La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Lamento mucho la demora, he tenido mucho trabajo esta semana. Gracias por leer y comentar, siempre es bueno saber sus opiniones.
CAPÍTULO 12
—Esto no está bien. Henry tiene que volver a la escuela, ha perdido demasiadas clases.
—Puedes volverte loca en el auto. No tenemos tiempo.
—Hablo en serio. Una de las dos tiene que ser la persona adulta y responsable, obviamente tú no puedes serlo.
—Razón por la cual estoy a cargo. —Terminé de cargar las maletas en el auto.
—Todo guardado en el auto, ma. —Henry caminó con tres almohadas en sus brazos y tres mantas sobre su cabeza.
—¿Por qué estás llevando todo eso? —Mi hijo y mi… y Regina, están locos.
—Ni siquiera sabemos a dónde vamos. Empaqué toallas limpias pero no creo que sea suficiente ¿cuántos días estaremos fuera?
—¿Empacaste toallas? ¿Quién lleva toallas cuando se va de viaje? Regina, no estamos yendo de paseo —aproveché que Henry ya estaba en el auto para poner un poco de orden dentro de la loca cabeza de su madre—, mis padres se volvieron locos y no tengo ni idea de lo que quieran hacer contigo. Así que deja de preocuparte a dónde vamos y preocúpate de salir de aquí cuanto antes. ¿Ok?
Respiré aliviada al ver a Regina subirse al auto al fin. Por suerte no era un secuestro real, porque ella saca de quicio a cualquiera.
—¿Iremos a Disney?
—Esto no es un paseo, chico.
—Pero podemos ir a Disney.
—No iremos a Disney.
—Que aburrido. Si vamos a ir a la playa tenemos que comprar ropa porque mamá y yo no trajimos ropa de playa.
Sin duda alguna, nuestro viaje fuera de Storybrook iba a ser interesante.
XXXSQXXX
Cruzar la línea de la ciudad fue bastante fácil, nadie perdió la memoria, ninguna Reina Malvada hizo su aparición, y las hadas no estuvieron allí para impedir nuestra huida y convertirnos en calabazas. Lo difícil ocurrió después de dos horas completas de conducir. Regina no dejaba de preguntar dónde iríamos, o qué haríamos con nuestras vidas de ahora en adelante.
—Necesito ir al baño. —Empezó Henry.
—Todos necesitamos ir al baño —Se quejó Regina, al igual que una adolescente malhumorada.
—La siguiente gasolinera está a quince minutos.
—No puedo aguantar todo ese tiempo, necesito ir al baño ahora. —Dijo Henry, brincando como un niño pequeño en el asiento trasero.
—No debiste haberte tomado todos esos refrescos.
—Quería mantenerme despierto.
—¿Qué vamos a hacer ahora? No podemos ir a una gasolinera cualquiera, son lugares horribles. —Se quejó Regina.
—Ok. Basta. —Detuve el auto a un lado de la carretera—. Debieron ir al baño antes de salir de casa, y si no quieren orinar en el baño de una gasolinera, van a bajarse y orinar aquí.
—¿Has perdido la cabeza? Estamos en mitad de la nada.
—No he perdido la cabeza, Regina, pero mi paciencia tiene un límite. —Dije enojada.
Regina y Henry compartieron miradas secretas, y durante los siguientes quince minutos no se movieron, ni quejaron, ni dijeron una sola palabra. Eso no era bueno.
Fui al baño, compré algunas provisiones y me senté a esperarlos. Quizá fui un poco dura con ellos, después del horrible día que habíamos tenido estuvo mal de mi parte perder la paciencia de esa manera, en especial porque ellos no están acostumbrados a movilizarse de un lado para otro.
Soy una idiota.
Regresaron al auto, los dos llevaban algunas galletas y refrescos. Se subieron en completo silencio, sentándose en sus respectivos asientos, se repartieron las mantas y las almohadas, y me entregaron una almohada a mí.
—No vamos a dormir aquí.
—Es para tu espalda, al menos estarás más cómoda. —Dijo Regina, sorprendentemente amable.
—Gracias. —Era incómodo pero no quería darles más razones para que sigan enojados conmigo—. Lamento haberme enojado.
—En realidad es mi culpa, supongo que estoy un poco tensa por toda esta situación. Prometo ser más colaborativa.
