Magi pertenece a Shinobu Ohtaka-sama. Escrito en el móvil, errores son sin querer. Muchísimas gracias a Yayoi y a todos los que leen por el apoyo.
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Tu rey y no menos
Nada en su relación fue normal.
Sinbad x Judal (versión yaoi)
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Imperio Kou
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Judal no tiene ningún problema con su actual estilo de vida. Ser el sacerdote del Imperio Kou es lo mejor que le pudo haber pasado. Es el único magi con no uno ni dos candidatos sino seis, seis grandes príncipes que dominarán el mundo un día y a los que tiene besándole los pies, bueno, quizá no tanto pero es gracias a él que pudieran conquistar laberintos tan complicados, especialmente el de Belial. No hay nada que no tenga, dinero, joyas, poder. Estira el cuerpo en el lecho, que flojera le da el hacer cualquiera cosa, además no tiene nada interesante a lo cual dedicarse. Bosteza, llaman a la puerta.
—¿Quién? — interroga con hastío.
—El primer príncipe le solicita en su habitación.
—¿Ah sí? Bien por él, no me da la gana.
—No sea insolente. Usted será el magi pero no está arriba de ningún príncipe, no puede negarse …
Al sujeto lo golpea en pleno rostro la puerta, pues él abre sin precaución y mala intención a decir verdad. Le mira con gran rabia. ¿Qué se ha creído el imbécil ese para hablarle de esa manera? Pero tiene razón, no puede negarse a petición alguna, no es que le tenga miedo pero prefiere evitarse cualquier tipo de castigo, a saber las cosas que un hombre como ese le haría. Llega al sitio, entra y cierra tras de sí. Kouen lee un pergamino con atención.
—Ya llegué.
Para el pelirrojo es más impresionante su libro que el invitado. Judal siente hervir su sangre.
«—Imbécil desgraciado, te has de creer la última maravilla del mundo.»
—¡¿ESTÁS SORDO Y CIEGO?!
El mayor deja el escrito, le hace una seña con la mano para que se acerque.
«—¿Soy tu maldita mascota? Ven tú.»
El joven frunce el ceño, posee una expresión poco amigable, sin embargo no tiene elección. Toma asiento al borde de la cama.
—Estas tardando demasiado Judal. Dame un heredero.
—¿Como que mucho? Solo nos acostamos una vez. Además ya te dije que nunca antes se ha intentado esta magia que permite a un hombre embarazarse — bufa.
—No eres mi tipo. Busco una mujer delicada, elegante y dulce. Si tuve sexo contigo es solo para tener a un hijo poderoso. Ahora desnúdate.
Judal sintió las lágrimas agolparse en los ojos, jamás le habían despreciado de esa manera. Pensaba que Kouen no había resistido sus encantos, que moría por poseerle y ahora se siente como un juguete. La primera vez el asunto le cogió por sorpresa. Dada su posición siempre supo que jamás haría el amor, así que tener a alguien como Kouen en realidad era más de lo que había esperado. Aquella vez, hace una semana tenía miedo pero también curiosidad. Hoy, no logra conectarse con el acto. No siente las manos de Kouen sobre su piel, no hay besos ni caricias, siquiera advierte lo que esté hace sobre sus pectorales. No hay felicidad ni asco, está vacío.
—¡AAAAAAAH!
Lo único que le devuelve a la realidad es la entrada del miembro de ese sujeto en su intimidad, ha dolido horrible y le ha hecho gritar.
—¡¿Porqué diablos no me preparaste?! — le reprocha dando golpes sobre esos músculos que no parecen afectados en lo más mínimo
—Tengo un libro que me interesa mucho leer.
Como si fuera más por prisa que placer, el pelirrojo le llena con su semilla, sale y le empuja a un lado.
—Terminamos — anuncia el príncipe sin el más mínimo tacto.
—¿Se supone que solo me largue?
—¿Esperas una invitación?
El magi pierde los estribos, se lanza como animal salvaje al otro, valiéndole el estar desnudo, apuntando su mediador al cuello. Kouen sonríe irónico.
«—No puedo matarlo. ¡No puedo!»
—¡Maldita sea!
Judal sale corriendo como dios lo trajo al mundo. Solo cubre su rostro, no puede contener las lágrimas. Nunca se había sentido tan humillado. El pelirrojo coge el escrito de nueva cuenta y sigue en lo suyo.
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El mago llega a su alcoba, se lanza a la cama pero de inmediato le da asco, tiene el aroma de ese cretino. Abre la ducha y se baña con agua fría. Al regresar ve todo, lo odia, no soporta estar ahí, la decoración le recuerda a ese sujeto. Se pone lo primero que encuentra y sale por la ventana sin rumbo fijo, importándole poco estar escurriendo de agua.
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Reino de Sindria
Pisti juega con las piernas, divertida, admirando de nueva cuenta como Sharkan y Yamuraiha se enfrascan en otra discusión; el como Spartos intenta detenerlos por todos los medios esquivando apenas un jarrón de porcelana que Drakon atrapa hábilmente y deja a un lado, en una mesa. A Hinahoho brindando con una gran sonrisa y hablando de quien sabe que tonterías con Jafar. Y al centro de todos, en el sitio de honor a Sinbad, cual padre orgulloso de su bella familia. Un gran espectáculo lleno de alegría que contempla Judal desde la distancia, sentado en el techo del palacio. Se abraza las rodillas al tiempo que se muerde los labios con rabia.
«—¿Por qué tuve que ser magi del jodido Imperio Kou?»
Siempre se considero afortunado de tener cuanta cosa pudiera comprar pero, al ver a ese grupo de tarados… es como vivir en una jaula, de oro, pero a final de cuentas prisión. Kougyoku parece tenerle miedo y no la culpa después de todas las bromas que le ha gastado. Kouen, Koumei y Kouha aún parecen pegados por el cordón umbilical y ni se diga Hakuei que parece la mamá gallina de Hakuryuu. Judal vive en Kou pero es como si no existiera, su cumpleaños… ni idea tiene de la fecha, no hay regalos ni pastel, solo trabajo y más trabajo. Algunas lágrimas se juntan en los ojos pero el orgullo se niega a dejarlas fluir con libertad.
«—Puras patrañas. Solo estoy pensando en estupideces. ¿Qué tienen de bueno el rey idiota y sus lame colas? Puras tonterías hacen. Como les encanta perder el tiempo cuando podrían estar conquistando países. Por eso Kouen es un gran hombre él… »
Se interrumpe, se le revuelve el estómago. Ese sujeto con el que tuvo su primera y segunda vez, todavía duele la poca delicadeza que tuvo.
«—¡Diablos no te cogías una yegua!»
Yamuraiha tropieza y está a nada de caer al piso pero Masrur y el de Heliohap logran atraparle, ella agradece y se sonroja avergonzada, el moreno también se ruboriza, se hace un silencio pero no es incómodo.
«—¿Por qué yo no tengo algo así?»
La lástima a si mismo se aglomera en el corazón del magi. Estudiando hechizos desde que tiene memoria, encerrado hasta que cumplió la mayoría de edad para que no se distrajera y ¿para qué?, al llegar a adulto le hicieron conocedor de que su destino era procrear al hijo del primer príncipe. Nadie le preguntó si estaba de acuerdo, mucho menos si lo quería y ya ni se hable de lo mucho que arriesgaba el pellejo; estaba obligado a hacerlo porque por muy magi que sea, por sus venas no corre sangre real. Aún así confiaba en que una vez se embarazara, su situación cambiaría, tendrían que tratarle como el consorte en que se convertiría. ¿Estaba seguro de que eso iba a ocurrir? Podrían asesinarle como a la madre de Kouen y Kougyoku, exiliarle como a la de Hakuryuu o enloquecerle como a la de Kouha. No se considera débil ni fácil de vencer pero la ambición de poder saca lo peor de la gente. Su magia no lo hace menos humano, basta que le pongan veneno a su té y adiós mundo, de ello hasta a Kouen lo considera capaz con tal de no tener que cargar con su existencia. Observa fijamente a Yamuraiha, una simple maga que es tratada con muchísimo más respeto y consideración en unos minutos, del que Judal tendrá en toda una vida. Se pone de pie abruptamente, se eleva en el aire en dirección al grupo, sin nada planeado, con la cabeza echa un lío. El viento arrecia quizá adivinando sus violentas intenciones, si no puede tenerlo lo destruirá.
Con el grupo de generales.
—Ah~ la juventud — enuncia el rey un tanto divertido.
—¿De qué hablas Sin? — interroga el visir — Aún eres muy joven.
—¿Te parece? Bueno, no puedo negar que …
Una gran estaca de hielo se clava al centro, a pocos centímetros de Pisti que pierde todo color en el rostro. El grupo se pone a la defensiva, dirigiendo la mirada al cielo, no es complicado hallar al responsable.
—¡Ya basta! ¡¿No se dan cuenta de lo ridículos que son?! ¡Dan lastima!
—¿Y que derecho te da a juzgarnos si eres un intruso? — le reta el monarca furioso.
—Por favor. Vergüenza debería darte el que la patética barrera de Sindria no me pudiera detener. Ni siquiera se dieron cuenta de que estaba aquí. ¿Para qué tienes a esa inútil? Yo soy mucho más poderoso.
Sinbad arquea una ceja, pensativo y confundido.
—¿Te refieres a Yamuraiha?
—¿A quién más? Obviamente me refiero a la dizque genio que tienes por sirvienta — escupe cizañoso.
—Podría ser… ¿qué estés… celoso?
Se arrepiente apenas la interrogante escapa de sus labios. Ya puede escuchar las carcajadas de Judal, ahora sí que se ha ido de la mano. Que bruto. Más la sorpresa es mayúscula cuando lejos de burlas, una lanza de hielo por poco y le deja sin pierna.
—¿Celoso? ¡¿YO?! ¡¿CELOSO?!
Y como si aquello le hubiera echo perder la cabeza, el magi se puso a disparar proyectiles por todos lados. En las paredes, suelo, jardines, mesa, generales que afortunadamente podían protegerse con su habilidad, el rey que parecía el centro de aquella tormenta e incluso el cielo. A unos veinte metros arriba de Judal se formaba una gran masa helada, ¿cuál era el propósito de esta? Sinbad se equipa a Baal pero es difícil llegar esquivando, apenas se acerca dos metros y retrocede uno.
«—Rayos. Jamás lo había visto así, en verdad quiere matarnos.»
