La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.

¡40 Capítulos! Oficialmente creo que ha llegado el momento de decirle adiós a este fic. Muchas gracias a todos por seguir leyendo y comentando.

PD: No se vale que vayan por ahí descubriendo mis planes exactos para el fic. Alguien anda espiándome. ;D


CAPÍTULO 40

MARY MARGARET

—Bueno. Eso salió mejor de lo que esperaba —dijo David después de encender la chimenea. Me estresaba un poco el exceso de silencio en la casa—. Creo que hicieron las pases.

—Lo sé. Nadie está gritando ni saliendo de casa.

—¿Quieres que te diga algo que va a animarte?

—¿Me has estado ocultando algo más? —Sonreí y golpeé el lado del sofá junto a mí para que David se sentara.

—Conseguí un empleo —se sentó junto a mí y deseé que no lo hubiese hecho.

—¿Cómo puede ser eso algo positivo?

—Tengo un empleo, podremos comenzar nuestra vida.

—Nuestra vida comenzó cuando nacimos —dije enojada—. Si alguien se entera que tienes un empleo van a echarnos.

—Eso no es cierto. Tengo un empleo pero sería bueno esperar por lo menos un mes para poder mudarnos, dos meses si queremos tener unos cuantos muebles y una cama.

—Es cierto. Tienes razón —dije un poco más calmada.

—Nieve —tomó mi mano y esperó a que yo lo mirara a los ojos—. ¿Cuándo va a terminar todo esto?

—¿Qué cosa?

—Desde que nos casamos no hemos tenido ni un solo momento real en que lo único que importe seamos solo nosotros. Emma acaba de casarse, no es la mujer que yo hubiese elegido para mi hija pero no sería la primera vez que un padre no está conforme con las decisiones de sus hijos. Ella es feliz, va a tener otro hijo. La miro y pienso que debí haber sido un poco más como ella.

—David.

—No quiero que nuestra vida siga siendo un cuento de hadas, quiero que sea real.

Miré los hermosos ojos del hombre que se quedó incluso después de ver lo peor de mí, solo encontré amor en ellos.

—Creo que debí ser más como Regina también. Lo negaré si lo dices.

—Será nuestro secreto —besó mis manos y yo me acerqué a él para besar sus labios.

—Quiero escuchar todo sobre ese trabajo.

XXXSQXXX


EMMA

Me senté en la cama a pesar que Henry se cubrió el rostro con el comic que estaba leyendo. Si Sarah tenía razón, era mi responsabilidad mantener lo más tranquila posible a Regina para que nada pudiera afectarla en su estado, ya había tenido bastante por mi culpa.

—Tu mamá y yo ya nos reconciliamos. Las parejas tienen peleas todo el tiempo, en especial nosotras, es parte de quiénes somos, pero nos amamos y no hay posibilidad alguna de separación. —Respiré profundo y le quité el comic para intentar conseguir su atención—. Vamos Henry. No hay ninguna razón para estar enojado. Serás un hermano mayor.

—No quiero ser un hermano mayor.

—¿Por qué no?

Se cruzó de brazos y torció los ojos.

—¿Estás celoso? Porque tampoco hay razón alguna para que lo estés, tu mamá y yo no dejaremos de amarte jamás.

—No estoy celoso.

—Bien. ¿Por qué estás molesto?

—¿Por qué estás feliz? No es como si vas a poder decir la verdad, nadie va a creer que eres su otra mamá.

Eso dolió, fue un golpe que me tiró directo a la realidad.

—No tenemos que dar ninguna explicación.

—No tendríamos que dar ninguna si no hubiese un bebé. Lo odio.

—No digas eso.

—Va a arruinarlo todo.

—No es cierto.

—Será horrible. No voy a quererlo jamás. Seguro será como santa Claus en el Hermano de Santa Claus.

—Terminan llevándose bien y siempre se quisieron, del mismo modo que siempre querrás a tu hermanito o hermanita. ¿La querrías más si es una niña?

—No. Las niñas son odiosas. Y no tendremos el mismo final que esa película.

