La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.


CAPÍTULO 31

Ponernos de acuerdo fue lo más difícil, pero al menos todos sabíamos que no podíamos estar separados, y que debíamos mantener a Henry lo más protegido posible.

—Puedo ayudar, se usar una espada.

—No. Tengo que entregarte intacto con tu madre, ella va a contar cada uno de tus cabellos para asegurarse que estás tal cual como te dejó, y ya estás demasiado sucio, eso es más de lo que ella va a tolerar.

—Ella va a estar bien ¿cierto?

—Por supuesto.

No era una mentira, era mi gran deseo de tener razón y que Regina estuviera bien.

Ruby era prácticamente lo mejor que nos había pasado, tan solo me hubiese gustado tener a Regina cerca para besarla por ser siempre tan inteligente, iba a estar por siempre en desventaja después de que su táctica extrema con mi madre también funcionó. Mientras seguía caminando, sin dejar de sostener la mano de Henry, me di cuenta que habían sido mis planes los que fallaron totalmente.

—Hay alguien cerca, puedo olerlos.

Por supuesto que Ruby podía olerlos; desenganché mi espada de mi cinturón, intenté no mirar a Ruby convertirse en una loba —era demasiado perturbador—, Mary Margaret alistó su arco, Tink sacó una daga y mantuvo a Henry con ella. Lo único que no era parte del plan era que un grupo de hombres que olían muy mal se entregaran muy fácilmente a Ruby. Los trajo a nosotras y ellos simplemente mantuvieron las manos en alto defensivamente y una sonrisa en sus rostros.

—No pretendemos hacerles daño —dijo el más grande—. Hemos estado esperándolos.

—¿Quiénes son ustedes? —Pregunté.

—Los hombres alegres —contestó uno de ellos.

—¡Son delincuentes! —Mary Margaret tensó su arco apuntando con una flecha al más grande.

—¿Al igual que los hombres alegres de Robin Hood?

—No podemos confiar en ellos, Emma.

—Tu mujer está en nuestro campamento, está a salvo.

—¿Y esperas que te crea?

—Casi me arranca el brazo de una mordida. Pueden venir con nosotros y verla ustedes mismos, sus enemigos están pidiendo sus cabezas al igual que las nuestras. Los fugitivos somos como hermanos.

Todos los hombres rieron.

—Emma. Esto es una muy mala idea. Estos hombres son criminales, no podemos confiar en ellos, esto tiene que ser una trampa.

—Intentamos ser amables, si quieren hacerlo de la forma difícil los arqueros en los árboles que su loba no puede oler no tendrán problema en dispararles unas cuantas flechas.

Una flecha aterrizó en el suelo para dejar en claro que estaban hablando en serio.

Tomé la mano de Henry, y muy a mi pesar seguimos a esos hombres a su campamento. No tenía idea lo que pasaría con nosotros, las palabras de Mary Margaret no dejaban de atormentarme, pero sabía que debía hacer hasta lo imposible por mantener a mi hijo a salvo.

—Es como un campamento de guerra —dijo Henry casi susurrando cuando vimos el lugar—, es como en las películas. ¿Ellos viven aquí todo el tiempo?

—No lo sé.

El lugar era más grande de lo que había esperado, lleno de hombres en su mayoría, pero sorprendentemente también había mujeres y niños. Grandes y pequeñas carpas dispuestas en filas, tendederos de ropa improvisados en los árboles, varios círculos de piedras con fogatas apagadas, dos largas mesas hechas con troncos de árboles cerca de donde un ciervo acababa de ser colgado en unos troncos, su sangre goteando sobre la tierra mientras lo desollaban.

Un hombre alto y rubio, con cuerpo fornido y una ropa que gritaba soy "Robin Hood" se acercó a nosotros sonriendo. Estaba cansándome de verlos a todos sonreír.

—¡Bienvenidos a Sherwood! —Dijo abriendo los brazos—. Espero que los hayan tratado bien.

—¿Tú eres Robin Hood?

—Henry —lo regañé.

—Ese soy yo, y tú debes ser el joven príncipe Henry.

—Se supone que eres un héroe, ¿por qué nos trajiste aquí a la fuerza?

—¡Henry! —Volví a reprenderlo, aunque yo tenía muchas ganas de haber hecho la misma pregunta.