El oráculo ríe, ríe como desquiciado mientras continúa con el ataque pero, hay algo extraño en todo esto, esa bola gigantesca de nieve no parece dirigirse a ningún lado, ni hacer otra cosa más que crecer. Da la impresión de que el magi no tenga conciencia de ella. ¿Es que acaso no razona sus acciones?
«—Estoy harto, cansado, asqueado. No sé amar, no importa lo que haga, jamás nadie hará algo por mi, si no es por interés. Aún cuando quise acercarme a Kougyoku solo la asusté. Hakuryuu desconfía de mi y Kouen… me utilizó y yo lo permití creyendo que al fin podría acercarme a una persona de otra manera. Pero no, yo no sirvo para esto sin importar lo mucho que lo desee, o los años que haya tenido ese sentimiento. Para lo único que soy bueno es la guerra. Si voy a morir así, me llevaré a todos los que pueda, especialmente a esos que sonríen como si el dolor no existiera en este mundo. A ustedes son a los que más desprecio. No tienen idea de lo mucho que los odio.»
—¡Este será tu final Sinbad! ¡Verás perecer el reino del que estás tan orgulloso y al que le dedicaste tanto! ¡Este será tu castigo!
—¿Castigo? ¿De qué hablas? ¡No estoy para una de tus bromas pesadas!
Las nubes se acumulan en la bóveda celeste, los rayos y truenos se dan al por mayor. No, no es como otras veces en las que ha tenido que lidiar con los berrinches del muchacho, va enserio.
«—¿Qué te pasó?»
Sinbad se siente estúpido, su pellejo y el de las personas que aprecia está de por medio y no puede evitar preocuparse por el maniático ese.
—¡DESAPAREZCAN!
Como si aquella hubiera sido una indicación al rukh, la gran bola de nieve se compacta a un tamaño en que solo caerá sobre la mitad del jardín, se precipita. Todos los generales al igual que el rey hacen gala de sus habilidades para ponerse a salvo. Una especie de neblina se hace en el sitio.
—¡¿Todos están bien?! — grita el conquistador recibiendo respuestas afirmativas —¡No bajen la guardia! ¡Judal aprovechará para atacarnos de nuevo!
El grupo se aferra a sus recipientes familiares y contenedor de rey según les corresponden. Nada. Cuando al fin se disipa la bruma, buscan con la mirada, no hay señal alguna del atacante.
—¿Se fue así nada más? — Yamuraiha.
—Tal parece que si era una de sus bromas de mal gusto —Jafar.
El rey estaba a punto de darle la razón cuando un escalofrío le recorre la espina, la varita de Judal está en el piso… a un costado de la montaña de nieve que recién colapsó.
«—Oh por… no, no, no, no, no, no sería tan descuidado como para ser sepultado por… »
A su memoria llega la actitud tan inusual que había notado. No se la piensa dos veces para cavar con las manos en la nieve, olvida por completo qué trae el equipo djinn en su desesperación. Los generales le contemplan atónitos y confundidos pues ellos no han caído en cuenta del mediador. Transcurridos algunos segundos Sinbad advierte algo caliente con la mano, al analizar nota que es sangre. Un temible presentimiento le invade, de pronto el rescatar a un cadáver se vuelve una posibilidad. ¿Qué diría el Imperio Kou al saber que había asesinado a su magi? Nadie le creería que se suicidó. Suicidio… esa palabra cobra más y más fuerza. Al demonio el Imperio y la inevitable guerra. Nadie merece morir así, tan herido, confundido… solo. Hace acopio de toda su fuerza y rodea el cuerpo del chico con los brazos, con tal ímpetu que lo trae a la superficie.
—¡Yamuraiha!
—¡Si su majestad!
Sinbad no tuvo que dar una indicación, era obvio que necesitaba a la maga para cerrar las múltiples heridas del atacante. Tres de gravedad, una en la nuca, en la aorta y el vientre, decir que Judal estaba bañado en sangre era lo menos. Rápidamente las cortadas y demás desaparecen.
—Es todo lo que puedo hacer por ahora, el resto depende de él.
—Gracias.
El grupo no puede evitar contemplar al gran, poderoso y orgulloso chico con lastima. ¿Qué lleva a una persona a intentar acabar con su propia vida?
—¿Quién te venció?
Pregunta el conquistador al aire mientras le coge entre sus brazos.
— Jafar, llama a unas doncellas por favor, necesito que le den un baño, no puede dormir así y… un médico…
—Pero Sin, Yamuraiha ya dijo que…
—No es por las heridas, tiene fiebre.
—Ah… si claro, enseguida.
Sinbad no puede pedir haga más a su maga, se ha agotado en demasía con lo que ya hizo. El rey camina a sus aposentos con un nítido sentimiento de culpa. Claro que se percató de la actitud inusual del magi, su expresión desencajada, incluso el cabello mojado. Pero no le tomó enserio, decidió suponer en lugar de ofrecer la ayuda que Judal pedía con silenciosos gritos. ¿Qué pudo hacerle huir del Imperio con tal prisa que no le importara estar empapado, pescar un resfriado o perder la vida? Cierra los ojos un segundo sin detenerse, los abre de nueva cuenta y enfoca en el rostro de la víctima, una gota de agua corre por la mejilla ajena, asemejando una lágrima, la que seca con delicadeza. Tiene entre sus extremidades a un chico tan indefenso, frágil y herido que no es difícil darse cuenta de la razón de su dolor, la conoce demasiado bien para su desgracia, quizá más de lo que quisiera admitir.
—Ren Kouen, ¿eh?...
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En una habitación
Una fuerte punzada de dolor atraviesa el pecho de Judal que abre de golpe los ojos y toma asiento.
—¡Waaaaaaaaaah! — se lleva las manos al abdomen — ¡Duele mucho maldita sea!
—Di que tuviste suerte — le contesta Sinbad sentado al borde de la ventana.
El menor le dirige una mirada ofendida, tuerce la boca.
—¿Quién diablos te da el derecho de estar en mi alcoba?
—Eres tu quien está en la mía. ¿Es que acaso no recuerdas el espectáculo de anoche?
Sinbad se ve forzado a esquivar una jarra con agua que es lanzada directo a su rostro.
—¡Desgraciado! ¡No soy un maldito chiste! ¡¿Quién te crees para burlarte de mi?! ¡Te odio! ¡Maldita sea tu existencia!
El joven se pone en pie lo más rápido que puede, se dirige a la ventana pero antes de que pueda salir, el rey le sujeta por la muñeca, con más fuerza de la necesaria, no puede contener una leve mueca de dolor, apenas perceptible debido al orgullo, es entonces que le liberan.
—Lo siento, no era mi intención, pero no puedes salir en ese estado.
—No estoy paralítico, aún me valgo por mi mismo.
—¿Y luego qué? Con lo mal que estás vas a terminar colapsando por ahí, en medio del océano sin que nadie pueda rescatarte.
—Alguien como yo no necesita…
—Hace mucho tiempo me pasó algo así. Estábamos atrapados en una tormenta, un rayo le había dado a las velas, aún había solución pero alguien debía subir a arreglarlo. En esa época no tenía ningún genio, y siendo el capitán me ofrecí. Logré arreglarlo pero cuando me disponía a bajar, bueno, el barco hizo un movimiento brusco y me lanzó al agua.
—¿No sabes nadar o qué?
—Oh, te aseguro que soy un gran nadador, pero jamás subestimes la fuerza de la naturaleza. El agua comenzó a entrar por mis pulmones, tan helada que era como tragar cuchillos, navajas entrando por la boca, bajando por el esófago, una parte apuñalando tu estómago y la otra…
—Si, si, si, ya entendí. Da igual, de cualquier manera tengo que volver.
—Al menos desayuna algo, no puedes partir con el estómago vacío. Necesitas energía, así podrás sanar tu herida y esa fiebre, ya bajó un poco pero… es la primera vez que veo que eso le pasa a un Magi.
—¿Y qué esperabas torpe? Soy humano también, ¿o se te olvida?
—¿Y la protección del rukh?
—Me cuida de ataques o me brinda energía de los demás seres vivos. Una enfermedad es problema de mí mismo cuerpo. Si, me ayuda a recuperarme pero no lo evita.
—Pero Yunan y Aladdin …
—Esos son tan idiotas que ni una enfermedad se les pega.
—Ya veo …
Poco después entra una mujer que trae consigo una charola con comida, la que respetuosamente deja en el mueble al lado de la cama luego de saludar. Hace una reverencia y se retira.
—Vaya, estuvimos hablando tanto que ya lo han traído. Anda, vamos. No pierdes nada, ¿o si?
Judal se encoge de hombros, coge un plato por mero capricho, apenas lo tiene cerca, le es familiar el aroma.
—¿Durazno?
—Así es, me doy cuenta de lo mucho que te gusta, es más, diría que eres adicto a ellos.
«—El rey idiota se da cuenta? ¿En verdad? Ni siquiera Kouen que me ve todos los días lo sabe. ¿Qué tanto me ha estado mirando este acosador? ¿Será que…?»
—Para ser honesto no lo había notado, hasta que un día, en una de tus visitas, dejaste tirados varios corazones de durazno en las escaleras, casi me mato con uno y desde ahí no lo olvidé.
—Vaya decepción, y yo pensando que eras ese galán del que tanto hablan, el que presta tanta atención a las damas como para recordar sus gustos.
—Oh lo soy, pero aún si fueras mujer estás muy lejos de ser una dama — declara sin el más mínimo sentido del tacto al tiempo que se carcajea de manera extraña, en una combinación fingida y extraordinariamente natural.
—¡¿PERO QUÉ?!
Judal intenta lanzar un hechizo pero al estar débil le es imposible concentrarse, así que opta por arrojarle la varita, la que el hombre coge sin dificultad entre dos dedos.
—¡Ja! Algo así no va a herirme, no tienes idea de la cantidad de veces que han intentado apuñalarme. Un rey tiene demasiados… ¡Ungh!
El irreverente sujeto es tirado al piso gracias a una jarra de oro macizo, la tercera debía ser la vencida. Es hasta que la marca del traste queda grabada en el rostro del rey que el chico suspira satisfecho y continúa con lo que hacía.
—Así que durazno… ¿qué es la otra cosa que le acompaña?
El mayor soba su magullada anatomía, no le sorprende el cinismo del invitado que parece ajeno a la guerra que casi provoca, bueno, talvez exagera un poco pero si fuera otro hombre, deja a Sindria sin soberano.
—Es pollo de Paopei.
—Jamás escuché de él.
—Se da en las cercanías de Sassan, un país de la Alianza de los siete mares.
—Oh~ — deja salir con aburrimiento.