—Ok. Odias al nuevo bebé, pero amas a tu mamá ¿cierto?

Se encogió de hombros sin contestar.

—La amas y no te gustaría hacerla triste. Ella se pondrá muy triste si odias al bebé. No tienes que quererlo por ahora, pero puedes aceptarlo.

—No lo haré.

—Un acuerdo amistoso de paz, al menos hasta que camine y puedas culparlo por las travesuras que hagas.

—No me harás cambiar de opinión.

—Seré honesta contigo, Henry. Eres grande ahora, puedes soportar la verdad. —Eso logró conseguir su atención—. Este bebé cambiará muchas cosas, llorará mucho, los pañales sucios serán la peor parte y ni siquiera imaginas lo consentido que puede llegar a ser, querrá todos tus juguetes.

—Mamá no dejaría que me quite mis juguetes.

—Pero tú estás enojado, el bebé no va a enojarse así que la tendrá de su lado.

—No había pensado en eso.

Pude notar como su cabeza comenzaba a funcionar rápidamente repleta de nuevas ideas. No era la solución que esperaba obtener pero no había forma fácil de contrarrestar los celos de Henry.

—¿Quieres dormir con nosotras esta noche? A menos que seas demasiado grande para acurrucarte como el pequeño príncipe de mamá.

Regina sonrió encantada cuando Henry se acurrucó en medio de almohadas y cobijas junto a ella. No dejó de consentirlo ni siquiera cuando se quedó dormido.

—¿Crees que se le pasará?

—Claro que sí. Está acostumbrado a tener toda tu atención, cree que eso cambiará pero le demostraremos que no será así.

—Parece que fue ayer cuando me seguía a todos lados, acababa de aprender a caminar, llené la casa de protectores, yo no podía quitarle los ojos de encima… éramos solo nosotros dos. No puedo creer que ahora seremos cuatro.

—Henry dijo algo… una tontería…

—¿Qué cosa?

—Mmm… dijo que… no podría decirle a nadie que el bebé era mío, que nadie lo creería. Me hizo desear estar en Storybrooke.

—Diremos la verdad, que es nuestro, al igual que Henry. No importa lo que digan los demás.

—¿Es malo que desee volver a Storybrooke?

—No. Este lugar me asusta, pero lo único que importa es que estamos juntas, que podemos ser una familia.

—Tienes razón.

—No siempre tengo razón.

—Déjame traer mi teléfono para grabarte diciendo eso.

Las dos reímos. Sostuve su mano por encima del pecho de Henry.

—Me gustaría que pensaras en mi dinero como nuestro. No solo se trata de la escuela de Henry, quizá podrías considerarlos para poner tu propia empresa, algo en lo que te gustaría trabajar y estar a salvo al mismo tiempo.

—Prometo que lo pensaré.

XXXSQXXX


REGINA

En el camino a casa, después de nuestra cita con el médico, le pedí a Emma que nos detuviéramos en uno de esos lugares enormes que están llenos de tiendas, desafortunadamente no encontré ningún álbum que me pareciera lo suficientemente apropiado, así que compré todo los materiales necesarios para hacer uno yo misma. Mientras Emma pasó casi todo el día fuera en su horrible trabajo, Henry trabajó en su lista de todas las cosas que necesitaría para la escuela y yo pegué una foto de nosotros tres en la primera página del álbum de mi nuevo bebé.

—Al fin me desocupé.

—No sé qué tanto haces.

Sonrió sin darme respuesta alguna. Empezaba a creer que era parte de la personalidad de Sarah ser lo más misteriosa posible.

—Cuéntame todo lo que les dijo el médico.

—Estamos todos sanos.

—No hagas un resumen. Quiero escuchar los detalles.

—Es muy pronto para saber si estamos teniendo un niño o una niña, me obligó a hacerme un montón de exámenes más y me ordenó tomar un montón de vitaminas.

—Eso es bueno.

—Debo buscar otro médico. Ese hombre es horrible, no me gusta el tono de voz que usa conmigo.

—Supongo que Emma está de acuerdo.

—Emma nunca está de acuerdo conmigo.