—Solo somos un grupo de hombres alegres, no quería correr el riesgo de que alguien los intersectara en el camino.

—¿Además de ustedes? ¿Dónde está Regina? —Pregunté perdiendo la paciencia.

—Tu mujer está bien, voy a llevarlos con ella ahora mismo.

Seguí creyendo que todo era una trampa, que de alguna manera no sería Regina, pero era ella. Henry entró a la tienda y apenas la vio se lanzó a sus brazos; ella estaba sentada en una especie de cama en el suelo, y yo me dejé caer a su lado envolviéndolos a los dos en mis brazos.

—Te encontré. No puedo creer que seas tú.

Ella sostuvo a Henry con un brazo y su mano libre tocó mi rostro, como si tampoco pudiera creer que todo era real.

—Pensé que no volvería a verlos —dijo en un susurro roto. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—¿Estás bien? ¿Te hicieron daño? —Besé su muñeca vendada.

—Estoy bien.

—¿Qué te hicieron?

—Ataron muy fuerte mis manos, eso fue todo.

—Voy a matarlos —Me acerqué y le di un beso.

—Ya se hicieron cargo de eso.

—Ruby está de nuestro lado, como tú dijiste que pasaría. —Sonreí al escuchar la emoción de Henry—. Ella me salvó.

—No voy a soltarte jamás, mi pequeño príncipe. —Besó su rostro y luego me besó a mí—. Pensé que no me encontrarías.

—Siempre…

—No lo digas —dijo cubriendo mi boca. Henry rió a carcajadas.

—Tengo la poción —dije sacando el frasco y abriéndolo para que lo bebiese de inmediato—. Tenías razón. Lamento haberme enojado contigo.

—¿Escuchaste Henry? Ahora sabes que yo siempre tengo la razón.

Reímos mientras ella bebió la poción. Se veía tan aliviada, como si un gran peso hubiese sido quitado de sus hombros.

—Rumple tiene a Sarah, iremos por ella y saldremos de aquí cuanto antes.

Robin entró.

—Ahora que has visto que tu mujer se encuentra a salvo me gustaría hablar contigo.

—¿Sobre qué?

—A solas. Tu familia va a estar bien, pueden comer y descansar mientras hablamos.

Regina me dio una mirada extraña, pero de todas formas tenía que hablar con él. Fuimos lejos de las tiendas de campaña, donde al parecer nadie podría oírnos, cerca de un río, a lo lejos se podía oír una cascada.

—Gracias… pero me da la impresión que lo que has hecho viene con un precio.

—Quiero que seas una de nosotros. Queríamos a tus padres fuera del trono y lo has logrado mucho más pronto de lo que creíamos, puede que no lo hayas hecho directamente pero has sido quién lo ha propiciado. Tenemos que derrotar a George. Estoy seguro que cuando lo logremos serás una mejor reina que cualquiera de ellos.

—No estoy entendiendo.

—Es muy claro, pienso que eres uno de los nuestros y que al convertirte en reina harás que todo el reino mejore.

—Mira, no estoy interesada. Solo quiero salir de este horrible lugar apenas pueda.

—No tienes que preocuparte por tu mujer y tu hijo, vamos a cuidarlos, todos ustedes se convertirán en nuestra familia.

—Estoy sorprendida. Creo sinceramente que estás loco, y no sé qué loca fantasía te has hecho sobre mí, pero estás en un error.

—La Reina Malvada siempre quiso nuestras cabezas cortadas, nada personal, era más bien una cuestión entre sus hombres y nosotros, y tú la has convertido en tu mujer, en una madre. Nunca la conocí en el pasado pero sé que no es más la Reina Malvada.

—Yo no hice nada. Ella es su propia persona y ha tomado sus propias decisiones.

—Y tú estás aquí, luchando por ella, por tu familia, rompiendo las reglas y defendiendo a los que amas. Si piensas en este pueblo como tu familia, imagina las cosas que podrías hacer. Todos van a seguirte.

—Estás equivocado.

—Sé de lo que hablo. Es la primera vez que te veo en persona pero sé lo que has estado haciendo, sé que no estás en este mundo por tu voluntad, pero es el lugar donde naciste, quizá el trono ha estado esperando por ti. Yo tampoco quería, ni creía que era capaz de luchar por algo más que no sea yo mismo, pero aquí estoy.