—Pues una vez que lo pruebes te darás cuenta de lo bueno que es.
—No luce nada especial.
—Las mejores cosas en la vida jamás lo son — le guiña un ojo.
Judal desvía la mirada incomodo y levemente ruborizado. Ese galán de quinta, seguramente hace eso con todos, le ha de tirar la onda a todo lo que produzca sombra, ¿es que así son ese tipo de hombres? Porque si Kouen fuese menos aburrido, definitivamente andaría con la misma actitud. Con tal de acallar sus pensamientos, prueba un bocado, abre los ojos en demasía, sus papilas se deleitan al grado de hacerle salivar y eso no es menos obvio en los rubíes que cobran cierto resplandor.
—¿Verdad? No es por nada pero la Alianza de los Siete Mares se… bueno, la verdad es que es mi platillo favorito.
El muchacho luce desconcertado, demora algunos segundos en procesar la información.
—Tu platillo… ¿favorito? Eso significa que esta es la… comida que más te gusta, ¿no?
—Que pregunta más rara. Pues si, cuando algo es tu favorito es lo que más te agrada.
—¿El número uno en tu lista?
—¿Eh? — busca un significado que no logra ver — Si. Jamás me hartaría de comerlo.
«—Nah, para mí que el rey idiota me está viendo la cara. ¿Qué sentido tiene darme algo tan especial para él? Es como si yo le diera de mis duraznos… ¿Porqué a mi? Kouen jamás tiene detalles de este tipo y si los tuviera es porque espera algún tipo de beneficio…»
Se le forma un nudo en el estómago, se le revuelven las tripas de coraje. Ante él ese sujeto con cara de imbécil y resulta que es como todos los que solo esperan obtener una ganancia.
«—¿Cómo pude bajar la guardia?»
Busca una vía que le lleve a su varita, más para llegar a ella de una u otra manera debe pasar al rey que aún la tiene en su poder. Examina otra opción que pueda sustituirla, de menos en lo que logra alcanzarla. Su atención se centra en un cuchillo, con lo pequeño que es seguramente cause un desastre pero será distracción suficiente.
—¿Sabes? — empieza el rey que se acerca lentamente — Esto no es un gesto que tenga con cualquiera ni de la nada.
El sacerdote sonríe agresivamente.
«—Vaya confianza la tuya desgraciado, te equivocas si crees que me has vencido.»
—Siempre te consideré alguien… desagradable.
—¡¿Pero qué?!
Ciertamente no eran las palabras que esperaba salieran, ¿no planeaba engañarle en un intento desesperado? ¿O es que tenía intenciones más siniestras? Después de todo nadie en el Imperio sabe que está ahí. Si lo asesinan, nadie sabrá lo que fue de él. Por primera vez recuerda que el hombre al frente es un conquistador de siete laberintos, además de impredecible. Un sudor frío le recorre la espina. Sin embargo antes de poder reaccionar, Sinbad se sienta a su lado.
—Siempre te vi como un peligroso ser capaz de terminar con la paz de mi amado reino en un segundo. Solo bastaba con que lo desearas, aunque de todos modos no lo iba a permitir. Me pregunté varias veces si detrás de esa mirada fría y palabras hirientes, había sentimientos. Llegué a la conclusión de que la sed de sangre y guerra eran lo único que te movía. Pero anoche …
—Estaba aburrido y daba un paseo, hasta que el ruido que hacen me fastidió.
—No, estabas… herido.
—Por favor, no me hagas reír.
—No tienes que esconderlo. Lo sé muy bien, es algo que he presenciado muchas veces en otras personas.
—No soy como todos.
Se levanta indignado, coge su varita e invoca un círculo de transportación.
—Ya tuve suficiente de ti.
—Que terco eres. Pero no lo olvides, cuando te canses de fingir, ven a molestarme.
Sonríe con calidez, el chico se da la media vuelta para disimular sus mejillas rojizas, entra al halo y se va.
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Imperio Kou.
Judal cae sobre la cama, de pura suerte lo consigue. Todas sus acciones han sido imprudentes y son las mismas que le tienen en ese estado. Y la última no ha sido brillante, forzarse a realizar un hechizo de ese calibre, le aumentó la fiebre. Tocan a la puerta, hunde el rostro en el colchón. ¿Será que el mundo se olvide de el por un día?
—Oráculo. El príncipe Ren Kouen solicita su presencia.
—Aaaaaaaah~ — exhala — ya voy.
No tiene la fuerza para pelear, ni resistirse. Como si no supiera para qué lo busca. Se reincorpora y paraliza en el acto, hasta entonces no había caído en cuenta de la ropa que usaba, el mismo traje que usan los generales de Sindria. Si alguien le hubiera visto, ¿cómo explicarlo? Se da una palmada en la frente. Bien puede decir que lo robó para joderlos, es algo que sin duda ha cruzado por su mente.
«—Ya cálmate. No hiciste nada malo y últimadamente, ¿qué?»
Se despoja de las telas buscando algo más seductor en el armario. Si o si deja sin aliento al príncipe.
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Alcoba de Kouen.
Este lee como de costumbre cuando la puerta se abre abruptamente.
—Ni siquiera tienes la delicadeza de anunciarte — dice más como observación y no como algo que le moleste o siquiera importe.
El visitante azota la madera tras de sí, rechina los dientes. Siempre esos malditos papeles, ¿es que no lo miraría? Respira hondo, todo depende de como mueva las piezas, todavía no le derrota. Se mete a la cama desde la parte inferior, gatea y toma asiento sobre las rodillas de Kouen, dirige las manos a la intimidad del hombre, masajea para estimularle.
—¿Qué haces? — ni siquiera así lo observa.
—Solo le doy un poco de atención a mi rey.
Coge la zurda del mayor para posarla sobre su pecho pero este la retira bruscamente. Deja el manuscrito en la mesita de al lado.
—Tienes fiebre.
Los rubíes se abren con sorpresa. ¡Por primera vez se ha dado cuenta de algo! ¿Será posible que también se preocupe por su seguridad?
—La única labor que tienes es darme un hijo y ¿ni eso puedes hacer? Si estás enfermo el bebé será defectuoso. Largo, no te quiero cerca hasta que…
Judal ya no escuchó las últimas palabras. Ya sabía que ese hombre no le amaba, siquiera le consideraba como un humano pero, que despreciara así a un ser que siquiera ha nacido.
«—¡No quiero a un hombre así para mí bebé!»
Con la adrenalina disparada, fue capaz de hacer un círculo de transportación que le llevaría con el único hombre… con el único hombre… que, ¿qué?
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Habitación de Sinbad.
Este aún camina de un lado a otro de la pieza. Debió detenerlo, ¿y si no llegó a Kou? No tiene idea de lo que puede ocurrir si la magia no es suficiente para llevarle. No quiere ser responsable de que solo la mitad del chico llegue a su destino. Se lleva las manos a la cabeza, angustiado.
—¡Jafar!
Se echa a correr como jabalí, de frente y sin contemplar detalles. Por lo que en su torpeza, lanza a un chico que se cruza en el camino apenas atraviesa el umbral de la puerta. Se inclina para ayudarle a levantar.
—Lo siento mucho señorita, no fue mi… ¿Judal? Creí que estabas… ¿te encuentras tan débil que solo pudiste salir de mi cuarto?
—Claro que no. Fui a Kou pero… no hay nada interesante.
Sinbad la coge entre sus brazos, no tarda en notar que tiembla pero no lo atribuye a su enfermedad. No hace falta pensar demasiado para saber lo ocurrido, después de todo la ropa que trae no se usa para cualquier cosa. Vaya que Ren Kouen debe tener un severo problema de la vista si ignora semejante belleza. Lo deposita con gentileza en el lecho y le cubre con las sábanas.
—Usted necesita reposo muchachito, y no está abierto a discusión.
—¿Porqué haces esto?
—Los niños no deberían tener una mirada como la tuya.
· ¿Cómo que niños? Degenerado de mierda. Pero más que eso… ¿Miserable?
—Afligida.
«—Este si que sabe hacerte sentir especial. No quiere usarme, el rukh no está alterado, dice la verdad pero, es algo que haría por cualquiera… no hay nada para mí en ningún lugar.»
—Te ves… muy hermoso Judal.
—¿Uh? — le contempla anonadado, jamás creyó que alguien le diría eso.
—Siempre consideré que eras bellísimo pero sin duda también muy sexy. Además tienes muy buenos gustos para escoger la …
Quizá sea culpa de su endeble salud pero el magi no resiste más y deja fluir las gotas saladas.
—Oh no, no, no, no. ¡No pretendía hacerte llorar!
—Para Kouen… para todos en el Imperio soy un objeto. Yo.. yo…
El rey lo abraza, acaricia con suavidad su espalda.
—No tengo idea de la relación que lleves con ellos. Debe ser duro que personas tan cercanas te traten así. No puedo cambiar tu realidad pero hay algo que te diré — le toma del mentón para ver su rostro, le cautiva la inocencia que desprende, a un nivel que jamás había sentido — para mí, no eres un objeto.
Sinbad le dirige una mirada llena de determinación para luego cerrar los ojos, acortar la distancia entre ellos y tocar sus labios con los propios. Judal se encuentra en shock, la sorpresa es mayúscula pero, esa calidez sobre su boca es embriagante, se deja llevar. Imita al rey que le dirige como todo un conquistador, pero con una suavidad jamás experimentada. No es como Kouen que incluso lo ha lastimado. Es como si el rey besara el pétalo de una rosa con temor a siquiera moverla de su sitio. Siempre le creyó tosco y bruto pero es muy diferente. Es como probar el dulce almíbar de sus adorados duraznos, es aún más similar cuando el hombre le introduce la lengua, jamás tuvo una en su boca que no fuera la propia. Su amante si es que así puede llamarse, jamás le ha besado. Pero es lo más maravilloso que le ha pasado en la vida, siente algo recorrerle el cuerpo hasta reventar en su corazón para llenarlo. Son tantas emociones que la cabeza le da vueltas, puede que además de la enfermedad sea porque no aspira el suficiente oxígeno pues Sinbad no le da tregua o también, porque literalmente le ha robado el aliento. Sea cual sea la causa, el chico no puede resistir más y se desmaya en los brazos del hombre que alcanza a atajarle. El rey palidece creyendo que lo ha matado pero sonríe al percatarse de su error.
—Ya puedes descansar.
Lo recuesta de nueva cuenta, y el a su lado, rodeándolo con las extremidades superiores. El mundo podrá destruirse hoy pero ni así permitirá que interrumpan su sueño.
