La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Muchas gracias por leer, adoro cada uno de sus maravillosos comentarios.

Supuse que era momento de saber un poco lo que piensa Regina. Espero que les guste.

PD: Lunediose, soy fanática de tus gifs, siempre encuentras el preciso. Tu prompt está siendo escrito!


CAPÍTULO 14

REGINA

Me senté en la parte trasera de la casa, en una silla acolchada que colgaba del techo, mirando el lago que se encontraba a tan solo unos metros y que parecía empezar a congelarse. Los dedos de mis manos estaban calientes sosteniendo la taza de chocolate caliente que Sarah preparó para mí. No podía estar adentro con ellos, excusarme diciendo que la película me resultaba aburrida me hizo sentir un poco torpe, pero eso era incluso mejor que tener que ver mis pies cubiertos por un par de calcetines gruesos de colores. Mis pies nunca habían estado cubiertos por tantos colores y por algo tan peludo. Los observé fijamente e intenté convencerme que no había nada malo con llevar algo así, pero todo estaba mal.

Emma no debió comprar estas horribles medias para mí, no importa si mantienen mis pies abrigados, yo no soy así, y ella no puede vender su auto, dejar su familia, y huir conmigo y con Henry como si yo… como si yo le importara lo suficiente para dejarlo todo por mí.

—¡Hey! —Casi salté del susto al ver a Emma—. Te traje una manta

—Gracias —dije, evitando mirarla.

No debí aceptar la manta, mucho menos dejar que ella lo colocara sobre mis hombros.

—¿Mejor? —Preguntó con su brillante sonrisa—. Está helando aquí afuera.

—Está bien.

Se sentó junto a mí. El pequeño espacio nos obligaba a estar demasiado cerca.

—¿Te gustó la ciudad? Debes estar un poco agobiada con todo, es por completo diferente a Storybrooke.

Habíamos pasado prácticamente todo el día fuera de casa, recorriendo un poco la ciudad. Henry disfrutó cada momento al máximo, y aunque todo me pareció hermoso y llamativo, logró hacerme pensar en la vida que había llevado en Storybrooke. Mi madre podría haber estado lejos de mí, pero yo había mantenido esa burbuja que ella adoraba mantener a mí alrededor para alejarme de todo y de todos.

—Creí que Henry caería rendido, después del día que hemos tenido, ese chico es incansable.

—Al menos está tomando las cosas mejor de lo que yo esperaba.

—¿Cómo lo estás tomando tú?

—Estoy bien, Emma.

—Ok. Solo quiero que sepas que puedes hablar conmigo, si no te sientes a gusto o algo te molesta, incluso si solo es para decirme que odias los calcetines que te compré.

—Odio los calcetines que me compraste.

—Se ven lindos en ti. Son un regalo, no puedes devolverlos.

—No puedes obligarme a usarlos.

—Te gustan, por eso los odias.

—Los odio porque son horribles, nunca en mi vida he usado algo así.

—Por eso los compré para ti. Es momento de probar cosas nuevas.

¿Y si no quiero probar cosas nuevas? ¿Qué pasa si no soy el tipo de persona que prueba cosas nuevas?

Voy a enfermarme del estómago. Hay algo mal en mí. Nunca antes me he sentido tan extraña, y mi estómago se siente mal cada vez que Emma se acerca a mí.

Ella me estresa.

—Pienso que podemos establecernos aquí. No aquí exactamente, esta es casa de Sarah, estoy segura que mató a alguien para conseguirla ¿cómo diablos hizo para conseguir dinero? ¿Trajiste dinero del Bosque Encantado? ¿Cómo funciona eso exactamente? —Respiré profundo al sentir su brazo colgar en el respaldar de la banca, casi tocando mis hombros—. Necesitamos nuestro propio lugar, conseguir trabajo, un computador. Estuve revisando los papeles que trajiste y no vamos a tener que cambiar de identidad, pero tendremos que conseguir papeles falsos de los registros escolares de Henry.

—Tengo todos los papeles de Henry en orden.

—Sí, pero van a pedirnos los de este último año, firmados por el director de la escuela o algo así. Eso vamos a tener que falsificarlo, por suerte tienes todo lo demás, eso servirá.

—No quiero envolver a Henry en nada ilegal que perjudique su entrada a una buena universidad.

—No es ilegal. Todos los reportes de sus calificaciones son reales, solo será un papel sin importancia. No es como si pudiéramos llamar a su escuela y pedir que nos envíen sus últimos registros.

—¿Estamos haciendo lo correcto?

—Hey —su mano tocó mi mejilla y me hizo mirarla a los ojos—. Son ellos los que deberían estar haciéndose esa pregunta. Mereces ser feliz, tener la vida que quieras tener. No puedes ser su saco de boxeo. Si sus intenciones fueran tan nobles como ellos creen, toda esa maldita ciudad estaría bajo arresto. Acepté trabajar con Gold y el idiota casi te mata, pudiste haber estado sola, haber muerto en ese incendio. Tengo mis propias culpas, todos las tenemos.

