La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Muchísimas gracias por sus maravillosos comentarios.
PD: No sé si estamos listos para "sexy times", ¿lo estamos?
CAPÍTULO 22
Me sostuve con todas mis fuerzas, no me importaba lo ridícula que me veía abrazando al caballo, prefería aguantar las burlas que caerme y romperme la cadera; incluso necesité un maldito banco para subirme al caballo.
—Confía en mí. No voy a dejarte caer —para Regina era fácil decirlo, no era ella quien estaba subida en una bestia de color marrón.
—Estoy bien así —dije desde mi postura incómoda.
Henry rió a carcajadas. Él estaba montando por su cuenta mientras yo era paseada por Regina guiando las riendas del caballo, me sentía como uno de esos niños que se suben a un caballo por primera vez, excepto que yo era una adulta y no me sentía capaz de sentarme erguida. Por suerte, dos vueltas después, Regina me permitió bajarme, y preferí usar un banquito otra vez, solo para estar segura de no romperme una pierna.
—No fue tan difícil ¿cierto?
—Necesito encontrar otro medio de transporte, los caballos no son para mí.
—¿Puedo montar un poco más?
—Tenemos cosas que hacer, chico.
Agarré a Regina por la cintura, la levanté del piso y la hice girar.
—¡Ponme abajo!
—No.
Le di un par de vueltas más en el aire y la devolví al piso.
—Eres incorregible —me regañó y se alejó llevando el caballo devuelta a los establos.
Mis padres habían asignado varias personas para seguir cada paso que dábamos, ninguno de ellos era sutil. El comedor había sido arreglado por completo y se convirtió en regla tener que comer allí. Lo bueno de escuchar rumores era estar al tanto de lo que sucedía en el castillo: estaban preparando habitaciones para Henry y para mí, lo más alejadas posibles de la habitación de Regina.
—No puedes estar de acuerdo con mis padres.
—No podemos seguir compartiendo mi habitación.
—Todo lo que dices es no, pero me gustaría que se lo dijeras a ellos. La próxima vez que intenten decirte lo que puedes o no puedes hacer, mándalos al diablo.
—Yo no puedo hacer eso.
—¿Por qué no? —pregunté exasperada.
—Ellos han hecho mucho por mí. No puedo traicionarlos.
—Nada de eso es cierto, y si lo fuera, tienes derecho a tomar tus propias decisiones.
—¿Qué pasaría conmigo sin la protección del rey y la reina? Todos me odian.
—Me tienes a mí —tomé su mano—, debí haberte protegido mejor la última vez, pero sin importar lo que pase siempre voy a estar aquí para ti.
—Gracias —casi me derretí al sentirla abrazarme, especialmente cuando sus labios rozaron suavemente mi mejilla—. Eres una buena persona, no dejes que nadie te diga lo contrario.
Henry salió del baño, interrumpiendo nuestro momento. Sentí la ausencia de tenerla en mis brazos pero sonreí al verla ayudar a Henry a arreglar su ropa y cabello.
—Todos vamos a estar bien en nuestras propias habitaciones. Prometo que si algo sucede acudiré a ustedes de inmediato.
—¿Y qué pasa si no puedes hacerlo?
XXXSQXXX
REGINA
Sentía como si fuera la primera vez que dormía sola en mi habitación, quizá me había acostumbrado a tener compañía. Mi puerta estaba trancada con una silla, tal como Emma me había enseñado a hacerlo, y la daga que me dejó seguía bajo mi almohada; no creo ser capaz de usarla, pero fue lo único que hizo sentir a Emma un poco más segura de dejarme dormir sola. Siempre es tan considerada conmigo, como si yo ocupara un lugar especial en su corazón. Sus manos, aunque frías, siempre tocan mis manos suavemente; provoca una sensación extraña en mi estómago que no sé cómo explicar.
Cuando desperté a la mañana siguiente, sonreí al pensar en lo equivocada que Emma estaba. El castillo era nuestro hogar, no había lugar más seguro en todo el reino. Si alguien hubiese querido hacerme daño podría haberlo hecho, pero nada pasó.
Una amable doncella que Nieve había asignado para mí, golpeó la puerta de mi habitación muy temprano en la mañana.
—Espero no haberla despertado, princesa.
—Desperté hace un momento.
—Traje un poco de té y galletas, puede comer mientras preparo su baño.
—Muchas gracias.
—Ingrid —dijo su nombre—, puede llamarme Ingrid.
Las galletas eran simples y el té tenía un sabor muy extraño.
—No puedo reconocer el sabor del té.
