La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Muchas gracias por sus maravillosos comentarios. Ustedes siempre son muy amables. Lamento la larga espera pero estuve enferma y apenas me recuperé mi mascota se enfermó y he tenido que ir de aquí para allá con ella al veterinario y atendiéndola en casa.
PD: Esta historia está calificada M por una razón. Este capítulo está dedicado para todos ustedes!
CAPÍTULO 23
Realmente me ardían los labios, en parte porque llevábamos varios minutos sin parar de besarnos, y también porque ella mordió mi labio inferior.
—Eso es por haberme llamado mariposa —dijo con una mirada de reproche y volvió a besarme ferozmente.
Mis manos apretaron su cintura. Quería sentirla plenamente pero su vestido era mi mayor enemigo, y todo lo que pude hacer fue mantenerla lo más cerca que me fue posible, sumergir mi lengua en su dulce boca y enredar mis dedos en su largo cabello sedoso para que no se alejara de mí. A duras penas nos permitimos respirar. Ella gimió al sentir mi mano apretar su redondo trasero, y mordí su labio inferior.
—¿Me extrañaste? —Sus ojos se abrieron, sus pupilas estaban dilatadas y su respiración agitada.
—No tienes ni idea —dije acariciando sus mejillas y besándola dulcemente—, y sin importar lo adorable que eras iba a hacer lo que fuera necesario para recuperar a mi Regina.
—¿Soy tuya ahora? —Preguntó con una sonrisa.
—Creo que siempre lo has sido.
Besé su cuello y ella inclinó la cabeza hacia atrás dejándome probar su piel. Sus manos se aferraron a la tela de mi ropa, sujetándose con fuerza mientras bajé con ella hasta recostarnos sobre la yerba. Sus senos redondos estaban apretados por el ceñido corsé, permitiéndome únicamente besar la piel expuesta que el modesto escote me permitía.
—No puedo hacerlo aquí… —se movió inquieta debajo de mí—, pica.
—Espera —giré con ella invirtiendo nuestras posiciones—. ¿Mejor?
—No podemos hacerlo aquí —miró hacia los lados frunciendo el ceño—, alguien podría vernos.
—Solo estamos tú y yo —me senté, manteniéndola en mi regazo, y ella recogió un poco su vestido para abrir las piernas permitiéndose sentarse a horcajadas—. Es romántico. Acabo de recuperarte con un beso de amor verdadero. Somos amores verdaderos.
—Pero no somos conejos, no podemos hacer el amor al aire libre.
Reí con ganas, feliz de tener de regreso a mi Regina. Ella colgó sus brazos alrededor de mi cuello y me besó hasta dejarme sin aliento. Mis manos buscaron por debajo de las capas de su vestido hasta sentir la delicada piel de sus muslos firmes.
—Quiero hacerte el amor, en serio lo deseo —susurró entre mis labios, meciéndose suavemente contra mí—, pero no puedo hacerlo aquí.
—Eres la mujer más complicada del mundo. Estás volviéndome loca —sujeté su cadera, deteniéndola, y la miré fijamente a los ojos—. Voy a terminar arrancándote la ropa y tomándote salvajemente en medio de este bosque a plena luz del día si te sigues moviendo de esa manera.
Sus ojos se iluminaron con una picardía familiar, y suavemente movió su pelvis contra la mía. Mordí mi labio inferior reprimiendo un gemido. Sus labios suaves besaron mi cuello, y el ritmo de su pelvis frotando contra mí se volvió constante. Ella estaba usando esa horrible ropa interior que nos había dado mi madre, demasiada tela interponiéndose en mi camino, pero encontré el elástico alrededor de su cintura y deslicé mi mano suavemente hasta sentir su centro en la palma de mi mano.
—Emma —mi nombre se escapó de sus labios al igual que un gemido.
Atrapé su labio inferior entre mis dientes y la animé a seguir moviéndose, apretando su cadera para poder dirigirla mejor. Ella se dejó llevar, completamente dócil, con su vestido claro y sus risos sueltos, recordándome tanto su versión inocente, pero esta era mi Regina, la mujer que encendía el fuego en mi interior con una sola mirada. Quizá era el estar al aire libre lo que me hacía sentir tan salvaje, o podía ser solo que mi ferviente deseo por hacerle el amor se había desatado.
