La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Muchas gracias por sus amables comentarios, espero que mientras lean este capítulo se armen de paciencia conmigo y recuerden que este es mi fanfic feliz.
Mills y Guest: Aunque haya muchas cosas en nuestro querido fandom que me han desilusionado, yo adoro mi ship SwanQueen y siempre soy feliz de escribir sobre Emma y Regina, no pienso dejar de hacerlo, mientras tenga tiempo, incluso ya tengo pensado uno nuevo. Gracias por siempre leer y comentar. Un saludo a la distancia.
CAPÍTULO 29
Iba a matarla. Iba literalmente a matarla, y nadie podría juzgarme. Se lo había ganado a pulso. Es que tenía unas ganas locas de matarla y no podía pensar en nada más. De todas las mujeres en el mundo tenía que fijarme justo en ella, y lo peor de todo es que la conocía perfectamente bien, sabía de lo que era capaz y de todas formas, tercamente, caí rendida en su juego de seducción, todo porque tiene unos ojos de caramelo y... no, no voy a pensar en lo hermosa que es.
—¡Regina!
Henry saltó y los caballos relincharon, pero no me importó.
—¿Ma?
—Quédate aquí, Henry. Voy a discutir con tu madre y no va a ser bonito. Ven acá.
Tomé a Regina del brazo y la saqué de los establos. Me alejé lo suficiente para que nadie pudiera escucharnos o interrumpirnos.
—Basta, puedo caminar sola —dijo aflojándose de mi agarre.
—¿Dónde está mi madre? ¡Y te juro que si me mientes…!
—¿Vas a castigarme?
—¡No te pases de lista y contéstame!
—La envié con Rumple —ni siquiera intentó mentirme.
No podía creer lo que estaba escuchando, me dolía el estómago, e iba a provocarme una migraña.
—Tuve mis razones —dijo sin ningún tipo de estrés visible.
—La única razón posible es que perdiste la cabeza.
Me di cuenta que ni siquiera me estaba mirando, sus ojos estaban fijos en un espacio vacío diagonal a su derecha.
—¿Cuál de los dos fantasmas te dijo que lo hicieras?
—No son fantasmas.
—¡No son reales! ¡No están! —Agité los brazos en el aire y me paré justo donde ella había estado mirando—. ¡No existen! ¡Solo estamos tú y yo aquí!
—¡Lo sé! ¡No tienes que tratarme como si estuviera loca!
—¡Lo estás! No hay ninguna otra explicación para lo que hiciste. Si me tomé la molestia de secuestrar a mi madre fue para tener una moneda de cambio, y tú te has deshecho de ella. Has arruinado nuestra única forma posible de salir de aquí.
—Puse un hechizo en ella para obligarla a retirar el hechizo que pusieron en mí. Va a volver. No soy ninguna idiota, a pesar de lo que pienses.
—Quizá ella tenga tantas ganas de destruirte que no le importe lo que sea que hayas puesto en ella. Dime que no es un hechizo de muerte.
—¿Eso es lo que piensas de mí, que sigo siendo la Reina Malvada?
—Claro que no. Pero se suponía que éramos un equipo, y estás jugando sola.
—Estoy haciendo lo que es necesario. No tengo que pedirte permiso. No soy tu propiedad.
—Eres libre de hacer lo que te dé la gana, me lo has dejado muy en claro, mientras que lo único que yo estaba haciendo era luchar por nosotros, por nuestra familia.
—Solo estás molesta porque no te consulté, por eso detestas a Tink, porque nada de lo que yo hago es parte de tu plan, y me has dejado en claro que si no hago lo que tú quieres te enojas conmigo.
—¡Me enojo porque me haces enojar!
—Tan brillante como siempre.
Caminó de regreso dándome su mejor mirada de enojo.
—¿Ni siquiera vas a intentar disculparte?
—No tengo por qué hacerlo —dijo sin detenerse o regresar a verme.
—¡Bien! Seguro estarás muy bien acompañada ahora que tienes de regreso a la loca de tu madre y a tu novio muerto.
Sabía que no debí haber dicho lo que dije, pero tampoco esperé que ella se volteara y me empujara varios metros en el aire con su magia. Caí pesadamente, y por suerte el impacto sobre el pasto no fue tan fuerte.
