La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Muchas gracias a todos por tomarse la dulce molestia de comentar.

QueenieMills ha hecho una pregunta traviesa en su último review, esa "etiqueta ligh dom/sub" en archiveofourown fue puesta por una razón, todo lo que puedo decir es que tendrán que esperar y ver.

PD: En este fic los reviews mandan.


CAPÍTULO 6

Henry lleva la delantera definitivamente. Bostecé y contuve las ganas de estirarme, estaba dispuesta a esperar con toda la paciencia del mundo. Moví un par de mechones desordenados de la cabeza descansando sobre mi hombro, y mis dedos no pudieron aguantar jugar un poco, su cabello es demasiado suave y huele delicioso, toda ella es demasiado suave, no es que no pese tener la mitad de su cuerpo sobre el mío pero tampoco se siente mal.

¿Cuánto más voy a tener que esperar para que despierte? Siempre creí que Regina es de las que se levanta con la salida del sol, pero felizmente estaba equivocada y es algo más que puedo usar en su contra.

—Estás tan perdida Regina Mills —Sonreí con malicia y sobé su espalda.

Se movió más contra mí. Me puse nerviosa al sentir su mano apretando mi cintura, su pierna enroscando mi pierna y su rostro escondiéndose en mi cuello.

¡Qué demonios!

—Regina. —Tenía que despertarla—. Regina.

—Mmmm —Gimió y su respiración me hizo cosquillas.

—¡Regina! —La sacudí un poco y ella se sobresaltó. Se alejó de inmediato y sus ojos asustados miraron hacia todos lados—. Estabas intentando aprovecharte de mí.

Sonreí.

—No, yo no. —Casi sentí pesar al verla tan confundida y con todo el cabello revuelto, en parte eso era mi culpa por haber enredado mis dedos un poco en sus suaves mechones.

—Lo hiciste, al igual que ayer. Solo que esta vez decidí demostrarte quién es la verdadera pervertida.

Me miró con sus grandes ojos color chocolate y sonreí victoriosa.

—Es bueno comprobar que sin importar la situación lo único que te importa es molestarme y demostrar que eres mejor que yo. Tú ganas Señorita Swan.

Se levantó de la cama y corrió fuera de la habitación.

—¡Maldición!

¿Qué demonios fue eso? Era una victoria limpia y fácil, y ella logró voltearlo en mi contra. Mordí la almohada para no gritar. Seguramente estaba contándole todo a Henry para que él me prohíba salir de mi habitación o algo por el estilo. Quizá mi mamá tenía razón.

¡Por supuesto que tiene razón! ¡Regina está poniendo a Henry en mi contra para quedarse con él!

—No tienen idea con quién se han metido pequeños Mills.

Salté de la cama, me metí en el baño y me arreglé un poco, fui a la habitación de invitados dónde estaban mis cosas, tomé el último jean que había traído y…

—¡Maldición! No tengo ninguna blusa limpia.

Volví a la habitación de Regina y tomé una de sus blusas, por suerte encontré la que Henry me prestó hace unos meses. Recogí mi cabello en una cola de cabello, apliqué un poco de maquillaje a mi rostro y fui a buscar a los conspiradores Mills.

Los encontré en la cocina desayunando. Ni siquiera me esperaron.

—Quiero que se pongan algo de ropa, iremos al médico. —Dije con mi voz más firme.

—No estamos desnudos. —No iba a dejar que Henry se pasara de listo conmigo.

—Lo sé, lo que quise decir fue que tienen que cambiarse de ropa muy rápido para que podamos salir de casa e ir al médico, a menos que quieran ir en sus pijamas.

—Vamos cariño, vamos a cambiarnos. —Dijo Regina llevándose a Henry.

Por supuesto que se lo llevó lejos de mí.

Me di cuenta que había un tercer plato de desayuno sobre el mesón, repleto de panqueques bañados con jarabe de arce. Supongo que son para mí, pero si Regina los preparó seguro están envenenados.

Me los comí todos, y ninguno estaba envenenado, sabían extremadamente deliciosas.

—Estoy listo. —Dijo Henry justo detrás de mí, asustándome.

