La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.

¡602 reviews! Muchísimas gracias a todos los que leen silenciosamente y a aquellos que me han animado continuamente a escribir este fic. Atesoro cada uno de sus comentarios.

PD: Mills1 has escrito el review 600 así que un deseo te será concedido por esta servidora. Puede ser algo que quieras ver en este fic o un prompt especial. Eso sí, ten cuidado con lo que deseas (Lunediose diría que tiendo a destrozar los deseos).

NOTA: No he abandonado mis fics, me ha tomado mucho tiempo actualizar algunos pero tendrán su final en el debido momento. Reconozco que me es mucho más fácil escribir un montón de drama que una pizca de felicidad.


CAPÍTULO 41

La habitación podía estar helada, pero el cuerpo delgado y sudoroso de Regina provocaba calor contra el mío, deslicé una vez más el consolador dentro de sus labios vaginales hinchados disfrutando ver el juguete de silicón perderse en su interior. Apretó las piernas dificultando que la penetrara, pero encontré la resistencia excitante. La envolví en mis brazos, chupé su cuello y froté su clítoris. Su trasero redondo chocó contra mi pelvis una y otra vez, y abandoné su clítoris para darle unas cuantas nalgadas; ella gimió cada vez más fuerte, tomó mi mano y la llevó a su clítoris nuevamente; froté suavemente y la penetré un poco más profundo mientras ella gritó su orgasmo sin ningún pudor.

Besé su hombro y me deslicé suavemente fuera de ella, giró un poco hacia mí y besé sus labios sumergiendo mi lengua en su boca. Mi mano se posó en su vientre y sonreí contra sus labios al sentir la ligera curva que hacía cada vez más notable la presencia de nuestro bebé.

Nuestras mañanas habían caído en una deliciosa rutina desde que Henry entró a la escuela, David comenzó su trabajo y sorprendentemente Mary Margaret consiguió un trabajo de medio tiempo como profesora suplente en una escuela, la profesora titular tuvo un accidente de tránsito e iba a tener que quedarse en cama para que su pierna quebrada sanara correctamente. Regina se puso furiosa porque Mary Margaret consiguió un trabajo tan rápido, en especial cuando ella nunca consiguió ni siquiera una llamada de regreso. No fue difícil persuadirla al respecto recordándole que eso haría que se fueran más rápido, David cumpliría un mes en el trabajo en tan solo dos días. Incluso Sarah pasaba el día ocupada en una fundación que ayudaba a jóvenes de escasos recursos a conseguir becas escolares.

Regina encontró la oficina ideal para mí, el lunes pondrían las cámaras de seguridad e instalarían la línea telefónica, eran los últimos detalles que faltaban para poder comenzar con el trabajo real. Pero la única fecha que estaba esperando con ansiedad era dentro de cuatro semanas cuando Regina cumpliría 16 semanas de embarazo; su ginecóloga nos había agendado una cita para realizar una ecografía tridimensional y poder saber el sexo de nuestro bebé.

—Apenas se nota.

—¿Quieres verme enorme?

—Quiero que comience a patear. ¿Se ha movido?

—No.

—¿Y no has tenido náuseas ni mareos?

—Ni siquiera un dolor de cabeza. Quizá mi vientre solo está hinchado y no hay nada en él.

—Nuestro bebé está ahí, tenemos pruebas.

Alcancé el portarretrato sobre el velador y observé embobada la ecografía que le habían realizado a Regina un mes atrás. Todo había sido irreal hasta ese momento, cuando la doctora puso gel en su vientre plano y el transductor nos mostró en la pantalla un punto mágico que era nuestro bebé.

—No se parece a un bebé —dijo Regina—. No me siento embarazada, tengo más sueño que antes y estoy durmiendo un poco más pero… no creo que pueda creerlo hasta no tener a nuestro bebé en mis brazos.

—Yo tampoco me lo creo aún.

