La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Gracias por todos sus comentarios, he sido tan feliz al saber que los he hecho llorar y enojar.
NOTA: Quiero recordar que esta historia se da a tan solo unos días después de lo de Neverland, después de lo de Greg y Tamara. Y antes de eso, pasó la muerte de Cora, Henry viviendo con Emma, Mary Margaret y David.
PD: No olviden en dónde están puestos los micrófonos.
CAPÍTULO 7
REGINA
El día fue igual que siempre, por un momento creí que si me esforzaba lo suficiente podía hacerlo bien esta vez, pero no fue así. La historia de mi vida.
Henry se merece lo mejor y mi pasado ya lo ha perjudicado lo suficiente. No quiero que sienta que debe cuidar de mí, soy su madre, ese es mi trabajo, ha pasado por tanto y está tan estresado y temeroso, me duele demasiado verlo así. Al menos podía ir temprano a la cama y descansar, dormir iba a permitirme no pensar en nada.
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Abrí los ojos, presa del pánico. La habitación estaba oscura, seguía acostada en la cama exactamente igual que cuando me fui a dormir, hace varios minutos u horas, no sé exactamente qué hora era, y no podía moverme, ni gritar. Emma Swan estaba prácticamente sobre mí, cubriendo mi boca con su mano.
—Soy yo. No grites. —Me susurró—. Necesitamos hablar, pero tienes que prometerme que no vas a gritar.
Moví la cabeza desesperadamente, mi respiración se volvió agitada, y en cuanto ella me soltó intenté bajarme de la cama para correr lejos de ella. No sucedió de la forma en que lo planeé en mi cabeza. Sus manos me sujetaron a la cama, y volvió a cubrir mi boca.
—Maldición Regina, qué fue lo que acabo de decirte.
¡Esto no podía estar pasando!
No quiere que Henry nos escuche. Me moví lo mejor que pude para soltarme de ella, quizá solo necesitaba alcanzar algo con lo que pueda golpearla para alejarla de mí. Tenía que llamar a Henry, ella no haría nada delante de él. Mordí su mano lo más duro que pude.
—¡Hen…! —Cubrió mi boca con su otra mano, se trepó encima de mí, apresando mi cuerpo y mis manos debajo de ella.
—Deja de moverte o te juro que voy a amarrarte. —Sacudió la mano que mordí—. Eso no era necesario, pudiste haberme arrancado un pedazo. ¿Te has vuelto loca?
Se ha vuelto loca. Ha perdido por completo la cabeza y… va a matarme.
—Escucha… lo siento… soy una idiota y he sido horrible contigo, pero es que cada cosa que hago terminas usándolo en mi contra, todo lo que digo lo entiendes mal y vuelves a ser la Regina que me odia.
Respira Regina. Respira despacio y profundo… Va a matarme usando mi propia almohada, mi hijo está en la otra habitación y ella está a punto de poner sus manos alrededor de mi cuello y ahorcarme…
—Quiero confiar en ti, pero necesito que empieces a confiar en mí, que me hables, que me digas lo que tu loca cabeza piensa.
No puedo respirar.
—Nos guste o no, estamos unidas en una forma que ni siquiera Neal y yo estaremos jamás. ¿Entiendes eso?
Sacudí la cabeza violentamente asintiendo. Solo quería que me suelte.
—Ok. Te soltaré ahora. ¿No vas a morderme, ni gritar, ni nada?
¿Tenía alguna opción?
Se sentía tan bien poder respirar, no sentir su cuerpo sobre mí y sus manos tocándome. Me senté contra el cabecero de la cama y me cubrí con la sábana.
¿Por qué estaba haciéndome esto? ¿Qué más quiere de mí?
—Regina…
—¿Podemos hablar de esto cuando no esté en mi pijama? —¿Cómo no podía estar enojada?—. Por favor.
—Ok.
Cerré la puerta apenas salió de mi habitación. El único lugar donde creía poder estar al menos relajada y dormir tranquila, había sido habitado arbitrariamente por esa mujer insufrible. ¿Por qué insiste en quitármelo todo?
Acomodé las cobijas sobre mí, deslicé mis dedos por mi cabello, desenredándolo… eso no iba a calmarme.
