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UNA TRISTE SONRISA

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-Leonardo ha decidido salvarme y a cambio ha dejado a su hermano a una muerte segura, eres un idiota, pero me alegra que ese imbécil ahora esté muerto, es una verdadera lástima que no lo haya hecho yo, no sabes como deseaba hacerlo, hacerle sentir un sufrimiento que le quitara esa estúpida sonrisa de su estúpido rostro – Perrera señalo a la silueta blanca que perdía su forma dando paso al cuerpo inerte de Miguel Ángel con la katana atravesando su pecho. Leonardo de rodillas comprendiendo lo que había sucedido.

-Leo ¿Lo que dice este idiota es verdad?

-¿Qué hiciste Leonardo?

-¡¿Llevaste a la muerte a tu hermano para salvarlo?! ¡A nuestro enemigo! ¡Eres un maldito traidor!

-¡Lo mataste! Esa es tu Katana ¡Tú has matado a nuestro hermano! ¡A nuestro hermanito! ¿Qué te hizo Leo? ¿Acaso no te obedeció? ¿Será que era muy cobarde para estar en el clan? ¿Para ser parte de nuestra familia? – Rafael tomó la katana de Leonardo sacándola de golpe del pecho de Mikey y tirándola frente al líder.

-No chicos yo… no … - Al ver a sus hermanos solo recibía miradas de odio, desprecio y rabia. Se dio cuenta que ellos ya no lo veían como un hermano, lo veían como el enemigo.

-Chico, cuando tu familia te corra ve con el maestro Destructor, seguro te dará un trabajo y gratificación por acabar con un de ustedes.

-¡Eres un maldito! – Donatello, Rafael y Perrera comenzaron una batalla, sin embargo, Leonardo corrió a abrazar a su hermano quien con un suave llanto llamo su atención, le avisaba que aún había tiempo, ensangrentado y mortalmente herido el menor apenas respiraba mientras sacaba sangre por la boca.

-Mikey, Mikey, hermanito ¿Por qué me seguiste?

-Le-o… - al tratar de hablar tosió mucha sangre.

-Hermanito, por qué me seguiste, no debiste – comenzó a abrazarlo y a llorar.

-Le-o…- al menor se le hacían más pesados los parpados.

-¡Vamos Mikey! No te duermas, ¡Quédate conmigo! – Con una mano lo abrazaba y con otra trataba inútilmente detener los hilos de sangre que surgían por la herida, el pequeño había dejado los sollozos y veía a Leonardo de forma muy expresiva, quería decirle algo que no podía –¡NO MIKEY! Por favor, por favor ¡NO TE CONVIERTAS EN UN RECUERDO! Hermano no te vayas ¡No lo hagas!- Pero a cada momento sentía cómo el cuerpo de su hermano estaba más y más pesado, señal de que lo estaba perdiendo. Supo lo que debía hacer, tenía que ser fuerte por su hermano. Se limpió las lágrimas, lo abrazó tiernamente y le dio paz y seguridad para su momento -Cálmate hermanito, todo estará bien – Le decía con la voz más tranquila que pudo y una leve sonrisa.

-Le…o… – No era extraño que el mayor siempre sabía cómo calmar a sus hermanos en momentos de mayor angustia, como cuando tenían pesadillas, estaban en una trampa, alguno estaba herido y en este momento no era diferente. Aunque el corazón de Leonardo gritaba desesperado por no querer perder a su hermano sabía que era el momento de dar tranquilidad, así fue cómo cualquier inquietud de Miguel Ángel terminó, le dedicó su última sonrisa y su respiración fue disminuyendo, su color se fue apagando junto con su mirada. Leonardo vio cómo su pequeño hermano perdía la luz en sus ojos poco a poco, Miguel Ángel estaba muerto entre sus brazos, sobre un gran charco de sangre. Ajeno a lo que pasaba a su alrededor el de azul no se movía, seguía mirando a su hermano aguantando el llanto y mostrando una cálida sonrisa.

-Leonardo, ¿Qué hiciste? ¡Mataste a nuestro hermano por salvar a nuestro enemigo! – pero Leonardo había dejado de escuchar las recriminaciones de los demás, no tenía cabeza más que para sentirse culpable de esa muerte, una innecesaria, una que no quería creer, deseaba con todas sus fuerzas despertar de esa horrible pesadilla.