Encontré a la ginecóloga en un blog dónde muchas mujeres la recomendaban: era inteligente, amable y una de las mejores en toda la ciudad. Le dijimos que habíamos realizado una inseminación en una pequeña clínica en Maine y nos mudamos antes de poder saber si había funcionado o no, perdimos los papeles en la mudanza pero todo había sido absolutamente normal. Fue una mentira creíble, en especial porque no había forma de descubrir que nuestro bebé había sido hecho por dos mujeres mágicas y nadie nos creería si lo contáramos.

Nos obligamos mutuamente a salir de la cama y cuando por fin logré vestirme salí de la casa, me detuve un momento a observar la más reciente razón por la que amaba más a Regina. Hace exactamente dos semanas Regina me levantó para que viera con ella el amanecer, no tuvo nada de especial ya que el clima no era el más adecuado, la mañana era gris y todo pasó simplemente de estar oscuro a claro con un montón de nubes grises en el cielo, mis pensamientos se centraron en todo el trabajo que nos iba a tomar limpiar la entrada para no quedar enterrados bajo nieve; pero entonces estuve lo suficientemente despierta para darme cuenta que no era el amanecer lo que Regina quería mostrarme ese día, esa solo fue su excusa para estar presentes en el momento exacto en que un hombre llegó conduciendo un Mini Cooper amarillo.

¿Te gusta? —preguntó con una sonrisa radiante—. Pensé que te gustaría si se parecía un poco a tu viejo auto, y este tiene cuatro puertas, será más cómodo para poner un asiento de bebé.

Quise negarme a aceptarlo, era demasiado para mí, pero era amarillo y realmente me recordaba a mi auto, solo que este no había tenido que robarlo, ella lo había buscado y comprado a escondidas, me entregó las llaves y yo la besé sin poder ocultar mis lágrimas.

—No has encendido el auto —me regañó sacándome de mis recuerdos—, tenemos un montón de cosas por hacer y estoy muriendo de hambre, quiero pasar por ese lugar donde me llevaste a comer yogurt con frutas, quiero uno de kiwi con mango.

Ella no era la única que tenía planes ocultos, los míos estaban reservados en una cabaña cerca de un lago congelado que nunca veríamos porque tenía pensado no abandonar la habitación durante los cuatro días que pasaríamos nuestra luna de miel atrasada allí. David lo había sugerido, no podía superar el shock y había constatado dos veces que el lugar no era una trampa mortal. Un compañero de trabajo se había casado hace seis meses y le recomendó el resort, un poco caro y tuve que esperar un mes para lograr la reserva, pero realmente era lo que estaba buscando en términos de romanticismo. El paquete especial del luna de miel incluía música en vivo, caminatas, deportes que no practicaríamos porque no iba a correr ningún riesgo con Regina estando embarazada; no sabía si ella estaría dispuesta a aceptar que alguien le dé un masaje, mi propio plan consistía en disfrutar de la tina de hidromasaje que tenía la pequeña cabaña y pasar cada momento del día en la cama con la chimenea encendida pidiendo que nos lleven la comida para no tener que preocuparnos por nada.

Almorzamos con Henry en un restaurante bonito que llamó su atención, su nuevo mejor amigo Larry le había recomendado ir y pedir la copa de helado Thor, la cual tenía suficiente helado como para no volver a comer toda la semana, Regina lo permitió porque todos compartimos y Henry estaba obteniendo excelentes calificaciones, se había unido al club de astronomía y estaba convencido que sería un astronauta; Regina seguía intentando convencerlo que sería más productivo elegir tocar piano que guitarra ya que era parte del programa escolar aprender a tocar un instrumento musical, no tuvo tan suerte a diferencia de mí que logré que entrara en el equipo de atletismo. Lo cierto era, que nos estaba yendo tan bien que Henry se había olvidado casi por completo de los celos hacia el nuevo bebé, siempre y cuando no se lo mencionáramos demasiado.

—Está todo listo —me dijo Sarah cuando volvimos a casa. Ella preparó la maleta de Regina ayudándome con la sorpresa.

—No dejes que mis padres hagan nada raro mientras no estamos.

—No te preocupes por eso.

—Me preocupo.