«—Al menos hoy sé tan feliz como me hiciste a mi.»
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Por la mañana
El magi contempla con ceño fruncido el cuerpo expandido sobre la cama, con la boca abierta (seguramente se ha tragado uno que otro bicho durante la madrugada) roncando y babeando como mocoso. Tan poco refinado y más bien vulgar, con aroma a vino destilando por la piel, ¿qué tan borracho puede ser? Y sin embargo no puede borrar la amplia sonrisa que adorna su rostro, vaya expresión más compleja, si alguien le encontrara ahora jurarían que está loco.
«—Quizá lo estoy.»
En el Imperio, con Kouen todo es tan frío, seco y severo, la mayoría del tiempo tiene la impresión de estar atrapado en una gran farsa, en una obra de teatro cuyo público son los mismos actores. Pero Sinbad es distinto, tan idiota, imprudente y espontáneo, nunca se sabe que esperar de él. De primera impresión uno aseguraría que Sinbad es descuidado y torpe, no niega que posiblemente lo sea en parte pero también posee una profundidad en su alma, es único, un gran misterio que ni el rukh logra develar por completo; es eso lo que ha llamado su atención desde siempre. Que hipócrita, se queja de que lo traten como un objeto y siempre pensó en Sinbad como en un juguete que podría liberarle del aburrimiento. Se gira molesto dando la espalda con un brusco movimiento.
—Oh vaya —dice el mayor — me quedé dormido.
—Eres un genio — contesta de mala gana.
—¿Tuviste pesadillas?
El chico contiene el aliento, ¿y qué si hubiera sido el caso? Más importante aún, está es la primera vez que a alguien le interesa. Da la vuelta y su cara queda a milímetros de la contraria.
—Ah …
—Porque tuve varias pesadillas sobre Jafar furioso.
—Que pesado es la monja.
—Solo se preocupa por mi.
—¿Y quién no? Estás bien viejo y ni concubinas tienes. ¿Te has puesto a pensar en el futuro de Sindria?
El rey le dirige un gesto coqueto, descansa el mentón sobre la mano, interesado.
—¿Es acaso una proposición indecorosa?
—¡SERÁS IMBÉCIL! — le propina tremendo puñetazo en la manzana de Adán.
—¡UOGH COF COF COF! — se retuerce de dolor peleando por recuperarse.
—¡NI QUIEN QUIERA SER TU AMANTE! ¡JODETE GRANDÍSIMO IMBÉCIL! ¡TE ODIO! ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE!
El magi, ya más repuesto, usa su círculo de transporte, escapa antes de que el confundido monarca pueda siquiera entender la situación.
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Dos días después.
Sinbad mira la luna, hoy tiene un peculiar color escarlata, "la luna de sangre". Suspira, se rasca la nuca.
«—¿Debí ser más sutil? Estás cosas no se me dan. Pensaba que después del beso nos habíamos acercado un poco, que al menos le atraía pero… ¿porqué se molestó?»
El tono del astro le recuerda los ojos del magi, sus lágrimas. ¿Cómo estaría ahora? ¿Su situación habría cambiado? ¿Kouen le respetaría más? Se le contraen las tripas y la bilis. Acaso Judal… un resplandor se hace presente. El cínico magi toma asiento en el balcón, no le da la cara.
—No soy tu paño de lágrimas Judal. Si solo piensas venir a quejarte para irte al primer berrinche …
No, definitivamente eso no era lo que tenía planeado decir, se supone que fuese un apoyo, su héroe con ese grave complejo que tiene. Pero el pensar que se ha entregado a ese hombre es… baja la mirada avergonzado y enojado consigo mismo. ¿Qué otra cosa ha podido hacer el chico? Respira hondo.
—Lo lamento, está bien. Es solo que hoy estoy un poco alterado.
—Al parecer el mal humor es contagioso.
¿Lo diría por él? No parece ser el caso, el tono de voz es bastante apagado, dista de la ira… ¿acaso el príncipe…? Le coge de los hombros, girándole un poco, tiene rojiza la mejilla, con leves manchas púrpuras.
—¿Fue Kouen?
El orgullo de Judal le impide hablar, porque ya sea que admita la verdad o dé cualquier excusa, se verá patético.
—Oráculo o no, no estás obligado a soportar estos tratos.
—Es mi deber el concebir al heredero …
—¿El te…?
El chico desvía la mirada, los sentimientos de Sinbad hacen que se alborote el rukh oscuro y por alguna razón, le preocupa. No le queda más que contar los hechos muy a su pesar.
—Fui a su habitación como otras veces, me recibió de la misma manera… pero… no me afectó… era como estar sola. Me acerqué, me tomó de la muñeca y me lanzó a la cama… ya había pasado antes… es solo que… —algunas gotas saladas escapan de los rubíes — En ese momento vi tu estúpida cara, sonriendo, preguntando si "era una proposición"… no sé qué me pasó, mi cuerpo se movió solo… le di un puñetazo a Kouen y él… bueno, se nota, ¿o no? Tenía una mirada… tuve miedo y …
El índice de Sinbad se coloca sobre boca ajena.
—Tranquilo,escuché más que suficiente.
—¿Por qué?
—¿Porque qué?
—¡Tuviste que meterte así en mi cabeza!
—Tu fuiste el que se infiltro en mi palacio y llegó a mi cama.
—¡SI INSINÚAS QUE SOY UNA PUTA…!
Judal se sobresalta al serle robado un cariñoso beso que no puede evitar corresponder, Sinbad rompe el contacto y seca las lágrimas con sus poderosos pulgares.
—El cómo se dieron las cosas es lo de menos, desde el instante en que tú cuerpo impregnó mis sábanas, decidí que no quiero que tenga el aroma de nadie más — lo expresa con una seguridad que lo hace sonrojar — deseo que seas el único.
A saber si ha sido por esa seductora voz ronca, o que vea tanto fuego en su mirada, o las manos que desvergonzadamente han ido a parar sobre su pecho pero, sonríe, como nunca, como lo haría un inocente pequeño.
—¿Lo sabes verdad? Mi cuerpo ya no …
—¿Y? Talvez Kouen fue el primero pero te garantizo que — se acerca para susurrar a su oído — seré el último.
Sinbad le toma en brazos, ambos van al lecho. Él se coloca en la orilla y lo sienta en su regazo, frente a él. El rostro de Sinbad se frota una y otra vez sobre sus pechos, despacio.
—¿Q-qué haces idiota?
—Quería ser romántico, escuchar el latido de tu corazón, y es lo que hago pero, son tan suaves y huelen tan bien… me encantan …
El chico esconde la cara entre los cabellos morados, las mejillas arden. No puede negar que se siente demasiado bien, está tan sensible que capta el más mínimo roce, no pasa mucho tiempo para que los botones sean estimulados por los dedos del rey, comparando tamaño son pequeños pero no le hace el más mínimo daño. Los gira sobre si mismos, los pellizca, los aprieta e incluso tira de ellos sin lastimarlo.
—E-eso se siente ah~ …
Judal no puede continuar la frase, es tan delicioso, tan inexplicable, nunca ha experimentado algo similar. Sinbad baja las manos para tocar los muslos, sube lentamente por la cadera y cintura, repasa los pechos llegando a los hombros que masajea, también los brazos alternando ambas zonas, jugando con los delgados tirantes de la prenda superior de a poco van cediendo, dejando cada vez más piel al descubierto, hasta que los desnudos pechos son libres al fin. Judal no tiene queja alguna, pues uno de ellos es atendido por la zurda en contacto directo, el otro chupado y succionado como si no hubiera un mañana, incluso le muerde sutil. Mientras la diestra del rey se abre paso por la prenda para tocar su trasero con movimientos circulares.
—Uh… aaaaaah~ mmmmm ….
El joven se retuerce de placer. La mano en su retaguardia se pasea por la parte externa del muslo, una y otra vez. La zurda y boca en los pectorales intercambian de lugar, ahora la diestra explora la parte interna del muslo. La piel de Judal quema, ya no puede contenerse y acaricia los pectorales de Sinbad, tan bien formados, no demora en casi arrancarle la ropa, encontrándose con una sonrisa divertida de su compañero. Que hombre, que aroma, que, wow, no hay palabras. Judal le toma del mentón y da un beso en los labios que continúa por el cuello, bajando. Da un respingo al sentir movimiento en su trasero. Respira agitado.
—¿Acaso mi rey está ansioso?
—Un poco. Es la primera vez que tengo intimidad con alguien.
—Si, como no.
—Lo digo enserio. Pese a la fama que tengo, jamás he tenido sexo.
—¿Soy el primero? ¿De verdad?
—Jamás te mentiría.
—Entonces… hay algo que quiero hacer por primera vez. Con Kouen me dio asco pero si eres tú…
En ese instante Judal puso una expresión tan dulce que Sinbad no puedo evitar abrazarle con mucha fuerza, por un instante sus cuerpos semidesnudos se hicieron uno solo, fue difícil alejarse, aún así lo consiguió. Fue el turno de Sinbad para ponerse colorado pues el travieso muchacho toma el miembro del rey entre las manos, acariciando con movimientos casi imperceptibles, lo siente palpitar, aumenta la intensidad. El rey deja escapar algunos gemidos, seña de que lo está haciendo bien. Se detiene para admirarlo, se pasa la lengua por los labios y luego sobre la piel del miembro, como si fuese la paleta más deliciosa del universo. De arriba para abajo, de un lado a otro. La intimidad de Sinbad cobra firmeza, Judal lo mete a su boca para sorpresa del conquistador. Chupa y lo aprieta lo más fuerte que puede, lentamente hasta que Sinbad le toma delicadamente del cabello para marcarle el ritmo. Transcurren varios minutos hasta que el rey se corre, regalando un maravilloso elixir al satisfecho chico que solo así le deja en libertad. Sinbad se deja caer en el lecho.
—Para ser la ah primera vez que lo haces, eres muy bueno ah~.
—Je, ¿con quién crees que hablas? Soy el mejor en todo lo que hago.
—Bueno — se reincorpora como si nada — quiero agradecer tu esfuerzo.
—¿Uh?