Una luz blanca comenzó a envolver a Miguel Ángel y sin saber el por qué el cuerpo de su hermanito fue desapareciendo como borrándose literalmente de sus vidas.

-Mikey, ¡Mikey! ¡MIKEY! – su grito fue tan desgarrador que fue escuchado por todos los confines de la feria. Incluso en la guarida, Splinter pudo sentir la fuerza del dolor que Leonardo clamaba, un dolor tan grande y desesperado que lo derribó, colocando su mano sobre su pecho se levantó y a paso taciturno fue al quesofono para estar al pendiente de noticias sobre sus hijos.

-¿Por qué? ¿Por qué? No debía ser así. Él estaba a salvo ¿Por qué paso esto?¿Dónde está? ¿Quién se lo llevó? – Leonardo estaba tan conmocionado que no comprendía.

-Todo fue por tu culpa- Sentencio Donatello una vez que la pelea contra Perrera había terminado. El can había huido del lugar aprovechando una discusión entre los hermanos.

-¿Crees que puedes seguir siendo el líder? ¡Eres un fraude! ¡Le fallaste! ¡Nos fallaste! Traicionaste la confianza de Splinter-Leonardo veía en los ojos de sus hermanos el odio, rencor y desprecio.

-¡Eres un miserable! ¡Mataste a Mikey! Ojalá no fueras mi hermano- Donatello no le daba un momento de descanso.

-¡Hubieras sido tú! ¿Por qué no te moriste en su lugar? - Podía sentir la verdad en las palabras de Rafael.

-Her…manos- Leonardo, quien siempre se había jactado ante quien sea del gran amor que existía en su familia y había declarado a los cuatro vientos en diversas ocasiones que no habría nada que pudiera separarlos, se había dado cuenta de una cosa, él mismo había sido el responsable de romper esa hermandad que en algún momento creyó indestructible.

-¡No tienes derecho de llamarnos así! Estas solo en esto Leonardo – El tono de Rafael era tan seco, distante y su mirada llena de odio que Leonardo no dudó en que tenía razón -Ahora qué le dirás a Splinter, cómo le dirás que mataste a su hijo.

-Eres un asesino, no deberías vivir con nosotros- Leonardo se quedó en cuatro apoyos, derrotado y abandonado por sus hermanos. ¿Cómo le explicaría a su padre todo esto? Temía por su reacción. Su familia era lo más amaba y ahora la estaba destruyendo. Splinter seguro moriría de dolor con la funesta noticia. Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de los hermanos al ver a Leonardo así de derrotado.

-Vayámonos, hay que llevar a Slash a su guarida, necesita cuidados, Donatello ayúdame- Pedía Rafael -¡Hey tú! Traidor, cuando dejes de lloriquear y si aún deseas enfrentar a Splinter te esperamos en la guarida, aunque no sé por cuanto tiempo – Le decía expectante de su reacción.

Leonardo vio a sus hermanos levantar a Slash y llevárselo. Él, por su parte, se levantó más por instinto que por voluntad y comenzó a caminar, estaba ensimismado en su dolor, veía sus manos llenas con la sangre de su hermano, a quien él en persona le había quitado la vida. Pensó en su padre. Sí para él era doloroso para su padre lo sería más, quería escapar, quería perderse en el mundo, quería despertar de ese tortuoso sueño, pero debía afrontar lo que su padre le diría y las consecuencias de su acto. Era lo mínimo que debía hacer.

Las tortugas subieron a la tortuvan dejando a su hermano atrás. Leonardo, sin saber cómo ni sentir el tiempo había llegado caminando a la guarida, hasta lo que en ese momento había llamado hogar. Llegó poco antes que sus hermanos debido a que se aseguraron del bienestar de Slash.

Splinter caminaba de uno a otro lado del dojo esperando el regreso de sus niños, al ver que su hijo ensangrentado se asustó.

-¡Leonardo! ¿Qué te ha sucedido? ¡Estas herido! Ven, siéntate, dime qué pasó – Splinter conducía a Leonardo al centro del dojo para revisarlo cuando este cayó repentinamente al suelo por un golpe que Rafael dio por la espalda -¡RAFAEL! ¿Qué haces?

