Otro capítulo medio dark. ¿Recuerdan cuando dije que esto iba a ser mayormente comedia? Sí, les mentí. Y me mentí a mí misma.

Tw: Menciones de violencia doméstica y prostitución.


Apenas habían pasado solo dos días en Tropea (aunque honestamente, a todos les costaba creer que solo habían sido apenas dos días: entre las horas en carretera, la información sobre tráfico de personas, la búsqueda, el ataque sorpresa, los secuestros, la cantidad de heridas, la misión de rescate, la tortura y las escasas horas de sueño, esos días habían parecido eternos), pero eso era más que suficiente para que el escritorio de Giovanna se llenara de trabajo.

Fugo, Bucciarati, Polnareff y Giorno habían pasado la mayor parte del viernes revisando cartas, estados financieros y tratando de solucionar el caos que había generado el incendio de un par de casinos en Roma en los que afortunadamente nadie había salido herido, pero eran claramente orquestados, y la intención sí había sido provocar daños humanos. Para las once de la noche, si Gio seguía en pie, era gracias a los aperitivos y tazas de café que Trish y Narancia se turnaban para llevar.

Seguramente Leone también le hubiera llevado café. O Mista. Pero no los había visto en todo el día: Ambos habían partido a Roma antes del amanecer, para tratar de identificar al responsable detrás del asunto de los mentados casinos.

Y hablando de ellos, en ese momento se escucharon tres golpes firmes sobre la puerta de madera. Gio supo de inmediato que se trataba de Mista: Narancia solo entraba sin tocar la puerta cuando asumía que Fugo estaba con ella, los golpes de Trish eran más delicados y Abbacchio hubiera golpeado cuatro veces, solo para joder al pistolero.

—Adelante.— Soltó, elevando la voz lo suficiente para que pudiera oírse al otro lado de la puerta.

A continuación, Mista y Abbacchio entraron, luciendo exhaustos, sucios, despeinados y con salpicaduras de sangre que, gracias al cielo, parecía no ser de ellas.

—Fue obra de Manzo. Ya nos encargamos de él.— Anunció Leone.

Manzo. Uno de los tantos miembros de la organización que habían expresado su descontento ante las reformas de Passione. No era el primero en intentar una movida para perjudicar a Giorno después de meses de aparente sumisión. Y seguramente tampoco sería el último. La joven ya estaba haciendo una lista mental de todo el trabajo que significaba para ella esa estúpida traición: La reconstrucción de los casinos, la re-distribución de los territorios de Manzo, una investigación más exhaustiva para identificar a todos los involucrados...

Sí, ya podía saborear los próximos días: café, estrés e insomnio.

Aún así, lo que acababan de hacer Leone y Mista le simplificaba mucho las cosas.

—Gracias.— Una respuesta algo seca, pero los aludidos eran capaces de notar la emoción impresa en su voz. — Mañana discutiremos los detalles. Ahora vayan a descansar. Lo merecen.

Las órdenes de Giorno no se desobedecían (exceptuando situaciones especiales, como Bruno en modo padre), así que, tras desearles buenas noches a los presentes, se retiraron.

—También ustedes deberían descansar.— Sugirió Polnareff, después de un rato. Tras un poco de resistencia (sí, malditos adictos al trabajo), finalmente aceptaron.

La habitación de Giorno se encontraba en el mismo pasillo que la de Fugo (al igual que la de Trish), por lo que no pudo evitar notar que el rubio se dirigía a otra dirección. No le sorprendió: Desde las vacaciones, o estaba en la habitación de Narancia, o Narancia estaba en su habitación.

Bien por ellos, bien por ellos.

Mientras pensaba en esa pareja, Giorno recordó que el cumpleaños de Fugo estaba cerca. Era ese miércoles, si no se equivocaba. Estaba considerando darles a él y a Narancia una semana libre. O una fiesta sorpresa. O ambas. Lo mejor tal vez sería dejar que Narancia se encargara de la parte creativa, mientras ella arreglaba los detalles técnicos: La última vez que habían dejado a Narancia a cargo fue en las vacaciones, y tuvieron que comprar boletos de avión ridículamente caros en el aeropuerto porque el chico hizo la reservación para el mes equivocado (Fugo jamás se enteró, tampoco Narancia). Ya vería con qué excusa los mantenía separados un día antes, para que a Narancia no se le fuera la lengua.

Mientras pensaba en todo eso, se colocó algo de ropa cómoda para dormir. Aún no era invierno, pero el clima comenzaba a insinuar su cercanía, por lo que optó por pantalones deportivos gruesos color negro y una camisa de algodón gris. Después, cepilló su cabello y lo reacomodó en una trenza holgada, se lavó el rostro, cepilló sus dientes y se metió a la cama.

