La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.

Muchas gracias a todos por leer y comentar.

Feliz cumple Lunediose.


CAPÍTULO 42

Volvimos a casa mucho más tarde de lo que habíamos planeado. Hicimos un montón de paradas en el camino, simplemente para comer algo u observar algún paisaje que nos parecía apropiado para tomarnos una foto, no teníamos ningún afán; nos desviamos para comprar los regalos prometidos a Henry, y cuando nos dimos cuenta terminamos llegando cerca de las diez de la noche.

Regina cayó rendida, parecía ser que dormir más de lo acostumbrado era el único signo visible que había decidido presentarse en su embarazo. Solo ella podía ser tan afortunada. La doctora nos había dicho que era normal y que había algunas mujeres que presentaban malestares solo en el segundo o tercer trimestre del embarazo.

A la mañana siguiente me quedé con ella en cama contemplándola. Era una bonita forma de despertar con ella a mi lado. Su cabello alborotado, sus mejillas rosadas y sus labios perfectos. Me encantaba besar esos labios. Me envolví alrededor de ella, abrazándola, sobando su vientre y disfrutando de su maravilloso olor. No creo que nadie en el mundo huela mejor que ella, o que alguien tenga una piel más suave.

Despertó con una sonrisa en los labios, quizá porque yo fui demasiado insistente alrededor de ella dejando besitos en su rostro.

—Hola —dijo un poco adormilada.

—Hola preciosa.

—¿Es muy tarde?

—No. Puedes seguir durmiendo si quieres.

—Hace mucho frío.

—¿Quieres otra cobija?

—No.

Se acomodó en mis brazos, colocó su cabeza en mi hombro y una de sus piernas entre las mías. Acaricié su espalda por debajo de su pijama, su piel era cálida a diferencia de la punta de su nariz que estaba helada.

—Voy a extrañar que estemos a solas.

—¿Podemos seguir de luna de miel?

—Siempre.

Sus labios besaron mi cuello y sus manos levantaron mi camiseta, su cabeza se perdió debajo de las cobijas y su boca se prendió de uno de mis pezones, sus labios fríos me erizaron la piel. Me mordí el labio y disfruté de sus manos inquietas abriéndose paso entre mis piernas. No tenía idea si su deseo era parte de continuar con nuestra luna de miel o sus hormonas se habían alborotado lo suficiente como para mantenerla en un constante estado de excitación, pero no iba a quejarme.

Le quité el pijama, me perdí debajo de las cobijas junto con ella e invertí nuestras posiciones para disfrutar del mejor desayuno que podía tener cada mañana.

XXXSQXXX

Fue un poco extraño entrar a mi oficina por primera vez. Regina no me había permitido ver mucho del progreso, quería que fuese una sorpresa, y lo fue. Sonreí cuando Regina me explicó que había pasado una semana completa eligiendo la silla ortopédica para la oficina. Prácticamente todo lo había comprado de manera online puesto que no le gustaba salir mucho de casa, en especial sola.

Me sentí muy nerviosa el primer día, aunque traté de no demostrarlo. No pude dejar de pensar cómo iba a hacer para conseguir suficientes clientes que me permitieran recuperar todo el dinero que Regina había invertido, debí haber sido más firme con respecto a los gastos.

—No hagas nada para arruinar las flores.

—¿Cómo voy a arruinarlas?

—Solo no lo hagas.

—Esto parece más una oficina de un abogado o un médico millonario de celebridades. Deberías haber visto donde solía trabajar, el mayor lujo era tener un escritorio, un sofá viejo y un computador que casi podía ser un gran pisa papeles, aunque el minibar siempre estaba lleno.

—Tienes un minibar lleno de cosas saludables y un sofá muy cómodo —se sentó en el sofá con las piernas cruzadas y una sonrisa en su rostro—. Podemos estrenarlo.

—Tengo que trabajar. Debo conseguir clientes, hacer un par de llamadas.

—¿Ahora mismo?

—Sí. Puedes llevarte el auto y dar una vuelta por la ciudad. Estaré en casa temprano.

—Está bien. Iré a casa.

—¿Segura? ¿No quieres ver tiendas de bebés?

—Es muy pronto.

—Todo está bien. Realmente necesitamos comprar por lo menos pañales y algo de ropa.

—Todavía no. ¿Quieres que vuelva por ti más tarde?

—No. Tomaré un taxi. —Me acerqué a ella y le di un beso—. Conduce con cuidado. Escríbeme cuando estés en casa.