—Yo soy un niño, y en serio tenía que ir al baño, no puedo disculparme por eso.
Las dos sonreímos, mucho más aliviadas y dispuestas a continuar nuestro viaje hacia ninguna parte.
—¡Maldición!
—¿Qué?
—Olvidé mi computador. —Recordé mientras revisaba el GPS de mi auto.
—¿Lo dejaste en casa?
—No. En la estación. —No debí haberlo olvidado. Soy una idiota.
—No creo que nadie vaya a robarlo.
—Lo sé.
—¿Tienes algo en él demasiado privado?
Sí. Todas las grabaciones de audio de los micrófonos que puse en tu casa para espiarte, y que no me he tomado la molestia de revisar. ¿Qué pasa si alguien revisa mi computador y encuentra eso? No. No. Imposible. Mi clave es bastante difícil, y no creo que mis padres sepan usar ese programa.
—No hay nada importante —mentí—, pienso que pudo haber resultado útil.
XXXSQXXX
¿Dónde voy a llevarlos?
Observé a Regina durmiendo a mi lado, acurrucada con su manta y su almohada, casi lamenté tener que despertarla, pero era peor tener que verla a ella y a Henry durmiendo en mi auto, eso no es algo que quiero para ellos. Me sentía responsable.
—¿Qué pasa? —Preguntó adormilada—. ¿Ya llegamos?
—No. Tenemos que sacar dinero del cajero.
—Ok.
Se levantó perezosa, estremeciéndose al sentir el frío fuera del auto.
—Retira todo el efectivo que puedas, no vamos a volver a usar ninguna tarjeta después.
—Ok.
Le di un poco de privacidad y vigilé que nadie se nos acercara, no me gustaba para nada retirar dinero en mitad de la noche pero si esperábamos al amanecer mis padres podían darse cuenta de nuestra ausencia y hacer algo tonto como…
—Están bloqueadas. —Todo el sueño parecía haberse disipado de ella.
—¿A qué te refieres?
—Los idiotas de tus padres bloquearon mis tarjetas, ni siquiera sabía que ellos podían tener acceso a mis cuentas.
—Lo hicieron antes. —La realidad me golpeó, y las piezas se ordenaron en mi cabeza—. Antes de hablar con nosotros. Ya lo habían decidido.
Regina probó un par de tarjetas más, pero efectivamente, todas estaban bloqueadas.
—¡Esto es el colmo! ¿Cómo se atreven?
—¡Qué demonios! —No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Metí mi tarjeta de débito en el cajero y también estaba bloqueada—. Bloquearon las mías también. Esto… Esto… ¿Cómo demonios lo hicieron?
—Al parecer no son tan idiotas como yo pensaba. ¿Qué vamos a hacer ahora?
—Todavía tenemos dinero en efectivo.
—A lo mucho quinientos dólares. —Dijo desanimada.
—Hey —froté sus brazos—. Todo está bien. No nos hospedaremos en un hotel de cinco estrellas pero estaremos bien.
—Nada está bien. Parecemos un par de adolescentes huyendo de tus padres porque me consideran una mala influencia para ti.
—Somos una versión moderna de Romeo y Julieta.
—Es una referencia terrible, en especial porque terminaron muertos y nosotras no estamos enamoradas.
—No voy a dar la vuelta. —Dije firmemente—. Pensé que un día lejos de ellos serviría para que todos se calmen. Quizá tengamos que hacer de esto algo definitivo.
—Debemos pensar en Henry.
—Estoy pensando en él, y también en ti. Solo necesito saber que estamos juntas en esto.
—¿Estás segura? Ellos son tus padres…
—Muy segura.
Sus ojos miraron fijamente los míos y una pequeña sonrisa iluminó su hermoso rostro.
—Estamos juntas en esto.
Eso era suficiente para mí. Volvimos a la carretera y me preparé internamente para tomar decisiones rápidas, incluso si eso significaba tener que cobrar viejos favores.
—Puedo manejar, debes estar cansada.
—Estoy bien. Y no quiero que terminemos perdidos en el medio de la nada.
—Mi sentido de orientación es perfecto.
—Puedes encargarte del mapa, mi auto solo lo manejo yo. —Torció los ojos y volvió a acomodarse con su manta y su almohada, y abrazó mi almohada cuando se la lancé.
—No voy a devolvértela.
