La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Muchas gracias a todo por leer y comentar, espero que este capítulo sea de su agrado, es un poquito loco, pero me he divertido mucho escribiéndolo.

NOTA: Al llegar al final respire profundo y cuente hasta diez.

¡Feliz Lectura!


CAPÍTULO 19

No podía creerlo. Simplemente no podía asimilar que habíamos sido llevados a la fuerza a un mundo diferente, supuestamente donde había nacido. Un lugar al que ninguna persona cuerda querría regresar alguna vez. Había ogros, enormes y grotescos, que seguramente querrían comerme. No podía morir arrollada por un auto, pero un caballo podía pisarme hasta la muerte.

Creo que apreté a Regina demasiado, porque se quejó, y sus ojos se abrieron. Sentí un leve alivio momentáneo. Besé su cabeza, admirando lo hermosa que se veía con el cabello largo, y le dije que todo estaría bien. Ella no estaba del todo consciente. Me hubiese gustado saber qué sedante le habían dado, pero nadie iba a decirme nada. Eran ellos contra nosotros tres y Sarah, al menos ella era una aliada con la que podía contar.

Me quedé sentada en el suelo, con Regina en mis brazos y sosteniendo firmemente a Henry para que la distracción de estar en un lugar con el que había soñado durante tanto tiempo no lo hiciera perderse entre la multitud. Todos se movían a nuestro alrededor, organizándose, asegurándose que todos recordaran el plan que habían acordado para emprender el camino a su viejo hogar. Disimulé un suspiro de alivio al ver a Sarah.

—¡La conozco! —Henry se movió emocionado a mi lado.

Giré para ver a quién se refería, y reconocí de inmediato a Aurora con Philip cabalgando a su lado. Ellos nos habían estado esperando, traían caballos y algunos carruajes. Sus guardias ayudaron a organizar a algunos de los pobladores. Más de la mitad de los habitantes de Storybrooke se fueron con ellos, el resto iríamos al castillo de la Reina Blancanieves.

—¿Quién eres? —Regina preguntó en un susurro.

Dejé de observar al resto de personas y me concentré únicamente en Regina.

—¡Hey! —Sonreí—. Estás despierta.

Sus hermosos ojos no mostraban ningún tipo de reconocimiento.

—¿Quién eres?

—Soy yo, Emma.

Mi corazón se aceleró, mis músculos se tensaron, estaba entrando en shock. Ella no me reconocía, no sabía quién era yo. Se puso nerviosa, aún somnolienta y débil, moviéndose inquieta en mis brazos y mirando hacia otro lado.

—Nieve —ella recordaba a mi madre y no a mí.

—Mamá —Henry intentó hablar con ella, dándose cuenta de lo que estaba sucediendo.

Mary Margaret se acercó a nosotros, al igual que un león a su presa. Solo pude estrechar a Regina con fuerza, casi convencida que me la arrebatarían.

—Nieve —dijo Regina casi desesperada.

—Regina —Mary Margaret se inclinó hacia nosotras.

—¿Qué hiciste con ella? —La acusé—. ¡Borraste sus recuerdos!

—¿Qué? ¡No! —Encima de todo fingió inocencia.

Regina me empujó un poco pero no la solté.

—¿Cómo pudiste? ¿Este era tu maravilloso plan?

—No he hecho nada.

—Déjeme ir —dijo Regina, y miró a Mary Margaret buscando ayuda—. Nieve. Dile que me deje ir.

—Regina…

—¡No la toques! —aparté su mano de inmediato.

—Estás asustándola —se atrevió a decirme.

—¿Yo estoy asustándola?

—Cálmate. Solo es un mal entendido.

Regina forcejeó conmigo, despojándose de su adormecimiento ante su evidente desesperación por alejarse de mí.

Tuve que soltarla, y Mary Margaret no dudó en ayudarla, casi colocándose como un muro entre nosotras. Me levanté, asegurándome de poner a Henry detrás de mí para poder enfrentarme a la mujer que supuestamente era mi madre.