—Emma —la escuché decir. Corrió hacia mí y cuando vi su rostro solo pude notar preocupación en ella—. Lo siento. No quise… yo solo estaba… tan enojada. ¿Te hice daño?
—Estoy bien —dije aún de mal humor, recostada en el piso mirando al cielo.
—Lo siento —dijo acariciando mis mejillas, sin rastro de enojo en su voz.
—Déjame. No tengo intenciones de dejar de estar enojada contigo.
Me observó un instante, pero yo evité mirarla hasta que se levantó y la vi marcharse. A pesar de encontrarme en el piso a causa de ella, sentía que era yo quién debía disculparse. Me dolía la cadera y sin embargo no dejaba de preguntarme si la había tomado muy duro del brazo.
¿Por qué demonios mencioné a su novio?
—Soy una estúpida.
Me golpeé la frente con la palma de mi mano.
—Ma. —Henry se dejó caer junto a mí—. Mamá me envió a asegurarme que estabas viva.
—¿Estabas espiándonos?
—No. Estaba cerca por si me necesitaba. ¿Estás bien?
—Lo estoy, pero seguro moriré uno de estos días, comida por un ogro o por un lobo. No estoy hecha para vivir en este mundo. Nunca fui una niña exploradora.
—No debiste pelear con mamá.
—Estoy en el piso porque me envió a volar, soy la víctima.
—No. No lo eres.
Abrí los ojos y lo miré acusadoramente.
—Ni siquiera sabes lo que pasó.
—Mamá siempre hace todo bien.
—Ella no es perfecta. ¿Cuándo dejé de ser tu héroe?
—Ella es mi mamá.
—Traidor. Solo estás de su parte porque ella cambió tus pañales, pero yo tengo estrías por tu culpa, y partes de mi cuerpo que jamás volvieron a ser igual por tu culpa. De no ser por mí, tú y tu mamá estarían en la panza de un ogro.
—Solo tienes que disculparte con ella.
—Voy a hacer lo que tu mamá nunca ha hecho —me levanté, él salió corriendo y yo lo perseguí. Si lograba alcanzarlo iba a darle un par de nalgadas. Afortunadamente para él, no me encontraba en mi mejor forma después de mi encuentro cercano con el suelo.
XXXSQXXX
Me reuní con Sarah para intentar hacer control de daños, pero dada la situación en la que nos había puesto Regina, no nos quedaban muchas opciones.
—Tenemos nuestra magia, Emma. Quizá Regina tiene razón y tu madre va a volver, de esa forma tendríamos resuelto uno de los problemas sin tener que acudir a Rumplestiltskin.
—O ella puede convencerlo de matarla. Ni siquiera sabemos qué conjuro pusieron en ella.
—Puedo congelar todo el reino.
—Ok —respiré profundo—. No vamos a congelar todo el reino, y no podemos perder la cabeza todos al mismo tiempo. Nos guste o no, Regina nos ha robado el turno.
—No seas tan dura con ella.
—¿Por qué nadie está de mi lado? Actuó por su cuenta, y lo que hizo podría costarnos la cabeza a todos.
—Siempre podemos congelar al reino antes que vengan por nuestras cabezas.
Lo mejor que pude hacer fue evitar a Regina el resto del día, no podíamos hablar estando enojadas, solo íbamos a terminar peleando. Así que después de practicar mis habilidades con la espada, espiar lo que Tink hablaba con Sarah mientras cocinaban, y recorrer los alrededores de la mansión campestre de Regina, volví cansada a nuestra habitación para tomar una siesta, tomé previamente un breve baño en otra de las habitaciones pero quería dormir donde me correspondía.
Ella estaba sentada cepillando su largo cabello negro, y tenía puesto uno de esos pijamas pasados de moda.
—He estado pensando, y creo que quiero un bebé. Un bebé tuyo y mío —dijo con simplicidad.
—¿Olvidas que somos mujeres? No tengo el equipo adecuado —contesté retirando las mantas de la cama.
—Pero mágicamente…
—Mágicamente estás perdiendo la cabeza, castigada, y en serios problemas por lo que hiciste. Lo más seguro es que terminemos atrapadas en este horrible mundo por el resto de nuestras cortas vidas.
—Volveremos a casa. ¿No quieres tener un bebé conmigo?