Volvió a darme un beso y se fue. No quería separarme de ella, pero Regina era una gran distracción y debía concentrarme en el trabajo para no echarlo a perder, tenía que hacerlo todo bien para nuestra familia. Intenté revisar las redes sociales pero escribir cosas en internet no era lo mío, al menos esperaba que el anuncio en el periódico fuera efectivo. Hice un par de llamadas a algunos viejos conocidos para dejarles saber sobre mi nuevo negocio, eso me hizo sentir un poco más útil y menos ansiosa. Al no tener clientes que atender fue difícil no terminar viendo cosas de bebé en internet. Regina necesitaba comenzar con las clases prenatales. Debíamos conseguir una almohada enorme que la ayude a dormir, ropa y zapatos más cómodos; quizá después del ultrasonido podría convencerla.

Me fui a casa tras pasar todo el día en una oficina solitaria llena de muebles caros, no lucía demasiado lujoso, era más bien un estilo moderno; pero de todas maneras una vocecita en mi cabeza no dejaba de repetirme que era demasiado para mí… Regina era demasiado para mí.

Me detuve en el umbral de la puerta de nuestra habitación y la observé. Ella estaba en la cama, la habitación por completo a oscuras, llevaba puesto unos lentes de marco negro y estaba leyendo algo en el ipad muy concentrada.

—¿Por qué estamos a oscuras? —decidí hacer notar mi presencia ya que ella no parecía tener interés en tomar una pausa.

—La lámpara no funciona —contestó sin mirarme, aún concentrada en su lectura.

—Sabes que tenemos un interruptor de luz ¿cierto?

—Está muy lejos de la cama.

—Veamos que sucede con esta lámpara para que la princesa no tenga que levantarse de la cama. De pronto es solo la bombilla —dije sentándome en la cama, presioné el pequeño interruptor y la lámpara se encendió—. Funcionó. Seguro que ni siquiera intentaste encenderla.

—Claro que sí. No funcionaba.

—Ahora funciona. —Besé su frente y acaricié su vientre—. ¿Quieres que te traiga algo de comer?

—No. No tengo hambre.

—¿Algún antojo?

—Tampoco.

—¿Qué estás leyendo?

Sus grandes ojos marrones me miraron al fin.

—Esther tuvo su bebé en una clínica y se lo robaron, a Mishelle le cambiaron el bebé. Lo cambiaron Emma, se llevó a casa un niño que no era de ella y luego sus verdaderos padres la demandaron para que lo devuelva.

—Nadie va a robar a nuestro bebé ni a cambiarlo.

—¿Cómo lo sabes? ¿Qué pasa si no puedo identificarlo cuando nace y luego nos dan otro?

—Eso no va a pasar. Estaré ahí, Sarah estará ahí, no dejaremos que eso pase.

—Quiero tener nuestro bebé en casa.

—No creo que eso sea una buena idea.

—No voy a arriesgarme a perderlo.

—Dame eso acá —le quité el ipad casi a la fuerza—. No leas tonterías en internet.

—No son tonterías. Es real.

—Pues lee cosas reales que sean más positivas.

—No puedes cambiar la realidad, el mundo no funciona así, ahora somos parte del mundo real y en este mundo la gente roba bebés.

Me dejé caer sobre la cama y cerré los ojos intentando no pensar en las locuras por las cuales Regina había decidido atormentarnos.

—Me hubiese gustado ser recibida por mi esposa adorable.

—No puedo ser adorable y preocuparme al mismo tiempo.

—Deja de preocuparte.

Nos quedamos en silencio. Ella se tomó su tiempo pero al final se inclinó sobre mí y me dio un beso.

—Te hice un pastel de chocolate.

—No lo comeré hasta que prometas que tendremos nuestro bebé en una clínica.

—No prometeré nada.

—Nadie me presta atención, Henry ni siquiera me saludó porque está jugando en el computador.

—Tiene permiso de jugar con sus amigos durante una hora en el computador, es un juego en línea.

Me crucé de brazos y continué haciendo un puchero, fui lo suficientemente convincente para lograr que ella se acueste a mi lado, me abrace y bese mi mejilla.

—¿Tuviste un buen día en la oficina?

—No tuve ningún cliente.

—Solo es el primer día.

—¿Y si no tenemos ningún cliente todo el mes?

—Tendremos clientes. Vas a ser la mejor investigadora de toda la ciudad.

—¿Solo de la ciudad?

—De todo el estado.

—Eso no me hace feliz.

Tomó mi mano y la llevó a su vientre.

—¿Y ahora?

Me acomodé mejor para estar de lado contra ella, apoyé el codo sobre la cama y acaricié su vientre detenidamente.

—Hiciste trampa. Sabes que no puedo resistirme a esto.

—Estuve la mayor parte del día muy aburrida pero solo pensar en nosotros, en Henry, en lo felices que somos… somos realmente felices.

—Lo somos.

—Compraremos todas las cosas para nuestro bebé después del ultrasonido.

