Y sortearé la tempestad si eres para mi
Dudas
Tomó valor de algún lugar desde lo más profundo de su ser y decidió enfrentarse a lo que su omega deseara.
Abrió los ojos.
Un rugido de angustia y dolor brotó desde lo más profundo de su alma, desgarrando su corazón.
Hiccup no estaba, se había marchado, lo había abandonado. El dragón se lamentó con profundo dolor.
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Hiccup escuchó atentamente todo lo que Toothless le dijo. No podía adivinar o imaginar que tan malo era lo que deseaba enseñarle, su corazón se agitó nervioso, pero estaba completamente seguro que sus sentimientos no cambiarían, el alfa que tenía ante él se había robado su corazón y Hiccup no haría nada para recuperarlo. Toothless era una persona dulce y amable, un alfa que no lo trataba como un estorbo o basura por el simple hecho de ser un omega y saber que Toothless lo quería y que deseaba ser su compañero lo hacía sentirse en las nubes. Su corazón estaría en buenas manos y no sería maltratado nunca más.
Al verlo parado a unos metros de él, su persona siendo iluminado por los rayos lunares, sentía que un suspiro se escaparía de su boca. Observó el miedo en sus ojos del alfa y comprendió que de verdad era amado. Toothless lo amaba a él, a Hiccup el inútil. Hiccup la vergüenza más grande de su padre Stoick, el jefe de la tribu más grande de vikingos que también odiaban a Hiccup.
Aunque sonara cruel, su ser se vio rodeado por una alegría infinita al saberse la razón de la gran angustia que en estos momentos dominaba el corazón del alfa al pensar que lo perdería, que él, Hiccup lo abandonaría.
Observó todo sin poder dar crédito a lo que sus ojos veían, ante el sucedía un fenómeno que no podía creer, tal vez estaba alucinando, sí, eso era. Lo más probable era que el pescado que había comido estaba descompuesto y eso le hacía imaginar cosas.
Toothless estaba cambiando, su piel era surqueada por luces de colores y adquiría la forma de escamas de un negro brillante cuando la luz chocaba en ellas, extremidades crecían en su espalda hasta definirse como alas, poco a poco sus rasgos se deformaban para ir adquiriendo la forma de la criatura que él conocía muy bien. Del alfa Toothless no había rastro, en su lugar, un imponente y majestuoso dragón Night fury se alzaba.
La metamorfosis finalizaba y él ya estaba agitado y muy nervioso, no fue consciente del instante en que se levantó del suelo y corrió.
Más el llanto de dolor lanzado al aire como un rugido, momentos después, quebró su corazón.
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-Hiccup se ha ido. Hiccup se ha ido. Se ha ido. - resonaba con intensidad en la mente del Night fury.
Toothless observó el lugar donde anteriormente se encontraba sentado su omega, más no estaba ahí. Gimió con dolor, su omega lo había rechazado, había sentido miedo de un monstruo como él y lo había abandonado.
Tan ensimismado estaba en sus pensamientos, ahogándose en el dolor que lentamente cubría su alma y corazón que no notó la presencia que permanecía a su lado mirándolo en silencio y con lágrimas formándose en sus ojos.
Así que la suave caricia en la parte baja de su cuello le hizo saltar asustado, alejándose del toque creyéndose en peligro. Mas se tranquilizó y su corazón saltó de alegría al observar a Hiccup a su lado, buscó en sus ojos algún rastro de temor y solamente halló amor en ellos.
Regresó a su lado con cuidando, no deseando asustarlo, y rugiendo suavemente.
-Sigues aquí, Hiccup, mi Hiccup- el omega no dudó en volver a acariciarlo y el dragón se inclinó a su toque- creí que te marchaste.
- ¿Creíste que te librarías tan fácilmente de mí? Eh, dragón tonto. - Hiccup besó el costado de la cara del Night fury.
-Fui un verdadero idiota al pensarlo- gruño avergonzado
A pesar de no entender los pequeños rugidos y gruñidos del dragón, Hiccup se podía hacer una idea por los gestos del Night fury y el tono que usaba.