Se aferró con fuerza a mi chaqueta de cuero y hundió su rostro en mi cuello, sus dientes rosaron mi clavícula y su aliento erizó mi piel. Mis dedos aumentaron la fricción contra sus labios vaginales, y justo cuando mi pulgar encontró su pequeño botón escondido ella se sobresaltó volviendo en sí, dejó de moverse y sus ojos buscaron los míos.
—Aquí no —dijo jadeante.
—Está bien —besé sus labios y suavemente retiré mi mano de su ropa interior, llevé mis dedos a mi boca y lamí los restos de su humedad.
Ella fue mucho más hábil que yo poniéndose de pie. Apreté las piernas juntas y respiré profundo, calmándome lo mejor que pude. Sonreí al verla acariciar el caballo.
—Consientes más a los caballos que a mí —la abracé por detrás y besé su hombro—. Le creíste a mi madre, y estabas convencida que yo era una mala persona. Merezco todos los mimos.
—No puedo creer que los idiotas de tus padres hayan tenido el valor de maldecirme. Se aliaron con Rumpel, e incluso esa polilla insufrible estuvo dispuesta a ensuciarse las manos para arrastrarnos a este horrible lugar —lamenté habérselo recordado al sentirla tensarse en mis brazos, pero su enojo ni siquiera se comparaba con el mío.
—Lo resolveremos juntas. Te prometo que vamos a volver a casa.
—No sé cómo vamos a lograrlo… no puedo sentir mi magia, Emma.
—Lo bueno es que yo he estado practicando con la mía. —Se giró de inmediato hacia mí, sorprendida—. Ingrid, Sarah, es la misma pero aquí debemos llamarla Ingrid. Ella ha estado ayudándome, es nuestra infiltrada en el bando enemigo, y también tiene su magia.
—Tenemos una oportunidad de volver a casa.
—Claro que sí, pero va a tomar tiempo. No tenemos habichuelas mágicas, ni sombreros, ni armarios mágicos. ¿Tienes alguna idea de cómo volver a casa?
—Acabas de mencionar las únicas que sé, y no vamos a lanzar ninguna maldición.
—No te preocupes por eso, bebé —la besé—, lo importante es que estamos juntas.
—Tienes razón.
La ayudé a subir al caballo, y me resultó mucho más fácil subirme esta vez, incluso disfruté el viaje. No hablamos de nada, solo compartimos besos, y la mantuve todo el tiempo abrazada, haciéndola reír al jugar con su cabello.
—No puedo esperar a ver a Henry —dijo emocionada apenas entramos al castillo.
Nuestra felicidad se disipó al ver a mis padres esperándonos en el salón principal. Ruby nos dio una mirada de reproche y se fue.
—¡Mamá! —Henry corrió a los brazos de Regina, y ella lo recibió amorosamente—. ¡Tienes tus recuerdos de vuelta! ¡Vimos el arcoíris!
—Sí, cariño. Tengo mis recuerdos de vuelta —su voz se tensó al dirigir su mirada hacia quiénes la habían maldecido.
—Ve a tu habitación, Henry. Necesitamos hablar con tus madres —ordenó David.
—Mi hijo no va a ningún lado —Regina colocó a Henry detrás de ella, protegiéndolo, y yo di un paso por delante con la misma intención.
—Nosotros jamás le haríamos daño a nuestro nieto, ni a nadie —dijo Mary Margaret.
—Eso es difícil de creer después de todo lo que han hecho.
—Todo lo que hicimos fue para protegerte, Emma.
—Tu padre tiene razón, y no hemos hecho nada malo.
—Pusieron una maldición en Regina, la hiciste olvidarse de mí y la pusiste en mi contra.
—Rumpel lo hizo. Nosotros solo estuvimos de acuerdo porque sabíamos que era lo mejor para todos. No podíamos volver a casa con la Reina Malvada.
—¡No te atrevas a llamarla así! En especial cuando la única Reina Malvada que hay aquí eres tú.
—¡Emma! —Protestó David—. ¿Eso es lo que esa mujer te hizo creer?