Emma quiere matarme. De todas las personas que pensé anhelaban por el día de mi muerte, no esperaba que ella fuera uno de ellos. Lo pensé durante mucho tiempo, pero después de trabajar juntas tantas veces y salvar a Henry, me permití inútilmente confiar en alguien que genéticamente es incapaz de ser mi amiga.
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—¡Mamá! ¡Mamá! —Henry corrió, casi arrastrando a Tink detrás de él—. ¡Mira mamá! ¡Tink está aquí!
—Así veo cariño.
—Regina.
—Tink.
—¿Cómo conociste a mamá? ¿Desde cuándo eres su hada madrina? ¿Cómo era mamá cuando tenía mi edad?
—Henry, dale un respiro.
—Lo siento mamá. ¿Cuántos años tienes Tink? ¿Crees que mamá es bonita?
—¡Henry!
—Tengo muchos más años de los que puedas imaginar —Dijo Tink con una sonrisa, al menos estaba ignorando mis mejillas rojas—, y creo que no hay nadie más bonita que tu mamá.
—No quiero escuchar a ninguno de los dos. Ayúdame con esto Henry.
Henry corrió por delante de nosotras, llevando la canasta con manzanas.
—Me alegra que tu hijo esté mucho mejor.
—¡Mamá! ¿Podemos ponerle chispas de chocolate al pastel?
—Henry, no grites. No estamos en la selva.
Corrió hacia mí y me pregunto al oído lo mismo, siempre queriendo pasarse de listo conmigo. Por supuesto que acepté. Verlo tan feliz y accesible me hacía tan feliz.
—¿Te gustaría quedarte a almorzar? Emma está teniendo un almuerzo de trabajo con el nuevo y flamante concejo de la ciudad, a Henry y a mí nos vendría bien algo de compañía.
—Seguro. No todos los días veo a una reina cocinar.
—¿No cocinabas cuando eras una reina mamá?
—En el Bosque Encantado las costumbres eran… diferentes.
—¿Sabes que tu mamá es experta montando dragones?
—¿Qué clase de dragones? —Preguntó Emma, de mal humor, al igual que cada vez que está en mi presencia.
—¡Escuchaste Emma! ¡Mamá montó un dragón! ¡Mamá montó un dragón! ¡Eso es tan increíble!
—¿Es el mismo dragón que maté bajo la biblioteca?
—Henry deja de brincar, te vas a hacer daño.
No estoy acostumbrada a tener mi cocina tan llena de gente.
—¿Dejaste que el salvador matara a Maléfica? Era tu mejor amiga.
—¿Maléfica era tu mejor amiga? ¿Ella era un dragón? ¿Por eso te dejó montarla?
—Por supuesto que era tu mejor amiga. —Detesto la forma en que Emma me mira. No tenemos un club de villanas al que todas pertenecemos. Ni siquiera sabe mi historia y se atreve a juzgarme. Su madre debe estar tan orgullosa. La manzana no cayó lejos del árbol después de todo.
—Es tarde, por qué no vas a pasar el día con tus adorables padres.
Tomé el desayuno que había empacado para mi mejor enemiga, sabía que se despertaría tarde al igual que cada vez que tiene que cumplir con sus obligaciones, estiré la mano y se lo entregué. A cambio me dio su segunda mirada de odio del día.
—¿Quieres acompañarme Henry? Será como en los viejos tiempos, y después puedo llevarte a visitar a Archie, él y Pongo te han extrañado un montón.
Henry dudó. No brincó de alegría ni se lanzó a los brazos de su héroe. Me miró directamente, haciéndome sentir culpable por todas las veces que mi comportamiento fue injusto y egoísta.
—Te guardaré un pedazo de pastel con chispas de chocolate. —Lo animé.
—Iré, pero solo si Tink promete quedarse contigo hasta que regrese, pueden tener un día de chicas y yo puedo interrogarla cuando regrese.
—No tengo ningún otro lugar al que deba ir, y tener un día de chicas suena muy bien ¿no es así Regina?