El monarca le ofrece la mano para ayudarle a levantar del suelo donde se encontraba en cuclillas, le recuesta en la cama y se coloca entre las piernas, besándole los muslos. Él se cubre el rostro avergonzado más abre la boca en un silencioso grito cuando los dedos de Sinbad acarician su intimidad, aún sobre la ropa. Judal da algunos quejidos, más cuando los dígitos logran la infiltración para llegar al roce de la piel. Más rojo no podría estar el magi. La ropa interior recorre el camino en descenso hasta salir de escena, para entonces los labios de Sinbad juegan nuevamente con un pezón, succionando, mojando la delicada punta; mientras los dedos hacen lo suyo en la entrada de Judal, primero uno que hace movimientos erráticos pero gentiles, luego otro hasta que finalmente se acostumbra y se introduce el tercero. Entran una y otra vez simulando embestidas. Llegados a este punto, Judal casi está en trance, por la comisura de los labios escapa un poco de saliva, tiene la mirada ligeramente extraviada. El monarca por otro lado, ya tiene el miembro bien erguido de nueva cuenta, tan duro y caliente que le cuesta contenerse, más debe aguardar a la señal de su compañera.
—Si… SInbad — este retoma el control de sus sentidos — Sin… baaaaaaad~.
—¿Si?
—No es suficiente… quiero… tenerte dentro de mi.
El conquistador esperaba una indicación mucho menos directa pero eso es algo que adora del chico, el que pueda llegar a ser tan transparente. El rey saca la mano y dirige su miembro a la zona, lentamente para desesperación del sacerdote.
—¡Que lo metas todo!
—Te voy a lastimar, tranquilo.
El joven gruñe. Kouen ha sido un animal, con tanta preparación es imposible que pueda incomodarle o eso creía hasta que cayó en cuenta de que el rey estaba mucho mejor dotado, comenzaba a preocuparse de que no fuera a caber, y casi fue así, cuando los compañeros del miembro por fin tocaron la propia piel, se sentía lleno y respiraba agitado. Con la cabeza del hombre enterrada entre sus pechos.
—Rey idiota ah ah… mi rey… hazme tuyo y solo tuyo.
El magi se abraza al hombre que le imita, de alguna manera se clava más profundo y empiezan las estocadas, le penetra repetidamente, con la intensidad de un demonio. Ambos cuerpos perlados en sudor hacen música, bailan entre sábanas destendidas. Sinbad le coge por la cadera, alzándole, introduciéndose aún más. Los cabellos de Judal se mecen al compás, ofreciendo un espectáculo adorable. El chico aprieta la tela entre sus manos. La desnudez de dos personas se hace una. Cada vez más veloz y certero, ambos jadean, se ahogan de placer. Es imposible saber el tiempo transcurrido y francamente es lo de menos.
—¡AAAAAAAAAH!
Judal da un potente gemido cuando la semilla del rey es depositada en su interior, aunque una parte escurre por los muslos. Sinbad sale, se tira a su lado y le abraza, sonriendo, se contemplan con miles de palabras que no se atreven a decir. Felicidad, agradecimiento y ¿porqué no? Amor.
—Eres increíble Judal.
—No te quedas atrás Sinbad.
«—Creí que tendría problemas. Luego de acostarme con Kouen tu… en verdad me hiciste sentir valorado».
El magi cerró los ojos, vencido por el cansancio, Sinbad le siguió poco después.
Esa noche Judal tuvo sueños gratos después de mucho. Fantaseaba con el mundo alterno donde era esposo de un amable rey y amoroso padre de sus lindos hijos, esa vez en lo que parecieron siglos, tenía una sonrisa sincera y enorme en el rostro. Quizá aún tenía la oportunidad de ser feliz.
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Imperio Kou
Durante la madrugada, despacho de Ren Kouen.
Este no ha dejado de pensar en la bofetada que le dio a Judal. Si bien siendo un príncipe no puede darse el lujo de que alguien desobedezca sus órdenes, tampoco era su intención hacerle daño, al menos a propósito pues no negará que es poco sutil. Quizá si la relación que existe entre ellos fuera más encaminada a algo romántico sería distinto, sin embargo es un lujo que ninguno de los dos se puede dar. No puede bajar la guardia, Judal alguna vez perteneció a Al-Thamen y si bien gracias a cuantiosos sacrificios la organización ya no existe, no ha podido eliminar del todo las dudas. ¿Y si al final Judal no era una víctima? ¿Y si solo espera traer el mal de regreso a este mundo? Quizá él se convierta en el enemigo y por ello ha de tenerlo cerca, cuando falle tendrá la excusa perfecta para ejecutarlo. Con su muerte un nuevo magi, uno que posea rukh dorado nacerá en el mundo. Al fin podrá quitarse una gran carga de los hombros. Solo debe asegurarse de odiarlo porque no hay mayor peligro para un hombre que el amor. Suspira.
—El amor, ¿eh?
La mayoría de las personas tienen la impresión de que Kouen es demasiado frío pero, no es un pedazo de hielo incapaz de sentir. Los pocos encuentros con Judal han logrado remover su interior, ni él está seguro de en que manera. Judal, un joven que de no ser por intervención de Aladdin, el magi de Balbad… tendría un futuro muy distinto. Se lleva la mano a la cabeza en señal de confusión. Aquella bofetada… la negativa del chico a realizar lo que ya han hecho… la expresión en su rostro. ¿Es que acaso había alguien más? ¿Porqué habría de importarle? ¿Le preocupa que no cumpla con su labor? ¿Mostrar debilidad? ¿Estar enamorado? ¿O el orgullo herido? Tiene el cerebro atiborrado de razonamientos, el verlo ahora solo provocaría una explosión de sentimientos sin explicación, y por ello es que ni siquiera ha notado que su "príncipe cautivo" no se encuentra en la jaula.
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Reino de Sindria por la mañana.
Judal contempla a su amante en algo parecido a un deja vú que a la vez es muy distinto. Ahora no solo comparte cama con un hombre, sino con uno que le hizo el amor. Desde que tiene memoria ha vivido en el Imperio Kou como su magi, pero siempre se supo esclavo de Al-Thamen, siempre buscó desesperado la libertad y es por ello que hizo equipo con los demás magi. Pero ni rompiendo las cadenas pudo ir más lejos. Incluso ahora cierra los ojos y se imagina un futuro como el oráculo de Sindria, alguien que protegiera un pueblo con el corazón como lo hacen Sheherezade en Reim o aquel enano en Balbad. Y sin embargo no es más que un vil engaño. Quedarse en Sindria iniciaría una gran guerra contra el imperio Kou. ¿Solo por él? Tenía ganas de saber cómo se sentía el amor y ahora que lo ha experimentado, cuando ya tiene nombre, rostro y cuerpo, no se atreve a cortar de tajo su prometedor futuro. El conquistador abre los ojos, sonríe.
—Buenos días Judal.
—Buenos rey idiota.
—Es un apodo al que puedo acostumbrarme. ¿Cómo te sientes?
—Normal, no ha sido nada del otro mundo.
—No te preocupes, con la práctica …
—¿Cuál práctica? Estás loco si piensas que voy a repetir esto contigo.
Se pone en pie, recoge las prendas y se viste de a poco ante un perplejo hombre que ha palidecido.
«—Tranquilo, no entres en pánico. Anoche fue especial, sentí algo y estoy seguro de que él también. Debe ser una de sus bromas pesadas.»
—Bueno Sinbad, fue divertido mientras duró. Pero ya que eres un hombre más en mi colección, no me interesas — invoca el círculo de transporte mágico.
—¡Espera!
—Este es el adiós — baja la voz para que no pueda escuchar — Gracias por todo — se le forma un nudo en la garganta — nunca lo olvidaré mi rey …
Escapa. El mayor se queda a milímetros de tomar su mano, aprieta el puño con fuerza. No pudo ver su rostro pero la intuición jamás le ha fallado. Lo que siente por Judal no es unilateral.
—¿Porqué eres tan terco? No puedo ayudarte si no me dejas. Si querías quedarte podías hacerlo… — los ámbares parecen más cristalinos de lo usual por las gotas saladas — Ni siquiera… — una puñalada dolorosa le atraviesa el corazón con crueldad — ni siquiera me dejaste preguntarte… si serías mi consorte…
No puede entender porqué se marchó pero Judal ha dejado demasiado dolor tras de sí, no han transcurrido ni cinco segundos y Sinbad ya lo extraña con toda su alma. ¿Qué debe hacer para tenerlo de nuevo entre sus brazos y no dejarlo escapar? ¿Tiempo? ¿Cuándo se dará cuenta Judal de lo mucho que le hace falta?
—¿Lo hará?
Un escalofrío le recorre la espina, como si adivinara el peor presagio de la historia.
«—Hasta que pueda hacer algo por ti. No hagas tonterías por favor.»
Sale corriendo a toda velocidad en busca de la general maga, choca con ella y sin darle oportunidad a que se recupere de la impresión, le estruja por los hombros.
—¡Yamuraiha!
—S-su majestad …
—¡Debo hablar con Aladdin! ¡Necesito salvar a ese tonto! — enuncia prácticamente entre lágrimas. La chica nunca le había visto tan quebrantado.
—¿Eh…?
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Imperio Kou
Han transcurrido tres meses desde que Judal le diera el adiós al amor de su vida. Confiaba en que la distancia disminuyera el gran afecto que le profesa al rey, ahora que había podido sentirlo pero no, la lejanía no hizo más que hacer más fuerte el pesar. Nadie se había dado cuenta por fortuna, debido al gran actor que es. Pero en las noches siempre tenía que aguantarse las ganas de llorar en ese helado y gigantesco lecho tan elegante. Comenzaba a creer que enredarse con Sinbad era la peor estupidez que se le había ocurrido pero no estaba arrepentido, no lamentaba aquella noche pero temía que todo se fuese borrando como las huellas en la arena que desvanece el mar. Que llegara a pensar que lo más hermoso que le ha ocurrido sea un sueño, tan distante que sea enterrado en las lejanías del cerebro, a donde jamás tenga acceso. Esa también fue la última vez que permitió le tocara un hombre. Kouen le evitó durante tres semanas por alguna razón de la que ciertamente no le daría explicación. Cuando por fin le llamo para aquello que tanto temía, no pudo evitar llorar. Le daba náuseas que Kouen ensuciara su tesoro. Él le corrió amablemente, sorprendiéndole. No lograba entenderlo y no pretendía humillarse pero sentía gratitud ante su traspié. El príncipe volvió a ignorarle, y por azares del destino, algunos viajes le mantuvieron lejos del Imperio. Pero no será así por siempre. Kouen vuelve hoy y quiera o no, no habrá poder humano que le salve. Tendrá que entregar aquello que solo debería tener su rey, odia tanto que sea así, que no pueda hacer nada… No, tiene la opción de luchar, Sinbad le apoyaría y con ello llega el escenario trágico que ve cada noche en sus pesadillas. El día se hace eterno, los nervios están a flor de piel. El clima se enrarece, es como si compartiera su mal humor. El cielo se torna gris, se escuchan los truenos y ven violentos rayos. Llaman a la puerta.