—Es lo que ustedes se han esforzado por demostrarme.
—Somos tus padres —lloriqueó Mary Margaret—. Queremos lo mejor para ti.
—No lo son, y no me interesa que lo sean. Tuve mejores padres que ustedes mientras estuve en el sistema de crianza. Regina es mi verdadero amor, ella y Henry son mi familia.
—Lo sabemos ahora, cariño —dijo Mary Margaret tomando la mano de David, su actitud fue de un extremo a otro—. No puedes culparnos por haber tenido nuestras dudas, pero te aseguro que estamos dispuestos a aceptar a Regina como parte de nuestra familia.
Tomé la mano de Regina en busca de seguridad. En lugar de sentir alivio al escuchar las palabras de Mary Margaret, el temor palpitó con fuerza en mi pecho.
—Tu madre dice la verdad. Aunque Regina no es la mujer que queremos para ti, no podemos interponernos en el camino del verdadero amor.
—Es doloroso, lo admito. Pero no somos los únicos que tenemos que poner de nuestra parte. Todo esto se salió de control simplemente porque no quisiste que Regina recibiera un mínimo castigo.
—No vas a tocar ni un solo cabello de ella —Regina apretó mi mano, calmando mi enojo.
—Nadie va a tocarla. Todo el tiempo que hemos estado aquí, la he protegido, David y yo lo hemos hecho, al igual que el resto de nuestros amigos.
—¡Me manipulaste! ¡Si no fueras la madre de Emma te mataría con mis propias manos! —Fue mi turno de sostener a Regina.
—¿Y de quién lo aprendí?
—No vamos a seguir discutiendo. Somos una familia, nos guste o no, y…
—No somos una familia, David. Y esto de jugar a la casita terminó. Voy a tomar a mi mujer y a mi hijo, y nos iremos de aquí.
—No vamos a detenerlos, cariño. Pero tu padre y yo pensamos que lo mejor es que se queden aquí.
—Están locos si creen que van a convencerme.
—Emma. Sabemos que nos odias en este momento, pero eso no va a impedir que sigamos protegiéndote, incluso si eso significa protegerla a ella también.
—Lo que queremos decir es que quedarse aquí es la única opción segura para ustedes, en especial para Regina. La gente va a intentar matarla a la primera oportunidad que tengan, hay pueblos enteros que aún sufre por su devastación.
—Estoy dispuesta a correr el riesgo. Prefiero morir en manos de un salvaje que vivir bajo el mismo techo que ustedes un día más.
—Puede que no te importe arriesgar tu vida, pero si amas a mi hija y a mi nieto vas a guardar tu odio hacia nosotros y quedarte aquí. Emma y Henry no conocen este mundo, pero tú sí. ¿Estás dispuesta a arriesgar sus vidas?
XXXSQXXX
Yo quería irme lo más lejos posible, y sé que Regina también, pero ella estuvo sorprendentemente de acuerdo con mi madre. No podíamos dejar el castillo.
—Está bien. Nos iremos de aquí directo a casa, cuando encontremos la forma de hacerlo. Tampoco teníamos un lugar a dónde ir, y no podemos vivir en el bosque.
—Eso no significa que confío en ellos.
—Yo tampoco confío.
Nuestros labios rozaron pero Henry nos recordó su presencia.
—Es asqueroso. No lo hagan delante de mí.
—Ya te veré en un par de años —fingí darle un golpe en el estómago.
—Besar es asqueroso. No quiero probar las babas de ninguna niña, por muy increíble que sea.
—Estoy de acuerdo —dijo Regina para mi sorpresa, tomó a Henry de la mano y lo abrazó—. Quiero que seas mi bebé por siempre.
—No lo sigas echando a perder.
—Siento que no lo he visto en meses.
—Me estás apretando, mamá.
—Voy a apretarte un rato más.
Me recosté en la cama, descansando, mientras ella besaba las mejillas de nuestro hijo y en serio lo trataba como si fuera un bebé: acomodó su cabello y su ropa, besó sus mejillas y lo meció un poco mientras lo abrazaba.
—Eres todo un bebé, Henry —me burlé.
—No es cierto.
—Y la verdad no veo la diferencia entre la Regina sin recuerdos y la que tengo de vuelta.
