Declaimer: Los personajes no me pertencen; sino a su autora Keiko Nagita y a la mangaka Yumiko Igarashi.


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...

LLEGUÉ TARDE

Me hubiera gustado conocerte antes de que te destrozaran así, hoy te levantas de la cama y sales al mundo con la misma cara de decepción.

Para tí siempre está lloviendo, por eso vas de acá para allá siempre corriendo.

Cada noche llegas a tu casa pero nunca llegas a tu hogar.

Me hubiera gustado toparme contigo hace años, justo en esos días en los que anciabas amar.

Hubiera sido lindo conocer tu lado alegre y tus sonrisas sin motivo.

Me hubiera gustado estar ahí a tu lado cuando estabas a punto de enamorarte y, que me miraras a los ojos

diciendo: "Por siempre voy a amarte..."

Hubiera querido conocerte antes de tu tormenta, antes de tu muerte en vida,

Hubiera querido vivir contigo y regalarte mi vida.

Habría hecho de todo para que estuvieras feliz, pero llegué tarde y me toca hoy vivir sin ti...

Amarte en silencio mientras te veo morir...

Anónimo

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...

•.O •.o

Cada vez que escuchaba o leía su nombre percibía como el recuerdo de aquel sentimiento seguía tan vivo dentro de ella como si fuera aquella noche, parado bajo la luz de aquel farol mientras esperaba a que llegara a su encuentro. A medida que la distancia entre ellos se acortaba ella no podía dejar de pensar en lo lindo que se miraba con aquel porte tan varonil, con su mirada tran tranquila y expectante. Si cerraba los ojos todavía podía sentir el calor tan agonizante de emoción y miedo que sintió en el corazón al momento de estar ya parada frente a él.

Y fue así que entonces comenzó todo, con una sonrisa cálida, un coqueteo sútil, un chiste por su mala manera para expresarse y con un apretón de manos en el cual sus dedos poco a poco fueron desenlazándolse... Parecía una ilusión, una dulce ilusión en donde a partir de ese mismo instante los ataredeceres abrazadores y las noches silenciosas iban a convertirse en sus fieles confidentes.

Ojalá hubiera sido asi para siempre, dispuesto a esperarla y a confiar para vivir toda una vida entera juntos a pesar de las adversidades.

Porque solo entonces, ella no hubiera deseado nunca haberse arriesgado a llamarlo por su nombre aquella noche, a esperarlo cada puesta de sol para que se apareciera frente a su casa y a dejarse envolver de ese abrazo bajo la luna llena de aquel mes de noviembre.

Porque de lo contrario, no hubieran tenído que alejarse tan abruptamente de sus vidas y olvidar lo que alguna vez sintieron.

...

•.O •.o

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3 años después...

"Debería estar por aquí..." pensaba Candy mientras revolvía caja tras caja en el ático de su casa. Llevaba más de una hora y nada. Su sobrina Emily, hija de Annie tenía una actividad al día siguiente en el colegio en donde interpretaria a la princesa del cuento en una obra de teatro. Ella había acompañado a su hermana hacía unas horas al último ensayo y había sido espléndido, la niña tenía talento y se notaba lo mucho que lo disfrutaba a su corta edad. Peeero, como era de esperarse...

Ella y su bocota.

Es que, ¡Quién la habia mandado otra vez!, muchas veces se preguntaba el por qué no podía mantenerla cerrada. Como solía decir su abuela: "En boca cerrada, no entran moscas mi Candy" , pero claro, era obvio que en la de ella habitaba el enjambre de una generación completa. "Tam, tam, tam..."; era el sonido que salía de los golpes que se daba contra la frente y la palma de su mano mientras pensaba. Luego de unos minutos, suspiró, ¿Dónde lo había dejado la última vez?; se colocó ambas manos en la cintura mientras examinaba con ojo critico el minusculo cuarto y fue cuando en un movimiento de ojos alcanzó a vislumbrar el reflejo de algo bajo una empolvada mesa…

¡Eureka!, exclamó para sus adentros y con una gran sonrisa en los labios cuando abrió la caja, cerrándola nuevamente y comenzando a avanzar con pasos grandes y cuidadosos para no caer entre el revoltijo de cosas que ella misma había causado en tan solo unos minutos antes.

Se dirigió a la esquina en donde se encontraba un gastado, acolchonado y viejo sillón junto a la ventana. Luego de sentarse acomodó de manera suave la caja sobre sus piernas y… quizás porque estaba tan enfocada en buscar lo que necesitaba, no le prestó atención a los demás objetos que se encontraban allí. Meneó durante algunos minutos más y de repente lo halló.