—El barco del primer príncipe llegará pronto pero con este clima no puede atracar en el muelle, le pedimos que se ocupe por favor.
Vaya, ¿y si solo deja que se hunda? Si claro, entonces todo el Imperio sería su enemigo. Toma la varita, sale volando por la ventana usando también su borg. Mendigo frío que hace, debió tomar un suéter o un similar. Llega a la costa, la embarcación no está muy lejos. Dicta varias órdenes al rukh, pan comido, o eso creía hasta que cayó en cuenta de que le estaba costando trabajo, como si tuviera menos magia.
«—Imposible…»
Se concentró en cada indicación, con cada célula en el cuerpo. Las gotas de agua comenzaron a empaparle.
«—Mierda. ¡¿Qué rayos está pasando?!»
Los magi pueden enfermarse, sentirse débiles bajo ciertas circunstancias pero jamás así de la nada. Se muerde los labios, la vista se nubla pero va consiguiendo resultados.
«—Rápido, rápido, rápido. Muévete mugroso montón de astillas.»
Siente que le falta el aire, como si una tonelada de acero le estrujase. Las nubes empiezan a disiparse y el sol a salir, el barco llega a salvo y él baja lentamente al nivel del suelo, sin embargo al estar a diez metros de este, la magia simplemente se hace nula, por lo que cae bruscamente sobre la arena.
—¡Waaaaaaaaaa! ¡Aaaaay!
Algunos soldados corren a su encuentro, pero es Kouen quien extrañado con su desempeño llega antes. Saca su espada y emplea a Phenex para curar las heridas que se ha hecho, siendo quien es normalmente sería innecesario pero algo no termina por cuadrar.
—¿Estás bien Judal?
—Si. Solo, me distraje un poco.
Emite gruñon. Se pone de pie, da algunos pasos y pierde el equilibrio, las cosas le dan vueltas con una violencia que le lleva de vuelta al piso.
—¿Eh?
Aunado a un increíble dolor de cabeza y palpitaciones dolorosas en el corazón, luego una punzada en el vientre que le hace pegar un gran alarido, asustando incluso al pelirrojo que no comprende porqué el chico se dobla sobre si mismo para luego retorcerse. Kouen vuelve a emplear a Phenex más no da resultados. Judal no puede contener el llanto ante semejante agonía, siente que muere lentamente.
«—¡SINBAD!»
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Sindria en ese momento
El rey caminaba de un lado a otro de la habitación cuando se detuvo en seco y palideció. Su rostro consternado se cruzó con el de Aladdin.
—Parece que ocurrió … le informa el niño.
—¡Llévame con él!
El pequeño niega con tristeza.
—Aun no sabemos quién es el padre …
—Claro que …
—Por el bien de Judal-kun, déjalo en mis manos.
A Sinbad no le queda más opción que aceptar, muy a su pesar. ¿Qué más da empezar una guerra? Aunque no puede ser tan egoísta con la vida de su gente y la decisión de Judal de seguramente protegerlo. Solo una oportunidad, solo eso necesita. Le da igual si Judal tuvo relaciones con Kouen al regresar, también si el fruto de su vientre no es suyo, el solo quiere a su futuro consorte y bebé de regreso. ¿Cuánto más ha de soportar ese secuestro?
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Imperio Kou.
Judal no sabe cómo llegó a su habitación o qué hace Aladdin ahí y es lo que menos podría interesarle.
—¿No estás feliz Judal-kun?
—¿Feliz?
—¡Si! ¡Estás embarazado!
«—¿ Embarazado? ¿La magia funcionó? ¿Enserio embarazado? ¿De quién? ¿ Sinbad?» — se ilumina su expresión para ensombrecerse de inmediato — «—¿Kouen?»
Si es de Kouen la tendrá difícil pero si es de su gran amor… ambos morirán y su bebé no tiene la culpa. Se lleva las manos al rostro. Sus síntomas no son comunes, la vida en su interior no es cualquier ente, es muy especial y por lo mismo toma mucha de su magia para crecer. Palidece.
—¿Pero qué hice…?
—¿Judal-kun?
El aludido contempla al pequeño, con el rostro empapado en lágrimas, incapaz de poder disimularlas.
—Este niño debe ser de Sinbad …
—No podemos asegurarlo.
—Aun si fuera de Kouen.. no quiero que ese desgraciado sea su padre… ¡No puede serlo! Enano, ¡¿qué voy a hacer?! Yo sé, lo siento — lleva su mano al vientre — Es de mi rey… si me quedo en el Imperio morirá… si voy a Sindria… provocaré una guerra.
El infante medita en las posibilidades.
—Podríamos buscar la manera en que se desarrolle fuera de tu cuerpo, pero no ahora, será cuando esté más maduro para que no sea peligroso… algo así como lo que mamá y Ugo-kun hicieron por mi. Mientras debemos esperar, regresaré a Balbad y…
—Te lo prohíbo.
—¿Eh?
—Sinbad no debe saber que estoy embarazado… de él. En lo que a mí respecta, es el mocoso de Kouen.
—¡Pero…!
—¡Dije que no! — se abraza a si mismo — Ese idiota no debe arriesgar lo que tanto le costó conseguir… su vida… solo por nosotros. Júralo, de lo contrario, prometo que yo mismo terminaré con mi vida y la de este bebé antes de que sea miserable.
El niño aprieta las manos con fuerza, no es bueno mintiendo y Judal es demasiado astuto para su gusto, se dará cuenta si lo hace.
—Juro que no le diré a Sinbad-ojisan sobre su hijo, de todos modos no estamos seguros de que lo sea. Me retiro, imagino que deseas estar solo pero — le encara con seriedad— lo que yo haga o no a partir de ahora, no es asunto tuyo.
—Lo mismo digo, ya no te metas en mis asuntos.
Aladdin le deja, Judal se entierra las uñas en el antebrazo al apretar con demasiada fuerza, los rubíes emanan gran amargura. Maldita sea, por fin sabe cómo se siente el amor, es correspondido y aquello tiene fruto pero debe renunciar a ello por el bien de… su familia. ¿Porqué siempre ha de perderlo todo antes de tener la oportunidad de disfrutar? En un murmullo, temeroso de que el mundo le escuche, dice un tenue:
—Perdón mi rey idiota…
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Sindria.
El monarca mira a la distancia desde su ventana. ¿Qué será la inquietud que le invade desde hace un rato? Un círculo de transporte aparece, se emociona creyendo que es su lindo amante, en cuanto logre convencerlo, será más que eso. Una sonrisa se dibuja en el rostro, misma que desaparece al enterarse de la identidad del mago.
—Judal-kun no podrá venir más.
—¿Qué significa eso?
—Hoy se desmayó, está bien pero…
—¿Cómo va a estar bien? No es normal andar desmayándose por la vida.
—Está embarazado — el mayor queda perplejo pero antes de poder interrogar, el recién llegado le responde — Kouen-ojisan posiblemente sea el padre.
Aladdin se muerde los labios, hay súplica en su mirada y Sinbad comprende.
—Así que él no quiere que lo sepa, que testarudo — bufa.
—De momento no podemos hacer nada pero… ¿qué estás dispuesto a arriesgar por Judal-kun? — la postura de Sinbad no denota miedo alguno — me da mucho gusto — sonríe. Tengo una idea si te parece escucharla.
—¿Porqué el Magi de otro país me ayudaría a sabiendas de lo que puede provocar?
—¿Porqué el rey de Sindria se enamoraría de un Magi extranjero? Sabías lo peligroso que era desde un inicio — le recrimina — además Alibaba-kun te tiene en muy alta estima y yo creo en él. Aún así, fuiste muy irresponsable.
—¿Estás… enojado? — cuestiona sorprendido.
—Un poco.
—¿Es posible que Judal te…?
—Jamás pude ayudarlo, así que no tengo derecho a sentir esto… por eso está vez pelearé por su felicidad, incluso si tu eres el amor de su vida — sonríe cálidamente — Tiene que saber que hay personas que lo darían todo por él, ¿verdad?
—Gracias Aladdin.
—No me las des. Si las cosas no salen bien… alguien morirá.
Sinbad traga duro, curva la boca hacia arriba, confiado.
—Te aseguro que no será así.
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Imperio Kou, tres meses más tarde
Judal continua con sus labores como Magi, cuidando de no exigirse demasiado ya que el embarazo le agota bastante. Esperaba que Kouen fuera más entusiasta con la noticia de que será padre pero lo ha tomado con tal serenidad que ofende. De vez en cuando visita al chico en su habitación para saber cómo se siente, lo que si ha sido un gran cambio y de menos ya no se dirige a él como el mayor patán del universo. Otra gran noticia es que no han tenido intimidad nuevamente, lo que agradece, no soportaría que alguien que no es SInbad le toque de nuevo, pero es un sueño que no podrá ser. Lo cierto es que cada día extraña más a su rey, siempre se pregunta lo que está haciendo y… lo que debe opinar de él a estas alturas. ¿Lo odiaría? ¿Creería que le fue infiel apenas volvió a casa? Vaya ironía, hace mucho el Imperio no se siente como tal. Suspira. No podrá seguir así por mucho tiempo, una vez el bebé este seguro, él…
—Judal—sama.
Un soldado que se topa a medio pasillo la saca de sus pensamientos.
—¿Qué? — responde de mala gana.
—Disculpe, no era mi intención ser insolente pero… su nariz…
—¿Te gusta o qué?
—Esta sangrando…
El chico se limpia con el dorso de la mano por instinto, de acuerdo, tal vez esté un poco más débil de lo pensado pero… ¿se supone el color de la sangre es tan tenue? Debería ser rojo intenso y no ese tono ligeramente rosado. De pronto un fuerte mareo le invade, a estas alturas no son raros pero este viene acompañado de una punzada que le atraviesa el cerebro de lado a lado, tal que incluso le roba la visión para dejar todo en un escenario negro. Ya no tiene noción de si mismo, no sabe si está de pie o ha caído. Tiene la sensación de estar flotando, no, alguien le sacude violentamente, seguro intenta hacerle reaccionar.
—¡Judal!
La voz en ese grito denota gran preocupación, por ello lo atribuye a un juego de su mente, como si el gran rey Kouen se angustiara por su seguridad, ah… que tonto, puede que él sea su juguete pero en el interior tiene al que el cree es su hijo. Se deja engullir por la inconsciencia, con un último esfuerzo, imagina que es SInbad quien le ha atrapado y que jamás le dejará ir de su lado. Tan lindo sueño le hace liberar una sola lágrima que para fortuna nadie nota. Incluso cuando él misma está perdido, no puede evitar dedicarse al rey de su corazón.