—¿Qué significa eso? —preguntó Regina.
—Que realmente eres una mariposa adorable.
Recibí un buen golpe con la almohada pero eso no me impidió reír a carcajadas. Un leve toque en la puerta interrumpió una posible guerra en mi contra, Henry corrió a abrir y no dudó en dejar entrar a Sarah, ayudándola con toda la comida que había traído para nosotros.
—Caíste del cielo, estaba muriendo de hambre —dije con la boca llena de pan.
—Me alegra tanto que estés de vuelta, Regina —Sarah besó las mejillas de Regina, y mi chica correspondió sin problema su caluroso abrazo—. Siéntate a comer. Traje suficiente para todos.
Fue exactamente lo que hicimos, dejamos de lado toda la locura que nos rodeaba y simplemente llenamos nuestros estómagos hasta quedar completamente saciados, por lo menos yo, Regina no es precisamente una mujer de gran apetito. Ella aceptó el té que Sarah le dio, y el resto optamos por beber jugo, ni Henry ni yo éramos muy aficionados a esas agüitas de montes que Sarah adora preparar.
—¿Cuál es el plan ahora? —Preguntó Henry—. Mamá tiene sus recuerdos, ya sabemos que es el verdadero amor de ma, y mis abuelos no pueden seguir poniéndola en nuestra contra.
—Tenemos que buscar la manera de volver a casa —dije apretando la mano de Regina.
—Lastimosamente nuestra única opción es Rumpel. Él siempre estuvo obsesionado con salir del Bosque Encantado.
—Solo porque quería encontrar a Neal.
—Lo sé, Emma, pero lo conozco y sé que él no regresaría aquí sin tener un respaldo por si algo no sale como quiere y tiene que huir como la rata que es.
—Yo no estaría tan segura —dijo Sarah atrayendo nuestra atención.
—¿Has averiguado algo? —pregunté.
—Él lanzó la maldición.
—Hacerlo requiere un ingrediente muy especial, jamás sacrificaría su propia felicidad, mucho menos por el beneficio de los dos idiotas.
—Escuché a Azul decirle a la Reina que sería más fácil resolver los problemas del reino si el oscuro los ayudara, y la Reina dijo que habían acordado no volver a cruzar sus caminos, que fue la condición que él puso para traer a todos aquí e incluir a Regina en su maldición.
—¿Qué significa eso, mamá?
—Nada de lo que debamos preocuparnos cariño —supe de inmediato que era una mentira.
—Sí, chico. Lo único que importa es encontrar el camino a casa sin vender nuestra alma.
Todos ayudamos a recoger las cosas.
—Llevaré a Henry a su habitación —dijo Sarah—, deben tener mucho que hablar.
Hablar no era precisamente lo que yo quería hacer.
—Eso no será necesario. No voy a estar tranquila teniendo a Henry lejos de mí.
—Estoy bien en mi habitación, y Sarah puso un hechizo de protección.
—Voy a cuidar de Henry esta noche. Estoy muy feliz de tenerte de vuelta, Regina. —Sarah abrazó a Regina—. Intenten descansar un poco.
—Gracias, Sarah —Regina correspondió afectuosamente.
Henry nos dio un último abrazo y se fue con Sarah. Aseguré la puerta y fue mi turno de recibir el cálido abrazo de Regina.
—Él va a estar bien. Una cosa es borrar tus recuerdos pero no creo que nadie aquí dañaría a Henry.
—Me siento más segura sabiendo que Sarah puso un hechizo de protección.
—¿Le estás tomando cariño? —Acomodé su largo cabello y acaricié sus mejillas.
—Ha demostrado que podemos confiar en ella, y es mi suegra.
—¿Y qué hay de mí? ¿Confías en mí?
—Totalmente.
Iba a besarla, pero recordé lavar mis dientes y eso me hizo acordar de nuestro nuevo baño.
—Tengo que mostrarte algo —la llevé de la mano hasta el baño—. Solo faltan las tuberías, pero eso es cuestión de un chasquido de dedos o agitar una barita.
—Yo no pondría mis esperanzas en esas polillas.
—Voy a cortar muchas cabezas si no lo hacen bien. Soy una princesa malvada.
