Después de haberse avergonzado a si misma huyendo de Yami cuando fue a visitarla al hospital le tomo un poco de tiempo tomar la decisión de ir a visitar a sus padres para saber cómo se encontraban, la residencia de su familia se ubicaba en el Reino Noble y esperaba que no hubiera sufrido muchos daños, una vez dada oficialmente el alta del medico se presento en su casa, en los jardines sus padres conversaban, ella se detuvo cuando sus expresiones iracundas se concentraron en ella, su padre critico la vergüenza que trajo a la familia por su participación durante la invasión a favor de los enemigos, ignorando sus intentos de explicar que no había traicionado al Reino, que fue poseída por el espíritu de uno de los elfos, fue ese momento cuando su madre decidió abofetearla, se quedo muda ante la sorpresa, la bofetada le dolía más emocionalmente que físicamente, si siquiera quiso escuchar que Charla, termino luchando a favor del reino.
- ¡Eres una mentirosa! – Grito la mujer rubia iracunda – No te imaginas la desgracia que has traído sobre nosotros, la familia Kira nos pondrá bajo investigación por tu traición. Solo sabes causar problemas a pesar de todo lo que hemos hecho por ti, todo lo que hemos tolerado tu comportamiento. No has respondido como se debe a tu posición. – Charlotte permaneció en silencio mientras escuchaba diatriba – Te has estado dedicando a corretear por ahí sin cumplir con tus deberes como heredera.
- Madre.
- ¿Cómo crees que quedamos ante los demás nobles? No solo nuestra única hija prefiere arriesgar su vida jugando a los Caballeros Mágicos, sino que además rechaza todas las ofertas de compromisos que nos ha costado conseguir y además se vuelve contra la realeza. ¿Tienes idea de lo difícil que es casar a una niña maldita?
Charlotte supo que esa era la gota que derramo el vaso, apretó sus manos en puños dolorosamente fuertes antes de girar sobre sus talones y retirarse, ignoro las llamadas de sus progenitores al tiempo que se alejaba de a pasos comedidos de ellos, no saldría corriendo para no demostrarles lo mucho que sus palabras le lastimaban.
Una gran amargura creció en su pecho.
Llego a la base de su escuadrón intentando evitar a cualquiera de sus miembros no tenia las fuerzas para presentarse ante sus chicas con el corazón destrozado, se dirigió directamente a su habitación para encerrarse, las rosas azules observaron con preocupación todo, para después intercambiar una mirada entre ellas para decidir que hacer, en primer momento Puli sugirió darle espacio para que se calmara y luego intentar conversar con ella, pero Charlotte no contestaba.
Yami caminaba fumando un cigarrillo mientras sus pasos lo guiaban hacia la base de las Rosas Azules, por algún motivo que escapaba a su comprensión Julius le pidió que llevara personalmente un reporte muy importante a Charlotte, debido a que tenia una sonrisita en su rostro supuso que había una segunda intención, de otra manera podría mandar a cualquier otra persona hacer el recado, sin embargo una vez que llego a la entrada se percato que las integrantes tenían una expresión preocupada y el ambiente general se sentía sombrío.
- ¡Capitán Yami! – Saludo una adolescente de aspecto dulce, probablemente tan joven como Noelle – ¿Está buscando a la Capitana Charlotte?
- Eh, sí. Me han enviado para entregarle algunos informes. – Contesto levantando las hojas para justificar su presencia.
- Puedo intentar llamar a la Capitana, pero desde que llego ayer de la residencia de su familia se encerró en su habitación, no salió a cenar y no ha desayunado esta mañana.
- ¿Qué sucedió? – Podía sentir la inquietud no solo de la chica que le hablaba sino de las otras.
- No estamos seguras, Puli intento hablar con ella, pero no quiso. Lo que escuche de mis padres fue que la familia Roselei estaba molesta por la participación de un miembro de su familia durante la invasión.
- Eso es una idiotez.
- ¡Por supuesto! Nosotras apoyaremos a la Capitana en cualquier momento, sin embargo, para la nobleza las acciones de la Capitana son malas. La Capitana es una marquesa, tiene una posición cercara a la realeza así que su participación en la invasión es una traición.
- ¿Sigue en su habitación? – No entendía mucho de la división de la nobleza, pero conociendo el carácter de la rubia debía estarse ahogando en un vaso de agua.
- Sí. Le guiare.
La adolescente guío al hombre a través de los pasillos de la base, Yami detallo que todo estaba decorado con un excelente gusto que coincidía con la imagen de su Capitana, los jardines perfectamente cuidados y la limpieza de todo, se detuvieron frente a una puerta de madera blanca, donde la chica toco varias veces.
- Capitana Charlotte, el Capitán Yami ha venido a verla. – Tenia la esperanza de que ante el nombre de la persona de la que estaba enamorada por fin saldría de su cuarto. – Lo siento, Capitán.
Considerando que la situación le parecía lo bastante seria como para intervenir uso su fuerza bruta para abrir la puerta, Charlotte quien estaba de pie en el ventanal salto de la sorpresa, por suerte vestía con un vestido celeste con blanco sencillo que llegaba hasta su rodilla, su rostro paso del enojo a la confusión.