Pero el sueño la rehuía.

Tal vez era porque tenía demasiadas cosas en la cabeza. A veces su mente hacía eso, y la única forma de forzar su cerebro a apagarse un rato era mediante el agotamiento físico. Pero tampoco tenía ganas de salir a trotar con ese clima.

Se preguntó si Abbacchio seguiría despierto, y en todo caso, si sería prudente molestarlo a esa hora. Ya era casi media noche.

Bueno, no perdía nada con intentar.

Se colocó unos zapatos cómodos y un suéter verde oscuro tejido que le había enviado Holly Kujo, una mujer a la que no conocía en persona, pero con la cual sabía estaba emparentada y aparentemente era el ser más dulce del planeta. Según Kakyoin, con quien mantenía comunicación esporádica, Holly quería conocerla en persona, por lo que Giorno y su grupo estaban invitados a pasar la navidad en Nueva York, con el resto de los Joestars. Aún no sabía si aceptar la invitación.

Un minuto después, ya estaba frente a la puerta de Abbacchio. Por un segundo, titubeó, pero decidió que, en el peor de los escenarios, simplemente le diría que no. O no abriría la puerta. Nada del otro mundo. Así que tocó tres veces (porque las costumbres de Mista eran contagiosas).

Leone abrió a los treinta segundos. Solo tenía puestos unos pantalones deportivos negros, y su cabello seguía húmedo por la ducha. Para otra persona, no comérselo con los ojos hubiera requerido un esfuerzo sobrehumano, pero Giorno ya estaba acostumbrada a ver a sus compañeros de casa semidesnudos (especialmente a Mista), así que era casi inmune. Casi.

—¿Podemos ir a la tienda?— Directo al grano, como siempre. Ni siquiera esperó a que Abbacchio le preguntara qué demonios hacía en su puerta.

—¿Ahora?— Preguntó el peliplata, arqueando una ceja.

—Sí.

—Está bien. Dame un minuto.

Leone no se molestó en cerrar la puerta mientras buscaba una camisa, una sudadera, calcetas y sus botas. Giorno tampoco se tomó la molestia de simular que no lo seguía con los ojos.

—Vamos por la ventana. Para no despertar a los demás. — Leone se sintió como idiota al darse cuenta de que así pudo haber evitado la intromisión de Mista unas semanas atrás. Aunque bueno, al final, había resultado para bien, así que no se quejaba.

Ambos descendieron ágilmente por las enredaderas creadas por Gold Experience. Unos minutos después, ya se encontraban en el auto, arrancando. Esta vez, Abbacchio iba al volante. Decidió no encender las luces hasta estar lejos de la mansión. Giorno bajó la ventanilla, para sentir la brisa nocturna, esperando que la ayudara a sentirse más serena.

—¿Al lugar de siempre?

—Lo que sea está bien. Quería salir para despejarme.

—¿Es por lo del casino?

—Sí. Y lo demás, supongo.

—¿Quieres hablar de eso?

—No. — Dándose cuenta de que seguramente había sonado excesivamente cortante, añadió rápidamente. — Lo único que me tranquiliza completamente es ver las cosas resueltas, pero estoy bien. Sé como proceder. Solo necesito aire.

—Entiendo.

Condujeron unos minutos más en completo silencio, pero el ambiente no resultaba desagradable para ninguno de los dos. Se sentían cómodos, sin la necesidad de violentar el silencio con conversaciones forzadas.

—¿Quieres que vayamos a la tienda, o prefieres que demos vueltas en círculos por la ciudad?

—Lo segundo suena bien.— Respondió Giorno con una sonrisa.

Nápoles de noche era una ciudad preciosa y llena de vida. También peligrosa, pero nadie con dos dedos en la frente se atrevería a intentar algo contra uno de los hombres más cercanos al Don de Passione, o a su hermosa acompañante anónima.

Pasaron cerca de dos horas de esa forma, recorriendo la ciudad por calles no tan transitadas, soltando comentarios ocasionales como "siempre he querido ir a ese restaurante" o "una vez asalté a dos turistas en esa esquina". Después, hicieron una parada en un pequeño pub, donde aunque Giorno robó más de una mirada al entrar, nadie se atrevió a importunarla al ver al imponente peliplata a su lado. La cena consistió en hamburguesas y cerveza de barril.

