La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Gracias a todos por sus maravillosos comentarios. Espero que todos tengan una feliz navidad. Un abrazo fraterno a la distancia.

NOTA: 15marday, muchos capítulos atrás hiciste una pregunta sobre la maldición que llevó a todos de regreso al Bosque Encantado, no sé si vayas a disfrutar la respuesta pero aquí la tienes.

PD: Manzanas acarameladas para quiénes adivinen lo que hizo Blancanieves.


CAPÍTULO 24

Emma,

Los problemas de nuestro reino nos han obligado a estar ausentes unos días, el resto del concejo tiene órdenes de continuar con las mejoras en nuestro castillo. Confiamos que sabrás liderarlos como la gran princesa que eres y, que a nuestro regreso podremos comenzar con los preparativos de tu boda.

Con amor;

Tus padres.

Son los más hipócritas de todos los hipócritas de este maldito mundo, arrugué el comunicado oficial que Leroy me había entregado —un pergamino con sello, tal cual Juego de Tronos—, percatándome que nadie más había acudido a la reunión.

—¿Por qué me avisaron recién?

—Tomando en cuenta que tu nombre se escuchó hasta el amanecer pensamos que ni siquiera asistirías a la reunión —dijo sin el menor grado de vergüenza.

—Quiero que se pongan a trabajar y terminen de hacer los baños hoy mismo.

—Los baños a están hechos, princesa.

—No te pases de listo conmigo, sabes a lo que me refiero. Pon todos al corriente que su princesa real está a cargo, voy a estar dando estrellas doradas a los que se porten bien conmigo, mi princesa y mi hijo.

—Me alegra que el dorado no sea mi color favorito.

—Baños terminados hoy mismo, o voy a cortar cabezas, la tuya primero.

Tenía mejores cosas que hacer que perder el tiempo discutiendo con Leroy. Henry estaba en la cocina arrasando con todo.

—Despacio, nadie va a quitarte la comida.

—Escuché que nos estamos quedando sin provisiones, vamos a morir de hambre —Henry parecía haber tomado un montón de bebidas energéticas.

—Te tenemos a ti, te cortaremos una pierna y tendremos suficiente comida para una semana.

—Eww, el canibalismo es horrible.

—Te comías mi comida cuando estabas dentro de mí.

—Eso es aún más asqueroso.

—Dejen de discutir, chicos. ¿Dónde está Regina? —Preguntó Sarah asegurándose que estuviéramos solos en la cocina.

—Durmiendo. Voy a llevarle algo de comer.

—Tengo su té preparado.

—¿Qué te traes con esas aguas de montes? Solo me falta que hayas perdido la cabeza y estés envenenando a mi novia.

—Hay formas menos complicadas de matar a alguien. Mis aguas de montes, como tú las llamas, pueden ayudarla con su magia.

—¿Y qué pasa con mi magia?

—No estoy poniendo todas mis esperanzas en tus habilidades.

—¿Qué vamos a hacer hoy? Me esto aburriendo un montón —Henry nos interrumpió.

—Tu mamá es ella misma otra vez, y creció en este lugar, estoy segura que sabe un montón de cosas divertidas que podemos hacer. Empaca mucha comida y ponte algo que no sea un pijama.

—Esto de ser un príncipe es horrible. Quiero volver a casa —renegó.

—Voy a mantener mi guardia aquí e intentar averiguar sobre ese viaje repentino de tus padres.

Recorrí los pasillos hasta llegar a la habitación donde había dejado a Regina encerrada, por su bienestar claro está, aunque no sé si ella hubiese sido muy feliz de despertar y no solo no encontrarme sino también ser literalmente una princesa encerrada en un castillo, solo nos falta el maldito dragón. En medio de las sábanas revueltas estaba aún dormida la hermosa mujer a la que le había hecho el amor toda la noche. Acaricié su pierna, hice a un lado la sábana, apreté su redondo trasero y no pude evitar darle una suave mordida. Se movió inquieta y volví a morder con un poco más de fuerza.

—No —murmuró adormilada. Giró, encogiendo las piernas lejos de mí.

—Es hora de despertar.