—Les está yendo muy bien, parecen felices con sus trabajos y están igual de emocionados que nosotras con la llegada del bebé.

—Lo sé, lo sé, pero son ellos y no me puedo fiar.

—Mary Margaret está tejiendo una cobija.

—No tenía idea.

—Dice que aunque la abuela no esté aquí el bebé no tiene por qué privarse de tener una cobija tejida a mano, y también está haciendo unos guantes para que Henry no se sienta desplazado.

—Puede que no estén intentando matar a Regina…

—David te recomendó el lugar de tu luna de miel ¿tienes idea de lo difícil que eso debe ser para él? Los bebés siempre llegan con bendiciones y este es un bebé muy especial.

—Llámame si pasa algo importante, tienes el número del lugar ¿cierto?

—Lo tengo. Tengan cuidado y diviértanse. No dejes que Regina se exceda.

—No saldremos del cuarto.

Regina se despidió de Henry infinidad de veces, haciéndolo prometer que se portaría muy bien y no se alejaría de Sarah en ningún momento.

—Voy a extrañarte muchísimo —le dijo besando sus mejillas.

—Yo también te voy a extrañar —él la abrazó por última vez y corrió a despedirse de mí—. Adiós, ma. No olvides lo que me prometiste.

—No lo olvidaré —había anotado muy bien el nombre del juego de video que le había prometido comprar.

—Vayan con cuidado —David se acercó a despedirse de mí.

—Nos llaman apenas lleguen —Mary Margaret me abrazó demasiado fuerte.

Sarah acompañó a Regina hasta el auto y le entregó un termo con chocolate caliente para el camino.

—¡Adiós, Regina! —Dijeron al unísono David y Mary Margaret, no demasiado efusivos pero su sonrisa al menos no parecía una mueca forzada.

Fueron casi tres horas conduciendo despacio, conversando sobre Henry, nuestro nuevo trabajo y las cosas que debíamos comenzar a comprar para el bebé. Regina no quería comprar nada hasta realizar la segunda ecografía y pudiéramos confirmar que todo estaba bien, a ella le daba igual si era un niño o una niña, solo quería estar cien por ciento segura que el bebé estaba sano; me sentía de la misma manera, después de todo lo que habíamos pasado solo queríamos un poco de paz y felicidad.

Tal como lo pedí la cabaña estuvo lista cuando llegamos, una mujer muy amable nos recibió y un joven llevó nuestro equipaje. La chimenea estaba encendida, había velas que olían a vainilla y lavanda encendidas en algunas de las mesitas, la luz era cálida al igual que la temperatura en el interior, había una canasta de frutas y una gran variedad de chocolates, nos dejaron una botella de vino que producían en el mismo lugar en caso de que quisiéramos probarlo, había mencionado que mi esposa estaba embarazada y no queríamos realizar ningún tipo de actividad que pudiera afectar el embarazo. La cama estaba llena de pétalos y almohadas suaves que olían a vainilla —me preguntaron si había algún tipo de olor que provocara náuseas en mi esposa embarazada pero Regina no había tenido ningún tipo de achaque hasta el momento— haciendo que todo el lugar tuviera un efecto absolutamente romántico.

Nos acomodamos en la pequeña sala, sentadas en un cómodo sofá, cubriéndonos con una cobija frente a la chimenea, comimos una mezcla de frutas y chocolate, el vino era delicioso, Regina solo quiso beber un sorbo para comprobar que yo estaba diciendo la verdad. Sus labios comenzaron a ponerse rojos después de tanto besarnos y según ella los míos eran igual. Dejamos caer la ropa en el piso y nos mantuvimos en el interior de nuestro pequeño capullo que construimos con cobijas. Mis manos tocaron su piel y las suyas imitaron las mías, suavemente nuestros dedos se deslizaron en nuestros pliegues húmedos, gemimos mirándonos a los ojos y nos tomamos más del tiempo habitual para llevarnos al orgasmo.