Y ahí estaba otra vez, esa sensación en mi estómago, mi corazón acelerándose, y esas inmensas ganas de saber a qué saben sus labios. Nunca antes me he sentido así… excepto con Daniel.

—Regina.

—¿Sí?

—¿En qué piensas?

—En nada.

—Parece que te las pasado todo el día pensando en un montón de nada.

—Durante el almuerzo… mientras fuiste con Henry a comprar los calcetines… Sarah dijo que le encanta vernos juntas… como una pareja.

—Le diré que deje de molestarte —su mano dejó de tocar mi rostro.

—No lo hagas... Ella me agrada. Ha sido muy amable con nosotros, y Henry le está tomando cariño.

—Sabe cómo ganarse a las personas.

—Una cualidad que nunca he tenido.

—Algún defecto tenías que tener.

Bebí mi chocolate, fue lo único que pude hacer para distraerme. Sentí su mano tocando mi hombro y los nervios se apoderaron por completo de mí. No sabía qué hacer.

¿Qué se supone que significa todo lo que ella dice y hace?

No lo entiendo.

¿Le gusto? Pero si le gusto, ¿por qué no me ha besado?

—Es hora de ir a la cama. Si nos quedamos aquí nos convertiremos en paletas heladas.

Sus dedos tocaron mi cabello, luego bajó la mano a mi espalda, y mientras entrábamos a la casa su brazo rodeó mis hombros.

—Voy a ver si Henry está en la cama.

—Vamos, le daremos un beso de buenas noches.

Henry estaba dormido, no tenía más excusas para evitar ir a la cama con ella, pero me demoré lo más que pude arreglando el desorden que él tenía en su habitación.

Poner un muro de almohadas era absurdo, de alguna u otra manera siempre termino en sus brazos, así que solo me acosté en mi lado de la cama, rogando que esta vez pudiera mantenerme inmóvil por el resto de la noche.

Por más que intenté no logré conciliar el sueño, estaba tan cansada, y sin embargo mi cerebro se negaba a dejarme descansar, era como si no pudiera dejar de pensar en Emma, y justo cuando estaba lista para levantarme e ir dar vueltas por la casa o ver alguna película aburrida, la sentí acercarse, rodeó mi cintura y se pegó a mi espalda.

Debí alejarla, saltar de la cama lejos de ella… pero se sentía tan bien ser abrazada así, tan cálido y seguro. No quería alejarme de ella, quería que me abrazara más fuerte y que no me dejara ir nunca.

Era tonto de mi parte pretender que ella sienta algo por mí. ¿Quién podría?

Me giré en sus brazos, escondí mi rostro en su cuello, y al menos por esa noche me engañé a mí misma y pretendí que ella me quería, que la razón por la que me abrazaba de esa manera era porque me amaba.

Creo que estoy enamorada de ti, Emma Swan.


XXXSQXXX

El desayuno estaba listo cuando desperté, era un poco tarde, Emma y Henry habían decidido recolectar madera.

—Van a hacerse daño —dije al observarlos usar una cierra eléctrica, pero me alejé de la ventana para no pensar en aquella vez que Emma mutiló mi pobre árbol de manzanas.

—Tuvimos un montón de cereal para el desayuno, pero te preparé algo más nutritivo que eso. ¿Eres alérgica a algo?

—No. Cualquier cosa estará bien.

—A Emma siempre le gustaron las chicas, generalmente las problemáticas, es bueno saber que al final eligió una chica lista como tú —puso un tazón de frutas delante de mí, huevos revueltos y tostadas francesas.

—Ella no me eligió. Solo somos las madres de Henry.

—Por ahora. Es evidente que son buenas amigas y que muy pronto serán más que eso.

—No entiendo lo que está sugiriendo.

—No me trates de usted, me haces sentir vieja.

—Lo siento, Sarah, pero no sé lo que te hace pensar que entre Emma y yo puede haber algo más que una relación amistosa.

—No voy a presionarlas. Lo prometo. Es solo que al ver a Henry no puedo dejar de pensar lo maravilloso que sería verlas teniendo más hijos. En este mundo hay lugares donde hacen bebés, uno va allí y ponen un bebé en el interior de uno ¿puedes creerlo? —No tenía la menor idea de cómo responder a eso—. Henry me ha dicho que muere de ganas de tener más hermanos, que lleva pidiéndotelo desde que entró a la escuela. Creo que este mundo nos ha hecho olvidarnos de nuestras tradiciones, estoy aquí hablándote de tener bebés y ni siquiera se han casado aún.

