Holaaaaaa, ik que el cumple de Tora ya pasó hace más de una semana pero quería escribir algo para eso y publicarlo este mes. También me alegra unirme a este fandom con esta pareja que me encanta y de la cual es probable traiga más contenido o haga una serie bc they are so cute.
Andaba un poco ocupada con algunas cosas, además hoy realmente estuve triste y como quiero validación o algo que me haga sonreír cuando lo lea en unos meses traigo este fiku, espero les guste y nos leemos nuevamente en el final.
Aquí no hay relación establecida porque me gusta la fase del coqueteo.
Disclaimer: Tokyo Revengers no me pertenece y sólo hago esto para entretener.
Bithday wishes
Los cumpleaños son para celebrar el nacimiento de las personas a las que se festejan, una felicitación por parte de tus padres y quizás un presente. La gente se solía emocionar por ellos, sus compañeros de escuela siempre hacían un gran alboroto por ello, ser el centro de atención y recibir amor por tu simple existencia, fantástico.
Es por eso que a Kazutora no le gusta su cumpleaños.
Desde que era niño podía recordar la manera en la que le dejaban dinero en un sobre, no había ni una nota acerca de ello pero era obvio que era el regalo de ese año, no algo escogido por sus padres, solamente la cantidad suficiente por si quería ir al centro comercial y derrochar aquello, algunas ocasiones si les decía que necesitaba más simplemente extendían unos cuantos billetes.
Tampoco le preguntaban que hacia con el dinero, simplemente era la manera que tenían de hacer parecer que en realidad recordaban cuando era el día que se supone había nacido su primogénito. Obtener un regalo era mucho esfuerzo, al parecer abrir la cartera parecía más adecuado para lo que representaba el niño. Solamente una presencia que no les era familiar del todo pero sigue sin desaparecer.
Probablemente iría a la pastelería ese día, pediría algo que se estuviera exhibiendo en la enorme vitrina que siempre atraía la atención de los niños que pasaban aferrados a las manos de sus padres, siempre soñaba con tener algún pastel enorme en el cual haría rebanadas y las entregaría con alegría a sus propios padres.
No lo hacía, si compraba algo grande nadie lo comía y al final terminaba tirando el resto. Eso se sentía como una especie de metáfora bastante extraña de su vida. Es por eso que compra en su lugar algo que puede comer en dos días y un paquete de pequeñas velas amarillas. La caja blanca se balancea al ritmo de sus paso mientras camina.
Al llegar a su hogar las coloca y cuando se supone las va a prender termina hipnotizado por el fuego que se eleva ociosamente, como un gato desperezándose, así que acerca su mano y la mantiene tan sólo unos instantes, después de todo las ampollas son realmente molestas. Cuando están todas iluminadas deja el encendedor a su lado.
La cera derritiéndose mientras las yemas de sus dedos se sienten irritadas por el fuego que las había rozado, no cantaba el "feliz cumpleaños" porque sonaba patético y espeluznante hacerlo completamente solo, apagaba el cálido fuego con un pequeño soplido y pedía un deseo. No importaba que tan fuerte pensará en ello, de todas formas nunca se cumplía del todo.
A Kazutora le gustaba fingir que disfrutaba de sus cumpleaños, realmente eran distantes y fríos, con su padre haciendo que la tensión se sintiera asfixiante en cada momento de su vida si es que se encontraban de casualidad en ese día, o los llantos de su madre que dejaban clavos en su cabeza el resto de la hora, incluso si intentaba cubrir sus oídos con las manos, era como si calará por sus poros, trepando por toda su piel y se asentará en su cabeza.
Sus cumpleaños eran una variación distorsionada de esa concepción, como si los recuerdos se hubieran sobrepuesto y distorsionado, igual que un viejo CD que se intenta reproducir pero está rayado. Quizá no había atención verídica pero había pastel y regalos, eso debería ser suficiente, Kazutora intentaba convencerse de que lo era y realmente era feliz ese día.
Sería rodeado por sus compañeros en la escuela, porque nadie lo invitaba a salir ese día diciendo que probablemente sus padres quisieran estar con él, con las felicitaciones que hacían sus compañeros, aunque supiera que era sólo producto de intentar recibir algo caro en sus fiestas si lo invitaban.