-No importa que forma tengas, mis sentimientos hacia a ti no cambiaran. – extendió los brazos y envolvió la cabeza de Toothless. -Te quiero, Toothless.
El dragón ronroneó feliz y extendió sus alas para rodear el cuerpo de su Hiccup.
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Varias semanas habían pasado desde que Hiccup había aceptado ser su omega y Toothless no podía borrar por un largo rato la estúpida sonrisa que aparecía en su rostro cuando pensaba en el omega. Ahora todo marchaba a la perfección, Hiccup con el paso de los días había permitido al alfa estar más cerca de él e incluso dormía a su lado sin tener que recurrir a su forma de dragón.
Cloudjumper lo fastidiaba a veces, pero ni eso lograba acabar con el buen humor del alfa. El viejo dragón se sentía feliz por su hijo y le aliviaba saber que los celos del alfa hacia él al fin habían desaparecido, aunque todavía trataba de no pasar mucho tiempo con el omega y en estos últimos días lo evitaba casi por completo.
El siguiente celo del omega estaba pronto a llegar.
No era nada extraño porque luego del primer celo era común que estos regresaran cada tercer mes pero cuando un omega encontraba a su alfa estos ciclos podrían adelantarse un poco con el propósito de acelerar el enlace.
Toothless desde días antes había percibido el tenue cambio en el aroma de Hiccup, ese delicioso aroma que se había grabado en su memoria y no le sería fácil olvidarlo nunca. Su parte alfa lo había estado orillado a permanecer siempre cerca de Hiccup y mantener su aroma en él a base de sutiles toques y caricias.
Por otro lado, Hiccup sintió de nuevo esa angustia, su instinto le demandaba hacer un nuevo nido, uno lo suficientemente cómodo en donde retozar tranquilo junto a su alfa durante el tiempo que tardaba su calor. Un omega cualquiera saldría a buscar un lugar que cumplieran con las características o considerara idóneo para iniciar su labor, un lugar donde se sintiera a salvo y a gusto. Hiccup no tuvo que buscar demasiado, el mismo sitio donde había estado descansado desde que llegó y pasó su primer celo seguía siendo el lugar ideal
Cuando estuvo listo, Toothless observó el nido. Se veía hermoso y cómodo, era tentador, el alfa en su interior ansiaba estrenarlo. Arrastra al omega y mantenerlo acorralado, con su cuerpo cubriéndolo y enterrarse en su interior hasta llenarlo con su esencia. No pudo evitar que se colara en su mente la imagen de Hiccup cargando a su descendencia en su vientre, una imagen maravillosa.
Más creía que no era el momento adecuado, quería esperar a que el omega se sintiera totalmente a gusto y no se sintiera forzado a tomar su marca, estar justos como una pareja ahora era suficiente para Toothless. Además, él deseaba que Hiccup eligiera, por lo que no se atrevería a hacer lo mismo que esos despreciables humanos, el alma de Hiccup era una hermosa pieza de cristal con feas rajaduras, cometer semejante atrocidad seria reabrir las heridas que con suma dificultad cicatrizaban y hacerlas mucho más profundas, no, antes de intentarlo prefería morir.
Y lamentablemente también existían algunos problemas en la isla, los cuales era necesario que les prestara atención. Últimamente algunos dragones habían desaparecido, otros estaban enfermando y más de 6 dragones le informaron sobre avistamientos de barcos vikingos muy cerca de la costa. Como el líder no podía permitir que su manada estuviera en peligro.
Toothless habló con Hiccup, le explicó la situación y se disculpó con él prometiéndole que volvería pronto a casa. El omega se sintió decepcionado. Quería pasar su celo con el alfa, pero comprendía la situación y tampoco deseaba que los dragones pasaran malos momentos. Además, él como futura pareja del líder era importante que también se preocupara por la manada, su manada, su nuevo hogar. Eso le hizo sonreír y despedir a Toothless con un beso en la mejilla por la mañana.
Esa misma mañana sintiendo que el aroma dulce y picoso se intensificaba y sintiendo que su autocontrol pendía de un hilo. Toothless con dificultad se alejó de la cueva, dejando solo al omega que estaba muy concentrado en la reconstrucción de su lecho, arreglando las partes que no le gustaban, quería un nido que fuera de su total agrado cuando el celo llegara a su plenitud.