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Judal abre los ojos lentamente. Las náuseas le invaden pero no tiene la fuerza de volver el estómago.
—Pensé que dormirías para siempre.
—¿Kouen?
El príncipe lee un libro, metido en la misma cama que Judal pero esa habitación, es del magi, ¿acaso le cuidaba? Imposible.
—Me lleva, me siento terrible.
—El médico dice que tienes anemia.
—Con razón.
—Debes ser muy cuidadoso... estuve investigando un poco. Todas las magi que han tenido hijos tienen rukh blanco pero tú, ya has caído en la depravación, además es la primera que un hombre queda en cinta. ¿Comprendes lo que quiero decir?
—En pocas palabras, la cosa en mi interior me está matando, y yo creyendo que absorbía mi magia… pues ya ni modo.
—Voy muy enserio, como sigas así, no llegarás al final del embarazo.
—Pues vas y te consigues a cualquier otra de tus zorras.
—Ninguna me dará un vástago como tú.
—Pues coge con la anciana de Reim o yo que sé, por mi viólate al enano, en una de esas lo dejas preñado — se burla.
El príncipe se le echa encima, sin herirlo o aplastarlo pero si para acorralarlo.
—No voy a justificar mis acciones contigo, te trate muy mal buscando lo mejor para el Imperio pero, Judal, te amo.
—Ay si como no, ¿estás ebrio?
Antes de que pudiera continuar con la burla, el pelirrojo le besa en los labios. El muchacho queda atónito, jamás lo había hecho, cabe destacar que es un contacto bastante pasional del que no puede liberarse porque el príncipe le sujeta por las muñecas. Las náuseas atacan con más intensidad a Judal, más aún cuando el hombre introduce por la fuerza la lengua en su boca. Iracundo por el hecho de que únicamente Sinbad puede hacerlo, le muerde, el príncipe desiste, le libera y se pone de pie rumbo a la puerta.
—Será mejor que me vaya, pero no olvides lo que te dije.
Judal se queda solo, un increíble asco le obliga a tomar asiento violentamente y sin poder evitarlo, vuelve el estómago, lo que mancha la sábana no es lo que esperaba de su última comida, sino una cantidad alarmante de sangre. Sonríe con mucha tristeza.
—Ey, ey, ey. No está bien mocoso. No puedes matar a mami, al menos hasta que seas lo suficientemente fuerte para sobrevivir con la magia del enano. Sé que hay muchas cosas que no pueden hacerse realidad pero al menos déjame tenerte, déjame sentir que hice una sola cosa bien y cuando llegue el momento, sé muy feliz en compañía de papá.
Judal, un ser caído en la depravación, para muchos la maldad encarnada, si alguien le hubiese visto en ese instante, se habría dado cuenta del gran, amoroso y maravilloso hombre que el mundo no se ha dado la oportunidad de conocer.
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Imperio Kou, seis meses más tarde.
Hace mucho que Judal ya no sale de su habitación, se la pasa todo el día entre la inconsciencia y el sueño. A pesar de estar a unos días de los nueve meses de embarazo no luce más rellenito o sano. Se supone que los ojos brillen, que tenga las mejillas rosadas y un gran apetito pero él… a duras penas vive. Incluso si prestas atención en su pecho, el movimiento que realiza para respirar es muy sutil, bastante, de vez en cuando se detiene, así como su corazón. Es por ello que a estas alturas siempre hay médicos a su cuidado. No pueden arriesgarse a que muera… de nuevo. Esta última semana han tenido que reanimarle cinco veces. Su cuerpo está al límite, ni siquiera la magia de Phenex o cualquier otra en el Imperio hace mucho. Kouen vive con la constante preocupación de la fatídica noticia, tanto que Koumei se ha visto en la necesidad de sustituirle en muchas de sus obligaciones.
El conquistador de Astaroth toma asiento en una silla colocada a un lado de la cama del magi, tiene un libro olvidado en su regazo puesto que ahora no tiene la cabeza para leer. Que idiota, tan patán que se portó buscando tener descendencia con aquel que no consideraba persona, y ahora que por fin lo hace, que logra tocar su corazón… está tan cerca de perderlo… ¿y si? Lo medita un segundo, ¿y si Kouen renuncia a ese bebé? En eso estaba cuando una gran sacudida en la tierra le pone en alerta, el movimiento cede, él se pone en pie, frunce el ceño.
—¿Un terremoto… en el Imperio?
Tanto como imposible no, pero si poco frecuente y más aún de esa intensidad. Mira al ahora indefenso joven que duerme, aprieta los puños frustrado, desea estar con él pero ahora el Imperio le necesita más.
—Volveré más tarde — se retira sin mirar atrás.
Un círculo de transporte mágico se hace presente, Judal no abre los ojos ya que no puede pero sonríe.
—Te pasaste con la distracción, enano.
—Debía hacer algo para alejar a ojisan, no te deja solo para nada.
—Como tu, ¿o crees que no me doy cuenta de que aún no muero porque estás de metiche? Pasar las noches a la intemperie no debe ser agradable.
—Me gusta la naturaleza je je je je.
—Se acabó el tiempo, ¿verdad?
El pequeño guarda silencio un rato.
—Podrías obligarte, unos minutos más pero entonces, ninguno de los dos sobrevivirá. Esta es la única oportunidad que tienen.
El mayor abre los ojos muy despacio, angustiado.
—Daré lo mejor de mi para que pueda nacer, te prometo que estará bien. En realidad eres tú quien me preocupa, si solo desaparece… pensarán que …
—Tengo todo calculado, Kouen no permitirá que me hagan daño.
—¿Estás seguro?
—Je, totalmente.
—En ese caso …
El niño se acerca, coloca las manos a poca distancia del vientre, recita un hechizo en lenguaje desconocido, un halo de luz se hace presente, pronto se alcanzan a distinguir las aves de rukh, una bolita dorada sale de Judal, Aladdin la toma y rodea con un borg.
—Regresare a Balbad, pero si necesitas algo …
—Ese niño debe saber que Sinbad es su padre… aún si al final la sangre de Kouen corre por sus venas… mi bebé debe crecer en Sindria.
—Estoy de acuerdo.
—Jamás le hables de mi.
—¿Eh?
—El magi esclavo de un Imperio… tan inútil como para pelear por su felicidad aún cuando presume ser libre… no merece ser recordado.
—El bebé sabrá que viene de una madre, y el día que me pregunte, yo le diré que nadie lo amó más que él, porque pensó en él antes que en si mismo.
—No te atrevas — le amenaza.
—Nos veremos cuando te sientas mejor. ¡Judal-kun! — desaparece.
—Desgraciado… — articula divertido.
Sin el feto en su interior, recupera un poco de energía más decide continuar descansando. Sabe lo que pasará de ahora en adelante y también entiende que su final está cerca, ¿para qué torturarse? Es lo que debe hacer para que nadie le robe su futuro al hijo de Sinbad.
«—Esta vez lo haré bien.»
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Reino de Sindria.
Aladdin resguarda al bebé, posteriormente habla con Sinbad. Ambos se contemplan con impotencia.
—Así que Judal decidió ser un tonto hasta el final.
—Eso parece Sinbad-ojisan.
—No siempre hará lo que le venga en gana.
—Entonces tú…
—Imaginaba una declaración más romántica pero …
El rostro de Aladdin se ilumina por completo. El destino debe fluir para que esa familia esté completa y feliz, nada puede salir mal.
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Imperio Kou, seis horas más tarde.
Ren Kouen ve atónito a su oráculo que luce la ropa de antaño, mostrando su vientre plano. No logra digerir las palabras del chico que ha llegado con gran presunción y actitud soberbia.
—¿Estás sordo? — articula — Dije que no dejaría que un engendro acabara con mi vida, así que lo maté. Dentro de poco estaré como nuevo.
La mayoría hace muecas de asco, Kouen no sale del estupor, Koumei cubre parte de su cara con el abanico, y es el quien habla ante el mutismo de su hermano.
—Judal, ¿comprendes que atentar contra un miembro de la familia real es un crimen grave?
—Si te refieres a la pena de muerte — hace un movimiento con la varita — Tampoco me estoy entregando idiota.
Judal crea un círculo de transporte mágico, El plan original era no luchar pero, cuando Aladdin mencionó que le contaría a su hijo de él, le entró el deseo de conocerle, de educarle aún si tenía que visitarle a escondidas, huyendo del mundo. Definitivamente estaría con el, pero las cosas jamás son perfectas y antes de entrar al círculo, Hakuryuu y Hakuei con sus djinn equipados le atacan, Judal se impacta contra una pared, lo que le aturde el tiempo suficiente para que Koumei le ponga un collar especial que no le permite recibir magoi del exterior.
«¡¿Pero qué?!»
Que tonti, ¿porqué no simplemente escapó aprovechando que nadie le vigilaba? Ah, es cierto, debía tener testigos de que su bebé no existe más. Los soldados le ponen de rodillas. Kouen se levanta del trono y se acerca, le coge de la ropa para ponerle en pie, sin un mínimo de consideración.
—¿Tanto asco te daba el tener un hijo mío?
—¿Esperabas que fuera un honor? — le desafía, el pelirrojo le abofetea tirándole al piso.
—Te retiro el título de oráculo del Imperio y todos los beneficios que ello conlleva. Has cometido alta traición, en tres días serás decapitado.
—¡Bien por ti grandísimo imbécil! ¡Ahora seré libre!
—Veremos si para entonces puedes sostener tus palabras — escupe con amargura — ¡Llévenselo a los calabozos y no le den de beber ni comer!
El pelirrojo se gira indignado.
«—¿Cuánto resistirá tu espíritu antes de quebrantarse? A pesar de todo… aún espero pidas mi ayuda… déjame hacer algo para salvar tu vida Judal, deja de ser tan testarudo.»
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Los guardias atan de pies y manos a Judal que aún con el collar no puede usar magoi. Aún así, no tiene miedo, sabe que está protegiendo a las dos personas más importantes en el mundo, por decisión propia. Tal vez no es como lo esperaba pero, hay algo en lo que el Imperio no puede meter sus narices y eso le llena de una felicidad indescriptible. De esa forma pasan los días y llega el de su ejecución. Un grupo de seis soldados le custodian desde su celda a la explanada preparada para el castigo. Le arrodillan por la fuerza ya que no pretendía perder el orgullo. Kouen le miró, para sorpresa de él con angustia y susurró algo que solo Judal pudo escuchar.