Era una cajita chiquita, la cual guardaba por dentro unas viejas gargantillas. Al no más desplegar la tapadera vio lo que buscaba; una cadena de plata fina que estaba adornada por una mariposa. Era perfecta y combinaba con el acto, seguro que a Emily le encantaría cuando se la pusiera el día de mañana con su vestido de princesa y envuelta en esa historia llena de magia y alegría, ¡estaría divida!

De forma delicada la tomó entre sus dedos y fue cuando sin esperárselo, sus pensamientos volaron como una suave brisa a otro tiempo, a ese en donde llevarla puesta significaba mucho para ella... Hacía años que ya no la había visto, claro; porque desde aquello ya no quiso ponersela pensó ensimismada mientras la observaba, pues el tenerla era sinónimo de recordarlo a él.

Y entonces, sintió instalársele en el corazón la pizca de un añejo sentimiento y recuerdos olvidados...

•.O

FLASHBACK...

...

"-Esta fue la cadena de mariposa sobre la que me hablaste -mencionó él estirando los dedos para ver más cerca el dije.

-Ah... si -afirmó en un principio confundida -. ¡Enserio te recordaste! -una gran sonrisa se le instaló en los labios al reaccionar. Un casi audible "si…" escuchó que salía de la boca de él –. Eso significa que si lees los mensajes, yo creí que no lo hacias -mencionó incrédula a lo que Albert le hizo una mueca ofendido -. Enserio estuve muy emocionada cuando mi hermano me la dio -recalcó otra vez cautivada al memorar los mensajes con él aquella noche.

El joven sonrió de lado al escucharla, había extrañado muchísimo su voz melodiosa y gestos expresivos. Mientras que Candy, en lo que único que pensaba era en que no debería estar allí, no sabía cómo comportarse o qué decirle.

Al instante ambos se quedaron callados.

-¿Qué pasa si la halo? -preguntó él con ojos traviesos mientras lo tensaba con su mano. Ella enseguida puso la suya sobre la de él de manera firme.

-¡La vas a romper! -exclamó asustada ante la idea, era su cadena favorita y recién la había recuperado después de años.

-Te compro otra y ya -encogió los hombros de manera simplona.

-¿Ah si…? -casi enseguida se le encresparon los ojos -. Tal como lo hiciste con el trasto que me quebraste y el helado que me habías prometido comprarme desde hace meses -respondió ella con mirada desafiante.

-Ya nunca lo hice, ¿verdad? – y entonces, soltó la cadena al tiempo que reía.

-No, ya no -lo encaró con un toque de indignación.

Ya había aprendido a conocerlo.

Al calmar la risa, nuevamente Albert se fijó en como ella relajaba el rostro viendo distraía el cielo y sin poder evitarlo, la atrajo con sus brazos a su pecho. Al ver sus ojos asustados primero y luego serios junto a lo que le respondió, le causó ternura. No era el lugar y tampoco debía, pero el miedo de haberla herido la noche de su cumpleaños sumado a los mensajes durante las vacaciones y multiplicado a lo mucho que la había extraño durante casi el mes pasado provocó en él la necesidad de no querer perderla o al menos el que ella ya no quisiera volver hablarle.

Solo no quería que ella comenzara a evitarlo…"

•.O

FIN DE FLASHBACK...

...

Ese hubiera sido el momento perfecto para alejarse de él, reflexionó al instante.

Ojalá hubiera tenido el coraje suficiente aquella tarde para no regresar por el camino donde se encontraba la casa de él, recordó que Albert lo había intuido cuando le preguntó el por qué no la había visto pasar de camino a la heladería, ya que él se encontraba trabajando afuera.

Así había sido desde ese entonces, ella tomaba la iniciativa de evitarlo porque sabía que le hacía daño, pero siempre falló porque lo quería y creía en la ilusión de que algún día llegarían a estar juntos.

En verdad había sido una tonta…

La cadena se le resbaló y cayó, y entonces le prestó atención a lo demás que se encontraba dentro de la caja. Inspiró hondamente al tiempo que apretaba los labios. Advirtió en su mente como los recuerdos comenzaron a lloverle como si de un diluvio se tratara y, con manos indecisas sacó el suéter azul que Albert le había regalado, pasó sus largos y finos dedos por la tela de lana y estiró los labios en un gesto melancólico. En realidad, ya era un suéter viejo cuando él se lo había regalado, lo cual sucedió una tarde de esas cuando ella solía ir a su casa y se quedaba hasta la caída del Sol y solo entonces no podía evitar temblar de frío.

•.o

FLASHBACK...

...

"Candy se encontraba a dos metros de distancia como era ya la costumbre de ella, en silencio le entretenía el ver como Albert trabajaba. No le molestaba el no hablar mientras lo tuviera cerca. Para esa ocasión era un cuadro grande lo que estaba creando para la ventana de una casa, desvió la mirada hacia el cielo, ¡Era un atardecer precioso! con los colores rosado, anaranjado y violeta en varios tonos, combinados y regados en degradación sobre ese gran lienzo celeste llamado cielo. No se dio cuenta en que momento Albert se paró tras de ella.