XXXSQXXX
Henry pidió una segunda hamburguesa y una porción extra grande de papas. Seguro todos a nuestro alrededor debían pensar que no lo alimentamos bien.
—Está en crecimiento —lo justificó Regina.
—Claro. —Le seguí la corriente—. Alimentarlo nos llevará a la quiebra.
—¿Podemos conseguir un hotel para pasar la noche? Llevas todo el día conduciendo.
—No te preocupes por eso. Tengo un par de amigos que me deben unos cuantos favores, nos quedaremos con ellos hasta decidir qué hacer.
—Iré al baño. No despegues los ojos de Henry.
—Ten cuidado.
Robé un par de papas del plato de Henry. Estaban deliciosas, con razón el lugar estaba tan lleno, la comida era muy buena.
—Estoy aburrido de pasar todo el día en el auto.
—Lo sé. Te prometo que haremos algo divertido después.
—¿Ma?
—¿Sí?
—Volveremos a casa ¿cierto?
—Claro que sí, chico. Solo tenemos que darles un poco de tiempo para que piensen bien las cosas.
—Para que se den cuenta que mamá te quiere de verdad.
Era un bonito pensamiento, pero mi sonrisa se borró al ver por la ventana la camioneta de Mary Margaret, con David y Neal en el interior.
—Coge tus cosas Henry — Saqué varios billetes de mi bolsillo y los puse sobre la mesa.
—No he terminado.
Recogí las cosas de Regina, tomé la mano de Henry y lo halé detrás de mí, caminando rápidamente hacia el baño.
—Ma. ¿Qué pasa?
Regina salió del baño y puse una mano en su espalda empujándola por delante de mí.
—Tenemos que salir de aquí, ahora.
Corrimos por la puerta trasera, agradecí no haber encontrado un espacio en el estacionamiento y haberlo dejado junto a la estación de gasolina para una revisión y llenar el tanque.
—¡Suban rápido!
Arranqué antes que ellos pudieran ponerse el cinturón de seguridad, viendo por el retrovisor a Neal y a David entrar en el restaurante. Ni siquiera me di cuenta que había estado conteniendo el aire en mis pulmones, pero poner distancia entre ellos y nosotros me permitió volver a respirar.
—Están siguiéndonos. David… y Neal está con él.
—¿Nos vieron? —Preguntó Regina mirando hacia atrás, buscando algún auto detrás de nosotros.
—No lo creo. Pero tenemos un problema.
—¿Por qué papá está con el abuelo? —Preguntó Henry preocupado—. Quieren apartarnos de mamá ¿cierto?
—Eso no va a pasar.
Henry tenía razón. Neal es el mayor interesado en alejar a Regina, y esta era la oportunidad perfecta para hacerlo.
—Si Neal está con ellos, significa que Gold también lo está. Solo es cuestión de tiempo para que nos encuentren.
—Mi abuelo va a encontrarnos, esa es su habilidad.
—Gold pudo haber hecho algún tipo de hechizos para rastrearnos.
—El globo mágico que le dio tu madre ¿recuerdas? Lo bueno es que este es un mundo sin magia, necesitó mi ayuda para encontrar a su hijo.
—Y ahora papá está ayudándolos a encontrarnos.
—Él es nuestro verdadero problema. Neal me conoce, él es como yo, sabe cómo encontrar personas.
—Y conoce este mundo. —Dijo Regina. No me gustaba escucharla tan derrotada.
—Yo también lo conozco, Regina. He estado corriendo de un lugar a otro toda mi vida, sé cómo huir y no ser encontrada. Podría decir que es otra de mis habilidades.
—Podemos detenernos. Si algo he aprendido es que los villanos nunca ganan.
—Pero eres un héroe, mamá. Me salvaste, salvaste a todos en Neverland.
—Henry tiene razón, Regina.
—Solo debemos creer que podemos hacerlo, así no nos encontrarán.
El optimismo de Henry era demasiado contagioso, ni siquiera Regina podía eludirlo.
—¿Cuál es el plan?
—Hay alguien… alguien de mi pasado que puede ayudarnos.
—Pero Neal…
—Jamás pensaría que yo podría acudir a ella.
—¿Quién es? —Preguntó Henry.
—Sarah Fisher… mi última madre adoptiva.
XXXSQXXX
—¿Estás segura?