No era que realmente le importarán del todo, lo divertido de fingir era que nunca se lastimaba realmente, sólo un poco triste. El eco de pensar en su deseo antes de soplar las velas, a veces era desaparecer, otras era encontrar algo que lo hiciera un poco feliz.
La única vez que le celebraron realmente fue cuando todavía era demasiado joven, luego de haberse hecho amigo de Baji y que este le presentará a sus amigos, que lo incluyeron en sus aventuras. Ni siquiera le gustaba mencionar esa fecha en realidad pero de alguna manera el de colmillos lo había descubierto y organizado algo.
Un pastel diminuto que compartieron entre ellos en una calurosa tarde, las palmadas en la espalda y brazos que se apoyaban en sus hombros en muestra de compañerismo. No había recibido dinero como era costumbre desde que su madre y él se habían distanciado de su padre, pero pese a que la gente pensaría era el peor cumpleaños, Kazutora disfruto ese día realmente.
La Toman le dio la oportunidad de pensar que se sentía bien ser felicitado por volverse un año más viejo, al final del día recibió amistosos golpes que acompañaban los reclamos de que ni siquiera se los había mencionado, es por ello que todos habían acordado decir sus cumpleaños y celebrarlo incluso.
Puede que por eso Kazutora haya intentado darle una sorpresa a Mikey, se sentía como si tuviera una deuda con el rubio por haber hecho que todos los chicos estuvieran juntos y que pudiera haberse sentido tan vivo en un corto período de tiempo. La ilusión de Baji que se contagió de poder darle un regalo inigualable.
Una lástima como resulto todo en realidad, pero son cosas de su pasado que pago legalmente y sigue pagando en sus malos días cuando su mente se llenaba de culpa y ponía grilletes ajustados en sus extremidades. Cuando las pesadillas son tangibles, acompañadas de bolsas llenas de hollín se asientan debajo de sus ojos.
Al menos desde que salió de la la cárcel y empezó a trabajar con Chifuyu su mente no se mantenía ocupada en cosas que lo hacían sentir como si hubiera recibido una paliza, especialmente en fechas específicas que tenían un peso palpable, aunque la presencia del chico más joven parecía ayudar un poco.
Así que sí, Kazutora no apreciaba realmente su cumpleaños, era más un día cualquiera que debe de llegar y marca que debe de poner un número distinto en los trámites que llegue a realizar.
Aunque algunos restaurantes le daban un descuento especial si presentaba su identificación, lo cual siempre sería un buen punto a considerar, trabajaría ese día en la tienda si se lo permitían y al terminar iría a comer algo que se le antojará. Esa fue la resolución y el tema se archivaría al fondo de su mente hasta que hubiera pasado la fecha.
Y realmente era un buen plan, quizá lo olvidaría y quedaría cubierto del resto de pensamientos que se habían empezado a acumular en la mente del chico teñido, pensamientos que involucraban a su jefe de manera más seguida de lo que la gente solía hacerlo, pero que se atrevan a despotricar cuando vieran la manera en la que Chifuyu lucía suave en toda su extensión cuando se levantaba a desayunar junto con él.
O los toques casuales que compartían cuando ambos estaban demasiado cansados para ponerse a pensar en ello, incluso si sus mejillas se convertían en pequeños hornos y su corazón hacia algo acrobático en el interior de su pecho. O los pequeños detalles que siempre tenía Chifuyu.
Quizás eso debió ser una pista para saber que su plan no podría funcionar, era imposible que alguien como Matsuno fuera capaz de ignorar el cumpleaños de la persona con la que vive.
Es por ello que cuando el mes de Septiembre está iniciando y el Sol entra por la ventana de su cocina mientras ambos siguen su rutina mañanera, Chifuyu decide recordar esa fecha. Como si la idea le hubiera golpeado repentinamente mientras fijaba sus ojos en el calendario, parecía que los rayos de luz se habían materializado en su sonrisa por la intensidad de esta.
-Tora ¿Qué vas a querer de cumpleaños? ¿Tienes planes? Quizá deberías tomarte la mitad del día libre.
Kazutora detuvo su desayuno, bajo la taza de café que había estado tomando y suspiro de manera audible, le dijo que realmente no necesitaba nada y no tenía un plan para celebrar en particular, omitió el hecho de que su círculo social no era la cosa más grande del mundo para tener un plan que no lo involucrará también.