Sonreí. Creo que la única persona con la que he tenido una charla de chicas es con Tink, nuestros encuentros se reducen a eso, excepto cuando me empeño en arruinar su vida o ella en secuestrarme.
—Tendré mi teléfono encendido. Llama si necesitas algo.
Eres la última persona a la que llamaría, Emma Swan.
Empaqué algunos bocadillos para Henry, con la falsa esperanza que eso lograría mantenerlo por lo menos un poco alejado de toda la horrible comida que Emma iba a darle.
—Pórtate bien. Quédate siempre a la vista de algún adulto confiable, puede ser Emma o Archie, incluso tus abuelos te mantendrán a salvo, pero no confíes en nadie más y…
—¡Por Dios Regina, nuestro hijo no se alistó en el ejército! —Preferí ignorarla.
—No dudes en llamarme si necesitas que vaya por ti. Está bien si no te sientes a gusto…
—¿Estando en el mundo exterior? ¿Prefieres que lo metamos en una burbuja? —Siguió molestándome.
—Te quiero mi pequeño príncipe —Besé su linda cabecita y lo abracé muy fuerte—. Si algo sucede solo tienes que recordar que soy tu mamá y que siempre…
—Vas a encontrarlo. En serio eres peor que mis padres. —Lo haló lejos de mí—. Va a adherirse a tu ropa si sigues abrazándolo así.
—Adiós mamá. —Mi dulce y precioso niño sacudió su mano despidiéndose mientras era arrastrado lejos de mí por esa horrible mujer mal vestida. ¿Por qué insiste en ponerse esa horrible chaqueta?
¿Y si nunca más volvía a verlo? ¿Qué pasa si Emma decide huir con Henry? Quizá lo de anoche solo fue un intento de distracción para quitarme a mi hijo nuevamente, o pudo haber puesto un hechizo en mí.
—¡Regina! —Tink llamó mi atención—. ¿Qué está pasando entre tú y la salvadora?
—Nada —contesté a la defensiva.
—No me parece. No dejó de mirarte ni un solo momento, y no creo que le gustara que yo esté aquí.
—No tiene nada que ver contigo. —Volví a la cocina. Si me concentraba en preparar la comida quizá mi ansiedad por estar lejos de Henry disminuiría.
—¿Entonces qué está pasando?
—Quiere matarme.
—¿Y eso por qué?
Dejé de cortar los tomates y la miré a los ojos.
—¿No vas a decirme que estoy fuera de mi mente y que ella es incapaz de algo así?
—Ella es muy capaz de algo así, y más tratándose de ti. Seguro hiciste algo para volverla loca.
—Nada de eso es cierto. He estado en mi mejor comportamiento. Ella, en cambio, se esfuerza al máximo para estar en mi contra. Obviamente a nadie le importa, ella es el héroe de la historia y yo siempre seré la villana.
—En Neverland trabajaron muy bien juntas, y con toda la ciudad corriendo rumores sobre ustedes dos viviendo juntas pensé…
—¿Qué? ¿Qué somos verdaderos amores? Tú y yo sabemos muy bien que eso es imposible.
—Iba a decir que creí que eran amigas. Eres la única en este lugar que no tiene amigas, eso no te hizo ningún bien la última vez.
—Yo no tengo amigas.
—Lo sé. Te di una segunda oportunidad y no la tomaste. Pensé que al crear esta oportunidad por ti misma la estarías aprovechando mejor.
—Lancé una maldición y quedé presa de ella.
—¿Qué pasa con Henry?
—No lo metas en esto. Él es diferente.
—No necesito contarle a Henry quién eras cuando te conocí, él conoce una de tus mejores versiones, la versión que hace que todos creamos en ti.
—Nadie cree en mí.
Ensalada de pollo estará bien para el almuerzo, un poco de jugo, quizá coma dos pedazos de pastel, pero sin chispas de chocolate. Emma debería llamarme para informarme del estado de Henry. ¿Por qué no me ha llamado?
—Regina. ¿Qué está pasando contigo? Solo han pasado unos días y ya estás de vuelta a la vieja Regina que lo único que quería era la cabeza de Blancanieves en un plato.
—¿Por qué nadie le hace esas preguntas a Emma? Está diciendo cosas horribles a mis espaldas y orquestando un plan para deshacerse de mí, y nadie le dice nada.