—¿Y tu mamá?

—Aquí estoy.

Estaban vestidos a juego, lo que me faltaba.

—Ok. Vamos.

Henry corrió a los brazos de Regina y ella le dio una brillante sonrisa, tocó la punta de su nariz, se tomaron de las manos y caminaron por delante de mí. Solo era una prueba más en su contra.

—Olvidé que mi auto no está aquí —Dijo Regina.

—Iremos en el mío.

Torció los ojos pero no le quedó de otra.

El viaje al hospital fue en completo silencio, por suerte Whale nos recibió enseguida.

—Solo venimos para asegurarnos que la salud de Henry es perfecta.

—¿Si su salud es perfecta por qué venir a verme Regina? —Whale no es el hombre más paciente, el tipo es un idiota.

—Solo has tu trabajo. —Le dije poniendo la mano en su hombro.

—Está bien.

Regina torció los ojos por segunda vez. No era mi culpa que la gente me considerara más a mí que a ella. ¿Quién la mandó a convertirse en la Reina Malvada?

Whale realizó todas las pruebas posibles y Henry no podía estar más saludable. Sabía que era así, pero era bueno que un médico nos lo confirmara. Habíamos perdido toda la mañana así que pensé que sería buena idea ir al restaurante de la abuela a comer algo.

—Le envié un mensaje a tu madre esta mañana diciéndole que almorzaríamos con ellos, de esa forma puedes recoger tus cosas.

—Claro.

No sabía cómo tomar esa información pero al menos estaríamos en mi lado del campo de batalla.

—¿Puedo comprar unas gomitas?

—Solo si prometes comerlas después del almuerzo.

—Ok mamá.

Regina le dio algo de dinero y Henry corrió a la tienda del frente a comprar las gomitas.

Miré a Regina, ella me miró a mí, y nos mantuvimos en completo silencio. No era como si tuviéramos algo que decir pero no pude quedarme callada.

—¿Desde cuándo estás interesada en pasar tiempo con mis padres?

-Enrique ...

—No me vengas con eso. Siempre has sabido que somos su familia y te ha importado una mierda. ¿Qué estás planeando?

—Estoy cansándome de tu actitud señorita Swan, mi paciencia tiene un límite.

—Y la mía también. Nadie en este pueblo va a tolerarte ni un error más Regina.

Se cruzó de brazos y antes de poder mandarme al diablo, como seguramente iba a hacer, Ruby se acercó a nosotros.

—¡Emma! No te he visto en siglos. ¿La Reina Malvada te tiene secuestrada?

—Algo así. —Sonreí.

—¿Andas paseándote a ti misma?

—¿Sabes algo Regina? Todos estamos felices de tener a Henry de vuelta, lástima que Peter Pan no acabó contigo, en serio estás de más en este pueblo.

Henry salió de la tienda con un paquete de gomitas. Ruby lo saludó y siguió su camino.


XXXSQXXX

—¿Puedo ayudar en algo?

—No. Gracias Regina.

Mi madre nos dio a todos una tarea en cuanto llegamos, excepto a Regina, así que la ex Reina se quedó sentada todo el tiempo en una de las sillas del comedor mientras el resto de nosotros ayudábamos a terminar de preparar la comida.

—Puedes ayudarme a poner la mesa mamá. —Henry le entregó los cubiertos. Regina sonrió y no dudó en ayudarlo. Me pareció un gesto muy dulce de parte de Henry, pero no quería que él se hiciera una idea equivocada de las cosas, no era como si estuviéramos excluyendo a Regina ni nada, después de todo ella no es de las que suele trabajar en equipo.

Ocupamos nuestros respectivos puestos en la mesa. El pollo estaba delicioso, y la salsa de queso sabía muy bien con las patatas.

—Esto sabe delicioso Mary Margaret. —Era un poco raro ver sonreír a Regina, incluso si es una de sus falsas sonrisas.

—Seguro que no es tan bueno como tu comida, no todos somos expertos en todo lo que hacemos.

—Está muy bueno abuela.

—Sí amor, podría comer esto todos los días.