Chifuyu no parecía del todo conforme con esa respuesta, siempre insistía en que Kazutora debía conseguir más cosas materiales para sí mismo, que salir le haría bien. El chico teñido siempre estaba comprando cosas para su departamento e incluso para la tienda, pero no parecía muy interesado en algo más personal.
Cuando el más alto vio la intención del otro en seguir con aquella plática dijo que deberían terminar de comer o se les haría tarde y tendrían que ir más aprisa. La boca de Chifuyu hizo algo similar a un puchero que causo la risa del mayor, cosa que siempre sucedía cuando el chico hacía ese tipo de expresiones, pero siguieron comiendo y salieron del departamento al terminar.
Si el hombre de cabello negro no le hubiera preguntado si tenía algún plan probablemente no habría pensado en que sería realmente agradable poder salir, trabajaría el día entero, tenía suficiente dinero para ir a comer a algún pequeño lugar, probablemente algo de sushi estaría bien.
Los días después de aquello habían transcurrido con tranquilidad en su rutina, rodeados de esa relación sin nombre que se siente más que amigos pero menos que amantes, el límite que siempre los llena de adrenalina y miedo, esa fina línea en la que sus amigos hacen chistes pero esperan ver la reacción de ambos.
El comentario de Draken diciendo que deberían dejar de bailar solamente a veces resuena en su cabeza mientras acaricia el esponjoso cabello negro, alguna película en su tele y el ahora familiar calor de Chifuyu se acurruca en su costado. Si eso es bailar, no le importaría hacerlo un tiempo más, se ha acostumbrado demasiado a la presencia del menor.
Todo sigue igual pese a las miradas sospechosas que recibía por parte de los ojos verde mar cuando piensa que está lo suficiente distraído para no notarlo, como si quisiera decir algo pero siempre se contiene en el último momento, mordiendo su labio y jugueteando con sus manos antes de huir de la habitación.
Kazutora no se siente alterado por ello porque es la misma cara que tiene Chifuyu cuando compra un regalo para alguna persona pero no le puede decir, además de una de sus prendas favoritas ha desaparecido durante la lavandería y todo apunta a cierto chico que sabe confeccionar ropa y probablemente le han pedido replicarla.
Un buen regalo si le preguntaban, así que Tora solamente se reía de la reacción tan obvia del muchacho y seguía con sus actividades mientras el otro muchacho volvía a guardar su secreto. A veces le daban ganas de decirle que no era necesario se hiciera pasar por todo eso porque incluso sin un regalo su cumpleaños sería mejor que en otras ocasiones por el simple hecho de estar ambos.
Bien, podría ser que no se lo mencionaría a Chifuyu, porque su rostro no iba a soportar permanecer de su mismo tono usual en lugar de convertirse en un tomate maduro al decir algo que sonaba francamente cursi.
Draken y Mitsuya decidieron pasar a verlo un día antes de su cumpleaños, algo referente a tener que entregar algo cerca de la tienda y aprovecharon a felicitarlo ya que estaban ahí, bromearon un poco y le preguntaron si tenía algún plan para el día siguiente a lo que Kazutora negó, sus mechones rubios siguiendo el movimiento.
Los chicos lo vieron algo confundidos, como si esa no fuera la respuesta que esperaban en lo absoluto, vieron a Chifuyu salir de la parte trasera de la tienda junto con algunas bolsas que necesitaban volver a poner en los anaqueles, a lo cual Tora se acercó a recibir la mitad de ellas mientras el de ojos verde mar le sonreía.
La mirada suspicaz de Draken duró un segundo en la pareja, después se rio de una manera casi lobuna, incluso Mitsuya tenía una discreta sonrisa cómplice en su boca; el rostro de Chifuyu se pinto en distintos tonos de rojo, que le recordaron a Kazutora a rosas vívidas, antes de rodar los ojos y decirles que le agradaba bastante verlos pero si había una razón en particular de esa visita.
Algo que sonó vagamente a "Chico cursi, ya está todo listo", lo cual era francamente verdad, Chifuyu era una persona demasiado romántica con todo, pero Kazutora no podía entender el porque se lo dijo en ese momento. El de trenza sabía algo en definitiva, pero no es que el teñido alguna vez hubiera sido bueno sacándole información y dudaba que pudiera esta vez.
