La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

NOTA: Solo puedo imaginar lo que todos van a decir después de este capítulo.


CAPÍTULO 18

MARY MARGARET

Era solo cuestión de tiempo, unas horas más para que todo en mi vida recupere su orden respectivo. Mi pobre hija iba a sufrir por la bondad de su buen corazón, al poner su confianza en una mujer que no tiene corazón y cuya única finalidad siempre ha sido arruinar mi vida.

—Tengo lista la poción, suficiente para Emma y Henry —dijo Azul.

Ella entró en mi oficina, y se sentó frente a mi escritorio.

—Eso no será necesario. Emma volverá con nosotros por su propia voluntad.

—¿Y si eso no sucede? Esa mujer ha tenido tiempo suficiente para manipularla y ponerla en nuestra contra. Debemos estar preparadas; lo mejor es que ellos tomen la poción que Gold y yo preparamos, así podremos darles recuerdos nuevos.

—Me alegra que tengas mi espalda, afortunadamente lo tengo todo controlado. Mejor dime ¿cómo está Regina?

—La mantenemos sedada en el convento.

—Eso está bien. No debemos correr riesgos innecesarios.

—Voy a unirme al resto del equipo en la frontera, apenas tomemos a Henry te lo haremos saber, mi Reina.

—Gracias, Azul.

David entró apenas Azul se fue, después de tantos días sin verlo, esperaba con ansias que todo acabara pronto para poder recuperar el tiempo perdido.

—Neal cree que Emma no debe tardar en llegar.

—¿Estás seguro? Ustedes llegaron hace solo una hora.

—Sí. Apenas tomamos a Regina, Neal le envió el mensaje diciendo que nosotros la teníamos.

Suspiré con pesar. David de inmediato se acercó a confortarme.

—Vamos a recuperar nuestra hija, David.

—Claro que sí.

Cuando Neal nos avisó que Emma había cruzado la línea de la ciudad, no fue una sorpresa que ella hiciera una primera parada en casa de Regina, aunque Neal consideraba que ella debía estar planeando algo porque había ingresado innecesariamente con el auto al garaje para volver a salir en tan solo unos pocos minutos y dirigirse al centro de la ciudad. Lo que no esperaba era volver a ver a mi hija apuntando un arma contra nosotros.

—¡Vas a entregarme a Regina en este instante! —Gritó, totalmente fuera de sí.

—Baja el arma, cariño —mantuve la calma—. Ella… Regina está bien.

—¡No voy a repetirlo! ¡Quiero ver a Regina ahora!

—La verás después de escuchar esta grabación —David se movió hacia el escritorio y tomó el computador, que ya tenía preparada la grabación.

—¡Estás demente si crees que voy a escuchar sus tonterías!

David hizo caso omiso a las palabras de nuestra hija y dio clic para reproducir la grabación.

—Bien. Repitamos el pasado, volvamos a los viejos hábitos de odiar a Blancanieves y a toda su familia —Me di cuenta que la actitud de Emma cambió al reconocer la voz de Tinker Bell.

—Emma es su hija, no debería sorprenderme que sea igual a ella —la voz de Regina resonó en toda la Alcaldía.

—Vamos a matarla entonces. Así matamos todos los pájaros de un solo tiro.

—Henry nunca me lo perdonaría —me alegró poder demostrarle la clase de mujer que era Regina.

—¿Perdonaría a Emma por matarte?

—Por supuesto. Ella es su madre biológica, su héroe, el caballero blanco que debe derrotar a la Reina Malvada. Sin mí, ellos pueden al fin tener la familia que tanto han anhelado.

El silencio inundó la oficina. David y yo compartimos una mirada al ver a nuestra hija bajar su arma, riendo seguramente al darse cuenta lo ingenua que había sido.

—Cuando te fuiste descubrimos esa grabación en tu computador —dijo David—. Sabemos sobre los micrófonos que pusiste en casa de esa mujer.

—Wow… esto es… —Emma se quedó sin palabras.

—He estado en tu lugar cientos de veces, siempre creyendo que Regina podía aprovechar las oportunidades que le dábamos y ser una mejor persona. Pero ella misma me lo dijo hace mucho tiempo, esa mujer que yo conocí está muerta.

—Y decidieron que secuestrarla es la mejor forma de protegerme… ¿cuál es el plan? ¿Vamos a encerrarla, matarla, expulsarla de aquí para siempre?

