Capítulo 2
Despertar
Extendió sus alas, disfrutando de la sensación al sentir la brisa en sus escamas, aumentando la velocidad, maniobrando entres las nubes jugando a esquivarlas, realizando giros y piruetas.
Con el sol en su punto más alto se detuvo en la punta de un risco, plegó sus alas en su espalda. Su mirada se perdió en el apacible oleaje, un pez saltó cerca de la orilla, lamió sus labios saboreándolo, extendió las alas y se lanzó en busca de ese delicioso bocadillo.
Antes de sumergirse pudo observar una barca siendo agitada suavemente por el mar.
La curiosidad fue más grande que su hambre, por lo cual atrapó dos peces que engulló de un solo bocado y se acercó con cautela al objeto de madera, olor a sangre fue lo primero que su olfato pudo percibir junto al del inconfundible olor de copula, una mueca de asco apareció en su rostro, dio media vuelta dispuesto a dejar su curiosidad de lado y continuar con su almuerzo, el débil gemido de dolor proveniente de la barca lo detuvo.
Se debatió internamente por un instante, giró sobre su eje y posó sus patas sobre la madera. El aroma dulce que tímidamente se asomaba entre todo el hedor, le confirmo que se trataba de un omega humano.
Los humanos no eran las criaturas que fueran totalmente de su agrado, muchos de ellos habían contribuido a que su especie se viera considerablemente reducida con el paso de los años. Solos eran inofensivos, incomparables a la fuerza y habilidades de su especie, pero en grupo eran un fuerte dolor en el trasero junto a sus tontos inventos usados para causar destrucción.
Este omega estaba solo, con dar un vistazo se veía que no era ni sería una amenaza considerable, sumando a eso que estaba atado de manos y pies, posiblemente inconsciente. Mirando más detalladamente el frágil cuerpo del omega humano sintió pena y lastima por él.
Cambió de forma y acercó su mano a la fría mejilla acariciándola delicadamente con el temor de lastimarlo aún más. El chico abrió lentamente los ojos y lo sintió temblar ante su toque.
-Mi nombre es Toothless- murmuró tratando lo más posible de no asustarlo- no tengas miedo omega, yo cuidaré de ti.
No podía entender porque había dicho tal cosa pero su corazón se encogía al pensar en dejarlo a su suerte, si hubiera sido otro de su misma especie lo más probable que hubiera hecho seria: matarlo.
El alfa frotó los cabellos castaños del omega para tranquilizarlo, no le agradaba el olor a miedo que desprendía porque solo hacia aumentar más las grandes ganas de vomitar que tenía. Su otra mano paseó hasta llegar a la mordaza que cubría la boca del chico y la deslizó con lentitud dejándola libre, viendo más tranquilo al humano, dirigió sus manos para desatar las cuerdas que ataban el frágil y delicado cuerpo, una vez finalizada su tarea el pelinegro lo tomó entre sus brazos.
El pequeño omega tembló ligeramente por lo que Toothless se sorprendió cuando este se aferró a sus ropajes, el pelinegro lo examinó con la mirada, la piel blanquecina estaba cubierta de múltiples moretones y rasguños, sus labios de un hermoso rosa tenían una herida. Una imagen devastadora.
El calor que emergía del alfa y el cansancio de su cuerpo hizo que Hiccup fuera cerrando los ojos lentamente.
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Hiccup despertó de repente, en sus sueños rememoraba los acontecimientos con los alfas, sentía su peso sobre su pequeño cuerpo, el dolor a ser sometido y tomado con violencia. Escuchaba gruñidos de placer por parte de ellos y sus propios gritos de auxilio.
Se levantó bruscamente intentando espantar las horribles imágenes más término arrepintiéndose al instante al sentir todo su cuerpo adolorido, miró alrededor, estaba en una cueva completamente desnudo y solo unas pieles de animales cubriéndolo. A su lado los últimos leños de una fogata ardían tenuemente.