-No se enoje Sensei, solo trato a esta basura como lo que es, un maldito traidor – Atrás de Rafael Donatello veía todo cruzando de brazos.

-¿Que dices? Él es su hermano – Splinter trataba de levantar a Leonardo pero él solo se quedó en el suelo, sabía que lo que decía Rafael era cierto y no podía contradecirlo.

-Es verdad. Sensei yo he traicionado la confianza que me ha dado – Splinter se sentaba para levantarlo – Le he fallado.

-¿Qué está pasando aquí? ¿Donatello?

-No Sensei, dejaré que Leonardo se lo diga – Splinter sentía mucha hostilidad para Leonardo pero lo que eschuchó de sus labios lo dejó frío.

-Yo… yo lo maté, maté a mi hermano – Splinter dejó caer los brazos y miró a sus otros dos hijos, estos solo afirmaron de una forma muy fría.

-¿Aaaa Miguel… Ángel? ¿A mi niño? – Su mirada se volvió sombría, se desconectó de este mundo para quedarse solo en sus pensamientos y comenzó a balbucear – Mi pequeño… - Splinter se sentía sin tiempo, nunca pensó que dolor semejante pudiera existir, el aire le faltaba, sentía que el corazón se le rompía, lágrimas comenzaron a salir sin darse cuenta, no podía creer lo que estaba viviendo, la imagen de Miguel Ángel como una pequeña tortuga llegaba a su mente, todas las veces que lo acunaba cantándole para dormir, todas aquellas ocasiones que, con su sonrisa, hacía que olvidara todos los enojos por sus travesuras. Recordaba la ternura que mostraba su rostro haciendo pucheros. Se daba cuenta que ya no lo vería nunca más, su sonrisa, su alegría, a su niño -Mi pequeño – llevó una mano al pecho como queriendo unir su destrozada alma que a cada segundo dolía más y más -No, por favor, no es verdad, esto no es verdad –

-Padre, por favor, perdóneme – Incapaz de ver a su padre Leonardo no se dio cuenta que Splinter parecía haber perdido la cordura, su padre llevó ambas manos a la cabeza desesperadamente, lo único que pudo decir fue un desgarrador grito.

-¡NOOO!- Tras lo cual se desvaneció.

-¡SENSEI! - Sus ojos lloraban copiosamente, asustado, rápidamente se levantó para apoyar a su padre y llevarlo a sus aposentos.

-¡NO LO TOQUES!- Le gritó Donatello pateando a Leonardo lejos de Splinter - ¡NO TOQUES A MI PADRE! Tu solo has traído desgracias a esta familia, de seguro seríamos más felices sin ti a nuestro lado.

-Donnie – El genio se llevó a Splinter a su habitación mientras dejaba a Rafael con el mayor.

-Él tiene razón, deberías darnos esa oportunidad, queremos ser felices y tú solo nos recordarás cómo nos traicionaste para salvar a ese perro –

-Rafa… hermano… yo…- Rafael golpeo a Leonardo justo en el rostro de una bofetada.

-¡Tú no eres mi hermano! ¡Tú eres un maldito traidor!

-Ojalá no hubieras nacido, ojalá hubieras muerto desde el día de la mutación. Que tontos, nosotros aún salvándote después de que Destructor de hirió –

- Te hubiéramos dejado ahí, te hubiéramos abandonado a tu suerte, solo, como un perro – Leonardo veía a sus hermanos con lágrimas.

-Sí, anda, llora; a ver si con eso nos puedes devolver a nuestro hermano – Donatello se inclinó junto a Leonardo para golpearlo repetidamente justo en el rostro, él no tuvo valor para defenderse, el genio solo se detuvo hasta que Rafael intervino solo para ser él quien siguiera golpeándolo a patadas.

Leonardo sangraba de las heridas provocadas por los golpes, pero eso no lo sentía, eso no le importaba, su mente no dejaba de decirle que sus hermanos tenían razón. Ellos deseaban ser felices y la verdad era que le habían brindado tanta felicidad y amor que él no era nadie para amargarles la existencia con su presencia. No quería seguir hiriéndolos, él no merecía a una familia como esta, debía desaparecer de sus vidas para que así sanaran y pudieran ser felices nuevamente.

