La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Establecieron un complot en mi contra y ganaron, cómo podía decir que no a todos esos increíbles comentarios. Han sido un montón, ¿seguro que no se equivocaron?

Muchas gracias, ha sido una grata sorpresa la buena recepción que ha tenido una historia que no iba a pasar de un capítulo, solo espero que no me dejen sola y que disfruten de esta continuación, dedicada para todos los maravillosos seguidores que parecen gustar de lo que he escrito.

La historia va a darse a partir del regreso de Neverland pero sin todo el drama del intercambio de cuerpo y la maldición de Peter Pan.

Ya saben que pueden escribir a mi cuenta en Tumblr autumnevil5.

NOTA: Los que siguen mis otras historias, estaré publicando en esta semana.


CAPÍTULO 2

El regreso a casa parecía transcurrir sin problemas, los últimos momentos en aquél lugar fueron como un subidón de adrenalina en una montaña rusa, estaba esperando con ansias poder darme un largo baño y dormir un poco.

—Emma, cariño ¿quieres un poco de comida?

—No. Estoy bien. Iré a ver si Regina o Henry quieren algo.

—Los dos están bien. Regina está asegurándose que Henry duerma un poco.

Sé que Mary Margaret tenía razón, pero de todos modos fui con ellos. Era como quitarme toneladas de ladrillos de encima, y por lo visto Regina se sentía igual, sonreí al verla tocar el pecho de Henry para asegurarse que estaba respirando.

—¿Estás bien?

—No quiso comer, dijo que no tenía hambre, pero al menos se durmió. —Contestó sin mirarme, totalmente enfocada en él.

—Sé que él está bien, pregunté si tú lo estás.

—Claro que sí.

—¿En serio?

Giró hacia mí, caminó y se arrimó en el marco de la puerta junto conmigo.

—¿Tú estás bien?

—Acabas de ser súper mamá y salvar a todos, no quiero llegar a tierra firme y tener que ir directo a la sala de urgencias.

—Soy más fuerte de lo que crees, eso no ha sido nada. Tú en cambio has tenido tu propia batalla emocional.

—Sí, bueno… me he quedado con las ganas de golpear a alguien.

—No sé si sea buena idea aconsejarte golpear a tu madre pero se siente muy bien.

—Lo tendré en cuenta por si acaso… y si necesitas ayuda deshaciéndote de esa hada molesta no dudes en decírmelo.

—¿Tink? —Sonrió—. Hemos superado nuestras diferencias.

—¿Tan rápido y fácil?

—Puede que deba compensarla por haberle tocado la mala suerte de ser mi hada madrina.

—Eres la envidia de por lo menos la mitad de los niños del mundo… y estoy segura que no le debes nada. No dejes que se aproveche de ti ¿ok?

—¿Aprovecharse? Entiendo… esto es parte de tu encanto natural y tus vagos intentos por conquistarme.

—Claro que no.

¡Qué diablos! ¿Es que no podemos tener una simple conversación en la que no se burle de mí?

—Debo repetirte que no soy una damisela en apuros o un pirata sin mano necesitada de amor.

—Si lo dices por el beso, eso solo fue porque… quería agradecerle y un poco quitármelo de encima, ya sabes, quizá ahora me deje en paz.

—Olvidaba que todos los hombres caen rendidos de amor a tus pies.

—¡Oh vamos! ¿Vas a celarme otra vez?

—Nunca he celado a nadie en mi vida, no voy a empezar ahora, mucho menos contigo.

—Si claro, porque no lo has hecho nunca en todo el tiempo que llevamos de conocernos ¿no es así? Estoy segura que incluso has soñado conmigo.

—¿Has soñado conmigo señorita Swan? —Dijo en el tono más jodidamente sexual que pudo, y lo hizo por completo a propósito, no iba a dejarla a ganar.

—¿Cuenta como un sueño si los tuve estando despierta? —Sonreí vencedora, no iba poder responder a eso por muy inteligente que sea.

—¿Qué sueños has estado teniendo Emma? —Preguntó Mary Margaret cumpliendo jodidamente su papel tardío de madre.

—Voy a subir un momento, te dejo con tu madre para que puedas contarle lo sueños pervertidos que has estado teniendo sobre mí.

Eso era tan malditamente injusto. Ella siempre gana incluso cuando pierde, y soy yo quien termina con toda la culpa y los regaños… y las miradas raras.

—Ni siquiera voy a preguntar sobre qué estaban peleando ahora. Sería bueno que intentaran llevarse un poco mejor, por el bienestar de Henry.

—Yo me llevo bien con todo el mundo, es ella la que vuelve locos a todos.

—Es por eso que cuando estemos en casa debemos hablar con Archie, será más fácil si él nos ayuda a hacerla entender que nosotros somos la familia de Henry.

—Ella sabe eso.