—¿Y lo tendremos en la clínica?

—Vas a tener que estar muy al pendiente.

—Lo estaré, siempre lo estaré.

Junté mi frente con la suya y continué acariciando su vientre, ya casi podía imaginar su barriga más grande y las primeras pataditas. Lo único que logró sacarme de la cama fue el pastel de chocolate esperándome en la cocina.

XXXSQXXX

REGINA

El autobús escolar deja a Henry en casa siempre puntual, por lo general lo espero en el umbral de la puerta, él se baja sonriente despidiéndose de sus amigos y del chofer. Sus brazos aún pequeños me envuelven en un fuerte abrazo y mientras entramos a la casa me cuenta cada aventura vivida en su escuela, sube a dejar sus cosas en su habitación y a cambiarse el uniforme, y vuelve corriendo para continuar contándome todo.

—¿Falta mucho para que nazca el bebé?

—Unos cuantos meses.

—¿Qué va a pasar cuando nazca?

—¿Qué te preocupa cariño?

—¿Y si quieres más al bebé que a mí?

—Eso nunca va a suceder.

—Pero… podrías quererlo más.

—¿Por qué crees que voy a quererlo más?

—No quiero tener un hermano. Va a ser horrible conmigo, cuando crezca me dirá que soy adoptado.

—Ser adoptado no es algo malo. Es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida.

—Hasta ahora.

—Nada va a cambiar mi amor por ti. Te aseguro que en mi corazón hay suficiente espacio para ti, Emma y el bebé.

—¿Y Sarah?

—Creo que también estoy aprendiendo a querer a Sarah.

—¿Vas a estar enojada por siempre con mis abuelos?

—¿Estás enojado con ellos?

—No lo sé. Tú estás enojada, es por eso que Emma y yo también debemos estarlo, porque ellos intentaron separarnos.

—Puedes quererlos, Henry. Ellos te quieren. Cometieron errores y yo también los cometí. Es posible que esté enojada con ellos un poco más de tiempo, pero eso no significa que tú también debas estarlo.

—Pero eso podría convencerte de querer más al bebé.

—Jamás —me acerqué a él y lo abracé—. Te amo demasiado.

—¿Puedes demorarte en tener al bebé?

—Haré mi mejor esfuerzo.

La llegada del bebé es algo que sigue molestando a Henry, en lo posible suele evitarlo, pero nada de lo que Emma o yo le hemos dicho ha funcionado. Realmente espero que incluirlo en ciertas decisiones con respecto al bebé le permitan sentirse parte de todo el cambio familiar. Es una de las tantas cosas que me preocupan.

Observo fijamente la puerta de la escuela, esperando ver a Henry salir para unirnos con Emma en su oficina e ir a comer a un centro comercial.

—¿Cuánto tiempo tienes? —Una mujer a mi lado llamó mi atención.

—¿Perdón?

—De embarazo. Yo tengo veintidós semanas. —Acarició su vientre y solo entonces fui consciente de que yo había estado acariciando mi vientre.

—Quince semanas —dije sin poder evitar sonreír.

—Soy Rachel, por cierto.

—Regina.

—¿Eres nueva en la ciudad?

—Sí, acabamos de mudarnos.

—Creo que nuestros hijos están juntos en el equipo de atletismo. Te he visto recogerlo en los entrenamientos. No soy una acosadora —dijo sonriendo—, siempre he estado en el comité de padres, mi Aarón ha estudiado aquí desde el jardín y soy una mamá de tiempo completo, conozco casi a todos.

Las grandes puertas se abrieron y los niños salieron corriendo, Henry no demoró en acercarse a mí y abrazarme. Observé un niño igual de rubio que Rachel acercarse a ella y abrazarla, parecía tener la misma edad de Henry, un poco más pequeño y delgado. Rachel era similar a mí en estatura, pero a pesar de su notable barriga era evidente que debía haber sido más delgada que yo, cabello corto y rubio, ojos azules. Me presentó a su hijo y tanto él como Henry admitieron conocerse, diferentes salones pero el mismo equipo de atletismo como ella mencionó.

—Debemos comer uno de estos días, los niños pueden reunirse para jugar. ¿Tu esposa no es celosa o sí?

Solo alcancé a negar sin comprender cómo podía saber tanto de mí en tan poco tiempo. Cuando fuimos al centro comercial, mientras Henry jugaba en un lugar lleno de máquinas de juegos repleto de niños y adolescentes, le conté todo lo que esa mujer me había dicho, a pesar del ruido ensordecedor ella me escuchó pacientemente.

—Es normal.

—Pero incluso sabe que estamos casadas.

—Eso es algo que la gente nota muy especialmente.

