Y sortearé la tempestad si eres para mí
Enamorado
Hiccup alzó la vista hacia el cielo, cubriendo lo más que podía con su brazo los intensos rayos del sol que chocaban contra su piel. Piel que ahora se hallaba totalmente curada, libre de heridas y moretones. Ya tres meses han pasado desde que llego a la isla.
Fue un poco complicado acostumbrarse a estar rodeado de todo tipo de dragón, algunas veces prefería permanecer en la seguridad de la cueva, simplemente porque no deseaba enfadar sin proponérselo a una de esas grandes criaturas escupe fuego. Toothless no tenía ningún problema con que permaneciera en su hogar. Lo que más le sorprendía era que no estuviera enfadado por cederle su lecho, el alfa solía dormir cerca del fuego, sobre la dura roca, había veces en que él se iba a dormir a otro lugar y esas noches en que desaparecía, Hiccup era reconfortado por la compañía del Night fury. En un par de ocasiones se habían escapado, dragón y omega, para surcar el cielo, disfrutar de la fresca brisa y el bello paisaje nocturno que se volvía la mezcla perfecta para que el joven vikingo se sintiera en paz.
Hiccup ya amaba este lugar, abandonarlo sería muy lo más difícil que tendría que hacer. El simple hecho de pensarlo lo ponía muy triste.
Su mirada se dirigió al horizonte, observando el vaivén de las olas.
Quedarse sonaba muy tentador pero él no pertenecía a este lugar y no existía nada que lo uniera a Isla Sangrienta, una isla habitada por dragones. ¡Y por todos los dioses, él era un vikingo! los vikingos mataban dragones no convivían con ellos, ambas especies eran enemigas desde muchas centurias atrás.
En Berk sin embargo estaba su pueblo, ahí tenía a su padre y sus objetos más preciados, esos que habían pertenecido a su madre. Es verdad, su vida era miserable en Berk, pero era el único sitio al cual podría llamar hogar. Aquí tal vez solo era una molestia para Toothless.
Hiccup gimió preocupado ante ese pensamiento, él no deseaba ser un estorbo para Toothless, un alfa tan maravilloso no merecía cargar con la responsabilidad de cuidar a un omega usado y que fue desechado como un trapo sucio. Sonará patético pero él, el inútil omega se había enamorado de un hombre encantador, un hombre valiente, amable y fuerte. Se había enamorado perdidamente de la sonrisa coqueta del alfa, del travieso brillo de sus ojos, del suave y cuidadoso tacto con que le tocaba.
Ese sentimiento que crecía en su interior, con solo mirar al alfa o con solo escuchar el sonido de su voz, era lo que más le impulsaba a desear regresar a Berk, prefería sufrir una vida miserable a intentar conseguir el amor de Toothless, porque era imposible y muy seguramente sería rechazado, ningún alfa en su sano juicio aceptaría a un omega ultrajado por otro alfa. Omegas así en Berk solo eran tomados para diversión y posteriormente eran apartados e ignorados.
Ya no deseando ahogarse en pensamientos negativos, sacudió la cabeza y su completa atención regresó a Toothless, el alfa le había pedido que lo acompañara a revisar las costas de la isla. Algunas veces, así como sucedió con él, llegaban objetos o barcas perdidas. Hoy aceptó acompañarlo porque no quería estar solo y ahogarse en sus pensamientos miserables.
Toothless se acercó a él, feliz de haber encontrado una cesta y continuaron caminando, Hiccup se alejó un poco del alfa. Si iba a regresar a Berk era necesario mantener una distancia entre Toothless y él.
.
.
El night fury giró alrededor de Hiccup, gorgoteando cada vez que escuchaba la risa cantarina del omega al fallar en atraparlo. Cansado, Hiccup se tiró sobre la suave yerba. El dragón se acercó y recostó, como ya era costumbre, su cabeza en el vientre del castaño. Se frotó contra el cuerpo e inhaló profundo, atrapando cuanto podía la dulce esencia de Hiccup. Ese delicioso aroma junto a las caricias de Hiccup lo adormecieron, pero segundos después Toothless gruño enfadado y hasta se alejó de su agradable sitio.
Estaba frustrado al comprobar que el omega se sentía más cómodo al estar con él como un dragón que como humano, no entendía que sucedía, hasta hace unos días podía decir que tenía una buena relación con Hiccup (aunque solo fuera de amistad). Y de un momento a otro el omega prefería pasar tiempo con los demás dragones, especialmente con su padre. Descubrirlo solo hizo que en su interior ardiera de celos y enojo, su padre era un alfa, un alfa sin enlace que estaba muy cerca del ser que había elegido como compañero, en simples palabras, su padre era una amenaza.
Cloudjumper al menos era consciente del estado frenético en el cual se hallaba su hijo así que procuraba alejarse discretamente del omega cuando este estaba cerca. Un alfa dominado por sus instintos no iba a diferenciar amigos de enemigos, especialmente si su omega estaba en celo o cercano a ello. El pequeño humano parecía no darse cuenta de esto y su estúpido hijo tampoco.
Hiccup se sentó confundido por el repentino frio que sintió en su cuerpo, miró al dragón que gruñía y bufaba a unos metros de él. No parecía haber peligro.
-Hey, amigo ¿estás bien? - preguntó Hiccup luego de palmear su cuello. El dragón lo ignoró.
Toothless no quería enfrentarlo, no ahora cuando era consciente de que Hiccup prefería más al dragón que al humano. No lo entendía, ¿había hecho algo que lo enojará cuando estaba en su forma humana? Porque eso explicaría su repentino alejamiento. ¡Tal vez no era un buen alfa! Pero eso era imposible, era el líder de una gran manada de dragones. Si él no fuera bueno cuidando o protegiendo su manada hace mucho que hubiera perecido.
O, ¿Acaso se sentía atraído por Cloudjumper?
Gruño, esta vez más alto y mostrando los colmillos.
No, eso no podía ser y de ser así, no permitiría que estén juntos. Se había hecho una promesa así mismo el día que lo encontró. Nada ni nadie lo apartaría de su lado porque Hiccup era suyo, suyo para cuidar, suyo para mimar y suyo para amar.
¡Porque sí! Ya no podía y ni quería seguir negándolo. Se había enamorado de ese frágil pero valiente omega.
-Hey, ¡señor gruñón! Si ya dejaste de pelear contigo mismo sería adecuado ir a dormir, ¿no crees?-
Toothless miró a Hiccup que sonreía divertido por su raro comportamiento.
-Haré que te enamores de mí, Hiccup. Aunque eso me tome mucho tiempo.- prometió con un ronroneó al frotar su cráneo en el cuerpo contrario. El castaño devolvió el afecto con un abrazo.
Subido el 14/04/20
(escrito 30/04/19)
Si no lo subí fue porque no tenía tiempo para corregir :(