-Tú no mereces ser el líder, no debes estar en este lugar, deja de atormentar a mi Padre con tu presencia y si te queda algo de honor entrega tus katanas y vete de aquí – Rafael sacó las sais y le provoco a su hermano una gran cortada en su mejilla y en su brazo – Eres una desgracia para esta familia, todos seríamos más felices sin ti a nuestro lado, tu eres el traidor que mato a nuestro hermanito. Vete con Destructor, ve a buscar tu lugar en este mundo porque eso no es a nuestro lado.

Rafael tomó a un golpeado Leonardo del caparazón y lo arrastró por toda la guarida hasta llegar a la entrada seguido de Donatello – Entrégame las katanas, no te pertenecen, no mereces ser el líder del clan, ve a traerlas y desaparece de nuestras vidas, porque si te vemos nuevamente acabaremos contigo sin contemplaciones, maldito asesino – haciendo uso de una fuerza descomunal lo arrojó fuera de la guarida – Y ni se te ocurra regresar si no traes las katanas – entre la confusión y el impacto emocional que había sufrido Leonardo en esa lúgubre feria se olvidó de las katanas. Las había dejado en ese funesto lugar y debía recuperarlas.

Pasaron unos días de los cuales no supieron nada de Leonardo. Splinter no comía, ni siquiera salía de su habitación, había perdido el habla, estaba totalmente absorto en su pena y ni Rafael ni Donatello hacían nada por aliviar su dolor, el ambiente era sombrío, nadie pensaría que en un pasado fue un lugar lleno de amor y cariño, por el contrario, cada que los hermanos se veían se enfrascaban en una discusión que, presentían, no se detendría hasta el final de los tiempos.

Una noche, ya muy entrada la madrugada, llegaban los hermanos de patrullar.

-Pues aunque no te guste Donatello, soy el líder y debes obedecer mis órdenes.

-¿Ah sí? Y eso según quien. Yo no recuerdo que Sensei te dejara encargado.

-Claro que no, ¿Acaso no ves que él se quedó en su mundo? y pensándolo bien creo que es mejor así.

-Tú te crees el líder pero la verdad nunca serás como Leonardo- esto molesto a Rafael enormemente. Donatello comenzaba a sentirse mal, se sentía mareado pero su discusión con el temperamental no permitía ponerle mucha atención a su malestar.

-¡Claro que no lo seré!, ese maldito traidor no volverá nunca más, si lo llega a intentar me encargaré que sea lo último que se atreva a hacer. O acaso ¿Tú estás coludido con él? Dime ¿Tú también eres un traidor? – ambos se veían con gran odio cuando sintieron una corriente de aire que se dirigía al dojo, esto llamó su atención, sabían lo que significaba.

-No estamos solos.

-Ha de ser ese cobarde de Leonardo – De inmediato se dirigieron al dojo, vieron la puerta de la habitación de Splinter al entre abierta, se acercaron cautelosamente y escucharon hablar a su padre por primera vez desde hace días.

-Has fallado- fue lo único que se alcanzó a escuchar pues tras esto Leonardo salió del lugar tambaleante y descuidado con una pequeña caja entre sus manos. Era obvio que lo que escuchó de su padre le había afectado.

-¡¿Qué estás haciendo aquí maldito mal nacido?! Sí le hiciste algo malo a mi padre te arrepentirás de existir – Rafael se arrojó a atacar a un temeroso Leonardo, lucia maltrecho a pesar de que no habían pasado tantos días sin verlo. El quelonio azul trataba de escapar con un caminar complicado.

-¿Qué tienes Leonardo?- Donatello comenzó a sentir preocupación por su hermano, una parte dentro de él le decía que algo no andaba bien.

-¡Deja de preocuparte por él! ¡No ves que es el enemigo! ¿Porqué regresaste? ¿Tanto mal te hemos hecho? ¿Por qué no solo te vas y nos das la oportunidad de ser felices? Oportunidad que no le diste a Mikey –

-Hermanos…

-¡No nos llames así!, Tu no eres mi hermano, tú no tienes familia, ¿No lo recuerdas? Tú mismo te encargaste de acabar con ella, Splinter está destrozado, nuestro hermano muerto y todo esto es tu culpa, eres un fracaso, ojalá no fueras mi hermano, lo dejaste morir, no queremos verte nunca más, queremos ser felices y eso jamás lo lograremos si tú continuas a nuestro lado - Donatello se daba cuenta de la crueldad con la que Leonardo estaba siendo tratado. Comenzó a tener un mareo que pudo controlar sin problema.