—Regina. No estoy de humor para hablar de bebés inexistentes. Y si estás intentando molestarme o distraerme de lo que hiciste, no está funcionando. Lo que hiciste fue muy grave, y estoy sumamente enojada contigo.
—Pues ve a dormir a otro cuarto —dejó el cepillo olvidado, se acercó a la cama y se acostó.
—No.
—Este es mi cuarto y mi cama —dijo cubriéndose con las mantas.
—No voy a irme. Es mi cuarto también —ocupé mi lugar en la cama.
—No lo es.
—Sí. Lo es porque eres mi novia irresponsable que no sabe lo que es trabajar en equipo —me acosté de lado, dándole la espalda.
—Tú has hecho muchas cosas irresponsables, no debiste haber traído a tu madre en primer lugar. ¡Sal de mi cama!
—¡Oblígame!
Sentí su pie contra mi cadera, y cuando quise sujetarme sus manos me empujaron fuera de la cama.
—¡Qué demonios! ¡Me empujaste!
—Es mi cama.
—¡Me empujaste! —Grité levantándome del piso, con mis rodillas adoloridas.
—No voy a dormir contigo.
—¡No me importa! ¡No voy a irme! Si no quieres dormir conmigo, ve a conseguir otra habitación porque yo no voy a moverme de aquí.
—No seas ridícula. Toda esta casa es mía. Si quisiera podría enviarte a dormir en el bosque.
—Solo me darías otro motivo más para seguir enojada contigo. No creo que pueda dejar de estar molesta contigo en toda una semana —me acosté otra vez, de espaldas a ella.
—¡Bien!
—¡Bien!
Nos fuimos a dormir sin un beso de buenas noches, con un gran espacio entre nosotras, y estaba tan enojada que no me importó. Yo tenía razón en todo, y ella ni siquiera se molestó en hacer las paces conmigo. Esta vez no iba a dejarla salir con la suya, tenía que asumir las responsabilidad de lo que había hecho y dejar de actuar por su cuenta.
Después de lograr conciliar el sueño, la sentí apoyar su cabeza en mi hombro, su cabello me hizo cosquillas en el cuello, y prácticamente decidió usarme como su almohada; ni siquiera dudé en envolverla en mis brazos. No sé si lo hizo consciente o fue solo porque estaba dormida, pero de todas formas la sostuve lo más cerca que pude. Solo así sabía que lograríamos dormir tranquilas, por la mañana podíamos volver a discutir.
Estaba sumergida en un sueño sin sueños, no sé si fue un par de minutos o más de una hora, y no sé qué fue lo que me despertó, pero mi corazón se aceleró cuando abrí los ojos y vi a alguien por encima de mí —un hombre con una armadura completa que cubría la mayor parte de su rostro—, quise moverme pero me di cuenta que no podía hacerlo, fue como si algo me estuviera reteniendo, y al sacudir la cabeza pude ver a otro hombre con la misma armadura llevándose a Regina en brazos. El hombre cubrió mi boca con su mano y con la otra acercó una daga hacia mí.
Me sacudí lo más que pude pero no hubo nada que pudiera hacer. Creí que iba a matarme, estaba por completo segura que ese hombre iba a usar su daga para acabar con mi vida, pero entonces una flecha atravesó su garganta y se desplomó sobre mí.
—¡Emma! —Fue mi madre quién gritó. Corrió y me quitó a ese hombre de encima.
—¡No puedo moverme! —Me sentía desesperada—. ¿Qué hiciste? ¿Qué fue lo que hiciste? —Grité desesperada.
—¡Nada!
Tink entró corriendo, su brazo estaba ensangrentado.
—Se los llevaron. Se llevaron a todos.
—¿Henry?
—¡Sí! ¡Se lo llevaron! Intenté impedir que se llevaran a Sarah pero la atraparon en una especie de urna.
—¡¿Qué fue lo que hiciste?! ¡¿Qué le hiciste a mi familia?!
—¡Nada! —repitió—. Acababa de volver del castillo de Rumple y vi unos hombres. Vi que se llevaron a Regina y usé el arco que tomé de Rumple cuando vi que ese hombre iba a herirte. Deben haber usado magia, por eso no puedes moverte.
—Fue Azul —dijo Tink—. Fue un ataque muy bien planeado, con magia de por medio. Te dije que tu madre era el menor de nuestros problemas.