Regina sostuvo mi mano. Su preocupación por mí solo logró convencerme aún más.
—Es lo correcto. Están siguiéndonos los pasos, esto nos permitirá despistarlos por un tiempo.
—Podemos pensar en algo más.
Mi pasado es un lugar al que juré no volver jamás, y de las pocas cosas buenas que puedo recordar, Sarah es una de ellas, y al mismo tiempo la forma en que terminaron las cosas… la convierte en nuestro mejor escondite.
—Es un poco rara, no se sorprendan si dice algo como, busquemos sus debilidades y usémoslas contra ellos.
—No es una asesina o algo así ¿cierto? —Irónicamente lo preguntó la es Reina Malvada.
—No. Pero llevo años sin saber de ella.
—¿Podemos bajarnos? —Preguntó Henry exasperado.
Sonreímos y nos bajamos al fin del auto.
Estoy haciendo lo correcto. Estoy haciendo esto por ellos. Respiré profundo y toqué la puerta de madera dos veces. Sarah apareció delante de nosotros, luciendo exactamente igual como solía recordarla.
—Emma —Sarah parecía sorprendida, pero absolutamente feliz de verme.
—Soy Henry Mills. —Se presentó Henry—. Y esta es mi mamá Regina, la novia de mi mamá Emma. ¿Eres algo así como mi abuela?
Sujeté a Henry contra mí, y retrocedí tomando la mano de Regina para que se alejara de aquella mujer.
—Cómo… ¿Cómo es esto posible? —Tenía que ser el cansancio del viaje.
—Emma ¿qué pasa? —Regina sacudió mi brazo.
—No ha envejecido, han pasado más de diez años y está idéntica.
—Henry, sube al auto. —Le ordenó Regina perdiendo toda la tranquilidad que la rodeaba hace tan solo un momento.
—No. ¡Estoy cansado de estar en el auto!
—Esto no es un juego. Obedece a tu mamá y súbete al carro.
—Podemos discutir adentro —Dijo Sarah, en absoluto perturbada por la situación—. Si estás aquí debes tener problemas mucho más serios que mi falta de envejecimiento, y no es como si yo fuese el único ser mágico aquí presente.
Volvió a entrar y nos dejó la puerta abierta. Típico de ella., y típico de Henry correr detrás de seres mágicos potencialmente peligrosos sin ni siquiera pedirnos permiso.
—Ella tiene razón. No tenemos que quedarnos, pero podemos aprovechar para ir al baño.
Maravilloso. Incluso Regina decidió entrar, obligándome a ir tras de ella. Al parecer un baño limpio es más importante que una mujer que no ha envejecido… bueno… Regina lleva veintiocho años sin envejecer.
Sigue siendo el colmo que no me obedezcan.
Henry aceptó las galletas caseras que Sarah le ofreció, Regina fue al baño, y luego nos sentamos todos alrededor de la mesa del comedor.
—Soy la Reina de Arandelle, o lo sería. Era la única persona con magia y no resultó nada bien.
—Define nada bien. No quiero que pasemos por alto si eres algún tipo de Reina de las nieves o algo así.
—Es exactamente así. Pero nunca quise hacerle daño a nadie, en especial a mi familia. Es solo que no es fácil ser aceptada cuando eres diferente. Por eso vine aquí, un hechicero prometió que tendría la familia que siempre quise tener.
—Estupendo. ¿Es una cosa de seres mágicos o solo de Reinas? —Estaba demasiado cansada para enfrentarme a esto.
—¿Por qué no eres vieja?
—¡Henry! Eso fue de muy mala educación.
—Lo siento, mamá.
—Supongo que tiene algo que ver con la maldición que lanzó tu mamá y el trato que hice con aquél hechicero, el tiempo empezó a correr de nuevo hace poco tiempo, debe haber sido cuando Emma rompió la maldición.
—¿Lo sabías? ¿Sabías quién era yo y no me lo dijiste?
—Lo intenté y huiste.
—Oh por Dios.
—Te escribí algunas cartas cuando estuviste en prisión, intenté explicarte pero tú no querías saber nada de mí.
—Solo me dijiste que no estabas intentando matarme y que no eras una loca demente.
—¿Qué debía decir? Eres la hija de Blancanieves y el Príncipe Azul. Quería que contaras conmigo, que fuéramos una familia. Nunca me habrías creído si te hablaba sobre mundos mágicos y poderosos hechiceros.