—¿Estás de mal humor? —Se cruzó de brazos con una gran sonrisa pintada en su rostro.

—No.

—Pareces un poco irritable.

—No lo estoy.

—¿Te contó Emma que David consiguió empleo?

—Sí.

—¿No te hace feliz?

—No es como si podemos echarlos a la calle hoy mismo.

—Pero es solo cuestión de tiempo para que puedan conseguir su propio lugar.

—He llegado a creer que no voy a deshacerme jamás de su presencia.

—¿Por eso estás molesta?

—¡No estoy molesta!

Me levanté y fui a encender la chimenea, la casa empezaba a parecer un congelador.

—Yo lo hago.

—No. Soy perfectamente capaz de poner un poco de leña en el fuego.

—Lo eres, pero estás embarazada.

—Todo está perfectamente bien con mi embarazo.

Dejé que Sarah terminara de encender el fuego, me acomodé en el sofá y puse una mano en mi vientre recordando las palabras del médico. Todo estaba bien, perfectamente bien. Sarah se sentó junto a mí y tomó mi otra mano entre las suyas.

—Voy a cuidar de ti como si fueses mi propia hija. No dejaré que nada malo pase.

—¿Por qué?

—Porque eres mi familia.

—¿Qué pasó con tu verdadera familia?

—Los perdí… los perdí a todos. No dejaré que eso me pase otra vez.

Arrimé mi hombro contra el de ella, la simple cercanía me reconfortó.

—Me da miedo que todo esté saliendo tan bien… todo en mi vida siempre ha terminado mal —me permití suspirar un momento y hundirme en mis miedos.

—No esta vez. Todo saldrá bien.

—No le digas sobre esto a Emma. Lo ha tomado muy bien y no quiero que tenga que preocuparse por mí.

—No lo haré. Esto es entre tú y yo.

—Gracias Sarah.

XXXSQXXX


EMMA

Dos días persiguiendo a un idiota que se saltó su fianza por no pagar la pensión alimenticia de sus hijos —¿cuántos idiotas irresponsables existían?— tenía que ser una especie de señal. Regina no ocultó su inconformidad por mi trabajo, desquitó todo su enojo con las almohadas acomodándolas en la cama y se negó a darme un beso de buenas noches.

—He estado pensando en lo que dijiste —me acosté a su lado, mirando al techo en la oscuridad de la habitación—. Podemos ser socias. Todavía no decido qué podemos hacer juntas, tiene que ser algo que nos guste a las dos.

—Una oficina de investigaciones —dijo volteándose hacia mí. La rapidez de su respuesta me hizo preguntarme cuánto tiempo llevaba ella pensándolo.

—¿Qué?

—Una vez leí un cómic sobre una mujer que tenía superpoderes y trabajaba como investigadora privada. Me recuerdas a ella.

Encendí la luz para poder verla.

—¿Por qué leíste ese cómic?

—Lo encontré en una tienda. Henry quería un nuevo cómic pero debo leerlos primero para estar segura que son apropiados para él.

—Tú me recuerdas a Trish.

—¿Lo dices por mi madre?

—Lo digo porque eres maravillosa y siempre tengo que salvarte.

—Y me amas.

—Y te amo.

—Y vas a dejar que me encargue de decorar tu oficina.

—Solo asegúrate de conseguirme una silla muy cómoda, y un sofá donde pueda acostarme.

—No puedes dormir en el trabajo.

—No he dicho que lo usaré para dormir —la abracé y la hice rodar sobre mí—, quiero tener un lugar cómodo para aprovecharme de ti.

—Emma…

—Está bien, puedes aprovecharte de mí un par de veces.

Me senté, sosteniéndola en mis brazos y ayudándola a quitarse el pijama, enredé mis dedos en su cabello largo y sedoso.

—Te ves increíble. —A veces extrañaba su cabello corto pero lo olvidaba de inmediato, en especial al tenerla desnuda con su cabello largo cayendo desordenado, simplemente me encendía aún más.

