La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Muchas gracias a todos por leer y comentar. Mis largas vacaciones han terminado y estoy de vuelta. Como dije en mi otro fic: tenía toda la intención de escribir capítulos especiales para todos mis fanfics como regalo de Halloween, y un corte de energía ha truncado mis planes, he estado días desconectada del mundo y ustedes se han salvado de una muerte masiva de personajes en todos mis fics.
NOTA: QueenieMills, muchas gracias por tus cuestionamientos en cada review, son como los comerciales para el próximo capítulo, los adoro. Raquesofi creo que parte de tu deseo pudo haberse cumplido en este capítulo.
CAPÍTULO 21
REGINA
David me llevó a la habitación de Nieve y me dijo que esperara allí. Eso me dio tiempo de calmarme y organizar mis pensamientos. No podía terminar de comprender a Emma, era una persona tan complicada; sus intenciones parecían ser buenas pero solo es un disfraz para manipular todo a su alrededor.
—Regina. —Mary Margaret entró a la habitación y me abrazó—. ¿Por qué estabas con Emma fuera del castillo? ¿Iban a irse?
—Solo dimos una vuelta.
—Quiero que me lo cuentes todo —dijo tomando mis mejillas entre sus manos.
—No hay nada que decir.
Me alejé de ella y salí al balcón. No podía quitarme la sensación de sentirme como una prisionera.
—¿Qué sucede, Regina? Háblame.
—Creo que tienes razón con respecto a Emma.
—Por supuesto que sí.
—Pero hablar de ella sin su conocimiento no es correcto.
—Lo es. Esta es la única forma en que podemos solucionar nuestros problemas. No tienes idea de las cosas terribles que dijo hace unas horas, amenazó la vida de todos. Estoy tan preocupada.
—¿Qué fue lo que dijo?
—No quiero agobiarte con eso. Muy pronto vas a enterarte de todo lo que ella está exigiendo —tomó mis manos entre las suyas—. Necesito que la convenzas de parar con toda esta locura. Podemos usar su obsesión por ti a nuestro favor.
—Pienso que… debería decirle la verdad. Quizá si ella sabe que no deseo ser su esposa va a romper nuestro compromiso.
—Eso no va a funcionar. Es cuestión de tiempo para que ella acepte que su lugar es aquí con su familia.
—Es que no quiero seguir haciendo esto, por favor —supliqué apretando sus manos, intentando transmitirle mis preocupaciones.
—Mi querida Regina.
Nieve soltó mis manos, acomodó mi cabello y tomó mis hombros acercándome un poco más a ella.
—No eres la única que está haciendo sacrificios. Me gusta pensar que puedo contar contigo y que no eres igual a tu madre ¿estoy equivocada?
—No —dije muy segura de mí misma.
—Creo que es momento que me demuestres a mí, y en especial a todo nuestro reino, que eres una buena persona. Nadie aquí se preocupa por ti, solo David y yo. Estoy haciendo hasta lo imposible para salvarte de mi propia hija. ¿No te parece que lo menos que puedes hacer es ayudarnos también? Nosotros estamos haciendo lo correcto, pero si tú no quieres poner de tu parte no nos quedará más opción que dejar que mi hija haga lo que quiera contigo.
Sus palabras hicieron que mi corazón lata muy rápido, mis piernas se sintieron débiles.
—Lo siento, Nieve. —La abracé con fuerza e hice lo posible por no pensar en lo que sería de mí en manos de Emma.
—Solo debemos insistir en convertir a Emma en la princesa que todos necesitamos.
XXXSQXXX
Emma y Henry no estaban esperándome en mi habitación, estaban exactamente afuera de la habitación de Nieve. Lo único que sentí al verlos fue unas inmensas ganas de hacerlos desaparecer en una nube de humo. ¿Es que no podía tener ni un solo segundo de descanso?
Me vi obligada a encerrarme en el cuarto de baño para tener un momento de paz, y al parecer conseguí mucho más que eso al poder pensar por mí misma al fin, en lugar de tener los pensamientos y creencias de dos extremos opuestos que habían decidido ponerme en el medio de una guerra. Evalué los hechos y me planteé las posibles consecuencias de cada una de mis decisiones a tomar.