-¡¿Qué miras?! -le susurró al oído por la espalda logrando un sobresalto de susto en ella. Albert comenzó reír a lo que ella lo empujó,

-El cielo -respondió nerviosa señalando hacia arriba con el dedo -. Esta muy lindo, la forma en como los colores están...

Albert recostó su cuerpo en el capó de su viejo carro y detalló en los colores que iban y venian a lo largo del cielo.

-¿Te gustan los atardeceres?

Feliz, Candy le hizo varios asentimientos de cabeza, relajó el rostro mientras la veía y luego continuó mirando el atardecer del cielo.

-Si..., está muy bonito... -. Observó algunos minutos más y regresó a su trabajo.

Ella lo siguió con la vista, estaba muy feliz de poder estar esa tarde junto él ya que llevaban más de una semana no compartir de ese modo. De hecho, ella no había querido hablarle luego de los mensajes de la semana pasada, la habían dejado demasiado triste por la manera tan cruel en la que él le había respondido... y ya que a él no le había importado, para qué iba a buscarlo ella.

Pero, esa tarde parecia dar tregua e intertar olvidarlo, porque a ambos se les notaba el semblante de felicidad... Era como siempre entre ellos, tranquilamente efímero y amartelado. La joven respiró profundo y decidió no tomárselo tan enserio.

¡Plim…! Resonó el metal del imán cuando cayó de la esquina donde estaba puesta. Candy regresó la mirada y al darse cuenta que él estaba ocupado con la otra esquina decidió irle a levantar el imán que era más grande que su propia mano.

Oh, oh… ¡error!

-Gracias -dijo el muchacho cuando tuvo el imán entre sus manos.

Candy solo meneó la cabeza de arriba hacia abajo, en ese momento de lo único que consciente era del mayor bochorno que le estaba a punto de pasar. Solo de imaginar en el cómo se lo diría sintió todas la emociones subirle al rostro...

-¿Qué te pasa? -le preguntó Albert al percatarse que ella no se movia ya que él debía seguir trabajando.

-Es que... -lo miró unos segundos con vergüenza, rápidamente desvió el rostro y comenzó a reir al instante.

Okey... pensó Albert, levantó una ceja como hacía siempre cuando no la entendía y fue en aquel momento que Candy levantó su sandalia. Se le había reventado cuando se agachó para recoger el imán.

Él lo miró con ojos sorprendidos, agachó la mirada y se fijó en el pie delgado y pequeñito de ella descalzo sobre pavimento. Ahora entendió su risa, no era de alegria; sino de vergüenza.

-Y..., ¿Cómo te vas a ir a tú casa? -le preguntó al cabo de un rato quitándole la sandalia.

-Descalza -respondió sin ningún tipo de pudor, ya se le había pasado el sonrojo -. Así que ya me voy.

Una media sonrisa se le dibujó en los labios a él ante la idea ocurrente de verla caminar descalza, le pareció gracioso y pensó que esa era una de las varias cosas que le gustaba de Candy; el que a pesar de ser delicada mantenía la compustura ante situaciones humillantes que para la mayoría de mujeres sería el dejar de existir.

-Voy a ver si lo mandó a arreglar después -mencionó ella quitándose la otra sandalia.

Albert escudriño la sandalia, hizo a un lado la parte del centro que unía ambos lados y metió el dedo en el agujero tirando de el hacia afuera.

-¡Lo abriste más! -chilló Candy al darse cuenta que había despegado la plantilla de la suela. Hizo un amago por quitarsela, pero el joven se hizo de lado para impedirselo.

-Esperame -dijo y entró al cuarto de trabajo. A los minutos salió con un bote de metal y algo que parecía ser una especie de prensador.

Ella observó como se sentaba en la baqueta y entendió lo que iba a hacer... sintió afecto.

-Te lo voy a arreglar como compensación por recogerme el imán -la miró y sonrió al verle la cara seria por el chiste.

-No tienes por qué hacerlo si es por eso -se apróximo para quitarselo nuevamente, pero él no volvió a permitirlo.

-Deja, ya lo arreglo.

Ella levantó los hombros y lo dejó allí. Dandole la espalda entró en cuenta que estaba descalza de ambos pies, dio unos cuantos pasos hacia adelante y luego hacia atrás, se sentía bien raro... Sonrió, no recordaba si luego de pasar los cinco años de edad había estado descalza alguna vez, pero lo que si recordaba es que nunca la dejaban estarlo.

Se sentía muy bien, era una sensación refrescante.