—Es solo una vieja receta, pero es importante que lo beba a diario, la mantendrá saludable. La comida sigue siendo un poco escasa, no queremos que se enferme.
Terminé de beber el té y comer las galletas. Era un poco incómodo ser atendida por una extraña, pero a diferencia de Emma, a mí no me gustaba contradecir las reglas. Me metí en la tina e Ingrid se encargó de lavar mi cabello.
—La reina ha acordado una reunión con el Hada Azul, cree que a usted le gustaría tener una audiencia privada. Ha enviado un hermoso vestido y me ha dicho que debo hacerla lucir absolutamente perfecta.
—Está bien —dije casi en un susurro. Había olvidado por completo mi acuerdo con Nieve.
—Azul va a reunirse con usted en el jardín alterno del castillo, junto a la fuente de flores, a la misma hora que el consejo se reúne.
El vestido no tenía ninguna importancia para mí, estaba demasiado nerviosa para fijarme en simplicidades. Y cuando me reuní con Emma y Henry para el desayuno, me esforcé lo más que pude en ocultar mi inquietud. Me hubiese gustado alargar nuestro momento, escuchar las ocurrencias de Henry siempre me hacía sonreír, pero David llegó para invitarlo a presenciar la selección de los nuevos guardias reales, fue imposible que él no quisiera ver los pequeños combates que habían organizado.
—¿Vas a estar bien por tu cuenta? —preguntó Emma.
—Sí. Estoy ansiosa por tener un poco de tiempo para mí. Ve a tu reunión y pórtate bien.
—Siempre me porto bien. No salgas del castillo ¿ok?
Asentí y ella besó mi mejilla. Por suerte se fue antes de darse cuenta de mis mejillas sonrojadas. Iba a tener que decirle que no era apropiado besarme de esa manera, en especial porque no estábamos realmente comprometidas. Era un poco raro no sentirme del todo feliz por no estar comprometida con ella, pero eso no tenía que significar nada.
Caminé apresurada para llegar a tiempo a mi audiencia con el Hada Azul. Ella estaba esperando en el lugar que Ingrid me había dicho.
—Lamento mi tardanza.
—No te preocupes. Seré breve. Hablé con nieve y me dijo sobre tu necesidad de encontrar un verdadero amor. Emma mantiene una gran vigilancia en el trabajo que las hadas estamos realizando, tendremos que ser muy cuidadosas para hacer uso de la magia sin que ella se dé cuenta.
—Entiendo. Creo que no es necesario saltarnos las reglas. Encontrar mi verdadero amor no es una prioridad.
—¿No lo es? ¿No quieres librarte de tu matrimonio arreglado?
—Claro que sí… solo —no podía decir la verdad, y me sentía tan mal al tener que mentirle a un hada.
—Ser tan hermosa tiene sus ventajas, hay un montón de pretendientes para ti.
—¿Pretendientes? —pregunté con nerviosismo.
—Sería mucho más fácil si eligieras una opción que beneficie a todos, hemos hecho tanto por ti al seguir tratándote como una princesa, y sin embargo tu egoísmo y ambición cada día se asemeja más al de tu madre.
Quería contestarle, decirle que eso no era cierto, pero no pude hacerlo.
—Cuando los arreglos en el castillo terminen seré capaz de guardar algo de polvo de duendes para buscar tu verdadero amor, pero yo no pondría mis esperanzas en ello.
—Está bien. No es necesario —volví a insistir.
—No finjas conmigo —dio un paso hacia mí.
—No estoy fingiendo.
—He visto el comportamiento inadecuado que tienes con Emma, la forma en que te ofreces a ella es detestable.
—Pero yo no… —mis ojos se llenaron de lágrimas y mis manos temblaban.
—¿No te gusta? ¿No deseas meterte en su cama para convertirte en reina?
—¡No! —Dije enojada.
—Está bien —sostuvo con fuerza mi rostro entre sus dedos, sin molestarse en las lágrimas mojando mis mejillas—. Voy a ayudarte a romper ese compromiso. En pocos días serás una novia de verdad, prometida a un hombre apropiado. ¿Quieres saber quiénes son los hombres que están interesados en ti?
No quería saberlo, pero asentí de todas maneras.
—George.
—¿El Rey George? —mi estómago se tensó ante la sola idea, olvidando por completo la presión que ejercían sus dedos en mis mejillas.
—Es bueno para nosotros mantener buenas relaciones con todos los reinos, y George va a necesitar un heredero si desea mantenerse en el poder. Es un poco mayor, pero podrás ser una reina.
—No quiero ser una reina —retrocedí, alejándome de su mano fría.