—Lo recuerdo.
—¿Vas a felicitarme?
—Lo haré luego de lavar nuestros dientes, olvidé decirle a Henry que lo hiciera. ¿Te has fijado si está lavando sus dientes como es debido?
—Somos perfectamente capaces de funcionar por nuestra cuenta.
Sentí que ella se demoró una eternidad en el baño, me dejó usarlo primero y luego me echó, al menos eso me dio tiempo de tomar las rosas que habían en nuestra habitación para regar los pétalos sobre la cama; cerré las pesadas cortinas del balcón, y tuve que encender un par de velas más porque no quería que la habitación quedara demasiado oscura. Me quité las botas y los calcetines, guardé la chaqueta en el armario y abrí los dos únicos botones de mi camisa, no quería que se atorara en mi cabeza al quitármela.
Regina salió del baño después de lo que me parecieron horas. Sonrió al ver mi ecléctica decoración. Los nervios se apoderaron de mí, estaba tan ansiosa y tenía tantas ganas de que todo fuera perfecto.
—Eres preciosa.
—Tú lo eres más. Me encanta cómo te quedan esos pantalones.
—¿Puedes concederme un deseo? —Me acerqué a ella.
—Me rescataste, cuidaste de mí como una verdadera salvadora, estoy en deuda contigo.
—No me debes nada —acaricié su mejilla—, pero estoy un poco enamorada de tu cabello largo, estoy deseando que lo mantengas así.
—¿No te gustaba mi cabello corto?
—Me volvía loca —besé sus labios—, tengo un montón de fantasías por cumplir y tu cabello siempre forma parte.
—¿Solo mi cabello?
Deslicé mis dedos entre los mechones de su cabello sedoso, y cuando mis dedos fueron libres de su espesa melena oscura presioné la parte baja de su espalda para acercarla a mí.
—Quiero hacerte el amor, bebé —me dio una mirada de reproche y usó sus manos para apartarme un poco—. Puedo seguir llamándote mi mariposa o encontrar algo mucho más cursi como: mi manzanita.
—Te aprovechas porque sabes que eres mi verdadero amor y que en este preciso momento no puedo enojarme contigo.
—Me siento muy confiada porque aún sin tus recuerdos te enamoraste de mí.
—No es cierto.
—Siempre sé cuándo mientes, Regina.
Colgó sus brazos alrededor de mi cuello y me besó. Sus manos no se quedaron quietas demasiado tiempo, tomó los bordes de mi camisa y me ayudó a quitármela. Sus ojos se ampliaron ante la sorpresa de descubrir mis pechos desnudos.
—¿No traías nada debajo?
—Estamos en el Bosque Encantado.
—Puedes usar corsé.
—No voy a usar esa cosa.
Se mordió el labio inferior intentando no mirar fijamente mi torso desnudo. Tomé su mano delicada y la hice tocarme. Ella jugó suavemente con mis pezones.
—¿Te has tocado a ti misma alguna vez?
—¡Claro que no!
Saltó sorprendida casi alejándose de mí. Sonreí, lamiéndome los labios pensando en todas las formas que iba a tocarla de ahora en adelante. Ella volvió a sorprenderse un poco al verme desatar mis pantalones, en especial cuando al quitármelos quedé por completo desnuda.
—Ni siquiera debería sorprenderme que no uses ropa interior. Eres una pervertida.
—Lo soy.
Mi admisión cortó cualquier réplica que podía haber tenido preparada. La rodeé, como un león a su presa; me detuve detrás de ella, hice a un lado su cabello y comencé a desatar los cordones de su vestido.
—Eres como un regalo muy bien envuelto, siento que voy a demorar horas en desnudarte.
—Soy tu Reina y espero ser tratada como tal —me miró por encima del hombre, mordiendo su labio una vez más.
Besé su hombro descubierto y toqué sus labios con mi pulgar.
—Me vuelves loca.
Su vestido cayó al piso, quedando alrededor de sus pies descalzos. Solo ella podía verse tan sexy en esa anticuada ropa interior, pero debía admitir que el corsé estaba creando nuevas fantasías en mi mente. Desaté el cordón que mantenía unido su corsé, quitándoselo con rapidez y torpeza.