La tomé del tobillo y la atraje hacia mí. Sus ojos se abrieron y a pesar de su mejor intento por enojarse, me regaló una brillante sonrisa.

—No es una forma romántica de despertarme.

—Puedo hacerlo mejor.

Me subí a la cama y ella no dudó en acomodarse en mis brazos. Puse un beso en sus mejillas.

—Buenos días mi hermosa princesa.

—Buenos días mi hermosa princesa —repitió mis palabras y me besó.

—¿Dormiste bien?

—Me siento igual que al día siguiente de la primera vez que monté a caballo, me duele todo.

—Y ni siquiera montaste anoche. ¿Debo sentirme halagada?

—Solo porque eres la mejor para mí.

—¿Eso significa que no soy una diosa sexual en la cama?

—Mmmm —se mordió el labio ocultando una sonrisa.

—Eres terrible —la besé apretándola contra mí.

—No me dejaste hacer nada, prácticamente te aprovechaste de mí. La próxima vez voy a tener que atarte.

—No puedo oponerme a eso.

—Te quiero tanto —me besó dulcemente, sorprendiéndome con su espontaneidad repentina.

—Y yo te quiero a ti.

Me quedé en la cama mientras ella tomaba un baño, y me piñizqué por si acaso todo fuera un simple sueño.

—¡Ayyy! —Grité al sentir una toalla golpeando mi cara—. ¿Qué pasó con el romanticismo?

—Murió cuando vi lo que le hiciste a mi cuello.

—Mmmm… no sé a qué te refieres.

—No te hagas la inocente conmigo.

—Eso es fácil de ocultar, yo ni siquiera estoy molesta por todo el ruido que hiciste anoche, el castillo entero sabe que consumamos nuestro amor.

Me lanzó un cojín y fue al baño a terminar de arreglarse. Un poco de maquillaje y su cabello largo ayudó a cubrir mi pequeña travesura, pero fui advertida de estar en mi mejor comportamiento de ahora en adelante.

Salimos del castillo sin tener ningún plan, Regina podía haber vivido en el Bosque Encantado la mitad de su vida pero no tenía idea de cómo divertirse.

—¿Y si buscamos un castillo abandonado? Sería como ir a una casa embrujada.

—Eso no es divertido, Henry.

—Y es peligroso. No quiero que ustedes dos se metan en problemas, cualquier cosa que se les ocurra deben consultarla conmigo primero.

—Sí, mamá.

—¿Emma?

—Está bien, voy a consultártelo todo.

—Más te vale.

—Tus regaños han perdido total credibilidad, mi dulce florecita del Bosque Encantado.

Me gané un duro golpe en mi hombro, pero valió la pena.

—¿Por qué no nos muestras dónde creciste?

—Sí, mamá.

—No lo sé. No es un viaje que podemos hacer en un solo día.

—No tenemos nada mejor qué hacer, y nuestros carceleros se han ido.

Estaba segura que había un montón de espías persiguiéndonos y que el hombre que había escogido para que nos lleve en el carruaje iba a presentar un informe completo sobre cada uno de nuestros pasos cuando regresemos, pero nuestro viaje fue demasiado entretenido para preocuparme por algo más que no sean mis dos personas favoritas. Regina estaba arrimada contra mí contestando todas las preguntas que Henry no paraba de hacer.

—¿Y estamos seguros que ningún ogro está cerca?

—Te aseguro que vas a saberlo, los ogros no son criaturas sutiles ni delicadas.

—Dímelo a mí, la última vez que estuve aquí casi me convierto en su cena.

—Creí que eras una princesa, mamá ¿por qué no vivías en un castillo?

—Vivimos mucho tiempo en el castillo de mi abuelo Xavier.

—¿Él era un rey de verdad?

—Lo era, y sus planes para mí eran muy diferentes a los de mi madre, por eso nos fuimos lo más lejos que pudimos. Fue mucho más fácil para mi madre controlarnos.

—¡Wow! —Henry prácticamente se colgó por la ventana—. Esto es enorme, es como un pequeño pueblo, no tan grande como un castillo pero mucho más grande que nuestra casa en Storybrooke.

El carruaje se detuvo y Henry salió corriendo.