Talló sus ojos quitando vestigios de su sueño, detalló su cuerpo, agradecía a los dioses por ya no tener el asqueroso aroma de sus atacantes y el nauseabundo olor de la sangre impregnado en su piel. Los cardenales adornaban su cuerpo con diversas formas distribuidas por todas sus extremidades.
Llevó una mano a su nuca y lloró, ahogó sus sollozos mordiendo el dorso de su mano.
Nunca había odiado del todo ser omega, era verdad que no eran los más fuertes o los más intimidantes y que eran muy sumisos además de asustadizos, pero ser omega tenia puntos positivos, como ser más astutos e inteligentes que los alfas, realizar diversas tareas que ellos no, poder dar a luz a cría y el saber que esas pequeñas criaturas crecieron dentro de ellos y compartían un fuerte lazo era algo increíble, era una lástima y muy decepcionante que no todos los de su aldea pensaran así.
Nacer omega en Berk era lo peor que le podía suceder a una persona, las familias con hijos omegas se lamentaban y lo tomaban como una maldición, el omega en cuestión sufría desde pequeño, viviendo el desprecio de su familia y su pueblo, siendo tratado como un objeto fértil para la procreación de nuevas crías sin tomar su opinión en cuenta.
Hiccup que por su parte nació siendo omega podría decirse que nació con "mucha suerte" ,ser hijo del jefe de la tribu de Berk le había asegurado por unos cuantos años el no ser herido físicamente, las burlas e insultos eran el pan de cada dia y nunca podían faltar las miradas de desprecio. se había resignado desde pequeño a vivir como un omega que no era querido por su aldea, un omega que había herido el orgullo de su padre. Un alfa imponente, poderoso y fuerte: el jefe de la aldea.
Sentía asco de sí mismo, la poca dignidad y el poco cariño que se tenía así mismo había sido destruido y pisoteado, su cuerpo había sido ultrajado y tocado por extraños. Le alegraba un poco el saber que al menos no había sido marcado, su vida se hubiera vuelto aun peor al estar unido a un alfa, esos alfas cabeza hueca que solo deseaban matar y presumir músculos, era bueno que todos lo odiaran y sintieran vergüenza de él, tanto que ni un alfa deseara marcarlo.
Más calmado limpió las lágrimas que humedecían sus mejillas y dejando de lado su autocompasión, levantó la vista hasta la entrada de la cueva.
Hiccup ahogó un grito de terror y se aplastó –ignorando el agudo dolor- contra la paren tratando de fundirse con ella cuando vio a un dragón de escamas negras entrar a la cueva, lo miro boquiabierto, sorprendido. Era la primera vez que veía a uno de ellos tan de cerca.
Unas criaturas esplendidas, maravillosas pero en extremo peligrosas tenían un temperamento terrible. Su tribu era constantemente asediada por ellos, robaban la comida y destruían todo a su paso. Muchos vikingo habían muerto en garras de esas bestias.
Se mantuvo completamente quieto, se alegró al estar entre las sombras, posiblemente si permanecía como una estatua el dragón no se daría cuenta de él y en algún momento se marchara teniendo la oportunidad de escapar con vida. El dragón dio vueltas de un lado a otro enojado y gruñendo por momentos, duro unos minutos así hasta que finalmente se echó al suelo sin delicadeza alguna recostando la gran cabeza entre sus patas.
Hiccup salto en su lugar cuando las lagunas verdes miraron en su dirección, rezó para que el dragón no lo notara pero como siempre nadie oía sus plegarias. Y en ese momento el tonto dragón se levantó de su sitio y se acercó a él.
Tembló de forma ridícula, agradecía que nadie de su pueblo lo viera en esos momentos, lo más probable era que hubiera recibido burlas y su padre se avergonzara más de él.
El dragón estaba cerca a unos cuantos pasos de él, la mirada penetrante que le dirigía lo intimidaba, aun así hizo algo que su tribu consideraría completamente estúpido.
Cerrar los ojos y extender su mano.
21/10/2017
For-Ever of love: muchas gracias por tu comentario y me alegra que te haya gustado el primer capítulo, espero que este y los siguientes continúen siendo de tu agrado.
