedada? ¿Su stand no es peligroso? - Preguntó, con el ceño fruncido, dando un paso hacia atrás de forma instintiva.

-Parece que no tiene. Durante la emboscada peleó a puño limpio.

Angelo decidió que era mejor no arriesgarse. Llamó a su propio stand, una especie de criatura repulsiva medianamente parecida a un pulpo humanoide verde.

-Oye, mocosa, ¿puedes verlo?

-¿Ver qué cosa?- Preguntó Giorno, teniendo mucho cuidado de evitar que sus ojos se desviaran de Angelo siquiera por un segundo.

Después de el minuto más tenso de la historia, el stand desapareció, y el hombre se acercó a Giorno para examinarla de cerca. La chica lo observó desde el suelo, devolviéndole la mirada con ferocidad.

-¡Qué cosa tan bonita! Parece que nos sacamos la lotería esta noche.

-Odio repetir las cosas, así que responde. ¿Vas a vendernos? - Angelo soltó una carcajada.

-Parece que la gatita tiene garras. - Mientras hablaba, se agachó para quedar a su altura y examinarla más de cerca. -No, ustedes se van para mi burdel personal, al norte. Así podré hacerles una visita de vez en cuando. Aunque tú, muñeca... -Giorno tuvo que reprimir un escalofrío cuando sintió una mano sobre su mejilla. - Eres una preciosura. Serías un éxito en el burdel, pero, ya que no te has metido en mis asuntos, te propongo un trato. Puedes ser la puta de treinta hombres cada noche, o puedes ser mi puta personal. Es la oportunidad de tu vida, ¿qué dices?

-No, gracias. - No trató de disimular el asco en su voz.

-¿Estás segura? Última oportunidad.

-Prefiero estar muerta. Pero gracias por la oferta.

Decir que las palabras de Gio fueron un golpe bajo a su orgullo sería poco. Estaba lívido de ira. Pero trató de disimularlo.

-Como quieras. De todas formas, voy a ser el primero en probarte.

Lo siguiente que Angelo hizo fue estrellar sus labios contra los de Giorno, una mano tirando de su cabello con fuerza para obligarla a levantar el rostro, la otra estrujando su cara para obligarla a separar los labios.

Y en respuesta, ella lo mordió con suficiente fuerza para arrancarle un trozo del labio.

Angelo se apartó, gritando de dolor y furia mientras la miraba con incredulidad. Gio escupió el pedazo de piel, mientras lo miraba con desprecio, y después se limpió con el dorso de la mano los restos de sangre y saliva.

El tipo estaba tan molesto y su acompañante tan impactado, que ninguno de los dos notó el error en la imagen: Se suponía que todas las chicas tenían las manos atadas.

-¡Me las vas a pagar, maldita zorra! - El sonido del puñetazo resonó en toda la habitación. El impacto fue tan fuerte que Giorno cayó al suelo.

La estancia quedó envuelta en un silencio mortal por unos segundos, los que le tomó a Gio levantarse. Todas las miradas estaban sobre ella.

Giorno escupió un diente y sangre, luciendo divina a pesar de las marcas de violencia. Sus labios se curvearon el una mueca similar a una sonrisa.

Y comenzó a levitar, en medio de un resplandor dorado. A un lado suyo estaba Gold Experience Réquiem.

-¿Qué mierda es esto?- Chilló Angelo.

Justo es ese momento, Abbacchio y los demás irrumpieron en la habitación tras matar a los guardias, en el momento exacto para escuchar a Giorno decir:

-Esto es... Requiem.

Tras neutralizar a Angelo y su acompañante (el segundo con un método más "convencional", o sea, una flecha de S&M), lo primero que Giorno hizo fue atender la pierna de Narancia (que a ese punto ya estaba inconsciente) y reemplazar la sangre perdida. Solo después de eso, Fugo permitió que GER reemplazara sus dedos perdidos. Cassandra se encargó de las fracturas y otras heridas menores (incluyendo las de Doctora), pues O-Zone aceleraba el proceso de cicatrización de forma más simple e indolora.

Después, Paola envió a Mitski dentro de la casa. Capturar a los hombres restantes bajo el estado narcoléptico que infligía dicho stand fue un juego de niños: Consideraron matarlos de inmediato, pero se decidió que primero debían obtener información sobre la red de tráfico.

Gio consideró que Ciavarella debía encargarse directamente: Ella era quien tenía historia con los traficantes, y por lo tanto, más derecho sobre ellos. Con dos excepciones, por supuesto.

Giorno no se había olvidado del tipo que las había arrojado a la bodega. Ese era suyo.

Claro, no era la única con cuentas por saldar.

-Quiero al hijo de puta que lastimó a Narancia. - Declaró Fugo. La calma de su voz contrastaba notablemente con los restos de lágrimas en sus mejillas y la forma ansiosa en la que se aferraba a la cintura de su novio con ambos brazos. No era una petición, sino un aviso.

-Todo tuyo.- Accedió Ciavarella.

Sin entrar en detalles, el hombre suplicó por su muerte por horas antes de que por fin lo liquidaran: no por piedad, sino porque Narancia se había aburrido y le pidió a Fugo que terminaran con eso para dormir un rato. En realidad, no durmieron.

Giorno, Bruno, Trish, Mista y Narancia regresaron a la casa de Ciavarella a eso de las cinco de la mañana, dispuestos a volver a dormir. A pesar de tener casi todas las habitaciones a su disposición, optaron por acomodarse todos en la misma. El cansancio abatió a todos casi de inmediato, a excepción de Bucciarati y Giorno.