Ya había colocado las cosas que había estado cargando en las manos en su respectivo sitio y cuando se volteó para caminar de nueva cuenta al mostrador se encontró de frente con el de mechones lila, el cual le extendió la bolsa de papel que llevaba desde que había entrado a la tienda hace tantos minutos.
Al abrirlo pudo ver que estaba su prenda desaparecida de ese mes, cosa que ya esperaba, pero lo que lo acompaña es una versión de la misma y un suéter que combina con ella, Mitsuya le ofrece una sonrisa y sus ojos somnolientos lucen bastante satisfechos al ver la sorpresa que se ha plasmado en el rostro del más alto.
-Feliz cumpleaños, Kazutora.
Realmente no esperaba que la ropa fuera por parte de Mitsuya, bueno, sabía que iba a ser hecha por él pero realmente creía que Chifuyu era quien había pensado en ello en lugar del modista. Cuando volteó a ver al joven de cabello negro, parecía un poco arrepentido, si tuviera orejas, estas seguramente estarían bajadas mientras susurraba "Era para tus medidas".
Draken le extendió un pequeño presente que se parecía a un llavero de tigre, era un poco peculiar considerando al hombre que se lo estaba dando, le agradeció pero Kazutora seguramente estaría haciendo una cara desconcertada por ello, el del dragón simplemente le dijo que seguramente le daría uso pronto.
Draken apretó el moño en el cabello del cumpleañero antes de decidir que era momento de irse e informarle a Mitsuya que había estado hablando con un Chifuyu que seguía con las mejillas sonrojadas, los anteriores miembros de Toman se fueron agitando su mano y diciendo que quisieran ponerse de acuerdo con todos para salir a algún lado y celebrarlo incluso si era un poco atrasado.
Solamente vio a su jefe enterrar el rostro en sus manos y balbucear algo mientras las puntas de sus orejas seguían coloradas, el silencio cargado de algo electrizante hasta que alguien entró y el ruido de la campana rompió esa atmósfera.
La tienda había estado relativamente tranquila el resto del día, algunos de sus clientes habituales que siempre eran gratos de ver, algunos que entraron por simple curiosidad a las mascotas o artículos que estaban exhibidos, incluso chicas que intentaban obtener alguno de los números de ambos chicos que estaban atendiendo a lo cual las rechazaron amablemente.
Llego la hora de cerrar la tienda y con las cortinas cerradas y las cosas en orden, luego de revisar que todos los animales estuvieran bien para pasar la noche hasta que ellos volvieran al día siguiente. Salieron con unos abrigos ligeros y sintieron el cambio de temperatura besarles la cara y erizando los vellos de su nuca.
Kazutora escucha un carraspeo proveniente del de cabello negro y al voltear en su dirección lo encuentra inquieto de una manera expectante, la manera en la que rebota en las puntas de sus zapatos y una sonrisa inquietantemente grande cubría su rostro mientras le decía si podían ir a recoger algo para comer y brindar esa noche.
La manera en la que lucía demasiado emocionado por poder pasar tiempo y celebrar junto al teñido era embriagadora, la mera imagen hacía que la caja torácica del más alto se convirtiera en una melodía agradable, la clase de memoria que haría a la gente tranquilizarse cuando ha tenido un mal día y quiere recordar algo entrañable.
Una sonrisa calmada se asentó en los labios del mayor, él no necesitaba realmente algo demasiado especial como seguramente el chico estaría pensando en hacer, además considerando que el día siguiente había coincidido con la recepción de nuevos productos era mejor dejar pasar la noche en paz, quería decirle que estaba bien con ver alguna mala película romántica en lugar de salir.
Pero Chifuyu con sus ojos de cachorro fue todo lo que se necesito del hombre mayor para derretirse por completo, así que terminó diciendo que estaba bien eso y fue guiado por los presurosos pasos que resonaban levemente en la acera. El balanceo que hacían sus hebras oscuras producto de suaves saltos eran una indicación de su emoción.
El azabache podría haberle pedido algo casi imposible con esa expresión y Kazutora intentaría conseguirlo para hacerlo feliz. Fue ahí cuando se dio cuenta que realmente estaba hundido en esos sentimientos, al menos más de lo que esperaba, quizá fue sorprendente lo bien que se tomó esa revelación.