-Lo sé- Un susurro fue lo que se escuchó, Leonardo sabía que Rafael tenía razón y no tenía el corazón para negarse, él había cometido un error tan grande, él era el causante de mucho sufrimiento a su familia, a aquellos que le habían dado tanta felicidad y de él dependía que todo siguiera así, aunque fuera sin él a su lado. Su tristeza era tan profunda que el solo respirar dolía, no se sentía merecedor de seguir en su antiguo hogar si había sido el causante de detener los latidos de su hermano.

-¡Rafael! – el genio quería intervenir a favor de Leonardo pero no pudo, una bomba de humo explotó dándole la oportunidad al líder azul de huir de aquel que una vez fue su hogar. Cuando el humo se disipo Donatello le reclamó a su hermano - ¿Por qué hiciste eso? ¿Acaso no ves que Leo también sufre? Además él no está bien, algo le pasó.

-Claro que me doy cuenta, por eso lo hago – Donatello a cada momento se sentía miserable de no haber apoyado a su hermano mayor en lugar de recriminarle. Pero también su malestar físico se incrementaba.

-¿Qué dices?

-Él es un maldito farsante y estaremos mucho mejor sin él, ¿no crees hermano? – El genio no pudo más, el odio y desprecio que había sentido por Leonardo ahora lo sentía por Rafael.

-¡Te odio Rafael! ¿Lo oíste o te lo repito? ¡Te odio! Te odio ¿Cómo pudiste hacerlo? Mi hermano no se lo merecía y tú lo dejaste solo ¡SOLO! ¿Acaso ser líder era tan importante para ti? Y ahora que te has deshecho de él dime ¿Qué te queda? ¿Qué equipo pretendes liderar? Ya no tienes nada ¿Entendiste? ¡NADA!-

-De qué hablas hermano, tú también participaste, tú también lo odiabas como yo. Esto lo hemos hecho juntos, no pretendas fingir que no lo deseabas. – Esto impactó a Donatello, su hermano tenía razón, él había odiado tanto a Leonardo que no esperaba el momento para deshacerse de él y ahora ese odio lo trasladaba a Rafael por el trato a Leonardo, ya habían perdido a Miguel Ángel, no deseaba perder más, pero su mente se nublo, solo pensaba en ese creciente sentimiento contra su hermano rojo.

-Tal vez Leonardo no regrese, pero tú también has dejado de tener una familia- Sin decir más se alejó hacia su laboratorio, dónde finalmente el malestar se incrementó, corrió al baño y vomitó, tal vez resultado de todo el estrés que había vivido, algún tipo de enfermedad, algo que comió, bebió o respiró.

Rafael no hizo mucho caso a lo que su hermano le comentó y se fue a tocar la batería en su cuarto. Esa noche no fue una sencilla para los hermanos, sueños de su comportamiento para con Leonardo los perseguían en forma de pesadillas, en más de una ocasión despertaban intranquilos por el bienestar del mayor.

Rafael se sentó en su cama y tomando su cabeza entre las manos solo atinaba a decir "¿Cómo fui capaz?, mi hermano me necesitaba y yo lo abandoné" comenzó a sentirse mal, todo le daba vueltas, se sentía enfermo apenas le dio tiempo de llegar a vomitar todo menos sus recuerdos de lo cruel que había sido con Leonardo, se recuperó y lavo, debía hablar con Donatello, necesitaba de su apoyo para buscar a su hermano. Reconocía que había hecho mal y deseaba corregir su error.

Se dirigía al laboratorio cuando fuertes golpes se escucharon desde la puerta principal de la guarida, tanto Rafael como Donatello salieron esperanzados de que se tratara de Leonardo, pero al abrir la puerta el débil cuerpo de Miguel Ángel se desplomó sobre Donatello haciéndolo caer.

-¿Mikey? ¿Estas… vivo?

-¿Pero cómo? Yo vi tu cuerpo.