—¿Crees que no le agrado? ¿Por qué se acercaría a mí de esa manera?

—Te dijo que era una mamá de tiempo completo ¿cierto? —Asentí—. Quizá solo está buscando otra mamá de tiempo completo para pasar el rato, deberías ir con Henry o puedes invitarlos a casa.

—No soy una mamá de tiempo completo… es temporal.

—Está bien, bebé. Puedes ser lo que quieras ser.

—¿Qué pasa si no logro conseguir un trabajo?

—Siempre puedes trabajar conmigo. Somos un equipo y nos está yendo bien, tenemos unos cuantos clientes, dentro de poco se correrá la voz y nos irá excelente.

—Eso es tuyo.

—Es nuestro ¿recuerdas?

—No quiero trabajar encontrando gente, es aburrido, y no voy a quedarme en casa solo para tener tus hijos.

—Está bien. —Frotó mis brazos y besó mi frente—. Puedes decorar, eres muy buena en eso, podemos usar las fotos que tomaste de la oficina y ponerlas en una página web para que tengas tu propio negocio.

—Eso es solo diversión, no creo que podría hacerlo para personas extrañas.

—Tienes mucho tiempo para pensarlo, yo estaré de acuerdo contigo en todo.

Dejamos que Henry juegue un poco más y luego volvimos a casa, el exceso de ruido y de gente me hizo doler la cabeza. No me gustaban los centros comerciales, eran como una pequeña ciudad con exceso de población.

No volví a hablar con Rachel en los próximos días, Henry llegó a casa en el autobús escolar y los días que debió quedarse para su entrenamiento, Emma lo pasó recogiendo. Preferí quedarme en casa hasta que el día del ultrasonido llegó. Sarah estuvo muy al pendiente de mí, preguntándome en todo momento si estaba tomando las vitaminas y descansando suficiente, era mucho menos molesto que los intentos desastrosos de Mary Margaret intentando saber sobre mi bebé. Emma hablaba con ellos, en especial con David. Quizá ellos creían que había olvidado el tiempo de espera para verlos irse al fin, lo tenía muy presente, el problema era que no creía que fuese justo para Emma y Henry. A pesar de todo lo que hicieron no podía ser yo quién los alejara de mi familia, no creía tener el derecho de hacerlo.

—Quiero un montón de copias del ultrasonido, de las fotos y el video. ¿Crees que será niño o niña? —Emma no dejó de hablar durante todo el camino a la clínica. Me estaba volviendo loca.

—No lo sé —en realidad no quería pensar en eso, solo quería estar segura que mi bebé estaba bien.

—David me pidió una copia ¿te importa si le damos una copia?

—No.

—¿Estás segura? No quiero que pienses que los he perdonado, es solo que están emocionados, es su nieto o nieta.

—No me importa que les des una copia del ultrasonido.

—Bien. ¿Crees que Mary Margaret pueda llevar a Henry al rancho? David le ha contado sobre los caballos y…

—Está bien. No tengo problema con nada de eso. No tienen que odiarlos porque yo los odio o porque ellos me odian. Me da igual. Es un día especial y no quiero hablar de ellos.

—Lo siento.

—No te disculpes.

—No quiero que pienses…

—No estoy pensando en nada, solo quiero ver a mi bebé.

—Nuestro bebé.

Detuvo el auto en el estacionamiento de la clínica, tomó mi mano y besó mis dedos suavemente. Eso fue suficiente para relajarme un poco.

—Todo va a estar bien. Veremos su carita hermosa y será absolutamente increíble.

Fue absolutamente increíble. Un poco raro e incomprensible al principio pero la doctora nos explicó todo con mucha paciencia; sus manitos y piernas, lo bien que estaba creciendo, su pequeña nariz que parecía un botoncito.

—Tiene tu nariz —dijo Emma emocionada y besó mi mejilla.

Reí entre lágrimas al ver su manito dirigiéndose a su boca.

—Está chupando su pulgar, ¿es su pulgar? ¿Se supone que debe tener pulgar?

Emma siguió haciendo pregunta tras pregunta a diferencia de mí que continué observando embelesada en silencio. Nuestro bebé estaba bien.

—Es una niña. Una niña creciendo perfectamente.

Apreté la mano de Emma al escuchar a la doctora. Sus labios besaron los míos suavemente y ninguna de las dos nos molestamos en secar nuestras lágrimas. No podíamos estar más felices.

—Tendremos una niña.

—Sí —fui capaz de decir.

Emma me ayudó a sentarme y acomodarme la ropa. Besó mi vientre y apoyó su frente contra la mía. Entra la emoción que nos embargaba disfrutamos nuestro pequeño instante de calma, la seguridad y confianza que sentíamos al confirmar que nuestra familia estaba creciendo.