La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
¡500 Reviews!
En el próximo capítulo les entregaré su premio, el cual espero que realmente les guste. Gracias a todos por mantenerse al pendiente y continuar leyendo. Me gustaría tener mucho más tiempo disponible para escribir más a menudo.
PD: Mills espero que disfrutes el capítulo, oficialmente has escrito el Review 500.
CAPÍTULO 33
Caí torpemente sobre un montón de monte, unas cuantas hojitas incluso terminaron en mi boca, y de no ser porque la tierra era blanda seguramente me habría fracturado una muñeca o la rodilla. A diferencia de mí, cuando volteé mi cabeza hacia un lado y al otro, todos los demás estaban de pie observando el gran bosque en el que estábamos.
—¿Seguimos en el Bosque Encantado?
Regina se arrodilló junto a mí y retiró algunas hojitas de mi cabello.
—No. Estamos en Storybrooke —dijo acariciando mi mejilla y dándome una de esas sonrisas que casi logran hacerme olvidar que debo estar por lo menos un día completo enojada con ella.
Puse las manos en el suelo y me impulsé con fuerza para ponerme de pie. Sacudí mi ropa y mis manos, y Regina volvió a acomodar mi cabello. Ella lucía perfecta.
—¿Por qué seguimos con nuestras ropas del Bosque Encantado? ¿No deberíamos haberlas cambiado al saltar en el portal?
—No es así como funciona la magia.
—¡Oh por Dios! ¡Estamos en Storybrooke! ¡Estamos en Storybrooke, David! —Gritó Mary Margaret horrorizada.
—Yo no estaría tan seguro de eso… esto… esto no es como el bosque que solíamos conocer —dijo David, y la verdad es que a mí también me parecía todo muy diferente.
—¿Nuestra casa sigue aquí, mamá? —Preguntó Henry.
—No, cariño. Nuestra casa ya no está aquí.
—¡Eso no puede ser! ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Tendremos que volver al Bosque Encantado!
—¡Alto! Si vinieron solo para convencerme de regresar bien pueden volver ustedes solos ahora mismo.
—Eso no es lo que tu madre quiso decir. Storybrooke no está aquí. No existe.
—Claro que existe, solo tenemos que salir del bosque, llegar a la carretera y caminar hasta la casa. —Fue precisamente eso lo que hice, caminé, caminé y caminé; con Henry corriendo a mi lado para mantenerme el paso y Regina llamando mi nombre un par de veces para que me detenga—. Ven. Aquí está la carretera —dije casi sin aliento—, y el… el letrero debe estar más adelante o más atrás… debe estar por aquí.
Sarah sostuvo a Henry, sobando su hombro en un gesto calmante. Mis padres, los únicos que decidieron venir con nosotros, se apoyaron entre ellos; Regina quería que Tink viniera pero no logró convencerla, el hada prefirió quedarse y ayudar a las demás hadas a restablecer el orden, nadie sabía dónde estaba el Hada Azul pero sin que los enanos le dieran polvo de hadas no podía hacer mucho. Nosotros íbamos a comenzar nuestras vidas en nuestro hogar.
—Estamos en Storybrooke, solo debemos caminar a casa, ¿por qué nadie está caminando a casa?
—Storybrooke no existe —dijo Regina acercándose a mí.
—Claro que existe, estamos aquí. Tu casa debe estar más adelante, me vas a dejar quedarme contigo ¿cierto?
—Por supuesto —acarició mis mejillas y me regaló su preciosa sonrisa solo para mí—, mi casa siempre será la tuya, pero nuestro hogar no está más aquí. La maldición de Rumple borró Storybrooke.
—No.
—Este es el lugar donde mi maldición creó Storybrooke, pero la ciudad ya no está aquí.
—¿Cómo iremos a una casa que no existe? —Sentí las lágrimas resbalando por mis mejillas y los suaves pulgares de Regina secándolas.
—Conseguiremos una nueva casa. ¿Recuerdas los planes que hicimos cuando estuvimos en casa de Sarah?
—Sí. —Asentí.
—Vamos a hacerlos realidad. Estaremos bien.
Apoyé mi cabeza en su hombro y respiré su aroma para lograr calmarme, sus brazos me envolvieron suavemente y sus labios besaron mi frente.
—Estaremos bien… pero sigo enojada contigo.