—¿Por qué parece que ha sido conservado en el tiempo?

—Porque es así.

—¿Conservaste tu casa con magia? ¿Tenías pensado volver? ¿Qué más conservantes? Quiero ver tu habitación.

—No sé qué contestar primero, Emma.

Su sonrisa se congeló concentrada únicamente en la mansión campestre mágica donde había crecido.

—Hey. ¿Qué pasa?

Escuchamos a Henry corretear en el interior de la casa. Ella relajó un poco su postura tensa pero no me miró.

—Ha pasado demasiado tiempo. Siento que si entro voy a descubrir que todo ha sido un sueño y sigo viviendo allí.

—Es la casa donde creciste. Está llena de recuerdos.

—Me siento una extraña. No soy la misma persona que creció aquí —sus manos rodearon nerviosamente su cintura—. Esto es demasiado irreal, y al mismo tiempo me gustaría entrar y que todo se desvanezca… todo mi horrible pasado.

—Tener una segunda oportunidad de hacer las cosas bien.

—Sí —dijo como si hubiese adivinado sus pensamientos.

—¿Sabes el momento exacto al que te gustaría volver?

—Emma —giró hacia mí, quizá dándose cuenta que yo me sentía como una idiota. Sus manos tocaron mis mejillas—. Hay muchas cosas de mi pasado que quisiera borrar pero tú y Henry siempre van a ser mi constante.

—Pero si volver al pasado realmente fuera posible podrías tener tu final feliz con Daniel, ¿no te gustaría eso?

—Es imposible.

Alejé sus manos de mi rostro y retrocedí, pero ella sujetó mi chaqueta impidiéndome apartarme.

—Te amo, pero una parte de mí siempre va a amar a Daniel… él fue… todo, cuando yo no tenía nada, y perderlo se llevó una parte de mí… eso no me hace amarte menos. ¿Me amas menos a causa de Neal?

—Claro que no —apoyé mi frente contra la de ella—, es solo que… creo que vas a despertarte y darte cuenta que esto es un error, que yo soy un error.

—Si eres un error, quiero equivocarme todos los días. Te amo, Emma —besó mi quijada—. Henry puede confirmarte que cuando yo amo alguien lo hago con todo mi corazón, y por nada del mundo voy a dejarte ir.

Besó la punta de mi nariz. La abracé y la besé hasta que tuvimos que detenernos porque necesitábamos respirar, y volví a besarla.

—¿Van a entrar o no? —Henry gritó.

Henry nos arrastró por los pasillos y habitaciones de la casa, su felicidad no le permitió percatarse de la ligera tristeza que rodeaba a Regina, sus ojos me decían que con cada paso que daba los recuerdos llenaban su mente, así que la mantuve abrazada todo el tiempo, besé sus mejillas e hice mi mejor esfuerzo por recordarle que ahora nos tenía a nosotros. Fue una buena idea haber llegado comida, porque no tenía ganas de otro viaje en carruaje hasta el pueblo más cercano, y mis habilidades de cacería eran nulas.

—Mataría por una pizza.

—Y yo por una hamburguesa —dijo Henry con la boca llena—. Estoy tan cansado pero siempre tengo hambre. La comida es horrible ¿cuándo vamos a volver a casa?

—¿No estás disfrutando esta aventura? —preguntó Regina.

—Pensé que sería diferente. Es aburrido.

—Acabo de recordar que no tenemos tuberías aquí. Voy a morir —me dejé caer hacia atrás, al menos habíamos decidido tener una cena temprana en el jardín, podría quedarme allí hasta que mágicamente alguien me transporte al mundo civilizado.

—Lo bueno es que están descansando de toda esa televisión basura que les gusta ver.

—¿Cómo pudiste vivir en este mundo, mamá? ¿Qué hacías para divertirte?

—Mi día estaba repleto de clases, y los pocos ratos libres que tenía los usaba para leer y montar a caballo.

—Tu mamá se escapaba con su novio, estoy segura que es la única razón por la que te gustaba montar.

—No es cierto.