- ¿Qué haces aquí, Yami? – Preguntó en un tono más brusca de lo que quería mientras le dedicaba una mirada a la adolescente que se puso nerviosa bajo su escrutinio.
- Niña. – Yami intervino atrayendo su atención – ¿Puedes traer algo para que ella coma?
- Sí.
- Vete. – Charlotte cruzo los brazos intentando mantenerse fría.
- Me encantaría complacerte, Reina Espinosa, pero tu equipo esta muy preocupado por ti, y yo también. – Su ki se sentía desolado.
- No ha pasado absolutamente nada, así que puedes irte. – Hizo un gesto con su mano para correrlo.
- Tienes sombras bajo los ojos, están un poco hinchados y algo rojos, estuviste llorando. Además, tus chicas dicen que no has comido desde ayer. – Su reconocimiento la hizo sentir vulnerable y expuesta.
- ¿Por qué has venido?
- Julius me pidió que te trajera algunos informes. – Los dejo acomodados sobre el escritorio que permanecía en la parte derecha del espacio, decidió que sería una charla largo así que mejor se acomodaba.
- Misión cumplida, vete.
- Ven a sentarte. – Yami palmeo la silla libre a su lado.
- ¿Te iras si lo hago?
- No, pero al menos no te cansaras de esperar estando de pie.
La rubia vacilaba desde su sitio, deseaba que se fuera para poder volver a su miseria, la adolescente que lo trajo hasta la habitación llego con un carrito donde descansaban varios platos de comida, una tetera, dos tazas, dos porciones de torta y unos emparedados, suspirando con un gesto derrotado despidió a la muchacha, noto que sus ojos verdes estaban llenos de ansiedad, probablemente su escuadrón estaba muy preocupado como decía Yami, se sentó para desayunar bajo la estricta vigilancia del hombre que comenzó a fumar.
- Ya he terminado.
- Excelente, toma una galleta. – Yami tomo la galleta que acompañaba el té para ofrecérsela, el rostro de la rubia se ruborizo de vergüenza e ira, no podía saber que emoción predominaba en ella – Ahora podemos hablar, es malo hablar con el estomago vacío, podría darte una indigestión.
- ¿Por qué te importa tanto? – Lamento la brusquedad de su tono, siendo plenamente consciente de que el hombre que amaba estaba con ella en su habitación, solos vigilando mientras desayunaba.
- Nunca te había visto tan lamentable, ni siquiera cuando te encontrabas atrapada por tu maldición. Estás decaída. – Yami la detallo fijándose en la marca roja y levemente inflamada de su mejilla – ¿Quién te golpeo?
- No es…– La pregunta fue muy frontal lo que la tomo un poco por sorpresa.
- Deberías decirme a quien tengo que cortar. – Comento elevando su katana para darle mas peso a sus palabras.
- Mi madre. – Charlotte sonrió con tristeza al ver lo preocupado que estaba – Fue mi madre la que me abofeteo. Ellos no están nada conformes con la persona que soy ni con las decisiones que he tomado, debo ser una hija deplorable, y la invasión solo empeoro todo.
- No es verdad. – La rubia se sobresalto cuando los dedos de Yami se apoyaron en su barbilla para hacerla levantar el rostro – No es cierto que seas una hija deplorable, eres una persona increíble. Incluso tu versión elfa era una gran luchadora.
- ¿Cómo era ella? Charla. – Puntualizo intentando desviar la conversación sobre sí misma, escucharlo alabarla hacia latir muy rápido su corazón.
- Tenía una personalidad muy parecida a la tuya, pero no eras tú. Eso era obvio, estaba preocupado de que nunca volvieras a ser tú, incluso cuando intente llegar a ti.
Charlotte asintió en silencio, pensando en la forma en que flotaba en un vacío blanco sin poder moverse, suspendida en una especie de sueño, después de la discusión con sus padres se sentía igual, apretó su falda entre sus dedos mientras sus hombros se sacudieron bruscamente por el sollozo que escapo de sus labios, sus ojos celestes se clavaron en el suelo al tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas, si fuera otra persona probablemente se sentiría avergonzada pero este hombre frente a ella la vio en su peor momento, aquel día en que su maldición se activó, escucho la silla moverse y sus pasos acercase, cuando apoyo su mano sobre su espalda para consolarla rompió a llorar, lo que no lloro durante años termino por explotar en su habitación junto a Yami.
- ¿Sabes lo peor de todo? – Murmuro Charlotte intentando limpiar las lagrimas de sus ojos, él espero pacientemente que se tranquilizara – No es solo la invasión de lo que me estaban reclamando, fue lo de menos. Se quejaban de toda mi vida, de mi elección de convertirme en Caballero Mágico, a pesar de que nunca he descuidado mis obligaciones como heredera, lo único en lo que no los he complacido es en aceptar las propuestas de matrimonio que han intentando hacer que acepte.