—Eso no fue nada amable —se quejó arrimándose contra mí. No se opuso a que le quitara el corsé y lo tirara al pisó.
—¿Quieres que sea muy suave, mi dulce princesita? —Pregunté seductoramente a su oído.
—No soy… —la protesta murió en sus labios cuando amasé sus senos y chupé su cuello.
Sus pezones se pusieron erectos contra las palmas de mis manos, su cabello hacía cosquillas contra mi pecho desnudo. Deslicé mi mano dentro de su ropa interior y ella se estremeció cuando toqué su centro.
—Emma.
Tomó mi mano que estaba entre sus piernas y me llevó hasta la cama. La ayudé a quitarse la ropa interior; acaricié el interior de sus muslos. Ella se acomodó en la cama, atrapando mi rostro entre sus manos, besándome suavemente. Usé mis dedos para frotar entre sus pliegues; lamí su cuello, sonriendo al ver la marca roja que se había formado, seguí dejando un rastro húmedo sobre su piel, besé su vientre bajando de la cama para acomodarme mejor entre sus piernas, percibí su aroma y de inmediato lamí sus pliegues; por instinto apretó sus piernas pero las mantuve abiertas para mí y volví a lamer.
—¡Espera! —Se sentó apartándome de inmediato.
—¿Te lastimé?
—No me gusta eso… —dijo entre agitada y nerviosa—. No sabía que ibas a hacer eso.
—Lo has hecho antes ¿cierto?
—No me gusta. No soy mojigata, he tenido sexo antes…
—Hey —detuve su diatriba—. No vamos a hacer nada que no quieras.
Acaricié sus piernas, calmándola. Ella tomó mi mano derecha y besó mi palma.
—Quiero que me toques.
Llevó mi mano entre sus piernas, atrajo su boca a la mía para besarme y dejó un camino húmedo con su lengua hasta prender su boca en uno de mis pezones, succionó con torpeza pero no la detuve, logró hacerlo mucho mejor con mi otro pezón.
Sentí sus dedos tocando la humedad de mi centro y tuve que sujetar su muñeca para que sus dedos no se perdieran en mi interior demasiado rápido.
—Tómate tu tiempo.
—¿Quieres que use mi boca? —Su pregunta me tomó por sorpresa. Hubiese dado lo que fuera por decir que sí, pero a lo largo de todo el día me había dado cuenta que recién estábamos aprendiendo lo que le gustaba a la otra al momento de hacer el amor. Tenía tantas ganas reprimidas que simplemente tener sexo hubiese sido suficiente, rápido y sucio, al igual que tantas veces que la necesidad se había vuelto insoportable; pero con Regina todo era diferente, era extenuante y me hacía pensar demasiado, no creo que alguna vez haya tenido que pensar tanto en la cama, y ni siquiera me importaba satisfacer mis propias necesidades para alcanzar un buen orgasmo, solo quería tocarla y que ella me tocara a mí.
—No —respondí—. Pero tienes permiso de hacer lo que quieras conmigo.
—Esa no es una respuesta real —dijo con el ceño fruncido.
Sonreí y tuve que besarla.
—Eres la mujer más hermosa, adorable y complicada.
—¿Eso qué significa? —Preguntó a la defensiva.
—Que te amo.
Sus ojos se ampliaron, y en lugar de la mujer complicada que estaba exigiéndome respuestas claras mientras intentábamos hacer el amor solo quedó delante de mí la versión adorable que se sonroja con facilidad y la mujer que aún lucha por creer que alguien puede amarla.
—Yo también te amo, Emma.
Tomó mi rostro entre sus manos y me besó apasionadamente, su lengua jugó con la mía y sus brazos me obligaron a recostarme sobre ella. La alcé un poco para colocarla en el centro de la cama —la cual por suerte era lo suficientemente grande— sin dejar de explorar su boca con mi lengua, mordí su labio inferior y lo solté suavemente. Apoyé mis manos a los costados de su cabeza para erguirme un poco, mi cabello cayó en cascada hacia ella.
—Abre las piernas —ella lo hiso, permitiéndome colocarme entre sus piernas—, más abiertas.