El menor solo alcanzó a decir un -Ayuda… a… Leo – antes de desmayarse. Esa petición se clavó como astilla en su corazón ¿Qué había pasado? ¿Acaso Leonardo había encontrado la forma de volver a su hermanito a la vida? Habría que encontrarlo y ayudarlo, pedirle perdón por la forma tan cruel de tratarlo y debía ser rápido.

Llevaron al pequeño a su habitación y lo recostaron.

-Hay que ir por Leo- indicaba Rafael.

-¡No! Yo iré por mi hermano, tú puedes irte al infierno, ¡Lo trataste como basura y eso no te lo perdonaré jamás! – Donatello tenía un rechazo hacia Rafael, no quería que se le acercara a Leonardo para protegerlo, él iría a buscarlo, le pediría perdón y lo convencería de que regresara a pesar de la negativa de su hermano.

-Donnie no digas eso, yo quiero ayudar.

-¡Eso es una mentira y tú lo sabes! ¡Odias a Leo! siempre lo has hecho, solo que ahora lo has demostrado negándole la familia que por derecho le pertenece, eres ruin Rafael. Te juro que mientras Leonardo no regrese con nosotros, como el hermano que es, tú encontrarás en mi a tu peor enemigo – Rafael vio la sinceridad en los ojos de su hermano, esto solo aumentaba su culpa. Donatello salió de la guarida seguido a distancia por un silencioso Rafael.

Pasaron un par de días, pero no encontraban nada sobre el paradero de Leonardo, Miguel Ángel no despertaba, Splínter seguía absorto en su tristeza sin darse cuenta de lo que pasaba y la enemistad de Donatello hacia Rafael se incrementaba a cada momento.

Una mañana Miguel Ángel despertó para alegría de Donatello quien era el que lo cuidaba en ese momento, miró a todos lados angustiado, al ver a su hermano genio solo una cosa tenía en mente.

-Donnie ¿Salvaron a Leo? ¿Él está bien?

Pero su hermano no pudo responderle, en la ciudad se sintió cómo una onda expansiva los golpeaba y comenzaron a olvidar todo lo referente a Leonardo.

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Los hermanos están recordando lo sucedido con Leonardo antes de su desaparición, esto los ayudará a comprender el porqué de su comportamiento y temores ante la idea de estar con su familia, ahora será el turno de ellos ver por el futuro de su hermano mayor… si es que hay alguno.

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Hasta aquí el capítulo de hoy, lamento la tardanza, pero ya saben, eso de tener que trabajar cómo quita el tiempo XP Bueno, espero que les haya gustado y sean tan amables de darme su opinión.

Rose Black Dragon: Como vez, ahora sí que le ha ido mal a Leo, desafortunadamente esto ha doblegado su espíritu por lo que teme de acercarse a su familia si sabe que solo le trae desgracias, esto muestra el por qué el anhelo de Leo porque sus hermanos no recuerden aunque, más bien el que debe olvidar tantas cosas malas es él XP Ahora espera a saber que fue lo que paso con Mikey (me vas a matar XP) Saludos y felices trazos ;D

DraognsIshshah: Gracias por escribir, siempre es grato leer los reviews sobre todo cuando son gratos :D ¿Mentes perversas y retorcidas? Sí tal vez algo de eso, pero como buena "Calamidades" que soy me gusta ponerle trabas a Leo (mi personaje favorito) para ver como sale de esta, claro si es que hay alguna salida :D Nos leemos pronto

Talia 43: ¿Y eso ha sido demasiado para ti? Ammm deja le bajo al gore, no te me vayas a infartar y luego quien termina tus fics, eso si has sobrevivido a este (la verdad no estuvo tan, tan intenso como lo que he planeado, wuajajaja) El siguiente capítulo ya está listo, solo espero ver que tanto aguantan, no se me vaya a pasar la mano y así lleguen muchas quejas, digo, si quiero reviews pero no de esa forma XD Naaa yo creo que sí aguantan. Bueno, nos leemos pronto (espero) y felices trazos ;D

Angel de la Verdad: Gracias por los ánimos son una gran motivación para continuar, ya pronto verás que es lo que ha pasado con Leonardo a su regreso con Khan, solo espera :D