—No tenemos que hablar de eso ahora —me acerqué y la estreché entre mis brazos—. No imaginas lo mucho que te extrañé, estoy tan feliz de tenerte de vuelta.

—No me tienes de vuelta —fue casi un susurro, frío y sin emoción.

—Emma.

Ella dio un paso lejos de mí y su arma volvió a apuntar contra mi pecho.

—Llévame con Regina.

—¡Ella quería matarte!

—Esto se está volviendo ridículo. ¿Es que no te das cuenta que si ella nos quisiera muertos ya lo estaríamos?

—¿Cómo puedes ponerte de su lado?

—La conozco, y no voy a dejar que ustedes le hagan daño.

—Eres nuestra hija. Todo lo que hemos hecho ha sido para protegerte.

—Es hora que dejen de hacerlo porque esto nunca va a funcionar. Voy a tomar a Regina y a mi hijo, y si ustedes se atreven a hacer algo así de nuevo van a descubrir de lo que soy capaz por defender a mi familia.

El aire escapó de mis pulmones, mi corazón dolió como si me hubiesen dado una puñalada. Había perdido tanto a lo largo de toda mi vida, no podía perder nada más, no me quedaba nada más, y no podía dejar a Regina ganar otra vez. Era momento de terminar nuestra guerra de una vez por todas.

—Voy a llevarte con ella —dije haciendo a un lado mis sentimientos.

—¿Así de fácil?

—Lo creas o no, nosotros no somos los villanos de esta historia, y no voy a dejar que por culpa de esa mujer se siga derramando sangre inocente —dirigí mi mirada hacia David—. Ve con Azul, dile que voy a llevar a Emma al convento a ver a Regina.


XXXSQXXX

Emma corrió hacia Regina apenas llegamos al convento, intentó despertarla a pesar de decirle que el sedante que le habíamos dado tardaría en desvanecerse de su sistema.

—Ella está bien, solo duerme, y ni siquiera es por una maldición para dormir.

—¿Te parece gracioso? ¿Crees que puedes hacer lo que quieras con las personas porque en otra vida fuiste una Reina?

Era como tratar con una adolescente rebelde que creía estar enamorada de la persona incorrecta. Se negaba a ver la verdad delante de sus ojos. Solo podía imaginar las sucias artimañas que Regina había usado para engañar a mi hija. Lo peor de todo era que yo sabía exactamente lo que era ser obnubilada por las ilusiones que Regina proyecta para hacer caer a todos en su juego perverso.

Dejé a las hadas vigilando a Emma y Regina, caminé por el pasillo principal hasta llegar al recibidor. Azul acababa de llegar.

—No podemos perder más tiempo, hay que darles la poción ahora —dijo Azul.

—No quiero una solución temporal. Sé que tarde o temprano ellos recuperarían sus recuerdos, solo lograría que mi hija me odie más.

—Su majestad, mi intención no es presionar a nadie, pero todos están esperando lo que se les prometió.

—Lo sé. No he cambiado de decisión… quiero hablar con Gold primero.

Escuché un murmullo detrás de mí, y al dar media vuelta vi a Emma esforzándose por salir con Regina en brazos.

—No puedes irte, Emma.

—Quiero verte intentar detenerme.

Me hice a un lado, ella cruzó dubitativa por delante de mí, y caminó directo hacia la puerta principal.

—Puedes ir a casa de Regina y esperar allí.

—No recibo órdenes tuyas, majestad.

—Tienes razón, pero si no me esperas allí creo que tendrás que marcharte sin Henry.

No me quedé a escuchar sus reclamos. Tenía poco tiempo, y un cocodrilo con quién hablar.

—¡Gold!

—¿Lista para hacer un trato? ¿Tienes una lista completa de todas las personas que deseas eliminar de tu camino al trono?

—Soy la Reina, y no voy a matar a nadie. No todos somos asesinos en potencia.

—Todos dicen lo mismo en el principio, me gustaría que pudiéramos saltarnos la parte aburrida e ir directo al punto.

—Tú y yo queremos lo mismo, tener nuestros hijos de vuelta. Neal está muy cerca de mi familia, podemos ayudarnos mutuamente.

—Como no recuerdo haberte dado un regalo de coronación, voy a ofrecerte un consejo a cambio, dos en realidad, tú decidirás cuál deseas seguir —rodeó el mostrador hasta llegar a escasos centímetros frente a mí—. Deshazte de Regina mientras tienes oportunidad de hacerlo o ella se deshará de ti.