-Candy ven aquí -escuchó la voz de Albert -. Parate lo más fuerte que puedas sobre la sandalia, yo intente prensarlo con aquello, pero creo que es bastante presión porque le va a dajar marca... -se lo enseñó y le sonrió un tanto apenado, no había sido su intención dejarselo de ese modo.

Ella no le dijo nada, le devolvió la sonrisa e hizo como él le pidió.

-¿Cuánto tiempo debo estar así?

-Como unos veinte minutos... -respondió mientras cerraba el bote.

-Pero ya es tarde y ya me tengo que ir... -dijo preocupada, ya se había quedado mucho tiempo. Su papá igual no estaba en casa, pero tampoco debía abusar de la ocasión -. Mejor me voy descalza y allá veo que le dejo encima.

-¿Segura te vas descalza? -vio el rostro firme de ella .- No, mejor quedate aquí, ¿Qué son solo veinte minutos?, además, ya te quedaste aquí toda la tarde.

-Nadie se va dar cuenta que no tengo zapatos.

-Créeme, aquí la gente se da cuenta de tooodo... -Candy entornó los ojos porque sabía que él tenía razón -. Son solo veinte minutos, quedate.

Era una causa perdida, se mantuvo allí sobre la sandalia intentando echar la mayor parte de su peso, no obstante al quedarse quieta en un solo lugar percibió el viento frío rozándole la piel. Se pasó las manos por los antebrazos para calentárselos.

-¿Quieres un suéter? -le ofreció Albert al notarla y como no era la primera vez que le prestaba uno, Candy se lo aceptó -. Creo que tengo uno pequeño... -comentó al tiempo que se alejaba para entrar a la casa -. No te vayas a ir.

Pues no podía moverse, estaba sentenciada a quedarse allí por veinte minutos, pensó con sarcasmo. Pasado un rato meditó con dulzura en lo casi increíble que Albert fuera asi con ella, no aparentaba ser ese tipo de muchacho, por ese corazón de piedra que él decía tener.

-¿Creo que este te queda? -dijo el muchacho al regresar, pues más que una pregunta su tono sonó a seguridad.

Le tendió el suéter y ella lo recibió, se lo puso enseguida y para su sorpresa en verdad le quedaba. No era como el otro azul que le había prestado y le había quedado enorme de torso y brazos.

-Gracias.

-De nada, ¿si te queda? -examinó la prenda en ella para comprobarlo y sonrió satisfecho.

Lo cierto es que sintió hichado el pecho, el que Candy tuviera una prenda de él puesta de cierto modo le provocaba un placer por ser el único con derecho a comportarse de ese modo con ella. Se dirigió de nuevo al cuarto de trabajo y sacó un banco, lo colocó justo por detrás de ella para que se sentara. Se dejó caer a un lado de ella sobre la banqueta y como Candy no tenía el pie sobre el punto exacto para que se pegara la sandalia se lo compuso. Desde el primer día había sentido curiosidad y ternura por los pies pequeños y delgados de ella, eran del tamaño de una cuarta de la mano de él. Si en algún momento le tocará comprarle zapatos definitivamente no tendría problemas...

Tragó en seco, se estaba adelantando mucho en sus pensamientos. Eso era algo imposible de pasar entre ellos por su situación sentimental... Sintió un ligero pinchazo en el corazón y decidió distraerse con algo más.

-Quita tus dedos de allí -le pidió Candy haciéndole la mano a un lado.

-Es que se nota la licra -mencionó Albert sonriéndo travieso mientras seguia deslizando sus dedos por el borde de la pantaloneta que se dejaba ver a través de la tela del vestido de ella -a la próxima no te pongas un vestido con el que se te mire un poco más - le levantó las cejas insinuante -. ¿Qué pasa si los muevo más hacia arriba?

Ella lo miró horrorizada: -. No creo que lo hagas..., ¿o si?

Él solamente levantó los hombros mientras le sonreia de manera pícara y de un manotazó Candy le quitó por completo la mano. Albert comenzó a reirse y decidió que lo mejor era sentarse un poco más lejos de ella para evitar cometer cualquier bobada estando en la calle.

-Creo que ya pasaron los veinte minutos -dijo Candy al rato. Él mirando el celular asintió -. Gracias por lo de la sandalia y por el suéter... ¿o te lo devuelvo mañana? -le preguntó ya que la noche había entrado más y con ello el frío.

-No, no... quédatelo -le dijo.

Ella se quedó pasmada algunos minutos, ¿Escuchó bien?.

-¿Me lo regalas entonces? -mencionó al salir de su asombro, su voz era suave y melodiosa -, ¿ya no te va a servir? -y sin darse cuenta comenzó a pasar sus dedos de manera delicada por el cabello rubio cenizo de él, en un intento por acariciarselo.