No me sentía bien teniendo que guardar tantos secretos que en realidad parecían ser mentiras y manipulaciones. El fin no justifica los medios. Por otro lado, aunque no deseaba ser tratada como un objeto, no podía deshacer mi compromiso con Emma, solo ella podía hacerlo y ese no parecía ser su deseo. Mi título de princesa parecía flotar en el aire, la única razón por la que no había sido arrojada afuera del castillo era porque Nieve me había acogido bajo su protección. Emma era la futura reina de todo el Bosque Encantado, sus deseos eran órdenes.
Mi única opción era dejar el que había sido mi hogar por tanto tiempo e ir a un lugar donde jamás podría ser encontrada.
Al salir, Emma y Henry estaban lanzándose cojines, ninguno intentó hablar conmigo. Cuando llegó el momento de la cena y dije que no tenía apetito en ese momento, no me obligaron a comer. Ellos no tardaron en dormirse, pero de todas formas esperé el tiempo suficiente para asegurarme que todos en el castillo también estuvieran dormidos.
Me hubiese gustado tener algo más cómodo que un vestido, pero no tenía tiempo para buscar algo apropiado. Tomé la capa que me habían dado para mantenerme abrigada y fui muy cuidadosa al abandonar el castillo.
Todo estaba demasiado oscuro, mi camino apenas era iluminado por la luna y las estrellas en el cielo. Con cada paso que daba, adentrándome en el bosque, mi corazón se aceleraba; los sonidos parecían intensificarse y hasta el ruido que mis pies hacían al caminar me hacía sobresaltar; pero tenía que seguir avanzando, poniendo la mayor distancia que me sea posible entre mí y el castillo… y de pronto, como si mis miedos se materializaran, alguien agarró mi mano deteniéndome.
Grité y luché con todas mis fuerzas, pero mi otra mano también fue sujetada.
—¡Hey! ¡Alto! ¡Soy yo, Emma!
Ni siquiera sé en qué momento había cerrado los ojos, pero cuando los abrí, Emma estaba a escasos centímetros cerca de mí.
—Voy a soltarte ¿ok?
Me soltó y lo primero que hice fue correr. Emma seguramente estaría furiosa por haberme descubierto abandonando el castillo. Estaba en serios problemas, en especial porque ella no tardó en alcanzarme otra vez.
—No voy a hacerte daño —suspiró exasperada—. ¿Por qué estás intentando huir?
Me arrimé contra el árbol detrás de mí y me negué a decir palabra alguna.
—¿No vas a hablar conmigo? Por si no te has dado cuenta estás intentando huir en mitad de la noche, con solo un vestido y nada de comer, ¿qué tan lejos crees que vas a llegar? ¿Al menos sabes a dónde irás?
Me crucé de brazos y miré hacia otro lado. Ella podía pensar lo que quisiera.
—Estuviste inquieta todo el rato, sabía que andabas planeando algo en esa loca cabeza tuya, pero al menos debiste tomar un caballo, sabes montar ¿por qué no lo hiciste?
—No soy una ladrona.
—Bien, al menos ya estás hablando —odiaba que hablara conmigo como si yo fuera ingenua—. ¿Dónde piensas ir?
—A cualquier lugar lejos de aquí.
—Lo cual significa que vas a terminar en la panza de un ogro.
—Si eso llegara a suceder, al menos sería por mi propia decisión.
—Te molestaste conmigo porque dije que este no era mi hogar y ahora estás huyendo. ¿Por qué?
Levanté mi cabeza, la miré a los ojos y decidí ser honesta.
—No quiero casarme contigo. Puedes ordenar que me corten la cabeza pero no voy continuar con esta farsa.
—Oh —me sorprendió ver lo herida que parecía por mis palabras.
—No era mi intención herir tus sentimientos —dije suavemente—. Estoy segura que habrán muchas otras mujeres muy felices de casarse contigo, es solo que yo quiero enamorarme, quiero poder elegir a quién amar.
—No voy a forzarte a que te cases conmigo. Pero ese no es motivo para que te pongas en riesgo de esta manera.
—Es que no quiero seguir estando en medio de la guerra que tienes contra tus padres, no quiero tener que mentir ni guardar secretos. Yo no soy así.
—Es bastante extraño ver esta versión de ti —dijo con una sonrisa triste—. Sigues siendo tú pero al mismo tiempo no, pero siempre has sido muy mala mintiendo e intentando ser sutil.
—¿Estás molesta conmigo?
—No.
—Yo estoy molesta contigo —me crucé de brazos—. Me exasperas, y no puedo descifrar tus verdaderas intenciones. Eres una persona demasiado complicada.