—No podemos arriesgarnos a uno de sus nuevos planes de deshacerse de todos nosotros. Si vamos a vivir en paz, ella necesita aprender a respetar los límites.

—Hablaremos después de esto, ya debemos estar por llegar.


XXXSQXXX

Las risas sonaban por todo lo alto, conversaciones a viva voz, vasos chocando a modo de brindis, un ir y venir de personas en todo el restaurante, historias contadas como anécdotas y las destrezas en ellas son relatadas con representaciones exageradas que generan más risas. El cansancio pasa desapercibido en los cuerpos que se niegan a descansar, la adrenalina se siente en el aire escondiendo el tiempo para que las mentes continúen saboreando un platillo que había sido esquivo por demasiado tiempo: victoria.

Una semana entera de campamento en aquél siniestro lugar, que ni siquiera me atrevería a mencionar en lo que me resta de vida, había logrado hacerme sentir como una mujer de ochenta años que todo lo que anhelaba era una cama caliente para descansar sus huesos. Decirle a Henry que la fiesta había terminado para él me hizo sentir como una madre, no es que antes no me había sentido así pero era como si algo dentro de mí hubiese cambiado. Algo en aquél lugar me cambió definitivamente. Ahora, al mirar a aquél niño al que creí no llegar a conocer nunca, sabía a ciencia cierta que no era una amiga con la cual pasa el tiempo cuando se escapa de clases o su compañera en una operación encubierta, soy su madre, aunque aún me falte descubrir lo que eso significa, es lo que soy.

Regina se interpuso en nuestro camino y por un momento fue como estar de vuelta en el inicio, luchando por Henry hasta partirlo por la mitad, pero ella estuvo en el mismo viaje que yo, y aunque el recuerdo de la difícil alcaldesa que adora los tacones altos y hacer de mi vida un infierno es aún fresco en mi mente, mis ojos parecen querer verla en una forma por completo distinta, y no en el mal sentido como ella cree que me la paso fantaseando, más bien diría que muero de ganas por verla todos los días simplemente como la mamá de mi hijo, puede que eso siga sonando un poco raro en mi cabeza, pero es por completo su culpa por tergiversar siempre mis buenas intenciones y convertir todos mis pensamientos en no aptos para menores de edad.

Henry se abraza a ella y aunque Regina parece no querer dejarlo ir, le da una sonrisa triste y lo suelta.

—Buenas noches señorita Swan.

—Buenas noches… Regina —No iba a corregirla, puede decirse que secretamente le he tomado cariño a la formalidad con que ella insiste en solo reconocer mi apellido, aunque insista en hacerme sentir como un depravado camionero borracho.

Tomo a Henry de la mano dispuesta alejarme lo más rápido que puedo pero mi mano cuelga en el aire. Henry corre lejos de mí y se aferra a la cintura de su otra madre: la que nunca renunció a él, la que cambió cada pañal, curó cada fiebre y aguantó cada rabieta y que lo ama más que nadie en este y todo los mundos que puedan existir, porque aunque yo amo a Henry la forma en que Regina Mills ama es como las estrellas en el cielo y la arena en el mar, no puedo evitar preguntarme lo que debe sentirse ser el objeto de tal afecto.

—¿Te vas a ir caminando? —Pregunta Henry y su voz suena extrañamente joven para mí.

—Sí. No tengo mi auto aquí, creo que ni siquiera sé dónde está —dice Regina con una sonrisa honesta—, y un poco de aire me sentará bien.

Guardo los dedos en los bolsillos de mi pantalón, meciéndome un poco en mis talones y puntas de pie

—¿Qué sucede chico? ¿Está todo bien?

—Creo que deberíamos acompañar a mamá a casa —dice Henry con naturalidad—, por si acaso.

—No es necesario cariño —Ella besa su frente en un obvio intento por hacerlo sentir seguro—, estamos todos a salvo ahora.

No me gusta su ceño fruncido, su preocupación provoca un nudo en mi estómago, y me es difícil encontrar las palabras correctas.

—Hey —Me acerco a Henry y me agacho un poco, al igual que he visto a Regina hacer todas las veces que habla con él—. Puedes decirnos lo que sea, sé que hay algo que te preocupa.

—¿Qué pasa cariño? ¿Te sientes mal? —Pregunta tocando su frente y sus mejillas—. Emma tiene razón, puedes decirnos lo que sea.

—Podemos… ¿podemos pasar esta noche juntos los tres? Es que no quiero separarme de ninguna de ustedes —dice Henry intercalando su mirada entre la mía y la de Regina.

—Claro. Sí. Lo que sea. —Digo de inmediato, sin siquiera pensarlo, y cuando Henry mira a Regina sé que la decisión final está en ella.

—Por supuesto. Todo lo que desees mi pequeño príncipe.

Las palabras son poderosas, es algo que aprendí desde muy pequeña, debes tener cuidado con lo que dices y más aún con lo que le dices a un niño.