Para Albert ese ya se había convertido en un gesto habitual de ella, lo disfrutaba mucho cuando lo hacia.

-No, ya no me queda -le dijo viéndola -. Te lo regalo

-Gracias... Está muy cómodo"

•.O

FIN DE FLASHBACK...

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Cuando recién había pasado lo que pasó entre ellos no se había querido deshacer de el, no podía dejarlo ir tan luego y, aunque lo más lógico hubiera sido regarlarlo o tirarlo, incluso devolverselo de haber sido posible... Tal y como había hecho anteriormente con todas aquellas cosas de las personas de quienes se tuvo que separar por uno u otro motivo, sin embargo simplemente con él no pudo.

Quizás porque todo había terminado inesperadamente y ella en aquel entonces no estaba en su mejor momento para reaccionar como se debía... O a decir verdad, no hubiera querido hacerlo.

Aún cuando ese amor ya no era para ella, porque no volvería.

Mas lo que le hubo impedido hacerlo fue el creer que cuando se lo regaló aquella noche fue con su cariño sincero. Cuando lo que compartian ellos no se había vuelto aún en un tormento de mentiras y celos para ella...

Al instante recordó la noche en la que lloró con total abandono en la sala de su casa, dos semanas habían pasado de la separación y era necesario que ella empezara a asimilarlo para dejarlo ir. Recordaba a la perfección el vacio enorme que inundó su corazón mientras se aferraba al suéter que ahora sostenía entre sus manos. Una mirada melancólica se reflejó en su rostro. Había sido una experiencia muy dolorosa, pero necesaria... Esa y otras noches más en las que sus lágrimas habían sido sus compañeras, sus confidentes entre el nudo de su corazón y mente, porque claro; ¿cómo haces para calmar a tú corazón sin lastimarlo con la verdad de tus pensamientos?

Su hermana Annie solía decirle que era bueno llorar cada vez que sintiera ahogarse en el dolor. La idea no le había gustado en absoluto al principio, pero esa fue la única manera de liberarse, soltar y olvidar.

•.O

FLASH BACK...

...

Candy se encontraba nerviosa, se miró una vez más en el espejo y salió corriendo hacia la mesa de la sala. Una vez allí agarró el crayón celeste y comenzó a pintarle todo el borde a la hoja blaca, luego tomó el rapidográfo y con suma delicadeza escribió lo único que se le vino a la mente "Albert...", siempre le había gustado mucho el nombre de él. Lo miró algo dudosa, pues por un momento quiso escribirle algo más; no obstante, al minuto rechazó la idea ya que no se atrevía. Como la hoja se miraba aún bastante pálida repasó el nombre con crayón verde, sonrió satisfecha; ahora la tarjeta iba decorada con el color favorito de ambos. Luego de eso, pegó el trozo de papel sobre la caja de donitas que le había comprado, desde luego también la hubo decorado para que se viera mejor... Se mordió el labio inferior inquieta, ojalá le gustara.

Tomó el celular y al darse cuenta de la hora se apresuró a escribir el mensaje "¿Aun puedes...?, Albert" a los dos minutos vibró su celular con la respuesta que ella deseaba leer "Si".

No había tiempo que perder.

Salió de la casa, puso doble llave a la puerta y colocó el trapo húmedo sobre la chapa. Comenzó a caminar en dirección a la casa de Albert, esa tarde había decidido ponerse un vestido azul, la parte del torso y pecho era una especie de tela de lona, solo que más delgada y suave, toda la falda estaba hecha de encaje y por debajo seda de pongee. No lo consideraba atrevido ya que le llegaba hasta la rodilla y ya que Albert nunca la había visto con alguno puesto decidió que se vestiría así. Llevaba su cabello rizado suelto y lo combinó con unas zapatillas grises de tela.

El corazón le retumbaba por dentro mientras sentía un nudo en la boca del estómago, la gente que pasaba la saludaba y miraban con sorpresa, quizás por el vestido. Al estar cerca de la casa de él vislumbró a ver la base de metal que siempre utilizaba para sus trabajos, por lo que se aproximó con cautela; en caso de no estar saldría corriendo de regreso para no ser vista por nadie. Sin embargo, al dar dos pasos más lo vio.

Albert también la vio enseguida, sus ojos se abrieron casi imperceptiblemente al tiempo que sus labios se entreabrian. Fue tan solo por algunos segundos ya que luego recompuso su semblante. La joven no le prestó atención, pues se encontraba más enfoncada en no dejar que los nervios la hicieran actuar puras sandeces .

-Hola

-Hola... -Albert levantó la mirada hacia ella y luego la bajo hasta sus pequeños pies -Solo vestidos, pues -bromeó junto a una sonrisa de alegria.

-Es que ya estaba cansada de los pantalones, pantalonetas, blusas, camisetas y tenis... -respondió con la misma sonrisa.