—Yo también estoy enojada contigo —me dio un beso, esta vez en mi mejilla, y se apartó rápidamente de mí.
—Vamos Henry, tenemos mucho por caminar.
Henry y Sarah la alcanzaron de inmediato. Mis padres me miraron, y cuando quisieron acercarse a mí, de inmediato alcancé a mi familia. Ellos podían haber venido con nosotros, pero no eran ni siquiera nuestros amigos, y no sabía si algún día iba a poder perdonarlos.
La mayor parte del trayecto lo hicimos en silencio, todos estábamos cansados y necesitábamos guardar nuestras energías. Mientras Regina caminaba con Henry adelante y mis padres detrás; Sarah se unió a mí para ponernos de acuerdo en lo que haríamos, no íbamos a llegar caminando a su casa.
—Solo necesitamos llegar a un lugar donde pueda usar un teléfono, creo que hay una gasolinera cerca, me preocupa más que nos vean vestidos así, van a pensar que nos perdimos camino a una convención o una fiesta de disfraces.
—Te preocupan cosas insignificantes —dijo Sarah sonriendo.
—Gracias, es muy amable de tu parte —torcí los ojos, sin importarme que tuviera razón.
—¿Qué haremos con tus padres? —Preguntó en voz baja tras poner su brazo sobre mis hombros.
—Podemos abandonarlos cuando consigamos ayuda.
—¿Es lo que quieres hacer? Regina me dijo que fuiste en una misión para salvar a tu padre.
—La cual interrumpieron. No escuches lo que Regina dice, todo es siempre en mi contra, y con respecto a ellos… no lo sé… si no hubieran borrado Storybrooke del mapa en estos momentos no tendría que seguir viéndolos.
—Era un poco ilógico pensar que viviríamos en una ciudad fantasma.
—Los que se quedaron pueden decidir venir a este mundo.
—Regina le dijo a Tink dónde podía encontrarnos.
—Me preocupa más que otros puedan encontrarnos, mi idea de volver era tener una vida completamente normal. No quiero volver a saber de magia en mucho tiempo.
—Tu magia es muy poderosa…
—Lo digo en serio, he terminado con la magia.
—A mí no me molestaría transportarme mágicamente a casa.
—Haré un par de llamadas e iremos a tu casa como personas normales.
—Con trajes…
—Ni siquiera lo digas.
XXXSQXXX
MARY MARGARETH
—Esto es perfecto. Confieso que no estaba muy convencida de regresar a este mundo, pero la suerte está a nuestro favor —hablé en voz baja, sin poder contener la ligera emoción que sentía, mientras David y yo continuábamos caminando por la solitaria carretera—. Solo debemos mantenernos junto a Emma el mayor tiempo posible. Esta vez no voy a dejar que nada me distraiga, pondré toda mi concentración en demostrarle que nosotros somos su familia.
—¿Puedes guardar silencio por un momento?
—¿Qué? —Me detuve y David también lo hizo.
—Estuve en un calabozo, nuestros amigos creen que somos malas personas y tienen razón, somos malas personas, así que no quiero escucharte hablar sobre los planes que tienes.
—David. Me estás hablando como si yo tuviera la culpa de todo lo que nos ha pasado.
—No se trata de quién tiene la culpa, porque los dos tenemos nuestra buena parte en eso.
—Claro que no. Hicimos lo que pudimos para proteger a nuestra hija.
—¡Basta! —Dijo intentando no gritar pero obviamente me estaba gritando silenciosamente. No podía creerlo—. No sé lo que va a pasar con las personas que se quedaron en el Bosque Encantado, no debimos haber ido en primer lugar.
—Ni siquiera te entiendo. ¿Es que no te importa nuestra hija?
—Claro que me importa, por eso estoy aquí, pero sé que cometí un montón de errores que no harán nada fácil que pueda recuperarla, y también sé que me guste o no ella ama a Regina, y nada de lo que hagamos va a cambiar eso.
No era tonta. David podía enojarse conmigo todo lo que quisiera, y no es que no entendiera su punto de vista, pero no podía fingir que me agradase la idea de que mi única hija tuviera una relación con la mujer responsable de destruir toda mi vida, y tampoco podía darme por vencida. Emma era mi hija, y como su madre era mi deber luchar por ella. No podía negar que David tenía un poco de razón, cometimos errores y debíamos aprender de ellos, y mientras pudiera pensar en un nuevo plan debía hacer todo lo posible por mantenerme lo más cerca de Emma que me fuera posible.