Necesitaba un trago. Caminé hacia el estudio con Tink persiguiéndome, a estas alturas ya debería haber entendido que no consigue nada bueno estando cerca de mí.
—Bien. Repitamos el pasado, volvamos a los viejos hábitos de odiar a Blancanieves y a toda su familia.
—Emma es su hija, no debería sorprenderme que sea igual a ella.
—Vamos a matarla entonces. Así matamos todos los pájaros de un solo tiro.
—Henry nunca me lo perdonaría.
—¿Perdonaría a Emma por matarte?
—Por supuesto. Ella es su madre biológica, su héroe, el caballero blanco que debo derrotar a la Reina Malvada. Sin mí ellos pueden al fin tener la familia que tanto han anhelado.
No iba a dejar que Tink sintiera lástima por mí, no soy un proyecto de caridad que puede usar para redimirse y volver a tener sus alas. Volví a la cocina y le agregué un poco de vino al pollo cocinándose.
—¿Por qué estás tan segura que Emma quiere matarte?
—Henry quiere que ella se quedé aquí, que seamos una familia... Sugirió que debíamos casarnos y Emma se puso como loca.
—Sí pero…
—Sus padres están planeando apartar a Henry de mí, lo sé, fue demasiado evidente y ella no dijo nada, no los contradijo, incluso estuvo feliz cuando Ruby sugirió que debí haber muerto en Neverland. Va a unirse a sus padres en el concejo, ¿adivina de lo que van a hablar?
—Pero Emma te defendió en Neverland. Iba a cortarme en pedacitos.
—Creo que hice algo para enojarla.
—¿Qué fue lo que hiciste?
—Yo… a ella le gustan las mujeres.
—¿Estás segura?
Asentí.
—¿Le contaste que a ti también te gustan? —Cómo podría saberlo?—. Soy un hada, y sé sobre Maléfica.
—¡No pasó nada entre Maléfica y yo!
—Pero estabas un poco enamorada de ella.
—No es cierto. Era un dragón y una poderosa hechicera, yo era muy joven y fácilmente impresionable. Y solo fuimos amigas.
Dos mujeres pueden ser amigas sin involucrarse sexualmente. No puedo creer que la gente diga a mis espaldas que he tenido algo con Maléfica.
—Ok. Te creo, solo por qué estabas en ese estado que lo único que se te pasaba por la cabeza era la muerte. Entonces le dijiste que no te gustaban las mujeres y ella se enojó tanto contigo que decidió que matarte era una buena idea.
—Creí en ella lo suficiente para contarle que me gustaban las mujeres, lo cual fue un grave error de juicio… está enojada conmigo porque cree que me gusta.
—Las rubias son lo tuyo. Estoy lamentando no haberme quedado el tiempo suficiente contigo.
—No me gustan los mayores a mí.
—Puedo tener más de un siglo pero luzco mucho mejor que tu salvador.
—Emma no es nada mío.
—Tienes magia. Puedes usarla si ella o alguien más intenta algo en tu contra.
—Le prometí a Henry que no la usaría más. No quiero que se preocupe por tener que lidiar con la Reina Malvada… Emma tiene magia, las hadas tienen magia, ya se han puesto de acuerdo otras veces… atacar no es una opción, mi única defensa es demostrarle a Henry que puedo ser buena.
—Si necesitaras usarla sería para defenderte. Él entenderá.
—No. No lo hará. No después de todo lo que he hecho. No puedo echar a perder la única oportunidad que me queda.
—Voy a estar atenta a lo que sucede alrededor.
—Gracias.
Mordió una manzana, y se puso cómoda, sentada en un banco frente a mí.
—Otra opción sería que… Emma está molesta contigo porque tú le gustas, y no le has dejado claro que ella te gusta.
—Me dejó muy en claro que no es así.
—Su familia siempre ha tenido cierta obsesión contigo, quizá solo quiere tomarte como su esposa.
—No voy a ser tomada por nadie… Y soy la última mujer en el mundo que Emma querría.
—¿Y tú Regina? ¿Estás enamorada de Emma?