—¿Qué está pasando, Nieve?

—Regina. Soy Emma. Ven conmigo —le ofrecí mi mano—. No puedes confiar en ella.

—No tenemos tiempo para esto. Debemos partir de inmediato.

—No me importa qué diablos hiciste, vas a devolverle sus recuerdos ahora.

—Azul debió hacerlo. Todo pasó demasiado rápido, pero voy a solucionarlo —dijo con extrema calma—. Siempre y cuando cumplas el trato.

—¿En serio crees que voy a hacer un trato contigo?

—No hagamos una escena. Hablaremos de esto cuando lleguemos al castillo.

—¡No vas a apartarla de mí!

Sujeté a Mary Margaret del brazo, y la mirada que me dio fue demasiado desconcertante.

—Regina —dijo Mary Margaret, interpretando el papel perfecto de una Reina—, esta es mi hija, Emma… tu prometida —dijo fríamente—. ¿Ves? Cumpliré mi parte del trato mientras tú cumplas la tuya.

La forma en la que Regina me miró rompió mi corazón. Ella estaba tan confundida y Mary Margaret solo la lanzó por un precipicio. Su jugada fue más que perfecta: había borrado los recuerdos de Regina, reemplazándolos seguramente por alguna loca historia que la ponía de su lado y en mi contra, porque por nada del mundo Regina Mills tomaría su mano y se iría con ella, y me había dejado en una posición en la cual mi única opción era aceptar todas sus peticiones.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó Henry.

—Voy a ser una maldita princesa. No le digas a tu madre que digo malas palabras delante de ti.

—Eso va a hacer fácil ahora que no sabe quiénes somos.

—Vamos.

Lo tomé de la mano, y corrimos hasta alcanzarlas. Mi malvada madre estaba muy equivocada si pensaba que su sucia jugada iba a alejarme de Regina.

Hice a Leroy a un lado para poder entrar en el pequeño carruaje. Regina me miró por completo sorprendida y sostuvo con fuerza la mano de Mary Margaret.

—Wow… es un carruaje de verdad —era imposible que Henry no disfrutara los pequeños detalles de nuestra horrible situación.

—Espera a ver el castillo, Henry —Mary Margaret se atrevió a sonreír—. Nuestro castillo es absolutamente hermoso, ¿no es así Regina?

Regina asintió, esbozando una hermosa sonrisa que de inmediato se difuminó al verme.


XXXSQXXX

El viaje pudo no haber sido muy largo, pero fue horrible tener que soportar toda esa situación sin poder decir o hacer algo.

Henry casi se cae al bajarse del carruaje por el afán de ver de cerca el enorme castillo en el que viviríamos. Sus mejillas iban a estropearse de tanto sonreír. Fue un duro trabajo sostenerlo de la mano para que no se perdiera entre la gente que entraba con nosotros. David al fin se bajó de su caballo y dio las respectivas órdenes a todos.

Mary Margaret podía creer que había logrado engañarme, pero todo era demasiado evidente. David ni siquiera se inmutó cuando ella le dijo que Regina no recordaba ni a Henry ni a mí.

—¿Por qué están diciendo que no recuerdo? Lo recuerdo todo —Regina estaba un poco frustrada, y Mary Margaret no dudó en calmarla.

—Lo sé, Regina.

—¡No le mientas! —Protesté de inmediato.

Regina parecía no poder creer que yo había gritado a Mary Margaret.

—David, lleva a Regina adentro…

—Él no va a llevarla a ningún lado. Esto se acaba aquí.

Regina tomó la mano de David, mirándome fijamente, como si la malvada del cuento fuera yo. Henry se ofreció a ir con ellos, y no pude hacer nada por evitarlo.

—No te despegues de Regina. Iré enseguida detrás de ustedes.

Regina me dio una última mirada de reproche y se fue con ellos.

—Emma.