- Eso es un asco. – Yami atrajo la silla con su pie para sentarse a su lado, sus rodillas en contacto – Eres una maravillosa persona, Charlotte. Eres fuerte, valiente, leal y decidida, no tienes nada de lo cual menospreciarte. Tu único fallo destacable es que te cuesta confiar en los demás y a pesar de eso, me has permitido estar aquí para ti. – Su mano derecha se atrevió a sujetar una de las suyas, pasando suavemente su pulgar por su dorso.
Sin poder evitar la respuesta de su cuerpo se ruborizo por todos los elogios que Yami dijo sobre ella, primero pensaba que él la encontraba irritante por sus peleas continuas, aunque también era cierto que la protegía y respaldaba, ante todo, cuido su cuerpo durante su posesión y fue a visitarla al hospital.
Su reacción fue tan vergonzosa.
Enderezo su espalda, apretó la mano que sujetaba con la suya usando su otra mano para terminar de quitar las lágrimas, acababa de tomar otra decisión que sus padres encontrarían escandalosa, sus ojos azules se enfocaron en los oscuros del hombre.
- Existe una razón por la que siempre rechazo las propuestas de matrimonio.
- ¿Por qué odias a los hombres? – Dijo de forma automática – Sin importar cual sea la razón no deberían tener nada que decir incluso si no existe una.
- Esa no es la razón. – Negó con su cabeza intentando mantener su mente clara – La razón es por que ya hay una persona que me gusta.
- ¿Oh? – Charlotte ladeo el rostro, le pareció que sonaba decepcionado, aunque rápidamente una mirada de curiosidad apareció en su rostro – Entonces debes decirle que te gusta. – Mordió su labio inferior sintiendo el latido de su corazón en su cabeza, el gesto no paso desapercibido para Yami.
- Me gustas.
El susurro fue tan tenue que de no haber estado tan cerca no podría escucharlo, una vez que las palabras escaparon de sus labios cubrió su boca con su mano, su rostro se ruborizaba intensamente mientras su cerebro colapsaba, algo se debió dañar para interrumpir la conexión entre su cerebro y su boca, Yami paso del asombro a una sonrisa extensa, verla ahogarse en su confesión le parecía divertido.
- También me gustas, Reina Espinosa.
Levanto bruscamente la cabeza buscando sus ojos al escuchar su respuesta, su voz sonaba cálida con un toque de diversión, una sonrisa honesta descansaba sobre sus labios, su mano libre acaricio su mejilla con suavidad descendiendo hasta posarse en su cuello,
- Me gustas desde hace mucho tiempo. – Confeso en un tono amable – Podría decir desde que éramos adolescentes, eres la mujer mas hermosa del reino y yo era un adolescente tonto, enfadado y rebelde, supongo que mucho de eso no ha cambiado. – Se rio nervioso – Pensé que nunca me verías, no tengo nada que ofrecerte, eres una noble y yo solo soy un extranjero.
- Eso no me importa.
- Por eso guarde mis sentimientos. Luego nuestros caminos no dejaban de cruzarse, especialmente después de que se activo tu maldición, y es tan fácil hacerte enojar y es casi la única forma en que hables conmigo…
- ¿También te gusto? – Ella sonaba desconcertada casi como si no le creyera.
- ¿Quieres que lo repita? Estás algo lenta. – Se burlo inclinándose hasta quedar muy cerca de sus labios – ¿Puedo? – Ella respondió cerrando sus ojos y desapareciendo la distancia entre sus bocas para compartir un beso casto, apenas un toque – ¿Estás mejor?
- Si. – No logró formular una idea más allá de un monosílabo.
- ¿Quién diría que solo necesitabas un beso para estar mejor? – Bromeo para sacarla de su bruma una vez que sus ojos volvieron a enfocarse en él la beso nuevamente, esta vez más duradero satisfecho cuando su mano descanso sobre su pecho.
- Yami.
- Dime.
- ¿Estoy despierta?
- ¿Te demuestro que estas despierta?
La sugerencia en su tono hizo enrojecer sus mejillas, repentinamente sonidos de pasos y golpes llegaron desde el pasillo junto a risitas femeninas, Charlotte se avergonzó de que sus chicas estuvieran escuchando a hurtadillas, sobre todo la ultima parte.
Oh, no.
- Ellas escucharon lo que dije, deben estar haciendo un plan macabro para matarme.
- ¿Por qué piensas eso?
- ¿No comen hombres? – Ladeo el rostro con una sonrisa descarada que solo logro irritarla.
- ¡Eso es un rumor ridículo! Mis chicas no comen hombres y ellas saben lo que siento por ti.
- ¿Ellas saben?
- Sí. – Volviendo a su actitud tímida desvío su mirada – Les dije después de la invasión por que necesitaba sacarlo de mi pecho. Todas están de acuerdo, estaban entusiasmada. Tal vez Sol no tanto.
- Entonces no habrá problemas con ellas.
- Ninguno.
Yami llevo sus manos entrelazadas hacia sus labios besando su dorso con delicadeza, Charlotte soltó una risilla por sus nervios, no esperaba que fuera tan amable siendo su comportamiento usual tan tosco, no se quejaba para nada, estaba extremadamente feliz.