—No voy a matarla, y exiliarla solo alejará a Emma. ¿Cuál es el otro consejo?

—Se cazan más moscas con miel que con hiel —sonrió como el maniaco que es—. Si funcionó para tu mortal enemiga puede que funcione también para ti.

—No quiero convertirme en una imitación de la Reina Malvada.

—Eso, querida, depende enteramente de ti.


XXXSQXXX

Fue decepcionante saber que mi nieto tampoco le había dado importancia a la grabación, su padre no había logrado convencerlo que Regina solo estaba intentado robarles su final feliz impidiendo que él y Emma estuvieron juntos, y David tampoco había tenido suerte explicándole la importancia de hacer lo correcto por muy doloroso que sea para poder ser un verdadero héroe. Todo habría sido más fácil si Henry y Emma no estuvieran sometidos bajo el encanto de Regina.

Gold tenía razón.

Emma estaba caminando frenéticamente por toda la sala, mientras Regina continuaba en su papel recién adquirido de bella durmiente; al menos podríamos tener una última oportunidad de hablar y arreglar las cosas.

—¿Dónde está Henry? ¿Qué hiciste con él?

—Está con su padre y su abuelo.

—¿Neal? ¿Ese es el mejor aliado que pudiste encontrar? ¡Neal fue la razón por la que terminé en la cárcel!

—No. Es Regina quién está detrás de todo lo malo en nuestras vidas.

—Es más fácil culpar a otros de nuestros propios errores.

—Pregúntale a Regina, ella es experta en eso.

—¿Qué demonios quieres?

Me dolía tanto ser tratada de esa manera por mi propia hija.

—A ti. Todo esto se salió de control.

—¿Y de quién es la culpa?

—Actúas como si nosotros hubiésemos querido matarla o encerrarla en un horrible calabozo.

—Nunca vamos a ponernos de acuerdo. Esto es una pérdida de tiempo.

—Tiempo es lo que no tenemos… volveremos a casa, y de ti depende la forma en que esto será para ti, Regina y Henry.

—¿A qué te refieres? —su ira fue suplantada por preocupación.

—Volveremos al Bosque Encantado. Todos.

—No puedes hacer eso.

—Sí puedo. Soy la Reina.

—Regina es la Reina.

—No. Dejó de serlo en el momento en que mató a mi padre.

—Sidney mató a tu padre, George mató a un joven inocente, tú mataste a la madre de Regina. Solo admite que esto es personal.

—Es personal.

—No puedes apresarnos aquí o en ese maldito bosque, aunque pongas una maldición en nosotras encontraremos la forma de romperla.

—No haré nada de eso… con una condición.

—No voy a aceptar nada de lo que digas.

—Voy a aceptar tu relación con Regina y mantenerme al margen si tú aceptas ser mi hija y comportarte como tal.

Se burló de mí.

—Eres una princesa, y tienes obligaciones.

—¿Eso es lo único que te importa?

—No pertenecemos aquí. Tenemos que recuperar lo que Regina nos arrebató…

—Déjala fuera de esto.

—Lo haré, tendrá mi protección absoluta y gozará de todos los privilegios en nuestro castillo, pero tú debes reinar a nuestro lado.

—No iremos. Puede que ese sea tu mundo pero no es el mío, no es el de mi familia.

—¡Nosotros somos tu familia! Y ya está hecho. Gold usará la misma maldición que nos trajo aquí para devolvernos a nuestro mundo, puedes tomar a Henry e irte, pero Regina volverá con todos nosotros. ¿Vas a dejarla?

—Sabes que no lo haré —sus ojos me esquivaron y se fijaron en Regina—. ¿Qué pasa si voy y decido no jugar a ser una princesa?

—Voy a encerrarla…

—¿En una torre? La rescataré, mataré un jodido dragón de ser necesario.

—Es tu decisión.

—Las dos sabemos que eso no es cierto.

Era inútil convencerla que yo no era su enemiga, pero estaba segura que si le mostraba la realidad de nuestro mundo y trabajábamos juntas ella iba a encontrar su camino a casa. No iba a rendirme, iba a luchar por recuperar a mi hija.

La puerta se abrió y Henry corrió hacia Emma. Los dos se acercaron a Regina, y se aferraron a ella cuando la nube de magia nos inundó. David y yo nos abrazamos, repitiéndonos al oído que estábamos haciendo lo correcto.