-¿Qué vas a hacer con Ciavarella?- Preguntó el mayor en un susurro. La rubia supo a lo que se refería: Ahora, siete personas más sabían su secreto.

-Hablar.

Ciavarella y las chicas volvieron al medio día. Gio ya estaba despierta y vestida... Sin el binder o el maquillaje: No le veía sentido.

Las muchachas se veían exhaustas y estaban hechas un desastre, cubiertas de salpicaduras de sangre. La única que lucía radiante era Doctora, quien se acercó a saludar a Giorno meneando la cola. Como cualquier ser humano decente haría, la rubia devolvió el saludo acariciándole la cabeza.

-Mataría por un baño.- Farfulló Dafne.

-Yo por mi cama.- Dijo María.

-Y yo por un litro de helado. - Agregó Anyelin.

-Me quedo con las tres, en ese mismo orden. - Murmuró Dessiré. Entre ella y Cassandra llevaban a su hermana, quien se había quedado dormida en el auto.

Se detuvieron en seco al ver a Giorno en la cocina, bebiendo café y ojeando una revista. Tras la exhibición de réquiem habían quedado un poco... Asustadas del Don.

-Buenas tardes.- Saludó, como si nada. -¿Quieren café? Preparé un termo.

-Yo lo acepto. Mis muchachas tienen que asearse y dormir. - Por supuesto, quien había hablado era Ciavarella.

Las chicas prácticamente huyeron a sus habitaciones. René y Giorno se quedaron solas en la cocina.

-¿Consiguieron toda la información sobre la red de tráfico?- Soltó la menor, para romper el hielo.

-Faltan algunos detalles, pero los conseguiremos con unas horas más de tortura. Por ahora, mis niñas necesitan descansar.

-¿Crees poder hacerte responsable de su desmantelamiento? Te daré los recursos necesarios, por supuesto. Incluyendo gente, si lo necesitas.

-Con mis muchachas basta y sobra. Aunque un auto nuevo y algunas armas nis vendrían bien.

-Dalo por hecho.

Ambas permanecieron en silencio unos minutos, bebiendo café y mirándose a los ojos.

-Ni yo ni mis chicas diremos algo, si es lo que te preocupa.

Gio sintió que se le quitaba un peso del pecho.

-Gracias.

-Pero probablemente se sabrá de todas formas. Es cuestión de tiempo.

-No va a pasar. Seré más precavida.

-¿En verdad quieres vivir de esa forma?- Preguntó la mayor. Su tono, a pesar de ser áspero, tenía algo de maternal.

-No.- Confesó Giorno. Volvieron a quedar el silencio. Hubieran permanecido así de forma indefinida, de no ser por Dessiré, que irrumpió a la cocina y comenzó a hurgar en la alacena

-Te dije que durmieras.- Regañó Ciavarella.

-No puedo. Le prometí un costal de semillas a una rata a cambio de información, y si no se la llevo ahora, voy a olvidarme.

-¿En serio le vas a dar nuestra comida a una rata?- Preguntó Dafne, quien entró a la cocina tras ella.

-En primera, un trato es un trato. En segunda, no es para "una rata", sino para su familia. Y en tercera: si no cumplo, se va a correr la voz. No quiero que todas las ratas piensen que soy una mentirosa.

-Haz lo que quieras. Me voy a dormir.- Contestó la chica, con los ojos en blanco.

-¿Y cómo te vas a ir?- Preguntó Ciavarella, al ver que la chica y su perro se dirigían a la entrada. Sabía de sobra que era incapaz de conducir un auto. O de ubicarse, pero para eso estaba la Doc.

-Ehh... ¿Caminando?

-Bucciarati está en la playa. Él te puede llevar.- Intervino Giorno.

Cuando la chica se marchó, el ambiente se sentía un poco más ligero. Gio se sirvió su segunda taza de café.

-¿Las quieres?- El rostro de la mujer se suavizó.

-Son como mis hijas. - Giovanna asintió. Entendía a qué se refería: Ella también había encontrado una familia en la mafia.

-¿Qué crees que suceda? Si decido revelar quién soy. ¿Crees que dejen de respetarme?

Ciavarella se encogió de hombros.

-Tal vez. Muchos hombres no toleran la idea de que una mujer esté por encima de ellos. Pero siempre puedes recordarles por qué eres la jefa.

Giorno sonrió. Y le dio otro sorbo a su café.

A las siete en punto de la noche, todos los miembros del grupo de Bucciarati estaban en el auto, emprendiendo el camino de regreso a Nápoles. La despedida con el grupo de Ciavarella había sido bastante animada, y habían quedado en mantener el contacto, para conocer el estado de la situación con los tratantes.

Esta vez, Mista iba al volante, con Bruno como copiloto. En los asientos traseros, Fugo y Narancia estaban profundamente dormidos, abrazados. En medio iban Trish, Giorno y Leone, en ese mismo orden. La pelirrosa veía la ventana, mientras Gio, recargada del pecho de Abbacchio, aparentaba dormir.

La Don tenía mucho en que pensar.


Perdón por no actualizar en esta plataforma: Olvidé que la usaba.

Con esto, termina el arco de Ciavarella y sus chicas. Fue un dolor de cabeza de escribir (muchos personajes, muchos OCs), pero me gustó (más o menos).

Solo quiero recordarles que Gio tuvo una sola calcetita durante la aventura :3

Y bueno, nunca está de más recordar que Gio es extremadamente OP.