Henry rió, con esa inocencia propia de su edad; escucharlo me hacía sentir tan bien y al verlo arrimarse en los brazos amorosos de Regina me hacía soñar. La realidad me golpeó con fuerza, quizá era algo que venía haciendo inconscientemente desde hace tiempo, pero era ahora cuando al fin podía darme cuenta que había vuelto a pensar en mi futuro, a hacer planes y soñar.

Mientras Regina le contaba a Henry sobre caballos y días felices galopando, yo pensaba en el trabajo que conseguiría al volver a casa, quizá podíamos ir a una pequeña ciudad, era un poco mayor para ser policía pero seguramente podría conseguir ser Sheriff otra vez. Podemos tener un departamento, o quizá una casa pequeña con un patio para que Regina pueda tener un jardín y plantar un árbol de manzanas.

—¿Te gustaría tener un hijo conmigo?

—¿Perdón? —Regina preguntó. Acabábamos de dejar a Henry en la habitación al final del pasillo, las dos nos habíamos quitado nuestra horrible y complicada ropa, y ella estaba cepillando su largo cabello porque no podía ir a la cama sin hacerlo.

—Cuando volvamos a casa, no sé dónde es eso, ni siquiera sé si Storybrooke aún existe, pero vamos a irnos y conseguiremos una casa. Pensé que un departamento sería suficiente pero necesitas una casa con jardín,

—¿Y quieres que tengamos un hijo?

Me acomodé sobre las almohadas; todo era tan femenino y delicado, con colores pasteles, florecitas bordadas en las sábanas, tan en armonía con la Regina que apenas ayer creía que yo era una horrible persona.

—Es solo que… —ella se sentó en el borde de la cama, me moví hacia ella y toqué su vientre—, es una idea que apareció en mi mente de repente.

Se arrimó contra mí, subiéndose a la cama mientras nuestros labios se juntaban en un beso. La ayudé a acostarse a mi lado, nuestras manos recorriendo nuestros cuerpos, compartiendo el mismo aire. No sé dónde terminó la poca ropa que teníamos, pero cuando sus dedos buscaron la calidez entre mis piernas, mis dedos sintieron la humedad y estrechez de su vagina. Susurramos nuestros nombres, y con besos ahogamos los gemidos.

—¿En qué piensas? —Preguntó sin levantar la cabeza de mi hombro, sus dedos siguieron acariciando la piel de mi estómago.

—Que acabo de hacerte el amor en tu cama, la casa donde creciste y la cama donde dormías cuando eras una niña —dije sin dejar de jugar con su cabello—. Cora debe estar intentando escapar del infierno para venir a matarme.

—Hagamos el amor otra vez.

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MARY MARGARET

—No he viajado desde tan lejos para que me digas que no. Teníamos un trato.

—El cual recuerdo haber cumplido.

—¡Y se rompió con un simple beso!

—Siento que ya he pasado por esto. ¡Sí! Lo atestigüé con Regina y tu príncipe rompiendo la maldición de dormir con un beso de verdadero amor.

Caminé, frotando mi frente para apaciguar mi dolor de cabeza.

—No es momento de burlas ni peleas —David tomó mi lugar discutiendo con Rumpelstiltskin—. Mi hija no puede estar con esa mujer.

—¿La prefieres muerta? Porque esa es la opción más fácil.

—No somos asesinos.

—Debatible.

—Sin importar las circunstancias Emma nos culparía —David apretó los puños con frustración.

A estas alturas empezaba a desear con todas mis fuerzas que Regina desapareciera de nuestras vidas sin importar cómo. Miré por la ventana que Neal jugaba en los jardines con una espada de madera, tenía catorce años otra vez, la misma edad en que se había perdido para siempre en un mundo sin finales felices.

—Estoy dispuesta a aceptar el primer trato que me ofreciste.

—Nieve. No es por eso por lo que vinimos hasta aquí.

—Es la única opción que nos queda, a menos que estés dispuesto a matar a Regina.

—Sí. Vamos a matarla de una vez —dijo Rumpelstiltskin jugando con nosotros, empujando nuestros botones para encontrar alguna debilidad.

—No estoy de acuerdo con esto, Nieve. Es un error.

Guardé silencio mientras él se alejaba.

—Supongo que trajiste lo que necesitamos.

—Supones bien.