Tomó mi mano y la llevó a su pecho. Apreté suavemente y besé su cuello, su piel era cálida bajo el tacto de mis dedos. Me quitó la camiseta floja que me había puesto como pijama, me besó con ímpetu y comenzó a moverse en mi regazo, pude sentir sus bragas humedeciéndose y lo comprobé al deslizar mis dedos entre sus pliegues, pero de pronto me congelé.

—¿Qué pasa si te dejo embarazada otra vez?

—No creo que se pueda —dijo casi gimiendo, buscando fricción contra mis dedos y mi mano.

Besé su cuello y sumergí mis dedos suavemente en su interior. Sujeté su cadera y la apreté contra mí.

—Y si… —se detuvo y yo también lo hice, esperando sus palabras con mis dedos aún en su interior—. No podemos hacer dos bebés ¿cierto? —Preguntó como si yo tuviera la respuesta. No tenía la menor idea, lo único que podía pensar con claridad era lo bien que me sentía tocándola, mi boca se hacía agua por probar sus pezones.

—No. —Fue lo único que pude contestar. No sé si me creyó pero no puso oposición cuando invertí nuestras posiciones acomodándome sobre ella.

Gimió una y otra vez mientras hicimos el amor sin ningún afán, sus piernas apretaron mis caderas y chupé sus pezones con avidez, se retorció debajo de mí gritando mi nombre mientras froté mi sexo contra el de ella. No tenía la menor idea cómo había logrado dejarla embarazada, podía recordar las veces que había penetrado su interior profundamente y sentía el fuego en mí arder con más fuerza ante el recuerdo vívido de lo que estaba haciendo en ese preciso momento, frotando mi sexo contra el de ella, alcanzando el punto más alto de mi orgasmo y derramándome en ella.

Se acomodó parcialmente sobre mi pecho, con sus piernas enredadas con las mías, su corazón agitado se fue calmando con el roce de mis dedos en su espalda y mis besos suaves en su frente.

—Emma…

—¿Sí?

—¿Crees que puedas seguir siendo mi amiga si nos peleamos?

—¿Por qué habríamos de pelear?

—Las cosas pueden salir…

—No lo digas —le di un beso para evitar que siguiera hablando—. Todo va a salir bien. Estaremos juntas por siempre.

—No me gusta que estemos enojadas. Eres la única persona en mi vida con quién puedo hablar, eres mi única amiga.

—Nunca voy a dejar de amarte, bebé. Y me tienes a mí, a Henry, a Sarah…

—No sé qué es Sarah para mí. Ella es tu familia.

—Creo que te ha acogido como su pequeña.

—No bromees. No soy una mascota para adoptar.

—No lo hago. —La abracé un poquito más apretado—. Sarah puede ser para ti lo que tú desees que sea. Una amiga, una mamá adoptiva; incluso si eres una preciosa conejita.

Rió contra mí y besó mi hombro.

—No volvamos a enojarnos jamás.

Nos dimos un beso. Ella ocultó su rostro en mi cuello, pasé mis dedos por su largo cabello hasta que se quedó dormida. Fui feliz de poder quedarme un tiempo despierta, velando sus sueños y pensando en todas las cosas buenas que nos esperaban. Me di cuenta que tener una casa llena de niños podía ser algo que realmente deseaba. Una gran familia feliz.


XXXSQXXX

—¡Mamá! ¡Mamá!

Me levanté sobresaltada pensando que Henry llamaba por mí o por Regina. La habitación estaba a oscuras y la casa parecía estar en completo silencio. Mi corazón latía rápidamente, me levanté y fui al baño para refrescarme; mojé mi rostro, encendí la luz y después de un momento mis ojos se adaptaron a la claridad y pude ver mi reflejo.

Fue solo una pesadilla y fui yo quien llamó a mi madre. Necesitaba su ayuda… la llamé porque necesitaba su ayuda. No pude recordar nada más.

—Emma.

Salí del baño y volví a la cama.

—¿Qué haces levantada? —Preguntó Regina adormilada.

—Solo fui al baño. Sigamos durmiendo.

Ella concilió el sueño mucho más rápido, de todas formas me acurruqué a su lado hasta que el sueño me venció.