—No puedo creer que seas mi madre.

—Este es un pequeño imprevisto.

—No soy idiota. Sé muy bien que lo planeaste todo.

—Lo único que estoy intentando hacer es recuperar a mi hija.

—Eso no va a pasar. Tomaré a mi familia y nos iremos de aquí.

—Eso no va a pasar —repitió mis propias palabras.

—¡No puedes impedirlo! ¿Qué harás? ¿Encerrarme?

—Le dije a Regina que era tu prometida, eso debería demostrarte mis buenas intenciones.

—Lo hiciste para indisponerla conmigo. ¿De cuándo acá ella confía en ti?

—Tú misma has visto mi comportamiento con Regina. Estoy dispuesta a aceptarla en nuestra familia solo si tú aceptas que eres mi hija, la princesa y heredera de este reino.

—Perdiste por completo la cabeza.

—No voy discutir contigo. Tengo cosas que hacer.

Caminó lejos de mí, pero la seguí.

—Dale sus recuerdos de vuelta y haré lo que me pides.

—Sé que no lo harás.

—Lo haré. Estoy aquí. Solo quiero a Regina de vuelta.

—Veré que todos se instalen y hablaré con Azul —sostuvo mis mejillas entre sus manos, con esa fingida dulzura que ya no lograba engañarme—. Seremos muy felices, Emma. Tendrás la vida que siempre debiste tener. Sé que muy pronto entenderás que todo lo que hemos hecho, tu padre y yo, ha sido únicamente por ti, porque te amamos.

Me quedé allí por un momento. Necesitaba un respiro. Sentía como si de un momento a otro mi vida hubiese sido arrancada de raíz por un horrible tornado y de pronto estaba en medio de una tormenta donde las olas me empujaban de un lado a otro. No podía opinar ni decidir nada, estaba perdida, dejándome llevar mientras me esforzaba por no ahogarme en el proceso.

Quería a mi Regina, con sus recuerdos, con sus ojos de color chocolate mirándome y sabiendo que era yo. Era la única forma en que sabría que todo estaría bien.

Corrí por todos los pasillos de piedra del castillo, revisando habitación por habitación hasta poder encontrarlos, y aunque ella no me recodaba, en cuanto la vi la abracé con todas mis fuerzas.

—Puedo ser su prometida, pero hasta que no nos hayamos casado no es correcto que usted me abrace así.

La solté, y sonreí, recordando que se suponía que teníamos que consumar nuestra relación. Era demasiado irónico.

—No somos prometidas —quería contarle todo, aprovechando que David no estaba allí.

—Ni siquiera me creyó que soy su hijo —dijo Henry desde el balcón en el cual estaba asomado—. Y ella cree que tus padres son sus padres.

—Sé que no lo son —dijo Regina molesta.

—¿Quiénes crees que son? —pregunté. Quería intentar entender lo que ella creía que era real.

—Son… mi madre no era una buena persona y ellos se encargaron de mí. Son mi familia.

Apreté los puños y conté hasta diez. Se suponía que eran mis padres, no estaba bien querer deshacerme de ellos.

—Es por eso que me comprometieron contigo —lo dijo intentando disimular el enojo que eso le producía, era evidente en la forma en que me miraba.

—Sé que no me crees, pero no es así. Tu mamá no era nada bueno pero mis padres tampoco lo son. Eres la Reina de todo este… mundo, o algo así.

—Soy una princesa… Y no tengo ningún interés en ser la Reina.

—Está bien. Eres una princesa, lo serás hasta que recuperes tus recuerdos.

—No tengo nada que recordar.

—Está bien —no iba a discutir con ella. No tenía ningún sentido—. Nos quedaremos aquí hasta que Mary Margaret venga con esa estúpida hada.

—Las hadas no son tal cosa —dijo por completo ofendida.

—Ella es divertida sin sus recuerdos.

—Henry.

Los dos nos miramos y nos esforzamos por no reír.