Tomó una pequeña daga e hizo un corte en mi mano derecha, tres gotas de mi sangre se diluyeron en un frasco que contenía un líquido oscuro.


XXXSQXXX

El camino de regreso fue en completo silencio, tanto David y yo estábamos sumergidos en nuestros propios pensamientos.

—Deberíamos dejar que las cosas sigan su curso. Emma es una adulta. Regina puede no ser la persona ideal para nuestra hija, pero es su verdadero amor. Siento que nos estamos convirtiendo en…

—¿Villanos? No seas ingenuo, David.

—Acabas de hacer un trato con un hombre que mató a la mujer que amaba porque ella iba a dejarlo.

—Prometimos no hablar de eso.

—¡Él mató a Belle!

—¡Y nosotros no tuvimos nada que ver con eso!

—Esto no está bien.

—¿Qué otras opciones tenemos? Vamos a perder a nuestra hija.

—Al menos no seremos responsables de su muerte.

—David —tomé su mano—. Tenemos que estar unidos. Su corazón puede romperse pero sé que hay alguien mucho mejor para ella, esto va a hacerla abrir los ojos.

Sonreí al sentirlo estrechar mi mano. Todo iba a estar bien, lo sabía porque merecíamos más que nadie recuperar a nuestra hija y ser felices al fin.

—No podemos seguir recibiendo todo el odio de nuestra hija por interponernos en su relación, esta es la única forma de estar de su lado y conseguir que entre en razón por su cuenta.

—Hacer tratos con Rumpelstiltskin es un error, pero esto es aún peor y lo sabemos porque lo hemos vivido antes.

—Ya está hecho, David. Deseemos que todo vaya de acuerdo a nuestros planes.

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REGINA

Estaba helando. Me levanté pensando que había una ventana abierta, pero no. Emma estaba de pie junto a la ventana viendo caer la nieve en una mañana que aún no era del todo clara.

—¿Qué haces despierta?

—Estoy pensando —se giró hacia mí, con su sonrisa de siempre y su cabello desordenado.

—Vuelve a la cama.

—No creo poder volver a dormir.

—¿Vas a hacerme suplicar?

—Soy una princesa malvada, se supone que debo ser malvada.

—¿Y quién debo ser yo en esta fantasía que has creado?

—No es una fantasía. Soy una princesa real.

—Perdone usted, mi princesa.

—No puedo perdonarte tan fácilmente, soy muy mala.

Envolví lo mejor que puedo la sábana alrededor de mi cuerpo desnudo, me senté y estiré la mano esperando que ella se acercara.

—Te he visto desnuda, no necesitas cubrirte —sus manos no tardaron en arrebatarme la sábana—. Mucho mejor.

—Hicimos el amor tres veces.

—Es muy poco. Quiero hacerte el amor tres veces más.

—Henry puede despertar temprano.

—Eso no es cierto.

—¿Con cuántas mujeres has estado antes de mí? —Pregunté apretando su mano entre mis rodillas.

—Ha habido algunas, no importa cuántas —se inclinó para besar mis rodillas—. Déjame probarte.

—No —sabía exactamente lo que ella quería hacer—. No me gusta.

—¿Alguien lo ha hecho antes?

—¿Qué importancia tiene?

—No puedes saber si te gusta sin haberlo experimentado primero.

—No estoy interesada —su mano escapó y se deslizó acariciando mis muslos, su otra mano apretó mi nalga y se quedó allí acariciándome—. Tampoco estoy interesada en nada que no sea convencional.

—¿Es convencional que dos mujeres tengan sexo en este mundo? —La forma en que ella me miró y me tocó, tensó mi estómago—. Porque estoy dispuesta a cambiar este mundo si es necesario.

—¿No te agrada lo que hemos hecho?

—Me encanta, pero hay muchas cosas que quiero hacer contigo.

—Basta —le di una palmada en sus manos inquietas—. No me mires como si fueras un león que está a punto de devorarme. —Obviamente como ella era la más infantil de todas las mujeres, se arrodilló en la cama y rugió—. No puedo creer que esté enamorada de ti.