El alivio que sentí cuando por fin legamos a una estación de gasolina, donde me dejé caer en la primera silla que encontré y retorcí mis pies para intentar aliviar el dolor, se esfumó al observar a Regina arrimarse a mi hija, se abrazaron delante de mí como si yo no existiera. Emma consiguió que le prestaran el teléfono e hizo un par de llamadas, mientras el resto fuimos por turnos al baño.
—Esto es un asco —dijo Regina—. No toques nada Henry, no quiero que termines enfermándote, estoy segura que esto es un nido de infecciones.
Sin embargo, no tuvo ningún problema en dejarme vivir en el bosque donde ni siquiera tenía un baño decente. Innegablemente Regina había seducido a mi hija por completo, utilizaba su belleza y fingía ser una buena persona, pero yo la conocía muy bien. Solía tratarme con afecto cuando en realidad planeaba matarme, no es una mujer confiable, y tarde o temprano Emma va a tener que darse cuenta que yo tengo razón.
Un tipo demasiado extraño, con barba y una barriga prominente, fue quién nos llevó en su furgoneta; por suerte el carro parecía mucho más limpio que él. Por lo poco que pude escuchar, al parecer era un amigo de la persona que Emma había llamado previamente. Al igual que el resto, no opusimos ninguna resistencia, simplemente nos acomodamos lo mejor que pudimos y prácticamente dormimos todo el camino; tenía hambre, pero preferí dejar de lado las hamburguesas que Emma compró para todos con dinero que ese sujeto le dio, y traté de descansar.
En la mañana, cuando aún seguíamos en la carretera, por primera vez fui consciente del nuevo mundo en el que estábamos, todo parecía más grande. David tenía la misma cara de asombro que yo, nos miramos y sonreímos.
—Es diferente a Storybrooke —dijo sonriente.
—No nos perderemos, tenemos buen sentido de orientación.
—Creo que no había pensado en nada más que no fuera nuestro mundo y Storybrooke.
—Si Henry robó mi tarjeta de crédito y encontró a Emma, nosotros también podremos hacerlo, no puede ser tan diferente.
—Es uno de nosotros, y será bueno para él que pueda crecer aquí.
—Podría haber sido Rey —suspiré y volví a mirar por la ventana, esa solo era una de las tantas cosas que Regina había arruinado.
Me enojaba verla dormir apoyada en el hombre de mi hija. Era injusto.
XXXSQXXX
EMMA
Cuando al fin llegamos a casa, después de un viaje que se sintió demasiado largo y nebuloso, todos estábamos demasiado cansados, caímos en lo que podría definirse como un verdadero sueño profundo que duró más de ocho horas, excepto Henry, ese niño se despertó como un ratón, comió cualquier cosa que encontró en la cocina y se pegó al televisor. Mi estómago debe haberme levantado un par de veces, aproveché para darme un largo baño, justo después de las casi dos horas que tuve que esperar porque Regina había monopolizado el baño y el agua caliente, hice una transferencia para devolver todo lo que Rick me había prestado para poder llegar a casa de Sarah, y traté de evitar a mis padres todo el tiempo que pude.
—¿Crees que mamá se enoje porque llevamos jugando tres horas seguidas? —Preguntó Henry sin desviar la mirada de la pantalla mientras matábamos zombies.
—No puede enojarse si no lo sabe, vamos a dejarla dormir cuatro horas más si es necesario, y mantendremos esto en secreto.
—¿Lo de las golosinas también?
—Especialmente lo de las golosinas, ya sabes cómo se pone cuando te comes más de un caramelo.
—¿Crees que la abuela y el abuelo estén hablando sobre su nuevo plan secreto para separarte de mamá?
—No. Seguro que ya aprendieron la lección —dije intentando sonar confiada.
Miré por la ventana, ellos estaban en el patio delantero de la casa, planeando obviamente mil nuevas formas de separarme de Regina, pero Henry no necesitaba saber eso.
Esa noche, después que Regina despertó y decidió que estaría bien pedir una pizza para la cena, volvimos a la cama, nos envolvimos en un montón de mantas, con nuestras piernas entrelazadas y mis dedos enredados en su cabello.