Hiccup al principio estaba tranquilo, aunque por la tarde la ausencia del alfa le provocó un profundo dolor en el pecho, la angustia en el crecía conforme su celo llegaba a su punto más alto. Su omega interno que a cada segundo dominaba su mente clamaba por su alfa, él había elegido a Toothless como su alfa y que él no estuviera cerca con su imponente y tranquilizadora presencia le hacía sentir muy nervioso.
Esa noche no pudo dormir tranquilo.
El segundo día de celo, Hiccup se quedó en la cueva llamando por lo bajo a su alfa mientras se masturbaba. Era algo que solo ayudaba un poco a disminuir el calor que sentía y le permitía dormir. Pero al tercer día por la tarde con renuencia dejó el nido tal y como estaba para salir en busca del pelinegro, ignorando lo peligroso que sería andar en celo en una isla llena de dragones.
Vago por los lugares que solía frecuentar con el alfa, buscándolo con desesperación con la mirada, dejando fluir sus feromonas para llamar al pelinegro atrayendo así las miradas de los dragones alfas más cercanos.
Se detuvo en determinado momento al sentir sus piernas temblar. Los pequeños dragones corrieron a saludarlo dando brinquitos y gorgoteos para que él los acompañara a jugar. Hiccup les sonrió acalorado, sentía su cuerpo débil y su entrada comenzaba más secretar líquido. El calor y el temblor en sus piernas le obligó a sentarse jadeando intensamente, la ropa que portaba se le hacía incomoda y áspera en su piel sensible.
Los dragones omegas percibiendo el aumento de las feromonas del omega en celo fueron en busca de sus crías. Todos los pequeños fueron alejados dejando solo en el lugar a los alfas. Ningún dragón beta u omega se enfrentaría a ellos a pesar de que desearan deshacerse de los alfas que acechaban al omega.
El omega humano era agradable y todos habían esperado que su alfa estuviera con él en estos momentos para tomarlo y protegerlo, pero él se había marchado sin marcarlo. Si tan solo el alfa líder lo hubiera hecho entonces ellos harían todo lo necesario para defenderlo, sin esa marca ellos no podían hacer nada, ningún lazo los vinculaba por lo que continuaba siendo un extraño para la manada.
Los dragones atraídos por las feromonas comenzaban a acercarse, gruñéndose entre sí para intimidar a los más débiles y poder eliminar un poco a la competencia. Se tornaban más agresivos a cada segundo, ninguno quería ceder esa valiosa oportunidad de aparearse, solo hizo falta un mordisco para que una lucha entre inmensas bestias llenas de garras y colmillos se desatara.
Un Nader fue el primero en atacar y la lucha dio inicio.
Cloudjumper que sobrevolaba la zona bajó para saber la razón del conflicto. Solo hizo falta que inhalara una sola vez para sentir las inconfundibles feromonas de un omega humano en celo. En el aire divisó a Hiccup un poco alejado de todo el alboroto y agradecía ser de esos dragones que necesitaban cortejar al omega o estaría en igual condición de inconsciencia que los jóvenes dragones que peleaban para hacerse con el omega. Intentó refrenar a los jóvenes más estos estaban cegados por el deseo y la lujuria. No había mucho que pudiera hacer, solo el alfa líder podía poner orden a todo este caos.
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Toothless había llegado de su viaje de exploración lo más pronto posible y fue atraído por todo el ajetreo que ocurría cuando se dirigía a su cueva. Su corazón latió con terror cuando pudo ver a Hiccup haciendo un gran esfuerzo para alejarse del que se había vuelto el campo de batalla. Toothless no dudó, voló a su ayuda esquivando los robustos cuerpos de dragones que eran lanzados por los más fuertes, al llegar a su lado se transformó y atrajo al chico contra su cuerpo buscando protegerlo.
Hiccup jadeaba a causa de su celo y del esfuerzo realizado para escapar de entre los dragones. Gruesas lágrimas corrían por sus mejillas, el temor lo envolvía, la escena de su anterior violación volvía a repetirse miles de veces en su mente. Gritó cuando sintió que alguien lo tocaba, pero al reconocer a Toothless se aferró al cuello del pelinegro.