—¿Yo soy complicada? —No entendí qué tenía eso de gracioso—. Eres la mujer más complicada que he conocido en mi vida, incluso esta versión dulcificada de ti está volviéndome loca.
—Deberías intentar ser más amable.
—Ok princesa, ahora volvamos a casa antes que nos coma un ogro.
—No puedo volver, y no me preguntes por qué, hice una promesa.
—¿Prometiste huir?
—No. Prometí hacer algo y no voy a contártelo.
—Voy a matar a mis padres.
—¡No!
Intentó alejarse de mí pero la detuve.
—Ellos no son de fiar, Regina. Te están usando y poniéndote en mi contra.
—No es así.
—No quiero discutir aquí, es peligroso. Si en la mañana sigues queriendo huir lo haremos mucho mejor que esto, lo prometo.
Dudé. Emma podía estar engañándome, si regresaba ella podría encerrarme y no dejarme salir jamás.
—Regina.
—No sé si puedo confiar en ti. Si vas a castigarme prefiero saberlo ahora.
—Eso solía sonar bonito cuando bromeábamos. No puedo darte unas nalgadas ¿o sí?
—No soy una niña —un castigo de esa naturaleza me resultaba insultante.
—Lo sé —me miró inapropiadamente y sonrió—. Voy a ponértelo por escrito, pero tendrá que ser un secreto.
—¿Por qué?
—Porque decir que eres mi prometida me ayuda a protegerte, la gente va a pensarlo dos veces antes de hacerle daño a la novia de la futura reina. Es importante que no se lo digas a nadie.
—Pero lo pondrás por escrito.
—Lo haré.
Cuando volvimos a mi habitación, ella buscó un papel, y escribió con una caligrafía muy extraña que ella jamás se casaría conmigo a menos que yo lo quisiera así. Me sentí tan feliz que la abracé con todas mis fuerzas.
XXXSQXXX
EMMA
Todas las versiones de Regina Mills —la que quiere matarme y la que no quiere que mate a alguien— tienen algo en común: son complicadas. Ella es una mujer extremadamente complicada. Sabía que había algo molestándola, lo cual con todo el estrés era normal, pero jamás pensé que escaparía. Obviamente necesito poner algo de sensatez en esa loca cabeza suya, no puede ir por ahí caminando entre nubes cuando todo a nuestro alrededor es lava ardiendo.
No debería molestarme tanto que ella no quisiera casarse conmigo, no era ella misma, y yo ni siquiera le propuse matrimonio. Nunca he querido casarme, no quiero hacerlo.
Durante el transcurso de toda la reunión que tuve en la mañana, mi mente pasó por completo lejos de allí, pensando en tantas cosas a la vez. ¿Cómo iba a hacer para que Regina se enamorara de mí otra vez? Ni siquiera sé por qué se fijó en mí la primera vez. Quizá ni siquiera me amaba, seguramente aún con sus recuerdos tampoco quiere casarse conmigo.
—¡Emma! —David llamó mi atención.
—¿Qué? —contesté bruscamente.
—Queremos que vayas con nosotros a explorar los alrededores, debemos hacer un reconocimiento del lugar, saber a ciencia cierta con qué recursos contamos.
—Claro. Regina vendrá con nosotros.
—Eso es imposible.
—Hazlo posible. No iré sin ella.
La sesión terminó con todos de muy mal humor, otra vez. Me acerqué a Mary Margaret porque acababa de ocurrírseme una loca idea de la cual esperaba no tener que arrepentirme.
—Me gustaría que Henry se quedara contigo mientras Regina y yo vamos a explorar.
—¿Lo dices en serio?
—Sí. Pero solo si vas a mantenerlo a tu lado todo el tiempo, si no es así, entonces lo llevaré con nosotras.
—No. No. Henry es mi nieto, estoy encantada de poder pasar tiempo con él.
—Bien.
Mi nuevo plan logró hacer feliz a mis dos personas favoritas. Henry estaba encantado con su parte de la misión, lo cual me permitía vigilar a Mary Margaret y evitar que Henry deambule solo por el castillo. En cuanto a Regina, un poco de aire fresco iba a sentarle bien. David no se opuso a que nosotras exploráramos solas, con Mary Maragaret cuidando de Henry ellos sabían que no intentaríamos ningún tipo de escape.