El más joven hablaba de cosas que le habían sucedido recién, aunque ambos pasaban bastante tiempo juntos, siempre era agradable escuchar los pensamientos del otro. Desde las películas que habían llamado su atención y esperaba vieran, algunos mangas y libros que leyó, la manera en la que el nuevo gato que había llegado esa semana por fin se comportaba mejor.
Demasiado ensimismados en aquella plática llegaron a un restaurante familiar que les gustaba a ambos, al entrar no tuvieron que esperar a que les asignarán un lugar desocupado porque Chifuyu mencionó su nombre y la recepcionista los llevó a una mesa que estaba en la orilla del restaurante pero lucía bulliciosa.
Aquellas personas eran inconfundibles, eran sus amigos los que estaban reunidos y todos arrullaron felicitándolo. Las sillas llenas y el ponerse al día con aquellos que no había visto en un tiempo y los platos llegaron haciendo que todos se enfrascarán en comer y compartir más de su vida, ruidoso y en general cálido.
Kazutora se sentía feliz de verlos a todos en ese momento, la sonrisa orgullosa de su rommie no le paso desapercibida incluso cuando este bebió de su vaso para disimularla. Los ojos verdes parecían brillar mientras robaba un poco de comida y le daba un golpe con su rodilla por debajo de la mesa que hizo sentir el ambiente un poco más cálido.
Cuando todos habían terminado y empezaron a poner su dinero, Kazutora sacó su billetera para pagar su consumo, pero le reclamaron que no podía hacer eso si lo celebraban, así que termino con una comida gratis y las palmadas de los otros mientras le volvían a felicitar, algunos regalos que volvían la bolsa de papel más pesada de lo que había sido cuando habían ingresado al restaurante.
Aunque ahora se había quedado con la duda de si Chifuyu había estado tan nervioso por eso o por si tenía algo distinto en mente, porque si bien lucía bastante contento luego de que todos se despidieran, parecía estar con una ansiedad creciente por la manera en la que retorcía sus manos, antes de decirle si podían pasar a otro lado antes de volver al departamento, el mayor decidió que estaba bien y camino detrás del muchacho de cabello esponjoso.
Realmente si seguía con ese misterio le terminaría con la cabeza doliendo un poco, le expresó a su acompañante la duda y este se detuvo un poco antes de seguir caminando ahora al paso del mayor, diciendo que no había nada en realidad, solamente debían recoger algo, quizás hubiera sido algo creíble si no fuera por el quiebre de su voz al final de su contestación.
Pero todos sus pensamientos se vieron reducidos en volumen cuando los dorsos de sus manos se habían rozado, hasta que sintió se deslizaban más cerca y encajaban entre ellas, las manos que ahora se encontraban aferradas eran cálidas, se sintió correcto y natural, como si eso hubiera ocurrido demasiadas veces en lugar de ser la primera.
Ambos conscientes de su existencia pero ignorándolo en favor de disfrutar el contacto, como si estuvieran sosteniendo algo vivo y efímero que podría huir espantado al ser evidenciado.
Puede que en realidad fuera así, lo que se había ido acumulando y creciendo dentro de ellos pero se sentían indignos de tenerlo, siempre poniendo la excusa de que estaban bien de esa manera y bien podían estar viendo señales dónde no las había. Puede que fuera el aire que se había enfriado o la manera en la que los pendientes de ambos se balanceaban al mismo ritmo que sus manos.
Se sentía adecuado, como si incluso una vez que se soltarán las cosas seguirían en paz y solamente dejarían como vestigio la calidez ausente en sus manos y algo acurrucado dentro de su pecho. Sería solamente un contacto corto, un regalo de cumpleaños que Kazutora atesoraría.
No se soltaron en ningún momento.
Hasta que llegaron al sitio donde Chifuyu los había estado guiando, sus pasos deteniéndose y el tirón en sus manos unidas para indicar que era lo que habían buscado. El azabache se giro en su dirección impidiendo que viera lo que estaba detrás de su espalda y lucía contento, como si le hubieran puesto su nombre a alguna constelación o algo de igual magnitud.
-Es tu regalo, Tora.- Suelta el punto de contacto que los unía y da un paso a su costados dejando al más alto ver lo que había.
Una moto.