—Sidney está más que dispuesto a llevarte a Agrabath, él profesa un gran amor por ti. Empezar de nuevo en un lugar dónde nadie sabe quién eres, puede ser lo mejor para ti, aunque él no tiene mucho que ofrecernos. Pero cuando tengas tiempo de hablar con ellos sacarás tus propias conclusiones.
Al mirarla a los ojos entendí que esa no sería mi decisión en absoluto.
—Hay alguien más, mucho más joven y atractivo…
—Lo conoceré a su debido tiempo —no quería seguir escuchándola.
—Por supuesto. No olvides mantener un buen comportamiento, aumentará tus posibilidades de tener un verdadero amor.
XXXSQXXX
EMMA
Sarah caminó junto a mí por los pasillos, no teníamos mucho tiempo para hablar.
—Se reunieron en el jardín. Regina se encerró en su habitación después de eso.
—¿Y no sabes lo que hablaron?
—No. Pero Regina sabía de qué trataba la reunión antes de hablar con Azul.
—Si mis padres están detrás de esto no puede ser nada bueno.
—Voy a estar al pendiente.
—Gracias… Ingrid. Vamos a tener que hacer algo con respecto a tu nombre porque es muy difícil recordarlo.
Corrí hasta la habitación de Regina, abrí la puerta y no me sorprendí al verla acostada en la cama; tenía el ceño fruncido y parecía por completo perdida en sus pensamientos. Solo notó mi presencia cuando me senté junto a ella.
—Hey. ¿Qué pasa?
—Emma…—sus dedos se enroscaron en el borde de la almohada que tenía entre sus brazos—, nada.
—Te ves demasiado preocupada para no estar pasando nada.
—Tengo muchas cosas en qué pensar.
—Puedes compartirlo conmigo, quizá logremos solucionar juntas lo que te está molestando.
—No quiero hacerlo —giró dramáticamente dándome la espalda.
—Tengo planes para nosotras. Me gustaría que me acompañaras a un lugar.
—No quiero ir a ningún lugar, no puedes obligarme hacerlo. Tengo derecho a tomar mis propias decisiones.
—Solo pensé que disfrutarías ir a dar una vuelta.
—Pensaste mal.
Sabía perfectamente que sus palabras no estaban del todo dirigidas a mí. Azul había hecho algo y necesitaba saber qué, pero sabía que obligándola no iba a conseguir nada.
—Está bien. Voy a darte un poco de espacio pero quiero que sepas que voy a estar muy al pendiente de ti. —Me levanté y caminé hasta la puerta.
—Emma.
Regresé a mirarla y ella corrió directo hacia mí. La sostuve con fuerza entre mis brazos al escucharla llorar.
—Si te digo tienes que prometer no hacer nada.
—Regina.
—Promételo —me miró con sus ojos llenos de lágrimas y tuve que asentir.
Nos sentamos en la cama. Sus manos eran cálidas entre las mías.
—Tu mamá y yo teníamos un plan —dijo mucho más calmada, pero sus palabras produjeron el efecto contrario en mí—. Iba a ayudarme para que tú desistieras de querer casarte conmigo. Pensamos que si yo encontraba a mi verdadero amor, entenderías y me dejarías libre.
—¿Pensaron o ella pensó?
—Las dos lo hicimos.
—Y si yo soy tan horrible como ella dice, por qué me importarían tus sentimientos, podría matar al tipo y casarme contigo de todas formas.
—¿Lo harías?
—No. Claro que no. —Era increíble que ella siguiera desconfiando de mí.
—El Hada Azul dijo que no sería fácil encontrar a mi verdadero amor porque tú no le das permiso para usar magia, y no podría contarte para qué va a usarla… aunque lo más seguro es que yo no tenga un verdadero amor.
—¿La bruja de Azul te dijo eso?
—No. —Claro que esa bruja se lo había dicho.
—No importa lo que ella diga, nada de eso es cierto, no dejes que se meta en tu cabeza.
—Eso no es lo que me preocupa —acomodé su cabello detrás de la oreja y sequé sus mejillas con mis pulgares—. Hay… hay varios pretendientes interesados en mí.
—¿Pretendientes? ¿Cuáles pretendientes?
—El rey George…
—¡George! ¡Ese imbécil puede ser tu padre! ¡No voy a dejar que se acerque a ti!
—Prometiste no hacer nada.
—¿Quiénes son los otros "pretendientes"? —Me mordí el labio inferior para no gritar.
—Sidney.
—¡Sidney! ¡Sidney! —Salté de la cama y caminé por la habitación—. ¿Quién más?