—Debimos tomar los caballos que tu padre nos ofreció —hizo un pequeño mohín adorable. Se veía preciosa en su ropa de montar con el cabello recogido en una trenza.
—No me gustan los caballos.
—Esas son tonterías.
—Estás muy rebelde hoy.
—¿Por qué tenemos que explorar? ¿Qué estamos buscando? Creí que no te gustaba explorar porque le tienes miedo a los ogros.
—¿Y tú no?
Se encogió de hombros y siguió caminando.
—Decidimos que las hadas hagan unos cuantos baños, no sé si terminaremos con los baños explotando, pero David cree que todo saldrá bien, por suerte tenemos un fontanero, el tipo hizo planos y todo, estaba muy emocionado con el proyecto, dijo que siempre quiso ser un ingeniero.
—No puedo encontrarle ninguna emoción a algo como eso.
—Tendremos tuberías, nadie va a tener que cargar agua de un lado a otro. En serio necesito un baño, tuve que hacer mis necesidades detrás de un árbol esta mañana. Voy a tener pesadillas con eso.
—Creo que deberías preocuparte por cosas más importantes.
—¿Estás sugiriendo que soy superficial?
—No he dicho nada de eso.
—Lo hiciste y tendré que castigarte —sonreí al ver su expresión de sorpresa—. Si encontramos un río te lanzaré en él.
—Eso no es correcto.
Me encogí de hombros y caminé un poco más rápido. Ella me siguió de cerca pero su inquietud era palpable.
—Siempre estás molestándome. No deberías molestar a alguien con quién quieres casarte.
—Te firmé un papel que dice que no me casaré contigo.
—Pero querías hacerlo. Un momento eres amable y al siguiente…
—¿Qué? —Me giré hacia ella e invadí su espacio personal—. ¿Soy una chica mala? Puedo ser una chica muy mala, mi hermosa mariposa.
Su confusión se transformó en un bonito ceño fruncido.
—No voy a caer en ese tipo de provocaciones, princesa Emma.
Mi sonrisa solo se hizo más grande.
Continuamos nuestro camino en silencio. Si me esforzaba lo suficiente podía fingir que seguíamos siendo nosotras y que todo estaba bien. No recuerdo haber tenido vacaciones jamás, y sin duda alguna esta siempre sería la peor experiencia de mi vida. Solo quería volver a casa, tener una vida normal.
—¿Puedo sugerirte algo? —preguntó Regina con su nueva habitual suavidad.
—Claro que sí.
—Si eso de las tuberías sale bien, deberías darle algún tipo de reconocimiento al señor fontanero, y a todos los que colaboren con eso.
—Es una buena idea.
—No necesitas estar a la defensiva todo el tiempo, eres muy amable cuando te lo propones.
—¿Eso significa que te agrado?
—A veces —contestó con una sonrisa juguetona que me provocó unas inmensas ganas de besarla—. Podemos ser amigas, si eso está bien contigo.
—Eso está muy bien conmigo.
Quizá esta versión de Regina era simplemente ella misma, sin todas esas capas de desconfianza que había creado a su alrededor con el pasar de los años.
—¿En qué piensas? —me di cuenta que habíamos dejado de caminar.
—Parece que lo único en lo que puedo pensar es en ti.
Sus mejillas se pusieron rojas, se quedó sin palabras y prefirió seguir caminando.
—No estamos haciendo una exploración correcta. ¿Qué debemos encontrar?
—No importa. Todo me parece igual, solo un montón de árboles y algunos pájaros.
—Debemos volver ahora —su voz cambió por completo, se detuvo de inmediato y dio media vuelta dispuesta a volver. Había un río justo enfrente de nosotras.
—Hay un castigo pendiente entre nosotras.
—No te atreverías.
—Soy muy pero muy mala.
—Somos amigas —sus grandes ojos asustados la hacían lucir adorable, casi sentí pesar.
—Te daré ventaja, contaré hasta diez e iré por ti. Uno. Dos. —Se cruzó de brazos, desafiándome—. Tres.
Me lancé hacia ella y la sujeté entre mis brazos.
—¡Me engañaste! ¡Dijiste que contarías hasta diez!