—¿Vas a dejarte el cabello largo?
—¿Quieres que lo haga?
—Me encantaría.
—Entonces lo haré —dijo sinceramente.
—Creo recordar que estábamos enojadas, pero no estoy tan segura.
—¿Ah sí?
—Debe haber sido una especie de horrible pesadilla, ¿quién sería tan tonta para enojarse con la mujer más hermosa del planeta?
—¿Solo del planeta?
—No lo sé nena, deben haber algunas alienígenas sexys y hermosas en otros planetas.
—¿Intentas hacerme desistir de mi promesa?
—¿Promesa?
—¿Lo olvidaste? —Se mordió el labio de tal manera que casi fue suficiente para hacerme olvidar hasta mi nombre—. Y yo que pensaba que era algo que realmente deseabas.
—No juegues conmigo, Regina. No tienes ni idea de lo que soy capaz.
Mi nariz rozó la suya y mi mano se posó en su cadera.
—Lo olvidaste.
—Nunca. Me tomo las promesas muy en serio. —Enganché mis dedos en el borde elástico del pantalón de su pijama, pero ella detuvo mi mano.
—Espera.
—No van a escucharnos.
—Quiero planear algo especial.
—Esto es lo suficientemente especial —besé su hombro descubierto.
—Quiero que tengamos una cita, una cita de verdad.
—Créeme, bebé, todo lo que quiero es que seamos una pareja normal, no hay nada que desee más que olvidarme de la magia y la horrible pesadilla de la que acabamos de despertar —besé su cuello y deslicé mi mano dentro de su ropa interior—. Solo quiero pensar que tú eres una hermosa mujer que fue una escuela privada, se graduó en una buena universidad…
—Pero eso no es cierto.
—Lo sé —de su boca se escapó un gemido, y se mordió el labio inferior para intentar guardar silencio mientras mis dedos comenzaron a deslizarse en su centro húmedo—. ¿Esto se siente real?
Asintió, con los ojos cerrados, respirando de forma irregular, con su cabello alborotado sobre las almohadas. Levanté su blusa y chupé su pezón con avidez. Sus gemidos comenzaron a invadir la habitación. Sus piernas se envolvieron con fuerza alrededor de mi cintura mientras mis dedos entraban y salían de su interior cálido.
Ella podía estar casi sin aliento después de alcanzar su primer orgasmo, pero yo me sentía lista para correr un maratón.
—Estás desnuda —dijo sonriendo—. ¿En qué momento te quitaste la ropa?
—Después que terminaste de gritar mi nombre.
—No grité —levantó su cadera y me permitió quitarle el pijama y su ropa interior.
—Lo hiciste.
—No. Estás arruinando esto, se supone que lo haríamos después de tener una cita.
—Esto cuenta como una cita para mí.
Se levantó y besó mi cuello mientras yo le quité la blusa del pijama.
—Esto es hacer trampa, Señorita Swan.
—He esperado demasiado, no voy a esperar ni un día más.
La besé, volví a recostarla y ella aprovechó el momento para tocarme. Sus dedos parecían encender pequeños fuegos artificiales, pero no iba a dejarla distraerme. Realmente no recordaba haberme sentido enojada con ella, todo lo que podía pensar era lo que estaba sucediendo en ese preciso momento. Mi boca resbaló por su piel, mis manos abrieron sus piernas dejándola totalmente expuesta ante mí, pude ver sus manos aferrarse a las sábanas mientras mi boca tocó su centro, y sus piernas se tensaron cuando deslicé mi lengua entre sus pliegues.
—Emma —se quejó casi en un susurro.
—Solo déjate llevar, bebé. —Besé su vientre hasta que se relajó, y entonces fui en busca de su pequeño botón de placer.
Definitivamente ella gritó mi nombre más de una vez, su espalda se arqueó en la cama, y aferrarse a las sábanas no pareció ser suficiente, pero mi boca no dejó de devorar mi nuevo postre favorito, chupé su clítoris y la penetré con mi lengua hasta hacerla venir en mi boca. Su cuerpo cayó rendido, tembloroso, su pecho subiendo y bajando muy rápido. Besé su vientre, su estómago, el surco entre sus senos, chupé sus pezones, seguí subiendo lamiendo su cuello hasta llegar a su boca y me acomodé entre sus piernas abiertas.