Kazutora estaba demasiado sorprendido de ello, algo que encajaba tan bien con lo que quería pero no expresaba en voz alta, además era un modelo que no era realmente fácil de conseguir. Ni siquiera se permitió sentir culpa al pensar en lo que probablemente le pudo haber costado.
La visita de Draken ese día y sus comentarios cobraron sentido, en ese instante fue como si algo delicado hecho con cristal se hubiera roto en su interior, el niño que siempre terminaba llorando en sus cumpleaños y deseando algún regalo que hubieran pensado para él específicamente.
No, Kazutora sólo había querido alguien que lo quisiera y el chico parado junto a él lo hacía.
Las lágrimas calientes que empezaron a rodar por sus mejillas sin control eran indicio de que estaba teniendo una reacción en lugar de seguir de pie solamente con la boca un poco abierta, incapaz de expresar las cosas que corrían desenfrenadas por su mente, las preguntas y los agradecimientos.
Al ver eso la bonita cara de Chifuyu se vio manchada con la preocupación que lo pinto al ver esa reacción de su empleado, su sonrisa que antes estaba tan resplandeciente se convirtió en algo que recordaba a las flores marchitas.
Fue hasta ese momento que el cuerpo de Kazutora pudo salir de su estupor y se acercó para encerrar al cuerpo más pequeño en sus brazos, el abrazo en definitiva no era algo que pareciera esperar porque las extremidades de Chifuyu quedaron un momento colgando hasta que se envolvieron alrededor del otro cuerpo.
Ambos se soltaron después de unos segundos, con el corazón acelerado y las lágrimas que aún salían de los ojos color arena, la nariz y mejillas sonrosadas, las últimas fueron limpiadas con las manos de Chifuyu, quien lo instó a subir y conducir a casa.
Así que eso hizo, se subió y encendió el motor, el otro en su espalda agarrándose del asiento hasta que en un punto del camino los brazos se deslizaron por el torso de Tora y se aferraron a su ropa. Una especie de calor que se acurruco en en interior del más alto ante ese gesto.
Al llegar y poder meter el vehículo al estacionamiento, ambos subieron a su departamento entre risas algo agitadas, el camino si bien era corto les había dado algo de adrenalina que hace tiempo no sentían. Las piernas les temblaban un poco.
El de cabello negro sacó un pastel en su refrigerador y acomodo unas velas, las encendió y apago las luces que estaban alumbrando la estancia haciendo que todo el brillo proviniera de la mesa que tenían. La manera en la que la luz reflectaba con sus rostros y hacía maravillas en los ojos verde mar, una imagen que merecía ser preservada en algún museo.
-Gracias por nacer, Tora.
Una sonrisa demasiado grande en su rostro y sus rostro entero lucía iluminado de una manera que debería ser ilegal, su voz temblorosa, la manera en la que se trabo un poco por lo que parecía ser la vergüenza de haberlo dicho, como si no supiera la clase de respuesta que iba a recibir pero de todas maneras quería expresar eso.
Maldita sea, Kazutora no quería llorar otra vez y Chifuyu no se lo estaba poniendo nada sencillo, dándole todas las palbras que había querido durante años.
Kazutora quería tanto a Chifuyu que a veces sentía podía doler-
Pero el dolor no llegaba, y si lo hacía, el otro ponía suaves palabras que eran calmantes de todo eso. Chifuyu era demasiado cariñoso y suave en todos sus bordes, al menos con la gente que apreciaba y el de mechones rubios sabía que pertenecía a esos afortunados.
-Me alegra haber nacido.
Se siente tan verídico, agradecido por poder compartir su existencia en aquel instante con alguien tan maravilloso, sopla las velas y ese año pide un deseo distinto al que alguna vez había existido en el pasado.
No entiendo como salieron tantas palabras, cuando inicie pensé que serían 1k pero como no tengo autocontrol por lo visto tenemos 4k, que sorpresa. JAJAJAJAJAJAJ
No me arrepiento porque me gustan demasiado estos babosos que no saben están enamorados y a un paso de una relación con 20 gatos adoptados.
Igual quiero traer más de ellos en Octubre con distintos escenarios porque parece no tengo un freno con las ideas domésticas y en general de amor.
Espero les guste, si me dejan favs o reviews estaría increíble (:
Hasta luego y espero que se encuentren bien.
Besooooos.