Sarah se levantó de la mesa, y fue a la cocina a preparar chocolate caliente, siempre supo cuándo darme mi propio espacio.
—¿Estás bien? —Regina tomó mi mano.
—Es raro que siempre me sorprenda por estas cosas, ya debería haberme acostumbrado.
—Pensé que no era peligrosa.
—Me adoptó. Solía ser la mejor hasta que nos hizo parar en media calle queriendo que hiciera algo mágico para que un carro no nos atropellara. Supongo que era cierto que no estaba intentando matarnos.
—Pero no hay magia aquí, ma. —Henry es el más listo de todos nosotros.
Sarah nos ofreció una tasa de chocolate caliente con canela a cada uno.
—No somos los únicos en este mundo —Dijo Sarah—. ¿Cómo creen que Rumplestinskin o el Hada Azul sabían sobre este lugar?
—¿Hay magia en este mundo? —Preguntó Regina.
—No. Pero hay algunos de nosotros, como Emma, que pueden hacer uso de su magia aquí.
—Pero yo no… nunca…
—Lo hacías, era muy leve, hacías parpadear las luces o tu detector de mentiras, es magia, Emma. Llevo mucho más tiempo aquí que ustedes y nunca he podido… pero ustedes… tienen un gran potencial.
Regina y yo apretamos nuestras manos por debajo de la mesa. Si antes tenía dudas, ahora estaba por completo convencida de haber hecho lo correcto al acudir a Sarah.
—Tenías razón, ma, este es el mejor lugar para escondernos.
—Dijiste que si algún día tenía problemas… me ayudarías. ¿Eso sigue en pie?
—Sabes que sí.
—Bien. Gracias. La policía no está de nosotros ni nada, es más bien…
—Huimos de casa. Mis abuelos no quieren que mis mamás estén juntas.
—¡Henry! — Regina y yo lo reprendimos al mismo tiempo.
—Ve a ver un poco de televisión, chico.
—Mejor, podría prestarnos un baño, así Henry puede tomar un ducha.
—Claro. Al final del pasillo, la habitación del lado derecha es toda tuya, Henry. Hay toallas limpias en el baño, puedes llevar tus cosas ahí. Ustedes tendrán mi habitación, y yo tomaré el sofá cama.
—No tienes que hacer, eso. Regina y Henry pueden quedarse en una habitación y yo tomaré el sofá cama.
—Mi casa. Mis reglas. Ha pasado un tiempo pero debes recordar cómo funciona todo por aquí.
—Ok. De todas formas no nos quedaremos más de un día o dos.
Entramos todo nuestro equipaje y lo acomodamos en nuestras respectivas habitaciones. Henry y Regina tomaron una ducha mientras yo le expliqué todo a Sarah y la ayudé un poco a preparar la cena.
—Regina es mejor en esto que yo. Cocina delicioso.
—Es preciosa.
—No somos una pareja real. Fue la mejor forma que se me ocurrió para molestar a mis padres.
—A mí me parecen una pareja maravillosa, y lucen muy enamoradas la una de la otra para ser simplemente amigas criando un hijo juntas.
—No empieces.
—¿Me he equivocado alguna vez?
—Solo estoy aquí porque es el último lugar dónde Neal me encontraría. —Cambié de tema—. Pero voy a conseguir algo… y nos iremos.
—Está bien. Es tu decisión. De todas formas tengo planeadas unas pequeñas vacaciones, compré una casa en Minnesota, con la maldición rota pienso que una ciudad más fría me vendría mejor.
Dónde más podría vivir la Reina del hielo.
—Gracias por permitirnos quedarnos —Regina nos sorprendió, es especial a mí, ya que verla vestir un jean y un abrigo color crema, con el rostro casi sin maquillaje, era toda una visión.
—Estoy encantada de tenerlos aquí —Sarah se acercó a Regina y le dio un fuerte abrazo—. Emma no ha parado de decir cosas buenas sobre ti. Y después de todo lo que han pasado lo menos que puedo hacer es darte la bienvenida y decirte que estoy encantada de tenerte como nuera.
—Oh. Gracias —Dijo Regina por completo avergonzada.
—Sarah. Deja a Regina en paz.