Salimos muy poco de la cabaña. En la primera mañana para conocer el hermoso lugar en el que estábamos, almorzamos en el restaurante del lugar donde Regina se negó a probar el asado a pesar de lo delicioso que estaba, por suerte hubo un buffet donde ella pudo elegir algo que fuese más de su agrado, incluso repitió dos veces una ensalada de papá que anotó mentalmente para luego intentar preparar en casa cuando volviéramos. Nos unimos a algunas de las personas que asistieron a una fogata cerca del lago congelado donde un trío de guitarristas dieron un pequeño concierto acústico, no habíamos escuchado las canciones antes pero casi pudieron haber sido escritas para hacer aún más romántica nuestra luna de miel. Volvimos tomadas de la mano a nuestra cabaña y nos metimos en la tina de hidromasaje para quitarnos el frío del cuerpo con el agua caliente burbujeante.

Regina abandonó su lugar en la tina para acercarse a mí, sus labios besaron mi cuello, se acomodó a horcajadas en mi regazo y gemí al sentir su centro contra mi estómago. Disfruté del momento mientras ella chupaba mi cuello y subía y bajaba frotándose contra mí. Era demasiado excitante escucharla gemir.

—Tócame por favor —me suplicó al oído.

Acaricié sus piernas, subí mis manos por sus costados y froté sus senos, llevé mi boca a su pezón y chupé intercalándolos mientras deslicé dos dedos en su vagina lista para recibirme. Montó mis dedos suavemente, moviéndose en busca de su propio placer, haciéndome desear poder sentirla aún más. Sus gemidos se volvieron más fuertes y mi vientre se estremeció, quizá fue que ella estaba tan pegada a mí que su clítoris chocando contra mi abdomen me hizo estremecer, me sentí conectada a ella y mis gemidos se mezclaron con los suyos, sus paredes apretaron mis dedos y mi vagina se contrajo de igual forma; mordí su hombro y ella arañó mi espalda mientras disfrutamos llegar juntas al orgasmo.

Nos quedamos unos minutos más en la misma posición hasta que fuimos capaces de recuperarnos. La ayudé a levantarse de mi regazo y salir de la tina, ella tomó la toalla para secarse pero yo caminé desnuda en busca de mi maleta, saqué el arnés y me lo coloqué. Regina me observó en silencio, bebió un poco de agua observándome fijamente mientras ajustaba el consolador doble dentro de mí; se acercó y se puso de rodillas en mí delante, su lengua lamió la punta y sus ojos me miraron con deseo. No necesitábamos decir nada. Me costó demasiado mantenerme de pie ante su inesperada sumisión. Desee con tantas ganas poder sentir su boca que mi mente comenzó a jugar conmigo, imaginé su lengua húmeda recoger las gotas de agua que chorreaban de mi cuerpo mojado y resbalaban por mi pene para convertirse en gotas de líquido preseminal, sus labios apretaron el glande excitándome más, imaginé sus dientes causando un dolor delicioso al dar espacio para abarcar poco a poco en su boca mi pene grueso de generoso tamaño.

La fantasía se sentía demasiado real. La presión que el arnés siempre ejerce en mis caderas desapareció, o al menos dejé de notarlo, solo podía sentir lo que su boca estaba haciendo y deseé mucho más. La hice subirse a la cama y me subí sobre ella. Besé su vientre perfecto con su muy poco notable redondez, apretó sus propios senos sensibles esperando por mí. No logré dilatar más el momento, coloqué mi punta en su entrada y se mordió el labio mientras me deslicé en ella. Fui yo la que gimió al sentir su calidez, lo mojada y estrecha que estaba, mordí su hombro para controlarme un poco al sentir su resistencia.

Se sentía tan real. Estaba tan inmersa en hacer el amor con ella que mi imaginación era prácticamente palpable.

Me retiré un poco y volví a penetrarla. Ella gimió. Sus muslos se apretaron alrededor de mi cintura y me abrazó con fuerza mientras yo me moví en ella. Encontré mi punto favorito en su cuello y dejé una marca roja. Sus manos apretaron mi trasero presionándome contra ella. Me moví con más fuerza y más profundo, la cama de madera crujió un poco con nuestros cuerpos moviéndose. Sus gemidos se volvieron casi gritos, arqueó su espalda lo más que pudo teniéndome sobre ella presionándola a la cama. Su orgasmo no me hizo detenerme, solo me alentó, me moví más rápido y golpeé profundamente hasta que mi propio orgasmo me venció.