La ayudé a seguir mi orden y la dejé por completo expuesta para mí. Masajeé sus nalgas, las apreté y ella gimió levantando un poco su pelvis.
—¿Qué más quieres que haga, Emma? —Había cierta ironía en el tono que usó, siempre jugando conmigo sin poder disimular esa sonrisa satisfecha que la delataba.
—Vas a dejar de jugar conmigo y haremos el amor.
—Voy a jugar cuanto yo quiera, tú no me mandas, señorita Swan.
Di una suave palmada en su trasero haciéndola sobresaltar, y luego le di una segunda y una tercera.
—Las dos sabemos que yo estoy a cargo.
Me recosté sobre ella, gimiendo al sentir su vagina húmeda contra la mía.
—Demuéstralo —atrapó mi labio y me dio un suave mordisco.
Metí la mano entre nosotras y rocé sus labios vaginales, mi pulgar buscó de inmediato su clítoris y comencé a acariciarlo. Su boca se abrió dejando escapar un gemido.
—Muévete contra mí.
Ni siquiera dudó en seguir mi orden, encontró su propio ritmo y yo pude concentrarme en devorar sus senos; eran demasiado perfectos, suaves y redondos, rebotando levemente; soltó varios grititos cada vez que mordí un poco más duro. Mis dedos seguían frotando sus labios vaginales y mi pulgar era implacable con su clítoris, y de pronto su cuerpo se arqueó hacia mí, sus manos se aferraron a las sábanas, gritó mi nombre llegando demasiado rápido a su primer orgasmo. Cayó rendida, su cuerpo cubierto por una leve capa de sudor, sus mejillas rojas, sus labios entreabiertos, su pecho subiendo y bajando con rapidez.
—Eso fue… nunca… —estaba sin aliento—. No sabía… que se podía sentir tan bien.
Sus ojos brillaban con emoción, sonrió para mí en una forma por completo nueva. Ella nunca antes había tenido un orgasmo, la sorpresa me golpeó de pronto al darme cuenta que ella no era la mujer que yo había pensado que era cuando la conocí, todas las capas que usaba para mostrar un exterior frío habían mantenido oculta la mujer que nadie se había molestado en conocer o cuidar.
—Ni siquiera sé cómo lo hiciste —dijo aún sonriente—. Mi vientre se sigue sintiendo raro. Es como si hubieses robado mi energía. ¿Usaste magia?
Ella realmente quería saber, parecía tan emocionada, y aunque deseaba poder seguir, consideré más importante compartir su emoción. Me acosté a su lado, y se giró hacia mí; entrelazamos nuestras piernas y mi mano acarició su cadera.
—No. Solo la magia de saber darte un orgasmo, y no soy precisamente una experta, pero tan poco creo que soy mala; ya sabes cómo es, usas tu propia experiencia —no sabía cómo preguntarle todas las cosas que quería saber.
—Es diferente contigo porque tú eres especial, y a mí me parece que tienes un montón de experiencia. No sabía que…
—¿Qué? —Acaricié su mejilla.
—Que es mucho mejor sin estar dentro de mí —lo dijo con tanta honestidad.
—Solo… es cuestión de saber tocar, de besarte lo suficiente —toqué con suavidad su clítoris sensible y besé sus labios mirándola a los ojos—, y esperar hasta que estés lista.
—Creo que estoy lista.
Me atrajo hacia ella, abriendo sus piernas para que me colocara sobre ella, sus brazos me rodearon abrazándome. Mi dedo índice se sumergió en su interior. Gimió suavemente mirándome a los ojos.
—¿Eso se siente bien?
—Sí —suspiró mientras yo movía mi dedo en su interior.
Apretó sus piernas alrededor de mi cintura, arqueó su cuerpo hacia mí y gimió muy fuerte cuando en la penetré con un segundo dedo.
—Eres muy apretada, bebé —le susurré al oído.
Escondió su rostro a un lado de mi cuello permitiéndome acceder al suyo, chupé suavemente para continuar mi pequeña travesura y dejar otra marca roja. Mis dedos impusieron un ritmo constante entrando y saliendo de su interior, y ella comenzó a moverse junto conmigo, gimiendo cada vez más fuerte y arañando mi espalda.