Albert se levantó y se le acercó para darle un beso en la mejilla.

-¿Qué es eso? -preguntó al notar las cosas que traía.

-Es una botella de agua... -enarcó una ceja -. Pasa que a la puerta de la casa cuando le pega por mucho tiempo el calor del Sol cuesta abrirla, entonces hay que colocar un trapo húmedo para poder entrar después.

-Ah...

-Ajá.

-¿Y eso de allí? -señaló la bolsa negra.

Candy abrió la boca en una exclamación y rápidamente volvió a cerrarla.

-Es para ti -mencionó antes de que los nervios la traicionaran y no quisiera dárselo, por lo que estiró la mano para que él lo tomara.

-Gracias... -dijo sin esperarlo.

Candy sonrió con desasosiego y agradeció el hecho de que Albert no lo destapara frente a ella. Hubiera muerto de un ataque a sus nervios.

El joven lo vio con interés, lo colocó bajo su brazo y le hizo a un lado uno de sus rizos con delicadeza ya que Candy miraba hacia abajo. Se río de forma suave en cuanto levantó su rostro sonrojado por las mejillas.

-Venite a sentar por aquí -mencionó caminando hacia una fila de tablas que hacían función de banca.

Candy lo siguió en silencio y se sentó a varios centímetros lejos de él. No habló ya que Albert miraba su teléfono.

-¿Qué tienes en la boca? -preguntó al notar que saboreaba algo por dentro.

-Un dulce.

-¿Está rico?, ¿de qué es?

-Es de sandía, y sí, esta rico.

-¿No me quieres dar a probar?

Entonces, la joven que hasta ahora había estado viendo distraída las nubes lo miró con estupor.

-Pero está en mi boca... -mencionó como si él no lo hubiera ya notado.

-¿Y...?, dame -dijo seguro al tiempo que abría más los ojos con ansia.

La muchacha hizo una mueca de negación y sin embargo, terminó por dárselo. No del modo en como Albert lo esperaba, mas bien se lo sacó de la boca con los dedos y se los ofreció con una sonrisa. Ella esparaba a que lo recibiera del mismo modo, pero tampoco fue así. Si no, todo lo contrario, acercó sus labios para tomarlo entre ellos. Con su lengua rozó uno de los dedos de la muchacha, lo que provocó otro gran sonrojo en ella y una carcajada en él.

Candy era única.

Luego de eso, siguió viendo su teléfono y Candy se enfocó en el vestido que estaba colgado. Era de falda roja tallado por la cintura y el torso era blanco con puntos negros, pensó en su hermana Annie a quién le encaban las prendas con puntos.

-¿Ese vestido es de tú mamá? -preguntó viendo de reojo al joven.

-Si -lo miró apenas.

-Está muy bonito -reconoció sin quitarle la vista.

Albert dejó un instante el teléfono y reparó aún más en ella, en el vestido azul que llevaba puesto y en lo lindo que se le miraba.

-El tuyo también está muy bonito -y siguió en el teléfono.

Ella lo miró complacida y asombrada por su alago -. Gracias...

Siguió viendo al cielo, por breves segundos lo observaba y no pasaba por alto que miraba hacia ambos lados de la calle. A abrir sus labios para hacerle otra pregunta iba, cuando de repente sintió los de él sobre los suyos, un pequeño quejido de sorpresa salió de la boca de ella y fue cuando Albert aprovechó para pasarle el dulce de la forma más vehemente. Alejó sus labios de ella, no sin antes darle otro pequeño beso.

-Ahora devuélvemelo del mismo modo -la invitó viendola directo a los ojos.

Ella sonrió de manera tonta mientras meneaba la cabeza de un lado a otro en señal de negación y lo sacó nuevamente de su boca con los dedos. Albert le hizo un gesto de desilusión y lo aceptó otra vez del mismo modo.

-¿Tienes más dulces? -le preguntó, ya que el que tenía se estaba por terminar.

-No, solo traje ese.

-Ven, vamos a comprar más -se levantó y revisó las bolsas de su pantalón -. Espérame, voy a traer dinero.

Se entró y Candy se quedó esperándolo allí sentada, debía admitir que ese beso le había gustado más que el primero; talvez porque lo sintió más... Casi enseguida el joven salió y echó de ver que ya no traía el regalo.

-Ven -dijo tomándola de la mano.

Fueron y vinieron casi sin cruzar una palabra, no sentían la necesidad de decir nada cuando entendían lo que les pasaba. De regreso pasaron frente al reflejo de una ventana, Candy observó la silueta de ambos, un toqué de anhelo se le instaló, esperaba que lo fueran pronto...

-Sentate aquí -se quedó un momento pensando -. No, sabes qué, acompañame.