—Yo no soy tú. Voy a aceptar la comida y el descanso que ofreciste para mi familia y saldré por la mañana.

Dio un gran suspiro de aparente resignación y sonrió.

—Está bien. No voy a retenerte contra tu voluntad, pero tengo un trato que ofrecerte.

—No creo en los tratos.

—Te daré una habichuela mágica si me ayudas a derrotar a George. No tienes que responderme ahora, si decides abandonar por la mañana tendré mi respuesta.

Caminamos de regreso. Él me dijo que nos acomodarían dos carpas para pasar la noche. Henry, estaba con Tink y Ruby recibiendo un plato de comida cerca de lo que parecía ser un ciervo siendo cocinado al fuego; al menos él no parecía en absoluto afectado por la situación.

—¡Eres la persona más horrible que he conocido en toda mi vida! Hice lo que me pediste y me engañaste —escuché los gritos de Mary Margaret, al parecer estaba discutiendo con Regina en el interior de la carpa.

—De no ser por Emma habría hecho algo mucho peor contigo.

—¡Mi cabello es gris! Y se cae. ¡Me estoy quedando calva!

—Volverá a crecer —dije acercándome a Regina—. Es menos de lo que te mereces.

—Esto es el colmo, pero no tenemos tiempo, debemos partir cuanto antes para rescatar a tu padre.

—No tengo nada que hablar contigo. Lo que hagas de ahora en adelante no es más mi problema.

—¿Te das cuenta? Esto es en lo que ella te ha convertido. Ni siquiera te reconozco.

—Solo estás recibiendo lo que te has ganado a pulso, y la razón por la que no me reconoces es porque nunca me conociste en primer lugar.

Mary Margaret salió de la tienda, evidentemente enojada. Me sentí aliviada de poder tener al fin un momento a solas con Regina.

—Sé que debo ayudar a liberar a David, pero primero tenemos que solucionar nuestra situación.

—¿Qué quería ese hombre contigo?

—¿Robin Hood? Nada importante. Tonterías

—Quiero saber lo que hablaron.

—Me propuso un trato, si lo ayudo a derrotar a George va a darme una habichuela mágica. Voy a tener que hacerlo.

—Claro que no.

—Puede ser nuestra única oportunidad de volver a casa.

—No vas a ser parte de una guerra, ni ir a ningún lado con esos hombres.

—Él cree que este es mi lugar, que soy una de ellos.

—Solo intenta manipularte. Es un hombre horrible.

—Te salvó.

—Tú me salvaste. Quiero que salgamos de aquí cuanto antes.

—Está bien, de todas formas le dije que nos iríamos por la mañana.

—No quiero esperar hasta mañana.

—Es un viaje de casi dos días, necesitamos recuperar fuerzas. Nos iremos a primera hora

—¿Lo prometes?

—Sí

Besé sus labios y ella correspondió de inmediato.

—No tengo zapatos.

—Voy a conseguirte unos, y algo de ropa de verdad —dije rozando sus labios.

—Creí que iba a volverme loca. Ellos estaban conmigo todo el tiempo… mi madre y…

—Estás bien, tu hermosa cabecita es perfecta, no voy a dejar que tengas ni siquiera un mal pensamiento que te moleste.

—Dijiste que estaba loca.

—Y lo estás, pero de una sexy y dulce forma que me encanta. —Besé su cuello y la apreté contra mí para sentir mejor su cuerpo.

—No vamos a hacer el amor aquí.

—Estoy segura que es lo más normal en este lugar. Y me merezco una recompensa.

Tomó mi rostro en sus manos y besó mis labios.

—Voy a compensarte por lo mal que me porté, nunca quise hacerte daño con mi magia, y lamento haberte echado de la cama.

—¿Eso quiere decir que vamos a hacer el amor aquí?

—No. Pero la próxima vez que lo hagamos te dejaré hacer eso que quieres hacerme.

—¿Te refieres a…? —Pregunté emocionada.

—Sí.

Eso fue suficiente incentivo para convencerme. Una mujer entró en nuestra carpa trayendo un sencillo vestido de color crema y unas botas planas de cuero de color café.

—Robin envía esto para su mujer.

—Gracias —dije aceptando las cosas.

La mujer sonrió y salió de la carpa.

—Todos aquí no dejan de hablar de ti como mi mujer.