—Em —sus ojos se abrieron cuando mi centro se posó sobre el suyo.
—Te amo.
—Yo también. —Sus manos acomodaron mi cabello. Me moví suavemente sobre ella, y las dos gemimos suavemente—. Te amo.
—No quiero pasar ni un solo día separada de ti. Quiero que seas solo mía.
—Lo soy. Soy tuya —me abrazó, besó mi boca probando su propio sabor de mis labios. Seguí moviéndome, sin ningún afán, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, deseando poder hacerle el amor todo el día, todos los días.
—Emma.
—Regina.
Caí rendida a su lado. Nos quedamos en silencio hasta que nuestros corazones parecían latir con normalidad.
—Quiero casarme contigo, Emma.
—¿Qué? —Su declaración me tomó por sorpresa.
—¿Te casas conmigo? —Me preguntó, mirándome a los ojos, con las mejillas sonrojadas, luciendo absolutamente impresionante.
—Se supone que yo debería preguntarte, tengo que buscar el anillo perfecto y planear la pedida de mano perfecta.
—Te estoy preguntando en este momento. —Se quitó el anillo, el que siempre la había visto llevar, ni siquiera podía reconocer su mano sin ese anillo puesto en su hermoso dedo. Me mostró el anillo y con una sonrisa en su rostro volvió a preguntarme—. ¿Te casas conmigo, Emma Swan?
—Claro que quiero casarme contigo, pero soy yo quién tiene que hacer la pregunta —renegué, con unas terribles ganas de hacer un berrinche.
—Solo bésame, Swan.
Chocó su boca con la mía y puso su anillo en mi dedo.
—Esto no significa que estamos completamente comprometidas, lo estaremos cuando yo te proponga matrimonio.
—Espero que sea antes de la boda.
—Claro que será antes de la boda —refunfuñé—, y estoy eligiendo la luna de miel. Eres increíble, siempre estás peleando conmigo.
—Acabamos de hacer el amor, y lo hicimos a tu pervertida manera.
—Pues no obtuve ninguna queja al respecto.
—Si al menos me hubieses dejado respirar.
—¿Te estás quejando de la forma en que te hice el amor?
—Sí, y en serio vas a tener que hacer algo increíble para convencerme de aceptar casarme contigo.
—Acabas de pedirme matrimonio.
—Eso no significa que vaya a aceptar cuando tú me lo propongas —dijo haciendo un puchero.
Estaba lista para quitarle toda su pose de princesa engreída, pero la puerta se abrió de golpe y mi madre entró en nuestra habitación, apenas pudimos tomar una almohada para cubrirnos.
—¡Se acabó! ¡Tuve más que suficiente escuchándolas! Esta puede no ser mi casa pero voy a dejar de llamarme Blancanieves si permito que ustedes sigan comportándose de esta manera, puede que no nos consideres tus padres, pero lo somos. ¡Así que se van a dormir en este maldito momento!
No sé si fue lo histérica que se veía o que me sentía demasiado expuesta en ese momento cubriéndome con solo una almohada y Regina desnuda pegada a mi espalda, pero no pude decir ni una sola palabra.
Salió de nuestra habitación, y apenas cerró la puerta escuché a Regina reírse detrás de mí.
—Creo que no vamos a tener que vivir con ellos demasiado tiempo.
—Yo no estaría tan segura —si algo parecía tener mi madre era una increíble terquedad. Me di la vuelta para volver a estar frente a ella—. ¿Crees que le molestó escucharnos tener sexo o que me pidieras matrimonio?
—Definitivamente fue lo del matrimonio lo que la volvió loca.
—Eso no significa que no podamos seguir haciendo el amor para hacerla enojar.
—Estamos enojadas, Emma. —Me arrebató la almohada para cubrirse.
—Eso no tiene nada que ver. Nos amamos, y creo que siempre vas a hacerme enojar.
—Eres tú la que me hace enojar.
—Pues acabas de pedirme matrimonio y no voy a devolverte el anillo.
Torció los ojos y me empujó con la almohada. Estoy segura que estábamos enojadas, y que yo tenía serias razones para estarlo, pero estaba teniendo serios problemas para mantenerme enojada con ella el tiempo suficiente.