—Emma… ella y yo… no vamos a casarnos, no tendremos ningún otro bebé.

—¿No quieres tener más hijos?

—Ese no es el punto.

—Emma siempre quiso tener su propia familia, y en sus buenos días, cuando se permitía soñar, solía decir que esperaba poder ser parte de una gran familia. Supongo que es una de las razones por las que le gustas tanto, eres tan maternal con Henry.

—¿Puedo tomar tu auto? Necesito ir a la ciudad, hay unas cuantas cosas que olvidé comprar.

—Claro. ¿Quieres que le diga a Emma que te acompañe? Puedo quedarme cuidando a Henry.

—No. Puedo ir sola.

Tomé las llaves, un abrigo, mi nuevo celular, y salí de allí lo más rápido que pude. Encendí la radio, sintonicé cualquier cosa y subí el volumen. No quería pensar.

Huir no fue una buena idea. No quería seguir escuchando a esa mujer hablando sobre un montón de cosas absolutamente imposibles, pero al menos debí tomar la precaución de recordar el camino que había tomado para poder regresar a casa.

Estaba perdida en mitad de una ciudad repleta de gente y enormes edificios, y el único número que tenía guardado en el teléfono nuevo que Emma compró para mí, era el de ella. No podía llamarla. ¿Qué iba a decirle? Estoy perdida y necesito que vengas a rescatarme, una vez más.

Soy una completa inútil.

Mi teléfono sonó y no necesitaba ver la pantalla para saber quién era.

—Hola —me vi obligada a contestar.

—¿Dónde estás? ¿Estás bien?

—Sí. Estoy comprando algunas cosas, no puedo hablar ahora.

—Eh… Regina…

—No me digas que estoy mintiendo, tu detector de mentiras no es tan infalible como crees.

—¿Sabes cómo regresar?

—Por supuesto que sí. No soy una inútil. Deja de comportarte como mi niñera, soy una adulta funcional, he vivido toda mi vida sin ti, no tienes que comprarme calcetines, ni teléfonos, ni nada. No soy la esposa que se queda en casa cuidando a los niños mientras tú sales a trabajar. Puedo comprar mis propios calcetines.

Colgué.

Si iba a perder la razón, no necesitaba testigos.

Busqué una tienda de ropa, me estacioné… y no pude bajarme del auto.

¿Y si me perdía y no encontraba el auto? ¿Cómo va a encontrarme Emma si ella no tiene un auto para venir a buscarme?

Mi respiración estaba agitada, mis ojos llenos de lágrimas y las manos me temblaban mientras marcaba el número de Emma. Solo quería volver a casa.

—¿Emma?

—¿Puedes ver el nombre de las calles?

—Lamento haberte gritado.

—Está bien. Solo quiero que vuelvas a casa a salvo. Estaré todo el tiempo en el teléfono y te ayudaré a volver a casa.

—No le digas a Henry que me perdí.

—No lo haré. Será nuestro secreto.

Se quedó todo el tiempo al teléfono, me guió calle por calle, y estuvo afuera de la casa para recibirme.

—Fue una buena idea haber comprado teléfonos ayer —dijo con su habitual sonrisa tonta.

No se burló de mí, tampoco se enojó conmigo. Me abrazó y me dijo que había olvidado llevar mis guantes.

—Necesitas un gorro. Te compraré algunos iguales a los míos pero en color púrpura. Se verán bien en ti.

—Puedes prestarme uno de los tuyos.

—¿Segura? —enredó sus dedos en mi cabello y lo acomodó detrás de mis orejas.

—Sí.

Caminé hacia la puerta de entrada pero ella me detuvo tomando mi mano.

—Estuve pensando… quizá te gustaría… salir mañana… podemos ir a tomar un café o solo dar una vuelta… así podrías familiarizarte un poco con la ciudad.

—¿Solo tú y yo?

—Sí, bueno… no sería mucho tiempo, podemos llevar a Henry, si quieres —se veía adorablemente torpe.

—Sarah puede cuidarlo —no pude evitar sonreír, estaba pidiéndome salir con ella.

—Sí, ella puede hacerlo.

—Pero sin Henry sería… ¿cómo una cita?

—No. Claro que no. Las amigas pueden salir juntas también. Que nos gusten las mujeres no quiere decir que nos gustamos —por supuesto que yo no le gusto, soy una idiota.

—Sí. Claro.

—Claro… te llevaré a un bonito lugar a cenar… para que no digas que solo te llevé por un café, así aprovechamos un poco mejor el tiempo… como amigas. Será divertido.

—Está bien.

Al menos ella quería ser mi amiga, no podía echarlo a perder pensando tonterías, si yo le gustara, ella no tendría ningún problema en decírmelo, es Emma Swan ¿cuándo en su vida ha dejado de decir lo que piensa y lo que siente?