Gio no estaba acostumbrada a beber alcohol, así que, aunque no había bebido más que un tarro pequeño, la cerveza había dejado su mente un poco nublada: No lo suficientemente para bailar hasta que le dolieran los pies y llorar por la muerte hipotética de Jeff Beck, pero sí para abrazar a Abbacchio y hundirse enterrar el rostro en su pecho mientras dejaba salir un pequeño ruidito de satisfacción mientras regresaban al auto. El ex-policía se quedó congelado por unos segundos antes de corresponder al abrazo.

—Gracias.— Murmuró Giorno, sin soltarlo. Leone no sabía si se refería al paseo, a la cena, a la compañía silenciosa o al abrazo. De todas formas, respondió:

—No es nada.

Una vez que ambos subieron al auto, Abbacchio preguntó:

—¿Quieres que volvamos a casa?

—Aún no.— Respondió Giorno, con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa.

Así que Abbacchio arrancó el auto, dispuesto a conducir sin rumbo hasta el amanecer, si eso es lo que Giorno quería.

Y todo estaba bien, hasta que las casas comenzaron a resultar ligeramente conocidas para ambos, solo que por razones distintas: Para Abbacchio, porque había estado ahí hacía pocas semanas, y para Giorno, porque había crecido en ese barrio.

—¿Podemos ir a otro lado?— Preguntó la rubia. La incomodidad no era perceptible en su voz, pero sí en pequeños gestos, como la forma en la que Giorno buscaba algo a lo que aferrarse con las manos.

—Claro.

Estaban a punto de volver a entrar a una de las zonas semi-turisticas, cuando pasaron cerca de una esquina en la que varias mujeres enfilaban, pegadas a la pared, exhibiéndose como si fueran mercancía.

—Para el auto.— Ordenó Giorno, sonando repentinamente sobria. Leone obedeció. Antes de que tuviera tiempo de preguntar por qué, la chica se bajó del auto. El ex-policía la siguió: Tal vez Giovanna podía defenderse sola, pero de todas formas, no quería dejarla sola en uno de los barrios más peligrosos de Nápoles en medio de la madrugada.

Gio se dirigió directamente a una de las mujeres. Una de largo cabello castaño, bonita figura y precariamente vestida a pesar del clima, al igual que el resto de las prostitutas de la zona. Aún no estaba lo suficientemente cerca para distinguir sus facciones, pero sí para escuchar a Giorno decir una sola palabra.

—¿Mamá?

Y la mujer, con voz temblorosa, preguntó:

—¿Haruno?

Observándola de cerca, Abbacchio notó que esa mujer tenía cierto parecido con Giorno. Principalmente, la forma de la nariz y de los labios. La forma de los ojos era distinta: más alargada, visiblemente oriental. Era guapa, aunque tal vez el crédito se debía en parte al maquillaje, incluso si este no lograba ocultar completamente el ojo morado. En otros tiempos, seguramente había sido hermosa, pero el cansancio y la edad habían dejado sus huellas en la mujer.

—Es Giorno ahora. Tú insististe en cambiarme el nombre, ¿recuerdas? — Abbacchio no sabía qué era más sorprendente: Si enterarse de que Giorno había nacido con otro nombre (uno visiblemente extranjero), o escucharla hablar con tanta acidez en su voz.

—Giorno, cierto. Lo siento.

Ambas se veían incómodas. Giorno, a demás de eso, se notaba... ¿Nerviosa? ¿Enojada? ¿Triste? ¿Todo? ¿Algo distinto? Era difícil saber.

—Hace frío. Hablemos en el auto.

Giorno abordó en el asiento de copiloto y Abbacchio nuevamente tomó el lugar de conductor, dejando a la madre de Giorno en el asiento trasero.

Abbacchio comenzó a conducir sin rumbo fijo nuevamente, esperando a que Giorno diera alguna orden.

—Veo que te ha ido bien.— Comentó la mujer con una media sonrisa, burlona y cansada, tras mirar de reojo a Abbacchio. El ex-policía odió la implicación de estas palabras. Tal vez no era su lugar para hablar, pero cuando algo lo irritaba, no se mordía la lengua.

—Es una forma de decirlo. Trabajo para Giorno.

La mujer no trató de disimular su sorpresa. Miró al peliplata, y después a Giorno, con los ojos muy abiertos.

—¿Eso es cierto?

Giorno asintió.

—¿Qué has hecho durante yodos estos años? No he sabido de ti desde que huiste de casa.

—Después de que el inútil de tu esposo intentara violarme viví en la calle por un tiempo. Luego me uní a Passione. Pero sí, supongo que me ha ido bien.— Respondió Giorno, con más agresividad de la planeada. Su madre retrocedió, como si en vez de palabras, hubiera recibido una bofetada.