Jugueteamos, forcejeamos un poco, entre risas y empujones llegamos hasta la orilla del río. La levanté un poco del piso tomándola por la cintura y me metí con ella al río a pesar de sus protestas. Reímos con ganas. Ella se colgó de mi cuello para obligarme a sumergirme. Nuestras manos comenzaron un juego inocente pero el roce de nuestros cuerpos, lo mojadas que estábamos, hizo que termináramos sin aliento mirándonos fijamente. Quería besarla, mis manos estaban alrededor de su cintura pero no era allí donde quería ponerlas.
—Deberíamos volver —dijo en un susurro.
—Sí… deberíamos.
XXXSQXXX
Henry me dio un informe completo sobre lo que había hecho con Mary Margaret: nada útil; ella no era tonta y no iba a exponer sus planes delante de Henry.
Me escabullí después de la cena, siguiendo un extraño rastro de copos de nieve que terminaba en los establos. Sarah me estaba esperando allí, sus manos jugaban con pequeños remolinos de nieve.
—En serio eres la Reina de las Nieves.
—Vamos a pasar un buen tiempo en este mundo antes de poder volver a casa, necesito ponerme cómoda.
—Creo que podemos hacer mucho más que eso. Necesito aprender magia.
—Sí. Y necesitas convertirte en Reina.
—Mis padres no son mis personas favoritas en este momento pero no tengo intenciones de matar a nadie.
—Blancanieves quiere ser amada por todos, pero nunca ha podido ser realmente una Reina. Regina gobernaba este lugar, prácticamente esta es la primera oportunidad real que tus padres tienen de gobernar. Imagina lo que sería para ellos que su pueblo no los quisiera.
—¿Y cómo vamos a hacer eso?
—Como lo hacen en los programas de televisión.
—¿Qué tienes en mente?
—Nadie te conoce, las personas fuera de aquí hablan sobre la poderosa salvadora que devolvió los finales felices de todos. Henry dijo que necesitas ser como Superman: una salvadora amada por todos. Él tiene razón.
—Ni siquiera me sorprende, Henry siempre está varios pasos por delante de todos.
—Debes poner una tiara en tu cabeza, pasear por las calles en un caballo blanco, contarles tu trágica historia de amor y cómo tu malvada madre intenta separarte de tu verdadero amor.
—No soy muy buena actriz, odio los caballos, y no creo que nadie se emocione por mi novia la ex Reina Malvada.
—No reniegues como una niña pequeña. Cuando quieres algo debes hacer algunos sacrificios.
—Está bien, pero no voy a usar vestidos. ¿Cómo vamos a vender mi maravillosa historia de amor si Regina no me da ni la hora del día?
—Tu madre nos hizo un gran favor al borrar sus recuerdos, ella es mucho más accesible, es dulce, ingenua y sigue siendo la más hermosa de todas. Solo tenemos que dejarla libre por ahí desplegando su encanto y tú debes contarles a todos los que más puedas lo que tus padres hicieron. Todos aman las historias de amor imposible.
—Entonces mi madre es la nueva Reina Malvada y mi novia es Blancanieves.
—Usaremos la misma historia de ellas pero en sentido contrario —sonrió.
—Esto te divierte.
—Me gustan los juegos.
—Seguiremos tu plan, de todas formas me había dado cuenta que mi comportamiento solo ha servido para que Regina confíe más en Mary Margaret que en mí.
XXXSQXXX
¿Cómo convertirse en una princesa adorada por todos sin morir en el intento?
Clases de lucha con espadas. No es algo que una princesa normal haría pero yo no soy una princesa normal, incluso me dan náuseas de pensar en mí de esa manera, si pudiera elegir, entonces preferiría ser Buffy, y en este caso voy a cazar traidores.
—Emma estoy tan feliz que quieras pasar tiempo conmigo —David prácticamente brincó de alegría cuando le pedí ser mi instructor de lucha con espadas.
Henry se unió a nosotros, y a los dos nos dieron espadas de madera. Él tenía una gran ventaja debido a que su poder de concentración era más fuerte que el mío, pero no era mi culpa que Regina se sentara a vernos practicar.
—Lo estás haciendo muy bien, Emma —dijo Regina, siempre dispuesta a brindarme un poco de agua para mantenerme hidratada, y asegurándose que las manos de Henry no tuvieran ampollas.
—Soy mejor que Emma ¿cierto? —preguntó Henry emocionado.
—Lo eres —contestó ella, haciendo a Henry doblemente feliz al besar su frente—. Te estás convirtiendo en un perfecto caballero.