—Mis sentimientos no han cambiado. Déjame ayudarte.
El príncipe descubrió el corazón para solo recibir una carcajada por contestación.
—Das esperando recibir, si yo te acepto, ¿luego qué? ¿Tendré que ser tu sumiso, obediente y total marioneta? ¿No era lo que ya tenías? Jamás podrás darme algo que me interese.
—En ese caso todo terminó para ti.
El príncipe se pone a un lado, haciendo un gesto al verdugo que toma posición, el pelirrojo alza la mano con intención de dar la fatídica indicación.
—¿Algo que desees agregar? — el conquistador.
—Que me arrepiento de toda mi asquerosa vida antes de aquel día.
—¿Aquel día? — frunce el ceño — Explícate — silencio — ¡Que te expliques he dicho!
Kouen estuvo a punto de perder la cabeza, no es un hombre que guste de quedarse con las dudas en ningún ámbito, sonríe de lado, no va a caer en uno de sus juegos, Judal tomó su decisión. El pelirrojo baja la mano. La hoz del verdugo se precipita al magi que no aparta la mirada, aún en ese instante le lleva la contra al destino. Se escucha un grito ahogado de la poca audiencia, un sonido metálico resuena, la guadaña choca contra una espada. El oráculo queda perplejo, no puede ser, ¿acaso alucina antes de morir?
—Te prohíbo dañar al consorte de Sindria — expresa el recién llegado.
—P-pero… ¡¿Qué estupideces dices rey idiota?!
—La verdad— coloca su espada en la funda, ofrece la mano a Judal para ayudarle a poner en pie, la que esta acepta dudoso — Si le hacen daño a mi esposo — emite con gesto aterrador — Olvidaré toda intención pacífica con el Imperio.
—No puedes venir y lanzar sin sentidos Sinbad — se adelanta Ren Kouen.
—No tienes el derecho de mantener cautivo al consorte del rey de un país extranjero.
—¿Pretendes iniciar una guerra?
—Solo si es inevitable.
Un gran círculo de transporte mágico aparece, de ahí emergen los líderes de la alianza de los siete mares y los tres Magi faltantes: Aladdin, Sheherezade y Yunan.
—Ni yo, ni la Alianza ni los Magi nos quedaremos cruzados de brazos viendo cómo se comete una injusticia. Puedes negarte pero te convertirás en el enemigo del mundo. No, tócale un solo cabello de nuevo y renunciaré a todo, seré un simple hombre que va a matarte.
Los habitantes del Imperio se ponen a la defensiva, no comprenden pero eso es a todas luces una invasión. ¿Cómo se atreve Sinbad a decir tales argumentos de buenas a primeras? Así no tengan oportunidad deben hacer lo posible por defender su honor. Sheherezade, Yunan, Judal y Aladdin son testigos de la gran masa oscura que cada vez se hace más grande, rukh caído en la depravación, la gente de Kou está siendo tentada por los sentimientos negativos, se sienten traicionados.
—¡El hijo de Judal es de Sinbad! — grita Aladdin como último recurso.
—¡Cállate enano!
—Sinbad-ojisan y Judal-kun están enamorados pero, no podían estar juntos. ¿Ustedes los separarían? ¡¿Es que acaso nunca han amado a alguien?!
La muchedumbre cuchichea entre sí. Kouen se aproxima al chico, Sinbad se coloca a un costado para dar a entender que no está solo.
—¿Es eso verdad? — interroga el pelirrojo, no hay respuesta — El bebé que yo creí muerto…
—Vive — declara el dueño de Focarol — pero no es tuyo.
—¿Qué tan despreciable puedes ser? — al chico que separa los labios para contestarle, más es interrumpido — Has engañado al próximo emperador y eso no puedo pasarlo por alto, tu castigo es …
—¿De nuevo con ello? — el rey molesto.
—Quedas desterrado del Imperio, no puedes poner un pie de nuevo en nuestro territorio — se da la vuelta para dirigirse a la pequeña multitud y ejército — ¡Desde hoy queda prohibido mencionar el nombre de Judal! ¡Borraremos todo registro de este traidor que nunca existió! ¡¿Quedó claro?!
—¡Si! ¡Nadie se burla del Imperio!
—¡¿Y qué esperan?! ¡A trabajar!
Todos se movilizan, el príncipe no le da la cara al oráculo, como si estuviera ignorándole.
—Así que harás de cuenta que nunca me conociste.
—Te equivocas Judal — Sinbad — Kouen ha evitado una guerra, mis argumentos eran forzados, el único que en verdad podía hacerlo, es él. Además al fingir que no naciste aquí… te dio una nueva vida al limpiar tu nombre…
El joven vira el rostro de su amado, príncipe que solo entonces avanza para alejarse.
—No te amé como querías pero no significa que no lo hiciera.
Y se retira con toda la autoridad, elegancia, porte y fortaleza que le caracteriza, porque ni entonces se admitiría derrotado.
—Parece que todo salió bien Judal-kun — Aladdin sonríe radiante.
—¡¿Qué diablos pensaban?! ¡¿Casi estalla una guerra?! — se le va encima al rey y empieza a tirarle puñetazos al pecho, reprochando — Pudiste haber muerto, también nuestro bebé.
El mayor le coge de la mano, besa galante los dedos.
—Valía la pena arriesgarse.
—Eres más imbécil de lo que creí — recarga el rostro en él mientras le abrazan.
Transcurren los minutos y al no haber peligro, la Alianza y magis se retiran, dejando a solas a la pareja, Sinbad le acaricia la espalda, consolando.
—Vamos a casa — susurra amablemente.
—Casa…
—Claro que si. Ya no te dejaré ir, te quedarás a mi lado para siempre.
—¿Cómo tú amante?
—Me diste un hijo, ¿no es obvio que eres mi esposo?
—¿Sin boda? Que poco romántico. Pero esta bien, después de todo esas ridiculeces no van conmigo.
El monarca le coge en sus brazos para volar de regreso a Sindria.
—Se que es más rápido usar la tele transportación pero, quería estar a solas contigo, no tienes idea de lo mucho que te extrañe.
—¿Lo dices enserio?
—No te mentiría.
Los dos se aferran mutuamente, fundiendo sus almas, durante un tiempo que parece eterno y tan corto a la vez porque, cuando se dan cuenta han llegado a su destino.
Judal se da una ducha, come y una vez con más fuerza unas doncellas le arreglan apropiadamente. Aladdin le muestra a su bebé.
—Ahora que no están en peligro, con la magia puede nacer, es muy fuerte. ¿Lo intentamos juntos?
—De acuerdo. Tu también rey idiota, somos sus padres, no todo el trabajo me toca a mí.
—Uh… si, claro.
Los tres se toman de las manos rodeando la bolita, Aladdin recita algunas palabras en lenguaje Toran. El contenedor del feto crece, parece una especie de burbuja con agua, revienta. Un bebé muy chiquito flota lentamente hasta terminar en los brazos de su madre, Aladdin le ofrece una manta para que le envuelva.
—Vaya, siempre si es tu hijo rey idiota, ese feo color de cabello solo lo tienes tú.
—Jamás tuve dudas. ¿Y cómo le ponemos?
—Kou…
El mayor frunce el ceño con desagrado.
—Al final es Kouen quien me dejó en libertad, respetando lo que más amo, no quiero estar en deuda con él pero su nombre es espantoso, además el Kou también está en los nombres de la bruja y Kouha, los voy a echar de menos.
—Entiendo …
—Kou Ria.
—¿Qué?
—Kou por el imperio, Ría, por Sindria, este bebé me recordara lo que fui y lo que seré, en mi vida ya no hay espacio para las dudas, ella no me dejara olvidar.
—Lo has pensado muy bien, Kou, Ria… suena extraño.
—Nah, cállate menso — se besan.
Aladdin les da privacidad, no negará que duele ver al chico de sus sueños con alguien más pero, la sonrisa honesta de Judal lo vale todo. Por fin es feliz.
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Tres años más tarde, Sindria.
Una pequeña corre como demonio por el palacio, dejando una estela de destrucción tras de si. Los reyes observan las esculturas hechas pedazos y el tapiz…
—¡¿Cómo diablos le hizo ese engendro para arrancar el tapiz?!
—Ja, ja, ja. Tal parece que mi hiperactividad y tú propensión al caos no son una buena combinación.
—¡Deja de hacer el vago! ¡Alguien debe ponerle límites! ¡Ven acá Ria! — invoca su magia de levitación para darle alcance, donde quiera que esté.
—No hagas tantos corajes mi príncipe.
El aludido se gira y detiene, el rostro de ambos queda a milímetros, intimidante.
—Fui esclavo, juguete y amante de Ren Kouen. Pero soy tu rey y no menos, ¿te queda claro?
—Por supuesto — le da un beso en los labios — Ve a divertirte con Kou.
—Solo hago lo que tú no, vago.
A pesar de las palabras y actuación, Sinbad sabe que cuando Judal llegue a la hija de ambos le abrazará con fuerza, el que sea tan traviesa no evita que sea su tesoro. El monarca va en busca de su visir para hacer su trabajo, aún no es afín a el pero mientras menos tiempo pierda huyendo, más puede estar con su familia. Judal llegó a su vida de improviso, un día solo se acostaron, no tuvieron boda, ni hubo un parto para el bebé, no pudo estar a su lado durante el embarazo, siquiera anunciaron como era debido que eran un matrimonio ni familia, nada sucedió como debería, ni como le ocurre a todos. Pese a ello, le es imposible imaginar un presente distinto. Si pudiera cambiar algo de toda su historia, sería que Judal naciera en Sindria para evitarle tanto dolor. Le da igual si solo hubiera sido un campesino o el un marinero, cree fervientemente que se volverían a enamorar.
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Notas finales
Fic dedicado a Karen Acosta por ser la ganadora del concurso de dibujo de la página "Confesiones de Magi" de Facebook. Un SinJu (Fem) con embarazo, dramático y final feliz :3. Espero que te haya gustado al igual que todas las personas o persona que hayan decidido leer, de antemano muchas gracias por darle vida a tan hermoso fandom /u* los amo. Y sip, está algo larguito pero no quería omitir nada de lo que puse XD. Hasta otra :3.
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Nota 2
Como han visto en la nota original, este fic de escrito como premio para el concurso de una página pero pues me pareció buena idea hacerlo en versión yaoi para subirlo a todas las páginas :D. Que nunca digan que solo corregir el género de un personaje no es laborioso XD. Nos vemos en otra!