—Solo me estoy vengando por todas las veces que me provocaste. Fingías enojarte conmigo para ir a mi oficina con tus faldas apretadas y sentarte en el escritorio mostrándome tus piernas.

—No sé nada de eso.

Sus manos fueron demasiado rápidas, me giró sobre mi estómago, y tuve que contener un grito cuando la sentí morderme.

—Si no admites que me sedujiste voy a darte una nalgada.

—¿Por qué siempre quieres darme nalgadas?

—Porque este bonito trasero tuyo ha sido mi obsesión desde el día que te conocí, lo usaste para seducirme.

—No es cierto —oculté mi sonrisa y mordí la almohada al recibir la primer nalgada.

—Estás siendo una niña muy mala, Regina.

—Y tú estás confirmando que eres una pervertida. Admítelo.

La nalgada fue un poco más fuerte la segunda vez, pero lo más desconcertante fue sentirla lamer la marca roja que seguramente había dejado en mi nalga. La palma de su mano impactó contra mí de nuevo, y esta vez su lengua dejó un recorrido húmedo por mi espalda hasta llegar a mi oreja.

—No voy a admitir nada —susurró.

—Acabas de demostrarlo —no iba a dejarla ganar.

Se dejó caer a mi lado, olvidándome por completo y sin ningún interés aparente por continuar lo que estaba haciendo.

—Voy a dormir un poco más.

Quise protestar, decirle que no podía tratarme de esa manera, pero ¿cómo podía justificar mi enojo sin delatar lo que deseaba que ella hiciera conmigo? Encima tuvo el descaro de abrazarme, usándome como una almohada que podía envolver entre sus brazos.

—Duerme un poco, bebé —dijo besando mi hombro.

Miré hacia la ventana, la nieve seguía cayendo; pensé en todas las cosas que habían sucedido tan de repente, la forma maravillosa en que mi vida había cambiado. Mi corazón se sentía tan ligero, ni siquiera me era posible fingir enojo porque la felicidad que me embargaba era demasiada.

—Emma.

—¿Sí?

—¿En qué pensabas cuando desperté?

—En que no quiero volver al castillo. Sarah vendría con nosotros, las dos tenemos magia y seguramente la tuya volverá pronto. Este lugar es perfecto, está en mejor condición que el castillo.

—No quiero vivir aquí nunca más.

—Lo supuse, pero sigue siendo una opción —besó mi mejilla—. Durmamos un poco más.

Besó mi cuello. Sentí mi piel erizarse y quise que su mano en mi estómago me acariciara, pero no iba a pedirlo.

—Emma.

—Mmmm.

—No tengo sueño.

—Solo dormiré un poco, bebé. Puedes despertarme en un rato.

—Pensé que ibas a hacerme el amor.

—No creo que sea correcto, estamos en la casa de tus padres y ni siquiera estamos casadas. No es un comportamiento propio de dos princesas.

Quería voltearme y empujarla fuera de la cama, pero ella me sujetó mientras reía.

—Eres el colmo. Te odio.

—¿Quieres más nalgadas?

—Aleja tus manos de mí. No olvides que soy una Reina.

No me hizo caso, lamió mi cuello, acarició mis piernas y apretó mis senos. Giré mi rostro hacia ella para poder besarla y aproveché para morder su labio, logré distraerla para subirme sobre ella. Se sentó, conmigo en su regazo, y mordió mi hombro, sujeté su cabello para alejar su boca de mí.

—Voy a castigarte, Señorita Swan.

—Nadie puede castigarme. —Grité al sentir mi espalda chocar contra el colchón—. ¿Quieres que te haga el amor, mi princesa?

—Soy tu Reina.

—Eres mi princesa. Quiero escucharte decirlo.

Llevó su boca a mi pecho, lamió y chupó mi pezón. No podía creer que eso fuera suficiente para derrotarme. ¿Dónde estaba mi fuerza de voluntad?

—Soy tu princesa —gemí penosamente mientras ella tomó en su boca mi otro pezón y sujetó mis manos por encima de mi cabeza—. Hazme el amor.

—Tus deseos son…

Las puertas se abrieron con fuerza y la única razón plausible para lo que mis ojos vieron fue que estaba en medio de una pesadilla.