—Lo preparé otra vez cuando Henry y Emma vuelvan a casa. ¿Cuándo va a ser eso?

—No lo sé todavía… —Intenté decir pero Henry me interrumpió.

—Nos quedaremos en casa de mamá, pero podemos venir a visitarlos ¿verdad mamá?

—Claro cariño.

—No creo que sea una buena idea.

—Mamá —Intenté persuadirla lo mejor que pude.

—Tu madre tiene razón. —David miró mal a Regina.

—No es el momento de tener esta conversación —Sabía que era inútil pero no estaba de humor para una guerra—, solo terminemos este almuerzo en paz.

—Hablé con tu profesora Henry, dijo que cuando estés listo para volver a la escuela te asignaría un compañero para ayudar a que te pongas al día. —Me sentí agradecida que Mary Margaret parecía haber dejado el tema por ahora. Eso me permitió seguir comiendo.

—Creo que el lunes puedo estar listo para volver. No quiero tener muchas tareas pendientes.

—Puedes venir aquí cuando quieras y aprovechar que además de ser tu abuela fui profesora. Te ayudaré a ponerte al día con todo.

Mis ojos se fijaron en Regina, pensé que se levantaría y acuchillaría a mi madre hasta la muerte, en su lugar lleno su boca de comida, casi sin descanso entre bocado y bocado, totalmente concentrada en su plato. Regina estaba furiosa.

—Este sábado podemos retomar las lecciones de equitación. —Dijo David—. Sería bueno si te unieras a nosotros Emma.

—No. Los caballos no son lo mío.

—¿Qué dices Henry? Estás muy callado. ¿Te sentó mal mi comida? —Bromeó Mary Margaret, pero eso no pareció animar a Henry.

—Está muy bueno abuela.

—David ayúdame trayendo el postre. Hice tu favorito Emma.

Sirvieron una porción de tiramisú para cada uno, y Regina y Henry continuaron en un total y absoluto silencio.

—Las cosas en la estación han estado bastante tranquilas, he tenido tiempo para ponerme al día con todo el papeleo.

—Gracias por hacerte cargo de eso. Mañana me daré una vuelta por ahí y podemos ponernos de acuerdo en un horario.

—Tendremos una reunión de concejo mañana al medio día, es muy importante que estés allí Emma, como miembro del consejo tendrás voz y voto en todas las decisiones que tomemos. —Explicó Mary Margaret.

—¿Un concejo? ¿Qué pasa con la alcaldía?

—Obviamente voy a estar ocupando el puesto como alcalde, pero soy su reina también y tener un concejo con miembros de la comunidad ha sido muy importante para mí. La gente debe saber que yo no voy a establecer una dictadura como tristemente ha sucedido antes.

—¿Me ayudas a recoger los platos mamá? —Dijo Henry, y yo aún no había terminado mi tiramisú.

—Claro cariño.

—No es necesario —David le arrebató los platos de las manos y comenzó a apilarlos—, yo me haré cargo.

El ambiente se volvió tenso mientras Regina y Henry se quedaron de pie, observando a Mary Margaret ayudar a David a recoger la mesa.

—El almuerzo ha estado delicioso. Henry, agradece a tus abuelos. —Regina suele tener todo un repertorio de sonrisas falsas, pero no mostró ninguna esta vez. Todo su enfoque estaba por completo en Henry, y estoy segura que era la única razón por la que mis padres seguían vivos.

—Gracias. —Henry no estaba agradecido, parecía molesto… y triste.

Observé en silencio a Regina tomar asiento en uno de los muebles de la sala, Henry corrió hacia ella y se sentó en su regazo. Verlos hacer cosas tan normales como esa, compartir un abrazo, o el beso que Regina coloca todos los días en la frente de él, era demasiado doloroso, me hacía sentir fuera de su pequeño club privado. ¿Qué papel ocupo yo en la vida de mi hijo si él ya tiene una madre?