Regina nos hizo salir, quería estar a solas, así que Henry y yo nos sentamos afuera de su habitación para no molestarla y seguir cuidando de ella.

—Esto es una pesadilla. Voy a despertar en cualquier momento y no estaremos aquí.

—¿Qué pasa con Sarah?

—Ella está aquí, pero debemos fingir que no la conocemos, chico.

—Es nuestra arma secreta.

—Eso espero.

—Será de ayuda con mamá. Ella no confía en nosotros sin sus recuerdos.

—Lo arreglaremos en un rato.

—Yo no estaría tan seguro.

—No digas eso. Hice un trato con mi malvada madre.

—Nunca creí que Blancanieves sería la villana de nuestra historia. Es interesante.

—Creo que todavía tienes una sobrecarga de adrenalina y un raro concepto de lo que es interesante. Todo esto es un desastre. Me siento como Dorothy queriendo volver a casa, y tú eres el espantapájaros.

—Ni lo sueñes. Tengo que ser un personaje increíble.

—Te quiero —lo abracé—. No lo digo muy a menudo pero te quiero muchísimo.

—Yo también te quiero, ma.

—¿No vas a llamarme mami?

—Estoy muy viejo para eso.

—Me hace falta Regina para que te recuerde que eres su bebé.

—No te preocupes, todo lo que tienes que hacer es conquistar a mamá, para que puedas darle un beso.

—¿Un beso de verdadero amor?

—Es lo más efectivo para romper cualquier hechizo o maldición.

—Ella y yo…

—Lo sé, y tú también vas a descubrirlo cuando tengas que besarla y ella recuerde todo. A estas alturas ya deberías haber aprendido cómo funciona todo esto.


XXXSQXXX

Mary Margaret o como sea que se haga llamar ahora, estaba delante de mí cuando abrimos los ojos. Debimos habernos quedado dormidos, y no tenía un reloj para saber qué hora era, pero habíamos esperado más que suficiente.

—He reservado habitaciones para ustedes dos —sonaba casi maternal.

—Eso no va a pasar. Nos quedaremos con Regina.

—Emma.

—Madre —me puse de pie, con una sonrisa falsa en mi rostro y simulando que no tenía un ataque de ansiedad—. He esperado más que suficiente.

—Azul no puede hacerlo.

—Te lo dije —dijo Henry.

—Puedes intentar darle un beso de verdadero amor.

—Eso también te lo dije.

—Tápate los oídos, Henry.

Henry me miró, y supo que tenía que hacer lo que le dije. De todas formas me acerque a mi malvada madre, la abracé y susurré a su oído para que solo ella me escuchara.

—No solo voy a besarla —la sostuve para que no se alejara y me escuchara hasta el final—, voy a hacerle el amor tantas veces que todo el maldito reino va a saber que Emma Swan es el verdadero amor de Regina Mills.

Y al igual que en un par de películas que había visto, besé su mejilla dramáticamente y me aparté para mirarla a los ojos.

—Oficialmente estamos en guerra. Acabas de convertirte en mi enemiga.

Ella se quedó sin palabras, su horror se convirtió en ira y volvió a convertirse en horror. Ella simplemente no podía creer lo que yo acababa de decirle, pero se lo buscó, y esperaba que fuera suficiente para que entendiera lo que había hecho.

—Me he esforzado por ser compresiva, pero tú me estás obligando a tomar medidas radicales.

—Lo mismo digo.

Entré a la habitación con Henry, y Regina parecía haber estado pegada a la puerta escuchando. Retrocedió a penas nos vio, tenía un candelabro en sus manos, y toda su actitud dejaba en claro que tenía pensado usarlo para defenderse.

—Mamá…

—Quiero salir…

—Nadie va a retenerte —puse mi mejor sonrisa para lograr convencerla.

—Escuché lo que le dijiste a tu madre.

—Fue un poco dramático pero… es la verdad.

—¿Van a dejarme salir?

—Nosotros no somos los malos, mamá.