Un Monstrous Nightmare de escamas verdes que había logrado vencer a los demás se aproximó amenazante a ellos. Toothless no se amedrentó, al contrario, le gruñó con furia al otro dragón frente a él. Ya había elegido a Hiccup como su compañero de vida y este le había aceptado así que no permitiría que le fuera arrebatado.
El joven alfa, creyéndose más poderoso que su líder al verlo en una forma que todos consideraban débil, rugió esperando intimidarlo. Al no ver reacción alguna dejó que las llamas cubrieran su cuerpo mientras se acercaba.
Toothless soltó al omega y lo dejó en el suelo, Hiccup se aferró a su ropa.
-Alfa, no… por favor.- lloriqueó al imaginar que su compañero fuera lastimado.
-Todo estará bien. Regresaré por ti. - el alfa se alejó unos pasos y su cuerpo paso a ser el del Night fury.
Toothless le ronroneó. Después volvió la cabeza a su contrincante rugiendo estruendosamente. Todos los dragones que miraban la escena inclinaron la cabeza intimidados por el despliegue de poder del que hacía gala el dragón de escamas negras.
El otro alfa gruño desafiándolo.
Toothless volvió a rugir, la muy conocida y temida luz azulina empezó a emanar de su cuerpo centrándose en su lomo y hocico donde se empezaba a formar una esfera azulina. El líder al no ver retroceder a su contrincante disparó. La bola de plasma se impactó contra un muro de rocas destruyendo gran parte de este, fue un tiró de advertencia, muchos dragones chillaron asustados y se elevaron hacia el cielo.
El dragón corrió dispuesto a atacar, Toothless lo imitó. A pesar de las diferencias de tamaño, Toothless no tuvo ningún problema en derríbalo. Lo siguiente que se podía apreciar era la lucha feroz entre ambos alfas, se podía escuchar el sonido estridente de las fauces al cerrarse con gran fuerza al errar un ataque contra su rival, y en algunas ocasiones la carne se rasgó por la increíble fuerza ejercida por las filosas garras. Aullidos de dolor y furia se escucharon por varios minutos en gran parte de la isla.
Al final Toothless tomó el control y sometió a su contrincante, presionó una pata en su cuello y rugió hacia su enemigo, quien se encogió y lloriqueó mostrando el cuello en señal de sumisión, rogando por su perdón. El Night fury elevó su cabeza y rugido su victoria al cielo para demostrar su aun liderazgo.
Se alejó del perdedor y se apresuró a llegar junto a Hiccup, el aroma a celo hizo que todo su cuerpo se estremeciera. Con su cabeza lo instó a subirse en su lomo, ya no soportaba que esa deliciosa fragancia llegara hasta los demás dragones.
Hiccup fue devuelto a la seguridad de su nido y no dejó que el dragón se marchara. El Night fury se recostó a su lado emitiendo un sonido parecido al ronroneo de un gato. Los minutos transcurrieron en relativa calma hasta que los apéndices auditivos del dragón captaron un imperceptible sollozo.
Hiccup lloraba en silencio, su mente ya no se encontraba tan brumosa por el celo por lo que ahora se veía de nuevo invadido por esos molestos pensamientos que le hacían pensar que no era digno del alfa. Pensaba que tal vez Toothless había abierto los ojos y cambiado de opinión referente a su relación.
Aunque sabía que Toothless no sería capaz de hacerle eso, aun así, parecía que a su mente le encantaba hacerlo sufrir.
Una sonrisa temblorosa elevó sus mejillas al escuchar el gimoteo que el dragón soltó, haciéndole saber que él se entristecía al verlo llorar.
- Lo siento, causé un gran alboroto allá afuera. No fue mi intención, yo solo… deseaba estar a tu lado. –
El suave ronroneo y la agradable sensación de sentir el peso de la cabeza en su vientre lo reconfortó. Hiccup no entendía cómo, pero al estar cerca de Toothless mágicamente sus oscuros pensamientos desaparecían y sentía que podía respirar de nuevo sin que su pecho doliera.
27/09/2021