—Es el Bosque Encantado.

—Lo bueno es que ellos saben que yo estoy a cargo.

Me gané un suave golpe en mi estómago pero de todas formas reí.

—No me provoques Swan, o voy a tener que castigarte.

—Estoy a cargo en esta relación, yo pongo los castigos —dije dándole una suave palmada en el trasero.


XXXSQXXX

Henry y Regina estaban demasiado cansados, y el caer de la noche fue el pretexto perfecto para acurrucarnos juntos e intentar dormir.

—¿Estamos durmiendo en la piel de animales muertos? —Preguntó Henry.

—No, cariño. Es piel falsa. —Mintió Regina, eso pareció convencerlo y Henry al fin cerró los ojos.

Al poco rato, Regina también se quedó dormida. Yo simplemente no lograba conciliar el sueño a pesar de lo cansada que me sentía. Salí de la carpa y vi a Robin con varios de sus hombres bebiendo alrededor de una fogata.

—Siéntate con nosotros. Bebe un poco —dijo Robin.

Me senté en el suelo, arrimada a una gran roca y bebí lo que me ofrecieron.

—¿Vas a quedarte con nosotros, salvadora? —Preguntó uno de los hombres.

—No puedo hacerlo.

—Su mujer no se lo permite —dijo otro hombre y todos rieron.

—Vas a tener que admitir que te equivocaste con ella, Robin. Solo es la novia de la Reina. —Sus palabras no debían molestarme, pero lo hicieron.

—Está bien, Emma. No hay nada malo en poner tu familia primero. Si yo tuviera una mujer y un hijo seguramente haría lo mismo —dijo Robin.

—Estarían aquí con nosotros y tú seguirías sentado en el mismo lugar. Eso es lo que hacemos los verdaderos salvadores. Estoy seguro que al igual que su padre la gran salvadora solo obtuvo ese título por dar un beso y despertar a alguien de una maldición. Ni siquiera sabe usar una espada.

Una gran llama se prendió en el vaso que ese hombre, y las risas de todos se apagaron.

—Piensa bien lo que dices la próxima vez que hables sobre alguien que puede convertirte en una bola de fuego. —Estaba segura que lo del vaso fue apenas un accidente de mi parte, pero ninguno de ellos lo sabía. Quería patear el trasero de todos y hacerlos comerse sus palabras. Yo no era igual que mi padre.

—Emma —dijo Robin sujetando mi hombro para evitar que me fuera—. No dejes que te molesten, es la envidia y la falta de modales lo que los hace hablar. Ellos saben que no estoy equivocado contigo, eres una de nosotros.

XXXSQXXX


REGINA

Me levanté al sentir que Emma no estaba a mi lado, era aún temprano en la mañana pero seguramente ella estaba encargándose de todo para que podamos partir, sería bueno si pudieran facilitarnos unos cuantos caballos. Dejé a Henry seguir durmiendo, me puse las botas que me habían dado y que por suerte eran a mi medida —al igual que el vestido—, salí de la tienda y lo que vi me tomó por sorpresa.

Emma estaba riendo mientras luchaba con una espada de verdad contra Robin. Lucharon de igual a igual, el sudor marcaba los brazos musculosos de ambos y sus cabelleras rubias brillaban con la luz del sol. Robin avanzó contra ella, chocó su espada y le dio un golpe en la espalda que la envió al piso. Quise correr a defenderla pero me detuve al ver que él le ofreció la mano para ayudarla a levantarse y ella usó su distracción para darle una patada en el estómago y barrer sus pies, logrando hacerlo caer, se levantó de inmediato y apuntó su espada al cuello de Robin. Ella venció, y los dos rieron, chocando sus brazos y compartiendo una botella de algún tipo de alcohol barato.

—Eso es raro —Tink se acercó a mí sorprendiéndome.

—¿Qué? —Pregunté irritada y sin dejar de mirarlos.

—La mujer que amas prácticamente está convirtiéndose en la mejor amiga de tu alma gemela. Sé que has visto el tatuaje.

—Eso no es cierto. A ella ni siquiera le agrada ese hombre, va a odiarlo si yo le digo que lo odie.

—¿Le dirás quién es él?

—¡No! —Me giré hacia ella y la miré fijamente—. ¡Y tú tampoco vas a hacerlo!