—Les creo —mintió—. Solo quiero salir. Tengo hambre.

—Ok. Vamos a buscar algo de comida.

Regina soltó el candelabro y prácticamente salió corriendo por delante de nosotros.

Suspiré apesadumbrada.

No podía sentirme más cansada de lo que ya estaba, pero no iba a dejar a Regina vagar sola por un castillo lleno de gente que seguramente la odiaba, empezando por mis padres. Una mujer extraña nos dio de comer algo que habían preparado para todos, era evidente que seguían organizándose, corriendo de aquí para allá limpiado y ordenando todo. Mientras comía la sopa que me dieron no podía dejar de pensar cómo mi vida se había vuelto un completo caos, un día estaba atrapando delincuentes para ganarme la vida y al minuto siguiente mi hijo apareció para llevarme a una aventura interminable.

Mis pesimistas pensamientos fueron interrumpidos al ver a Regina levantarse de la mesa. Ella no era feliz con nosotros siguiendo sus pasos, pero no íbamos a separarnos por nada del mundo.

—Es impropio dormir todos en una misma recámara—se cruzó de brazos.

—Lo haremos. Tomaré ese sillón y ustedes compartirán la cama. Henry es un niño y hay suficiente espacio.

—Hablaré con nieve.

—No. Lo siento pero vas a tener que hacer lo que yo digo.

Ella guardó silencio, bajó la cabeza y se sentó en el borde de la cama. Me hizo recordar que ella no era la mujer que había hecho mi vida imposible en Storybrooke, había pequeños rasgos, pero toda su actitud era por completo diferente, más suave y dócil. Mary Margaret no debe haber querido tener a alguien con un comportamiento explosivo que se interponga en su camino.

Caminé hacia ella y me senté a su lado. Henry parecía estar esperando que yo hiciera algo que mágicamente resolviera todo.

—Mira… sé que no crees nada de lo que Henry y yo te hemos dicho, y seguramente si yo fuera tú tampoco creería en nada de esto —no sabía que decir para convencerla—. ¿Te has preguntado por qué llevas esa ropa tan rara? ¿Lo sabes?

—Acabamos de volver de otro mundo —dijo aún sin mirarme.

—Sí. Eso es cierto.

—Sé que hicieron algo malo.

—¿Quiénes?

—Ustedes —dijo en un susurro.

—¿Nosotros? —Reí sin ganas—. Mary Margaret es realmente increíble.

—Su nombre es Blancanieves —levantó la cabeza al fin y me enfrentó—. Deberías hablar de tu madre con más respeto.

—Y tú no deberías tutearme. ¿No se supone que eres una princesa?

Sus mejillas se pusieron rojas y volvió a bajar la mirada. Escuché a Henry reír y me volteé para decirle que no lo hiciera. No debíamos molestarla más.

—Solo bromeaba. Puedes llamarme Emma —levanté suavemente su rostro y la hice mirarme—. Es muy importante que no confíes en nadie fuera de esta habitación. Mis padres no son buenos, nadie en este castillo lo es.

No podía hacer nada más. Debía buscar la manera de hablar con Sarah y ver si a ella se le ocurría algo, pero eso tendría que esperar al menos hasta el día siguiente.

Henry y Regina se acomodaron en la cama, y yo tomé el sillón que estaba cerca del balcón, al menos eran de esos largos que me permitían tener alzados mis pies, aunque no era muy cómodo. Lo bueno es que estaba demasiado cansada para quejarme. No tardé en quedarme profundamente dormida, aferrada a la esperanza que todo fuese una horrible pesadilla, y que al día siguiente despertaría con Regina a mi lado.

XXXSQXXX


REGINA

Ellos estaban dormidos. Lo sabía porque había esperado lo suficiente para estar por completo segura. Era consciente que posiblemente no tendría otra oportunidad, así que me levanté, caminé en puntillas hasta llegar a la puerta y la abrí con extremo cuidado para no hacer ruido. No miré atrás, corrí descalza por los fríos pasillos sin que me importara no haber tomado mis zapatos un abrigo. Tenía que huir de esas personas.