Fue por unas llaves y abrió una de las puertas de la casa, entró él primero y voltió la mirada para hacerle una seña de que lo siguiera. Candy lo dudó un montón, no era que fuera una niña completamente y no supiera lo que podía pasar allí adentro entre ellos. Pero... estar a solas con un hombre no era su mayor deseo después de lo sucedido cuando fue una adolescente. No queria volver a pasar por lo mismo...

Sin embargo, trató de mantener la calma y se dijo que iba a confiar en que Albert no fuera a ser así.

Entró con cautela y sin que nadie de afuera la viera, ya que no quería provocar murmuraciones en la colonia. Consigo entró también un perro de la calle y como Albert parecía concentrado en buscar algo, ella se dedicó mejor en ver y calmar su agitado corazón. Luego de unos segundos el muchacho dejó de buscar y al percartarse del animal lo fue a sacar. Se quedó un rato allí frente a la puerta, parecía estar pensado, como si meditara en algo... y lo decidió.

Cerró la puerta.

Candy tragó en seco, ya que al girarse lo miró con ojos entre expectantes y temerosos. Él no podía ser así...

Albert se aproximó con cuidado, en sus ojos se podía notar el anhelo de estar junto a ella. Una vez cerca la envolvió entre sus brazos, bajo su cabeza y entreabrió sus labios para besarla, en cuanto lo hizo los separó ya que las cosas que Candy traía le estorbaban. Se las quitó grácilmente para colocarlas sobre una mesa y al asegurarse que ya no tenía nada volvió a acercarse, sólo que está vez la tomó antes por la cintura con un brazo mientras que el otro lo posó por su espalda. Hizo un último movimiento para acercarla a su cuerpo lo más que se podía y finalmente la besó.

El movimiento de sus labios era tan profundo y delicado al mismo tiempo. Candy sólo podía sentir como tomaba su labio superior con dulzura y arrebato para luego hacer lo mismo con el inferior. Sentía también como sus manos acariaban su cintura y después subian con vehemencia por su espalda hasta sus brazos, los cuales haló para que los enroscara alrededor de su cuello mientras la juntaba más a su cuerpo y hondeaba más el beso. Abrió los ojos y pudo notar como los él estaban cerrados, complacidos de ese momento. Casi al instante sintió también su lengua impetuosa adentrarse a su boca, fue consciente de cada movimiento furtivo y cálido, como si de un ladrón dispuesto a saquear todo lo que pudiera de una casa se tratara. Sin esperarselo por su mente pasaron los recuerdos de otras manos y otros labios. Cerró los ojos con fuerza e intentó hacer de lado el pánico que comenzaba a sentir. Decidió que lo mejor era disfrutar de aquel beso, de ese beso que tanto había ansiado recibir de él y confiando en que no pasaría de allí.

Albert se lo estaba tomando con calma, cada flexión era muy despacio y con intensidad, pues estaban solos en el cuarto sin nadie que los viera. Podía sentir la rigidez de ella, el palpitar fuerte de su corazón y el comenzar de algo más... No obstante, sería un caballero con Candy, ella merecía un beso sin intenciones ocultas; a no ser que ella lo quisiera así; pero de lo contrario, se mentalizó el solo dedicarse a besarla.

Lo cual estaba haciendo y disfrutando como nunca lo llegó a imaginar en su vida.

Se sentía tan bien, pensó incrédulo de ese momento. Su boca y sus labios eran tan dulces y suaves que no podía evitar el deseo de querer robar cada suspiro y descubrir todo lo que de ella pudiera sustraer. Era simplemente maravilloso...

Dejó deslizar sus manos hasta los hombros de ella y separó sus labios para soltar aire. Enseguida, una sonrisa tonta asomó a sus labios y volvió a besarla, la envolvió de modo que su cabeza quedara recostada en su antabrazo y deseó el poder quedarse así con ella siempre.

Nunca de los nunca se imagino que en algún instante de lo que llevaba de vida pudiera estar así con Candy, la joven a la conocía desde que era una niña, a la que le gastó muchas bromas en su adolescencia con qué llegarían a ser novios algún día y por la que ahora sentía como su corazón volvía a renacer ese destello de calor llamado amor...

...

FIN DE FLASHBACK...

•.O

Abrió los ojos, las lágrimas hacía mucho que habían dejado de aparecer, pero aún con el tiempo trascurrido era sorprenderte el como con tan sólo recordar la mente era capaz de revivir las sensaciones, era como leyó una vez por allí: "Recordar es volver a vivir..." y vaya que lo era, siempre lo había creído, al igual el que cada quien escogía quedarse con la parte buena de las personas que alguna vez formaron parte de tú vida.