—No sé. No quise seguir hablando con ella.
—¡Esa no es una lista de pretendientes, es una lista de depravados! ¡Sidney es un pervertido que siempre ha estado obsesionado contigo! ¡Voy a matarlo con mis propias manos si te toca un solo cabello!
—¡No puedes hacer eso! Es un secreto.
—¿Quieres casarte con uno de ellos?
—No.
—¿Cuál es el plan? ¿Qué fue lo que acordaste con Azul y con mi madre?
—No lo sé… van a cenar con nosotros, creo…
Suspiré con cansancio. Me sentía avergonzada de mis propios padres, ¿cómo podían ser héroes? Volví a sentarme junto a ella, besé su frente y sobé su espalda.
—Hablaré con ellos. No voy a matar a nadie, pero no puedo dejar que ellos se acerquen a ti. Son muy peligrosos. Prométeme que no vas a quedarte con ellos a solas.
—Acabo de romper una promesa, no soy muy confiable ahora —ella podía decirlo en serio pero me hizo reír.
—Eres demasiado adorable para tu propio bien.
—Lo dices porque crees que soy tonta.
—Nunca creería eso de ti. Eres la mujer más inteligente que conozco, solo estás un poco… suave.
—Ese no es un adjetivo que me guste.
—Voy a pensar en uno mejor.
—Pareces ser mucho más inteligente y valiente que yo.
—Necesito que lo pongas por escrito. Voy a enmarcarlo.
—Quiero saber cómo es tu Regina —dijo sin prestarme atención—. ¿Qué la hace diferente de mí?
Nos acomodamos sobre las almohadas, de lado, mirándonos a los ojos.
—Creo que es igual a ti, solo que tiene un montón de muros a su alrededor que usa para protegerse.
—Pero te enamoraste de ella.
—Cuando la vi por primera vez, pensé que era súper caliente, y verla odiarme e ir por ahí queriendo deshacerse de mí era lo más sexy que he visto en mi vida.
Me dio un golpecito en el hombro.
—Eso no es algo que debes decir.
—Soy sincera.
—¿Y solo por eso te gusta?
—No. Lo que más me gusta es que es… eres una excelente madre. Nunca vi a nadie luchar de la forma en que lo hiciste, amar con tanta intensidad.
—Henry es un niño maravilloso.
—Es todo obra tuya, de mí solo obtiene lo de ser lindo.
—Solo porque no soy su madre biológica.
—Eso es cierto. Si fuera posible tú y yo haríamos bebés increíbles.
—¿Si yo fuera más como ella te gustaría también? —Se mordió el labio inferior, mirándome a través de sus pestañas.
—Eres ella. Eres mi Regina, y no hay ninguna versión de ti que no me guste —me acerqué un poco más, casi sintiendo su respiración.
—Pero no te casarías conmigo, por eso no te importó romper nuestro compromiso.
—Rompí nuestro compromiso porque tú no querías casarte conmigo, y no estábamos comprometidas, nunca te pedí matrimonio ni nada. Es increíble que siempre me culpes por todo.
Ella sonrió, y no dijo nada porque puse mi mano en su cintura.
—Tu comportamiento es impredecible, un momento eres como una guerrera ansiosa por una batalla, y luego eres tan infantil.
—Al menos nunca vas a aburrirte, y mi encanto natural ha logrado conquistarte.
Acaricié su cadera, percatándome del cambio en su respiración, pero antes de poder acercarme más, esquivó mi mirada y se levantó de la cama.
—¿Todavía podemos ir a pasear?
—Sí. Sería un desperdicio que te quedaras aquí con lo bonita que estás.
Henry no podía venir con nosotras. Sarah iba a mantener un ojo en él, mientras que Ruby y Leroy iban a mantener un ojo en nosotras; no puse oposición, si íbamos a estar cerca de personas desconocidas que secretamente podrían ser peligrosas, al menos tendría alguien de respaldo: Ruby especialmente.
Regina se burló de mí por realizar nuestro viaje en carruaje, pero no me importaba, no estaba lista para montar a caballo y me gustaba escucharla reír.
Fue un poco abrumador caminar entre toda la gente que había salido a las calles para ver a la salvadora. Me ofrecieron frutas, pan, vino, lo que sea que tuvieran al alcance, las niñas corrieron a entregarme flores, algunas personas intentaron al menos tocar mi cabello como si yo fuera algún tipo de milagro andante. Leroy y Ruby se encargaron de alejar a las personas, y podía escucharlos hablar sobre la mujer que me acompañaba tomada de mi brazo, las miradas se tornaron desconfiadas y algunos padres de inmediato alejaron a sus hijos.