—Haruno, yo... Lo siento. No tenía idea de...

—¡ES GIORNO!— Abbacchio respingó. Ella nunca gritaba. —Es Giorno, madre.— Volvió a decir, esta vez con un tono modulado, pero aún bastante agitada— Y no, tal vez no tenías idea de las otras cosas que hacía el maldito cerdo, pero sabías que me golpeaba. Y nunca lo detuviste.

—Era eso o morirnos de hambre. Lo sabes. — Murmuró la mujer.

—¿Estás segura? Porque yo he estado bien por mi cuenta, sin necesidad de abrirle las piernas a un imbécil.

El lado racional de Giorno le decía que estaba siendo algo injusta. Que dejar una relación abusiva era difícil. Que a pesar de la negligencia de su madre, había contado con un techo, escuela y (a veces) comida. Que ser una mujer sola en un país desconocido debía ser difícil. Que posiblemente ella misma estaría muerta o algo peor sin su stand. Que también había hecho cosas terribles -lastimado a otros- para sobrevivir. Pero en ese momento, el odio hablaba por ella.

El auto permaneció en silencio (esta vez uno palpablemente incómodo) durante varios minutos.

—¿Qué hacías ahí? — Preguntó Giorno.

—Ganándome el pan de cada día de forma honrada.— Respondió la mujer, con sarcasmo. Giorno chasqueó la lengua. Abbacchio no solía verla ser tan expresiva, pero comenzaba a notar cierto patrón: rara vez ocurría ante estímulos positivos.

—No soy estúpida. ¿Por qué estás en una esquina? ¿Ese bueno para nada te dejó? ¿Te cambió por alguien más joven y estúpida?

La expresión de la mujer se transformó en algo más ácido.

—No. Sigo con él. Pero alguien tiene que mantenerlo.

Abbacchio sintió como si le hubieran tirado un balde de agua helada. No había pensado en la posibilidad de que esa mujer dependiera económicamente de Burnello al "hacerle una visita". Ella tampoco era una santa, pero aún así, la idea se ser el culpable de que llegara a esos extremos...

—¿Qué? ¿Ahora ni siquiera puede mantenerse sobrio lo suficiente para trabajar media jornada?

—No es eso. Hace unas semanas alguien le dio una golpiza que lo dejó incapacitado. No sé a quién molestó, pero al parecer, la cagó en grande, porque se ensañaron con él. No quiso hablar con la policía, aunque tampoco es como si pudiera hablar... Pero honestamente, desde hace varios meses tuve que comenzar con... Esto. Hubo una limpieza de narcóticos en la zona, y eso nos dejó en la ruina. Era esto o morirnos de hambre.

"Entonces es culpa de ambos", pensó Leone. Inmediatamente, se reprendió a sí mismo. No, las acciones de Giorno y suyas tal vez habían sido el último empujón, pero las decisiones que la habían llevado a ese punto las había tomado esa mujer de nombre desconocido, únicamente ella.

Unos minutos más de silencio. Abbacchio observó el marcador de combustible: Sería mejor que rellenaran en tanque pronto.

—Leone, ¿hay algún hotel decente cerca de aquí? — El ex-policía asintió, y comenzó a conducir hacia dicho hotel. El auto permaneció en silencio, excepto por el sonido del motor.

Cuando llegaron, Giorno sacó de su cartera un enorme fajo de billetes y se lo entregó a su madre, junto con uno de los teléfonos desechables que solía llevar en el auto.

—Reserva una habitación para esta noche. En la mañana, mándame un mensaje con el número de tu habitación. Es el número registrado con la letra G. Me encargaré de conseguirte un departamento, y si quieres, un trabajo sencillo, como camarera o gerente de algún hotel. Si no quieres trabajar, también está bien. De todas formas tendrás dinero suficiente para vivir bien por el resto de tus días.

La mujer observó el dinero, luciendo intimidada por la cantidad. Pero lo tomó, al igual que el celular, y lo guardó en un pequeño bolso de mano.

—¿Qué hay de Cecilio?— Preguntó. No había preocupación en su voz, solo curiosidad.

—Que se pudra.— Escupió Giorno, sin tratar de contener su odio. Su madre solo asintió, como si compartiera su opinión. Tal vez lo hacía.

—Gracias.

Giorno no respondió, así que la mujer bajó del auto. Antes de alejarse, observó dudativamente a su hija.

—Di lo que quieras decir de una vez.— Ordenó Giorno.