Recogí unas cuantas cosas, lo que significa que solo la mitad de mis cosas quedaron guardadas en el armario. Todo lo que tengo entra en un solo cajón del armario de Regina. Es incluso vergonzoso tener puesta una blusa de ella, y ahora voy a tener que vivir en su casa, bajo sus reglas, esperando a ser echada en cualquier momento.

—¿Por qué tienes que irte a vivir con ella? —Di media vuelta y vi a Mary Margaret en el umbral de la puerta—. Es evidente que todo esto está afectando a Henry, casi ni nos dirige la palabra.

—Voy a arreglar las cosas. Esta situación es temporal.

—Hasta que Regina logre sacarte a ti y a nosotros de la vida de Henry.

—Eso no va a pasar.

—¿Estás segura? Todo esto de querer almorzar con nosotros es parte de su plan. Me preocupa que vaya influenciar a Henry de manera negativa e involucrarlo en su magia oscura.

—Ella no haría algo así. Voy a vivir con ellos y eso va a permitirme vigilar que todo esté bien. Te lo prometo.

—Sé que lo harás cariño. Tu padre y yo confiamos mucho en ti. Solo ten cuidado por favor y no olvides que no puedes confiar en Regina.


XXXSQXXX

Ni una sola palabra. El camino de regreso duró diez minutos y ninguno de los dos se dignó siquiera a mirarme. Debería haber dado media vuelta y volver a casa.

Quería romper a patadas la puerta del cuarto de Henry y descubrir qué tanto estaban hablando. Arreglar mis cosas en mi nueva habitación no debió tomarme más de quince minutos, y ellos llevaban encerrados media hora. Regina estaba manipulando a Henry, no había ninguna otra explicación, mis días en la mansión Mills estaban contados, el desastroso almuerzo solo sirvió para hacerla ver como una víctima.

Era momento de tomar medidas drásticas. Me subí a mi coche y fui a la estación. Recogí todo el equipo que había traído de Boston, fue de mucha utilidad cuando estaba en mis constantes batallas contra Regina, iban a servirme mucho más ahora.

Cuando volví, Regina estaba arreglando la cocina y preparando la cena. Henry estaba en la sala de juegos viendo películas. Coloqué un par de micrófonos en el estudio, uno en el cuarto de Henry y otro en la habitación de Regina.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—¡Henry! —Mi corazón casi explota en mi pecho—. Me asustaste.

—¿Qué haces en la habitación de mamá?

—Estoy… conociendo la casa. Este lugar es enorme.

—No tan grande como los castillos del bosque encantado.

—Es cierto… pero tienes razón, hay suficiente espacio para todos nosotros. Un duende podría vivir en el cuarto de lavado y nunca lo sabríamos… ¿De qué tanto hablaban Regina y tú hace un rato? —Pregunté no demasiado sutil.

No esperaba que él me contestara, y mucho menos que fuera honesto conmigo.

—Me estaba disculpando con mamá.

—¿Por qué?

—Por todas las veces que la traté mal… no quiero ser malo como los abuelos… y no quiero que ellos sean mis abuelos si siguen siendo malos con mamá.

¡Qué! Eso… mis padres no… Henry no podía estar hablando en serio.

—Mamá dice que ellos siempre van a ser mis abuelos y que tienen muchas razones para estar molestos con ella, pero yo no quiero que alguien vuelva a hacerle daño —se limpió las lágrimas con las mangas de su camiseta—. Está intentado ser buena y a nadie le importa…

—Oh Henry… —Le di un fuerte abrazo y un beso en la frente—. Estoy muy orgullosa de ti.

Sus sollozos se detuvieron, terminó de secarse el rostro con las manos, y dio un paso lejos de mí.

—Ya no quiero que te cases con mamá, sé que no la quieres y que no te importa que la traten mal… Al menos me alegra que quieras vivir aquí con nosotros.

Henry salió de la habitación, y yo me quedé allí queriendo decirle que no era cierto, que yo no soy así, pero todo lo que había pasado a lo largo del día me golpeó como un tren a toda velocidad. Ruby, mis padres, habían tratado injustamente a Regina y ni una sola vez hice algo para evitarlo, todo lo contrario, fui la primera en tratarla mal, y lo peor de todo es que no era la primera vez.