Estar allí era un error, no importaba el plan de Sarah, nunca podría ser la salvadora adorada por todos y no podía a arriesgar la vida de Regina de esa forma. Aproveché la distracción para perder de vista a Ruby y Leroy. Regina parecía emocionada de correr conmigo por mitad del bosque hacia ningún lado en particular, si tuviera sus recuerdos estaría exigiéndome un informe detallado del lugar a dónde nos dirigíamos.
—Ruby va a encontrarnos, es un lobo.
—Lo sé. Solo sigue corriendo.
—Espera, tengo un mejor plan —sugirió Regina.
Vi el caballo amarrado a un árbol cerca de nosotras, y sabía que iba a lamentarlo. Afortunadamente obtuve una maravillosa recompensa: pude abrazarme a Regina mientras ella dirigía nuestro caballo o lo conducía, o lo que sea que se haga con un caballo.
—Estás apretándome —dijo sin mirar atrás. Mi mentón descansaba en su hombro y mi nariz estaba perdida en su cabello.
—No quiero caerme.
Mi cuerpo se movía con el de ella, su trasero rozando contra mi entrepierna, era demasiado para mí.
—Hueles diferente, como a lavanda y manzanilla —hundí mi nariz en su cuello—, pero el olor a manzanas sigue allí.
—¿Te gusta?
—Me encanta. —Su cuerpo se relajó contra el mío
Cuando al fin nos detuvimos, estaba sin aliento, y no precisamente por el paseo a caballo. Necesitaba con urgencia una ducha fría o tocarme pensando en ella.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó ajena a mi debilidad momentánea.
—Dame un segundo.
Me dejé caer contra un árbol y recuperé mi compostura de a poco. El caballo se acercó al riachuelo a beber agua, el sonido que producía el agua cayendo desde lo alto de una montaña atrajo mi atención. Los árboles frondosos nos protegían de los rayos del sol, y sin embargo el viento se volvía más frío con el pasar de los días: el clima estaba por cambiar y sabía quién era la responsable.
—¿Tú y tu Regina están juntas, en un sentido romántico?
—Es raro que hables de ti misma en tercera persona.
—Yo no soy ella —dijo recogiendo una de las flores blancas creciendo entre la hierba.
—Lo eres.
—¿Estábamos juntas románticamente?
—Sí. Lo estábamos.
—¿Ibas a casarte conmigo?
—Nunca lo hablamos.
—¿Por qué estarías con alguien si no vas a casarte?
—El matrimonio no es importante, es solo un papel, puedes vivir con alguien toda tu vida, o conocer a alguien en un bar con quien tienes sexo una vez y no lo vuelves a ver jamás.
—Quiero volver a casa, ahora. —Su sonrisa se esfumó por completo y parecía absolutamente enojada.
—Estamos paseando.
—No soy ingenua, puede que no tengamos nuestra virginidad intacta pero no voy a tener relaciones sexuales contigo.
—¿Crees que te traje aquí para tener sexo? —Reí, a ella no le hizo gracia, me recordó tanto a mi Regina—. El día que mis padres te secuestraron me pediste que te hiciera el amor para consumar nuestra relación.
—¡Yo jamás haría tal cosa! ¡Mientes!
—Me dejaste tocarte en nuestra primera cita, tuve mi mano en tus bragas y tu pezón en mi boca.
Sus mejillas se encendieron, sus ojos se abrieron sorprendidos, abrió la boca queriendo decir algo pero no dijo nada. Corrió hacia el caballo pero al llegar a él regresó como un huracán capaz de destruir poblaciones enteras. Me pegó una cachetada tan, pero tan fuerte que pensé que me había hundido el pómulo o aflojado algún diente.
—¡Te odio! —Todas las alarmas se encendieron dentro de mí, anunciándome que ella estaba mintiendo. Me levanté, alcancé su mano, la giré hacia mí y la besé.
Creí que lo único que conseguiría sería una segunda cachetada mucho más fuerte que la anterior, lo que nunca esperé fue el aire fluyendo de nosotros convertido en un arcoíris que pareció extenderse por todo el reino.
—Emma —abrió los ojos, y me miró reconociéndome, confirmándome la realidad más imposible que jamás creí llegar a tener.
—Si hubiese sabido que hacerte enojar era todo lo que necesitaba…
—Cierra la boca y bésame, señorita Swan.
Fue exactamente lo que hice. Ella colocó sus manos alrededor de mi cuello. Sujeté su cintura, estrechándola contra mí, mientras mis labios chocaban contra los de ella.