—No estoy molestándola. Te adopté ¿recuerdas? Puede que hayas cambiado tu apellido, pero en mis libros ella es mi nuera, legalmente.
—Tendríamos que estar casadas para eso. —Las mejillas de Regina se pusieron más rojas—. Cambiemos de tema antes que mi novia se desmaye producto de todo el estrés.
—Está bien. —Dijo besando la mejilla de Regina—. No dudes en pedirme cualquier cosa que necesites. Y puedes llamarme Sarah con confianza.
Comimos una deliciosa cena cacera, no tuvimos ningún problema en repetir, estábamos hambrientos, y demasiado cansados. Así que después de ayudar a recoger los platos nos fuimos directo a la cama.
Me di una ducha, me puse el único pijama decente que había guardado en mi maleta, y me lancé en la cama junto a Regina.
—¿Por qué le dijiste que somos novias? —Fue directo al punto.
—Le dije la verdad, pero al igual que Henry cree que hacemos una hermosa pareja. ¿No te parece raro que todos crean que somos una pareja de verdad? David y Mary Margaret estaban convencidos.
—Tu padre nos encontró en la cama.
—Sí, bueno, pero ni siquiera me dejó explicar. No lo dudó.
—¿Emma?
—¿Qué?
—No dormimos juntas esa noche —Sonaba insegura, y sus ojos miraban fijamente al techo.
Me acomodé de lado, frente a ella, apoyando mi codo en la almohada y mi cabeza en la mano.
—Soy una mujer, pero puedo ser todo un caballero, un caballero de brillante armadura con una gran fuerza de voluntad. Me rogaste que te hiciera el amor ¿recuerdas?
—Recordarme eso no es en absoluto caballeroso.
—Te desnudaste y te diste una ducha, lo cual confirmó mi teoría. Te gusto y quieres conquistarme.
—¡Cómo te atreves!
Se giró hacia mí, totalmente indignada.
—Es verdad.
—Me emborrachaste. Te aprovechaste de mi estado.
—No. No quisiste vestirte, me obligaste a meterme en la cama contigo estando desnuda y te abrazaste a mí como si fuese tu oso de peluche favorito.
—Eres una idiota.
—Y aun así te mueres por mí.
Se acercó a mí, como si ya no hubiésemos estado lo suficientemente cerca, provocándome al igual que siempre lo hace, sin ningún respeto por mi espacio personal.
—No me muero por ti. —Me dio un beso en la mejilla, haciendo explotar mi cerebro con todas las señales mixtas que me estaba dando—. Gracias por todo lo que estás haciendo por mí. Es más de lo que cualquiera ha hecho.
—No tienes que agradecerme. Quiero que tú y Henry estén bien, y sean felices.
—Tú también mereces ser feliz, Emma. Y sé que venir aquí no debió haber sido fácil.
—No. Pero me alegra haberlo hecho.
—Ella parece sincera… y creo que le importas.
—Al menos no quería matarme como yo pensaba. En mis peores momentos me acordaba de ella… fue lo más cercano a un hogar… y luego pensaba que solo me había adoptado porque estaba loca.
—Pero no lo estaba. Quería que fueras su familia. Y a mí me parece que te quiere en serio.
—¿Lo crees?
—Sí.
Sonreímos. Apoyé mi cabeza en la almohada. Su nariz casi rozaba con la mía.
—Quizá sea tonto pero… siento que nada de eso importa ya… porque tengo a Henry… y a ti.
—Me siento… igual. Como si al fin no tuviera que preocuparme por estar sola.
—No podemos estar solas si nos tenemos la una a la otra… y a Henry. Ese chico es demasiado listo.
Dio un gran bostezo, recordándome lo tarde que era, y lo cansada que las dos estábamos.
—Es tarde. Hay que descansar. —Apagué las luces con una palmada, algo más que parecía seguir igual—. Puedes usarme como almohada, las dos sabemos que vas a hacerlo de todas maneras.
Solo bromeaba, y como siempre ella no puede dejarme ganar ni siquiera en eso. Puso su cabeza en mi hombro y su brazo alrededor de mi cintura. Me quedé por completo en blanco, paralizada, sin saber qué hacer.
—Buenas noches, Emma.
—Buenas noches, Regina.
¿Qué más podía hacer? No es como si alguien podría negarse a ser la almohada personal de Regina Mills.