Casi caí al tropezar de frente contra una persona al final del pasillo, y cuando vi que se trataba del Rey suspiré aliviada.

—Lo siento tanto, yo solo me distraje y no tuve cuidado al ver por dónde iba.

—¿Hacia dónde ibas?

—Yo… quería alejarme de ellos… no me dejaban salir.

—Ven conmigo.

Él me llevó hasta su habitación. Nieve estaba allí, cepillando su cabello, seguramente alistándose para ir a la cama.

—La encontré en el pasillo, parece que Emma y Henry han estado dándole un mal momento.

Nieve sonrió y no dudé en aceptar su mano. David nos dejó a solas y nosotras nos sentamos en la cama.

—Si Emma se ha portado mal contigo, puedes contármelo.

—No… es… ella es tu hija —no podía hablar mal de una hija con su madre.

—Tú eres muy importante para mí. No imaginas cuánto. Quiero que seas honesta conmigo, recuerda que no debemos tener ningún secreto entre nosotras, incluso si se trata de mi hija. Sé mejor que nadie que Emma no es ella misma en estos momentos.

—Escuché lo que ella te dijo… la amenaza. No ha parado de decirme que no puedo confiar en ustedes.

—Pero tú sabes que hemos estado unidas desde hace mucho tiempo.

Sostuvo mis manos entre las suyas, haciéndome sentir más tranquila.

—No entiendo por qué debo comprometerme con ella.

—Regina, cariño —acarició mi cabello como siempre suele hacerlo—. Yo tampoco creo que debas estar con ella. Estoy segura que podríamos encontrar un príncipe adecuado para ti… es solo que Emma tiene esta idea de que ustedes deben estar juntas. Ella es mi única hija, un día será Reina, no puedo simplemente contradecir sus deseos. Lo entiendes ¿cierto?

—Sí —dije con pesar.

—Pero eso no significa que tú y yo no podamos hacer algo para cambiar toda esta situación.

—¿Romper el compromiso?

—Solo si es lo que tú deseas —asentí de inmediato y las dos sonreímos—. Me alegra que estemos de acuerdo.

—¿Cómo lo haríamos? Ella no se despega de mí ni un solo segundo.

—Esto no va a ser fácil, Regina. Mi hija se ha dejado corromper terriblemente, tú misma has sido testigo de su comportamiento.

—Lo sé. He intentado hacer lo que ella me pide…

—Eso está muy bien. Por ahora lo que mejor podemos hacer es no contradecirla. Nuestro reino la necesita, por eso estuve de acuerdo en continuar con este compromiso. Debemos conseguir que ella sea una buena persona otra vez, que se preocupe por su pueblo. Estoy segura que tú podrás ayudarme a convencerla. De esa forma no estará sobre ti todo el tiempo.

—Puedo hacer eso —sonreí y entrelazamos con más fuerza nuestras manos.

—Lo que no puedes hacer por ningún motivo —acercó su rostro al mío—, es intimar con ella. Eso sería una falta terrible de tu parte. La gente te vería como una cualquiera cuyo único interés es robar mi corona. Jamás te lo perdonarían. No puedo ni siquiera imaginar lo que pasaría contigo si llegaras a hacer algo tan terrible.

Mi sangre se heló ante la simple idea. David y Nieve eran mi única familia, sin ellos estaría perdida. Nieve me abrazó, calmando todos mis nervios. Apoyé mi cabeza en su hombro y ella acarició mi cabello.

—Voy a hablar con las hadas para que ellas encuentren un verdadero amor para ti. Si le decimos a Emma que tu corazón pertenece a alguien más, seguramente eso logrará hacerla desistir de esa obsesión insana que tiene contigo. Debes prometer que mantendremos nuestra alianza en secreto.

—Lo prometo.