Mary Margaret no perdía oportunidad para encontrar a Regina y llevársela, seguramente para llenarle la cabeza de historias absurdas en mi contra. Lo sé porque después de sus conversaciones Regina siempre se vuelve un poco retraída y a la defensiva conmigo.
Montar a caballo es algo sumamente indispensable en este mundo, y cuando le sugerí a Regina que me enseñara a montar creí que en nuestra primera clase ya estaría montada sobre un caballo y lista para saltar obstáculos. Pero todo lo que Regina me hizo hacer fue aprender a darle de comer a los caballos, cepillarlos, y limpiar los establos.
—¿En qué me ayuda esto? Tengo que aprender a montar y me tienes tres días jugando a ser niñera de caballos.
—Esto no es como tomar una espada y golpear un tronco de madera.
—Eres una profesora terrible —el caballo que estaba cepillando movió su cola y prácticamente intentó golpearme en la cara—. ¡Hey! Te estoy cepillando y la defiendes a ella.
Regina comenzó a reír a carcajadas. Recogí un poco de heno y se lo lancé, eso dio inicio a una guerra de heno. Estoy segura que los caballos la apoyaban a ella. Caímos cansadas sobre las pacas de heno, arrimadas en el fondo del establo, una a lado de la otra con nuestras manos casi rozando.
—Eres una alumna terrible —dijo un poco agitada.
—Solo estás alargando estas clases porque te gusto.
—No es cierto —dijo entre risas—. Yo te gusto.
Me giré hacia ella, apoyando mi mano al otro lado de su cabeza, dejándola prácticamente debajo de mí.
—Sí. Tú me gustas —eso la hizo sonrojar.
—Pero… ¿cómo puedo gustarte si siempre dices que yo no soy yo? —sus ojos me miraron con tanta intensidad que podían haberme derretido allí mismo.
—Estoy enamorada de todas tus versiones. Me gustas siendo una dulce mariposa y una feroz leona. No imaginas las ganas locas que tengo de besarte.
—¡Emma! —Mary Margaret gritó mi nombre, apareciendo en el peor momento. Regina me empujó lejos de ella, entrando en pánico, se levantó y comenzó a sacudir todo el heno de su ropa—. ¡Ven acá, Regina!
La razón por la cual mis padres siempre estaban apartando a Regina de mí era porque si intentaban hacer eso conmigo jamás lo lograrían.
—Ella no tiene que obedecerte —sujeté la mano de Regina—. No eres su madre.
—Regina —Mary Margaret estaba furiosa y no podía ocultarlo.
—No estábamos haciendo nada malo —era irreconocible escuchar la voz temblorosa de Regina.
—No le des explicaciones.
—Regina ven conmigo —ordenó Mary Margaret y esta vez Regina obedeció.
Ver la forma en que se la llevó, tomándola del brazo, me hizo apretar las manos con fuerza, y de pronto todo el heno comenzó a flotar en el aire, mis manos estaban brillando.
—Estoy haciendo magia.
Todo volvió a caer al piso y mis manos dejaron de brillar.
—Mis padres no van a poner las reglas de este juego. No soy una niña, y ellos no pueden gobernar mi vida a estas alturas.
Corrí hacia el castillo y llegué hasta el estudio, no tengo idea de cómo supe que estarían allí, pero las encontré. Regina estaba repitiéndole a Mary Margaret que no estaba haciendo nada malo conmigo. Me interpuse entre ellas, protegiendo a Regina y enfrentándome a Mary Margaret.
—No voy a permitir que sigas manipulando a Regina de esta forma.
—¡No estoy manipulando a nadie! —gritó histérica Mary Margaret.
—La próxima vez que intentes a apartar a Regina de mí, voy a tomarla a ella y a Henry, y me iré de aquí. Te aseguro que ni siquiera un ejército va a lograr detenerme.
—No puedes hablarme de esa manera. ¡Soy tu madre!
—No lo eres, solo te interesa ser la Reina.
Regina tomó mi mano, y caminamos hacia la puerta.
—Tienes razón, soy la Reina —las frías palabras de mi madre nos hicieron detenernos—. Y soy tu madre. En este mundo mi palabra es ley y quién pone las reglas soy yo. No me obligues a demostrarte lo que puedo hacer.
Me giré hacia ella para poder mirarla a los ojos y sonreí.
—Ten cuidado, madre. La gente va a comenzar a llamarte la Reina Malvada.