El futuro había sido tan incierto para ellos dos en aquel lejado momento, ninguno se hubiera esperado el dolor que se provocaban a medida que pasaban los meses, pues estaban viviendo la mentira más que real que pudo haber existido entre ellos durante ese primer año de pandemia. Ella no supo controlar el miedo y él no sabía como volver a confiar, eran como dos corazones partidos intentando encontrarse en la persona equivocada o al menos era una parte de lo que creia Candy, pues muchas veces reflexionó en que si Albert le hubiera dado seguridad ella no se habría alejado más y más. Las tardes soleadas dejaron de resplandercer poco a poco, las noches perdieron su cómplicidad y los recuerdos se fueron quedando atrás.

No obstante y después de todo, nunca pudo odiar a Albert, porque llegó justo para el momento que ella más lo iba a necesitar, justo para la ocasión en el que sentía volverse presa de la soledad que amenazaba con rodearla y justo para el instante de hacerla recordar qué era vivir de nuevo... por él sus miedos iban a verse a prueba y la necesidad de nuevos sentimientos y sueños iban verse rebosantes por luchar y salir a flote en su vida.

Definitavemente él había marcado un antes y un después en ella.

Aún cuando le faltó tanto por hablarle y amor para demostrarle se fue para el momento exacto en el cual ella iba a tener que estar lista para comenzar a encontrarse. Eso fue lo verdaderamente doloroso, porque por más que ella hubiera querido regresar a él, ya no podía. Nunca supo tampoco por qué finalmente la abandonó, pero comprendió que si alguien se aleja de ti y se va para el lado izquierdo, no te queda otra opción que irte para el lado opuesto, sin importar cuanto sufras por quererlo o que tan perdida quedes...

A lo mejor el destino desde mucho antes ya tenía trazado que sus caminos se cruzaran solo para aquella primera temporada difícil a nivel mundial. El reloj había terminado y un año hubo sido el plazo de tiempo estipulado para ellos, un año en el que se robaron la realidad que terminó por separarlos...

-Candy, ¿estás aquí?

Ella levantó la mirada abruptamente y se le quedó viendo a la figura varonil que estaba frente a ella.

-¿Estás bien...? -Allan se acercó a ella y se inclinó para observarla mejor. Acarició una de sus mejillas con ternura -. Perdida en lo recuerdos cielo...

-Eh... -Candy salió de su estupor y una gran sonrisa salió de su boca -. Sólo un poco... -sonrió apenada y luego levantó la mano donde tenía la cadena -¿le quedará líndisima, no?

Allan le hizo un asentimiento de cabeza, conocía a Candy desde hace algunos años y comprendía mucho de ella. No le molestaba, porque era parte del pasado de ella.

Ahora fue el turno de la joven para acariciarle una mejilla. Lo miró a los ojos y le sonrió con dulzura.

Aunque le costó aceptarlo por mucho tiempo, reconoció que habían amores que no regresaban. Había muy difícil y soltar para olvidar fue parte del proceso. Con Allan tenían unos pocos meses de estar juntos y la verdad estaba muy felíz a su lado. No era en lo más mínimo parecido a Albert, pero estaba aprendiendo a querer y confiar nuevamente. Estaba comenzando una nueva historia con total seguridad.

Siempre una parte de su corazón le pertenecería a Albert, y rogaba que donde sea que estuviera se encontrara bien, porque desde hace mucho que ya no había vuelto a verle tampoco.

Candy y Allan bajaron luego de un rato, la muchacha había vuelto a colocar la caja donde estaba y junto con ella se despidió de los últimos recuerdos que aun atesoraba su interior. Ella había llegado tarde a la vida de él y el tiempo era algo que no se podía regresar. Lo único que quedaba era seguir hacia adelante y luchar por los sueños.

La vida daba tantas vueltas que detrás de cada esquina nadie podía dar por hecho lo que pasaría, muchos iban y venía y Candy aún tenía muchas sorpresas con las cuales reencontrarse, pero eso ya lo sabría hasta después...

Mientras tanto, seguiría como hasta ahora se había propuesto en su corazón y quizás para la próxima ocasión no seria tarde para los dos...

•.O •.O

...

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Notas de autor:

Este un escrito muy especial para mí y quise plasmarlo con palabras, no tiene un final definitivo y tal vez en algún momento me decida a escribirla desde el principio. Ah sido un año con varios encantos y desencantos para muchos en el mundo y creo que no hay nadie que aprecie más que nunca la vida y a los seres que aún están a nuestro lado, pero creo que también ahora somos más humanos de lo que erámos hace dos años.

Sinceramente espero que cada una de ustedes se encuentre bien o que este luchando por estarlo, disculpen las faltas ortográficas y de antemano muchas gracias por si lo leíste o si lo comentas, será agradable leerlas nuevamente.

Un abrazo a la distancia, Valery :)

.o Mj: Esto en parte es algo que te debo a ti.