Ella acarició mi espalda y me sostuvo entre sus piernas permitiéndome recuperar el aliento.

XXXSQXXX


MARY MARGARET

Me senté en la cafetería que quedaba a dos cuadras de la escuela de Henry, David estaba en el trabajo, su jornada era muy diferente a la mía lo cual afortunadamente se veía muy bien recompensado en su sueldo, no nos sería muy difícil comenzar a vivir nuestra propia vida, él había estado viendo lugares, todos eran excelentes porque quedaban cerca de Emma y sin embargo no haría ninguna diferencia si nuestra hija continuaba sin perdonarnos. Tanto él como yo estábamos más que felices con nuestros trabajos, ni siquiera usando magia hubiese resultado tan perfecto, fue por eso que le había dicho a Sarah que teníamos que hablar. Henry debía quedarse en la escuela entrenando porque tendrían su primera prueba de selección previa a una competencia en dos semanas, solo dos podían concursar representando a la escuela y ellos eran un grupo de doce. Regina había hablado con él por teléfono alentándolo a esforzarse y no preocuparse si no salía seleccionado la primera vez, la escuela apenas estaba comenzando y él tendría todo el tiempo del mundo para mejorar y asistir a otras competencias, el entrenamiento solo lo ayudaría a ser mucho mejor de lo que ya era.

—Regina es una madre excelente, no es algo que puedo negar. Va a ser fantástica con mi segundo nieto así como lo es con Henry.

—Estoy de acuerdo —dijo Sarah tras dar un sorbo a su taza de té.

—Mi hija es feliz, mis nietos son felices, ese bebé no ha nacido pero no podría haber llegado en un mejor momento. Va a nacer siendo un bebé feliz.

—¿Y tú eres feliz?

—Lo soy. Podría ser más feliz si mi hija no dudara de mí todo el tiempo, pero soy paciente.

—¿De qué querías hablar?

—Presiento que no voy a deshacerme de ti.

—Así es —dijo mirándome a los ojos.

—Y que aparte de ganar un espacio en la vida de mi hija como su madre has asumido el mismo papel con Regina.

—Ellas son mi familia.

—He leído algunos libros sobre ti. Sé que no todo debe ser cierto pero algo de verdad debo haber descubierto en ellos.

—Ya veo... Te preocupa mi pasado.

—No. Me preocupa nuestro futuro. Creo que algo malo va a ocurrir.

Dejó la taza de té a un lado y me observó en silencio un momento. No apresuré lo que tenía que decirle, lo había meditado mucho tiempo y sabía que ella era la única persona a la que podía acudir. Su amor por Emma era real.

—El día que Regina y Emma se casaron tuve un sueño… yo estaba en casa y Emma llamó por teléfono pidiendo mi ayuda. He seguido teniendo el mismo sueño una y otra vez. Ella llama y me pide ayuda.

—¿Crees que es una premonición?

—Sí. Estoy segura que es algo que va a ocurrir, va a llegar ese día, voy a recibir la llamada y ella pedirá mi ayuda, y lo que sea que va a ocurrir no creo que sea nada bueno.

—¿No te dice algo más?

—No. Incluso fui al médico para que me recetara algo para dormir mejor, quería intentar profundizar un poco más con la intención que durara lo suficiente para saber lo que ha… lo que ocurrirá.

—Regina está bien, Emma y yo hemos estado al pendiente para mantenerla saludable, la doctora está segura que el bebé está bien. Emma y Henry…

—No creo que vayan a enfermar o tener un accidente.

—Lo sé. Solo estoy descartando las posibilidades en voz alta.

—Entonces ¿me crees?

—Te creo. Solo necesitamos descubrir lo que va a pasar y evitarlo.