—¿Voy a volver a verte?

Giorno pareció pensarlo.

—No lo sé.

—Buenas noches, Haruno.

Esta vez, la chica no se molestó en corregirla.

—Buenas noches, mamá.

Unos minutos después, cuando la mujer ya había desaparecido tras la puerta del hotel, Giorno volvió a hablar.

—Vamos a casa.

Leone arrancó el auto.

Hicieron una visita exprés a la gasolinería, pues de otra forma, seguramente no hubieran llegado a la mansión, y a pesar de estar exhaustos, esos minutos frente a la manguera de gas eran mejor opción que media hora esperando una grúa (o tener que explicarle a Bucciarati por qué llegaban en un taxi a las cinco de la mañana).

—No tenías por qué hacerlo.— Soltó Giorno, unos minutos antes de llegar a la villa.

—¿Qué cosa?

—Lo de mi padrastro.— No sonaba molesta. Solo exhausta. Abbacchio decidió que era inútil tratar de mentir.

—Sí tenía qué.

Giorno esbozó una pequeña sonrisa, cansada, pero genuina.

—Gracias.

—Mista y Trish ayudaron.— Agregó. El trato era que, si caían, lo hicieran juntos, así que suponía que lo justo era aplicar el mismo principio para el reconocimiento positivo.

—¿De verdad?— Preguntó Gio, sonriendo un poco más.

—Sí.

Al parecer, la sonrisa de Giorno era contagiosa.

Volvieron a trepar por la ventana poco antes del amanecer. A pesar de las preocupaciones, Giorno estaba tan cansada que apenas logró llegar a la cama de Abbacchio, donde se dejó caer como peso muerto.

—¿Puedo quedarme aquí? No quiero estar sola. —Murmuró. La respuesta era obvia.

—Por supuesto.

A los pocos minutos, la respiración de Giorno se volvió más constante, indicando que se había quedado dormida. Teniendo cuidado de no despertarla, Abbacchio le quitó los zapatos y la arropó antes de él mismo meterse a la cama. Trató de darle a la chica su espacio, aunque su esfuerzo fue inútil, porque mientras dormía, ella misma buscó su cercanía de forma inconsciente.

Giorno no estaba lista para hablar con los demás de los sucesos de esa noche, no aún. De todas formas, no le pidió a Abbacchio que guardara su secreto. Sabía que no era necesario.


Notas de autora (esta vez son muchas):

1.- El cumpleaños de Fugo es canónicamente el 27 de noviembre. Todos los sucesos de ese capítulo ocurren entre la noche del viernes 23 y la madrugada del sábado 24. Es irrelevante, pero quiero que lo sepan, gracias.

2.- Lo de Holly se me ocurrió a medio camino. Y luego dije "csm, reunión familiar". ¿Quieren especial navideño con la Moriohgang, Joseph, Kaks, Shizuka Chikita, Suzie y otros invitados sorpresa? Si la respuesta es no, me vale verga, ya se me metió la idea a la cabeza No lo voy a publicar en navidad (creo), pero la esencia es lo que cuenta.

3.- Por si tenían dudas, sí, la madre de Giorno estaba insinuando que "le iba bien" porque creyó que era la amante o sugar baby de Abbacchio. La neta si se antoja ksjjaja.

4.- Escribí a Gio un poco distinto en este capítulo por lo siguiente: En lo personal, hay algunas personas con las que no puedo controlar mi carácter, porque en el pasado me hicieron mucho daño e inmediatamente me pongo a la defensiva. No me gusta la persona que soy en esos momentos, pero no puedo controlarlo. En caso de Giorno, le pasa con su madre: No puede controlar sus emociones cerca de ella.

5- Fuera de eso, quedan como cinco capítulos de esta historia. No quiero terminarla, me gusta mucho este concepto jsjajja.

6.- En el otro capítulo probablemente agregue un discurso sobre grooming en las notas, y oír qué incluso si Giorno (un personaje ficticio que tiene a su cargo una mafia completa) sale con alguien de 21 años teniendo 16, eso no es algo que esté bien en la vida real. Lo pondría de una vez, pero quiero explicarlo bien y ahorita no tengo la energía mental necesaria. I mean, esto es ficción y todo el pedo, pero no quiero dar un mensaje erróneo a menores de edad que lean esto.

7.- Publicidad descarada: Pueden preguntarme cosas sobre este y otros fics en mi Instagram, moody_bizarre_b1tch Sin pena: les doy spoilers, si quieren.

8.-Me pasó lo de Nara con los boletos de avión. Dos veces. En la misma semana. A veces me odio.